Goldman William - La Princesa Prometida

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La princesa prometida

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La Princesa Prometida

William GoldmanLa princesa prometida

William GoldmanLa princesa prometida

Ediciones Martnez Roca

Traduccin: Celia FilipettoDiseo cubierta: Compaa de DiseoFoto: El prncipe entrando en el bosque de Briar, Burne JonsNinguna parte de esta publicacin, incluido el diseode la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitidaen manera alguna ni por ningn medio, ya sea elctrico,qumico, mecnico, ptico, de grabacin o de fotocopia,sin permiso previo del editor.Ttulo original: The princess bride William Goldman 1999, Ediciones Martnez Roca, S. A.Enric Granados, 84, 08008 BarcelonaPrimera edicin en esta coleccin: enero de 1999ISBN 84-270-2424-XDepsito legal B. 47.269-1998Fotocomposicin: Pacmer, S. A.Impresin: A & M Grfic. S. L.Encuademacin: Encuademaciones Balmes, S. L.Impreso en Espaa - Printed in Spain

Versin Digital Diciembre 2003

Scan de elfowar / Edicin de Kory

Indice1. La prometida............................................................................................ 232. El prometido............................................................................................. 393. El cortejo.................................................................................................... 424. Los preparativos....................................................................................... 485. El anuncio.................................................................................................. 496. Los festejos................................................................................................ 1107. La boda...................................................................................................... 1448. Luna de miel............................................................................................. 167

ste es el libro que ms me gusta de todo el mundo, aunque nunca lo he ledo.Cmo puede ser semejante cosa? Har lo imposible por explicarlo. Cuando era nio, los libros no me interesaban nada. Detestaba leer, no se me daba nada bien, y, adems, cmo dedicarse a la lectura cuando haba montones de juegos que esperaban ser jugados? El baloncesto, el bisbol, las canicas: era incansable. Incluso llegu a ser bastante bueno, pero si me daban una pelota y un patio vaco, era capaz de inventarme triunfos en el ltimo segundo, triunfos que hacan saltar las lgrimas. El colegio era una tortura. La seorita Roginski, que fue mi maestra desde los cursos tercero al quinto, no paraba de decir a mi madre: Tengo la impresin de que Billy no se esfuerza todo lo que debiera. O: Cuando le pongo un examen, Billy lo hace realmente muy bien, sobre todo si tenemos en cuenta su actitud en la clase. O, con ms frecuencia: Seora Goldman, no s qu vamos hacer con Billy.Qu vamos a hacer con Billy? Esa pregunta me persigui durante aquellos primeros diez aos. Finga que no me importaba, pero en el fondo, me senta petrificado. Todo el mundo y todas las cosas me dejaban de lado. No tena amigos de verdad, ni una sola persona que compartiera conmigo mi desmesurado inters por los deportes. Pareca ocupado, muy ocupado, pero supongo que, de apurarme, habra reconocido que, a pesar de tanto frenes, me encontraba muy solo.Qu vamos a hacer contigo, Billy?No lo s, seorita Roginski.Cmo es posible que suspendieras esta prueba de lectura? Yo misma te he escuchado utilizar cada palabra con mis propios odos.Lo siento, seorita Roginski. A lo mejor es porque no estaba pensando.Siempre ests pensando, Billy. La cuestin es que no estabas pensando en la prueba de lectura.Lo nico que poda hacer era asentir.Qu ha ocurrido esta vez?No lo s. No me acuerdo.Estaras otra vez pensando en Stanley Hack?(Stanley Hack era el tercer base de los Cubs de esa y de muchas otras temporadas. Lo haba visto jugar en una ocasin, desde las gradas, e incluso a esa distancia, tena la sonrisa ms dulce que haba visto jams, y hasta el da de hoy, jurara que me sonri varias veces. Lo adoraba. Adems, bateaba como los dioses.)No, en Bronko Nagurski. Es un jugador de ftbol. Un gran jugador, y el peridico de anoche deca que a lo mejor vuelve a jugar otra vez para los Bears. Se retir cuando yo era pequeo. Pero si volviera y si yo lograse que alguien me llevase a un partido, podra verlo jugar y, a lo mejor, si quien me llevara lo conociese, tal vez lograra que me lo presentasen despus, y a lo mejor, si tuviese hambre, podra convidarle a un bocadillo de los mos. Trataba de imaginarse qu tipo de bocadillo le gustara a Bronko Nagurski.La seorita Roginski se hundi en el asiento.Tienes una soberbia imaginacin, Billy.No s qu le contest. Probablemente gracias o algo por el estilo.Aunque no logro sacarle partido prosigui. Por qu ser?Creo que a lo mejor es porque necesito gafas y no puedo leer, ya que veo las palabras muy borrosas. Eso explica por qu me paso todo el rato pestaeando. A lo mejor, si fuese a un mdico de los ojos, podra recetarme gafas y, entonces, sera el mejor lector de la clase y usted no tendra que hacerme quedar tanto despus de hora.Se limit a sealar detrs de ella y a ordenarme:Ponte a borrar las pizarras, Billy.S, seorita.Lo de borrar pizarras se me daba de maravilla.Las ves borrosas? me pregunt la seorita Roginski al cabo de un rato.No, qu va! Me invent la historia.Tampoco pestaeaba nunca. Pero la seorita Roginski pareca muy mosqueada. Siempre lo pareca. Llevbamos as tres cursos.No s por qu, pero no logro llegarte al fondo.Usted no tiene la culpa, seorita Roginski.(No la tena. A ella tambin la adoraba. Era regordeta, pero recuerdo que por aquel entonces deseaba que fuera mi madre. Nunca logr que la cosa funcionara, a menos que hubiera estado casada con mi padre y despus se hubieran divorciado y mi padre se hubiera casado con mi madre que estaba bien, y como la seorita Roginski tena que trabajar, yo qued bajo la custodia de mi padre: todo tena sentido. Pero la cuestin era que nunca llegaron a intimar, me refiero a pap y a la seorita Roginski. En las ocasiones en las que se vean, cada ao para la celebracin de Navidad, cuando venan los padres, yo los vigilaba como loco con la esperanza de descubrir alguna mirada furtiva que significara algo as como: Qu tal? Cmo te ha ido desde que nos divorciamos?, pero no haba caso. No era mi madre, sino simplemente mi maestra, y yo era en su vida su zona personal de creciente desastre.)Ya vers como mejoras, Billy.Eso espero, seorita Roginski.Eres de los que tardan en florecer, eso es todo. Winston Churchill tard en florecer, y t tambin.Estuve a punto de preguntarle en qu equipo jugaba, pero hubo algo en su tono de voz que me convenci de que era mejor que no lo hiciese.Y Einstein.A se tampoco lo conoca. Tampoco saba lo que quera decir con eso de tardar en florecer. Pero dese con fervor ser de los que tardan en hacerlo.A los veintisis aos, mi primera novela, titulada The Temple of Gold (El templo del oro) apareci en Alfred A. Knopf. (Que ahora forma parte de Random House, que a su vez forma parte de la RCA, y que es parte de lo que no funciona en esto de publicar libros en Estados Unidos, cuestin que no forma parte de esta historia.) En fin, antes de que saliera la novela, los del departamento de publicidad de Knopf estaban hablando conmigo, tratando de dilucidar qu hacer para justificar sus sueldos, y me preguntaron a quines podan enviar ejemplares del libro para que pudieran erigirse en fuente de opinin. Les contest que no conoca a nadie que pudiera hacerlo. Entonces ellos me replicaron: Piensa, todo el mundo conoce a alguien. Me entusiasm mucho cuando se me ocurri la idea y les dije: De acuerdo, enviadle un ejemplar a la seorita Roginski. Cosa que me pareci lgica, porque si alguna vez ha existido una persona que me forjara las opiniones, sa fue la seorita Roginski. (Por cierto, aparece a lo largo de toda la novela El templo del oro, slo que le puse seorita Patulski; entonces tambin era creativo.)Quin? me pregunt aquella chica de publicidad.Es una antigua maestra que tuve. Le envas un ejemplar y yo se lo firmar, y puede que incluso le escriba una...Estaba realmente entusiasmado hasta que aquel to de publicidad me interrumpi dicindome:Nos referamos ms bien a alguien del panorama nacional.Envale un ejemplar a la seorita Roginski, por favor. Vale? insist en voz muy baja.S repuso l. Claro, faltara ms.Os acordis que no pregunt en qu equipo jugaba Churchill por el tono de su voz? En aquel momento, creo que a m tambin me sali aquel tono. En fin, algo debi de ocurrir, porque el tipo apunt de inmediato el nombre de mi maestra y me pregunt si se escriba con i latina o con y griega.Con i latina contest.De inmediato hice un repaso de aquellos aos, tratando de pensar una dedicatoria fantstica para mi maestra. Ya sabis, algo inteligente, modesto, brillante, perfecto. Algo as.Y su nombre de pila?Eso me hizo volver a la realidad. No saba su nombre de pila. Siempre la haba llamado seorita. Tampoco saba su direccin. Ni siquiera saba si segua viva o no. Haca diez aos que no iba a Chicago; era hijo nico, mis padres haban fallecido, a quin le haca falta Chicago?Envalo a la Escuela Primaria de Highland Park le dije.Y lo primero que se me ocurri escribirle fue: Para la seorita Roginski, una rosa de quien tard en florecer, pero despus me pareci demasiado presuntuoso, o sea que decid que: Para la seorita Roginski, una mala hierba de quien tard en florecer sera ms humilde. Demasiado humilde, decid luego, y por ese da me dej de ideas brillantes. No se me ocurri nada. Despus me asalt la idea de que tal vez no se acordara de m. Al final, ya al borde de la desesperacin, termin escribiendo: Para la seorita Roginski de William Goldman. Usted me llamaba Billy y deca que era de los que tardan en florecer. Le envo este libro; espero que le guste. Fue usted mi maestra en tercero, cuarto y quinto cursos. Muy agradecido. William Goldman.El libro se public y fue un fracaso; me encerr en casa y me derrumb, pero uno acaba adaptndose. El libro no slo no me erigi en lo ms novedoso desde Kit Marlowe, sino que para colmo nadie lo ley. Bueno, a decir verdad, lo ley un cierto nmero de personas a las que yo conoca. Pero me parece que es ms prudente sealar que ningn extrao lleg a saborearlo. Fue una experiencia demoledora y reaccion como ya he dicho. O sea que cuando me lleg la nota de la seorita Roginski tarde, porque la enviaron a Knopf y ellos la retuvieron durante un tiempo necesitaba realmente que alguien me subiera la moral.Apreciado seor Goldman: Gracias por el libro. Todava no he tenido tiempo de leerlo, pero estoy segura de que es un bonito esfuerzo. Por supuesto que me acuerdo de usted. Me acuerdo de todos mis alumnos. Atentamente, Antonia Roginski.Qu desilusin. No se acordaba de m. Me qued sentado con la nota en la mano, completamente deshecho. La gente no se acuerda de m. De verdad. No es paranoia; simplemente tengo la costumbre de pasar por las memorias y no dejar huella. No me importa demasiado, aunque supongo que miento; s que me importa. No s por qu motivo, en esto del olvido obtengo una muy alta puntuacin.O sea que cuando la seorita Roginski me envi aquella nota que la igualaba al resto de la gente, me alegr de que nunca se hubiese casado; de todos modos nunca me haba cado bien, siempre haba sido una psima maestra, y se tena ms que merecido que su nombre de pila fuera Antonia.No iba en serio, dije en voz alta en ese mismo momento. Me encontraba solo en mi despacho de una sola habitacin, en el maravilloso West Side de Manhattan, hablando conmigo mismo. Lo siento, lo siento prosegu, tiene que creerme, seorita Roginski.Lo que ocurri entonces fue que por fin haba ledo la posdata. Apareca en el dorso de la nota de agradecimiento y deca as: Idiota. Ni siquiera el inmortal S. Morgenstern pudo sentirse ms paternal que yo.S. Morgenstern! La princesa prometida. Se acordaba de m!Escena retrospectiva.1941. Otoo. Estoy un tanto irritable porque mi radio no capta los partidos de ftbol. El Northwestern se enfrenta al Notre Dame; empezaba a la una, es ya la una y media y no hay manera de sintonizar el partido. Msica, noticias, radionovelas, de todo menos el gran acontecimiento. Llamo a mi madre. Viene. Le digo que mi radio est averiada, que no logro sintonizar el Northwestern-Notre Dame. Te refieres al partido de ftbol?, me pregunta. S, s, s, le contesto. Pues hoy es viernes me dice. Cre que jugaban el sbado.Si ser idiota!Me echo en la cama, escucho las radionovelas y al cabo de un rato intento volver a sintonizarlo, y la estpida de mi radio va y capta todas las emisoras de Chicago menos la que transmite el partido de ftbol. Me pongo a gritar a voz en grito, y mi madre entra otra vez hecha una fiera. Tirar la radio por la ventana digo yo. No lo coge, no lo coge! No logro sintonizarlo! Sintonizar qu?, pregunta mi madre. El partido de ftbol contesto yo. S que eres borde, el paaaartiiidooo. Que lo dan el sbado, y cuidadito con lo que dices, nio me advierte mi madre. Ya te he dicho que hoy es viernes. Vuelve a marcharse.Alguna vez ha existido un infeliz tan grande?Humillado, giro la sintona de mi fiel Zenith, y trato de encontrar el partido de ftbol. Fue tan frustrante que me qued ah acostado, sudando y con el estmago raro, aporreando la parte superior de la radio para hacerla funcionar bien. Y as fue como se dieron cuenta de que deliraba a causa de la pulmona.Las pulmonas de ahora no son lo que eran antes, sobre todo cuando yo la tuve. Estuve como diez das ingresado en el hospital y despus me enviaron a casa para el largo perodo de convalecencia. Me parece que me pas otras tres semanas ms en cama, un mes quiz. No me quedaban energas, ni siquiera para mis juegos. No era ms que un pelmazo en perodo de recuperacin de fuerzas. Punto.As es como tenis que imaginarme cuando me encontr con La princesa prometida.Era la primera noche que pasaba en casa despus de salir del hospital. Exhausto; segua siendo un enfermo. Entr mi padre, supuse que a darme las buenas noches. Se sent al pie de mi cama.Captulo uno. La prometida dijo.Slo entonces levant la vista y vi que llevaba un libro. Eso, por s solo, era sorprendente. Mi padre era casi, casi, analfabeto. En ingls. Vena de Florn (donde se desarrolla La princesa prometida) y all no haba sido ningn tonto. En cierta ocasin dijo que habra acabado siendo abogado, y puede que fuera cierto. La cuestin es que a los diecisis aos prob suerte y se vino a Amrica, apost por la tierra de las oportunidades y perdi. Aqu nunca encontr nada que le viniera bien. No era de aspecto atractivo: muy bajito, calvo desde joven, y le costaba mucho aprender. Una vez que captaba una idea, se le quedaba grabada, pero las horas que tardaba en metrsele en la cabeza eran algo increble. Su ingls siempre fue ridiculamente inmigrante, y eso tampoco le ayud mucho. Conoci a mi madre durante un viaje en barco; ms tarde se casaron y cuando crey que podan permitirse el lujo, me tuvieron a m. Trabaj toda la vida como segundo barbero en la barbera de menos xito de Highland Park, Illinois. Hacia el final, sola dormitar todo el da sentado en su silla. Y as fue como muri. Llevaba muerto una hora cuando el otro barbero se dio cuenta; hasta ese momento, haba credo que mi padre estaba echando una buena siesta. Tal vez fuera as. Tal vez todo se reduzca a eso. Cuando me lo dijeron me sent terriblemente afectado, pero al mismo tiempo pens que aquella forma de marcharse era casi como una prueba de cmo haba sido su existencia.En fin, que entonces le dije:Eh? Cmo? No te he odo.Estaba muy dbil y terriblemente cansado.Captulo uno. La prometida. Entonces levant el libro. Te lo voy a leer para que te relajes. Prcticamente me meti el libro en la cara. De S. Morgenstern. Un gran escritor florins. La princesa prometida. El tambin se vino a Amrica. S. Morgenstern. Muri en Nueva York. Lo escribi en ingls. Hablaba ocho lenguas. A estas alturas mi padre dej el libro y me ense los dedos. Ocho. Una vez, en la ciudad de Florn, estuve en su caf. Mene la cabeza; mi padre siempre meneaba la cabeza cuando deca algo mal. No era su caf. l estaba en el caf, y yo tambin, al mismo tiempo. Lo vi. A S. Morgenstern. Tena una cabeza as de grande y coloc las manos como para formar un globo enorme. Gran hombre en la ciudad de Florin. No tanto en Amrica.Trae algo de deportes?Esgrima. Lucha. Torturas. Venenos. Amor verdadero. Odio. Venganzas. Gigantes. Cazadores. Hombres malos. Hombres buenos. Las damas ms hermosas. Serpientes. Araas. Bestias de todas clases y aspectos. Dolor. Muerte. Valientes. Cobardes. Forzudos. Persecuciones. Fugas. Mentiras. Verdades. Pasin. Milagros.Pinta bien dije, y medio cerr los ojos. Har lo posible por no dormirme..., pero tengo muchsimo sueo, pap...Quin puede saber cundo su mundo va a cambiar? Quin es capaz de decir antes de que ocurra, que todas las experiencias anteriores, todos los aos, fueron una preparacin para... nada? Imaginaos lo siguiente: un anciano casi analfabeto que luch con un idioma enemigo, un nio casi exhausto que lucha contra el sueo. Y entre ambos slo las palabras de otro extranjero, traducido con dificultad de los sonidos nativos a los extranjeros. Quin poda sospechar que por la maana ese nio se despertara siendo distinto? De lo nico que me acuerdo es de que trat de vencer la fatiga. Incluso al cabo de una semana no me haba dado cuenta de lo que haba comenzado aquella noche, de las puertas que se cerraban de golpe mientras otras salan a la luz. Tal vez deb haber presentido algo, o tal vez no; quin puede presentir la revelacin en el aire?Lo que ocurri fue simplemente esto: la historia me enganch.Por primera vez en mi vida, senta un inters activo por un libro. Yo, el fantico de los deportes; yo, el enloquecido por los partidos; yo, el nico nio de diez aos de Illinois que odiaba el alfabeto pero que quera saber qu ocurra despus.Qu fue de la hermosa Buttercup y del pobre Westley y de Iigo, el ms grande espadachn de la historia mundial? Y cuan fuerte era en realidad Fezzik? Tendra lmites la crueldad de Vizzini, el endiablado siciliano?Cada noche mi padre me lea un captulo tras otro, luchando siempre para que las palabras sonaran correctamente, para atrapar el sentido. Y yo yaca all tumbado, con los ojos entrecerrados, mientras mi cuerpo recorra lentamente el largo camino que le devolvera las fuerzas. Como ya he dicho, la convalecencia dur aproximadamente un mes, y en ese tiempo, mi padre me ley dos veces La princesa prometida. Aunque poda leer yo solo, este libro era suyo. Jams se me habra ocurrido abrirlo. Quera la voz de mi padre, sus sonidos. Ms tarde, incluso muchos aos ms tarde, en ocasiones sola decir: Qu tal si me lees el duelo que Iigo y el hombre de negro sostienen en el acantilado?. Y mi padre sola gruir y mascullar, se iba a buscar el libro, se humedeca el pulgar con la lengua, y volva las pginas hasta que empezaba la fantstica batalla. Me encantaba. Incluso hoy, cuando surge la necesidad, as es como evoco el recuerdo de mi padre. Encorvado, esforzando la vista y detenindose ante una palabra difcil, tratando de ofrecerme la obra maestra de Morgenstern lo mejor que poda. La princesa prometida le perteneca a mi padre.Todo lo dems era mo.No hubo historia de aventuras que se salvara de m.Pero vamos le deca a la seorita Roginski cuando me restablec. Sigue recomendndome a Stevenson cuando ya me lo he ledo todo. A quin leo ahora?Prueba con Scott me sugera ella, y vamos a ver si te gusta.Y yo probaba con el viejo sir Walter y me gustaba lo suficiente como para tragarme media docena de libros en diciembre (gran parte del mes eran las vacaciones de Navidad, por lo tanto, no tena que interrumpir la lectura nada ms que de vez en cuando para comer algo).Y ahora quin ms?Tal vez Cooper me deca ella. Y yo venga a leer El cazador de ciervos y todo lo dems sobre los rastreadores, y un buen da, por mi cuenta me top con Dumas y D'Artagnan y esos dos tos me tuvieron entretenido gran parte de febrero.Te has convertido en un adicto a la novela ante mis propios ojos me dijo la seorita Roginski. Sabes que ahora te pasas ms tiempo leyendo del que solas pasarte jugando? No te das cuenta de que estn empeorando tus notas de matemticas?No me importaba cuando me criticaba. Estbamos solos en la clase, y la persegua para que me sugiriese a alguien interesante que devorar. Mene la cabeza y me dijo: Billy, no cabe duda de que ests floreciendo. Delante de mis propios ojos. La cuestin es que no s en qu te convertirs.Yo me qued ah esperando a que me dijera el nombre de algn autor.Eres insoportable, mira que quedarte ah esperando... se detuvo un segundo para pensar. Est bien. Prueba con Hugo. El jorobado de Notre Dame.Hugo dije yo. El jorobado. Gracias. Me volv dispuesto a salir corriendo hacia la biblioteca. Mientras me iba, la o suspirar lo siguiente:Esto no durar. No puede durar.Pero dur.Y dura. Soy tan fantico de las aventuras ahora como lo era entonces, y esto nunca tendr fin. Aquel primer libro mo que mencion, El templo del oro, sabis de dnde saqu el ttulo? De la pelcula Gunga Din; la he visto diecisis veces y sigo pensando que es la pelcula ms estupenda de aventuras que jams, repito, que jams se haya filmado. (La verdadera historia de Gunga Din: cuando me licenci del ejrcito, jur que jams volvera a un puesto militar. Nada grandioso, slo un juramento vitalicio. Bien, pues al da siguiente de haberme licenciado me encuentro en mi casa. Tengo un amigo en Fort Sheridan, que est cerca, y voy a verlo. Entonces l me dice: Oye, adivina qu pelcula hacen esta noche. Gunga Din. Iremos, le dije yo. No est permitido me contest. Vas de civil. Resultado: volv a vestir el uniforme a la noche siguiente de haberme licenciado y entr a hurtadillas en un puesto militar para ver la pelcula. Y sal a hurtadillas. Como un ladrn en plena noche. Con el corazn al galope, sudores fros y dems.) Soy adicto a la accin/la aventura/llamadlo como queris, en cualquier forma, color, etctera. Jams me perd una pelcula de Alan Ladd, o de Errol Flynn. Sigo sin perderme las de John Wayne.Mi vida entera empez de verdad cuando mi padre me ley a Morgenstern a la edad de diez aos. Un hecho: Dos hombres y un destino es, sin lugar a dudas, lo ms popular con lo que he tenido relacin. Cuando muera, si en el Times me llegan a dedicar una nota necrolgica, ser gracias a Butch. De acuerdo, cul es la escena de la que todo el mundo habla, el momento nico que se graba en la memoria de todos, en la tuya, en la ma y en la de las masas? Respuesta: el salto desde el acantilado. Bueno, cuando escrib esa escena, recuerdo que pens que los acantilados desde los que saltaban eran los Acantilados de la Locura que todo el mundo intenta escalar en La princesa prometida. Cuando escrib Butch, a mi mente acudan imgenes retrospectivas en las que apareca mi padre cuando me lea la escena de la escalada con cuerdas de los Acantilados de la Locura, mientras la muerte aguardaba agazapada.Aquel libro fue la mejor cosa que me ocurri en la vida (perdname, Helen; Helen es mi esposa, la famosa psiquiatra infantil), y mucho antes de casarme, saba que iba a compartirlo con mi hijo. Saba tambin que iba a tener un hijo. O sea que cuando naci Jason (si hubiera sido nia, se habra llamado Pamby; os imaginis, una psiquiatra infantil que le ponga a sus hijos semejantes nombres?...). En fin, cuando naci Jason, tom nota mentalmente de que cuando cumpliera diez aos deba comprarle un ejemplar de La princesa prometida.Y despus me olvid de todo aquello.Otra escena retrospectiva: Hotel Beverly Hills, diciembre pasado. Me traen de cabeza las reuniones sobre Las posedas de Stepford, de Ira Levin, que voy a adaptar para la pantalla grande. Llamo a mi mujer a Nueva York a la hora de la cena, cosa que hago siempre para que se sienta querida, y hablamos. Casi al final de nuestra conversacin me dice:Por cierto, le regalaremos a Jason una bicicleta de diez marchas. La he comprado hoy. Me pareci adecuado, qu opinas?Por qu adecuado?Vamos, Willy. Diez aos, diez marchas.Maana cumple diez aos? Lo haba olvidado por completo.Llmanos maana a la hora de la cena y podrs desearle feliz cumpleaos.Helen? Oye, hazme un favor. Telefonea a la librera Nine-Nine-Nine y diles que te enven La princesa prometida.Espera que cojo un lpiz y se marcha un ratito. Vale, dispara. La princesa qu?Prometida. De S. Morgenstern. Es un clsico para nios. Dile que la semana que viene, cuando regrese, le har preguntas sobre el libro y que no tiene por qu gustarle, pero que si no le gusta, me suicido. Dselo tal cual, por favor; no quisiera ejercer ms presiones sobre l.Bsame, tonto.Muuuaa.Nada de estrellas jvenes.sta era la frase que usaba siempre para terminar nuestras conversaciones cuando yo andaba solo y sin compromiso en la soleada California.Se han extinguido, tonta.sa era mi frase.Colgamos.A la tarde siguiente, ocurri que de la nada apareci una joven estrella de carne y hueso, bronceada y de respiracin profunda. Yo estoy tonteando junto a la piscina y ella pasa en bikini y est estupenda. Tengo la tarde libre, no conozco un alma, o sea que me pongo a jugar el juego de cmo puedo abordar a esa chica sin que ella se eche a rer a carcajadas. Nunca hago nada, pero lo de mirar es un ejercicio fenomenal, y yo tengo el ttulo de campen de liga en eso de mirar chicas. No se me ocurre ninguna forma de abordarla que conecte con la realidad, o sea que me pongo a hacer largos en la piscina. Nado cuatrocientos metros diarios porque me duelen las lumbares.Ida y vuelta, ida y vuelta, dieciocho largos, y cuando he terminado, me voy al lado hondo y me quedo jadeando, y la estrellita se me acerca nadando. Se aferra al borde, tambin del lado hondo, a un palmo de donde yo estoy, con el pelo mojado y brillante y el cuerpo debajo del agua, pero s que est ah, y va y me dice (ocurri de veras):Disculpe, pero no es es usted William Goldman, el que escribi Boys and Girls Together? Es el libro que ms me ha gustado de todos los que he ledo.Me agarro del borde de la piscina y afirmo con la cabeza; no recuerdo exactamente lo que le dije. (Mentira. Me acuerdo exactamente de lo que le dije, pero es demasiado estpido como para reproducirlo; cielos, ya tengo cuarenta aos. Goldman, s, Goldman, soy Goldman. Me sali todo como una sola palabra; vete a saber el idioma que se crey que estara hablando.)Soy Sandy Sterling me dice. Mucho gusto.Hola, Sandy Sterling logro decir, lo cual es bastante corts, al menos para m; volvera a decirlo si me encontrara de nuevo en la misma situacin.Entonces me llaman por los altavoces.Los Zanuck no me dejan en paz comento yo.La chica se echa a rer y yo me voy volando a contestar la llamada; pienso si lo que le he dicho era realmente tan inteligente, y cuando llego al telfono tengo decidido que s, que lo era. Cojo el auricular y digo inteligente en lugar de dgame o de Bill Goldman. Voy y digo inteligente.Willy, has dicho inteligente?Es Helen.Helen, estoy reunido por lo del guin, y habamos quedado en llamarnos esta noche a la hora de la cena. Por qu me llamas a la hora del almuerzo?Mmm... hostil, hostil.No se te ocurra jams hablar con tu mujer sobre la hostilidad cuando es una freudiana declarada.Es que en esta reunin de los guiones me estn volviendo loco con tonteras. Qu pasa?Probablemente nada, salvo que la obra de Morgenstern est agotada. Hoy he preguntado en Doubleday. Por el tono que empleaste me pareci que poda ser importante, o sea que te informo que Jason tendr que conformarse con su muy adecuada bicicleta de diez marchas.No es importante digo yo. Sandy Sterling me sonre. Desde el lado hondo de la piscina. Me sonre a m. Gracias de todos modos. Me dispona a colgar, cuando digo: Oye, ya que te has tomado tantas molestias, llama a Argosy, de la calle Cincuenta y Nueve. Se especializan en libros agotados.Argosy. En la Cincuenta y Nueve. De acuerdo. Ya hablaremos a la hora de la cena.Cuelga. Sin decirme nada de estrellas jvenes. Siempre termina todas las conversaciones telefnicas con esa frase y ahora no lo ha hecho. Acaso algo en mi tono de voz me ha delatado? Helen es muy especial para estas cosas; adems, siendo psiquiatra... La culpa, cual si fuera un pudding, comienza a bullir en mi horno interior.Vuelvo a mi tumbona. Solo.Sandy Sterling nada unos cuantos largos. Cojo mi New York Times. Hay en el aire una cierta tensin sexual.Ya no nadas ms? me pregunta.Dejo el peridico. Est junto al borde de la piscina, del lado que queda ms cerca de mi tumbona.Asiento, mirndola fijamente.Qu Zanuck, Dick o Darryl? pregunta.Era mi mujer le contesto, poniendo el nfasis en la ltima palabra.La chica no se inmuta. Sale de la piscina y se tiende en la tumbona de al lado. Pechugona pero rubia. Si gustan as, Sandy Sterling tiene que gustar. A m me gustan as.Ests aqu por lo de Levin, no? Por Las posedas de Stepford?Estoy haciendo el guin.Me encant ese libro. Es el libro que ms me ha gustado del mundo. Me encantara trabajar en una pelcula as. Escrita por ti. Hara cualquier cosa por una oportunidad como sa.Ya estaba. Acababa de poner las cartas sobre la mesa.Naturalmente que en seguida le dejo las cosas en claro.Oye le digo, no acostumbro a hacer este tipo de cosas. De lo contrario las hara, porque ests estupenda, de eso no cabe duda, y te deseo toda clase de felicidad, pero la vida es ya de por s bastante complicada como para agregarle cosas de sas.Eso es lo que pens que iba a decirle. Pero entonces me dije: Eh, un momento, dnde est escrito que t debas ser el puritano del mundo del cine?. He trabajado con gente que lleva archivos de tarjetas para este tipo de asuntos. (Es la verdad. Preguntadle a Joyce Haber.)Has actuado en muchas pelculas? me oigo preguntar.Ya sabis que senta un verdadero entusiasmo por conocer la respuesta.Nada que me ampliara mis horizontes; no s si me explico.Seor Goldman?Levanto la vista. Es el asistente del socorrista.Es para usted otra vez me dice, entregndome el telfono.Willy?El solo sonido de la voz de mi esposa hace que la duda ciega recorra cada fibra de mi ser.Dime, Helen.Pareces raro.Qu pasa, Helen?Nada, pero...Por nada no me habras llamado.Willy, qu te pasa?No me pasa nada. Trataba de ser lgico. Al fin y al cabo eres t la que has llamado. Slo trataba de determinar por qu.Cuando me lo propongo, llego a ser bastante distante.Me ests ocultando algo.Lo que ms me indigna en este mundo es que Helen se ponga as. Os lo explico. Con su horrible formacin de psiquiatra, slo me acusa de ocultarle cosas, cuando le estoy ocultando cosas.Helen, en estos momentos estoy en una reunin, por favor, dime lo que quieres.Ah estaba otra vez la cuestin. Le estaba mintiendo a mi esposa en relacin con otra mujer, y esa otra mujer lo saba.Sandy Sterling, que ocupa la tumbona contigua a la ma, me sonre mirndome directamente a los ojos.En Argosy no tienen el libro. Nadie tiene el libro. Adis, Willy. Y cuelga.Tu mujer otra vez?Asiento y dejo el telfono colgado sobre la mesa, junto a mi tumbona.Os hablis mucho.Ya lo s le digo. Es un suplicio llegar a escribir algo.Supongo que sonri.No tena manera de lograr que el corazn dejara de latirme con tanta fuerza.Captulo uno. La prometida, dijo mi padre.Deb de dar un respingo o algo por el estilo porque la chica dice:Eh?Mi pa... empiezo a decir yo. Pensaba... empiezo a decir otra vez y luego aado: Nada.Tranquilo me dice ella y me lanza una sonrisa verdaderamente dulce.Durante un segundo pos su mano sobre la ma, de un modo suave y reconfortante. Me pregunt si era acaso posible que adems fuera comprensiva. Estupenda y comprensiva? Sera legal? Helen nunca haba sido comprensiva. Aunque siempre deca que lo era Comprendo por qu lo dices, Willy, pero en secreto trataba de descubrirme las neurosis. No, supongo que era comprensiva; pero no era compasiva. Adems, por supuesto, no era estupenda. Delgaducha, s. Brillante tambin.Conoc a mi mujer en la escuela universitaria para graduados le digo a Sandy Sterling. Ella haca el doctorado.A Sandy Sterling le estaba costando un poco captar mi sucesin de ideas.ramos unos cros. Cuntos aos tienes?Te digo mi verdadera edad o la que uso para el bisbol?Me ech a rer de buena gana. Estupenda, comprensiva y ocurrente?Esgrima. Lucha. Torturas dijo mi padre. Amor. Odio. Venganzas. Gigantes. Bestias de todas clases y aspectos. Verdades. Pasin. Milagros.Es la una menos veinticinco y le digo:Me dejas hacer una llamada?Pngame con informacin de Nueva York digo cuando cojo el telfono y, una vez que me comunican, inquiero: Podra darme los nombres de algunas libreras de la Cuarta Avenida, por favor? Habr unas veinte.La Cuarta Avenida es el centro del libro usado y agotado del captulo de habla inglesa del mundo civilizado. Mientras la operadora me busca los nombres, me vuelvo hacia la criatura que estaba en la tumbona de al lado y le comento:Mi hijo cumple diez aos hoy y me gustara regalarle este libro; no tardar nada.Estupendo dice Sandy Sterling.Aqu figura una tienda llamada Librera de la Cuarta Avenida me dice la operadora, y me da el nmero.No podra darme alguna otra? Vienen todas juntas.Si mee daa los nombress, lo ayudar encantadaresponde la operadora, hablando en lenguaje de la Bell.Con ste ya tengo bastante le contesto, y le pido a la operadora del hotel que me ponga con la tienda. Oiga, que llamo desde Los ngeles le digo, y busco La princesa prometida, de S. Morgenstern.No, lo siento me contesta el to.Y antes de que le pueda pedir que me d los nombres de otras libreras el tipo cuelga.Le pido a la operadora del hotel que vuelva a ponerme con la tienda y cuando el to vuelve a coger el telfono le digo:Habla su corresponsal de Los ngeles. Esta vez procure no colgar tan de prisa.Le he dicho que no lo tengo.Ya lo he entendido. Pero como estoy en California, me gustara que me diera los nombres y los telfonos de algunas otras tiendas de la zona. Quiz lo tengan, y como podr imaginarse, por aqu no abundan las Pginas Amarillas de Nueva York.Ellos a m no me ayudan, y yo tampoco.Vuelve a colgar.Me quedo ah sentado, con el auricular en la mano.Cul es ese libro tan especial? me pregunta Sandy Sterling.No tiene importancia le contesto, y cuelgo. Entonces le digo: S que la tiene.Vuelvo a coger el telfono y finalmente logro comunicarme con Harcourt Brace Jovanovich, mi editor de Nueva York, y al cabo de unos cuantos finalmente ms, la secretaria de mi editor me lee los nombres y los telfonos de todas las libreras de la zona de la Cuarta Avenida.Cazadores deca en aquel momento mi padre. Hombres malos. Hombres buenos. Las damas ms hermosas. Lo tena acampado en la cabeza, acurrucado, calvo, y medio bizco, tratando de leer, tratando de agradar, tratando de mantener alejados a los lobos y a su hijo con vida.Era la una y diez cuando por fin logr tener la lista completa y me desped de la secretaria.Entonces empec con las libreras.Oiga, llamo desde Los ngeles para preguntar si tienen un libro de Morgenstern, La princesa prometida, y...... lo siento...... lo siento...Comunican.... hace aos que est agotado...Otro que comunica.Las dos menos veinticinco.Sandy sigue nadando. Y monta un poco en clera. Debe de pensar que le estoy tomando el pelo. Pues no le estoy tomando el pelo, pero lo parece.... lo siento, tuve un ejemplar en diciembre...... no lo tengo, lo siento...sta es una grabacin. El nmero que ha marcado no funciona... Rogamos que cuelgue y...... no...Y Sandy que trinaba. Echando chispas, recogiendo sus cosas.... quin lee a Morgenstern hoy en da?Sandy se marcha, se marcha, estupenda, preciosa, se march.Adis, Sandy. Lo siento, Sandy.... lo siento, ya estamos cerrando.Ya son las dos menos cinco. Las cinco menos cinco en Nueva York.Pnico en Los ngeles.La lnea comunica.No contestan.No contestan.En florins, creo. Lo tendr en algn sitio de la trastienda.Me incorporo en la tumbona. El to tiene un acento marcadsimo.Necesito la versin inglesa.Hoy en da pocos piden a Morgenstern. Ya no s qu tengo en la trastienda. Venga maana y bsquelo usted mismo.Estoy en California le digo.Chalado.Es que es muy importante para m que me lo busque.Esperar mientras lo hago? Yo no pienso pagar la llamada.Tmese el tiempo que necesite.Se tom diecisiete minutos. Yo esper en lnea, escuchando. De vez en cuando se oa el sonido de un paso o un estrpito de libros o un gruido: Ay, aay.Y por fin:Bien, tengo el florins, tal como pens.Por poco.Pero no la versin inglesa digo.Y de pronto, el hombre empieza a chillarme:Cmo, se ha vuelto loco? Me rompo el alma para que usted me diga que no lo tengo. Claro que lo tengo, lo tengo aqu, y crame que le va a costar una buena suma.Estupendo..., se lo digo en serio, no es broma. Esccheme que le explico lo que tiene que hacer. Coja un taxi y pdale que lleve los libros a Park y...Oiga, seor Chalado California, ahora me va a escuchar usted a m. Aqu va a caer una tormenta de nieve en cualquier momento y ni yo ni mis libros iremos a ningn sitio sin dinero. Seis cincuenta cada uno. Si quiere la versin inglesa, tendr que llevarse tambin la florinesa, y cierro a las seis. Estos libros no saldrn de aqu si yo no recibo antes trece dlares.No se vaya le digo, y cuelgo.Y a quin llama uno fuera del horario de oficina y con las Navidades al caer? Pues a un abogado.Charley le digo cuando logro encontrarlo, me tienes que hacer un favor. Vete a la Cuarta Avenida, a la librera de Abromowitz, pgale trece dlares por dos libros, coge un taxi hasta mi casa y dile al conserje que los suba a mi piso. Ya. Ya s que est nevando, qu me dices?Que es un favor tan extrao que no tendr ms remedio que hacrtelo.Vuelvo a telefonear a Abromowitz.Mi abogado ya va para all.Nada de cheques me dice Abromowitz.Es usted todo corazn.Cuelgo y empiezo a hacer clculos. Aproximadamente unos ciento veinte minutos de conferencia a razn de un dlar treinta y cinco los primeros tres minutos, ms trece por los libros, ms unos diez por el taxi de Charley, ms unos sesenta por sus honorarios, a cunto ascenda? Tal vez unos doscientos cincuenta. Todo para que mi hijo Jason tuviera el Morgenstern. Me repantingu y cerr los ojos. Doscientos cincuenta dlares por no mencionar las dos horas de tormento y angustia, sin olvidarnos de Sandy Sterling.Una ganga.Me llamaron a las siete y media. Estaba en mi suite.Le encanta la bici me dice Helen. Est prcticamente fuera de s.Fabuloso.Ah, llegaron tus libros.Qu libros? le pregunto; Chevalier no habra podido parecer ms indiferente.La princesa prometida. En varias lenguas; por suerte una de ellas era el ingls.Bueno, me parece muy bien digo persistiendo en mi vaguedad. Casi se me haba olvidado que ped que se los enviasen.Cmo llegaron hasta aqu?Telefone a la secretaria de mi editor y le ped que me buscara un par de ejemplares. A lo mejor los tenan en Harcourt, cualquiera sabe pues s, en Harcourt tenan unos ejemplares; os lo imaginis? Puede que en las pginas siguientes os cuente por qu. Psame con el nio.Hola me saluda al cabo de un segundo.Escchame, Jason le digo: Pensbamos regalarte una bicicleta para tu cumpleaos, pero despus cambiamos de idea.Jo, ests muy equivocado. Ya me habis regalado una.Jason ha heredado de su madre la total falta de humor. No lo s; tal vez l sea ocurrente y yo no. Una cosa que puedo afirmar con toda seguridad es que no nos remos mucho juntos. Mi hijo Jason es un cro con un aspecto increble: pintado de amarillo, podra formar parte del equipo de sumo de la escuela. Un pequeo dirigible. Se pasa la vida comiendo. Yo me cuido para no engordar, y a Helen slo se la ve entera de frente, y adems, es una de las ms conocidas psiquiatras infantiles de Manhattan, y mi hijo rueda ms de prisa de lo que camina.Utiliza la comida para expresarse dice siempre Helen, para calmar sus ansiedades. Cuando se sienta dispuesto y capaz de hacer frente a las cosas, adelgazar.Oye, Jason. Mam me ha dicho que el libro te acaba de llegar. Ya sabes, el de la princesa. Me encantara que lo leyeses mientras estoy fuera. Cuando yo era cro me encant y me gustara saber qu te parece.Tambin tiene que encantarme?Vaya si era hijo de su madre.No, Jason. Slo quiero saber tu opinin. La verdad. Te echo de menos, campen. Te llamar para tu cumpleaos.Jo, ests muy equivocado. Hoy es mi cumpleaos.Estuvimos de guasa otro rato, hasta bastante despus de que hubiramos agotado todos los temas. Hice lo mismo con mi cnyuge, y colgu con la promesa de regresar al cabo de una semana.Tard dos.Las reuniones se extendan, los productores tenan inspiraciones de las que haba que tomar nota, los directores necesitaban que les calmaran los egos. En fin, que estuve en la soleada California mucho ms de lo planeado. Pero al final me permitieron regresar al abrigo y el amparo del seno familiar, o sea que me march pitando para el aeropuerto de Los ngeles, no fuera a ocurrir que alguien cambiara de parecer. Llegu temprano, cosa que siempre hago cuando vuelvo a casa, porque tena que llenarme los bolsillos con chismes y cositas para Jason. Cada vez que regreso de un viaje viene hacia m corriendo (anadeando) y gritando:Deja que te vea los bolsillos.Acto seguido me revisa todos los bolsillos, apoderndose de su soborno, y una vez que se ha hecho con el botn, me da un buen abrazo. No es tremendo lo que somos capaces de hacer con tal de sentirnos queridos?Deja que te vea los bolsillos grita Jason, y cruzando el vestbulo, viene hacia m.Es jueves, a la hora de la cena, y mientras l cumple con el ritual, Helen sale de la biblioteca y me da un beso en la mejilla al tiempo que me dice: Qu hombre ms deslumbrante tengo, que tambin forma parte del ritual y, cargado de regalos, Jason me da una especie de abrazo y sale disparado, andando como un pato hacia su habitacin.Anglica est preparando la cena anuncia Helen, no podras haber calculado mejor.Anglica?Helen se lleva el ndice a los labios y me susurra:Hace tres das que trabaja aqu, pero creo que puede llegar a ser una joya.Qu haba de malo en la joya que tenamos cuando me march? le pregunto tambin en susurros. Slo llevaba aqu una semana.Result un desengao responde Helen.Eso fue todo. (Helen es una mujer brillante en la universidad fue miembro de la asociacin de alumnos de ms altos mritos, se sac todos los sobresalientes posibles, todo un intelecto de una dimensin sorprendente, pero la cuestin es que no logra que le duren las chicas de servicio. En primer lugar, supongo que se siente culpable de tener quien le haga las cosas, puesto que la mayora de las chicas disponibles hoy en da son negras o hispanas, y Helen es ultra superliberal. En segundo lugar, es tan eficiente que las asusta. Todo lo hace mejor que ellas y lo sabe, y adems, sabe que ellas lo saben. En tercer lugar, una vez que las tiene aterrorizadas, trata de explicarles las cosas, claro, siendo psicoanalista, se entiende... Como deca, trata de explicarles por qu no deberan sentirse aterrorizadas, y al cabo de una buena media hora de que Helen les analice el ego, las chicas acaban realmente aterradas. En fin, que en los ltimos aos hemos tenido un promedio de cuatro joyas al ao.)Hemos tenido mala suerte, pero cambiar digo, del modo ms reconfortable que s.Sola fastidiarla con este tema de la limpieza, pero aprend que no era lo ms conveniente.La cena estuvo lista un poco ms tarde, y rodeando a mi esposa con un brazo y a mi hijo con el otro, avanc hacia el comedor. En aquel momento me sent a salvo, seguro, todas las cosas bonitas. La cena estaba servida: espinacas a la crema, pur de patatas, salsa y carne rustida a la cazuela; estupendo, salvo que no me gusta la carne rustida, porque como muy poca carne, pero las espinacas a la crema me chiflan, o sea que con todo, sobre el mantel haba dispuesta una seleccin ms que comestible. Nos sentamos. Helen sirvi la carne; en cuanto al resto, nos pasamos las fuentes. Mi racin de rustido no estaba demasiado jugosa, pero la salsa sirvi para equilibrar la cosa. Helen llam al timbre. Apareci Anglica. Tendra unos dieciocho o veinte aos, de piel aceitunada y movimientos lentos.Anglica le dijo Helen, ste es el seor Goldman.Le sonro y le digo hola agitando el tenedor en el aire. Ella asiente.Anglica, no lo digo para que te lo tomes como una crtica, puesto que la culpa la tengo yo, pero en lo sucesivo, las dos hemos de tratar por todos los medios de acordarnos que al seor Goldman le gusta el rosbif muy...Era rosbif? pregunto yo.Helen me lanza una mirada y prosigue:Anglica, no hay ningn problema, pues deb haberte hablado ms de una vez sobre cules eran las preferencias del seor Goldman, pero la prxima vez que tomemos rustido de costillas deshuesadas, procura, por favor, que por dentro quede de color rosado, de acuerdo?Anglica se retira a la cocina. Otra joya que se iba a hacer grgaras.No os olvidis que al comenzar la cena los tres ramos felices. Dos quedamos en ese estado, pero Helen se mostraba visiblemente afectada.Jason acumulaba el pur de patatas en su plato con un movimiento experto y firme.Le sonro a mi hijo y le digo:Oye, trata de tomrtelo con ms calma, eh?Se sirve otra cucharada bien llena y la desparrama en el plato.Jason, ten en cuenta que son muchas caloras le digo.Es que tengo mucho apetito, pap me contesta sin mirarme.Por qu no te atiborras de carne? Come toda la carne que te d la gana y no te dir una sola palabra.No pienso comer nada! exclama Jason.Aparta el plato, se cruza de brazos y fija la mirada en la lejana.Si yo fuera vendedora de muebles me dice Helen, o tal vez cajera en un banco, lo entendera; pero cmo puedes haber estado casado tantos aos con una psiquiatra y hablar de ese modo? Willy, pareces haber salido de la Edad Media.Helen, el nio est gordo. Lo nico que sugiero es que deje unas cuantas patatas para los dems y que se atiborre con esta exquisita carne rustida que tu joya ha preparado para mi regreso triunfal.Willy, no es mi intencin asombrarte, pero da la casualidad de que Jason no slo tiene una fina inteligencia sino que adems posee una vista magnfica. Cuando se mira en el espejo, te aseguro que sabe perfectamente que no est delgado. Y eso es porque en esta etapa de su vida ha elegido no estar delgado.Helen, no le falta demasiado para empezar a salir con chicas, qu pasar entonces?Cario, Jason tiene diez aos, y en esta etapa de su vida las chicas no le interesan. A esta edad lo que le interesa es la cohetera. Qu le importa a un aficionado a los cohetes una ligera tendencia a la obesidad? Cuando l decida ser delgado, te aseguro que tiene la inteligencia y la fuerza de voluntad suficiente como para adelgazar. Hasta que no llegue ese momento, te pido por favor que en mi presencia no frustres al nio.Sandy Sterling bailaba en bikini delante de mis ojos.No pienso comer, y se acab dice entonces Jason.Pero, querido mo le dice Helen al cro con ese tono que ella reserva en esta Tierra slo para momentos como ste, trata de ser lgico. Si no te comes el pur de patatas, te enfadars y yo tambin me enfadar, y est claro que tu padre ya est enfadado. Pero si te comes el pur de patatas, yo me sentir muy satisfecha, t te sentirs satisfecho, y tu estmago se sentir satisfecho. Lo de tu padre ya no tiene solucin. Est en tus manos el que tres personas se enfaden o que se enfade una sola, y con respecto a esta ltima, como ya te he dicho, no hay nada que hacer. Por lo tanto, la conclusin es clarsima, aunque tengo una fe absoluta en tu capacidad para llegar a ella por ti mismo. Haz lo que t quieras, Jason.El nio comienza a engullir.Hars que se convierta en un mariquita le digo, aunque en una voz lo bastante baja como para que slo me escuche a m mismo, y Sandy.Entonces inspiro profundamente, porque siempre que regreso a casa hay problemas, razn por la cual Helen dice que traigo conmigo la tensin, que necesito pruebas sobrehumanas de que me han echado de menos, de que todava me necesitan, de que soy amado, etc. Lo nico que s es que detesto estar lejos, pero lo peor es el regreso. Nunca tengo demasiada ocasin de entablar una conversacin del tipo: Y qu tal? Qu novedades hubo durante mi ausencia?, y menos si tenemos en cuenta que Helen y yo nos telefoneamos casi cada noche.Apuesto a que eres un genio con esa bici digo entonces. Tal vez este fin de semana salgamos a dar un paseo.Jason levanta la vista del pur de patatas.El libro me encant, pap. Es genial.Me sorprendo de que me lo diga, porque, como es natural, yo slo empezaba a encauzar la conversacin hacia ese tema. Pero, como dice siempre Helen, Jason no es ningn imbcil.Bueno, me alegro repongo.Y vaya si me alegraba.Puede que sea el mejor libro que he ledo en mi vida agrega Jason asintiendo.Tomo una cucharada de espinacas.Cul fue la parte que ms te ha gustado?El captulo uno. La prometida responde Jason.Eso me sorprende de veras. No es que el captulo uno est mal, pero la cuestin es que no pasan demasiadas cosas si lo comparamos con las cosas increbles que ocurren despus. En su mayor parte habla de cmo Buttercup se hace mayor, eso es todo.Qu me dices de la escalada de los Acantilados de la Locura? le pregunto. Eso ocurre en el captulo cinco.Est bien aclara Jason.Y de la descripcin del Zoo de la Muerte del prncipe Humperdinck? Est en el segundo captulo.Pues est muy bien dice Jason.Lo que ms me sorprendi fue que la descripcin del Zoo de la Muerte ocupa unos pocos prrafos, pero no s, en cierto modo sabes que ms adelante todo encajar. Tuviste la misma sensacin?Mmm... aja. Jason asiente. S, es genial.A esas alturas ya saba que no lo haba ledo.Trat de leerlo interviene Helen. Y se ley el primer captulo. Pero el captulo segundo fue imposible para el cro, o sea que cuando vi que haba hecho un esfuerzo razonable, le dije que lo dejara. No todos tenemos los mismos gustos. Le dije que t lo entenderas, Willy.Claro que lo entenda. Aunque me senta completamente abandonado.No me gust, pap. Quera que me gustara, pero...Le sonro. Cmo es posible que no le gustara? Pasin. Duelos. Milagros. Gigantes. Amor verdadero.Tampoco vas a comerte las espinacas? me pregunta Helen.Me levanto de la mesa.Los tiempos cambian. No tengo hambre.No dice nada hasta que me oye abrir la puerta de la calle. Entonces me grita:Adonde vas?De haberlo sabido, le habra contestado.Deambul por ah en pleno diciembre. Sin abrigo. Aunque no me enter del fro. Lo nico que saba era que tena cuarenta aos, que no me haba propuesto encontrarme en aquellas circunstancias a esa edad, enganchado a una genial psicoanalista y a un hijo que ms bien pareca un globo. Seran alrededor de las nueve de la noche cuando me encontr solo, sentado en medio del Central Park, sin nadie cerca de m, y con todos los dems bancos vacos.Fue entonces cuando o un susurro de hojas entre los arbustos. Ces. Se volvi a or. Muuy suave. Ms cerca.Me volv como el rayo y grit:No me molestis!Fuera lo que fuese amigo, enemigo, mi imaginacin, desapareci. Logr or cmo corra y fue entonces cuando me di cuenta de una cosa: en aquel momento era un tipo peligrossimo.Entonces sent fro. Y me fui a casa. Helen repasaba unas notas en la cama. Normalmente, me hubiera hecho algn comentario sobre lo mayor que estaba ya para esos arranques de comportamiento juvenil. Pero era probable que el peligro siguiera fijado a m como una aureola. Lo not en sus ojos inteligentes.De veras que lo intent dice finalmente.Nunca pens que no lo intentara contesto. Dnde est el libro?Supongo que en la biblioteca.Me vuelvo y me dispongo a salir del dormitorio.Quieres que te traiga algo?Le contesto que no. Me voy a la biblioteca, me encierro y busco La princesa prometida. Mientras reviso la encuademacin, noto que est bastante bien conservado, y es entonces cuando me doy cuenta de que lo haba publicado mi misma editorial, Harcourt Brace, Jovanovich. Aunque haba sido mucho antes, por entonces ni siquiera eran Harcourt, Brace & World. Slo la vieja Harcourt, Brace, y punto. Hojeo el libro hasta la pgina del ttulo, cosa que me resulta extraa, porque nunca antes lo haba hecho; siempre haba sido mi padre quien lo hojeaba. Al leer el verdadero ttulo me echo a rer, porque ah mismo dice:La princesa prometidaRelato clsico de amoresverdaderos y grandes aventurasescrito por S. MorgensternUn tipo que catalogaba su propia obra original como clsica antes de que fuese publicada y de que nadie la hubiera ledo era de admirar. Tal vez pens que si no lo haca as, nadie la leera, o tal vez slo intentaba echarle una mano a los crticos. No lo s. Ojeo el primer captulo; era ms o menos como lo recordaba. Paso al segundo captulo, donde el autor habla del prncipe Humperdinck y ofrece la descripcin breve e incitante del Zoolgico de la Muerte.Y es ah cuando comienzo a darme cuenta del problema.No es que la descripcin no figurara. Estaba, y era ms o menos como la recordaba. Pero antes de llegar a la descripcin, haba unas sesenta pginas de texto que hablaban de los antepasados del prncipe Humperdinck y de cmo su familia lleg a controlar Florin, y de esta boda y de este nio que engendr a este otro de aqu que despus se cas con no s quin; pas al captulo tercero, El galanteo, y descubr que hablaba de la historia del Guilder y de cmo ese pas lleg al puesto que ocupa en el mundo. Cuanto ms hojeaba el libro, de ms cosas me enteraba: Morgenstern no se haba propuesto escribir un libro infantil, sino una especie de historia satrica de su pas y del declive de la monarqua en la civilizacin occidental.Pero mi padre slo me haba ledo las partes de accin, las partes buenas. No se ocup en absoluto del aspecto serio.A eso de las dos de la madrugada, llamo a Hiram de Martha's Vineyard. Hiram Haydn ha sido mi editor durante una docena de aos, desde Soldier in the rain, y juntos hemos pasado muchas cosas, pero nunca por llamadas telefnicas a las dos de la madrugada. S que hasta el da de hoy no ha logrado entender por qu no pude esperar.... digamos que hasta la hora del desayuno.Bill, seguro que te encuentras bien? me pregunta todo el rato.Oye, Hiram comienzo yo a decir despus de haberlo llamado unas seis veces. Escchame, habis publicado un libro justo despus de la segunda guerra mundial. Te parece que sera buena idea que lo compendiara y volvisemos a publicarlo ahora?Bill, seguro que te encuentras bien?S, muy bien. Oye, slo utilizara las partes buenas. Me encargara de aadir prrafos all donde se produzcan saltos en la narracin y dejara slo las partes buenas. Qu te parece la idea?Bill, aqu son las dos de la madrugada. Sigues en California?Finjo una total sorpresa. Para que no piense que estoy loco.Lo siento, Hiram. Dios mo, si ser idiota. En Beverly Hills apenas son las once. Oye, crees que podras comentrselo al seor Jovanovich?Quieres decir ahora mismo?Maana o pasado, no hay prisa.Le comentar lo que sea, pero no s si entiendo bien lo que quieres. Bill, seguro que ests bien?Estar en Nueva York maana. Te llamar y te dar ms detalles, vale?Bill, podras hacerlo en las primeras horas del horario de oficina?Me echo a rer y colgamos. Telefoneo a Zig en California. Evarts Ziegler lleva unos ocho aos hacindome de agente cinematogrfico. l fue quien me represent en Dos hombres y un destino; a l tambin lo despert.Oye, Zig, podras ayudarme a aplazar Las posedas de Stepford? Se me ha presentado otro proyecto.Te han contratado para que empieces ya mismo. Cunto tiempo ms necesitaras?No estoy seguro; nunca haba compendiado una obra. T qu piensas que haran?Supongo que si se trata de un aplazamiento, amenazaran con demandarnos y acabaras perdiendo el trabajo.La cosa result ms o menos como l predijo; amenazaron con demandarme y a punto estuve de perder el trabajo y una cierta suma de dinero, y no me gan demasiados amigos en la industria, como la llamamos los que estamos en esto del cine.Pero compendi el libro y vosotros lo tenis ahora en vuestras manos. La versin de las partes buenas.Por qu me tom tantas molestias?Helen me insisti mucho para que pensara una respuesta. Le pareca importante, pero no exactamente porque a ella le interesara saber mis motivos, sino que lo que le interesaba era que yo los supiese.Porque te comportaste como un chalado, Willy me dijo. Me tenas realmente asustada.Por qu pues?Esto del autoescrutinio nunca se me ha dado bien. Todo lo escribo por impulso. Esto me suena bien, aquello me suena mal..., as. No puedo analizarlo, al menos no logro analizar mis propios actos.S que no espero que esto le cambie la vida a nadie como me la cambi a m.Pero si nos fijamos en las palabras del subttulo amor verdadero y grandes aventuras yo cre en eso en cierta ocasin. Pens que mi vida iba a seguir por esos derroteros. Rogaba porque fuera as. Est claro que no lo fue, pero no creo que todava existan grandes aventuras. Hoy en da no hay nadie que desenvaine la espada y grite: Hola, mi nombre es Iigo Montoya. T mataste a mi padre; dispnte a morir!.Y del amor verdadero tambin os podis olvidar. Yo ya no s si hay algo que quiera de verdad, ms all del bistec de Peter Luger's y la enchilada de El Parador. (Perdname, Helen.)En fin, he aqu la versin de las partes buenas. Lo escribi S. Morgenstern. Y mi padre me lo ley. Y ahora os lo ofrezco a vosotros. Lo que hagis con l tendr, para todos nosotros, algo ms que un inters efmero.Nueva York,

diciembre de 1972

1La prometidaEl ao en que Buttercup naci, una criada de cocina francesa llamada Annette era la mujer ms hermosa del mundo. Annette trabajaba en Pars para los duques de Guiche, y no haba escapado a la atencin del duque que una persona fuera de lo comn le sacara brillo al peltre. El inters del duque tampoco pas inadvertido a la duquesa, que no era ni muy hermosa ni muy rica, pero s muy lista. La duquesa se dispuso a estudiar a Annette, y al cabo de no mucho tiempo descubri la trgica debilidad de su adversaria.El chocolate.Dotada ya de armas, la duquesa puso manos a la obra. El Palacio de Guiche se convirti en un castillo de caramelo. Dondequiera que posara uno la vista haba bombones. En las salas haba pilas de caramelos de menta recubiertos de chocolate; en los salones, cestas de turrones tambin de chocolate.Annette estaba perdida. Al promediar la estacin, de delicada se convirti en colosal, y el duque no volvi a mirarla sin que una triste estupefaccin le nublara la vista. (Cabe destacar que, a lo largo de su proceso de ensanchamiento, Annette pareca ms alegre. Con el tiempo, acab casndose con el chef de pasteleros; los dos comieron muchsimo hasta que la edad avanzada los reclam. Cabe destacar tambin que las cosas no fueron tan felices para la duquesa. El duque, por motivos que desafan toda comprensin, qued prendado de su propia suegra, lo cual le provoc lceras a la duquesa, slo que por aquella poca todava no se conocan las lceras. Para ser ms exactos, las lceras existan, la gente las padeca, pero no se llamaban as. En aquellos tiempos, la profesin mdica las denominaba dolores de estmago y se consideraba que la mejor medicina era tomar caf con unas gotas de coac dos veces al da hasta que los dolores remitan. La duquesa se tomaba su mezcla con fe, y mientras los aos pasaban observaba como a sus espaldas su marido y su madre se lanzaban besos. No debe sorprender a nadie, pues, que el mal humor de la duquesa fuera legendario, tal como Voltaire lo refiri de forma tan competente. Slo que esto ocurri antes de Voltaire.)Cuando Buttercup cumpli diez aos, la mujer ms hermosa viva en Bengala y era hija de un prspero mercader de t. La muchacha se llamaba Aluthra, y su piel era de una morena perfeccin que haca ochenta aos no se vea en la India. (En toda la India slo ha habido once cutis perfectos desde que comenzara a llevarse un registro detallado.) Aluthra cumpli diecinueve el ao en que la plaga de viruela se abati sobre Bengala. La muchacha sobrevivi, aunque no su piel.Cuando Buttercup cumpli los quince, Adela Terrell, de Sussex on the Thames, era, con mucho, la criatura ms hermosa. Adela tena veinte aos, y hasta aquel momento le llevaba tanta ventaja al resto del mundo que era casi seguro que sera la ms hermosa por muchos, muchos aos. Pero un buen da, uno de sus pretendientes (tendra unos ciento cuatro) exclam que Adela deba de ser sin lugar a dudas el ser ms ideal jams engendrado. Esa noche, a solas en su alcoba, se examin poro a poro en el espejo. (Esto fue despus de que inventaran los espejos.) La inspeccin le llev casi hasta el amanecer, pero para entonces ya tena claro que el joven haba emitido una apreciacin ms que correcta: era perfecta, aunque ella no haba tenido nada que ver en eso.Mientras se paseaba por la rosaleda familiar y contemplaba cmo sala el sol, se sinti ms feliz que nunca. No slo soy perfecta se dijo, sino que probablemente ser la primera persona perfecta de toda la historia del universo. No hay ninguna parte de m que pueda mejorarse. Qu afortunada soy de ser perfecta y rica y pretendida y sensible y joven y...!Joven?La bruma comenzaba a disiparse cuando Adela se puso a meditar. Est claro que siempre ser sensible pens, y que siempre ser rica, pero no s qu har para mantenerme siempre joven. Y cuando no sea joven, cmo podr seguir siendo perfecta? Y si no soy perfecta, pues... qu me quedar? Qu? Adela frunci el ceo mientras cavilaba desesperadamente. Era la primera vez en la vida que se vea obligada a fruncir el ceo, y cuando cay en la cuenta de lo que acababa de hacer, Adela se qued sin aliento, horrorizada ante la idea de haberse estropeado, quiz para siempre, la hermosa frente. Se precipit otra vez delante del espejo y se pas la maana ante l, y aunque logr convencerse de que continuaba siendo casi tan perfecta como de costumbre, no caba ninguna duda de que ya no era tan feliz como antes.La preocupacin haba comenzado.Al cabo de dos semanas, aparecieron las primeras marcas; las primeras arrugas tardaron un mes, y antes de que promediara el ao, las tena a montones. Se cas al poco tiempo, con el mismo hombre que la tildara de sublime, y durante muchos aos le dio una vida infernal.Obviamente, a los quince aos, Buttercup no tena ni idea de todo esto. Y si la hubiera tenido, le habra resultado completamente insondable. Cmo poda importarle a nadie si era o no la mujer ms hermosa del mundo? Qu diferencia poda existir si slo se era la tercera mujer ms hermosa? O la sexta. (Por aquella poca, Buttercup no llegaba a ocupar posiciones tan elevadas, y apenas se encontraba entre las veinte principales, y eso si slo se tena en cuenta su potencial, y no las atenciones especiales que le dedicaba a su propia persona. Detestaba lavarse la cara, especialmente la zona de detrs de las orejas, estaba harta de peinarse y lo haca lo menos posible. Lo que le gustaba hacer en realidad, lo que prefera por encima de cualquier otra cosa, era montar su caballo y burlarse del mozo de labranza.)El caballo se llamaba Caballo (Buttercup nunca tuvo una imaginacin desbordante) y acuda a su llamada, iba a donde ella lo dirigiese, haca todo lo que ella le mandaba. El mozo de labranza tambin haca lo que ella le mandaba. Era ya un muchacho, pero haba comenzado a trabajar para el padre de Buttercup al quedar hurfano a temprana edad, y ella siempre se haba dirigido a l del mismo modo. Muchacho, alcnzame eso; Alcnzame aquello, muchacho..., date prisa, holgazn, muvete o se lo dir a mi padre.Como desees.Era lo nico que le contestaba. Como desees. Alcnzame eso, muchacho. Como desees. Scame esto, muchacho. Como desees. Viva en una choza, cerca de los animales y, segn la madre de Buttercup, la mantena limpia. Incluso lea cuando tena velas.En mi testamento, le dejar un acre a ese muchacho le gustaba decir al padre de Buttercup. (Por aquella poca tenan acres.)Lo echars a perder le contestaba siempre la madre de Buttercup.Hace aos que trabaja como un esclavo, y el trabajo esforzado debe recompensarse.Entonces, en lugar de seguir con la discusin (por aquella poca tambin discutan), los dos se volvan contra su hija.No te has baado le deca el padre.S me he baado responda Buttercup.Pero no con agua prosegua el padre. Hueles como un semental.He estado cabalgando todo el da le explicaba Buttercup.Has de baarte, Buttercup aada la madre. A los muchachos no les gusta que las chicas huelan a establo.Oh, los muchachos! exclamaba Buttercup. Qu me importan a m los muchachos? Caballo me quiere y con esto tengo ms que suficiente, gracias.Lanzaba su discurso en voz alta y con una cierta frecuencia.Pero, le gustara o no, haban comenzado a ocurrir ciertas cosas.Poco despus de cumplir los diecisis, Buttercup cay en la cuenta de que las muchachas de la aldea llevaban ms de un mes sin dirigirle la palabra. Nunca haba intimado demasiado con las muchachas, de manera que aquel cambio no le result demasiado marcado, pero lo cierto era que antes, cuando cabalgaba por la aldea o por los senderos de los carros, la saludaban con inclinaciones de cabeza. Pero ahora, por ninguna razn en particular, nada. Apartaban rpidamente la mirada cuando ella se les aproximaba, y nada ms. Una maana, Buttercup logr abordar a Cornelia en la herrera e indag acerca del motivo de aquel silencio.Despus de lo que has hecho, cre que tendras la cortesa de no preguntarlo le contest Cornelia.Y qu he hecho?Cmo que qu has hecho? Nos los has robado.Dicho lo cual, Cornelia ech a correr. Pero Buttercup lo comprendi, comprendi a quines se refera.A los muchachos.A los muchachos de la aldea.A esos obtusos esos cabeza de chorlito esos mentecatos esos ligeros de cascos esos aburridos esos simplones esos lelos esos estpidos de los muchachos.Cmo podan acusarla a ella de robrselos? Por qu iba nadie a quererlos? Para lo nico que servan era para incomodar, fastidiar e importunar.Buttercup, quieres que te cepille el caballo? No, gracias, ya lo hace mi mozo de labranza. Buttercup, puedo salir a cabalgar contigo? No, gracias, me divierto ms yo sola. Crees que nadie te llega ni a la punta del zapato, no es as, Buttercup? No, no lo creo. Lo nico que ocurre es que me gusta cabalgar sola.A lo largo de su decimosexto ao de vida, incluso este tipo de conversaciones provocaban tartamudeos y sonrojos y, con un poco de suerte, algn comentario sobre el tiempo. Buttercup, crees que llover? No lo creo, el cielo est despejado. Pero puede que llueva. Supongo que s. Crees que nadie te llega ni a la punta del zapato, no es as, Buttercup? No, lo nico que creo es que no va a llover, eso es todo.Por las noches, en bastantes ocasiones, se congregaban en la oscuridad, no lejos de su ventana, para rerse de ella. Buttercup no les haca caso. Con frecuencia, las risas daban paso al insulto. Ella no les prestaba atencin. Si se excedan en sus pullas, el mozo de labranza se encargaba de ellos; sala sigilosamente de su choza, les propinaba una paliza a unos cuantos, y todos huan despavoridos. Buttercup nunca olvidaba darle las gracias por su ayuda. Como desees. Eso era todo lo que le contestaba.Cuando estaba a punto de cumplir los diecisiete, lleg a la aldea un hombre en un carruaje, y la observ pasar en el caballo cuando iba a comprar provisiones. Segua all espiando cuando ella regres. No le prest atencin, y lo cierto era que aquel hombre no tena ninguna importancia en s. Pero seal el momento crucial. Otros hombres se haban desviado mucho de su camino para poder verla; otros hombres haban llegado incluso a cabalgar durante leguas para poder gozar de ese privilegio, igual que haba hecho este hombre. Pero lo importante de este acontecimiento radicaba en que ste era el primer hombre rico que se haba molestado en hacerlo, el primer noble. Y fue este mismo hombre, cuyo nombre se perdi en la niebla de los tiempos, quien mencion al conde la existencia de Buttercup.El reino de Florn se extenda entre lo que es hoy Suecia y Alemania. (Esto ocurri antes de que se formara Europa.) En teora, era gobernado por el rey Lotharon y su segunda esposa, la reina. Pero, en realidad, el rey apenas se tena en pie, rara vez lograba distinguir el da de la noche, y se pasaba prcticamente todo el da balbuceando. Era muy anciano; haca mucho tiempo que todos los rganos de su cuerpo le haban traicionado, y gran parte de las decisiones importantes que tomaba con respecto a Florn tenan ciertos visos de arbitrariedad que preocupaban a muchos de los ms destacados ciudadanos.De hecho, quien gobernaba era el prncipe Humperdinck. Si hubiera existido Europa, l habra sido el hombre ms poderoso de ese continente. Pero a pesar de eso y tal como estaban las cosas, a miles de kilmetros a la redonda no haba nadie que deseara meterse con l.El nico confidente del prncipe Humperdinck era el conde. ste se apellidaba Rugen, pero a nadie le haca falta utilizarlo, pues era el nico conde del reino, y el ttulo se lo haba conferido el prncipe haca un tiempo, como regalo de cumpleaos, hecho que, como era natural, tuvo lugar durante una de las fiestas de la condesa.La condesa era considerablemente ms joven que su esposo. Todos sus trajes venan de Pars (esto ocurri despus de que existiera Pars), y tena un gusto exquisito. (Esto ocurri despus de que se inventara el buen gusto, pero muy poco despus. Y como era algo tan nuevo, y dado que la condesa era la nica dama en todo Florn que lo posea, es de extraar que fuera la primera dama del reino?) Con el tiempo, su pasin por las telas y los afeites la oblig a residir de forma permanente en Pars, donde dirigi el nico saln de belleza de renombre internacional.Aunque de momento se entretena con dormir envuelta en sedas, comer en vajilla de oro y ser la nica mujer ms temida y admirada de la historia florinesa. Si tena defectos en la figura, sus trajes los ocultaban; si su cara era algo menos que divina, resultaba difcil notarlo una vez que haba acabado de aplicarse los afeites. (Esto ocurri antes de que existiera el encanto, pero de no haber sido por damas como la condesa, jams habra habido necesidad de inventarlo.)En suma, que los Rugen eran la pareja de la semana de Florn y lo haban sido durante muchos aos...ste soy yo. Todos los comentarios de compilacin y de otro tipo irn en cursiva, para que lo sepis. Al principio, cuando dije que nunca haba ledo este libro, era verdad. Me lo ley mi padre, y al hacer la compilacin, me limit a ojearlo velozmente, tach captulos enteros y dej lo dems tal como figuraba en la obra original de Morgenstern.El presente captulo ha sido reproducido completamente intacto. Y esta informacin ma no es ms que para comentar la forma en que Morgenstern utilizaba los parntesis. La revisora de Harcourt no haca ms que llenar los mrgenes de las galeradas con preguntas como sta: Cmo es posible que haya ocurrido antes de que existiera Europa pero despus de que existiera Pars?. Y Cmo es posible que esto ocurra antes del encanto cuando el encanto es un concepto antiguo? Vase el trmino glamer en el Oxford English Dictionary. Y ms adelante: Me estoy volviendo loca. Qu puedo hacer con tantos parntesis? Cundo se desarrolla la historia que se cuenta en este libro? No entiendo nada. Socooooorroooooo!!!. Denise, la revisora, ha corregido todos mis libros desde Boys and Girls Together y en sus notas al margen, nunca se haba mostrado tan emotiva conmigo.No pude ayudarla.Una de dos, o Morgenstern haca esos comentarios en serio, o no los haca en serio. O tal vez algunos los haca en serio y otros no. Pero nunca dijo cules de ellos iban en serio. O tal vez fuera un recurso estilstico que el autor utilizaba para decirle al lector que esto no es real; jams ocurri. Es lo que yo pienso, a pesar del hecho de que si uno rastrea en la historia de Florn, se dar cuenta de que ocurri realmente. Me refiero a los hechos porque nadie podr decir nada sobre las motivaciones mismas. Lo nico que puedo sugeriros es que no leis los parntesis si os molestan.De prisa..., de prisa..., ven,El padre de Buttercup estaba en su casa, mirando por la ventana.Por qu?La que preguntaba era la madre. Cuando se trataba de obedecer, nunca haca concesiones.El padre seal veloz con el dedo y le dijo:Mira...Pues mira t, ya sabes cmo hacerlo.Los padres de Buttercup no eran lo que se dice un matrimonio feliz. Cada uno de ellos no soaba con otra cosa que abandonar al otro.El padre de Buttercup se encogi de hombros y se dirigi a la ventana.Aaaah! exclam al cabo de un rato. Y poco despus, aadi: Aaaah!La madre de Buttercup levant brevemente la vista del guisado.Cunta riqueza! exclam el padre de Buttercup. Es gloriosa.La madre de Buttercup vacil, y luego dej la cuchara del guisado. (Esto fue despus de que se inventara la cuchara del guisado, aunque todo se invent despus del guisado. Cuando el primer hombre sali arrastrndose del fango y construy su primera casa en tierra firme, esa noche, lo primero que cen fue un guisado.)El corazn se sobrecoge ante tanta magnificencia mascull en voz muy alta el padre de Buttercup.De qu se trata exactamente, gordito?exigi saber la madre de Buttercup.Pues mira t, ya sabes cmo hacerlo fue todo lo que contest.(sta era la trigsima tercera disputa del da y ocurri mucho despus de que se inventaran las disputas y ella le ganaba por veinte a trece, pero el hombre haba recuperado mucho terreno desde el almuerzo, cuando el marcador se encontraba en diecisiete a dos.)Burro le dijo la madre, y se dirigi a la ventana. Al cabo de un momento, exclam junto con su marido: Aaahh!All se quedaron los dos, diminutos y asombrados.Buttercup los observaba mientras pona la mesa.Seguramente vendrn de alguna parte para ver al prncipe Humperdinck coment la madre de Buttercup.El padre asinti y dijo:Cacera. El prncipe se dedica a la cacera.Qu afortunados somos de haberles visto pasar! observ la madre de Buttercup, y aferr la mano de su esposo.El viejo asinti y dijo:Ahora puedo morirme.Ella le mir y repuso:No te mueras.Su tono era sorprendentemente tierno y, con toda probabilidad, presinti lo importante que era para ella aquel hombre, porque cuando muri, dos aos ms tarde, ella no tard en seguirle, y casi toda la gente que la conoca bien coincidi en sealar que lo que acab con ella fue la repentina falta de oposicin.Buttercup se les acerc y permaneci detrs de ellos, mirando por encima de sus hombros, y tampoco tard en quedarse boquiabierta, porque el conde y la condesa con todos sus escuderos, sus soldados, sus siervos, sus cortesanos, sus campeones y sus carruajes pasaban por el sendero para carros, justo delante de la granja.Los tres permanecieron en silencio mientras la procesin avanzaba. El padre de Buttercup era un hombre mentecato y pequeito que siempre haba soado con vivir como el conde. En cierta ocasin haba estado a tres kilmetros del lugar donde el conde y el prncipe haban estado cazando, y hasta ese momento, aqul haba sido el momento ms culminante de su vida. Como campesino era muy malo, y como esposo no le iba mucho mejor. No haba muchas cosas en el mundo en las que destacara, y nunca lleg a explicarse a ciencia cierta cmo haba logrado engendrar a su hija, pero en el fondo de su corazn saba que deba tratarse de alguna especie de error maravilloso, cuya naturaleza no tena ninguna intencin de investigar.La madre de Buttercup era una mujer pequeita y arrugada, enjuta y de aire preocupado, que siempre haba soado con llegar a ser famosa aunque fuera una sola vez, como se deca que lo era la condesa. Era muy mala cocinera, y como ama de llaves incluso mucho ms limitada. Cmo haba logrado su vientre engendrar a Buttercup era algo que, obviamente, escapaba a su entendimiento. Pero haba estado presente cuando ocurri y para ella, era suficiente.Buttercup, media cabeza ms alta que sus padres, que segua con los platos de la cena en las manos y segua oliendo a Caballo, slo deseaba que la gran procesin no se encontrara tan lejos, para poder comprobar si los trajes de la condesa eran tan hermosos como se deca.Como respondiendo a sus deseos, la procesin gir y comenz a enfilar hacia la granja.Aqu? logr preguntarse el padre de Buttercup. Dios mo, por qu?La madre de Buttercup se volvi hacia su esposo e inquiri:No te habrs olvidado de pagar los impuestos?(Esto ocurri despus de que se inventaran los impuestos. Pero todo ocurre despus de la invencin de los impuestos, porque se inventaron incluso antes que el guisado.)Si no los hubiera pagado, no haca falta que enviaran a tanta gente para cobrarlos e hizo un ademn hacia la entrada de su granja, porque el conde y la condesa, acompaados de sus pajes, sus soldados, sus siervos, sus cortesanos, sus campeones y sus carruajes se iban acercando ms y ms. Qu habrn venido a pedirme?Ve a ver, ve a ver le orden la madre de Buttercup.Ve a ver t. Por favor.No, ve t. Por favor.Iremos los dos juntos.Y juntos fueron. Temblando...Las vacas le dijo el conde, cuando se acercaron a su dorado carruaje. Me gustara hablar de tus vacas.Se dirigi a ellos desde el interior del carruaje, con el oscuro rostro oculto entre las sombras.De mis vacas? inquiri el padre de Buttercup.S. Vers, he pensado montar una granja lechera, y como tus vacas tienen fama de ser las mejores del reino de Florn, pens que tal vez podra arrancarte el secreto de cmo lo haces.Mis vacas logr repetir apenas el padre de Buttercup, con la esperanza de no perder el juicio.Porque lo cierto era que, y lo saba bien, sus vacas eran horrendas. Durante aos, los de la aldea no haban hecho otra cosa que quejarse. Si a algn otro se le hubiese ocurrido vender leche, l no habra tardado en arruinarse. Aunque tena que reconocer que las cosas haban mejorado desde que el mozo de labranza trabajaba para l como un esclavo era indudable que el mozo posea ciertas habilidades y que en aquellos momentos, las quejas eran muy pocas, pero eso no converta a sus animales en las mejores vacas de Florn. Con todo, al conde no se le poda contradecir. El padre de Buttercup se dirigi a su esposa y le pregunt:Querida, cul diras t que es mi secreto?Pues..., son tantos... repuso.Estaba claro que no era tonta, y menos cuando se trataba de la calidad de su ganado.No tenis hijos, verdad? les pregunt entonces el conde.S tenemos, seor repuso la madre.Entonces dejadme verla prosigui el conde, quiz ella sea ms rpida en responder que sus padres.Buttercup grit el padre, volvindose. Sal, por favor.Cmo sabais que tenamos una hija? pregunt la madre de Buttercup.Lo adivin. Supuse que sera una hija. Hay das en que soy ms afortunado que... se interrumpi de repente.Porque Buttercup hizo su aparicin: sala a toda prisa de la casa de sus padres.El conde baj del carruaje. Con gracia salt al suelo y se qued inmvil. Era un hombre corpulento, de cabello y ojos negros y anchos hombros; llevaba unos guantes y una capa negros.La reverencia, querida susurr la madre de Buttercup.Buttercup la hizo lo mejor que pudo.El conde no poda dejar de mirarla.Debis comprender que apenas se encontraba entre las veinte principales; llevaba el pelo desgreado y sucio; slo contaba diecisiete aos, por lo tanto, en algunas partes de su cuerpo an se le notaba la obesidad de la niez. Todo lo que tena era estrictamente potencial.Aun as, el conde no poda quitarle los ojos de encima.Al conde le gustara conocer cul es el secreto de la grandeza de nuestras vacas, no es as, mi seor? dijo el padre de Buttercup.El conde se limit a asentir si apartar la vista.Incluso la madre de Buttercup not una cierta tensin en el aire.Preguntadle al mozo de labranza, l es quien las cuida repuso Buttercup.Es aqul el mozo de labranza? inquiri otra voz desde el interior del carruaje.Acto seguido, el rostro de la condesa apareci en el marco de la portezuela del carruaje.Llevaba los labios pintados de un rojo perfecto, y los ojos verdes delineados de negro. Todos los colores del mundo lucan como apagados en su traje. Era tal el brillo que Buttercup sinti el impulso de cubrirse los ojos.El padre de Buttercup se volvi hacia la silueta solitaria que espiaba desde una esquina de la casa.S.Traedlo ante m.No est vestido adecuadamente para semejante ocasin repuso la madre de Buttercup.No es la primera vez que veo torsos desnudos replic la duquesa. Acto seguido, sealando al mozo de labranza, le grit: Eh, t, ven aqu! y chasque los dedos al pronunciar aqu.El mozo de labranza hizo lo que le ordenaban.Cuando estuvo cerca, la condesa abandon el carruaje.Al encontrarse a unos pasos de Buttercup, se detuvo, e inclin la cabeza en la posicin adecuada. Se avergonzaba de su atuendo: botas gastadas, tejanos rados (los tejanos se inventaron mucho antes de lo que todo el mundo supone), y junt las manos en un ademn de splica.Tienes un nombre, muchacho?Me llamo Westley, condesa.Bien, Westley, quiz puedas ayudarnos a solucionar el problema que tenemos.Se acerc al muchacho. La tela de su falda roz la piel de Westley. Estamos muy interesados en el tema de las vacas. Es tal nuestra curiosidad que nos encontramos al borde del frenes. Westley, por qu supones t que las vacas de esta granja en particular son las mejores de Florn? Qu les haces?Yo slo les doy de comer, condesa.Pues bien, ya est resuelto el misterio, el secreto; ahora podemos descansar. Es evidente que la magia est en la alimentacin que les da Westley. Ensame cmo lo haces, quieres, Westley?Que d de comer a las vacas para vos, condesa?Eres un muchacho listo.Cundo?Ahora mismo estar bien le tendi el brazo. Llvame, Westley.A Westley no le qued otra alternativa que cogerla del brazo. Con suavidad.Es detrs de la casa, seora; est lleno de barro. Se os estropear el traje.Me los pongo una sola vez, Westley; ardo en deseos de verte en accin.Y partieron hacia el establo.Mientras ocurra todo esto, el conde no dejaba de mirar a Buttercup.Te ayudar le grit Buttercup a Westley.Tal vez sea mejor que vea cmo lo hace decidi el conde.Estn ocurriendo cosas extraas dijeron los padres de Buttercup.Ellos tambin partieron, cerrando la comitiva que explorara la alimentacin de las vacas, al tiempo que observaban al conde, que a su vez observaba a Buttercup, que a su vez observaba a la condesa.Que a su vez observaba a Westley.No he visto nada especial en lo que haca coment el padre de Buttercup. Slo les dio de comer.Ya haban cenado, y la familia estaba otra vez a solas.Deben de tenerle cario. En cierta ocasin tuve un gato que slo se pona hermoso cuando yo le daba de comer. Quiz en este caso ocurra lo mismo. La madre de Buttercup rasp los restos del guisado del fondo de la olla y los ech en un cuenco. Toma le dijo a su hija. Westley espera junto a la puerta trasera; llvale la cena.Buttercup cogi el cuenco y abri la puerta trasera.Toma dijo.l asinti, cogi el cuenco y se dispuso a dirigirse hacia su tocn para comer.No te he dado permiso, muchacho le dijo Buttercup. l se detuvo, y se volvi. No me gusta lo que ests hacindole a Caballo. Mejor dicho, lo que no ests hacindole. Quiero que lo asees. Esta misma noche. Y que le saques brillo a los cascos. Esta misma noche. Quiero que le trences la cola y que le masajees las orejas. Esta misma noche. Quiero que sus establos estn inmaculados. Ahora mismo. Quiero que brille, y si tardas toda la noche, pues tardas toda la noche.Como desees.Cerr de un portazo y dej que comiera en la oscuridad.Me pareca que Caballo tena muy buen aspecto le coment su padre.Buttercup no dijo palabra.T misma lo dijiste ayer le record su madre.Debo de estar muy fatigada logr decir Buttercup. Con tanta agitacin...Pues descansa le sugiri su madre. Pueden ocurrir cosas tremendas cuando uno est fatigado. Fjate, yo estaba fatigada la noche que tu padre se me declar.Treinta y cuatro a veintids, y la diferencia iba en aumento.Buttercup se march a su cuarto, se tendi en la cama y cerr los ojos.Y la condesa miraba a Westley.Buttercup se levant de la cama, se quit la ropa, se lav un poco, se puso el camisn, se meti entre las sbanas hecha un ovillo y cerr los ojos.La condesa segua mirando a Westley!Buttercup apart las sbanas, y abri la puerta. Fue al fregadero que haba junto al hornillo y se sirvi un vaso de agua. Se lo bebi. Se sirvi otro vaso y se lo pas por la frente para refrescarse. La sensacin febril segua all.Cuan febril? Se senta estupendamente. Tena diecisiete aos, y ni una sola caries. Con firmeza, ech el agua al fregadero, se volvi y con paso decidido regres a su cuarto, cerr la puerta y se meti en la cama. Cerr los ojos.La condesa no dejaba de mirar a Westley!Por qu? Por qu rayos la mujer ms perfecta de toda la historia de Florn se interesaba en el mozo de labranza? Buttercup dio vueltas y ms vueltas en la cama. Slo haba algo que explicara esa mirada: estaba interesada en l. Buttercup cerr los ojos con fuerza y estudi el recuerdo que guardaba de la condesa. Estaba claro que el mozo de labranza tena algo que le interesaba. Los hechos saltaban a la vista. Pero qu sera? El mozo tena unos ojos como el mar antes de la tempestad, pero quin se fijaba en los ojos? Y si a una le gustaban esos detalles, tena el pelo de un rubio claro. Y los hombros de un ancho suficiente, pero no mucho ms anchos que los del conde. Y era sin duda musculoso, pero cualquiera que se pasara el da trabajando como un esclavo sera musculoso. Tena la piel perfecta y bronceada, pero eso tambin era producto del duro trabajo; si estaba todo el da al sol, cmo no iba a broncearse? Y no era mucho ms alto que el conde, aunque tena el vientre ms plano, pero eso era debido a que el mozo de labranza era ms joven.Buttercup se sent en la cama. Deban de ser sus dientes. El mozo de labranza tena una buena dentadura; haba que prodigar ese elogio porque era merecido. Blancos y perfectos, destacaban especialmente en la cara bronceada. Podra haber sido otra cosa? Buttercup se concentr. Las muchachas de la aldea seguan bastante al mozo de labranza cuando ste efectuaba los repartos, pero eran unas idiotas, porque sas seguan a cualquiera. Y l nunca les haca ningn caso, porque si alguna vez llegaba a abrir la boca, ellas se habran dado cuenta de que lo nico que tena era una buena dentadura, porque al fin y al cabo, era excepcionalmente estpido.Resultaba muy extrao que una mujer tan hermosa, tan delgada, tan cimbrea y agraciada, una criatura con un envoltorio tan perfecto, vestida de manera tan exquisita como la condesa, quedara prendada de ese modo de una dentadura. Buttercup se encogi de hombros. La gente era sorprendentemente complicada. Pero Buttercup lo tena todo diagnosticado, deducido, claro. Cerr los ojos, se acomod bien en la cama, se hizo un ovillo, y nadie mira a nadie del modo que la condesa haba mirado al mozo de labranza slo por la dentadura.Oh jade Buttercup. Oh, cielos, cielos.El mozo de labranza miraba a su vez a la condesa.Estaba dando de comer a las vacas y sus msculos se tensaban del modo que lo hacan siempre bajo la piel bronceada y Buttercup estaba all de pie, observando, cuando por primera vez el mozo mir a los ojos a la condesa.Buttercup salt de la cama y comenz a pasearse por su cuarto. Cmo pudo atreverse? Vaya, no hubiera tenido nada de particular si slo la hubiese mirado, pero no la mir sino que la mir.Es tan vieja mascull Buttercup con nimo tormentoso.La condesa no cumplira otra treintena, y eso era un hecho. Y su traje se vea ridculo en el establo; eso tambin era un hecho.Buttercup se dej caer en la cama y se apret a la almohada que tena atravesada sobre sus pechos. El traje era ridculo incluso antes de que llegara al establo. La condesa tena un psimo aspecto incluso en el mismo instante en que abandon el carruaje, con aquella boca enorme tan pintarrajeada y aquellos ojitos de cerdo pintados y aquella piel empolvada y... y... y...Agitada e inquieta, Buttercup llor y se revolvi y se pase por el cuarto y llor otro poco, y slo han existido tres destacados casos desde que David de Galilea padeci los efectos de este sentimiento cuando ya no logr soportar el hecho de que los cactus de su vecino Sal superaran en belleza a los suyos. (En sus orgenes, los celos quedaron circunscritos exclusivamente al mbito vegetal, a los cactus y a los ginkgos ajenos, aunque posteriormente, cuando ya exista la hierba, a la hierba, razn por la cual hasta el da de hoy se habla de ponerse verde de envidia, y por extensin, de celos.) Pues bien, el caso de Buttercup casi alcanz a ocupar el cuarto puesto en la lista de todos los tiempos.Aqulla fue una noche muy larga y muy verde.Antes del amanecer, Buttercup se plant delante de la choza del mozo de labranza. Oy que ya estaba despierto. Llam. Apareci l y se plant en la puerta. A espaldas de Westley, Buttercup logr ver una pequea vela y libros abiertos. l esper. Ella le mir, y despus apart la vista.Era demasiado hermoso.Te amo le dijo Buttercup. S que esto debe resultarte sorprendente, puesto que lo nico que he hecho siempre ha sido mofarme de ti, degradarte y provocarte, pero llevo ya varias horas amndote, y con cada segundo que pasa, te amo ms. Hace una hora, cre que te amaba ms de lo que ninguna mujer ha amado nunca a un hombre, pero media hora ms tarde, supe que lo que haba sentido entonces no era nada comparado con lo que sent despus. Mas al cabo de diez minutos, comprend que mi amor anterior era un charco comparado con el mar embravecido antes de la tempestad. A eso se parecen tus ojos, lo sabas? Pues s. Cuntos minutos hace de eso? Veinte? Seran mis sentimientos tan encendidos entonces? No importa. Buttercup no poda mirarle. El sol comenz a asomar entonces a sus espaldas y le infundi valor. Ahora te amo ms que hace veinte minutos, tanto que no existe comparacin posible. Te amo mucho ms en este momento que cuando abriste la puerta de tu choza. En mi cuerpo no hay sitio ms que para ti. Mis brazos te aman, mis orejas te adoran, mis rodillas tiemblan de ciego afecto. Mi mente te suplica que le pidas algo para que pueda obedecerte. Quieres que te siga para el resto de tus das? Lo har. Quieres que me arrastre? Me arrastrar. Por ti me quedar callada, por ti cantar, y si tienes hambre, deja que te traiga comida, y si tienes sed y slo el vino rabe puede saciarla, ir a Arabia, aunque est en el otro confn del mundo, y te traer una botella para el almuerzo. Si hay algo que sepa hacer por ti, lo har; y si hay algo que no sepa, lo aprender. S que no puedo competir con la condesa ni en habilidades ni en sabidura ni en atraccin, y vi la manera en que te mir. Y vi cmo t la miraste. Pero recuerda, por favor, que ella es vieja y tiene otros intereses, mientras que yo tengo diecisiete aos y para m slo existes t. Mi querido Westley..., nunca te haba llamado por tu nombre, verdad...? Westley, Westley, Westley, Westley..., querido Westley, adorado Westley, mi dulce, mi perfecto Westley, dime en un susurro que tendr la oportunidad de ganarme tu amor.Dicho lo cual, se atrevi a hacer la cosa ms valerosa que haba hecho jams: le mir directamente a los ojos.Y l le cerr la puerta en la cara.Sin una palabra.Sin una palabra.Buttercup ech a correr. Gir como un remolino y sali a la carrera. Las lgrimas amargas afluyeron a sus ojos; no vea nada, tropez, fue a golpear contra el tronco de un rbol, cay al suelo, se levant, sigui corriendo; le arda el hombro all donde se haba golpeado con el tronco del rbol; era un dolor fuerte, pero no lo suficiente como para aliviar su corazn destrozado. Corri a refugiarse en su alcoba, a aferrarse a su almohada. Segura tras la puerta cerrada con llave, inund el mundo con sus lgrimas.Ni una sola palabra. No haba tenido esa decencia. Pudo haberle dicho Lo siento. Se habra arruinado si le deca Lo siento? Pudo haberle dicho Demasiado tarde.Por qu no le dijo al menos algo?Buttercup se devan los sesos pensando en ello. Y de pronto, tuvo la respuesta: no le haba hablado, porque en cuanto hubiera abierto la boca, ya estaba. Que era guapo no caba duda, pero acaso era tonto? En cuanto hubiera puesto la lengua en movimiento, todo habra acabado.Gagagaga.Eso es lo que habra dicho. Era el tipo de cosas que Westley deca cuando se senta realmente brillante.Gagagaga, gacias, Buttercup.Buttercup se enjug las lgrimas y comenz a sonrer. Inspir hondo y lanz un suspiro. Aquello formaba parte del crecimiento. A una la asaltaban estas pasiones fugaces y con slo parpadear, stas desaparecan. Una perdonaba las faltas, encontraba la perfeccin y se enamoraba locamente; al da siguiente, sala el sol y todo haba concluido. Apntalo en el apartado de la experiencia, muchacha, y a seguir viviendo. Buttercup se puso de pie, se hizo la cama, se mud de ropa, se pein, sonri y entonces volvi a asaltarla otra crisis de llanto. Porque las mentiras que una se cuenta a s misma tienen un lmite.Westley no era ningn estpido.Claro que poda fingir que lo era. Poda burlarse de las dificultades que tena con el lenguaje. Poda reprenderse por haberse infatuado con un estpido. La verdad era sencillamente sta: tena la cabeza bien plantada. Y dentro llevaba un cerebro que era tan magnfico como su dentadura. No le haba hablado por algn motivo, y ste no tena nada que ver con el funcionamiento de la materia gris. En realidad no le haba hablado porque no tena nada que decir.No corresponda a su amor, y eso era todo.Las lgrimas que acompaaron a Buttercup durante el resto del da no se parecan en nada a las que la cegaron hacindola chocar contra el tronco del rbol. Aqullas haban sido sonoras y ardientes; latan. stas eran silenciosas y tranquilas, y lo nico que hacan era recordarle que no era lo bastante buena. Tena diecisiete aos, y todos los hombres que haba conocido en su vida se haban derrumbado a sus pies, y aquello no haba tenido ningn significado para ella. Y la nica vez que importaba, ella no era lo bastante buena. Lo nico que saba hacer era cabalgar, y cmo iba a interesarle eso a un hombre cuando ese hombre haba sido mirado por la condesa?Oscureca cuando oy unos pasos delante de su puerta. Llamaron. Buttercup se sec los ojos. Volvieron a llamar.Quin es? pregunt finalmente Buttercup con un bostezo...Westley.Buttercup se repanting en la cama.Westley? pregunt. Conozco yo a algn West... Ah, s, muchacho, eres t, qu gracioso! Se dirigi a la puerta, corri el cerrojo y con un tono ms afectado, le dijo: Me alegro mucho de que hayas pasado por aqu, porque me he sentido fatal por la broma que te gast esta maana. Claro que ni por un momento pensaste que iba en serio, al menos cre que lo sabras, pero despus, cuando empezaste a cerrar la puerta, por un terrible instante, cre que tal vez haba llevado demasiado lejos la broma, pobrecillo, podras haber credo que te deca en serio lo que te dije, aunque ambos sabemos que es imposible que eso llegue a ocurrir nunca.He venido a despedirme.El corazn de Buttercup dio un vuelco, pero ella continu con el tono afectado.Quieres decir que te vas a dormir y que has venido a darme las buenas noches? Qu atento de tu parte, muchacho, demostrarme que me has perdonado por la broma de esta maana; agradezco tu delicadeza y...Me marcho la interrumpi.Te marchas? El suelo comenz a estremecerse. Ella se aferr al marco. Ahora?S.

Por lo que te dije esta maana?S.

Te he asustado, verdad? Me tragara la lengua. Mene la cabeza una y otra vez. De acuerdo, pues; has tomado una decisin. Pero ten presente una cosa: cuando ella haya acabado contigo, no te aceptar, aunque me lo supliques.l se la qued mirando.Como eres hermoso y perfecto se apresur a agregar Buttercup, te has vuelto vanidoso. Piensas que no se cansar de ti, pues te equivocas, lo har, adems eres demasiado pobre.Parto para Amrica. A hacer fortuna. (Esto ocurri poco despus de que existiera Amrica, pero mucho despus de que existiesen las fortunas). Pronto zarpar un barco de Londres. En Amrica hay grandes oportunidades. Voy a aprovecharme de ellas. He estado preparndome. En mi choza. He aprendido a no dormir casi. Conseguir un trabajo de diez horas diarias y despus otro trabajo de otras diez horas diarias y ahorrar hasta el ltimo cntimo que gane, salvo lo que necesite para mantenerme fuerte, y cuando haya reunido suficiente, comprar una granja y construir una casa y har una cama lo bastante grande como para que quepan dos personas.Ests loco si te crees que ella ser feliz en una granja destartalada de Amrica. Y menos con lo que gasta en trajes.Deja de hablar de la condesa! Hazme ese favor especial. Antes de que me vuelva locoooooo.Buttercup le mir.Es que no entiendes nada de lo que est pasando?Buttercup mene la cabeza.Westley tambin sacudi la cabeza y le dijo:Supongo que nunca has sido la ms brillante.Me amas, Westley? Es eso?No poda dar crdito a sus odos.Que si te amo? Dios mo, si tu amor fuera un grano de arena, el mo sera un universo de playas. Si tu amor fuera...Oye, la primera no la he entendido bien le interrumpi Buttercup. Comenzaba a entusiasmarse. Vamos a ver si me aclaro. Ests diciendo que mi amor es del tamao de un grano de arena y que el tuyo es esa otra cosa? Es que las imgenes me confunden tanto que... Es tu universo de no s qu ms grande que mi arena? Aydame, Westley. Tengo la impresin de que estamos al borde de algo tremendamente importante.Durante todos estos aos he permanecido en mi choza por ti. He aprendido idiomas por ti. He fortalecido mi cuerpo porque cre que podra halagarte un cuerpo fuerte. He vivido toda la vida rogando porque llegase el da en que te fijaras en m. En estos aos, cada vez que posaba en ti mis ojos, el corazn me lata desbocado en el pecho. No ha pasado ni una sola noche sin que me durmiera viendo tu rostro. No ha pasado ni una sola maana sin que tu imagen aleteara tras mis prpados al despertar... Has logrado entender algo de lo que acabo de decirte, Buttercup, o quieres que siga?No pares nunca.No ha pasado...Westley, si me ests tomando el pelo, te matar.Cmo puedes soar siquiera que te est tomando el pelo?Es que no me has dicho que me quieres ni una sola vez.Es todo lo que necesitas? Sencillo. Te quiero. De acuerdo? Quieres que te lo diga en voz ms alta? Te quiero. Quieres que te lo deletree? T, e, q, u, i, e, r, o. Quieres que te lo diga al revs? Quirete.

Ahora s me ests tomando el pelo, verdad?Puede que un poco; hace mucho tiempo que te lo digo, pero t no queras escucharme. Cada vez que t me decas: Muchacho, haz esto, te pareca que yo te contestaba: Como desees, pero era porque no me oas bien. Te quiero era lo que en realidad te deca, pero t nunca me escuchaste, jams.Te oigo ahora, y te prometo una cosa: nunca amar a otro. Slo a Westley. Hasta que muera.l asinti, y dio un paso atrs.Pronto enviar a alguien a buscarte. Creme.

Mentira acaso mi Westley?Retrocedi otro paso.Se me hace tarde. Debo marcharme, es preciso. El barco no tardar en zarpar y Londres est lejos.Entiendo.Westley tendi la mano derecha. A Buttercup le costaba respirar.Adis.Ella logr levantar la mano derecha hacia la de l. Se estrecharon las manos.Adisrepiti l.Ella asinti levemente.l retrocedi otro paso, pero no se volvi. Ella le observ.l se volvi.Las palabras le salieron de un tirn:

Te marchas sin un solo beso?

Se abrazaron.Han habido cinco grandes besos desde el ao 1642 d. de C.: cuando el descubrimiento accidental de Sal y Delilah Korn se propag por la civilizacin occidental. (Antes de esa fecha, las parejas solan enlazar los pulgares.) La estimacin exacta de los besos es algo terriblemente difcil, y a menudo provoca grandes controversias, porque si bien todos coinciden en la frmula de afecto, pureza, intensidad y duracin, nadie se ha sentido nunca completamente satisfecho con el peso que ha de darse a cada elemento. Cualquiera que sea el sistema de estimacin empleado, existen cinco besos que todos consideran merecedores de la mxima puntuacin.Pues bien, ste los super a todos.A la maana siguiente de la partida de Westley, Buttercup pens que no tena derecho a hacer otra cosa que estar sentada, enjugndose las lgrimas y sintiendo lstima de s misma. Al fin y al cabo, el amor de su vida se haba marchado, su existencia no tena sentido, cmo poda enfrentarse al futuro, etctera, etctera.Pero al cabo de dos segundos en ese estado de nimo, se dio cuenta de que Westley haba salido al mundo, que se acercaba cada vez ms a Londres; entonces, qu ocurrira si l quedara prendado de una hermosa muchacha de la ciudad mientras ella segua all, desmoronndose? O algo peor, qu ocurrira si llegaba a Amrica y trabajaba en sus empleos y construa su granja y la cama y la mandaba a buscar y cuando ella llegara all l la mirara y le dijera: Te enviar de vuelta. Te has estropeado los ojos de tanto secarte las lgrimas; se te ha deslucido la piel de tanto apiadarte de ti misma; eres una criatura de aspecto desaliado, me casar con una india que vive en un tipi de por aqu y que siempre est en ptimas condiciones?Buttercup corri a mirarse en el espejo de su alcoba.Oh, Westley dijo, no debo defraudarte nunca y corri escalera abajo hasta donde sus padres estaban discutiendo.(Diecisis a trece, y eso que todava no haban desayunado.)Necesito vuestro consejo les interrumpi Buttercup. Qu puedo hacer para mejorar mi apariencia personal?Empieza por baarte repuso su padre.Y, de paso, hazte algo en ese pelo le dijo su madre.Excvate el territorio que llevas detrs de las orejas.No te olvides de las rodillas.No est mal para empezar dijo Buttercup y sacudi la cabeza. Tiene gracia, pero no es fcil ser limpia.Impertrrita, puso manos a la obra.Se despertaba cada maana, al amanecer, y de inmediato conclua con las faenas de la granja. Haba mucho trabajo ahora que Westley se haba marchado. Ms an, pues desde que el conde los haba visitado, todos los de aquella zona haban aumentado sus pedidos de leche. De manera que hasta bien entrada la tarde no le quedaba tiempo para mejorar su aspecto.Pero entonces s que pona manos a la obra. En primer lugar, un buen bao fro. Despus, mientras se le secaba el pelo, se dedicaba a componer los fallos de su figura (tena un codo demasiado huesudo, y la mueca del brazo opuesto no era lo bastante huesuda). Y haca ejercicio para perder el resto de obesidad infantil (era muy poca la que le quedaba, porque tena ya casi dieciocho aos). Y se cepillaba y cepillaba el pelo.Lo tena de color del otoo, y nunca se lo haba cortado, de manera que le llevaba su tiempo cepillrselo cien veces, pero no le importaba, porque Westley nunca se lo haba visto as de limpio... y vaya si se sorprendera cuando llegara a Amrica y bajara del barco. Tena la piel del color de la nata helada, y se frotaba cada palmo de piel hasta dejarla ms que reluciente, cosa que no era nada divertida, pero como se alegrara Westley al ver lo limpia que estaba cuando llegara a Amrica y bajara del barco.Rpidamente comenzaron a apreciar su potencial. En dos semanas del vigsimo puesto pas al decimoquinto, un cambio jams visto en aquellas pocas. Al cabo de tres semanas, ya se haba ubicado en la novena posicin y segua subiendo. La competencia era tremenda, pero al da siguiente de llegar al noveno puesto, recibi una carta de Westley desde Londres, y con slo leerla, salt al octavo. En realidad, a eso se deba su escalada: su amor por Westley no dejaba de aumentar, y por las maanas, cuando iba a entregar la leche, la gente se quedaba azorada. Haba quienes no lograban hacer otra cosa que balbucear, pero muchos lograban hablar, y quienes lo hacan, la encontraban mucho ms clida y amable de lo que haba sido jams. Hasta las muchachas de la aldea la saludaban con inclinaciones de cabeza y sonrisas, y algunas de ellas llegaban incluso a preguntarle por Westley, craso error a menos que se dispusiera de mucho tiempo libre, porque cuando alguien le preguntaba a Buttercup cmo estaba Westley..., pues bien, ella se explayaba. Era supremo, como de costumbre; era espectacular; era singularmente fabuloso. Poda pasarse horas y horas alabndolo. A veces, a sus interlocutores les resultaba un poquitn difcil mantener la atencin, pero se esforzaban, porque era mucho lo que Buttercup amaba a su Westley.Fue por eso que la muerte de Westley la golpe del modo en que lo hizo.Le haba escrito justo antes de zarpar para Amrica. Su barco se llamaba Orgullo de la Reina, y la amaba. (As era como redactaba sus oraciones: Hoy llueve, y te amo. Estoy mejor del resfriado, y te amo. Saluda a Caballo de mi parte, y te amo. As.)Despus no hubo ms cartas, pero era lgico; estaba en alta mar. Entonces fue cuando se enter. Regresaba a casa despus de haber hecho el reparto de la leche y encontr a sus padres rgidos.Cerca de la costa de Carolina susurr su padre.Sin previo aviso. De noche susurr su madre.Qu? inquiri Buttercup.Piratas repuso su padre.Buttercup crey oportuno sentarse.Silencio en la estancia.Entonces, lo han hecho prisionero? logr preguntar Buttercup.Su madre neg con la cabeza.Ha sido Roberts dijo su padre. El temible pirata Roberts.Oh dijo Buttercup. El que nunca deja supervivientes.S replic su padre.Silencio en la estancia.De repente, Buttercup se puso a hablar a toda prisa:Lo apualaron...? Se ahog...? Lo degollaron mientras dorma...? Suponis que lo despertaron...? Tal vez lo azotaran hasta morir... Entonces se puso de pie. Estoy diciendo tonteras, perdonadme. Sacudi la cabeza. Como si la forma en que lo mataron tuviera alguna importancia. Perdonadme, por favor.Dicho lo cual, se dirigi rpidamente a su alcoba.Y all permaneci durante muchos das. Al principio, sus padres intentaron disuadirla con toda clase de trucos, pero ella no se dej engaar. Le llevaban comida y se la dejaban delante de la puerta; ella slo tomaba lo suficiente como para seguir con vida. Del interior jams se oy ruido alguno, ni llantos, ni gemidos amargos.Cuando por fin sali de su alcoba, tena los ojos secos. Sus padres levantaron la vista del silencioso desayuno y la miraron. Los dos hicieron ademn de levantarse, pero ella alz una mano indicndoles que no lo hicieran.Por favor, puedo cuidarme sola dijo, y se dispuso a servirse algo de comida.Sus padres la observaban atentamente.En realidad, nunca haba tenido un aspecto tan radiante. Cuando se haba encerrado en su alcoba era una muchacha increblemente hermosa. La mujer que sali de esa misma alcoba era un poco ms delgada, mucho ms sabia, e infinitamente ms triste. sta comprenda la naturaleza del dolor, y debajo de la gloria de sus facciones se entrevean el carcter y la sabidura que otorga el sufrimiento.Tena entonces dieciocho aos. Era la mujer ms hermosa que existiera en cien aos. A ella pareca no importarle.Te encuentras bien? le pregunt su madre.Buttercup bebi el chocolate a sorbos.Muy bien repuso.Ests segura? inquiri su padre.Sreplic Buttercup. Sigui una largusima pausa. Pero no debo volver a amar nunca.No volvi a hacerlo.2

El prometido

Esta es mi primera gran supresin. El captulo uno, La prometida, trata, en su mayora, de la prometida. El captulo dos, El prometido, slo habla del prncipe Humperdinck en las ltimas pginas.Jason, mi hijo, abandon la lectura en este captulo, y no hay manera de culparlo por ello. Porque Morgenstern abre este captulo dedicndole sesenta pginas a la historia florinesa. Para ser ms exactos, a la historia de la corona florinesa.Aburrido? No lo creo.Por qu iba un maestro de la narrativa a interrumpir bruscamente su narracin sin haberle dado la oportunidad de comenzar a generarse? No existe respuesta conocida. Lo nico que se me ocurre es que para Morgenstern, la verdadera narracin no se centraba en Buttercup y en las notables vicisitudes que haba de soportar, sino ms bien en la historia de la monarqua y temas por el estilo. Cuando se publique esta versin, supongo que cada uno de los eruditos florinenses vivos van a asesinarme. (La Universidad de Columbia no slo cuenta con los principales expertos florinenses de Amrica, sino que posee vnculos directos con el Times Book Review de Nueva York. Es algo que no puedo evitar, y espero que comprendan que no he tenido nunca la intencin de mostrarme destructivo con la visin de Morgenstern.)El prncipe Humperdinck tena forma de barril. Su pecho era enorme como un barril y tena unos poderosos muslos abarrilados. No era alto, pero pesaba cerca de los ciento veinte kilos, y era duro como la piedra. Caminaba de costado, como el cangrejo, y probablemente, si hubiera deseado convertirse en bailarn, habra estado condenado a una miserable existencia de infinitas frustraciones. Pero no deseaba convertirse en bailarn. Tampoco tena demasiada prisa por convertirse en rey. Hasta la guerra, actividad en la que destacaba, ocupaba un segundo plano en sus afectos. Todo ocupaba un segundo plano en sus afectos.La caza era su gran amor.Se haba impuesto la costumbre de no dejar que transcurriese un solo da sin matar algo. No importaba qu. Al comienzo de su aficin, slo se dedicaba a matar presas grandes: elefantes o pitones. Pero luego, a medida que sus habilidades fueron en aumento, comenz a disfrutar tambin con el sufrimiento de pequeas bestias. Era capaz de pasarse una tarde entera felizmente dedicado a rastrear a una ardilla voladora a travs de los bosques o a una trucha arco iris por los ros. Cuando se le meta una idea entre ceja y ceja, cuando se concentraba en un objeto, el prncipe era implacable. Nunca se cansaba, jams vacilaba, no coma ni dorma. Para l aquello era el ajedrez de la muerte, y l era el gran maestro internacional.Al principio, viaj por todo el mundo en busca de oposicin. Pero los viajes consuman tiempo, tanto barcos como caballos no daban mucho de s, y estar alejado de Florn resultaba preocupante. Siempre tena que haber un heredero al trono, y mientras su padre siguiera vivo, no haba problema. Pero algn da, su padre morira, y entonces el prncipe se convertira en rey y tendra que elegir una reina para que le diera un heredero al trono que lo sustituyera cuando l muriese.De manera que para evitar el problema de la ausencia, el prncipe Humperdinck se construy el Zoo de la Muerte. Lo dise l mismo con ayuda del conde Rugen, y orden a sus mercenarios que recorrieran todo el mundo para conseguirle ejemplares. El Zoo estaba lleno a rebosar de cosas que el prncipe poda cazar, y no se pareca a ninguno de los santuarios animales existentes. En primer lugar, all nunca haba visitantes. Slo el guardin albino, que se cuidaba de alimentar adecuadamente a las bestias y de que all no hubiera enfermedades ni debilidades.El Zoo tena otra particularidad: era subterrneo. El prncipe escogi personalmente el sitio, en el rincn ms tranquilo y ms apartado de los jardines del castillo. Y decret que tendra cinco niveles, todos ellos con los requisitos adecuados a sus enemigos individuales. En el primer nivel coloc a los enemigos veloces: perros salvajes, leopardos, colibres. Al segundo nivel pertenecan los enemigos fuertes: las anacondas, los rinocerontes y los cocodrilos de ms de seis metros. El tercer nivel era para los venenosos: las cobras, las araas saltarinas, una profusin de murcilagos letales. El cuarto nivel era el reino de los ms peligrosos, los enemigos ms aterradores: la tarntula chillona (la nica araa capaz de emitir sonidos), el guila sanguinaria (el nico pjaro que se alimentaba de carne humana) y, en su exclusiva piscina negra, el calamar chupador. Incluso el albino se echaba a temblar a la hora de alimentar a los animales del cuarto nivel.El quinto nivel estaba vaco.El prncipe lo construy con la esperanza de encontrar algn da algo que mereciera la pena, algo tan peligroso, fiero y poderoso como l.Cosa poco probable. No obstante, el prncipe era un eterno optimista, y en el quinto nivel tena siempre preparada una jaula enorme.En los restantes cuatro niveles ya haba material letal ms que suficiente para hacer feliz a un hombre. En ocasiones, el prncipe escoga su presa por puro azar: tena una enorme rueda con una aguja giratoria, y en la parte exterior de la rueda estaban los dibujos de todos los animales del Zoo; sola hacer girar la aguja a la hora del desayuno, y cuando se detena, el albino escoga la presa marcada. En ocasiones escoga segn el humor: Hoy me siento veloz; treme un leopardo, o bien, Hoy me siento fuerte, suelta al rinoceronte. Y, como era natural, se haca lo que l peda.Estaba acabando con un orangutn cuando la cuestin de la salud del rey efectu su ltima intrusin. Era media tarde, el prncipe haba estado enzarzado con la bestia gigantesca desde la maana y, por fin, despus de todas esas horas, aquella cosa peluda comenzaba a debilitarse. El simio intent morderlo una y otra vez, sntoma seguro de que perda fuerza en los brazos. El prncipe esquiv fcilmente los frustrados mordiscos y el pecho del simio se agit: el animal se desesperaba por respirar. Con sus andares de cangrejo, el prncipe dio un paso de lado, y luego otro, despus, sali disparado hacia adelante, hizo girar en sus brazos a la enorme bestia, y comenz a presionarle la espina dorsal. (Todo esto tena lugar en el foso de los monos, donde el prncipe se desahogaba con cualquiera de los simios.) Desde lo alto, lo interrumpi la voz del conde Rugen:Hay novedades le dijo el conde.Sin abandonar la batalla, el prncipe le respondi:No pueden esperar?Cunto tiempo? inquiri el conde.C

R

A

A

CEl orangutn cay como un mueco de trapo.De qu se trata? pregunt entonces el prncipe, y dejando atrs a la bestia muerta, subi la escalera que conduca a la boca del foso.Vuestro padre se ha sometido a su revisin anual respondi el conde. Tengo el informe.Y?Vuestro padre se muere.Rayos! exclam el prncipe. Eso significa que tendr que casarme.3

El cortejo

El prncipe Humperdinck, su confidente, el conde Rugen, el anciano rey Lotharon, padre del prncipe, y la reina Bella, su malvada madrastra, se reunieron en la gran sala del consejo del castillo.La reina Bella tena forma de pastilla de goma; era rubicunda como una frambuesa. Con mucho, era la persona ms querida del reino, y se haba casado con el rey bastante antes de que ste comenzara a balbucear. El prncipe Humperdinck era entonces un nio, y dado que las nicas madrastras que conoca eran las malvadas de los cuentos, siempre llam as a Bella o, para abreviar, M. M..Y bien comenz a decir el prncipe cuando estuvieron todos reunidos. Con quin me caso? Escojamos a la prometida y acabemos de una vez.El anciano rey Lotharon le dijo:He pensado que ya ha llegado la hora de que Humperdinck elija una novia. En realidad no lo dijo, sino ms bien lo mascull, de este modo: He pensaaaa mmm baaa mmmmmaaaa Hummmpmmmbbb elliimmm uuunnn.La reina Bella era la nica que se molestaba en dilucidar lo que quera decir.No podras haber dicho nada ms acertado, querido coment, y le dio unas palmaditas en los reales mantos.Qu ha dicho?Ha dicho que sea quien sea la que elijamos, se llevar como compaero para toda la vida a un prncipe apuesto y tormentoso.Dile que l tambin tiene un aspecto estupendo replic el prncipe.Acabamos de cambiar de taumaturgo dijo la reina. Eso explica la mejora.Quieres decir que has despedido a Max Milagros? inquiri el prncipe Humperdinck. Tena entendido que era el nico que quedaba.Pues no, hemos encontrado a otro en las montaas y es realmente extraordinario. Anciano, claro, pero quin quiere un taumaturgo joven?Dile que he cambiado de taumaturgo dijo el rey Lotharon. Aunque son as: Diiile mmm qqqque cacaaammbiaaa ttutuuurgo.Qu ha dicho? quiso saber el prncipe.Ha dicho que un hombre de tu importancia no puede casarse con una princesa cualquiera.Cierto, cierto admiti el prncipe Humperdinck. Y suspir profundamente. Supongo que os referiris a Noreena.Sin duda, polticamente sera la pareja perfecta reconoci el conde Rugen.La princesa Noreena era de Guilder, el pas que se extenda justo al lado del Canal de Florn. (En Guilder tenan otra visin del asunto; para ellos, Florn era el pas que se extenda al otro lado del Canal de Guilder.) En cualquier caso, los dos pases haban logrado sobrevivir a lo largo de los siglos guerreando entre s. Se haba producido la Guerra de las Aceitunas, la Disputa por el Atn, que a punto estuvo de dejar en la ruina a ambas naciones, la Ruptura Romana, que las dej en la insolvencia, y ms tarde, la Discordia de las Esmeraldas acontecimiento que les permiti a ambas volver a enriquecerse, principalmente gracias a que conjugaron sus fuerzas para formar una banda que, durante un breve perodo, se dedic a robar a todo el mundo que se encontrara a una prudente distancia por mar.Me pregunto si cazar dijo Humperdinck. La personalidad es para m lo de menos con tal que sean diestras en el manejo del pual.La vi hace varios aos dijo la reina Bella. Pareca bonita, aunque muy poco musculosa. La describira como una persona ms inclinada a tejer que a la accin. Pero preciosa, insisto.Y su piel? inquiri el prncipe.Como el mrmol respondi la reina.Los labios?Nmero o color? pregunt la reina.Color, M. M.Rosados. Las mejillas tambin. Ojos ms bien grandes, uno azul, el otro verde.Mmm mascull Humperdinck. Y de formas?Como un reloj de arena. Viste divinamente. Y, por supuesto, es famosa en todo Guilder por poseer la mejor coleccin de sombreros del mundo.Pues bien, hagmosla venir por algn motivo de Estado, as podremos verla de cerca dijo el prncipe.No hay en Guilder una princesa que tenga la edad correcta? inquiri el rey. Pero son as: Mmmaacesa Guilble, eeddaddada rrerreetatata?Es que nunca te equivocas? se pregunt la reina Bella mirando los dbiles ojos de su soberano.Qu ha dicho? inquiri el prncipe.Que debo partir hoy mismo con una invitacin replic la reina.Y as comenz la gran visita de la princesa Noreena.Soy yo otra vez. De todos los cortes de esta versin, ste es el que me parece ms justificado. Las escenas de la preparacin del equipaje que Morgenstern detalla aqu se pueden omitir sin ningn problema, del mismo modo que los lectores de Moby Dick, exceptuando a los amantes del castigo, pueden pasar por alto los captulos sobre la caza de ballenas. Porque lo que ocurre en las siguientes cincuenta y seis pginas y media de La princesa prometida es justamente eso: la preparacin del equipaje. (A mi juicio, las escenas que describen cmo deshacen las maletas entran en esta misma categora.)Lo que ocurre es lo siguiente: la reina Bella mete en las maletas la mayor parte de su guardarropa (11 pginas) y viaja a Guilder (2 pginas). En Guilder deshace las maletas (5 pginas), luego entrega la invitacin a la princesa Noreena (1 pgina). La princesa Noreena la acepta (1 pgina). Luego, la princesa Noreena mete en las maletas toda su ropa y todos sus sombreros (23 pginas) y, las dos juntas, la princesa y la reina, regresan a Florn para la celebracin anual de la fundacin de la ciudad de Florn (1 pgina). Llegan al castillo del rey Lotharon, donde la princesa Noreena es conducida a sus aposentos (media pgina) y saca de las maletas la misma ropa y los mismos sombreros que acaba de guardar una pgina y media antes (12 pginas).Es un prrafo desconcertante. Habl con el profesor Bongiorno, de la Universidad de Columbio, jefe del Departamento Florins, y me dijo que aqul era el captulo ms deliciosamente satrico del libro, y que la intencin de Morgenstern haba sido, al parecer, la de mostrar que aunque Florn era considerado un pas muchsimo ms civilizado que Guilder, en realidad, Guilder era el ms sofisticado, tal como quedaba demostrado por la superioridad en nmero y calidad de los atuendos de las damas. No es mi intencin discutir con el profesor, pero si algn da os asalta un ataque persistente de insomnio, os aconsejo que os hagis el favor de comenzar a leer el captulo 3 de la versin completa.De todos modos, las cosas se animan un poco cuando el prncipe y la princesa se conocen y pasan el da juntos. Noreena, tal como se haba anunciado, tena una piel de mrmol, labios y mejillas rosados, ojos grandes, uno azul, otro verde, una silueta de reloj de arena, y posea la coleccin ms extraordinaria de sombreros jams vista. De ala ancha y estrecha, algunos altos, otros no, unos estrafalarios, otros coloridos, algunos de cuadros y otros sencillos. A la princesa le encantaba cambiarse de sombrero para cada ocasin. Cuando conoci al prncipe, llevaba uno. Cuando l la invit a dar un paseo, ella se disculp y regres poco despus con otro; igualmente apabullante. Las cosas siguieron de este modo a lo largo del da, pero yo considero que es un exceso de etiqueta cortesana para los lectores modernos, por eso slo retomo el texto original cuando habla de la cena.La cena se celebr en el Gran Saln del castillo de Lotharon. Normalmente habran cenado todos en el comedor, pero, para un acontecimiento de tal magnitud, aquella estancia habra sido sencillamente demasiado pequea. De modo que en la parte central se colocaron mesas que iban de un extremo al otro del Gran Saln, estancia enorme y plagada de corrientes, que resultaba fra incluso en verano. Haba muchas puertas y entradas gigantescas, y en ocasiones, las rfagas de viento alcanzaban fuerza de vendaval.Aquella noche fue ms tpica que de costumbre; el viento silbaba sin cesar; haba que volver a encender constantemente las velas y algunas de las damas ataviadas de forma ms osada temblaban de fro. Pero al prncipe Humperdinck no pareca importarle, y en Florn, si a l no le importaba algo, a los dems, tampoco.A las ocho y veintitrs todo pareca indicar que existan posibilidades de una alianza duradera entre Florn y Guilder.A las ocho y veinticuatro, las dos naciones estuvieron muy cerca de la declaracin de guerra.Lo que ocurri fue lo siguiente: A las ocho horas veintitrs minutos y cinco segundos, todo estaba dispuesto para que se sirviera el primer plato. ste consista en esencia de cerdo al brandy, y haca falta una gran cantidad para servir a los quinientos invitados. De manera que para acelerar el servicio, se abrieron unas gigantescas puertas dobles que conducan desde la cocina al Gran Saln. Estas puertas se encontraban ubicadas en el extremo norte de la estancia y permanecieron abiertas durante todo el tiempo que dur la escena siguiente.El vino adecuado para acompaar la esencia de cerdo al brandy estaba dispuesto detrs de las puertas dobles que conducan a las bodegas. stas se abrieron a las ocho horas veintitrs minutos y diez segundos para permitir que los doce camareros encargados del vino pudieran acercar los barriles a los comensales. Cabe destacar que estas puertas se encontraban en el extremo sur de la estancia.En ese momento, se hizo patente un viento que cruz el Gran Saln con una fuerza inusitada. El prncipe Humperdinck no lo not, porque en aquel instante hablaba en voz baja con la princesa Noreena de Guilder. Tena su mejilla muy prxima a la de ella y la cabeza inclinada debajo del sombrero de amplsima ala y tonos azul verdosos que hacan resaltar los exquisitos colores de los dos grandes ojos de la dama.A las ocho horas veintitrs minutos y veinte segundos, el rey de Lotharon hizo su algo tarda aparicin. Por aquella poca siempre llegaba tarde, llevaba aos llegando tarde; se deca que en ciertas ocasiones los invitados haban desfallecido de hambre antes de que l se presentara. Pero ltimamente se haba optado por comenzar sin l, cosa que le daba igual, puesto que de todos modos su nuevo taumaturgo le haba prohibido comer. El rey entr por la Puerta Real, una cosa de enormes goznes que slo l estaba autorizado a trasponer. Para abrirla, era necesario el concurso de varios sirvientes en excelentes condiciones. Cabe sealar que la Puerta Real se haba situado siempre en el lado este de cualquier estancia, puesto que de todos los mortales, el rey era el que estaba ms cerca del sol.Lo que ocurri entonces ha sido descrito de diversas maneras como un vendaval del norte o del sudoeste, segn el sitio que ocupara en la estancia el observador en el momento de los hechos, pero todo el mundo estuvo de acuerdo en un aspecto: a las ocho horas veintitrs minutos y veinticinco segundos, en el Gran Saln haba una corriente de rdago.La mayora de las velas se quedaron sin llama y fueron derribadas, detalle importante slo porque muy pocas cayeron, aun ardiendo, dentro de los pequeos recipientes con queroseno que haban sido colocados aqu y all sobre la mesa del banquete para que la esencia de cerdo al brandy pudiera estar bien caliente en el momento de servirla. Los sirvientes se precipitaron al Gran Saln desde todas las direcciones para apagar las llamas, y lo cierto fue que hicieron bien su trabajo, considerando que en la estancia todo volaba de un lado para otro: abanicos, chales y sombreros.Especialmente, el sombrero de la princesa Noreena.Sali volando hacia la pared que tena detrs, donde la dama lo recuper, veloz, y se lo coloc convenientemente. Eso fue a las ocho horas veintitrs minutos y cincuenta segundos. Pero ya era demasiado tarde.A las ocho horas veintitrs minutos y cincuenta y cinco segundos, el prncipe Humperdinck se levant rugiente, las venas de su grueso cuello aparecan grabadas como el camo. En algunos sitios an perduraban las llamas, y sus tonos rojizos enrojecieron an ms su rostro encendido. As, de pie donde se encontraba, pareca un barril en llamas. Entonces le dijo a la princesa Noreena de Guilder las cinco palabras que llevaron a las dos naciones al borde de la declaracin de guerra:Seora, sentos libre de marcharos!Dicho lo cual, sali del Gran Saln como una tromba. Eran las ocho horas veinticuatro minutos.El prncipe Humperdinck se march con su enfado al balcn que haba encima del Gran Saln y desde lo alto observ el caos. Las llamas rojizas seguan ardiendo en algunos sitios, los comensales salan en tropel por las puertas, y la princesa Noreena, desmayada y con el sombrero puesto, era conducida lejos de all por sus sirvientes.La reina Bella no tard en reunirse con el prncipe, que se paseaba furioso por el balcn, pues an no haba logrado controlarse.Deseara que no hubieseis sido tan brusco le dijo la reina Bella.El prncipe se volvi, enfurecido:No pienso casarme con una princesa calva, y no se diga una palabra ms!Nadie se enterara argy la reina Bella. Tiene sombreros hasta para dormir.Yo lo sabra grit el prncipe. Habis visto cmo se reflejaba la luz de las velas en su crneo?Pero las relaciones con Guilder habran mejorado tanto dijo la reina, dirigindose en parte al prncipe, en parte al conde Rugen, que tambin se haba reunido con ellos.Olvidaos de Guilder. Algn da lo conquistar. De todos modos, lo he deseado desde mi niez. Se acerc a la reina. Si me caso con una calva, la gente se reir a mis espaldas, y puedo vivir sin esa experiencia, gracias. Tendris que buscar alguna otra.Quin?Buscadme a alguien. Lo nico que importa es que tenga buen aspecto.Esa Noreena no tiene pelo dijo el rey Lotharon, mientras se acercaba a ellos jadeando. Noreemmaamaa tititinenene ppplllo.Gracias por comentarlo, querido dijo la reina Bella.No creo que a Humperdinck le guste dijo el rey. Nnnooo Humhum-hum bababab.En ese momento, el conde Rugen dio un paso al frente.Queris a alguien que tenga buen aspecto, pero y si fuera una plebeya?Cuanto ms plebeya, mejor replic el prncipe Humperdinck, y volvi a pasearse otra vez.Y si no supiera cazar? prosigui el conde.No me importar nada, ni siquiera que no sepa escribir dijo el prncipe. Se detuvo de repente y se enfrent a todos. Os dir lo que quiero. Quiero a alguien que sea tan hermosa que al verla todo el mundo diga: Vaya, ese Humperdinck debe de ser todo un personaje para tener una esposa as. Recorred el reino, buscad en todo el mundo, pero encentradla!El conde Rugen no logr reprimir una sonrisa.Ya la hemos encontrado dijo.Amaneca cuando dos jinetes detuvieron sus corceles en lo alto de la colina. El conde Rugen montaba un esplndido caballo negro, enorme, perfecto, poderoso. El prncipe montaba uno de sus caballos blancos. Haca que la cabalgadura de Rugen se pareciera a las bestias que tiran del arado.Reparte la leche por las maanas dijo el conde Rugen.Y es de verdad, sin lugar a dudas, y sin posibilidad de errores, hermosa?Cuando la vi era ms bien un desastre reconoci el conde. Pero el potencial era abrumador.Una lechera. El prncipe sabore las palabras con su lengua spera. Ni en la mejor de las condiciones poda imaginar jams la posibilidad de casarme con una lechera. La gente se burlar de m diciendo que no fui capaz de encontrar algo mejor.Cierto reconoci el conde. Si lo prefers, regresemos sin ms demora a la ciudad de Florn.Ya que hemos venido hasta tan lejos dijo el prncipe, podramos... Su voz se apag. Me quedo con ella logr decir finalmente, cuando un poco ms abajo vio pasar a Buttercup montada en su caballo.Creo que nadie se mofar dijo el conde.Debo cortejarla ahora mismo sentenci el prncipe. Dejadnos un momento a solas.Con mano experta hizo que su caballo blanco descendiera la colina.Buttercup nunca haba visto una bestia tan gigantesca. Ni un jinete como aqul.Soy tu prncipe y te casars conmigo le dijo Humperdinck.Soy vuestra sierva y me niego susurr Buttercup.Soy tu prncipe y no puedes negarte.Soy vuestra sierva fiel y acabo de hacerlo.Negarte significa la muerte.Matadme entonces.Soy tu prncipe y no soy tan malvado..., cmo es posible que prefieras morir antes que casarte conmigo?Porque el matrimonio supone que se ha de amar, y el amor no es un pasatiempo en el que yo destaque. Lo intent una vez y acab mal, y he jurado que jams amara a otro.Amor? dijo el prncipe Humperdinck. Quin ha hablado de amor? Yo, no, te lo aseguro. Vers, el trono de Florn debe contar siempre con heredero. Y se soy yo. Cuando muera mi padre, no habr heredero, slo un rey. se soy yo otra vez. Cuando eso ocurra, me casar y tendr descendencia hasta que nazca un varn. O sea que te quedan dos alternativas, casarte conmigo y convertirte en la mujer ms rica y ms poderosa en miles de kilmetros a la redonda, y regalar pavos para Navidad y darme un hijo varn, o bien, puedes morir de terribles dolores en un futuro muy cercano. Decdete.Nunca os amar.Aunque me dieras tu amor, no lo querra.Entonces, no faltaba ms, casmonos.4

Los preparativos

No me enter de la existencia de este captulo hasta que comenc la versin de las partes buenas. Llegado a este punto, mi padre se limitaba a decir: En fin, que entre una cosa y la otra, transcurrieron tres aos. Y a continuacin me explicaba cmo lleg el da en que Buttercup fue presentada oficialmente al mundo como la futura reina, y cmo la Gran Plaza de la ciudad de Florn estaba llena a rebosar como nunca antes; todos esperaban su presentacin, y entonces, pasaba directamente a la terrible descripcin del rapto.Me creeris si os digo que en la versin original de Morgenstern ste es el captulo ms largo de todo el libro?Quince pginas para explicar por qu Humperdinck no se puede casar con la plebeya, o sea que venga discutir y pelear con los nobles, para acabar convirtiendo a Buttercup en princesa de Hammersmith, que era aquel pequeo puado de tierra anexo al ltimo confn de las posesiones del rey Lotharon.Entonces, el taumaturgo comenz a mejorar la salud del rey Lotharon, y siguen dieciocho pginas en las que se describen las curaciones. (Morgenstern odiaba a los mdicos, y dej testimonio de su amargura cuando proscribieron de Florn a los taumaturgos impidindoles ejercer.)Y setenta y dos pginas contadlas bien, setenta y dos pginas para describir la educacin de una princesa. Sigue a Buttercup da a da, mes a mes, en su aprendizaje de todas las normas de etiqueta, de cmo se sirve el t, de cmo dirigirse a un nabab y cosas por el estilo. Todo ello narrado en una vena satrica, naturalmente, porque Morgenstern odiaba a la realeza mucho ms de la que odiaba a los mdicos.Pero desde el punto de vista narrativo, en estas ciento cinco pginas, no pasa nada. Salvo esto: En fin, que entre una cosa y la otra, transcurrieron tres aos.5El anuncio

La Gran Plaza de la ciudad de Florn estaba llena a rebosar como nunca antes; la gente esperaba la presentacin de Buttercup de Hammersmith, futura esposa del prncipe Humperdinck. La multitud haba comenzado a reunirse unas cuarenta horas antes, pero hasta veinticuatro horas antes, todava haba menos de mil personas. A medida que el momento de la presentacin se fue acercando, la gente comenz a llegar de todos los confines del pas. Ninguno haba visto nunca a la princesa, pero los rumores acerca de su belleza eran continuos y cada uno de ellos era menos posible que el anterior.Hacia medioda, el prncipe Humperdinck apareci en el balcn del castillo de su padre y levant los brazos. La multitud, que ya haba adquirido unas proporciones peligrosas, se acall lentamente. Corran diferentes rumores acerca de la salud del rey; unos decan que se mora, otros que ya haba muerto, algunos que llevaba muerto mucho tiempo, y otros que estaba perfectamente.Pueblo mo, amados mos, de quienes obtenemos nuestra fuerza, hoy es un da de regocijo. Como habris odo ya, la salud de mi honorable padre no es lo que era. Aunque claro, con noventa y siete aos, qu ms se puede pedir? Sabris tambin que Florn necesita un heredero varn.La multitud comenz a agitarse; tena que ser aquella dama de la que tanto haban odo hablar.Dentro de tres meses, conmemoraremos el quingentsimo aniversario de nuestro pas. Para celebrarlo, al caer la noche de ese da, tomar por esposa a la princesa Buttercup de Hammersmith. An no la conocis. Pero la conoceris ahora.Hizo un amplio ademn y las puertas del balcn se abrieron de par en par; Buttercup sali y se coloc a su lado, en el balcn.Y la multitud se qued literalmente boquiabierta.La princesa de veintin aos superaba dos veces a la enlutada nia de dieciocho. Los defectos haban desaparecido de su figura, el codo demasiado huesudo se haba rellenado de carne a la perfeccin, y la mueca regordeta del otro brazo no poda haber sido ms esbelta. Su pelo, que en otras pocas fuera del color del otoo, segua siendo del mismo color, pero as como antes ella misma se lo arreglaba, ahora tena permanentemente a su disposicin cinco peluqueros que se ocupaban de todo. (Esto ocurri mucho despus de que existieran los peluqueros; en realidad, desde que existen las mujeres existen los peluqueros, el primero de los cuales fue Adn, aunque los estudiosos de la vida del rey Jacobo hagan lo imposible por enturbiar este asunto.) Su piel segua siendo como la nata helada, pero ahora, con dos doncellas dedicadas a cada apndice, y cuatro al resto de su cuerpo, en ciertos aspectos, esa piel pareca darle un brillo suave, que se mova al hacerlo ella.El prncipe Humperdinck tom la mano de la princesa, la levant en el aire y la multitud vitore.Ya basta, no debemos arriesgarnos a un perodo de exposicin excesivo dijo el prncipe, y se dispuso a entrar en el castillo.Algunos han estado esperando durante mucho tiempo replic Buttercup. Me gustara caminar entre ellos.No acostumbramos a caminar entre plebeyos a menos que sea inevitable le record el prncipe.En mis tiempos, conoca ms de un plebeyo repuso Buttercup. Creo que no me harn dao.Dicho lo cual, abandon el balcn y un momento ms tarde, reapareci en la amplia escalinata del castillo; completamente sola, comenz a bajar hacia la multitud con los brazos abiertos.Dondequiera que se dirigiese, la gente le abra paso. Cruz una y otra vez la Gran Plaza y todo el mundo se apartaba para dejarla pasar. Buttercup continu avanzando lentamente y sonriendo, sola, como un mesas.La mayor parte de los all presentes no olvidaran jams aquel da. Por supuesto que ninguno de ellos haba estado nunca tan cerca de la perfeccin, y la gran mayora la ador al instante. Sin lugar a dudas, haba algunos que, aunque admitieran que era muy agradable, se reservaban el juicio respecto de sus cualidades como reina. Y tambin existan algunos otros que estaban francamente celosos. Muy pocos la odiaban.Slo tres planeaban asesinarla.Buttercup, naturalmente, era ajena a todo esto. Sonrea, y cuando algunos queran tocarle el vestido, pues bien, tambin los dejaba hacer. Haba estudiado mucho para actuar regiamente, y deseaba con fervor tener xito, de modo que se mantuvo erguida y con una sonrisa gentil en los labios, y si alguien le hubiese dicho que su muerte estaba tan prxima se habra echado a rer.Pero...... en la esquina ms alejada de la Gran Plaza...... en el edificio ms alto del reino...... en la oscuridad de la sombra ms oscura...... esperaba el hombre de negro.Sus botas eran negras y de cuero. Sus pantalones eran negros, y negra su camisa. Su mscara era negra, ms negra que el plumaje del cuervo. Pero ms negro que todo eso eran sus ojos brillantes.Brillantes, crueles y letales...Despus de su triunfo, Buttercup se senta algo ms que fatigada. El toqueteo de la multitud la haba dejado exhausta, por eso descans un poco y, despus, hacia media tarde, visti sus ropas de montar y sali en busca de Caballo. Aqul era el nico aspecto de su vida que no haba cambiado en los aos precedentes. Le segua gustando cabalgar y, cada tarde, hiciera o no buen tiempo, cabalgaba sola durante varias horas por los pramos que se extendan ms all del castillo.Era en esas ocasiones cuando consegua sus mejores reflexiones.Aunque estas reflexiones no eran de las que ensanchan horizontes. Aun as, se deca Buttercup, tampoco era tonta, y mientras se reservara sus reflexiones, bueno, qu dao poda causar?Y mientras cabalgaba por bosques y arroyos y brezales, su cerebro era un torbellino. La caminata entre las multitudes la haba conmovido de un modo extrao. Porque aunque llevaba ya tres aos sin hacer nada ms que adiestrarse para convertirse en princesa y despus en reina, aqul era el primer da en que comprenda verdaderamente que aquello se convertira pronto en una realidad.Pero Humperdinck no me gusta pens. No es que lo odie ni nada por el estilo. Es que nunca le veo, porque o no est o est jugando en el Zoo de la Muerte.Al modo de entender de Buttercup existan dos problemas principales:1) estaba mal casarse sin gustarse?, y 2) en ese caso, sera demasiado tarde para hacer algo al respecto?Mientras cabalgaba, y siempre a su modo de ver, las respuestas eran: 1) no, 2) s.No estaba mal casarse con alguien que no le gustara, pero tampoco estaba bien. Si todo el mundo lo haca, la cosa no sera tan estupenda, pues todo el mundo gritara a todo el mundo a medida que los aos pasaran. Pero estaba claro que no todo el mundo lo haca; o sea que ms vala olvidarse de aquello. La respuesta a 2) era incluso ms fcil: haba dado su palabra de que iba a casarse y eso tena que bastar. Si bien era cierto que l le haba dicho sinceramente que si ella se negaba habra tenido que mandarla matar para mantener el respeto por la corona en su justo nivel; no obstante, si ella lo hubiera querido, habra podido decir que no.Desde que se haba convertido en aprendiza de princesa todos le haban dicho que era, con toda probabilidad, la mujer ms hermosa del mundo. Y ahora se iba a convertir adems en la ms rica y poderosa.No esperes demasiado de la vida se dijo Buttercup mientras segua cabalgando. Aprende a conformarte con lo que tienes.Comenzaba a oscurecer cuando Buttercup alcanz la cima de la colina. Se encontraba a una media hora de camino del castillo, y ya llevaba cabalgando las tres cuartas partes de su paseo diario. De pronto refren a Caballo porque, a lo lejos, de pie en la oscuridad, se encontraba el tro ms extrao que jams viera.El hombre que iba al frente era moreno, siciliano quiz, con un rostro muy dulce, casi angelical. Tena una pierna algo ms corta que la otra y un asomo de joroba, pero avanz hacia ella con velocidad y agilidad sorprendentes. Los otros dos continuaron inmviles en su sitio. El segundo, tambin moreno, probablemente espaol, iba tan erguido y era tan delgado como la hoja de acero de la espada que llevaba colgada del costado. El tercero, bigotudo, tal vez turco, era con mucho el ser humano ms corpulento que haba visto en su vida.Puedo hablaros? inquiri el siciliano, levantando los brazos.Su sonrisa era ms angelical que su rostro.Habla repuso Buttercup, detenindose.No somos ms que unos pobres artistas circenses le explic el siciliano. Oscurece y nos hemos perdido. Nos han dicho que por aqu cerca hay una aldea que podra gozar quiz de nuestras habilidades.Te han informado mal le dijo Buttercup. No hay ninguna aldea en varios kilmetros a la redonda.Entonces nadie os oir gritar replic el siciliano, y le salt encima con pasmosa agilidad.Y eso fue todo lo que Buttercup logr recordar despus. Quiz grit, pero si lo hizo fue ms por el pnico que por otra cosa, porque lo cierto es que no sinti dolor alguno. Las manos del siciliano tocaron con pericia ciertas zonas del cuello de Buttercup y en seguida perdi el sentido.La despert el chapoteo del agua.Estaba envuelta en una manta y el turco gigantesco la depositaba en el fondo de una barca. Hubo un momento en que se dispuso a hablar, pero despus, cuando ellos comenzaron a conversar, crey que sera ms conveniente escuchar. Despus de haber escuchado durante unos instantes, not que le resultaba cada vez ms difcil or lo que decan debido a los tremendos latidos de su corazn.Pienso que deberas matarla ahora dijo el turco.Cuanto menos pienses, ms feliz me sentir repuso el siciliano.Se oy el rasgar de una tela.Qu es eso? inquiri el espaol.Lo mismo que dej atado a la silla de la dama replic el siciliano. Tela del uniforme de un oficial de Guilder.Sigo pensando que... comenz a decir el turco.Deben encontrarla muerta en la frontera guilderiana o no nos pagarn el resto de lo pactado. Te ha quedado claro?Es que me siento mejor cuando s lo que est pasando, es todo balbuce el turco. Todo el mundo se cree que soy estpido porque soy grande y fuerte y porque a veces babeo un poco cuando me entusiasmo.El motivo por el que todo el mundo cree que eres estpido le dijo el siciliano radica en que eres estpido. No tiene nada que ver con el hecho de que babees.Se oy el aletear de una vela.Agachad las cabezas les advirti el espaol, y la barca comenz a moverse. Tengo la impresin de que al pueblo de Florn no le sentar nada bien su muerte. Se ha hecho querer.Estallar la guerra admiti el siciliano. Nos han pagado para que la iniciemos. Es un placer especializarse en un trabajo de este tipo. Si lo hacemos a la perfeccin, habr una demanda continua de nuestros servicios.A m no me entusiasma demasiado dijo el espaol. Francamente, ojal no lo hubieses aceptado.La oferta era demasiado elevada.Me disgusta tener que matar a una muchacha dijo el espaol.Dios lo hace todo el rato; y si a l no le molesta, no dejes que te preocupe a ti.Mientras se desarrollaba la conversacin, Buttercup no se movi.Digmosle que la hemos raptado para pedir un rescate dijo el espaol.El turco estuvo de acuerdo con l.Es tan hermosa..., enloquecera si lo supiera.Ya lo sabe dijo el siciliano. Est despierta y ha odo cada palabra de nuestra conversacin.Buttercup yaca inmvil, envuelta en la manta. Se pregunt cmo haba podido darse cuenta.Cmo puedes estar tan seguro? inquiri el espaol.Los sicilianos lo intuimos todo respondi.Engredo, pens Buttercup.S, muy engredo dijo el siciliano.Debe leerme el pensamiento, pens Buttercup.Vas a soltar toda la vela? inquiri el siciliano.Toda la que la seguridad permita repuso el espaol desde su puesto junto a la caa del timn.Les llevamos una hora de ventaja, de modo que todava no corremos riesgos. Su caballo tardar unos veintisiete minutos en regresar al castillo; transcurrirn otros cuantos minutos antes de que logren descifrar lo ocurrido y, como hemos dejado un rastro visible, saldrn a buscarnos dentro de una hora. En este tiempo, deberamos llegar a los Acantilados y, con un poco de suerte, estaremos en la frontera de Guilder al amanecer, cuando ella morir. Calculo que su cuerpo estar bastante caliente cuando el prncipe lo encuentre mutilado. Ojal pudiramos quedarnos para ver su dolor..., debera ser homrico.Por qu me revela sus planes?, se pregunt Buttercup.Vais a volver a dormiros ahora mismo, seora ma dijo el espaol, y de pronto, sus dedos se posaron en la frente, en el hombro y en el cuello de Buttercup y sta volvi a perder el sentido...Buttercup ignoraba cunto tiempo permaneci inconsciente, pero seguan en la barca cuando parpade escudndose tras la manta. Y esta vez, sin atreverse a pensar el siciliano se habra enterado de un modo u otro, lanz la manta a un lado y se zambull en el Canal de Florn.Permaneci sumergida todo el tiempo que le permiti su coraje, y luego emergi; comenz a cruzar a nado la extensin de agua sin reflejo de la luna, empleando hasta la ltima gota de energa que le quedaba. Tras ella, en la oscuridad, se oyeron unos gritos.Lnzate al agua, lnzate al agua! exclam el siciliano.Slo nado como un perrito repuso el turco.Entonces, sabes ms que yo dijo el espaol.Buttercup sigui nadando y alejndose de ellos. Le dolan los brazos por el esfuerzo, pero no les permiti ningn descanso. Pataleaba con los pies y el corazn le lata con fuerza.Oigo cmo patalea dijo el siciliano. Vira a la izquierda.Buttercup cambi al estilo braza y se alej, nadando silenciosamente.Dnde est? chill el siciliano.Los tiburones la alcanzarn, no te preocupes le record el espaol.Cielos, ojal no los hubieras mencionado, pens Buttercup.Princesa grit el siciliano, sabis lo que les ocurre a los tiburones cuando huelen sangre en el agua? Enloquecen. No hay modo de controlar su ferocidad. Despedazan, destrozan, arrancan y devoran, y yo estoy en una barca, princesa, y en el agua no hay sangre, de modo que ambos estamos bastante a salvo, pero tengo un cuchillo en la mano, milady, y si no regresis, me cortar los brazos y las piernas y recoger la sangre en un tazn y la lanzar tan lejos como pueda; los tiburones son capaces de oler sangre en el agua a kilmetros de distancia, y no seris hermosa por mucho tiempo.Buttercup vacil, sin dejar de nadar en silencio. A su alrededor, aunque seguramente era cosa de su imaginacin, le pareci or el sonido silbante de gigantescas colas.Regresad ahora mismo. No os lo advertir ms.Si regreso, me matarn de todos modos, qu diferencia hay?, pens Buttercup.La diferencia...Ah est, lo ha hecho otra vez pens Buttercup. Sabe leer el pensamiento.... radica en que si regresis ahora prosigui el siciliano, os doy mi palabra de caballero y asesino de que moriris sin sentir dolor. Puedo aseguraros que los tiburones no van a prometeros nada parecido.Los sonidos de los peces en la noche se acercaron ms.Buttercup se ech a temblar de miedo. Se senta tremendamente avergonzada, pero no poda evitarlo. Slo dese poder ver por un instante si de verdad haba tiburones y si el siciliano sera capaz de cortarse como haba amenazado.El siciliano dio un aparatoso respingo.Acaba de cortarse el brazo, milady grit el turco. Y ahora recoge la sangre en un tazn. Debe de haber por lo menos un dedo de sangre en el tazn.El siciliano dio otro respingo.Ahora se ha cortado la pierna prosigui el turco. El tazn se est llenando.No me lo creo pens Buttercup. En el agua no hay tiburones y en el tazn no hay sangre.Tengo el brazo tendido hacia atrs anunci el siciliano. Si gritis o no para revelar dnde estis es una eleccin que os corresponde a vos.

No pienso decir ni po, decidi Buttercup.

Adis dijo el siciliano.Se oy el sonido tpico que produce el lquido al caer en otro lquido. Despus, sigui una pausa. Y entonces los tiburones enloquecieron...No se la comen los tiburones, me dijo mi padre.Cmo?, inquir levantando la vista y mirndolo,Tenas todo el aspecto de estar demasiado metido en la historia y demasiado preocupado, de modo que pens que sera mejor darte un respiro.Por favor! exclam, cualquiera dira que soy un cro. A qu vienen tantos rodeos?Pareca realmente molesto, pero os contar la verdad: empezaba a meterme demasiado en la historia y me alegr de que mi padre me lo advirtiera. Quiero decir, cuando uno es un cro, no suele pensar cosas al estilo de: Vale, como el libro se titula La princesa prometida y como apenas hemos ledo unos captulos, est claro que el autor no va a hacer que los tiburones despedacen a su primera dama. Cuando uno es un nio, se engancha a las cosas; de modo que a todos los nios que estn leyendo este libro, les repetir simplemente las palabras de mi padre, puesto que a m me calmaron: No se la comen los tiburones.Entonces los tiburones enloquecieron. A su alrededor, Buttercup los oy lanzar su agudo sonido y gritar y agitar sus poderosas colas.Nada podr salvarme admiti Buttercup, estoy perdida.Por suerte para todos los implicados, exceptuando a los tiburones, fue ms o menos a esa hora cuando sali la luna.Ah est grit el siciliano.El espaol vir la barca veloz como el rayo y, a medida que se acercaban, el turco tendi un brazo gigantesco y ella volvi a la seguridad que le ofrecan sus asesinos, mientras alrededor los tiburones embestan unos contra los otros, tremendamente frustrados.Que no se enfre dijo el espaol desde su puesto junto a la caa del timn, y le lanz su capa al turco.No os enfriis dijo el turco, y envolvi a Buttercup entre los pliegues de la capa.No creo que tenga tanta importancia repuso Buttercup, pues de todos modos vas a matarme al amanecer.l es quien har el trabajo le dijo el turco, y seal al siciliano, que se estaba vendando las heridas. Nosotros nos limitaremos a sujetaros.Sujeta esa estpida lengua le orden el siciliano.El turco se call inmediatamente.No creo que sea tan estpido dijo Buttercup. Y tampoco creo que t seas tan inteligente; mira que arrojar tu propia sangre al agua... no es lo que yo llamara una idea de primera.Funcion o no funcion? Habis vuelto, no? El siciliano se acerc a ella. Cuando las mujeres estn lo bastante asustadas, se ponen a gritar.Pero yo no grit. Sali la luna repuso Buttercup con aire triunfante.El siciliano la abofete.Ya basta dijo entonces el turco.El diminuto jorobado le lanz al gigante una mirada aviesa.Quieres pelear conmigo? Creo que no.No, seor balbuce el turco. No. Pero no uses la fuerza, por favor. La fuerza djamela a m. Si quieres desahogarte, pgame a m. No me importar.El siciliano se fue al otro extremo de la barca.Habra gritado dijo. Estaba a punto de gritar. Mi plan era ideal como lo son todos mis planes. Fue la inoportuna aparicin de la luna la que me impidi lograr la perfeccin. Mir ceudo e implacable la loncha amarilla que penda del cielo. Luego, se qued con la mirada fija en la lejana. All estn! El siciliano seal a lo lejos. Los Acantilados de la Locura.Y ah estaban. Se alzaban imponentes desde el agua, y elevaban sus trescientos metros hacia el cielo nocturno. Constituan el camino ms directo entre Florn y Guilder, pero nadie los utilizaba nunca, pues todo el mundo prefera dar un largo rodeo por mar. No resultaba imposible escalar los Acantilados; en los ltimos cien aos slo dos hombres haban logrado hacerlo.Enfila directo hacia la parte ms profunda orden el siciliano.Ya iba hacia all repuso el espaol.Buttercup no lo entenda. Escalar los Acantilados era prcticamente imposible, pens; y nadie haba hablado jams de que existieran senderos secretos a travs de ellos. Sin embargo, all estaban, acercndose cada vez ms a la imponente masa de roca, que se encontraba ya a menos de un kilmetro.Por primera vez el siciliano se permiti una sonrisa.Todo marcha bien. Tem que vuestra pequea excursin acutica fuera a costarme demasiado tiempo. Pero haba calculado una hora ms de margen, para imprevistos. Todava nos quedan unos cincuenta minutos. Nos encontramos a kilmetros de distancia y estamos a salvo, a salvo, a salvo.Y nadie podra estar siguindonos todava? inquiri el espaol.Nadie le asegur el siciliano. Sera inconcebible.Absolutamente inconcebible?Absoluta, totalmente y de todo punto inconcebible volvi a asegurarle el siciliano. Por qu lo preguntas?Por nada repuso el espaol. Es que acabo de mirar atrs y he visto algo.Se volvieron todos a la vez.Efectivamente, haba algo. A menos de un kilmetro de distancia, bajo la luz de la luna, haba otra barca, pequea, pintada de un color que pareca negro, con una gigantesca vela negra henchida por el viento, y un solo hombre al timn. Un hombre de negro.El espaol mir al siciliano.Debe de ser algn pescador de la zona que ha salido por puro placer a navegar solo en plena noche, en aguas infestadas de tiburones.Puede que haya una explicacin ms lgica coment el siciliano. Pero dado que en Guilder no existe nadie que pueda haberse enterado de lo que hemos hecho, y dado que es imposible que en Florn haya nadie que pueda haber llegado aqu tan de prisa, est ms que claro que no nos sigue, por ms que pueda parecer que lo est haciendo. Es una coincidencia y nada ms.Nos est alcanzando dijo el turco.Eso tambin es inconcebible dijo el siciliano. Antes de robar la barca en la que navegamos, me asegur muy bien de cul era la embarcacin ms veloz del Canal de Florn y todo el mundo estuvo de acuerdo en que era sta.Tienes razn admiti el turco, volviendo la vista atrs. No nos est alcanzando. Simplemente se nos est acercando, eso es todo.Es por el ngulo desde el cual lo estamos viendo, nada ms dijo el siciliano.Buttercup no poda apartar la vista de la enorme vela negra. No caba duda de que los tres hombres que la haban raptado le inspiraban miedo. Pero de alguna manera, por razones que no lograba precisar, el hombre de negro le inspiraba todava ms miedo.Est bien, aguza la vista orden entonces el siciliano, con una pizca de inquietud en el tono.Los Acantilados de la Locura estaban ahora muy cerca.El espaol maniobr la barca con maestra, cosa nada fcil, porque las olas se estrellaban contra las rocas y el roco que producan era enceguecedor. Buttercup se protegi los ojos y ech la cabeza hacia atrs, mirando fijamente la oscuridad de all arriba, que pareca cerrada e inalcanzable.Entonces, el jorobado salt hacia adelante, y cuando la barca lleg a la pared del acantilado, brinc hacia arriba. De repente, entre sus manos, apareci una cuerda.Buttercup se qued mirando en atnito silencio. La cuerda, gruesa y fuerte, suba a lo largo de la pared de los Acantilados. Mientras ella observaba, el siciliano volvi a tirar de la cuerda una y otra vez, y sta se mantuvo firme. Estaba atada a algo de la cima: a una roca gigante, a un rbol imponente, o algo as.Daos prisa orden el siciliano. Si nos est siguiendo, cosa que no entra en el reino de la experiencia humana, pero suponiendo que fuera as, debemos llegar a la cima y cortar la cuerda antes de que pueda escalar detrs de nosotros.Escalar? inquiri Buttercup. Jams podra...Silencio! le orden el siciliano. Preparaos! le orden al espaol. Hndela! le orden al turco.Todo el mundo puso manos a la obra. El espaol cogi una cuerda y at a Buttercup de pies y manos. El turco levant una de sus gigantescas piernas y comenz a dar patadas en el centro de la barca, que de inmediato cedi y comenz a hundirse. Luego el turco se dirigi a la cuerda y la aferr entre sus manos.Cargadme dijo el turco.El espaol levant a Buttercup y la coloc sobre los hombros del turco. Luego se at a la cintura del turco. El siciliano peg un brinco y se colg del cuello del turco.Todos a bordo dijo el siciliano.(Esto ocurri antes de que existieran los trenes, pero la expresin era utilizada al principio por los carpinteros al cargar madera, y esto tuvo lugar mucho despus de que existieran los carpinteros.)Y, entonces, el turco comenz a subir. Era una escalada de por lo menos trescientos metros y llevaba a tres personas a cuestas, pero no estaba preocupado. Cuando se trataba de fuerza, nada le preocupaba. Pero cuando se trataba de leer, se le haca un nudo en el estmago, y si era de escribir, le venan unos sudores fros, y cuando se mencionaba la palabra suma, o algo peor, una divisin complicada, cambiaba rpidamente de tema.Pero la fuerza nunca le haba sido enemiga. Poda aguantar la coz de un caballo en pleno pecho sin trastabillar. Poda levantar un saco de harina de cincuenta kilos entre las piernas y abrirlo de un tijeretazo sin ningn problema. En una ocasin haba levantado por los aires a un elefante utilizando solamente los msculos de la espalda.Pero la verdadera fuerza la tena en los brazos. Jams, ni en los ltimos diez siglos, haban existido brazos iguales a los de Fezzik. (As se llamaba.) Sus brazos no slo eran enormes, obedientes y sorprendentemente veloces, sino que adems, y es por eso que l nunca se preocupaba, eran incansables. Si alguien le daba un hacha y le peda que talara un bosque, las piernas le habran fallado al tener que soportar tanto peso durante un tiempo tan prolongado, o el hacha se hubiera roto debido al castigo que supona derribar tantos rboles, pero al da siguiente, los brazos de Fezzik estaran tan frescos.Y as, aunque llevara al siciliano colgado del cuello, a la princesa sobre los hombros y al espaol en la cintura, Fezzik no senta de ningn modo que estuvieran abusando de l. En realidad estaba contento, porque slo cuando se le peda que empleara sus fuerzas no resultaba una molestia.Y escal los Acantilados, hasta encontrarse a doscientos metros por encima del agua; ahora le faltaban otros cien metros.El siciliano sufra de vrtigo a las alturas ms que cualquiera de los otros. Todas sus pesadillas, que nunca lo abandonaban cuando dorma, tenan que ver con algn tipo de cada. De modo que aquella tremenda ascensin era para l de lo ms difcil, colgado como iba del cuello del gigante. O debi de haber sido de lo ms difcil.Pero l no estaba dispuesto a permitirlo.Desde el principio, cuando era un cro, al darse cuenta que con su cuerpo deforme jams habra sido capaz de conquistar el mundo, confi plenamente en su inteligencia. La adiestr, luch contra ella, la dobleg. De modo que en ese momento, aunque debera haberse puesto a temblar ante aquellos trescientos metros que se adentraban en la noche y parecan aumentar ms y ms, no lo hizo.Pensaba en el hombre de negro.No haba manera de que existiera nadie lo bastante veloz como para haberlos seguido. Y, sin embargo, aquella vela negra y henchida haba surgido de algn mundo endiablado. Cmo? Cmo? El siciliano azuz su mente en busca de una respuesta, y slo logr encontrarse con la derrota. Lleno de frustracin, inspir profundamente y. a pesar de sus espantosos temores, mir hacia abajo, hacia la negrura del agua.El hombre de negro segua all, navegando como el rayo hacia los Acantilados. En aquellos momentos, no poda encontrarse a ms de quinientos metros de ellos.Ms de prisa! orden el siciliano.Lo siento respondi mansamente el turco. Cre que ya iba de prisa.Holgazn, holgazn le espole el siciliano.Jams mejorar repuso el turco, pero sus brazos comenzaron a moverse ms de prisa que antes. No veo muy bien porque tienes los pies aferrados a mi cara aadi, podras decirme, por favor, si ya estamos a mitad de camino?Un poco ms de la mitad, dira yo repuso el espaol desde su posicin, agarrado a la cintura del gigante. Lo ests haciendo muy bien, Fezzik.Gracias respondi el gigante.Y l se est acercando a los Acantilados aadi el espaol.No hubo necesidad de preguntar quin era l.Ciento ochenta metros. Los brazos continuaron subiendo e izando la carga. Ciento ochenta y seis metros. Ciento noventa y cinco metros. Iba ms veloz que nunca. Doscientos diez metros.Ha abandonado la barca anunci el espaol. Y est subiendo por nuestra cuerda.Ya lo noto dijo Fezzik. Siento el peso de su cuerpo en la cuerda.Jams nos alcanzar! grit el siciliano. Es inconcebible!Sigue usando esa palabra! le espet el espaol. Pero me parece que no significa lo que t crees.Cuan de prisa est escalando? inquiri Fezzik.Me tiene asustado fue la respuesta del espaol.El siciliano reuni todo su valor y volvi a mirar hacia abajo.El hombre de negro pareca volar. Haba reducido ya en treinta metros la ventaja que le haban sacado. Quiz ms.Tena entendido que eras fuerte! chill el siciliano. Crea que eras un gigante poderoso y, sin embargo, l nos est alcanzando.Es que yo llevo a tres personas dijo Fezzik. Y l no lleva a...Las excusas son el refugio de los cobardes asever el siciliano.Volvi a mirar hacia abajo. El hombre de negro haba ascendido otros treinta metros. El siciliano mir hacia arriba. Comenz a divisar la cima de los Acantilados. Unos cuarenta y cinco metros ms y estaran a salvo.Atada de pies y manos, enferma de terror, Buttercup no estaba segura de qu deseaba que ocurriese. Aunque s saba una cosa: que no deseaba volver a vivir nada parecido.Vuela, Fezzik! aull el siciliano. Faltan treinta metros.Fezzik vol. Lo apart todo de su mente, slo pens en las cuerdas, los brazos, los dedos. Y sus brazos tiraron y sus dedos se aferraron a la cuerda y sta se tens y...Ya se encuentra a ms de medio camino anunci el espaol.A medio camino de la muerte dijo el siciliano. Nos faltan quince metros para ponernos a salvo, y cuando hayamos alcanzado la cima y desatemos la cuerda...Solt una carcajada.Doce metros.Fezzik tiraba.Seis metros.Tres metros.Se acab. Fezzik lo haba logrado. Haban alcanzado la cima de los Acantilados; el primero en bajar de un salto fue el siciliano; despus el turco baj a la princesa, y mientras el espaol se desataba, volvi a mirar hacia abajo.El hombre de negro se encontraba a menos de noventa metros de la cima.Es una pena dijo el turco, ponindose al lado del espaol y mirando hacia abajo. Un escalador as se merece algo ms que... se interrumpi.El siciliano haba desatado los nudos que sujetaban la cuerda alrededor de un roble. La cuerda pareci adquirir vida propia; era como una colosal serpiente de agua que por fin volva a casa. Sali serpenteando hacia el borde de los acantilados y con un movimiento en espiral cay en el canal iluminado por la luna.El siciliano se desternillaba de risa y no par hasta que el espaol dijo:Lo ha logrado.Qu ha logrado? inquiri el jorobado corriendo a asomarse al borde del acantilado.Soltar la cuerda a tiempo respondi el espaol. Lo ves? dijo sealando hacia abajo.El hombre de negro colgaba en el aire, aferrado a la pared de roca, a doscientos diez metros por encima del agua.El siciliano lo contemplaba, fascinado.Sabes? dijo, dado que he realizado un estudio de la muerte y como soy un gran experto en el tema, quiz te interese saber que estar muerto mucho antes de que toque el agua. Lo matar la cada, no el golpe.El hombre de negro colgaba indefenso en el aire, aferrado a los Acantilados con ambas manos.Vaya, somos unos descorteses dijo entonces el siciliano dirigindose a Buttercup. Estoy seguro de que os gustar ver esto.Se dirigi hacia ella y la condujo, todava atada de pies y manos, hasta el borde para que pudiera presenciar la lucha pattica del hombre de negro, noventa metros ms abajo.Buttercup cerr los ojos y volvi la cara.No deberamos marcharnos? pregunt el espaol. Me pareci que nos dijiste que el tiempo era muy importante.Lo es, lo es asinti el siciliano. Pero no puedo perderme una muerte como sa. Podra programar una cada semana y vender entradas. Podra dejar el negocio de los asesinatos y retirarme. Mralo... crees que en estos momentos estar haciendo un balance de toda su vida? Al menos eso dicen los libros.Tiene unos brazos muy fuertes coment Fezzik, para poder estar resistiendo tanto tiempo.No podr aguantar mucho ms replic el siciliano. No tardar en caer.En ese preciso instante, el hombre de negro comenz a escalar. No de prisa, por supuesto. Y no sin un gran esfuerzo. No obstante, no caba duda de que a pesar de la marcada perpendicularidad de los Acantilados, estaba avanzando hacia arriba.Inconcebible! chill el siciliano.El espaol se volvi hacia a l a toda velocidad.Deja ya de decir esa palabra. Era inconcebible que nadie nos siguiera, pero cuando nos volvimos para mirar atrs, ah estaba el hombre negro. Era inconcebible que nadie pudiera navegar tan de prisa como nosotros y, sin embargo, nos dio alcance. Y ahora esto tambin es inconcebible, pero mira..., mira... En la oscuridad de la noche, el espaol seal hacia abajo. Fjate cmo sube.Efectivamente, el hombre de negro estaba subiendo. De alguna manera, por obra de algn milagro, sus dedos iban encontrando asidero en las grietas, y en esos momentos se hallaba unos cuatro metros ms cerca de la cima y ms alejado de la muerte.El siciliano se acerc al espaol; sus ojos enfurecidos brillaban ante tamaa insubordinacin.Poseo la mente ms aguda que jams se haya dedicado a propsitos ilegales dijo, o sea que cuando yo te digo algo, no es una mera suposicin; es un hecho! Y el hecho es que el hombre de negro no nos est siguiendo. Una explicacin ms lgica sera que es simplemente un marinero con un ligero inters por el alpinismo, y que por pura casualidad se dirige ms o menos al mismo sitio que nosotros. En cualquier caso, no podemos arriesgarnos a que nos vea con la princesa; por lo tanto, uno de vosotros deber eliminarlo.Lo hago yo? pregunt el turco.El siciliano mene la cabeza.No, Fezzik dijo finalmente. Necesito tu fuerza para cargar con la muchacha. Levntala ahora mismo y prosigamos nuestro camino. Se volvi hacia el espaol y le inform: Nos dirigiremos directamente hacia la frontera de Guilder. Renete con nosotros tan pronto como lo hayas matado.El espaol asinti.El siciliano se alej cojeando.El turco levant a la princesa y se dispuso a seguir al jorobado. Poco antes de perder de vista al espaol, se volvi y grit:No tardes en reunirte con nosotros.Acaso he tardado alguna vez? El espaol lo salud con la mano: Adis, Fezzik.Hasta pronto, Iigo respondi el turco, y desapareci de la vista.Y el espaol se qued solo. Se acerc al borde del acantilado y se arrodill con la gracia veloz que le era caracterstica. Setenta y cinco metros ms abajo, el hombre de negro continuaba su doloroso ascenso. Iigo estaba en el suelo, mirando hacia abajo, e intentaba penetrar la luz de la luna para encontrar el secreto del escalador. El espaol se pas un largo rato sin moverse. Era un buen aprendiz, pero no especialmente veloz, de manera que deba aprender. Finalmente advirti que, de alguna manera, por obra de algn misterio, el hombre de negro cerraba los puos y los meta en la roca utilizndolos de soporte. Despus levantaba la mano libre, hasta que encontraba una abertura profunda en la pared del acantilado y, cerrando bien el puo, lo introduca en ella. Cuando encontraba un sitio donde apoyar los pies, lo utilizaba, pero era gracias a los puos bien cerrados que estaba escalando.Iigo se qued maravillado. Aquel hombre de negro era un aventurero realmente extraordinario. Ya se haba acercado lo bastante como para que Iigo lograse ver que el hombre iba enmascarado y que una capucha negra le cubra todo menos las facciones. Otro forajido? Tal vez. Entonces, por qu deban luchar y para qu? Iigo sacudi la cabeza. Era una pena que un tipo as tuviera que morir, pero l haba recibido unas rdenes, y no le quedaba ms solucin que obedecer. A veces le disgustaban las rdenes del siciliano, pero qu poda hacer? Sin el cerebro del siciliano, l, Iigo, jams sera capaz de enfrentarse a trabajos de ese calibre. El siciliano era un maestro de la planificacin. Iigo era un hombre del momento. El siciliano le haba dicho que lo matara, o sea que para qu perder el tiempo en compadecerse del hombre de negro. Algn da, alguien matara a Iigo, y el mundo no se parara para lamentarlo.Se incorpor de un rpido salto; su cuerpo fino como una cuchilla estaba preparado para la accin. Pero, el hombre de negro se encontraba todava a muchos metros de la cima. No le quedaba otra cosa que esperar, Iigo detestaba esperar. De manera que para que la espera fuese ms agradable, desenvain su grande y nico amor: la espada con empuadura para seis dedos.Cmo bailaba bajo la luz de la luna. Qu gloriosa y genuina. Iigo se la llev a los labios y con todo el fervor de su gran corazn espaol, bes el metal...IIGOEn las montaas de la Espaa Central, en lo alto de las colinas que se yerguen en los alrededores de Toledo, se encontraba la aldea de Arabella. Era muy pequea y el aire estaba siempre lmpido. Eran las nicas cualidades de Arabella: unos aires estupendos que permitan ver a kilmetros de distancia.Pero no haba trabajo, los perros invadan las calles y nunca haba suficiente comida. El aire, aunque limpio, era demasiado caliente durante el da y helado por la noche. En cuanto a la vida personal de Iigo, siempre estaba un poco hambriento, no tena hermanos, pues su madre haba muerto al dar a luz.Era fantsticamente feliz.Por su padre, Domingo Montoya era un hombre excntrico, impaciente, distrado, de aspecto cmico, que nunca sonrea.Iigo lo adoraba profundamente. No preguntis por qu. En realidad no exista ni una sola razn que pudiera sealarse. Ah, probablemente Domingo corresponda al afecto de su hijo, pero el amor comprende muchas cosas y ninguna de ellas tiene lgica.Domingo Montoya era espadero. Si alguien quera una espada fabulosa, iba a ver a Domingo Montoya? Si alguien quera una obra de artesana, genial y equilibrada, iba a las montaas que se alzaban detrs de Toledo? Si alguien quera una obra maestra, una espada que perdurara a travs de los tiempos, diriga sus pasos hacia Arabella?No.Iba a Madrid, porque all era donde viva el famoso Yeste, y si ese alguien tena dinero y tiempo, consegua el arma. Yeste era obeso y jovial, y uno de los hombres ms ricos y ms respetados de la ciudad. Y era muy justo que lo fuese. Haca unas espadas maravillosas, y los nobles se jactaban de poseer una Yeste original.Pero a veces no a menudo, cuidado, tal vez una vez al ao o quiz menos apareca alguien que encargaba un arma que superaba incluso las habilidades de Yeste. Cuando algo as ocurra, acaso Yeste deca: Ay, lo siento, no puedo hacerla?No.Lo que deca era: Ser un placer, cobrar la mitad por adelantado y el resto al momento de la entrega; regresad dentro de un ao, muchsimas gracias.Al da siguiente parta hacia las colinas que se alzan detrs de Toledo.Hola, Domingo! gritaba Yeste cuando se acercaba a la cabana del padre de Iigo.Hola, Yeste! le responda Domingo Montoya desde la puerta de la cabana.Entonces, los dos hombres se abrazaban e Iigo se acercaba corriendo y Yeste le alborotaba el pelo. Despus Iigo preparaba el t mientras los dos hombres conversaban.Te necesito sola decir Yeste al inicio de la conversacin.Domingo grua.Esta misma semana he aceptado el encargo de un miembro de la nobleza italiana que quiere una espada. Ha de tener una empuadura incrustada de piedras preciosas con el nombre de su amante de turno y...No.Esa nica palabra y ninguna otra. Pero era suficiente. Cuando Domingo Montoya deca que no, no significaba otra cosa ms que eso: no.Iigo, que se encontraba preparando el t, saba lo que ocurrira despus: Yeste empleara su encanto.No.Yeste empleara su riqueza.No.Su ingenio, su maravilloso don de persuasin.No.Recurrira a los ruegos, las splicas, las promesas, los votos.No.A los insultos. A las amenazas.No.Y, por ltimo, a las genuinas lgrimas.No. Quieres ms t, Yeste?Otra tacita, quiz. Gracias... Y despus, en voz muy alta: Por qu no?Iigo se apresuraba entonces a llenarle las tazas para no perderse una sola palabra. Saba que se haban criado juntos, que se conocan desde haca sesenta aos, que siempre se haban querido mucho, y se entusiasmaba cuando poda orlos discutir. Eso era lo extrao: no hacan otra cosa ms que discutir.Por qu? El gordo de mi amigo me pregunta por qu? Se queda ah sentado, sobre su ancho culo, y tiene el coraje de preguntarme por qu? Yeste, ven algn da con un reto. Una vez, una sola vez, ven hasta aqu y dime: Domingo, necesito una espada para un hombre de ochenta aos que ha de batirse en duelo, y entonces te abrazara y, llorando, aceptara tu peticin. Porque hacer una espada para que un hombre de ochenta aos sobreviva a un duelo, eso s que es un reto. Pues la espada debera ser lo bastante resistente como para permitir que ganara, y, a la vez, lo bastante ligera como para no cansar su dbil brazo. Tendra que emplearme a fondo para buscar quiz un metal desconocido, resistente pero muy ligero, o pergear una frmula distinta con algn elemento conocido, mezclar un poco de bronce con un poco de hierro y un poco de aire en formas desconocidas en miles de aos. Te besara tus olorosos pies si me dieras una oportunidad as, mi gordo Yeste. Pero hacer una estpida espada con unas estpidas joyas que forman unas estpidas iniciales para que un italiano estpido pueda agasajar a su estpida amante, no. No lo har.Te lo pido por ltima vez. Por favor.Por ltima vez te digo que lo siento. Pero no.He dado mi palabra de que hara la espada deca Yeste. Y no puedo hacerla. En todo el mundo el nico que puede hacerla eres t, y vas y me dices que no. Eso querr decir que no habr podido cumplir con un pedido. Y eso significar que habr perdido el honor. Y como el honor es lo nico que me importa en este mundo, y como no puedo vivir sin l, debo morirme. Y como eres mi amigo ms querido, ya que estoy aqu, puedo morirme ahora mismo, contigo, amparado por el calor de tu afecto.Llegado este punto, Yeste sacaba un pual. Era algo magnfico: Domingo se lo haba regalado a Yeste el da de su boda.Adis, pequeo Iigo deca entonces Yeste. Que Dios te d tu porcin de sonrisas.A Iigo le estaba prohibido interrumpir.Adis, pequeo Domingo deca entonces Yeste. Aunque muero en tu cabaa y aunque sea tu tozudez la que cause mi muerte, en otras palabras, aunque seas t quien me mate, ni se te ocurra pensar en ello. Te quiero como siempre lo he hecho, y que Dios no permita que el remordimiento te quite el sueo. Se descubra el pecho y acercaba el pual ms y ms. El dolor es peor de lo que imaginaba! gritaba Yeste.Cmo puede dolerte si la punta del pual est todava a dos centmetros de tu vientre? preguntaba Domingo.Me anticipo al dolor; no me molestes, djame morir en paz.Acercaba la punta a la piel y empujaba.Domingo le aferraba la mano y apartaba el pual.Algn da no te lo impedir le deca. Iigo, pon otro plato ms para la cena.Estaba dispuesto a matarme. De verdad.Ya basta de dramatismos.Qu tenemos esta noche en el men?Las gachas de siempre.Iigo, vete a ver si por casualidad llevo algo en el carruaje.En el carruaje siempre esperaba un festn.Y despus de la comida y de las ancdotas vena la despedida, y siempre, antes de la despedida, vena la peticin.Deberamos asociarnos deca Yeste. En Madrid. En el cartel, mi nombre precedera al tuyo, claro, pero iramos siempre a partes iguales.No.Est bien. Pondremos tu nombre delante del mo. Eres el espadero ms grande del mundo, mereces ocupar el primer puesto.Que tengas buen viaje.Por qu no?Yeste, amigo mo. porque eres muy famoso y muy rico, y est bien que sea as, pues fabricas unas armas maravillosas. Pero tambin has de fabricarlas para cualquier tonto que se te presente. Yo soy pobre, y en todo el mundo los nicos que me conocis sois t e Iigo, pero no tengo que aguantar a los tontos.Eres un artista le deca Yeste.No. Todava no. Slo un artesano. Pero sueo con llegar a ser un artista. Ruego porque algn da, si trabajo con el esmero suficiente, si tengo mucha, mucha suerte, logre fabricar un arma que sea una obra de arte. Entonces, podrs llamarme artista y yo te contestar.Yeste se suba a su carruaje. Domingo se acercaba a la ventanilla y le susurraba:Slo te recuerdo una cosa: cuando tengas esa espada con las iniciales incrustadas de joyas, di que es tuya. No le cuentes a nadie que la he hecho yo.No te preocupes, que de esta boca no saldr.Abrazos, saludos. El carruaje se marchaba. Y as transcurra la vida antes de la espada con empuadura para seis dedos.Iigo recordaba exactamente el momento en que haba comenzado. Estaba preparando el almuerzo para los dosporque desde que l cumpliera seis aos, su padre le haba dejado cocinar, cuando alguien llam a la puerta con fuerza inusitada.Eh, los de ah dentro!reson la voz. Daos prisa.El padre de Iigo abri la puerta y dijo:Servidor.Eras espadero dijo la voz resonante. De prestigio. He odo decir que es verdad.Si lo fuera repuso Domingo. Pero no poseo grandes habilidades. Me dedico principalmente a hacer reparaciones. Quiz si tuvierais una daga desafilada, podra complaceros. Pero si me peds ms que eso, no estar a la altura de las circunstancias.Iigo se acerc y espi, escudndose en su padre. La voz resonante perteneca a un hombre poderoso, de cabello negro y anchos hombros, que iba montado en un elegante caballo marrn. Era, a todas luces, un noble, pero Iigo no logr precisar de qu pas.Quiero que me fabriquen la espada ms grandiosa desde Excalibur.Espero que podis hacer realidad vuestros deseos dijo Domingo. Y ahora, si me perdonis, nuestro almuerzo est casi dispuesto y...No te he dado permiso para que te muevas. Qudate donde ests o debers enfrentarte a mis iras. Y te advierto de antemano que son considerables. Soy destructivo por temperamento. Bien, qu me decas de tu almuerzo?Os deca que falta mucho para comer; no tengo nada que hacer y jams soara con moverme.Corren rumores de que oculto en las colinas que se alzan detrs de Toledo vive un genio dijo el noble. El ms grande espadero del mundo.Suele venir a visitarnos..., de ah vuestro error. Pero su nombre es Yeste y vive en Madrid.Pagar quinientas monedas de oro por conseguir mis deseos dijo el noble de anchos hombros.Es mucho dinero, ms del que todos los hombres de toda esta aldea ganarn en todas sus vidas dijo Domingo. En verdad os digo que deseara aceptar vuestra oferta, pero no soy el hombre que buscis.Estos rumores me conducen a creer que Domingo Montoya resolvera mi problema.Cul es vuestro problema?Soy un gran espadachn. Pero no logro encontrar un arma que se ajuste a mis peculiaridades y, por ello, me veo impedido de alcanzar la perfeccin. Si pudiera tener un arma que se ajustara a mis necesidades, no habra nadie en el mundo capaz de igualarme.Y cules son esas peculiaridades de las que hablis?El noble levant la mano derecha.Domingo comenz a entusiasmarse.El hombre tena seis dedos.Las ves? comenz a decir el noble.Por supuesto lo interrumpi Domingo. El equilibro de la espada no es el adecuado para vos, porque todos los equilibrios han sido concebidos para cinco dedos. Aferrar la empuadura de cualquier espada os producir calambres, porque ha sido hecha para cinco dedos. A un espadachn, a un maestro, le producira incomodidades. Y el ms grande espadachn del mundo debe encontrarse siempre cmodo. Empuar el arma ha de ser para l algo tan natural como pestaear, y debera hacerlo mecnicamente, sin pensar.Est claro que comprendes las dificultades... comenz a decir otra vez el noble.Pero Domingo se haba marchado a un lugar donde no le llegaban las palabras ajenas. Iigo nunca haba visto a su padre presa de semejante frenes.Las medidas..., claro.... cada dedo y la circunferencia de la mueca, y la distancia de la sexta ua a la yema pulgar..., cuntas medidas... y vuestras preferencias... Prefers cortar o rasgar? Si prefers rasgar, lo hacis de derecha a izquierda o quiz con un movimiento paralelo...? Cuando cortis, disfrutis ms hacindolo con un fuerte tirn hacia arriba? Cunta fuerza queris que parta del hombro y cunta de la mueca...? Deseis que la punta lleve una cobertura para que entre con ms facilidad, o prefers ver cmo vuestro oponente da un respingo...? Cunto por hacer, cunto por hacer...Y as sigui durante un buen rato, hasta que el noble desmont y casi se vio obligado a aferrarlo por los hombros para calmarlo.Eres el hombre del que hablan los rumores.Domingo asinti.Y me hars la espada ms grande desde Excalibur.Soy capaz de reducir mi cuerpo a las ruinas por vos. Quiz falle. Pero nadie lo intentar con mayor ahnco.Y la paga?Cuando tengis vuestra espada, me pagaris. Ahora, permitid que comience a tomar las medidas. Iigo..., mis instrumentos.Iigo sali corriendo y se intern en el rincn ms oscuro de la cabana.Insisto en dejar algo a cuenta.No es necesario; podra fallar.Insisto.Est bien. Una pieza de oro. Dejadme una pieza de oro. Pero no me hablis de dinero cuando tengo trabajo que hacer.El noble sac una pieza de oro.Domingo la guard en un cajn y all la dej sin siquiera echarle un vistazo.Palpaos los dedos le orden. Frotaos las manos con fuerza, sacudid los dedos... Cuando os enfrentis a duelo estaris entusiasmado, y esta empuadura ha de ajustarse a las caractersticas de vuestra mano cuando sintis ese entusiasmo; si tomara las medidas cuando estis relajado, habra una cierta diferencia, una milsima de pulgada quiz, y eso nos alejara de la perfeccin, que es justamente lo que pretendo. La perfeccin. No cejar hasta alcanzarla.El noble no pudo menos que sonrer.Y cunto tardars en alcanzarla?Volved dentro de un ao repuso Domingo.Dicho esto, se puso a trabajar.Y qu ao. Domingo dorma nicamente cuando lo venca el cansancio. Coma slo cuando Iigo lo obligaba. Estudiaba, se afanaba, se quejaba. Nunca debera haber aceptado aquel encargo; era imposible. Al da siguiente, con el nimo por las nubes deca: Nunca debera haber aceptado el encargo; era demasiado sencillo y no estaba a la altura de su maestra. De la dicha a la desesperacin, de la desesperacin a la dicha, da tras da, hora tras hora. En ocasiones, Iigo se despertaba y lo encontraba llorando:Qu te ocurre, padre?No puedo hacerlo. No puedo hacer la espada. No logro hacer que mis manos me obedezcan. Si no fuera porque ibas a quedarte solo, me matara.Vete a dormir, padre.No, no necesito dormir. Los fracasados no necesitan dormir. De todos modos ya dorm ayer.Por favor, padre, una cabezadita.Est bien, slo unos minutos, para que dejes de regaarme.Algunas noches, Iigo se despertaba y lo encontraba bailando.Qu te ocurre, padre?Pues que he descubierto mis errores y he corregido mis estimaciones equivocadas.Padre, entonces, la acabars pronto?La acabar maana y ser un milagro.Eres maravilloso, padre.Soy ms que maravilloso, cmo te atreves a insultarme?Pero a la noche siguiente, ms lgrimas.Qu te ocurre ahora, padre?La espada, la espada, no puedo hacerla.Pero, padre, anoche dijiste que habas descubierto tus errores.Me equivoqu; esta noche he descubierto otros mucho peores. Soy el ser ms desgraciado. Dime que no te importar que me mate, as podr poner fin a mi existencia.Pero me importa, padre. Te quiero y me morira si t dejaras de respirar.No me quieres de verdad, lo dices de pura lstima.Quin podra sentir lstima del espadero ms grande de la historia mundial?Gracias, Iigo.De nada, padre.Iigo, te quiero mucho.Duerme, padre.S. Duermo.Y as todo un ao. Un ao en el que por momentos la empuadura estaba bien, pero el equilibrio era incorrecto; o correcto, pero el ngulo de corte no era lo bastante afilado, y cuando lo afilaba se volva a perder el equilibrio, y cuando se recuperaba el equilibrio, la punta era ancha, o cuando la punta recuperaba su filo, toda la hoja era demasiado corta; y todo al garete, haba que comenzar de nuevo, porque todo estaba perdido. Y as una y otra vez. A Domingo comenz a fallarle la salud. Casi siempre tena fiebre, pero l obligaba a su dbil cuerpo a seguir adelante, porque aqulla tena que ser la mejor arma despus de Excalibur. Domingo se enfrentaba a una leyenda, y sta lo estaba destruyendo.Vaya ao.Una noche, Iigo se despert y encontr a su padre sentado. Con la mirada perdida. Tranquilo, Iigo sigui su mirada.La espada con la empuadura para seis dedos estaba terminada.Brillaba a pesar de la oscuridad reinante en la cabana.Por fin susurr Domingo. No poda apartar la mirada de la gloriosa espada, Iigo, despus de toda una vida, por fin soy un artista.El noble de anchos hombros no opin lo mismo. Cuando regres para comprar la espada, se limit a mirarla durante un instante y dijo:No ha valido la pena esperar para esto.Iigo se encontraba en un rincn de la cabaa, y observaba la escena conteniendo la respiracin.Os sents defraudado? logr preguntar Domingo con mucho esfuerzo.No digo que sea una basura, comprndeme prosigui el noble, pero est claro que no vale quinientas piezas de oro. Te dar diez, que es probablemente lo que vale.Os equivocis! grit Domingo. No vale diez. No vale ni siquiera una. Aqu tenis. Abri el cajn donde la moneda de oro haba permanecido durante todo aquel ao. Este oro es vuestro. Todo. No habis perdido nada.Recogi su espada y se dio media vuelta.Me llevar la espada dijo el noble. No he dicho que no me la llevara. Slo dije que pagara lo que vale.Domingo se volvi hecho una furia, con los ojos brillantes.Habis echado mano de subterfugios. Habis regateado. Aqu estamos hablando de arte y vos slo habis visto dinero. Tenais a vuestra disposicin una bella pieza y vos slo habis visto vuestro bolsillo lleno. Marchaos, por favor.La espada dijo el noble.La espada le pertenece a mi hijo dijo Domingo. Se la doy ahora. Ser suya para siempre. Adis.Eres un campesino y un tonto. Quiero mi espada.Sois un enemigo del arte y me apiado de vuestra ignorancia le dijo Domingo.Fueron las ltimas palabras que pronunci en su vida.El noble lo mat en ese mismo instante, sin previo aviso; la espada del noble brill en el aire y el corazn de Domingo qued hecho pedazos.Iigo lanz un grito. No poda creer lo que vea; no haba ocurrido. Lanz otro grito. Su padre se encontraba bien; no tardaran en tomar el t juntos. No poda dejar de gritar.Lo oyeron en la aldea. Veinte hombres se presentaron ante su puerta. El noble se abri paso a empujones.Ese hombre me ha atacado. Lo veis? Lleva una espada. Me atac y tuve que defenderme. Y ahora, apartaos de mi camino.Era mentira, por supuesto, y todo el mundo lo saba. Pero l era un noble, qu podan hacer ellos? Lo dejaron pasar y el noble subi a su caballo.Cobarde!El noble se gir en redondo.Cerdo!La multitud volvi a apartarseIigo estaba all de pie, empuando la espada de seis dedos, repitiendo sus insultos:Cobarde. Cerdo. Asesino.Que alguien se ocupe del cro antes de que se propase dijo el noble a la multitud.Iigo avanz corriendo y se plant delante del caballo del noble, impidindole el paso. Con ambas manos levant la espada con empuadura para seis dedos y grit:Yo, Iigo Montoya, os reto a luchar a vos, cobarde, cerdo, asesino, infeliz.Quitadle de mi camino. Apartad al nio.El nio tiene diez aos y se queda repuso Iigo.Por hoy ya han muerto bastantes miembros de tu familia, contntate le dijo el noble.Cuando me supliquis por vuestra vida, entonces me sentir contento. Desmontad!El noble desmont de su caballo.Desenvainad vuestra espada.El noble desenvain su arma asesina.Dedico vuestra muerte a mi padre dijo Iigo. Comenzad.Comenzaron.No fue una lucha pareja, por supuesto, Iigo qued desarmado en menos de un minuto. Pero durante los primeros quince segundos ms o menos, el noble experiment una cierta inquietud. Durante aquellos quince segundos, unos extraos pensamientos cruzaron por su mente. Porque, aunque tena diez aos, el genio de Iigo estaba all.Una vez desarmado, Iigo permaneci muy erguido. No dijo ni una sola palabra; no suplic.No voy a matarte dijo el noble, porque tienes talento y eres valiente. Pero tambin es cierto que te faltan modales, y si no tienes cuidado, eso te traer problemas. Por eso quiero ayudarte, para que puedas seguir adelante en la vida. Te dejar algo que te recuerde que has de procurar evitar los malos modales.Dicho lo cual, su acero brill en el aire, por dos veces. Y la cara de Iigo comenz a sangrar. Dos hilillos de sangre le fluyeron desde la frente hasta la barbilla, cada uno de ellos le recorri las mejillas. Todos aquellos que presenciaban la escena lo supieron al instante: el muchacho haba quedado marcado de por vida.Iigo no se dobleg. El mundo se le qued en blanco, pero no cay al suelo. La sangre continu manando. El noble enfund la espada, mont a caballo y se march.Slo entonces, Iigo dej que la oscuridad se apoderara de l.Despert viendo el rostro de Yeste.Fui derrotado dijo Iigo. Le he fallado.Duerme fue todo lo que Yeste pudo decirle.Iigo durmi. La hemorragia par al cabo de un da, y el dolor, al cabo de una semana. Sepultaron a Domingo, e Iigo abandon Arabella por primera y ltima vez. Con la cara vendada, viaj en el carruaje de Yeste hasta Madrid; all vivi en casa del espadero y obedeci sus rdenes. Al cabo de un mes le quitaron las vendas, pero las cicatrices seguan teniendo un color rojo oscuro. Con el tiempo, se le aclararon un poco, pero continuaron siendo el rasgo principal del rostro de Iigo: las enormes cicatrices paralelas que le recorran ambas mejillas, de la frente a la barbilla. Yeste se ocup de l durante dos aos.Y una buena maana, Iigo se march. Dej una nota prendida con un alfiler a su almohada; slo dos palabras: Debo aprender.Aprender, qu? Qu poda haber fuera de Madrid que aquel nio tuviera que sepultar en su memoria? Yeste se encogi de hombros y suspir. Era algo incomprensible. Ya no haba quien pudiera entender a los jvenes. Todo cambiaba demasiado de prisa y los jvenes eran distintos. Ese hecho le superaba. l era un hombre gordo que haca espadas. Era lo nico que saba.Y continu haciendo espadas, y engordando, y los aos fueron pasando. Y mientras su figura se iba ensanchando, lo mismo hizo su fama. Venan de todas partes del mundo a suplicarle que les hiciera espadas; duplic los precios porque ya no quera trabajar tanto, se estaba haciendo viejo: pero cuando duplic los precios, cuando corrieron los rumores del duque al prncipe y de ste al rey, todo el mundo lo busc con ms desesperacin. Ahora tenan que esperar dos aos para conseguir una espada y la cola de miembros de la realeza era interminable. Yeste comenz a cansarse, de modo que volvi a duplicar los precios, y cuando vio que con eso no se detenan, decidi triplicar los que ya haba duplicado y reduplicado y, adems, exigi cobrar los trabajos por adelantado y en joyas, y la espera era de tres aos, pero nada los disuada. Deban tener espadas hechas por Yeste o nada, y aunque su trabajo ya no era tan fino como haba sido (depus de todo, Domingo ya no poda acudir en su auxilio), los tontos ricachones no lo notaron. Lo nico que queran eran sus armas, y se peleaban para ver quin le daba ms joyas.Yeste se hizo inmensamente rico.E inmensamente grueso.Las carnes le colgaban por todas partes. Y era el nico en Madrid que tena pulgares gordos. Para vestirse necesitaba una hora, para desayunar lo mismo; todo era muy lento.Pero todava poda hacer espadas. Y la gente segua desendolas vehementemente.Lo siento le dijo al joven espaol que entr en su tienda una maana. Tendris que esperar cuatro aos y me avergenza deciros el precio. Id a otro para que os haga el arma.Ya tengo un arma repuso el espaol.Y lanz sobre la mesa de trabajo de Yeste la espada con empuadura para seis dedos.Qu abrazos.No vuelvas a marcharte le dijo Yeste. Como demasiado cuando estoy solo.No puedo quedarme le dijo Iigo. Slo he venido para hacerte una pregunta. Como ya sabes, me he pasado los ltimos diez aos aprendiendo. Y ahora he venido para que me digas si estoy preparado.Preparado? Para qu? Qu diablos has estado aprendiendo?Esgrima.Es una locura repuso Yeste. Has dedicado diez aos enteros slo a aprender esgrima?No, no slo a aprender esgrima replic Iigo. Hice muchas cosas ms.Cuntame.Vers comenz a decir Iigo, qu son diez aos? Unos tres mil seiscientos das. Que son unas.... lo calcul una vez, por eso me acuerdo bien..., unas ochenta y seis mil horas. Me puse por objetivo dormir slo cuatro horas por noche. O sea que debemos restar catorce mil horas, y quedan aproximadamente unas setenta y dos mil horas a mi disposicin.Dormiste. Me parece bien. Y qu ms?Pues apret piedras.Perdona, a veces me falla el odo. Me pareci or que decas que apretaste piedras.Para fortalecer las muecas, y poder controlar la espada. Piedras del tamao de una manzana. Me pasaba dos horas diarias apretando una piedra en cada mano. Y dedicaba otras dos ms a saltar a cuerda y a hacer fintas y a moverme de prisa, para que mis pies pudieran colocarme en la posicin correcta e imprimirle a la espada la fuerza adecuada. En eso se me fueron otras catorce mil horas. Me quedan ahora cincuenta y ocho mil. Dedicaba dos horas diarias a correr tan rpido como me era posible, para que mis piernas, adems de ser veloces, fueran fuertes. Y ahora me quedan cincuenta mil horas.Yeste examin al joven que tena delante. Estaba delgado como la hoja de una espada, y meda un metro ochenta. Erguido como un rbol joven, tena los ojos brillantes y tensos; incluso estando inmvil, pareca veloz como un galgo.Y esas ltimas cincuenta mil horas? Tambin las dedicaste a aprender esgrima?Iigo asinti.Dnde?Dondequiera que encontrase un maestro. En Venecia, en Brujas, en Budapest.Podra haberte enseado yo aqu.Es cierto. Pero t me tienes aprecio. No habras sido despiadado. Habras dicho: Excelente parada, Iigo, ya basta por hoy; vamos a comer.Pues s, es lo que te habra dicho reconoci Yeste. Pero por qu era tan importante? Por qu ha merecido tantos aos de tu vida?Porque no poda volver a fallarle.Fallarle a quin?A mi padre. Me he pasado todos estos aos preparndome para encontrar al hombre de los seis dedos y matarlo en un duelo. Pero l es un maestro, Yeste. Eso dijo, y vi la forma en que su espada mat a Domingo. Cuando lo encuentre, no debo perder ese duelo, por eso he venido a verte. Conoces las espadas y los espadachines. No debes mentirme. Estoy preparado? Si me dices que s, lo buscar por todo el mundo. Si me dices que no, dedicar otros diez aos y otros diez ms, si hace falta, hasta que lo consiga.Entonces se fueron al patio de Yeste. Eran las ltimas horas de la maana. Haca calor. Yeste coloc una silla a la sombra y se acomod en ella, Iigo esper al sol.No hace falta que pongamos a prueba tu deseo, y ya sabemos bien que tienes motivos suficientes para asestar el golpe de muerte le dijo Yeste. Por lo tanto, slo hemos de poner a prueba tus conocimientos, tu velocidad y tu vigor. Para esto no necesitamos un enemigo. El enemigo est siempre en la mente. Imagnatelo.Iigo desnud la espada.El hombre de los seis dedos se mofa de ti grit Yeste. Haz lo que puedas.Iigo comenz a dar brincos por el patio, mientras la hoja de la gran espada brillaba.Utiliza la defensa de Agrippa grit Yeste.De inmediato, Iigo cambi de posicin, y le imprimi una mayor velocidad a su acero.Ahora te sorprende con el ataque de Bonetti.Pero a Iigo no le dur mucho la sorpresa. Sus pies volvieron a moverse; coloc el cuerpo de distinta manera. El sudor le corra por el cuerpo delgado y la gran espada era cegadora. Yeste sigui gritando. Iigo sigui movindose. La espada no paraba nunca.A las tres de la tarde, Yeste le dijo:Ya es suficiente. Estoy exhausto de tanto mirarte.Iigo envain la espada con empuadura para seis dedos y esper.Deseas saber si creo que ests preparado para enfrentarte en un duelo a muerte a un hombre lo bastante despiadado como para haber matado a tu padre, lo bastante rico como para comprar la proteccin necesaria, un hombre mayor y experimentado, un maestro reconocido.Iigo asinti.Te dir la verdad, y a ti te corresponde decidir si quieres o no vivir con ella. En primer lugar, nunca ha habido un maestro tan joven como t. Hace falta tener por lo menos treinta aos antes de alcanzar el ttulo, y t apenas tienes veintids. Pues bien, la verdad es que eres un muchacho impetuoso impulsado por la locura y no eres ni sers jams un maestro.Gracias por la franqueza dijo Iigo. Debo admitir que esperaba mejores noticias. Me resulta muy difcil hablar en estos momentos, si me disculpas, me tengo que...No he terminado dijo Yeste.Qu ms te queda por decir?Quera muchsimo a tu padre, eso t ya lo sabes, pero lo que voy a decirte no lo sabas: cuando ramos muy jvenes, todava no habamos cumplido los veinte, vimos actuar con nuestros propios ojos a Bastia, el fenmeno corso.No conozco a ningn fenmeno.En esgrima, es el ttulo que est por encima del de maestro le explic Yeste Bastia fue el ltimo en ostentar el ttulo. Muri en alta mar mucho antes de que t nacieras. Desde su desaparicin no ha habido ms fenmenos, y t jams habras sido capaz de derrotarlo. Pero te dir una cosa: l jams te habra derrotado a ti.Iigo se qued callado durante un largo rato.Entonces estoy preparado.No me gustara estar en el lugar del hombre de los seis dedos fue todo lo que Yeste le dijo.A la maana siguiente, Iigo comenz la bsqueda. Lo haba planificado todo con sumo cuidado. Encontrara al hombre de seis dedos. Se le acercara y le dira sencillamente: Hola, me llamo Iigo Montoya, t mataste a mi padre, dispnte a morir, y entonces, oh, entonces, comenzara el duelo.Era un plan muy bonito. Simple, directo. Sin filigranas. Al principio, Iigo haba ideado todo tipo de locas venganzas, pero poco a poco, la sencillez le haba parecido lo mejor. Al principio, imaginaba todo tipo de escenas: el enemigo llorara y suplicara, el enemigo se rebajara y llorara, el enemigo intentara sobornarlo, utilizara argumentos sensibleros y actuara de forma poco caballerosa. Pero con el tiempo, todas estas ideas tambin cedieron a la sencillez: el enemigo se limitara a decirle: Ah, s, recuerdo haberlo matado; ser un placer matarte a ti tambin.Iigo slo tena un problema: no encontraba al enemigo.Jams se le haba ocurrido pensar que tendra la ms mnima dificultad. Al fin y al cabo, cuntos nobles poda haber que tuvieran seis dedos en la mano derecha? Sin duda, aquel detalle sera algo conocido por sus allegados. Unas cuantas preguntas como: Disculpadme, no estoy loco, pero no habris visto ltimamente un noble de seis dedos?. Y, seguramente, tarde o temprano, alguien le contestara que s.Pero aquel s no lleg temprano.Y las cosas que ocurren tarde no son sas por las que se desea contener la respiracin.El primer mes no fue tan desalentador. Iigo recorri toda Espaa y Portugal. El segundo mes viaj a Francia y se pas all el resto del ao. El ao siguiente a aqul fue su ao italiano, y despus siguieron Alemania y Suiza.Slo al cabo de cinco aos de completo fracaso comenz a preocuparse. Para entonces, haba visto todos los Balcanes y gran parte de Escandinavia y haba estado en Florn, y visitado a los nativos de Guilder, y haba estado en la madre Rusia y, poco a poco, haba recorrido todo el Mediterrneo.Para entonces, ya saba lo que haba ocurrido: diez aos de aprendizaje haban sido demasiados; haban ocurrido demasiadas cosas. Probablemente, el hombre de seis dedos se habra marchado de viaje a Asia.O se estara enriqueciendo en Amrica. O se habra convertido en un ermitao de la Indias Orientales. O.... o...Habra muerto?A los veintisiete aos, Iigo comenz a tomar por las noches unas cuantas copas ms de vino, para ayudarse a conciliar el sueo. A los veintiocho, se tomaba unas cuantas copas ms para ayudarse a digerir el almuerzo. A los veintinueve, el vino le resultaba indispensable para despertarse por las maanas. El mundo se le vena abajo. No slo viva en un perpetuo fracaso, sino que adems, le estaba ocurriendo algo igual de espantoso:La esgrima comenzaba a aburrirle.Era, sencillamente, demasiado bueno. En sus viajes, se ganaba la vida buscando al campen local del lugar donde se encontraba, y se enfrentaba a duelo; Iigo lo desarmaba y aceptaba lo que hubiesen apostado. Y con sus victorias, se pagaba la comida, el alojamiento y el vino.Pero los campeones locales no eran nada. Incluso en las grandes ciudades, los expertos locales no eran nada. Tampoco en las capitales, los maestros locales eran nada. No haba competencia, nada que le ayudara a mantener el estmulo. Su vida comenz a carecer de sentido, igual que su bsqueda, todo, todo careca de razn.A los treinta renunci al fantasma. Dej de buscar, se olvid de comer, dorma slo de vez en cuando. El vino era su nica compaa y eso le bastaba.Era una concha. La mquina de esgrima ms grande desde el fenmeno corso apenas practicaba con la espada.En esas condiciones se encontraba cuando el siciliano dio con l.Al principio, el diminuto jorobado se limit a suministrarle vino ms fuerte. Pero ms tarde, a travs de una combinacin de elogios y llamadas de atencin, el siciliano comenz a alejarlo de la botella. Porque el siciliano tena un sueo: con su astucia, la fuerza del turco y la espada del espaol, podran convertirse en la organizacin criminal ms efectiva del mundo civilizado.Que es precisamente en lo que se convirtieron.En los lugares ms recnditos, sus nombres resultaban ms dolorosos que el propio miedo; todo el mundo tena necesidades difciles de satisfacer. El tropel siciliano (incluso por aquella poca, dos eran compaa y tres, un tropel) se hizo cada vez ms famoso y ms rico. Podan con todo. El acero de Iigo volva a resplandecer ms que nunca como un rayo. Con el transcurso de los meses, la fuerza del turco se hizo ms prodigiosa.Pero el jorobado era el jefe. De eso nunca hubo duda. De no ser por l Iigo an seguira en su anterior condicin: tendido de espaldas, mendigando un poco de vino a la entrada de algn callejn. La palabra del siciliano no slo era ley, sino la verdad indiscutible.De modo que cuando le orden que matara al hombre de negro, las dems posibilidades quedaron borradas de un plumazo. El hombre de negro deba morir...Iigo se pase por el borde del acantilado, chasqueando los dedos. Quince metros ms abajo, el hombre de negro segua subiendo. La impaciencia de Iigo comenzaba a entrar en una ebullicin incontrolable. Se asom para contemplar aquel lento avance. Encontrar una hendidura, meter la mano, encontrar otra hendidura, meter la otra mano; faltaban todava catorce metros. Iigo le dio una sonora palmada a la empuadura de su espada, y comenz a chasquear los dedos ms de prisa. Examin al escalador encapuchado y dese que tuviera seis dedos, pero no; aquel hombre tena el nmero adecuado de apndices.Faltaban ahora trece metros noventa centmetros.Trece metros ochenta centmetros.En, el de abajo! grit Iigo cuando ya no pudo esperar ms.El hombre de negro levant la mirada y lanz un gruido.Os he estado observando.El hombre de negro asinti.Un poco lento, no?No quiero parecer descorts repuso finalmente el hombre de negro, pero en estos momentos estoy bastante ocupado, o sea que procurad no distraerme.Lo siento dijo Iigo.El hombre de negro lanz otro gruido.Imagino que no podis daros prisa coment Iigo.Si queris que me d prisa repuso el hombre de negro visiblemente enfadado, podrais lanzarme una cuerda o alcanzarme una rama o buscar alguna otra cosa til con que ayudarme.S, podra convino Iigo. Pero no creo que aceptarais mi ayuda, porque os estoy esperando para mataros.Eso constituye un obstculo en nuestra relacin dijo el hombre de negro. Me temo que tendris que esperar.Faltaban doce metros noventa centmetros.Podra daros mi palabra de espaol le dijo Iigo.No me sirve de nada replic el hombre de negro. He conocido a demasiados espaoles.Me estoy volviendo loco aqu arriba le dijo Iigo.Cuando queris que cambiemos de sitio, aceptar encantado.Once metros setenta centmetros.Y un descanso.El hombre de negro colgaba en el vaco, con los pies en el aire, y sostena todo el peso de su cuerpo con la fuerza de la mano metida en la hendidura.Vamos, continuad le suplic Iigo.Ha sido muy duro le explic el hombre de negro, y estoy cansado. Dentro de un cuarto de hora ms o menos, me encontrar estupendamente.Un cuarto de hora ms! Inconcebible.Os dir una cosa. Tenemos un trozo de cuerda extra aqu arriba que no utilizamos en nuestra escalada, os la lanzar para que la cojis y tirar de ella para...No me sirve de nada repiti el hombre de negro. Podrais tirar de la cuerda, pero tambin podrais limitaros a soltarla, y como tenis tanta prisa por matarme, sera una forma muy rpida de terminar la faena.Jams os habrais enterado de que iba a mataros si yo no os lo hubiera dicho. Acaso no os indica esto que soy de fiar?Espero que no os sintis ofendido, pero, francamente, no.No hay manera de que confiis en m?No se me ocurre nada.De pronto, Iigo levant bien alta su mano derecha y exclam:Juro por el alma de Domingo Montoya que llegaris vivo a la cima!

El hombre de negro permaneci largo rato en silencio. Luego, mir hacia arriba.No conozco al tal Domingo, pero algo en vuestro tono me dice que debo creeros. Lanzadme la cuerdaIigo se apresur a atarla alrededor de una roca y a lanzarla hacia abajo. El hombre de negro la aferr, y colg suspendido en el vaco. Iigo tir de la cuerda. En un instante, el hombre de negro se encontr junto a l.Gracias dijo el hombre de negro, y se dej caer sobre la roca.Iigo se sent a su lado.Esperaremos hasta que estis dispuesto le dijo.El hombre de negro inspir profundamente.Gracias de nuevo.Por qu nos habis seguido?Porque llevis un equipaje muy valioso.No tenemos intenciones de vender repuso Iigo.Eso es asunto vuestro.Y el vuestro?El hombre de negro no contest.Iigo se puso en pie y se alej para estudiar el terreno sobre el que lucharan. Era una esplndida meseta, llena de rboles, alrededor de los cuales se podan esquivar los lances, y de races en las que dar traspis, y de pequeas piedras en las cuales perder el equilibrio, y de peascos de los cuales saltar si se era lo bastante veloz para subirse a ellos; y, baando todo el paraje, la luz de la luna, Iigo decidi que no se poda pedir un terreno de prueba para un duelo ms adecuado que aqul. Lo tena todo, hasta los maravillosos Acantilados en un extremo, ms all de los cuales se encontraba la estupenda cada de trescientos metros, algo a tener en cuenta siempre al planificar la tctica. Era perfecto. Realmente un lugar perfecto.Siempre y cuando el hombre de negro conociera el manejo de la espada.Y lo conociera muy bien.Iigo hizo entonces lo que haca siempre antes de un duelo: sac de su vaina la enorme espada y se pas la hoja dos veces por el rostro, una vez a lo largo de una cicatriz, y otra vez a lo largo de la otra cicatriz.Despus, estudi al hombre de negro. Un estupendo marinero, no caba duda; un fantstico escalador, estaba claro; sin duda, valiente.Pero sabra manejar la espada?Sabra manejarla muy bien?Por favor, ojal que s, pens Iigo. Hace tanto tiempo que no me ponen a prueba, ojal que este hombre pueda hacerlo. Ojal que sea un espadachn maravilloso. Ojal que sea veloz y ligero, fuerte e inteligente. Ojal que tenga una mente hecha para la tctica, y una formacin igual a la ma. Ojal, ojal... Hace tanto tiempo! Ojal sea un maestro!Ya he recuperado el aliento dijo el hombre de negro desde la roca donde se haba sentado. Gracias por haberme dejado descansar.Ser mejor que acabemos de una vez sentenci Iigo.El hombre de negro se incorpor.Parecis una persona decente dijo Iigo. Detesto mataros.Parecis una persona decente repuso el hombre de negro. Detesto morir.Pero uno de los dos debe hacerlo dijo Iigo. Comenzad.Al decir eso, desenvain la espada con empuadura para seis dedos y se la cogi con la mano izquierda.En los ltimos tiempos haba comenzado todos sus duelos con la mano izquierda. Constitua una buena prctica, y aunque era el nmero uno luchando con la mano derecha, la que normalmente utilizaba, con la izquierda resultaba algo ms aceptable. Cuando luchaba con sta, estaba entre los treinta mejores. Quiz esa cifra alcanzara los cincuenta, o tal vez apenas llegase a diez.El hombre de negro tambin era zurdo y eso entusiasm a Iigo, porque todo resultaba ms justo. Su debilidad se enfrentaba a la fuerza del otro hombre. Mejor que mejor.Se pusieron en guardia y el hombre de negro comenz de inmediato la defensa de Agrippa, cosa que Iigo consider acertada, si tena en cuenta el terreno rocoso, pues la defensa de Agrippa permita mantener los pies firmes al principio y reducan al mnimo las posibilidades de resbalar. Naturalmente, l respondi con un Capo Ferro que sorprendi al hombre de negro, pero se defendi bien, abandon raudo la defensa de Agrippa y pas al ataque, utilizando los principios de Thibault.Iigo no tuvo ms remedio que sonrer. Haca tiempo que nadie usaba contra l la ofensiva, que le result emocionante! Dej que el hombre de negro avanzara, que se envalentonase, para lo cual se retir con gracia entre dos rboles, y para evitar daos utiliz la defensa Bonetti.Entonces, sus piernas reaccionaron y se coloc detrs del rbol ms cercano; el hombre de negro no esperaba esa rapidez y tard en recuperarse. Iigo sali como un rayo de detrs del rbol y pas al ataque, el hombre de negro se retir, tropez, recuper el equilibrio y continu luchando.Iigo qued impresionado por la rapidez con que haba recuperado el equilibrio. La mayora de los hombres con la misma constitucin que su contrincante habran cado, o al menos, se habran aguantado con una mano. Pero el hombre de negro, no; se limit a dar un rpido paso, a erguir el cuerpo con un esfuerzo y a continuar luchando.En esos momentos se acercaban al borde de los Acantilados, y gran parte de los rboles se encontraba detrs de ellos. Lentamente el hombre de negro se vio obligado a dirigirse hacia un grupo de enormes peascos, porque Iigo ansiaba comprobar cmo se mova cuando el terreno era escaso, cuando no se poda avanzar ni quitar con total libertad. Iigo sigui avanzando y al instante, ambos estuvieron rodeados de peascos. De repente, Iigo se abalanz contra una roca cercana, rebot en ella con una fuerza increble y sali despedido a una velocidad sorprendente.Recibi la primera herida.Haba tocado al hombre de negro, lo haba rozado apenas en la mueca izquierda. Un araazo, nada ms, pero sangraba.De inmediato, el hombre de negro se puso en retirada, alejndose de los peascos, para volver al terreno abierto y llano de la meseta. Iigo lo sigui, sin molestarse en impedir la retirada de su contrincante; ya tendra tiempo para eso despus.Fue entonces cuando el hombre de negro lanz su mejor ataque. Lo hizo sin previo aviso, y la velocidad y la fuerza que emple fueron aterradoras. La hoja de su espada brill a la luz una y otra vez, y al principio, Iigo se senta demasiado encantado como para retroceder. No estaba del todo familiarizado con el estilo del ataque; en gran parte utilizaba el movimiento McBone, aunque con toques de Capo Ferro, y continu retrocediendo mientras se concentraba en el enemigo, pensando en la mejor manera de parar el ataque.El hombre de negro sigui avanzando, e Iigo advirti que se estaba acercando cada vez ms al borde de los Acantilados, pero eso le traa sin cuidado. Lo importante era ser ms listo que el enemigo, descubrir sus debilidades, dejar que viviera su momento de jbilo.De pronto, a medida que se acercaba cada vez ms al borde de los Acantilados, Iigo descubri el fallo del ataque iniciado por su enemigo; una sencilla maniobra Thibault lo destruira por completo, pero no quera acabar tan pronto. Dejara que su contrincante gozara un poco ms del triunfo; la vida otorga tan pocos.Los Acantilados estaban casi a sus espaldas.Iigo sigui retrocediendo; el hombre de negro sigui avanzando.Entonces, Iigo respondi con el movimiento Thibault.Y el hombre de negro lo bloque.Lo bloque!Iigo repiti el movimiento Thibault y volvi a fallarle. Pas a Capo Ferro, prob con el Bonetti y despus con el Fabris; desesperado, comenz un movimiento que slo haba utilizado Sainct dos veces.No funcionaba nada!El hombre de negro segua atacando.Y el borde de los Acantilados estaba ah cerca.Iigo jams senta pnico..., pues nunca haba estado en situacin de sentirlo. Pero tom rpidamente algunas decisiones ya que no haba tiempo para reflexiones profundas, y lo que decidi fue que aunque detrs de los rboles el hombre de negro reaccionaba con lentitud a los embates, y no demasiado bien entre los peascos, cuando la libertad de movimientos era escasa, en terreno abierto, donde haba espacio suficiente, era el terror. Un terror zurdo y con mscara negra.Sois excelente dijo Iigo.Uno de sus pies descansaba en el borde del precipicio. Ya no poda seguir retrocediendo.Gracias repuso el hombre de negro. He trabajado mucho para llegar a esto.Sois mejor que yo reconoci Iigo.Eso parece. Pero si en realidad es as, por qu sonres?Porque s algo que vos ignoris respondi Iigo.Qu es? inquiri el hombre de negro.No soy zurdo respondi Iigo.Dicho eso, lanz la espada para seis dedos hacia la mano derecha y se volvieron las tornas.El hombre de negro retrocedi ante los embates de la enorme espada. Intent desplazarse de lado, parar los golpes, huir de alguna manera al destino ya inevitable. Pero no hubo manera. Logr quitar cincuenta golpes; el quincuagsimo primero sigui camino y ahora le sangraba el brazo izquierdo. Logr desviar treinta estocadas de contragolpe, pero la trigsima primera lo venci, y ahora tambin le sangraba el hombro.Las heridas todava no eran graves, pero continuaron producindose a medida que se iban moviendo por las piedras, hasta que el hombre de negro se encontr rodeado de rboles, cosa muy mala para l, de manera que huy ante el ataque furioso de Iigo, y volvi al espacio abierto. Pero Iigo sigui avanzando, imparable, y, entonces, el hombre de negro volvi a encontrarse entre los peascos, cosa que para l era mucho peor que los rboles; lanz un grito de frustracin y prcticamente ech a correr otra vez hacia el espacio abierto.Pero no haba manera de doblegar al fenmeno y, poco a poco, los letales Acantilados volvieron a convertirse en un factor en lucha, slo que en ese momento era el hombre de negro el que se vea enfrentado a la muerte. Era valiente, fuerte, pero no se dobleg ante las heridas y no suplic compasin: tras la mscara negra no se adivinaba temor alguno.Sois asombroso grit, al ver que Iigo aumentaba la ya cegadora velocidad de sus estocadas.Gracias. Mi esfuerzo me ha costado.Se acercaba el momento de la muerte, Iigo embisti hacia adelante una y otra vez, y una y otra vez el hombre de negro logr contrarrestar los ataques, pero cada vez le costaba ms; la fuerza de las muecas de Iigo era inagotable; la furia de sus estocadas fue en aumento y el hombre de negro comenz a debilitarse.No podis notarlo le dijo entonces, porque llevo una capa y una mscara. Pero estoy sonriendo.Por qu?Porque yo tampoco soy zurdo repuso el hombre de negro.Y l tambin cambi la espada de mano; por fin comenzaba la verdadera batalla.Iigo comenz a retroceder.Quin sois? grit.Nadie importante. Un amante ms de la espada.Debo saberlo!Acostumbraos a la decepcin.Como el rayo, recorrieron la meseta abierta y las dos espadas se tornaron invisibles... Oh, cmo tembl la tierra! Oooh, cmo se estremecieron los cielos! Iigo estaba perdiendo. Intent dirigirse hacia los rboles, pero el hombre de negro no se lo permiti. Intent retroceder hasta los peascos, pero el hombre de negro le neg ese consuelo.Por impensable que pareciera, en terreno abierto, el hombre de negro era superior aunque no mucho. Pero en infinidad de pequeos detalles, resultaba de una calidad ligeramente superior. Un poquitn ms veloz, mnimamente ms fuerte, aunque tampoco mucho.Pero con eso bastaba.Se encontraron en el centro de la meseta para el asalto final. Ninguno de los dos hizo concesiones. Aument el sonido de metal contra metal. Un estallido final de energa recorri las venas de Iigo y realiz los mximos esfuerzos; ech mano de todos los trucos, utiliz cada hora de cada da de todos sus aos de experiencia. Pero result bloqueado. Por el hombre de negro. Qued cercado. Por el hombre de negro. Estaba abrumado, sitiado, asediado.Derrotado.Por el hombre de negro.Un golpecito final y la gran espada con empuadura para seis dedos sali volando de su mano. Iigo qued indefenso. Entonces, cay de rodillas, inclin la cabeza y cerr los ojos.Hacedlo de prisa dijo.Preferira perder las manos antes que matar a un artista como vos replic el hombre de negro. Sera como destruir a Da Vinci. Sin embargo y en este punto golpe a Iigo en la cabeza con la parte ms ancha de su espada, como tampoco puedo permitir que me sigis, os ruego que comprendis que siento por vos el ms enorme de los respetos.Le asest otro golpe ms y el espaol cay al suelo desmayado. El hombre de negro se apresur a atar a Iigo a un rbol y lo dej all, inconsciente e indefenso.Envain la espada, busc el rastro del siciliano, y veloz, se intern en la noche...Ha derrotado a Iigo! exclam el turco.ste no estaba demasiado seguro de si deseaba crerselo o no, pero s convencido de que se trataba de una triste noticia, porque Iigo le caa bien. Iigo era el nico que no se rea cuando Fezzik le peda que jugaran a las rimas.Avanzaban a toda prisa por el sendero montaoso en direccin a la frontera de Guilder. El sendero era estrecho y estaba sembrado de piedras como bolas de can; por lo tanto, al siciliano le costaba sangre, sudor y lgrimas mantener el ritmo. Fezzik transportaba sobre los hombros la ligera carga de Buttercup; la muchacha segua atada de pies y manos.No te he odo, reptemelo grit el siciliano.Fezzik esper a que el jorobado lo alcanzase.Lo ves? inquiri Fezzik sealando a lo lejos. Mucho ms abajo, al pie del sendero montaoso, vieron correr al hombre de negro. Iigo ha sido derrotado.Inconcebible! rugi el siciliano.Fezzik nunca se atreva a contrariar al jorobado.Soy muy estpido dijo Fezzik asintiendo, Iigo no ha sido vencido por el hombre de negro, sino todo lo contrario. Y para probarlo, se ha puesto su ropa y tambin su mscara, sus capuchas y sus botas y, adems, ha engordado cuarenta kilos.El siciliano entrecerr los ojos y observ la silueta que corra.Idiota le espet al turco. Despus de tantos aos eres incapaz de reconocer a Iigo cuando lo ves? se no es Iigo.Es que nunca aprendo admiti el turco. Si alguna vez hay algn detalle sobre alguna cosa, puedes estar seguro de que no sabr captarlo.Iigo debe de haber tropezado o le habr tendido un trampa o lo habr derrotado de un modo sucio. Es la nica explicacin concebible.Concebible, creble, pens el gigante. Pero no se atrevi a decirlo en voz alta. Y menos al siciliano. Podra habrselo susurrado a Iigo, a ltimas horas de la noche, pero eso hubiera sido antes de la muerte de Iigo. Tambin podra haber susurrado: impasible, imposible, infalible. sas fueron todas las rimas que acudieron a su mente antes de que el siciliano volviera a hablarle, y eso significaba siempre que l deba prestar la ms estricta de las atenciones. No haba nada que enfureciera ms al jorobado y con tanta rapidez como pescar a Fezzik pensando. Dado que apenas se imaginaba que alguien como Fezzik fuera capaz de pensar, jams le preguntaba qu tena en mente, porque le traa sin cuidado. Si se hubiese enterado de que Fezzik haca rimas, se habra echado a rer y habra encontrado nuevas formas de hacerlo sufrir.Destale los pies orden el siciliano.Fezzik baj a la princesa y desat las cuerdas que le ataban las piernas. Luego le frot los tobillos para que pudiera andar.El siciliano la agarr de inmediato y tir de ella.Renete con nosotros rpidamente dijo el siciliano.Alguna orden en especial? grit Fezzik, al borde del pnico.Detestaba que lo dejaran solo de aquel modo.Acaba con l, acaba con l. El siciliano comenzaba a irritarse. En vista de que Iigo nos ha fallado, procura tener xito.Pero yo no s nada de esgrima, no s cmo utilizar una espada...A tu manera.El siciliano estaba a punto de perder los estribos.Ah, s, bien, a mi manera. Gracias, Vizzini le dijo Fezzik al jorobado. Y, reuniendo todo su valor, agreg: Necesito una sugerencia.Siempre te jactas de lo bien que entiendes la fuerza, de que sta te pertenece. sala, no me importa cmo. Espralo ah detrs le orden sealando hacia una curva pronunciada del sendero montaoso, y aplstale la cabeza como una cascara de huevo.Y con un ademn le indic las piedras del tamao de bolas de can.S, eso har asinti Fezzik. Era fantstico en el lanzamiento de cosas pesadas. Aunque no me parece un estilo demasiado deportivo, verdad?El siciliano perdi el control. Era terrible cuando lo haca. La mayora de la gente se limita a chillar y a pegar botes. Pero Vizzini era diferente: se quedaba muy, pero muy callado y su voz sonaba como si proviniera de una garganta muerta. Sus ojos se volvan como de fuego.Te dir una cosa, y slo voy a decrtela una sola vez: detn al hombre de negro. Detnlo para siempre. Si fallas, no tendrs excusa; me buscar otro gigante.Por favor, no me abandones suplic Fezzik.Pues haz lo que te ordeno.Volvi a coger a Buttercup y, cojeando, subi por el sendero montaoso y se perdi de vista.Fezzik ech un vistazo hacia abajo y vio la silueta que avanzaba a toda velocidad por el sendero. Todava quedaba una buena distancia. Contaba con el tiempo suficiente para practicar. Fezzik levant una piedra del tamao de una bala de can y apunt hacia una hendidura que haba en la montaa, a unos diez metros de donde estaba.Plaf!Justo en el centro.Levant una piedra ms grande y la lanz contra una sombra que haba al doble de distancia.No tan plaf!.Cuatro centmetros a la derecha.Fezzik se sinti razonablemente satisfecho. Aunque fallara por cuatro centmetros, la piedra aplastara igualmente la cabeza si uno apuntaba al centro. Vacilante, busc a su alrededor y encontr una piedra perfecta para el lanzamiento: le caba justo en la mano. Luego, se dirigi a la curva pronunciada del sendero y se refugi en la sombra ms impenetrable. Inadvertido, y sin decir palabra, esper pacientemente con su piedra asesina, contando los segundos que faltaban para que el hombre de negro muriera...FEZZIKLas turcas son famosas por el tamao de los hijos que paren. El nico feliz recin nacido que lleg a pesar ms de once kilos al nacer fue fruto de un matrimonio del sur de Turqua. Los registros de los hospitales turcos relacionan un total de once nios que pesaron ms de nueve kilos al nacer. Y de otros noventa y cinco ms que pesaron entre siete y nueve kilos. Ahora bien, cada uno de estos ciento seis querubines haca lo que hacen todos los nios al nacer: perder entre doscientos y trescientos gramos, y tardar casi una semana en volver a recuperar peso. Para ser ms exactos, ciento cinco de esos nios perdieron peso poco despus del nacimiento.Pero Fezzik, no.Durante la primera tarde del da de su nacimiento, aument casi medio kilo. (Dado que slo haba pesado siete kilos al nacer, y como su madre haba dado a luz con dos semanas de anticipacin, los mdicos no se preocuparon en exceso. Es porque se te ha adelantado el parto dos semanas, le explicaron a la madre de Fezzik. Eso lo explica todo. En realidad, no explicaba nada, pero cuando hay algo que despista a los mdicos, cosa que ocurre con ms frecuencia de la que cualquiera de nosotros pensamos, siempre echan mano de comentarios relacionados con el caso en cuestin y luego agregan: Eso lo explica todo. O bien: Pues como en el momento del parto llova, este sobrepeso no es ms que exceso de agua, he aqu la explicacin.)A los seis meses de vida, un beb sano duplica el peso que tena al nacer, y al cabo del ao, lo triplica. Cuando Fezzik cumpli un ao, pesaba treinta y ocho kilos. No era gordo, a ver si me entendis. Tena todo el aspecto de un nio fuerte y normal de treinta y ocho kilos. Aunque no tan normal, en realidad. Para contar slo un ao era bastante peludo.Cuando tuvo edad para asistir al parvulario, ya estaba en condiciones de afeitarse. Era grande como un hombre normal y los dems nios le hacan la vida imposible. Naturalmente, al principio, le tenan un miedo de muerte (incluso por entonces Fezzik tena un aspecto fiero), pero cuando se enteraron de que era un miedica, pues bien, no iban a dejar escapar un oportunidad as,Chulo, chulo le gritaban a Fezzik, a manera de provocacin, durante el recreo que hacan por las maanas para tomar el yogur.No soy chulo les contestaba Fezzik en voz alta.(Pero para s murmuraba: Nulo, nulo. Jams se atrevera a considerarse poeta, porque no era nada de eso; slo le gustaban las rimas. Todo lo que oa lo rimaba para sus adentros. Algunas veces, las rimas tenan sentido, otras, no. Fezzik nunca se preocup demasiado por el sentido; lo nico que le importaba era el sonido.)Cobarde.Aguarde.No soy cobarde.Entonces, pelea le deca uno de ellos, y golpeaba a Fezzik en el estmago con todas sus fuerzas, con la confianza de que el gigante se limitara a lanzar un uuf y quedarse ah parado, porque por ms cosas que le hiciesen nunca devolva los golpes.Uuf.Otro golpe. Y otro. Un buen puetazo en los rones, quiz. Tal vez una patada en la rodilla. Aquello continuaba as hasta que Fezzik rompa a llorar y sala corriendo.Un da, en su casa, el padre de Fezzik le orden:Ven aqu.Como de costumbre, Fezzik obedeci.Scate las lgrimas le dijo su madre.Dos nios acababan de propinarle una buena paliza. Como pudo, dej de llorar.Fezzik, esto no puede continuar as le dijo su madre. Deben dejar de meterse contigo.Enfurecerse contigo.No me importa demasiado dijo Fezzik.Pues debera importarte le dijo su padre. Era carpintero y tena unas manos enormes. Ven aqu fuera. Te ensear a pelear.Por favor, no, no quiero...Obedece a tu padre.En tropel, salieron al patio trasero.Vamos a ver, cierra el puo le orden su padre.Fezzik lo hizo lo mejor que pudo.El padre mir a la madre y luego levant la vista al cielo.Ni siquiera sabe cerrar el puo dijo el padre.Pero ya lo intenta, slo tiene seis aos; no seas tan duro con l.El padre de Fezzik quera mucho a su hijo y trat de no levantar la voz para que Fezzik no volviera a echarse a llorar. Pero no le result fcil.Cario dijo el padre de Fezzik, mira, cuando cierras el puo, no se coloca el pulgar dentro de los dems dedos, sino que se coloca fuera de los otros dedos, porque si lo colocas dentro y golpeas a alguien, te lo vas a romper, y eso no est bien, porque cuando golpeas a alguien de lo que se trata es de hacerle dao al otro y no a ti mismo.Abismo.No quiero hacerle dao a nadie, papato.No quiero que le hagas dao a nadie, Fezzik. Pero si sabes cmo cuidarte, y ellos saben que t sabes, no te molestarn ms.Manifestarn.No me importa demasiado.A nosotros, s dijo su madre. Fezzik, no deberan meterse contigo, slo porque debes afeitarte.Volvamos a lo del puo dijo su padre. Ya lo has aprendido?Fezzik volvi a cerrar el puo, esta vez con el pulgar hacia afuera.Aprende de prisa el nio dijo su madre.Quera a su hijo tanto como el padre.Y ahora golpame le orden el padre.No pienso hacerlo.Golpea a tu padre, Fezzik.Quiz no sepa cmo golpear dijo el padre.Quiz no dijo la madre de Fezzik meneando la cabeza con pena.Fjate, cario dijo el padre. Lo ves? Es fcil. Tienes que cerrar el puo como ya te he enseado y despus, debes llevar el brazo un poquitn hacia atrs, apuntas hacia donde quieres golpear y lanzas el puetazo.Demustrale a tu padre que aprendes de prisa dijo la madre. Cierra el puo y encjale un buen golpe.Fezzik lanz un puetazo al brazo de su padre.El padre de Fezzik volvi a mirar al cielo, lleno de frustracin.Te ha dado cerca del brazo se apresur a comentar la madre, antes de que el rostro de su hijo se entristeciera. No est mal para ser la primera vez, Fezzik; dile que lo ha hecho bien para ser la primera vez le orden a su marido.El golpe fue ms o menos en la direccin correcta logr decir el padre, y si me hubiese encontrado un metro ms hacia el oeste habra estado perfecto.Estoy muy cansado protest Fezzik. Uno se cansa cuando aprende tanto en tan poco tiempo. Al menos yo. Por favor, puedo marcharme?Todava no dijo la madre.Cario, por favor, pgame, pgame de verdad, intntalo. Eres un nio listo; dame un buen puetazo suplic el padre.Maana, papato, te lo prometo.Comenzaban a saltarle las lgrimas.Fezzik, llorar no te servir de nada estall el padre. No te servir ni conmigo ni con tu madre. Hars lo que yo te ordene, y te ordeno que me golpees, y si para eso tenemos que quedarnos aqu toda la noche o incluso toda la semana, lo hacemos y si... P

A

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F!!!(Todo esto ocurri antes de que existieran los servicios de urgencia y realmente fue una pena, al menos para el padre de Fezzik, porque despus de que Fezzik le lanzara el puetazo, no pudieron llevarlo a ninguna parte ms que a su cama, donde permaneci acostado, con los ojos cerrados durante un da y medio, salvo cuando apareci el lechero para arreglarle la mandbula fracturada... Esto no ocurri antes de que existieran los mdicos, pero en Turqua todava no haban logrado ampliar su campo de accin a los huesos; los lecheros seguan siendo los encargados de arreglar los huesos, pues la lgica dictaba que dado que la leche era tan buena para los huesos, quin iba a saber ms de huesos rotos que un lechero?)Cuando el padre de Fezzik logr abrir los ojos, los tres tuvieron una conversacin familiar.Eres muy fuerte, Fezzik le dijo su padre.(En realidad, esto no es del todo cierto. Lo que su padre quiso decirle fue: Eres muy fuerte, Fezzik. Pero lo que realmente logr expresar fue: Zzzz zzz zzzzzz, Zzzzzz. Porque desde que el lechero le sold las mandbulas con alambre, la nica letra que lograba pronunciar era la z. Pero como tena un rostro muy expresivo, su esposa lograba entenderle a la perfeccin.)Ha dicho que eres muy fuerte, Fezzik.Eso crea yo repuso Fezzik. El ao pasado, un da que estaba muy enfadado, golpe un rbol. Y lo derrib. Era un rbol pequeo, pero, de todos modos, me imagin que aquello deba de tener algn significado.Zzzzzz zz zzzzzz zz zzzzzzzzzz, Zzzzzz.Ha dicho que dejar el oficio de carpintero, Fezzik.Oh, no dijo Fezzik. Pronto te pondrs bien, papato; el lechero prcticamente me lo ha asegurado.Zzzzzz zzzzz zz zzz zzzzzzzzzz, Zzzzzz.Ha dicho que quiere dejar de ser carpintero, Fezzik.Y qu har?La madre de Fezzik contest a la pregunta; tanto ella como su esposo se haban pasado casi toda la noche en vela para tomar una decisin.Ser tu representante, Fezzik. La lucha es el deporte nacional de Turqua. Nos haremos ricos y seremos famosos.Pero, mamata, papato, a m no me gusta luchar.El padre de Fezzik tendi la mano y le dio a su hijo unas suaves palmaditas en la rodilla.Zzzzz zzzzzzzzzzz dijo.Ser maravilloso tradujo la madre.Fezzik se ech a llorar.El primer encuentro profesional fue en la aldea de Sandiki, un caluroso domingo. A los padres de Fezzik les cost un triunfo lograr que su hijo subiera al cuadriltero. Estaban absolutamente convencidos de que ganaran, porque haban trabajado muchsimo. Haban entrenado a Fezzik durante tres aos enteros antes de acordar que estaba preparado. El padre de Fezzik se encargaba de ensearle la tctica y la estrategia sobre el cuadriltero, mientras que la madre se ocupaba de la dieta y el entrenamiento; nunca haban sido tan felices.Y Fezzik nunca haba sido ms desdichado. Estaba aterrado, asustado, aterrorizado, todo a la vez. Por ms que sus padres le infundieran nimos, se negaba a entrar en la arena. Porque saba una cosa: aunque en su aspecto exterior aparentase veinte aos, lo cierto era que el bigote ya le creca de lo ms bien, en su interior segua siendo un nio de nueve aos al que le encantaba hacer rimar las palabras.No deca. No lo har, no lo har y no podis obligarme.Despus de todo lo que hemos trabajado durante los ltimos tres aos le deca el padre.(A estas alturas tena la mandbula como nueva.)Me har dao! exclamaba Fezzik.La vida es un puro sufrimiento le deca su madre. Y quien te diga lo contrario es porque te quiere vender algo.Por favor, no estoy preparado. Se me olvidan las llaves. No tengo gracia y no ceso de caerme. Es la verdad.Y lo era. Lo nico que en realidad teman sus padres era estar apresurando demasiado a su hijo.Cuando las circunstancias se ponen duras, los duros se ponen a la altura de las circunstancias dijo la madre.Ponte a la altura de las circunstancias, Fezzik le orden el padre.Fezzik no se movi.Escchanos bien, no vamos a amenazarte dijeron los padres de Fezzik ms o menos al unsono. Nos queremos demasiado como para hacer una cosa as. Si no quieres pelear, nadie te obligar. Pero te abandonaremos para siempre.(Quedar solo para siempre era la imagen que Fezzik tena del infierno. Se lo haba comentado a sus padres cuando tena cinco aos.)Entonces marcharon hacia la arena para enfrentarse al campen de Sandiki.Este llevaba once aos ostentando el ttulo, conquistado cuando tena veinticuatro. Era agraciado, de anchos hombros y meda un metro ochenta, apenas quince centmetros ms bajo que Fezzik.Fezzik no tuvo ni una sola posibilidad.Era demasiado torpe; no paraba de caerse y de hacer las llaves hacia atrs, de modo que terminaban siendo cualquier cosa menos llaves. El campen de Sandiki jug con l. Fezzik era lanzado al suelo, o se caa, o tropezaba o se tambaleaba. Siempre se levantaba y volva a intentarlo, pero el campen de Sandiki era demasiado veloz para l, demasiado listo y muy, muy experimentado. El pblico rea, coma baklava y disfrutaba del espectculo.Hasta que Fezzik cogi entre sus brazos al campen de Sandiki.Entonces, el pblico enmudeci.Fezzik lo levant.Ni un ruido.Fezzik apret.Ya basta dijo el padre de Fezzik.Fezzik solt al otro hombre.Gracias le dijo. Eres un estupendo luchador y he tenido suerte.El ex campen de Sandiki lanz una especie de gruido.Levanta los brazos, eres el vencedor le record la madre.Fezzik se qued de pie, en el centro del cuadriltero, con los brazos levantados.Uuuuuu! lo abuche el pblico.Animal.Simio!Gorila!Uuuuuuuuu!!No se quedaron mucho tiempo en Sandiki. En realidad, a partir de entonces, para ellos no era nada seguro quedarse demasiado tiempo en ninguna parte. Se enfrentaron al campen de Ispir. Uuuuuuu!! Al campen de Simal. Uuuuuu!! Pelearon en Bolu. Y en Zile.Uuuuuuu!!No me importa lo que digan le coment la madre a Fezzik una tarde de invierno. Eres mi hijo y eres maravilloso.Haca un da gris y oscuro y haban tenido que salir precipitadamente de Constantinopla porque Fezzik haba derribado al campen local antes de que se hubieran sentado todos los espectadores.No soy maravilloso dijo Fezzik. Hacen bien en insultarme. Soy demasiado grande. Cuando lucho, da la impresin de que estoy atormentando a alguien.Tal vez coment el padre de Fezzik algo vacilante, Fezzik, tal vez, si pudieras perder unas cuantas peleas, a lo mejor no nos abuchearan tanto.Hecha una furia, la mujer se volvi hacia el marido:El nio apenas tiene once aos, y t ya quieres que vaya por ah regalando peleas?No se trata de eso, no te pongas nerviosa, pero si al menos fingiera que sufre un poco, tal vez nos dejaran en paz.Pero si yo sufro deca Fezzik.(Y tanto que sufra.)Pues deja que se te note un poco ms.Lo intentar, papato.As se hace, muchacho.No puedo evitar ser fuerte; yo no tengo la culpa. Si ni siquiera hago gimnasia.Creo que es hora de que vayamos hacia Grecia dijo entonces el padre de Fezzik. En Turqua ya hemos derrotado a todos los que han querido enfrentarse a nosotros, y Grecia es la cuna del atletismo. No hay como los griegos para valorar el talento.Detesto que me griten Uuuuuu!! coment Fezzik.(Y era la verdad. Quedarse solo mientras todo el mundo le gritaba Uuuuuuu!! por los siglos de los siglos, era la imagen que tena entonces del infierno.)En Grecia te adorarn dijo la madre de Fezzik.Y lucharon en Grecia.Aarrrggggh!!(Aarrrggggh!! era la traduccin griega de Uuuuuuu!!)Bulgaria.Yugoslavia.Checoslovaquia. Rumania.Uuuuuuu!!Probaron en Oriente. Con el campen coreano de jiu-jitsu. Con el campen de karate de Siam. Con el campen de kung fu de toda la India.Ssssssssss!! (Vase la nota sobre Aarrrggggh!!)En Mongolia perdi a sus padres.Fezzik, hemos hecho por ti todo lo que hemos podido. Buena suerte le dijeron, y se murieron.Fue algo terrible, una plaga que lo asol todo a su paso. Fezzik tambin habra muerto, pero, como era natural en l, jams enfermaba. Continu el viaje solo a travs del desierto de Gobi y, de vez en cuando, peda a las caravanas que pasaban que lo llevaran. Fue entonces cuando aprendi qu deba hacer para que dejasen de gritarle Uuuuuuu!!.Luchando contra grupos.Todo comenz en una caravana en el desierto de Gobi cuando el jefe le dijo:Apuesto a que mis conductores de camellos pueden contigo.Slo eran tres, de modo que Fezzik acept. Lo intentara. Y cuando lo intent, como era de esperar, gan.Y todo el mundo contento.Fezzik se sinti entusiasmado. A partir de entonces y siempre que le fue posible, no volvi a luchar contra una persona sola. Durante un tiempo viaj de un lugar a otro, luchando contra pandillas para recaudar fondos destinados a obras benficas, pero su jefe nunca fue demasiado listo y, adems, aquello de hacer las cosas l solo le resultaba mucho menos atrayente ahora, que se acercaba a la veintena, que lo que le haba parecido antes.Se uni a un circo ambulante. Los dems artistas le gruan porque, segn sostenan, coma ms de la cuenta. De modo que el gigante se encerr en s mismo, salvo en lo que se refera a su trabajo.Pero una noche, cuando Fezzik acababa de derrotar a un grupo de veinte, recibi el susto de su vida: volvi a or el Uuuuuuu!!. No poda crerselo. Acababa de someter a apretujones a media docena de hombres y de partirles la cabeza a otra media docena. Qu pretendan de l?La verdad era muy simple: se haba vuelto demasiado fuerte. Se negaba a medirse, pero todo el mundo comentaba entre murmullos que deba de tener por lo menos dos metros diez de altura; se negaba a subirse a una bscula, pero la gente sostena que pesaba ciento ochenta kilos. Y no slo eso, ahora ya era veloz. Tantos aos de experiencia lo haban vuelto casi inhumano. Se saba todos los trucos; era capaz de contrarrestar todas las llaves.Animal.Simio!Gorila!Uuuuuuu!!Aquella noche, solo en su tienda, Fezzik llor. Era una monstruosidad. (Felicidad..., segua adorando las rimas.) Un cclope de dos ojos. (Antojo..., como antojadizas parecan las lgrimas que caan de sus ojos entrecerrados.) A la maana siguiente, haba logrado controlarse: al menos le quedaban sus amigos del circo.Esa misma semana lo echaron del circo. El pblico haba comenzado a gritarles Uuuuuuu!! tambin a ellos. La mujer gorda amenaz con marcharse y los enanitos estaban que trinaban, y todo por culpa de Fezzik.Aquello tuvo lugar en el corazn de Groenlandia y. como todo el mundo sabe, por aquellos tiempos, igual que en la poca actual, Groenlandia era el lugar ms solitario de la Tierra. En Groenlandia hay un habitante por cada cincuenta kilmetros cuadrados de terreno. Con toda probabilidad, los del circo fueron unos estpidos al pensar que encontraran pblico en un lugar as, pero sa no era la cuestin.La cuestin era que Fezzik estaba solo.En el lugar ms solitario del mundo.Sentado sobre un peasco observando cmo se alejaban los del circo.Al da siguiente, continuaba sentado en el mismo sitio cuando Vizzini, el siciliano, dio con l. Vizzini lo adul y le prometi que no volveran a gritarle Uuuuuuu!!. Vizzini necesitaba a Fezzik. Pero no tanto como Fezzik necesitaba a Vizzini. Y mientras Vizzini estuviera a mano, no se poda estar solo. Fezzik haca todo lo que Vizzini le ordenaba. Y si le haba ordenado aplastarle el crneo al hombre de negro...As se hara.Pero no con una emboscada. No como lo hacen los cobardes. Nada que estuviera reido con el estilo deportivo. Sus padres siempre le haban enseado a respetar las reglas. Fezzik se encontraba de pie, entre las sombras, con la enorme piedra en su enorme mano. Oy que el sonido de los pasos del hombre de negro se acercaban ms y ms.Fezzik sali de su escondite y lanz la piedra con una fuerza pasmosa y una puntera perfecta. Fue a estrellarse contra un peasco, a un palmo de la cara del hombre de negro.Lo hice expresamente le dijo entonces Fezzik, levantando otra piedra y colocndola en posicin. No tena por qu fallar.Os creo le dijo el hombre de negro.Quedaron frente a frente en el estrecho sendero de montaa.Qu hacemos ahora? inquiri el hombre de negro.Nos enfrentamos tal y como Dios manda repuso Fezzik. Sin trucos, sin armas, mediremos slo nuestra destreza.Queris decir que vos dejaris vuestra piedra y que yo dejar mi espada y que trataremos de matarnos como personas civilizadas?Si lo prefers, puedo mataros ahora repuso Fezzik gentilmente y levant la piedra para lanzrsela. Os doy una oportunidad.Ya, ya veo. La acepto repuso el hombre de negro, y comenz a despojarse de la espada y la vaina. Aunque sinceramente creo que en esto de luchar las ventajas estn a vuestro favor.Os dir lo que le digo a todos le explic Fezzik. No puedo evitar ser el ms grande y el ms fuerte. Yo no tengo la culpa.No os estoy culpando dijo el hombre de negro.Vayamos al grano, pues dijo Fezzik dejando caer la piedra y colocndose en posicin de lucha mientras observaba como el hombre de negro avanzaba lentamente hacia l.Por un momento, a Fezzik le entr una especie de nostalgia. Estaba claro que era una buena persona, aunque hubiese matado a Iigo. No se quej ni intent suplicar o sobornarlo. Simplemente aceptaba su destino. Nada de quejas o algo parecido. Evidentemente se trataba de un criminal con carcter. (Acaso era un criminal?, se pregunt Fezzik. Sin duda, la mscara as lo indicaba. O era algo peor? Estaba desfigurado? Le habran quemado el rostro con cido? O haba nacido con un rostro horrendo?)Por qu llevis mscara y capucha? le pregunt Fezzik.En el futuro, creo que todo el mundo las llevar respondi el hombre de negro. Son tremendamente cmodas.Se colocaron frente a frente en el sendero de montaa. Se produjo una pausa momentnea. Luego trabaron combate. Fezzik dej que el hombre de negro hiciera sus filigranas durante un rato, midi sus fuerzas, considerables para un hombre que no era un gigante. Dej que el hombre de negro hiciera sus fintas, esquivara los golpes, probara una llave aqu y otra all. Y cuando estuvo completamente seguro de que el hombre de negro no iba a regresar avergonzado al seno de Su Hacedor, Fezzik lo aferr entre sus brazos con todas sus fuerzas.Lo levant por el aire.Y apret.Y apret.Luego tom los restos del hombre de negro, los sacudi hacia un lado, luego hacia el otro, le asest un golpe en el cuello con una mano, mientras que con la otra le daba en la base de la columna; le subi las piernas, hizo girar sus brazos inertes y lanz el manojo de lo que haba sido humano en una hendidura cercana.Eso era la teora.Lo que de hecho ocurri fue lo siguiente:Fezzik lo levant por el aire.Y apret.Y el hombre de negro se zaf.Mmmm pens Fezzik, eso ha sido una sorpresa. Estaba seguro de tenerlo bien agarrado.Sois muy veloz le elogi Fezzik.Y muy bueno dijo el hombre de negro.Volvieron a trabar combate. Esta vez, Fezzik no permiti que el hombre de negro se perdiera en filigranas. Se limit a agarrarlo, a darle la vuelta una, dos veces, a golpearle la cabeza contra el peasco ms cercano, a propinarle unos cuantos puetazos, a darle un apretn final por si acaso y a lanzar los restos de lo que haba sido humano a una hendidura cercana.sas eran sus intenciones.Pero, en realidad, ni siquiera logr superar con xito lo de agarrarlo. Porque en cuanto Fezzik tendi sus gigantescas manos, el hombre de negro se agach, gir como un remolino, qued libre y continu lleno de vida.No entiendo nada de lo que est pasando pens Fezzik. Estar perdiendo mi fuerza? Habr alguna enfermedad de montaa que me arrebata las fuerzas? Hubo una enfermedad del desierto que le arrebat las fuerzas a mis padres. Eso es, tiene que ser eso, debo de haber pillado alguna plaga, pero, si as fuera, por qu a l no le afecta? No, seguramente sigo siendo fuerte; tiene que tratarse de alguna otra cosa, pero qu?De pronto lo supo. Llevaba tanto tiempo sin enfrentarse a un hombre solo que se haba olvidado de cmo hacerlo. Se haba pasado tantos aos luchando contra cuadrillas, grupos y pandillas, que tard en hacerse a la idea de tener un solo contrincante. Porque contra un hombre solo haba que luchar de un modo completamente distinto. Cuando uno se enfrentaba a doce, haba que hacer ciertos movimientos, utilizar ciertas llaves, actuar de determinadas maneras. Pero cuando haba un solo contrincante, haba que reajustarse por completo. A toda prisa, Fezzik pas revista a su pasado. Cmo haba vencido al campen de Sandiki? Aquel combate pas veloz por su mente, luego se acord de todas las otras victorias ante los dems campeones, los hombres de Ispir, de Simal, de Bolu y de Zile. Record cmo haban tenido que huir de Constantinopla porque haba derrotado a su campen demasiado de prisa. Con demasiada facilidad. S, pens Fezzik. Claro. Y de repente reajust su estilo a lo que haba sido.Pero, para entonces, el hombre de negro lo tena cogido del cuello!El hombre de negro cabalgaba sobre sus espaldas y con un brazo delante y el otro detrs, apretaba firmemente la trquea de Fezzik. El gigante ech las manos hacia atrs, pero resultaba difcil coger al hombre de negro. Fezzik no logr llevar los brazos a la espalda para quebrar al enemigo. Fezzik corri hacia un peasco y, en el ltimo momento, se volvi en redondo para que el hombre de negro recibiera el pleno impacto de la carga. Fue un impacto tremendo; Fezzik lo saba.Pero el hombre de negro le apret con ms fuerza la trquea.Fezzik carg de nuevo, volvi a girar en redondo y pudo comprobar otra vez la fuerza del impacto recibido por el hombre de negro. Sin embargo, ste no afloj. Fezzik le ara los brazos al hombre de negro. Con sus puos gigantescos descarg sobre ellos una andanada de golpes.A esas alturas, se haba quedado sin aire.Fezzik sigui luchando. Comenz a sentir un vaco en las piernas; el mundo empezaba a palidecer ante sus ojos. Pero no se dio por vencido. Era el poderoso Fezzik, amante de las rimas y, pasara lo que pasase, no iba a rendirse. El vaco le subi a los brazos y la vista se le nubl.Fezzik cay de rodillas.Segua descargando golpes, pero muy dbiles. Segua luchando, pero sus puetazos no habran daado ni siquiera a un nio. Se haba quedado sin aire. Ya no quedaba nada; para Fezzik no quedaba nada, al menos en este mundo. Estoy derrotado, voy a morir, pens poco antes de desplomarse sobre el sendero de montaa.Pero estaba un tanto equivocado.Entre la inconsciencia y la muerte hay un instante, y cuando el gigante cay sobre el sendero rocoso se produjo ese instante, y, justo antes de que se produjera, el hombre de negro le solt. Tambalendose, se puso de pie y se apoy en un peasco hasta que fue capaz de caminar. Fezzik yaca despatarrado en el suelo, respirando levemente. El hombre de negro mir a su alrededor en busca de una cuerda con la que atar al gigante, pero abandon la bsqueda con la misma rapidez con que la haba iniciado. De nada servan las cuerdas ante una fuerza como la de aquel hombre. No hara ms que romperlas. El hombre de negro regres al sitio donde haba dejado su espada. Y volvi a colocrsela.Dos menos; le quedaba todava uno (el ms difcil)...Vizzini lo estaba esperando.En realidad, haba preparado una pequea merienda campestre. De unas alforjas que siempre llevaba consigo, haba sacado un pequeo pauelo y sobre l haba colocado dos copas de vino. En el centro haba dispuesto un recipiente de cuero para el vino y junto a l, algo de queso y unas manzanas. El lugar no poda haber sido ms hermoso: un punto elevado del sendero de montaa con una vista esplndida que permita ver hasta el Canal de Florn. Buttercup yaca indefensa junto a la improvisada mesa, amordazada, atada y con los ojos vendados. Vizzini haba acercado su largo cuchillo a la blanca garganta de la princesa.Bienvenido grit Vizzini cuando el hombre de negro se acerc al lugar.El hombre de negro se detuvo y estudi la situacin.Habis derrotado a mi turco dijo Vizzini.Eso parece.Ahora quedis vos. Y yo.Eso parece repiti el hombre de negro, acercndose medio paso al largo cuchillo del jorobado.Con una sonrisa, el jorobado presion un poco ms el cuchillo contra la garganta de Buttercup. La sangre estaba a punto de brotar.Si la queris ver muerta, os ruego que sigis avanzando le advirti Vizzini.El hombre de negro se qued inmvil.As est mejor asinti Vizzini.Bajo la luz de la luna no se oa sonido alguno.Entiendo perfectamente lo que tratis de hacer dijo por fin el siciliano, y quiero que quede bien claro que vuestro comportamiento me ofende. Tratis de raptar lo que he robado legtimamente, y lo considero muy poco caballeroso.Permitid que os explique... comenz a decir el hombre de negro avanzando lentamente.La estis matando! aull el siciliano, hundiendo ms el cuchillo.En la garganta de Buttercup apareci una gota de sangre: rojo sobre blanco.El hombre de negro retrocedi.Permitid que os explique repiti desde una cierta distancia.El jorobado volvi a interrumpirlo.No hay nada que podis decirme que yo no sepa. No habr recibido la misma educacin que muchos, pero en lo que respecta al conocimiento que no est en los libros, en el mundo no hay nadie que me supere. Dicen que leo el pensamiento pero, sinceramente, eso no es cierto. Me limito a predecir la verdad utilizando la lgica y la sabidura, y digo ahora que sois un secuestrador, admitidlo.Admitir que si se desea pedir un rescate, la muchacha tiene un cierto valor, nada ms.He recibido rdenes de hacerle ciertas cosas. Es importante que cumpla con lo ordenado. Si lo hago bien, tendr trabajo asegurado para el resto de mi vida. Y en las rdenes que he recibido nada se dice de rescates, sino que se habla claramente de muerte. De manera que vuestras explicaciones carecen de sentido; no podremos llegar a ningn trato. Vos deseis que ella viva para pedir un rescate, mientras que para m es terriblemente importante que ella deje de respirar en un futuro muy cercano.Se os ha ocurrido pensar que he tenido que realizar un gran esfuerzo y un considerable desembolso, as como un enorme sacrificio personal, para llegar a este punto? inquiri el hombre de negro. Y que si fallo ahora podra llegar a enfadarme muchsimo? Y que si ella deja de respirar en un futuro muy cercano, es perfectamente posible que a vos os ataque la misma enfermedad letal?No me cabe duda de que podrais matarme. Cualquiera que hubiese derrotado a Iigo y Fezzik no tendra problemas en eliminarme. Sin embargo, se os ha ocurrido que si lo hicierais, entonces ninguno de nosotros conseguira lo que desea, pues vos habrais perdido la razn de vuestro rescate, y yo, la vida?Entonces nos encontramos en un callejn sin salida dijo el hombre de negro.Eso me temo repuso el siciliano. No puedo competir fsicamente con vos, y no estis a la altura de mi ingenio.Tan inteligente sois?No hay palabras que logren expresar toda mi sabidura. Soy tan astuto, listo y sagaz, conozco infinidad de engaos, ardides y trapaceras, soy un bellaco. Y soy tan perspicaz, tan cauteloso como calculador, tan diablico como ladino, tan artero y poco digno de confianza que... en fin, ya os he dicho que no se han inventado an las palabras que logren explicar la grandeza de mi cerebro, pero dejadme expresarlo de este modo: el mundo tiene ya varios millones de aos, y en un momento u otro varias decenas de millones de personas han hollado su suelo; pero hablando con todo candor y modestia, yo, Vizzini, el siciliano, soy el hombre ms hbil, ms embaucador, ms artificioso y ms zorro que jams haya existido.En ese caso dijo el hombre de negro, os reto a una batalla de ingenio.Vizzini se vio en la obligacin de sonrer.Por la princesa?Me leis el pensamiento.Parece que lo hago, ya os lo he dicho. Pero no se trata nada ms que de pura lgica y sabidura. A muerte?Habis vuelto a acertar.Acepto grit Vizzini. Que empiece la batalla!Servid el vino le pidi el hombre de negro.Vizzini llen las dos copas con el lquido rojo oscuro.El hombre de negro sac de sus ropas negras un paquetito y se lo entreg al jorobado.Abridlo e inhalad, pero procurad no tocarlo.Vizzini tom el paquete y sigui las instrucciones que le acababan de dar.No huelo nada.El hombre de negro volvi a coger el paquete.Lo que no logris oler se llama polvo de iocana. Es inodoro e inspido y se disuelve rpidamente en cualquier lquido. Da tambin la casualidad de que es el veneno ms mortfero conocido por el hombre.Vizzini empezaba a entusiasmarse.Supongo que no querris alcanzarme las copas dijo el hombre de negro.Vizzini neg con la cabeza y repuso:Cogedlas vos mismo. Mi largo cuchillo no se apartar de la garganta de la princesa.El hombre de negro se agach para coger las copas. Las tom en sus manos y dio media vuelta.Expectante, Vizzini lanz una risotada.El hombre de negro estuvo ocupado durante un largo instante. Luego se volvi de nuevo con una copa en cada mano. Con mucho cuidado coloc la copa que llevaba en la mano derecha delante de Vizzini, y la que llevaba en la izquierda la deposit sobre el pauelo, pero ms lejos del jorobado. Se sent delante de la copa que haba sostenido en su mano izquierda y dej caer junto al queso el paquete de iocana vaco.Os toca adivinar a vos dijo. Dnde est el veneno?Adivinar? grit Vizzini. Yo no adivino. Pienso. Discurro. Deduzco. Y luego decido. Pero nunca adivino.La batalla de ingenios ha comenzado anunci el hombre de negro. Acabar cuando vos decidis y despus de que nos bebamos el vino y descubramos quin estaba en lo cierto y quin muere. Debo aadir que los dos beberemos y naturalmente tragaremos en el mismo instante.Es todo tan simple dijo el jorobado. Lo nico que debo hacer es deducir, por lo que conozco de vos, cmo funciona vuestra mente. Sois de la clase de hombres que pondran el veneno en su propia copa o en la del enemigo?Estis dndole largas al asunto le advirti el hombre de negro.Estoy gozando, eso es lo que estoy haciendo repuso el siciliano. Haca aos que nadie me planteaba un reto as, y me encanta... Por cierto, puedo oler ambas copas?Adelante. Pero aseguraos de dejarlas luego tal y como las habis encontrado.El siciliano olisque su propia copa; luego tendi la mano por encima del pauelo, levant la copa del hombre de negro y la olisque tambin.Inodoro, tal como habais dicho.Tambin he dicho que estis dndole largas al asunto.El siciliano sonri, y mirando fijamente las copas de vino dijo:Slo un perfecto tonto pondra el veneno en su propia copa, porque sabra que slo otro perfecto tonto escogera la copa que le fue asignada. Est claro que yo no soy un perfecto tonto, de manera que tambin est claro que no escoger vuestro vino.Es vuestra ltima decisin?No. Porque vos sabais que no soy un perfecto tonto, de modo que tambin sabais que yo jams me tragara semejante treta. Habrais contado con ello. De manera que tambin est claro que tampoco voy a escoger mi copa.Continuad le pidi el hombre de negro.Eso pienso hacer. El siciliano hizo una pausa para reflexionar. Hemos decidido ya que lo ms probable es que la copa envenenada sea la que tenis vos delante. Pero el veneno es un polvo hecho con iocana, y sta slo proviene de Australia, y este pas, como todo el mundo sabe, est poblado de criminales, y los criminales estn acostumbrados a que nadie se fe de ellos, igual que yo no me fo de vos, lo cual indica claramente que no puedo escoger el vino que tenis delante.El hombre de negro comenzaba a impacientarse.Aunque, una vez ms, debis de haber sospechado que yo conoca los orgenes de la iocana, de manera que sabais que tambin conoca a los criminales y su comportamiento; por lo tanto, est claro que no puedo escoger el vino que tengo delante de m.A decir verdad, poseis un intelecto mareante susurr el hombre de negro.Habis derrotado a mi turco, lo cual significa que sois excepcionalmente fuerte, y los hombres as estn convencidos de que son demasiado poderosos para morir, demasiado poderosos incluso para un veneno como la iocana; de manera que es posible que lo hayis puesto en vuestra copa, en la confianza de que vuestra fortaleza os salvara de la muerte; por lo tanto, est claro que no puedo escoger el vino que tenis delante.El hombre de negro ya estaba muy nervioso.Pero, adems, habis vencido a mi espaol, lo cual significa que debis de haber estudiado, porque l se pas muchos aos estudiando para alcanzar la excelencia, y si podis estudiar, est claro que no slo sois fuerte. Tenis plena consciencia de lo mortales que somos todos y no deseis morir, de manera que habrais mantenido el veneno lo ms alejado de vos; por lo tanto, est claro que no puedo escoger el vino que tengo delante de m.Lo nico que pretendis con tanta charla es que me delate le dijo enfadado el hombre de negro. Pues no os dar resultado. Os juro que de m no sabris nada.Ya lo s todo de vos replic el siciliano. Ya s dnde est el veneno.Slo un genio habra sido capaz de deducirlo.Es una suerte para m que yo sea un genio dijo el jorobado cada vez ms divertido.No podis asustarme dijo el hombre de negro, pero el miedo reson en su voz.Bebemos entonces?Escoged, pues, dejaos de rodeos. No lo sabis, no hay manera de que podis saberlo.El siciliano se limit a sonrer ante aquella explosin. Entonces, una extraa mirada le nubl el rostro y sealando a espaldas del hombre de negro le pregunt:Qu diablos ser eso?El hombre de negro se volvi a mirar.Yo no veo nada.Vaya, habra jurado que vi algo, pero da igual.El siciliano se ech a rer.Yo no entiendo dnde est la gracia coment el hombre de negro.Os lo dir dentro de un momento repuso el jorobado. Pero antes, bebamos.Y levant la copa de vino que tena delante.El hombre de negro levant la que tena delante de s.Bebieron.Habis escogido mal le dijo el hombre de negro.Eso es lo que vos creis repuso el siciliano mientras su risa se haca cada vez ms sonora. Lo que me ha hecho tanta gracia hace un momento es que cuando os volvisteis para mirar cambi las copas.El hombre de negro no tena nada que decir.Idiota! grit el jorobado. Habis sido vctima de un craso error de lo ms clsico. El ms famoso aconseja: Cuando ests en Asia no participes nunca en una guerra terrestre. Pero este otro es un poco menos conocido: Jams contradigas a un siciliano cuando entra en juego la muerte.Pareca bastante alegre, hasta que el polvo de iocana comenz a hacerle efecto.El hombre de negro pas rpidamente por encima del cadver, y con brusquedad arranc la venda que cubra los ojos de la princesa.He odo todo lo ocurri... comenz a decir Buttercup, y entonces exclam: Oh! pues nunca haba estado junto a un hombre muerto. Lo habis matado susurr finalmente.Dej que muriera riendo dijo el hombre de negro. Y rogad porque haga con vos otro tanto.La levant, le cort las ataduras, la puso en pie y comenz a tirar de ella.Por favor suplic Buttercup. Dadme un momento para recuperarme.El hombre de negro la solt.Buttercup se frot las muecas, se detuvo, y se masaje los tobillos. Luego le ech un ltimo vistazo al siciliano y murmur:Y pensar que durante todo el rato era vuestra copa la que contena el veneno.Ambas estaban envenenadas le explic el hombre de negro. Durante los dos ltimos aos he tomado pequeas dosis del veneno para hacerme inmune a l.Buttercup lo mir. Le resultaba aterrador: enmascarado, encapuchado y peligroso; su voz sonaba ronca y forzada.Quin sois? le pregunt.No soy alguien con quien se pueda jugar repuso el hombre de negro. Eso es todo lo que os hace falta saber. Dicho lo cual la oblig a ponerse en pie de un tirn. Ya habis descansado.Volvi a tirar de ella para que lo siguiese y, esta vez, la princesa no pudo hacer otra cosa que seguirlo.Avanzaron por el sendero de montaa. La luz de la luna era muy brillante y haba rocas por todas partes; a Buttercup todo le pareci sin vida y amarillo como la luna. Acababa de pasar varias horas en compaa de tres hombres que abiertamente planeaban su fin. Por qu, entonces, estaba ms asustada ahora que antes? Quin era aquella horrenda figura encapuchada para inspirarle aquel desmesurado temor? Qu podra ser peor que la muerte?Os dar mucho dinero si me soltis logr decirle.El hombre de negro le lanz una mirada.Entonces, sois rica?Lo ser respondi Buttercup. Si me dejis marchar, os prometo que os conseguir lo que pidis como rescate.El hombre de negro se ech a rer.No hablaba en broma.Y vos hacis promesas? Vos? Debera dejaros marchar slo porque me dais vuestra palabra? Qu valor tiene? Cunto vale la promesa de una mujer? Oh, majestad, ha sido muy gracioso. Lo dijerais o no en broma.Siguieron avanzando por el sendero de montaa hasta llegar a un espacio abierto. El hombre de negro se detuvo entonces. El cielo estaba tachonado por un milln de estrellas que luchaban por destacar y, por un momento, dio la impresin de que se concentraba nicamente en estudiarlas a todas; entretanto, Buttercup observaba como los ojos que haba detrs de la mscara iban de constelacin en constelacin.Entonces, sin previo aviso, abandon el sendero y se dirigi hacia el terreno desolado, arrastrndola tras de s.Ella tropez y l la oblig a incorporarse de un tirn; volvi a caer y l volvi a ponerla en pie.No puedo andar tan de prisa.S que podis! Y lo haris! O sufriris inmensamente. Creis que podra haceros sufrir inmensamente?Buttercup asinti.Corred entonces! le grit el hombre de negro, y sali corriendo, volando casi bajo la luna, arrastrando tras de s a la princesa.Ella trat de mantener el ritmo lo mejor que pudo. Tena miedo de lo que fuera a hacerle, por lo tanto, no se atrevi a caer de nuevo.Al cabo de cinco minutos, el hombre de negro par en seco y le orden:Recuperad el aliento.Buttercup asinti, inspir y trat de que su corazn se calmara. Pero, entonces, volvieron a partir a la carrera, sin previo aviso, atravesando el terreno montaoso en direccin a...Adonde.... adonde me llevis? inquiri Buttercup con un hilo de voz cuando volvi a permitirle que descansara.Est claro que alguien tan arrogante como vos no puede esperar de m una respuesta.No importa si me lo decs o no. l os encontrar.Quin es l, alteza?El principe Humperdinck. No hay mejor cazador que l. Es capaz de rastrear un halcn en pleno da nublado; l os encontrar.Y confiis en que vuestro eterno amor os salve?No he dicho que fuera mi amor eterno, y s, l me salvar, de eso estoy segura.Admits que no amis a vuestro futuro esposo? Vaya sorpresa. Una mujer honesta. Alteza, sois un raro espcimen.El prncipe y yo no nos hemos mentido nunca, desde el principio. El sabe que no lo amo.Que no sois capaz de amar, querris decir.Soy muy capaz de amar repuso Buttercup.Callaos.He amado con ms profundidad de la que pueda imaginar un asesino como vos.La abofete.Ese es el castigo por mentir, alteza. En el sitio del cual provengo se castiga a las mujeres que mienten.Pero he dicho la verdad, la pura verdad, he...Buttercup vio que su mano volva a levantarse por segunda vez, se contuvo rpidamente y cerr la boca.Entonces echaron a correr otra vez.Pasaron varias horas sin dirigirse la palabra. Se limitaron a correr de vez en cuando, como si l adivinara en qu instante flaqueaban las fuerzas de la princesa, se detena y le soltaba la mano. Ella intentaba recuperar el aliento porque estaba segura de que al momento siguiente volveran a echar a correr. Sin hacer ruido alguno, l le aferraba la mano y volvan a partir.Amaneca casi cuando vieron por primera vez a la Armada.Corran por el borde de un barranco imponente. Pareca como si se encontraran en la cima del mundo. Cuando se detuvieron, Buttercup se tendi en el suelo a descansar. El hombre de negro la miraba silencioso desde su altura.Ha venido vuestro amor, y no est solo le dijo entonces.Buttercup no comprendi.El hombre de negro seal hacia el sendero por el que acababan de pasar.Buttercup mir fijamente y, al hacerlo, not que las aguas del Canal de Florn parecan tan llenas de luz como lleno de estrellas estaba el cielo.Debi de haber enviado a todos los barcos de Florn en vuestra bsqueda coment el hombre de negro. Nunca haba visto nada parecido.Observ ensimismado cmo, al avanzar los barcos, se movan sus fanales.Jams podris huir de l le dijo Buttercup. Si me dejis marchar, os prometo que no os harn dao.Sois muy generosa; jams aceptara semejante ofrecimiento.Os he ofrecido vuestra vida, creo que he sido bastante generosa.Alteza! exclam el hombre de negro, y le ech las manos al cuello. Soy el nico aqu que puede hablar de quin ha de vivir o morir.Serais incapaz de matarme. No me habis arrebatado de manos de unos criminales para asesinarme vos mismo.Una conclusin sabia y enternecedora a la vez dijo el hombre de negro.Tir de ella, la oblig a ponerse en pie y echaron a correr por el borde del enorme barranco. Tena cientos de metros de altura, estaba lleno de piedras, rboles y sombras crecientes. De pronto, el hombre de negro se detuvo, mir hacia abajo y estudi la Armada.Para ser sincero dijo, no haba esperado que fueran tantos.Mi prncipe es imprevisible; por eso es el ms grande de los cazadores.Me pregunto si los dejar a todos en un grupo o si dividir sus efectivos y enviar a un grupo a registrar la costa y a otro a seguir vuestro rastro por tierra. Qu suponis vos?Slo s que me encontrar. Y si antes no me habis devuelto mi libertad, no esperis un trato gentil.Imagino que habr hablado con vos de ciertos temas. De la emocin de la cacera. Qu ha hecho en el pasado con tantos barcos?No hablamos de cacera, os lo puedo asegurar.No hablis ni de cacera ni de amor, de qu hablis pues?Ocurre que no nos vemos con demasiada frecuencia.Qu pareja ms tierna.Buttercup sinti que comenzaba el enfado.Siempre somos muy sinceros el uno con la otra. No todo el mundo puede decir lo mismo.Puedo deciros una cosa, alteza? Sois muy fra...No es verdad...... muy fra y muy joven, y si segus viviendo, creo que os volveris como la escarcha...Por qu me atormentis as? He llegado a un acuerdo con la vida, y eso es asunto mo... Juro que no soy fra, pero he tomado ciertas decisiones, y es mejor que haga caso omiso de las emociones, porque no he sido feliz cuando las he sentido... Su corazn era un jardn secreto con muros muy altos. Am una vez dijo Buttercup al cabo de un rato, pero me fue mal.Otro hombre acaudalado? S, y os dej por una mujer ms rica.No. Era pobre. Pobre, y muri.Lo lamentasteis? Sentisteis dolor? Reconoced que no sentisteis nada...No os burlis de mi dolor! Aquel da dej de existir.La Armada comenz a disparar caonazos de aviso. El eco de las explosiones se perdi en las montaas. El hombre de negro observ como los barcos comenzaban a cambiar de formacin.Y, mientras observaba los barcos, utilizando el resto de las fuerzas que le quedaban, Buttercup lo empuj.Por un momento, el hombre de negro se tambale al borde del barranco. Sus brazos giraron como molinos de viento mientras luchaba por recuperar el equilibrio. Giraron y se aferraron al aire, y entonces comenz la cada.El hombre de negro cay.Gir, se tambale, trat de frenar el descenso con las manos, pero el barranco era demasiado profundo, y no hubo nada que hacer.Cay y cay.Rod por las piedras, girando como una peonza, perdido todo control.Buttercup se qued mirando fijamente lo que acababa de hacer.Finalmente, el hombre de negro qued tendido all en el fondo, sin moverse ni decir palabra.Por m como si os mors dijo la princesa, y comenz a alejarse.Unas palabras la siguieron. Susurradas desde lejos, dbiles, clidas y familiares.Como... desees...Amaneca en las montaas. Buttercup regres al sitio de donde provena el sonido y mir hacia el fondo; bajo las primeras luces, vio que el hombre de negro luchaba por despojarse de la mscara.Oh, mi dulce Westley. Qu te he hecho?Desde el fondo del barranco le lleg slo el silencio.Buttercup no vacil un solo instante. Se lanz tras l, haciendo lo imposible por mantener los pies bien firmes, y cuando comenz a bajar, crey or que le gritaba una y otra vez, pero no logr descifrar el sentido de sus palabras, porque en su interior llevaba el retumbar de paredes que se derrumban, y aquello ya haca bastante ruido.Adems, no tard en perder el equilibrio y el barranco la engull. Cay de prisa y se hizo dao, pero qu importancia tena? Se habra lanzado gustosamente desde una altura de trescientos metros para caer sobre un lecho de clavos, si Westley la hubiera estado esperando en el fondo.Cay y cay.Dando tumbos, girando como una peonza, golpendose, rasgndose el vestido, sin control, rod y dio mil y una volteretas, descendi hacia lo que quedaba de su amado...Desde su puesto al frente de la Armada, el prncipe Humperdinck levant la vista hacia los Acantilados de la Locura. Aquello era una cacera ms. Se oblig a olvidarse de la presa. No importaba si uno iba tras un antlope o una futura esposa, los procedimientos seguan siendo vlidos. Haba que reunir pruebas. Luego haba que actuar. Se analizaba el terreno y luego se tomaban medidas. Si el anlisis era escueto, haba muchas posibilidades de que las medidas que se tomaran fuesen demasiado tardas. Haba que tornarse su tiempo. Y as, inmovilizado por la reflexin, sigui mirando hacia la escarpada pared de los Acantilados.Era obvio que haca muy poco alguien los haba escalado. A lo largo de la pared de piedra haba marcas de pies que ascendan en lnea recta, lo cual indicaba, casi sin lugar a dudas, que haban utilizado una cuerda, y haban subido lenta y trabajosamente los trescientos metros de cuerda, dando de vez en cuando unas pataditas con los pies para reajustar el equilibrio. Semejante escalada exiga fuerza y planificacin, de modo que el prncipe fij en su mente esos dos datos; mi enemigo es fuerte: mi enemigo no es impulsivo.Sus ojos se posaron entonces en un punto ubicado a unos noventa metros de la cima. All la cosa comenzaba a ponerse interesante. Las marcas de los pies eran ms profundas, ms frecuentes y no seguan una lnea ascendente directa. O bien alguien haba dejado intencionadamente la cuerda a noventa metros de la cima, cosa que careca de sentido, o la cuerda fue cortada mientras ese alguien se encontraba an a noventa metros de la seguridad que ofreca la cima. Pues estaba claro que esa ltima parte de la escalada haba sido realizada directamente en la pared de roca. Pero quin poseera semejante talento? Y por qu se habra visto obligado a emplearlo en un momento tan peligroso, a doscientos diez metros por encima del desastre?Debo explorar la cima de los Acantilados de la Locura dijo el prncipe sin volverse.A sus espaldas, el conde Rugen se limit a contestar:Eso est hecho y esper ms instrucciones.Enviad la mitad de la Armada hacia el sur, por la costa, y a la otra mitad hacia el norte. Debern reunirse al atardecer, cerca del Pantano de Fuego. Nuestro barco navegar hasta el sitio ms prximo en el que podamos desembarcar, y vos me seguiris con vuestros soldados. Preparad a los blancos.El conde Rugen le hizo una sea al artillero, y las instrucciones del prncipe retumbaron por los Acantilados. Al cabo de unos minutos, la Armada haba comenzado a dividirse; la gigantesca nave del prncipe navegaba sola al frente, cerca de la costa, en busca de un sitio donde desembarcar.All! orden el prncipe poco despus, y su barco comenz las maniobras para entrar en la cala y encontrar all un sitio seguro donde anclar.Les llev cierto tiempo, aunque no demasiado, porque el capitn era muy diestro y, como el prncipe sola perder pronto la paciencia, nadie se atreva a correr ese riesgo.Humperdinck salt de la nave a la costa; bajaron una plancha y los blancos fueron conducidos a tierra firme. De todas sus proezas, ninguna complaca ms al prncipe como aquellos caballos. Algn da, contara con un ejrcito de caballos blancos, pero lograr la perfeccin en las castas era algo lento. Posea ya cuatro blancos y eran idnticos. Sobre terreno llano, nada poda alcanzarlos, e incluso en las colinas y en terreno accidentado, slo los corceles rabes lograban asemejrseles. Cuando llevaba prisa, el prncipe montaba los cuatro animales a pelo: su nica manera de cabalgar; primero cabalgaba en uno y llevaba los otros tres detrs y cambiaba de cabalgadura en pleno tranco, para que ningn animal se cansara de tener que soportar su peso.Mont y se perdi de vista.Tard bastante menos de una hora en llegar al borde de los Acantilados de la Locura. Desmont, se arrodill y comenz a estudiar el terreno. Alrededor de un roble gigante haban atado una cuerda. La corteza de la base estaba rota y raspada, de manera que quien lleg primero a la cima desat la cuerda, y quien estuviera colgado en la cuerda en ese momento, se encontraba a noventa metros de la cima, pero de algn modo haba logrado concluir la escalada.Un sinfn de huellas de pisadas entremezcladas le causaron un gran problema. Resultaba difcil determinar qu haba ocurrido. Una reunin quiz, porque haba dos pares de pisadas que parecan alejarse mientras que un par de ellas haba dejado un rastro junto al borde del acantilado. Luego, al borde del acantilado aparecan dos pares de huellas. Humperdinck examin las pisadas hasta que se asegur de dos cosas: 1) que haba tenido lugar un duelo, y 2) que ambos combatientes eran unos maestros. La longitud del paso, la rapidez de las fintas, todo se ofreca claramente a sus ojos certeros, permitindole reafirmar su segunda conclusin. Ambos combatientes tenan por lo menos el nivel de maestros. Quiz algo ms.Luego cerr los ojos, se concentr y oli a sangre. Sin duda, en un enfrentamiento de semejante ferocidad, debieron de haber derramado sangre. A partir de ese momento, deba limitarse a entregar todo su cuerpo al sentido del olfato. El prncipe haba practicado durante muchos aos, despus de que una tigresa herida lo haba sorprendido saltando desde la rama de un rbol cuando le segua el rastro. En aquella ocasin haba dejado que sus ojos siguieran el rastro de sangre, y haba estado a punto de no contarlo. Ahora confiaba enteramente en sus rganos olfativos. Si a una distancia de cien metros haba sangre, l la encontrara.Abri los ojos, y sin vacilaciones avanz hacia un grupo de enormes peascos hasta que encontr las gotas de sangre. Haba unas pocas, y estaban secas. Pero haban cado all haca menos de tres horas. Humperdinck sonri. Cuando uno cabalgaba en los blancos, tres horas eran un simple chasquido de dedos.Volvi a repasar las huellas del suelo, porque lo tenan confundido. Al parecer, los contrincantes haban ido del borde del acantilado al centro, para volver despus de nuevo al borde. En ocasiones era el pie izquierdo el que diriga y a veces el derecho, lo cual no tena ningn sentido. Estaba claro que los espadachines se haban cambiado la espada de mano, pero para qu iba un maestro a hacer algo as, a menos que su brazo bueno estuviera herido al punto de quedar inutilizado, y estaba claro que eso no haba ocurrido, porque una herida de ese calibre habra dejado rastros de sangre y en la zona no haba sangre suficiente que as lo indicara.Raro, muy raro. Humperdinck continu su vagabundeo. Muy, pero muy raro; la lucha no pudo haber terminado con la muerte de uno de los contrincantes. Se arrodill junto a la marca dejada por un cuerpo. Era evidente que all haba yacido un hombre desmayado. Pero una vez ms, ni rastros de sangre.Hubo aqu un duelo prodigioso dijo el prncipe Humperdinck, dirigindose al conde Rugen, que por fin haba logrado darle alcance junto con un contingente de cien caballeros armados. Supongo que... el prncipe hizo una pausa mientras segua las pisadas, supongo que quien cay aqu, se fue huyendo por all y seal hacia un lado, y que quien venci se fue por el sendero de montaa, justo en direccin contraria. Opino, adems, que el vencedor sigui el camino que tom la princesa.Los seguimos a los dos? inquiri el conde.Creo que no respondi el prncipe Humperdinck. El que haya escapado carece prcticamente de importancia, puesto que a quien seguimos es al que tiene en su poder a la princesa. Y dado que desconocemos la naturaleza de la trampa a la que quiz nos estn conduciendo, necesitamos que todas las armas de las que disponemos se concentren en un solo grupo. Est claro que todo esto ha sido planeado por nativos de Guilder, y no debemos subestimarlos jams.Creis entonces que se trata de una trampa? pregunt el conde.Siempre creo que todo es una trampa hasta que se prueba lo contrario replic el prncipe. Razn por la que sigo con vida.Dicho eso, volvi a montar en un blanco y parti al galope.Al llegar al sendero de montaa donde haba tenido lugar la lucha cuerpo a cuerpo, el prncipe ni siquiera se molest en desmontar. Desde su montura logr ver todo lo que haba que ver.Alguien ha derrotado a un gigante dijo cuando el conde se hubo acercado lo suficiente. El gigante ha huido, lo veis?Obviamente, el conde no vio ms que piedras y un sendero de montaa.Jams se me ocurrira dudar de vos.Mirad all! grit el prncipe, porque por primera vez, entre las piedras del camino de montaa, descubri unas huellas de mujer. La princesa est viva!Como el rayo, los blancos volvieron a galopar por la montaa.Cuando el conde volvi a darle alcance, el prncipe se encontraba arrodillado junto al cuerpo inerte de un jorobado. El conde desmont.Oled esto le orden el prncipe alcanzndole la copa.Nada anunci el conde. No huele a nada.Iocana dijo el prncipe. Apostara mi vida a que es iocana. No conozco ninguna otra sustancia que mate tan limpiamente. Se puso en pie. La princesa contina con vida; sus pisadas siguen el sendero. Dirigindose a los cien hombres montados, les orden: Si ella muere, Guilder padecer lo indecible!Corri entonces por el sendero de montaa siguiendo las huellas que slo l lograba ver. Cuando esas pisadas abandonaron el sendero para internarse en terreno ms agreste, las sigui tambin. Tras l, el conde y todos los soldados hacan lo posible por no perder el ritmo. Los hombres tropezaban, los caballos caan, incluso el conde perda el equilibrio de vez en cuando. El prncipe Humperdinck no se detuvo ni siquiera una sola vez. Corra con un ritmo mecnico y sostenido; sus piernas como barriles se movan como un metrnomo.Dos horas despus del amanecer, lleg al empinado barranco.Qu extrao le dijo al conde, que lo segua exhausto.El conde sigui respirando agitadamente.Dos cuerpos cayeron al fondo del barranco y no volvieron a subir.Es raro logr decir el conde.No, eso no es lo raro le corrigi el prncipe. Est claro que el secuestrador no volvi a ascender porque la subida era demasiado empinada, y por nuestros caones se enter de que los estbamos siguiendo de cerca. Tom la decisin, que yo aplaudo, de sacarnos ventaja huyendo por las estribaciones del barranco.El conde esper a que el prncipe continuara.Lo raro es que un hombre como el que seguimos, maestro de la esgrima, vencedor de gigantes, experto en el uso del polvo de iocana, no supiera adonde conduce este barranco.Y adonde conduce? inquiri el conde.Al Pantano de Fuego respondi el prncipe Humperdinck.Entonces le tenemos dijo el conde.Exactamente.Uno de los rasgos ms conocidos del prncipe era su costumbre de sonrer antes de dar muerte a su presa; en ese momento, su sonrisa result bien visible...En efecto, Westley no tenia la menor idea de que iba directo hacia el Pantano de Fuego. Lo nico que supo a ciencia cierta, cuando Buttercup estuvo a su lado, en el fondo del barranco, era que salir de ste tal como haba supuesto el prncipe Humperdinck, les habra llevado demasiado tiempo. Lo nico que not Westley fue que las estribaciones del barranco eran de piedra lisa y que se dirigan hacia donde l quera ir. De manera que Buttercup y l huyeron hacia all, conscientes de que eran seguidos por fuerzas gigantescas que, sin duda, estaran acortando las distancias.A medida que avanzaban, el barranco se fue haciendo cada vez ms escarpado; Westley no tard en darse cuenta de que si momentos antes hubiera podido ayudarla a ascender, a partir de all, le sera imposible hacerlo. Haba efectuado una eleccin y no haba manera de volverse atrs: adonde fuera que condujese aquel barranco era la meta que se haban impuesto y no haba vuelta de hoja.(En este punto de la historia, mi mujer desea hacer pblico que se siente tremendamente engaada al habrsele negado la inclusin de la escena de la reconciliacin entre los enamorados, que tiene lugar al pie del barranco. Le respondo lo siguiente...):Soy yo otra vez, y no intento confundir ms las cosas, pero debo advertir que el prrafo anterior se debe enteramente a Morgenstern. En la versin no resumida, se refera continuamente a su esposa; comentaba por ejemplo que a ella le encantaba el captulo que segua o que consideraba que, en su conjunto, el libro era extraordinariamente brillante. La seora Morgenstern apoyaba siempre a su marido, no como otras esposas que yo conozco (lo siento, Helen), pero la cuestin es la siguiente: elimin casi todas las intrusiones en las que Morgenstern nos comenta la opinin de su mujer. No me pareci que este recurso aadiera nada al conjunto: adems, el hombre no perda ocasin de alabarse a travs de su esposa y, hoy en da, ya sabemos que un exceso de estmulos hace ms mal que bien, como podr corroborar cualquier candidato poltico derrotado al pagar sus facturas de propaganda electoral. En fin, el motivo por el que he decidido no omitir esta referencia en particular es porque, por primera vez, estoy totalmente de acuerdo con la seora Morgenstern. Considero una injusticia el que no se haya incluido la escena del reencuentro. Por ello decid escribir una de cosecha propia, para describir lo que, a mi juicio, se dijeron Buttercup v Westley; pero Hiram, mi editor, consider que con ello me volva tan injusto como Morgenstern. Si se desea compendiar un libro utilizando el texto escrito por el autor, uno no puede introducir prrafos de cosecha propia. Al menos eso es lo que Hiram opinaba; le dimos muchas vueltas al asunto, y nos pasamos algo as como un mes discutindolo, unas veces personalmente, otras por carta y otras por telfono. Al final, hicimos un pacto: lo que los lectores estis leyendo en letra redonda es estrictamente lo que Morgenstern escribi. Palabra por palabra. Recortado, s, pero no cambiado. Aunque logr que Hiram me prometiera que Harcourt imprimira mi escena Ballantine acord lo mismo, que ocupa tres pginas y es algo genial, y que si algn lector deseaba ver cmo haba quedado, poda mandar una carta o una postal a Urban del Rey, de Ballantine Books, 201 East 50th Street, Nueva York, diciendo sencillamente que desea leer la escena del reencuentro. No olvidis indicar vuestra direccin; os sorprendera comprobar cunta gente pide cosas y luego se olvida de indicar su direccin. Los editores acordaron hacerse cargo de los gastos de correo, de manera que slo tendris que pagar la postal, la carta o lo que fuere. Me sentira realmente molesto si diese la impresin de que soy el nico escritor norteamericano moderno que parece trabajar para una editorial generosa (son todas detestables; lo siento, seor Jovanovich), de modo que permitidme aclarar aqu que el motivo por el que se ofrecieron tan generosamente a pagar esta desmesurada factura de correo es porque estn convencidos de que no escribir ni Dios. De modo que os pido por favor que, si tenis el ms mnimo inters, e incluso si no tenis inters alguno, escribis pidiendo la escena del reencuentro. No tenis que leerla no os pido eso, pero me encantara hacerles gastar unos cuantos dlares a estos genios de la edicin, porque he de admitir que en la publicidad de mis libros no invierten demasiado. Permitidme que os repita la direccin, con cdigo postal y todo:Urban del ReyBallantine Books201 East 50th StreetNueva York, Nueva York 10022Slo tenis que pedir un ejemplar de la escena del reencuentro. Esto me ha ocupado ms de lo previsto, de modo que repetir el prrafo de Morgenstern que dej inconcluso, as no perderis el hilo de la lectura. Cambio y fuera.(En este punto de la historia, mi mujer desea hacer pblico que se siente tremendamente engaada al habrsele negado la inclusin de la escena de la reconciliacin entre los enamorados, que tiene lugar al pie del barranco. Le respondo lo siguiente: a) Todas las criaturas de Dios, de las inferiores para arriba, tienen derecho a disfrutar de unos momentos de genuina intimidad; b) lo que realmente se dijo, aunque para los interesados fuera bastante conmovedor, igual que la pasta dentfrica, pierde todo sabor al ser trasladado al papel para su posterior lectura: paloma ma, amor mo, dicha, dicha, etctera; c) desde el punto de vista de la trama, no ocurri nada importante, porque cada vez que Buttercup deca: Cuntame cosas de ti, Westley se apresuraba a interrumpirla dicindole: Ms tarde, amada ma, ahora no es el momento. No obstante, es justo destacar que: 1) l llor; 2) los ojos de ella no permanecieron precisamente secos; 3) hubo ms de un abrazo; y 4) ambas partes reconocieron que, sin ningn tipo de limitacin, se sentan ms que contentas de volver a verse. Adems, 5) al cabo de un cuarto de hora ya estaban discutiendo. La cosa comenz de un modo completamente inocente: los dos estaban de rodillas, cara a cara, y Westley sostena entre sus manos el rostro perfecto de la princesa.Cuando te dej le susurr l, eras ya ms hermosa de lo que yo os soar jams. En los aos que permanecimos separados, mi imaginacin hizo lo imposible por mejorar la perfeccin que recordaba. Por las noches, tu cara apareca siempre ante mis ojos. Compruebo ahora que aquella visin que me acompa en mi soledad era la de una vieja fea y arrugada comparada con la belleza que tengo ahora ante m.No hables ms de mi belleza le dijo Buttercup. Todo el mundo no hace ms que comentar lo hermosa que soy. Tambin tengo una mente, Westley. Habla de sus cualidades.Lo har a lo largo de toda la eternidad repuso. Pero en estos momentos, no tenemos tiempo.Se incorpor. La cada por el barranco lo haba dejado maltrecho, pero sus huesos sobrevivieron al viaje sin fracturarse. La ayud a levantarse.Westley? dijo entonces Buttercup. Antes de que me lanzara tras de ti, cuando todava me encontraba en lo alto del barranco, te o decir algo, pero no logr distinguir bien tus palabras.Lo he olvidado.Mentiroso.Westley le sonri y le dio un beso en la mejilla.No tiene importancia, creme; a lo ido, olvido.No debemos comenzar con secretos.Lo deca sentidamente. Westley lo adivin, por eso repuso:Confa en m.Confo. Pero repite tus palabras o tendr motivos para no hacerlo.Westley suspir.Lo que trataba de hacerte entender, dulce amada ma, lo que para ser ms exacto te gritaba con todas las fuerzas que me quedaban era: Hagas lo que hagas, qudate all arriba! No bajes, por favor!.No queras verme.Claro que quera verte. La cuestin era que no quera verte aqu abajo.Y por qu no?Porque ahora, preciosa ma, nos encontramos ms o menos atrapados. No puedo salir de aqu y llevarte conmigo sin emplear casi todo el da. Lo ms probable es que pudiera salir yo solo, en cuyo caso no tardara todo el da, pero si aadimos tu bonito peso, seguramente no ser factible.Tonteras; escalaste los Acantilados de la Locura, y este barranco no es ni la mitad de empinado.Permteme que te diga que la escalada me dej un poquitn exhausto. Y despus de ese pequeo esfuerzo, me enfrent con un tipo que saba algo de esgrima. Y, a continuacin, pas unos momentos felices enzarzado en una lucha con un gigante. A continuacin, me enfrent con un siciliano en una lucha de ingenio que, afortunadamente, acab con su muerte, pues el ms mnimo error habra hundido en tu garganta aquel cuchillo. Y, despus, he corrido durante un par de horas hasta quedarme sin aire en los pulmones. Y, despus, me empujaron por un barranco de sesenta metros. Estoy cansado, Buttercup. Comprendes lo que significa estar cansado? He estado toda la noche trabajando, a ver si te enteras.No soy ninguna tonta.Deja ya de alardear.Pues deja de ser grosero.Cundo fue la ltima vez que leste un libro? Di la verdad. No sirven los libros con ilustraciones..., me refiero a los que llevan letra impresa.Buttercup se alej de l.Hay otras cosas para leer aparte de la letra impresa repuso. Adems, la princesa de Hammersmith est disgustada contigo y piensa seriamente en marcharse a casa. Sin aadir una sola palabra ms, se lanz a sus brazos y exclam: Oh, Westley! No lo he dicho en serio, te lo juro, no he dicho en serio ni una sola apalabra.Westley saba a la perfeccin que Buttercup haba querido decir ni una sola palabra, pues apalabrar significa convenir de palabra. Pero tambin saba reconocer una disculpa cuando la oa. De modo que la estrech entre sus brazos, cerr los ojos y le susurr:Saba que no era verdad, que no dijiste en serio ni una sola apalabra.Solucionado el altercado, echaron a correr a toda la velocidad que les fue posible por las estribaciones de roca lisa del barranco.Como era lgico suponer, Westley se dio cuenta mucho antes que Buttercup de que se dirigan hacia el Pantano de Fuego. Quiz fuera por el aroma a azufre que flotaba en la brisa o por el relumbre de una llama amarilla en la lejana, no logr precisarlo. Pero cuando advirti lo que iba a ocurrir, comenz, como quien no quiere la cosa, a buscar la manera de evitarlo. Un rpido vistazo a los empinados costados del barranco hizo que descartara de inmediato la posibilidad de lograr que Buttercup superase la escalada. Se ech al suelo, tal como haba hecho cada pocos minutos, para comprobar la velocidad de sus perseguidores. Calcul que se encontraran a menos de media hora de camino y que les iban sacando ms ventaja.Se puso en pie y corri con ella, ms de prisa, sin malgastar energas en conversaciones. Buttercup no tardara en enterarse de lo que les esperaba, de modo que Westley decidi combatir el miedo de su amada por todos los medios posibles.Me parece que podemos reducir un poco la marcha le deca, hacindolo. Todava les llevamos bastante ventaja.Aliviada, Buttercup inspiraba profundamente.Westley finga examinar los alrededores y despus, le ofreca su mejor sonrisa.Con un poco de suerte le dijo, no tardaremos en llegar a salvo al Pantano de Fuego.Buttercup oy sus palabras. Pero no le sentaron bien...Unas cuantas palabras sobre dos temas relacionados: 1) los pantanos de fuego en general, y 2) el Pantano de Fuego de Florn/Guilder, en particular.1) Est claro que la denominacin de pantanos de fuego es completamente incorrecta. Nadie sabe por qu se les ha llamado as, aunque es probable que el efecto pintoresco producido al unir ambos trminos sea razn suficiente. En pocas palabras, se trata de unos pantanos con un alto porcentaje de azufre y burbujas de otros gases que estallan continuamente en llamas. Estn tapizados de rboles frondosos y gigantescos que proyectan sus sombras sobre el suelo, dndole a los estallidos llameantes un aspecto particularmente espectacular. Dado que estn a oscuras, son casi siempre bastante hmedos, por lo que atraen a la tpica comunidad de insectos y caimanes, amantes del clima hmedo. En otras palabras, un pantano de fuego no es otra cosa que un pantano, y punto; el resto es filigrana.2) El Pantano de Fuego de Florn/Guilder tena y tiene unas caractersticas particulares muy extraas: a) la existencia de Arenas de Nieve, y b) la presencia de RAGS de los que ms adelante se aportarn datos. Las Arenas de Nieve se identifican normalmente, de un modo incorrecto, con las arenas relampagueantes. No existe nada ms inexacto. Las arenas relampagueantes son hmedas y, en esencia, destruyen ahogando a sus vctimas. Las Arenas de Nieve tienen una consistencia parecidsima a los polvos de talco y destruyen por asfixia.Un aspecto ms particular del Pantano de Fuego de Florn/Guilder era que lo utilizaban para asustar a los nios. En ninguno de los dos pases exista un solo nio que, en un momento u otro de su vida cuando se comportaba mal, no fuese amenazado con ir a parar al Pantano de Fuego. Si vuelves a hacerme eso, te enviar al Pantano de Fuego era tan comn como Cmete todo lo que tienes en el plato que en frica se mueren de hambre. As, a medida que los nios iban creciendo, lo mismo ocurra con el peligro representado por el Pantano de Fuego en sus imaginaciones exuberantes. Claro est que nadie acab nunca en el Pantano de Fuego, aunque una vez al ao o as, algn RAG enfermo sola salir de all para morir, y su descubrimiento no haca ms que contribuir al engrandecimiento del mito y el horror. El ms grande de los pantanos de fuego conocidos se encuentra, por supuesto, a un da de camino de Perth. Es impenetrable y tiene unos sesenta y cinco kilmetros cuadrados de superficie. El que haba entre Florin y Guilder apenas alcanzaba un tercio de ese tamao. Nadie haba sido capaz de descubrir si era o no impenetrable.Buttercup mir fijamente hacia el Pantano de Fuego. De pequea, se haba pasado un ao entero con pesadillas, convencida de que morira all. En ese preciso momento, fue incapaz de dar un solo paso. Por todas partes surgan las llamas repentinas.No puedes pedirme esto dijo Buttercup.Es preciso.De pequea so que morira aqu.Yo tambin, como todos. Tenas entonces ocho aos? Yo, s.Ocho. Seis. No me acuerdo.Westley la tom de la mano.Buttercup no poda moverse.Es preciso?Westley asinti.Por qu?ste no es el momento.Tir de ella con suavidad. Buttercup segua sin poder moverse.Westley la levant en sus brazos.Nia, mi dulce nia. Tengo un cuchillo. Llevo mi espada. No he cruzado el mundo entero para perderte ahora.Buttercup mir por todas partes para encontrar el valor preciso. Evidentemente, lo encontr en los ojos de Westley.De todos modos, cogidos de la mano, se internaron en las sombras del Pantano de Fuego.El prncipe Humperdinck se qued con la mirada fija en la distancia. Estaba sentado en la montura de su blanco, estudiando las pisadas que haba en el fondo del barranco. No quedaba otra conclusin posible: el secuestrador haba arrastrado con l a su princesa.El conde Rugen estaba sentado sobre su caballo.De veras entraron all?El prncipe asinti.Rogando porque le respondiera que no, el conde Rugen inquiri:Creis que deberamos seguirlos?El prncipe neg con la cabeza.All dentro slo tienen dos alternativas: vivir o morir. Si mueren, no tengo el menor deseo de correr la misma suerte. Si viven, los recibir del otro lado.El otro lado queda muy lejos le record el conde.Para mis blancos, no.Os seguiremos como podamos le dijo el conde. Volvi a echar otra mirada al Pantano de Fuego. O est muy desesperado y asustado, o es muy estpido o muy valiente.Yo dira que mucho de las cuatro cosas repuso el prncipe...Westley iba al frente. Buttercup iba un poco ms rezagada y, desde la partida, lograron conseguir un buen tiempo. Ella advirti que lo principal era olvidarse de los sueos de la niez, porque el Pantano de Fuego era algo malo, aunque no tanto. Al principio, el hedor de los gases que surgan de la tierra pareca un perfecto castigo, pero la familiaridad no tard en suavizarlo. Las repentinas llamaradas eran fciles de esquivar, porque justo antes de que surgieran del suelo, se oa una especie de profundo estallido proveniente, a todas luces, de un sitio cercano al lugar por donde surgiran las llamas.Westley empuaba la espada con la mano derecha y el cuchillo largo con la izquierda, dispuesto a recibir al primer RAG, pero no apareci ninguno. Haba cortado un trozo largo y fuerte de enredadera, se lo haba enrollado alrededor de un hombro y a medida que avanzaban iba haciendo una cuerda.Cuando haya acabado con esto le dijo a Buttercup avanzando sin cesar bajo los rboles gigantes, nos ataremos; de ese modo, por ms que oscurezca, estaremos cerca. En realidad, creo que es una precaucin excesiva, pues, a decir verdad, estoy un poco desilusionado. Debo admitir que este sitio es malo, pero no tanto como imaginaba. No ests de acuerdo conmigo?Buttercup deseaba estar de acuerdo con l, completamente de acuerdo, y lo habra estado si en aquel mismo instante no se la hubieran tragado las Arenas de Nieve.Westley se dio la vuelta justo a tiempo para verla desaparecer.Buttercup haba dejado que su atencin vagara un solo instante; el suelo pareca bastante slido. De todas maneras, desconoca qu aspecto tenan las Arenas de Nieve; pero cuando uno de sus pies comenz a hundirse, no pudo retirarlo, e incluso antes de que lograra lanzar un grito, haba desaparecido. Fue como caer a travs de una nube. Las arenas eran las ms finas del mundo, casi imperceptibles, y al principio no parecan desagradables. Buttercup caa suavemente a travs de aquella masa blanda y polvorienta, alejndose cada vez ms de todo lo que fuera vida, pero no deba asustarse. Westley le haba enseado cmo comportarse en caso de que aquello le ocurriera, y sigui sus instrucciones: abri los brazos y los dedos y se oblig a adoptar la postura del muerto en natacin; hizo todo esto porque Westley le haba dicho que cuanto ms abriera brazos y piernas, ms retardara su hundimiento. Y cuanto ms lentamente se hundiera, ms de prisa podra zambullirse l para rescatarla.Buttercup ya tena las orejas y la nariz llenas de Arenas de Nieve, y saba que si abra los ojos, un milln de diminutas partculas de esta arena se le meteran bajo los prpados, y ya comenzaba a sentir un miedo atroz. Cunto tiempo llevaba hundindose? Parecan horas; contener la respiracin comenzaba a hacerle dao. Has de contener la respiracin hasta que yo te encuentre le haba dicho l, has de adoptar la postura del muerto en natacin, cerrar los ojos, contener la respiracin y yo acudir en tu ayuda y los dos tendremos una preciosa ancdota para contarle a nuestros nietos. Buttercup sigui hundindose. El peso de la arena comenzaba a aplastarle los hombros. Empezaba a dolerle la zona lumbar. Mantener los brazos y los dedos abiertos le resultaba una agona cuando todo era tan intil. Las Arenas de Nieve le pesaban ms y ms, y ella continuaba hundindose. No tendran fondo, como crean de nios? Se hunda uno en ellas para siempre hasta que las arenas te carcoman y luego seguiran los pobres huesos su eterno viaje descendente? No. seguramente en alguna parte tendra que existir un lugar de descanso. Un lugar de descanso, pens Buttercup. Qu cosa tan maravillosa. Estoy tan, tan cansada, y quiero descansar y... Westley, ven a salvarme!, grit, o empez a hacerlo. Porque para poder gritar haba que abrir la boca, de modo que lo nico que logr proferir fue la primera slaba de la primera palabra: We. Despus, las Arenas de Nieve le bajaron por la garganta y fue su fin.Westley haba realizado una estupenda salida. Antes de que Buttercup desapareciera por completo, l se haba desprendido de la espada y del cuchillo largo y se haba quitado la enredadera que llevaba enrollada al hombro. No tard casi nada en anudar un extremo a un rbol gigantesco y, aferrndose con fuerza del extremo libre, se zambull de cabeza en las Arenas de Nieve, pataleando a medida que se hunda para descender a mayor velocidad. No se haba planteado la posibilidad del fracaso. Saba que la encontrara, saba que ella estara molesta e histrica, incluso un poco trastornada. Pero viva. Y eso era, en definitiva, el nico hecho de importancia duradera. Las Arenas de Nieve le haban bloqueado las orejas y la nariz, y rogaba porque ella no se hubiera asustado, y se hubiera acordado de abrir brazos y piernas como un guila para que l pudiera aferrarla rpidamente con su zambullida de cabeza. Si ella haba seguido sus instrucciones, no sera tan difcil... En realidad era como rescatar a un nadador que se ahoga en aguas lbregas. Bajaban lentamente flotando, uno se zambulla directo al fondo, pataleaba, estiraba los brazos al frente, les daba alcance, los aferraba, los conduca a la superficie, y el nico problema grave en adelante sera convencer a los nietos de que esas cosas haban ocurrido de verdad y no era simplemente una fbula familiar ms.Su mente estaba todava ocupada con los nios nonatos, cuando ocurri algo con lo que no haba contado: la enredadera no era lo suficientemente larga. Qued suspendido en las arenas por un momento, aferrado al extremo que recorra toda la distancia que llevaba a la superficie hasta llegar a la seguridad del rbol gigantesco. Soltar la enredadera era una verdadera locura. No haba modo de obligar al cuerpo a subir aquella distancia hasta la superficie. Se poda subir unos metros a fuerza de patalear con toda el alma, pero nada ms. De manera que si soltaba la enredadera y no encontraba a Buttercup en un abrir y cerrar de ojos, los dos estaran acabados. Westley solt la enredadera sin un solo remordimiento, porque haba llegado demasiado lejos como para fracasar; el fracaso no constitua siquiera un problema digno de consideracin. Y se hundi, y en un abrir y cerrar de ojos, su mano encontr la mueca de Buttercup. Entonces fue Westley quien grit, sorprendido y aterrado, y las Arenas de Nieve se le filtraron por la garganta, porque lo que haba aferrado era la mueca de un esqueleto, un puro hueso, sin nada de carne.Eso ocurra en las Arenas de Nieve. Una vez que el esqueleto quedaba limpio hasta el hueso, comenzaba a flotar como las algas arrastradas por la corriente, yendo de aqu para all; a veces salan a la superficie, pero con ms frecuencia viajaban a travs de las Arenas de Nieve por toda la eternidad. Westley arroj lejos de s la mueca huesuda y extendi ciegamente ambas manos, araando las arenas como un loco en busca de una parte de su amada, porque el fracaso no constitua un problema; el fracaso no constituye un problema, se dijo; no es un problema digno de consideracin, o sea que olvdate del fracaso; muvete y encuntrala, y la encontr. Para ser ms exactos, encontr su pie, y tir de l; entonces, con un brazo, le rode la cintura perfecta y se puso a patalear, tomando impulso con todas las fuerzas que le quedaban, pues deba subir unos cuantos metros hasta llegar al extremo de la enredadera. La idea de que poda resultar difcil encontrar un trozo de enredadera en un pequeo mar de Arenas de Nieve jams le pas por la cabeza. El fracaso no constitua un problema; no tendra ms que patalear, y cuando lo hubiera hecho con la fuerza suficiente, ascendera, y cuando hubiera ascendido lo preciso, tendera la mano y encontrara la enredadera, y cuando hubiera tendido la mano, la enredadera estara all, y cuando estuviera all, l la atara alrededor de Buttercup y con su ltimo aliento tirara y tirara hasta que los dos estuvieran a salvo, en la superficie.Que es exactamente lo que ocurri.Buttercup permaneci inconsciente durante mucho tiempo. Westley puso manos a la obra y, como pudo, le quit las Arenas de Nieve de las orejas, de la nariz y de la boca y, lo ms delicado de todo, de debajo de los prpados. Se sinti vagamente preocupado por la prolongada quietud de Buttercup; era como si ella supiese que haba muerto y temiera enterarse de que era verdad. La aferr entre sus brazos y la acun suavemente. Al cabo de un rato, Buttercup parpade.Durante largos instantes no par de mirar a su alrededor.Hemos sobrevivido, pues? logr preguntar finalmente.Somos de raza fuerte.Qu maravillosa sorpresa.No es preciso...Iba a decir: No es preciso que te preocupes, pero el terror de Buttercup fue veloz y repentino. Era una reaccin perfectamente normal, y Westley no intent frenarla, sino que se limit a aferrarla con fuerza y a dejar que la histeria siguiera su curso. Buttercup se ech a temblar de tal manera que pareci a punto de emprender vuelo. Pero eso fue lo peor. A partir de all, el llanto tranquilo y acompasado no tard en aparecer. Despus, volvi a ser la Buttercup de siempre.Westley se incorpor, volvi a colocarse la espada y a envainar el cuchillo largo.Ven le orden. Tenemos mucho camino por recorrer.No, hasta que me expliques repuso. Por qu debemos pasar por todo esto?Ahora no es el momento le contest Westley tendindole la mano.S que es el momento.Buttercup no se movi de donde estaba.Westley suspir. La muchacha hablaba en serio.Est bien. Te lo explicar. Pero debemos seguir andando.Buttercup esper.Debemos atravesar el Pantano de Fuego le explic Westley, por una razn muy buena y simple. En cuanto comenz a hablar, Buttercup se puso en pie, y lo sigui de cerca. Siempre tuve la intencin de llegar al otro extremo; aunque debo reconocer que no esperaba tener que hacerlo pasando a travs de l. Mi intencin era rodearlo, pero el barranco me oblig a cambiar de planes.Y la razn buena y simple? le record Buttercup.En el otro extremo del Pantano de Fuego se encuentra la salida de la Baha de la Anguila Gigante. Y anclado en las aguas ms profundas de esa baha se encuentra el gran buque Venganza. El Venganza es propiedad exclusiva del temible pirata Roberts.El hombre que intent darte muerte? pregunt Buttercup. Ese hombre? El que me destroz el corazn? El temible pirata Roberts que quiso quitarte la vida, eso es lo que me han contado.Efectivamente repuso Westley. Y a ese buque nos dirigimos.Conoces al temible pirata Roberts? Eres amigo de un hombre as?Pues algo ms que eso respondi Westley. No espero que lo comprendas en seguida; slo deseo que creas que es la verdad. Vers... yo soy el temible pirata Roberts.No logro entender cmo es posible, puesto que l lleva veinte aos navegando y t me dejaste hace apenas tres.Hasta yo mismo me sorprendo a veces de las pequeas peculiaridades de la vida admiti Westley.Entonces, de verdad te captur cuando navegabas rumbo a las Carolinas?Pues s. Su buque Venganza captur al Orgullo de la Reina, el buque en el que yo viajaba, y nos iban a ejecutar a todos.Pero Roberts no te mat.Est claro.Por qu?No sabra decrtelo con exactitud, pero creo que fue porque le ped por favor que no lo hiciera. Sospecho que fue el por favor lo que suscit su inters. En fin, que detuvo su espada lo suficiente como para preguntarme: Y por qu debera hacer una excepcin en tu caso?. Entonces le expliqu mi misin, que deba llegar a Amrica para conseguir el dinero suficiente que me permitiera reunirme con la mujer ms hermosa jams engendrada, o sea, contigo. Dudo que sea tan hermosa como imaginas, me dijo, y volvi a levantar la espada. Cabellos del color del otoo le dije yo, una piel como la nata helada. Nata helada, eh?, dijo l. Estaba interesado, aunque fuera un poco, de modo que continu describindote y al final, supe que lo haba convencido del amor que senta por ti. Westley, te dir una cosa, lo lamento de veras, pero si hago una excepcin contigo, se propagar la noticia de que el temible pirata Roberts se ha ablandado y eso sealar el comienzo de mi cada, porque cuando empiezan a dejar de temerte, la piratera no se convierte en otra cosa que trabajo, tan slo trabajo, todo el tiempo trabajo, y soy demasiado viejo para llevar una vida as. Entonces yo le dije: Juro que jams se lo contar a nadie, ni siquiera a mi amada, y, si permites que viva, ser tu ayuda de cmara y trabajar como un esclavo durante cinco aos enteros, y si alguna vez me quejo de algo o provoco tus iras, podrs cortarme la cabeza ah mismo y sin contemplaciones y morir alabando tu justicia. Supe que le haba dado qu pensar. Baja me orden. Lo ms probable es que te mate maana.Westley hizo una pausa y fingi aclararse la garganta, porque acababa de darse cuenta de que los segua un RAG. No haba necesidad de alertar a Buttercup todava, de modo que sigui aclarndose la garganta y prosigui su camino entre las erupciones de fuego.Y qu ocurri al da siguiente? inquiri Buttercup. Contina.Bien, ya sabes que soy un tipo muy trabajador; te acordars de cunto me gustaba aprender y de cmo me haba preparado para trabajar veinticuatro horas al da. Decid aprender lo que pudiera de la piratera en el tiempo que me haban concedido, al menos as evitara pensar en mi prxima muerte. De modo que ayud al cocinero, limpi la bodega y, en general, hice lo que se me peda, esperando que mis energas merecieran la favorable atencin del temible pirata Roberts. A la maana siguiente me dijo: He venido a matarte. Y yo le contest: Gracias por el tiempo extra que me has concedido, ha sido fascinante. He aprendido mucho. Y l me pregunt: De la noche a la maana? Qu habrs podido aprender en tan poco tiempo?. Yo le contest: Que nadie le haba enseado nunca a tu cocinero a distinguir entre la sal de mesa y la pimienta de Cayena. El pirata Roberts tuvo que reconocer que en aquel viaje las cosas haban sido un tanto fogosas. Y entonces me pidi que le contara qu ms haba aprendido. Yo le contest que si en la bodega apilaban las cajas de un modo diferente tendran ms espacio; despus se dio cuenta de que le haba reorganizado toda la carga y, por suerte para m, haba quedado ms sitio. Al final me dijo: Est bien podrs ser mi ayuda de cmara por un da. Nunca he tenido uno; seguramente no me gustar, o sea que te matar por la maana. Cada noche, durante el ao que sigui, siempre me deca algo parecido: Gracias por todo, Westley, buenas noches. Es probable que maana por la maana te mate.Transcurrido aquel ao, llegamos a ser algo ms que ayuda de cmara y amo. Era un hombrecillo regordete, nada fiero, tal como era de esperar del temible pirata Roberts, y me gusta pensar que me tena tanto aprecio como yo se lo tena a l. Al cabo de ese ao yo ya haba aprendido bastante sobre navegacin, lucha cuerpo a cuerpo, esgrima y el lanzamiento del cuchillo, y nunca haba estado en tan buenas condiciones fsicas. Al cabo del primer ao, mi capitn me dijo: "Acabemos con este asunto del ayuda de cmara, Westley, a partir de ahora sers mi segundo jefe''. Yo le contest: "Gracias, mi capitn, pero jams podr ser pirata". Y l me dijo: "Quieres volver con esa criatura de cabellos de otoo, no?". Ni siquiera me molest en contestarle. "Un ao o dos de piratera y te hars rico, y entonces podrs volver." As que le dije: "Tus hombres llevan aos contigo y no por eso son ricos". l me contest: "Eso es porque no son el capitn. Pronto voy a retirarme, Westley, y el Venganza ser tuyo". Amada ma, he de reconocer que cuando me dijo esto me abland un poco. Pero no llegamos a una decisin definitiva. l decidi entonces que me permitira ayudarlo en las prximas capturas para ver si me gustaba. Y eso hice.Ya haba otro RAG que les segua el rastro. Avanzaba por un flanco mientras ellos proseguan camino.Fue entonces cuando Buttercup los vio.Westley...Chisst. Tranquila. Los estoy vigilando. Quieres que acabe? Te ayudar a no pensar en ellos?Le ayudaste en sus siguientes capturas le record Buttercup, para ver si te gustaba.Westley esquiv una repentina erupcin de fuego, y con su cuerpo escud a Buttercup del calor.No slo me gust, sino que result ser que tena talento para ello. Tanto, que una maana de abril Roberts me propuso que el siguiente barco sera mo para ver qu tal me iba. Esa misma tarde divisamos un enorme buque espaol, cargado hasta los topes, que iba rumbo a Madrid. Nos acercamos a l. Estaban aterrados. Quin sois?, pregunt a gritos el capitn.Westley, le contest. Jams haba odo hablar de vos, me contest, y despus abrieron fuego.Un desastre. No me teman. Estaba tan nervioso que lo hice todo mal, y el buque no tard en escapar. No hace falta que aclare que me sent muy descorazonado. Roberts me llam a su camarote. Me vine abajo como un muchacho azotado. "Pasa", me orden. Cerr la puerta y nos quedamos solos. "Esto que voy a decirte no se lo he contado nunca a nadie y debes guardarlo en el ms estricto de los secretos." Por supuesto le dije que s. "Yo no soy el temible pirata Roberts me dijo. Mi nombre es Ryan. Hered este barco del anterior temible pirata Roberts, igual que t lo heredars de m. El hombre que me lo dej en herencia tampoco era el verdadero temible pirata Roberts, se llamaba Cummberbund. El temible pirata Roberts autntico se retir hace ya quince aos y desde entonces ha vivido como un rey en la Patagonia." Le confes entonces mi confusin. "Es muy sencillo me explic Ryan. Al cabo de unos cuantos aos, el Roberts original se hizo tan rico que quiso retirarse. Clooney era su amigo y su segundo oficial, de modo que le dio el barco a Clooney, que tuvo una experiencia idntica a la tuya. En el primer abordaje que intent llevar a cabo, estuvo a punto de zozobrar. De modo que cuando Roberts se dio cuenta de que el nombre era lo que inspiraba el temor necesario, condujo al Venganza a puerto, enrol otra tripulacin, y Clooney le dijo a todo el mundo que l era el temible pirata Roberts, y quin iba a enterarse de que no lo era? Cuando Clooney se hizo rico, se retir y le pas el nombre a Cummberbund, y ste me lo pas a m, y yo, Flix Raymond Ryan, de Boodle, en las afueras de Liverpool, te impongo a ti, Westley, el nombre de temible pirata Roberts. Ahora slo nos queda llegar a puerto y enrolar una nueva tripulacin de jvenes marineros. Navegar junto a ti unos cuantos das, como Ryan, tu segundo oficial, y le hablar a todo el mundo de los aos que pas al lado del temible pirata Roberts. Luego, cuando todos hayan tragado el anzuelo, me dejars en algn puerto, y las aguas del mundo te pertenecern." Westley le sonri a Buttercup, Pues ahora ya lo sabes. E imagino que te habrs dado cuenta tambin de por qu es una tontera tener miedo.Pero, aun as, tengo miedo.Todos seremos felices al final. Piensa un poco. Hace poco ms de tres aos, t eras una lechera y yo era un mozo de labranza. Ahora t casi eres reina y yo gobierno sin oposicin alguna en los mares. Est claro que no fuimos creados jams para morir en un Pantano de Fuego.Cmo puedes estar seguro?Pues porque estamos juntos, enamorados y vamos cogidos de la mano.Ah, s! dijo Buttercup. Es que a veces se me olvida.Sus palabras y su tono sonaron un poquitn fros, algo que Westley habra sin duda notado de no ser porque en ese momento un RAG salt desde la rama de un rbol, se abalanz sobre l, le hinc los enormes dientes en el hombro descubierto y lo derrib al suelo provocndole una hemorragia repentina. Los otros dos RAG que los haban estado siguiendo atacaron tambin; ni se fijaron en Buttercup, sino que se lanzaron directamente con hambrienta fuerza sobre el hombro sangrante de Westley.(Todo comentario sobre los RAG Roedores de Aspecto Gigantesco, debe necesariamente comenzar con la mencin del capibara sudamericano que, segn se sabe, ha llegado a alcanzar un peso de setenta kilos. Sin embargo, no son ms que unos cerdos acuticos prcticamente inofensivos. La rata de pura raza de mayor tamao quiz sea la de Tasmania, que ha llegado a pesar unos cuarenta y cinco kilos. Pero carece de agilidad, y al alcanzar el tamao adulto, tiende a ser lenta y perezosa, por lo cual gran parte de los pastores de Tasmania han aprendido fcilmente a evitarla. Los RAG del Pantano de Fuego pertenecan a una cepa de pura raza, pesaban siempre alrededor de treinta y cinco kilos y eran veloces como un galgo ruso. Adems eran carnvoros y con tendencia al desvaro.)Las ratas lucharon entre s para llegar a la herida de Westley. Sus enormes incisivos destrozaron la carne desprotegida del hombro izquierdo de Westley, y el pobre no tena ni idea de si Buttercup haba sido ya devorada; slo saba que si no haca algo espectacular en seguida, pronto la devoraran.Fue entonces cuando ech a rodar intencionalmente hacia una erupcin de fuego.Tal como haba esperado, sus ropas comenzaron a arder, pero, lo ms importante de todo fue que las ratas salieron corriendo en un instante, espantadas por el calor y las llamas, y eso bast para que Westley cogiera su cuchillo y lo hundiera en el corazn del animal que tena ms cerca.Las otras dos se abalanzaron instantneamente sobre su hermana y comenzaron a devorarla mientras el animal segua chillando.Para entonces. Westley haba recuperado la espada y con dos rpidas estocadas, dispuso del tro de roedores.Date prisa! le grit a Buttercup, que se haba quedado petrificada de miedo en el sitio donde haba cado la primera rata. Vendas, vendas le grit Westley. Haz unas cuantas vendas o moriremos! Dicho lo cual, ech a rodar por el suelo, se arranc las ropas quemadas y de inmediato se dispuso a cubrir con barro la profunda herida del hombro. Son como tiburones, las atrae la sangre; viven de sangre. Se unt ms y ms barro sobre la herida. Debemos parar la hemorragia y cubrir la herida para que no huelan la sangre. Si no logran olerla, sobreviviremos. Si la huelen, estamos acabados; aydame, por favor.Buttercup rasg sus vestidos e hizo vendas, y entre los dos cubrieron la herida; el barro del Pantano de Fuego les sirvi para detener la hemorragia, y luego colocaron capas y ms capas de vendas sobre la herida.Pronto sabremos si ha funcionado dijo Westley al ver que otras dos ratas le observaban. Westley esper, empuando la espada. Si cargan contra nosotros, es que la huelen susurr.Las ratas gigantescas se quedaron all, mirndole.Ven le susurr Westley.Otras dos ratas gigantescas se unieron al primer do.Sin previo aviso, Westley lanz una estocada con su espada y la rata que estaba ms cerca de ellos empez a sangrar. Las otras tres se contentaron momentneamente con ese festn.Westley cogi a Buttercup de la mano y emprendieron otra vez la marcha.Cmo te encuentras? le pregunt ella.Muy cerca de la agona, pero podemos hablar de eso ms tarde. Ahora date prisa.Se dieron prisa. Llevaban una hora en el Pantano de Fuego, que result ser la ms tranquila de las seis que tardaron en cruzarlo por entero. Pero lo hicieron. Vivos y juntos. Cogidos fuertemente de la mano.Estaba a punto de oscurecer cuando por fin vieron al enorme buque Venganza anclado en la parte ms honda de la baha. Westley, que an se encontraba en los confines del Pantano de Fuego, cay de rodillas, derrotado.Pues entre l y su barco haba algo ms que unos cuantos inconvenientes. Desde el norte se aproximaba la mitad de la Armada. Desde el sur, la otra mitad. Cien caballeros con armas y armaduras. Delante de ellos, el conde. Y frente a todos, solo, los cuatro blancos con el principe montando el corcel gua. Westley se puso de pie.Tardamos demasiado en cruzar. La culpa es ma.Acepto vuestra rendicin le dijo el principe.Sin soltar la mano de Buttercup. Westley le contest;Nadie se ha rendido.Os comportis tontamente replic el prncipe. Reconozco vuestra valenta. No hagis el ridculo.Qu hay de ridculo en ganar? quiso saber Westley. Opino que para que podis capturarnos, debis entrar en el Pantano de Fuego. Llevamos muchas horas aqu dentro: sabemos dnde estn las Arenas de Nieve. Dudo que vos y vuestros hombres estis ansiosos por seguirnos. Y llegada la maana habremos huido.No estara tan seguro dijo el prncipe sealando hacia el mar. La mitad de la Armada haba comenzado a perseguir al gran buque Venganza. Y el Venganza, al estar solo, hizo lo que deba hacer: alejarse. Rendos le conmin el prncipe.Ni lo sois.Rendos! grit el prncipe.Antes la muerte! rugi Westley.Prometis que no le haris dao...? susurr Buttercup.Qu habis dicho? inquiri el prncipe.Qu has dicho? pregunt Westley.Buttercup dio un paso al frente y respondi:Si nos rendimos voluntariamente y sin ofrecer resistencia, si la vida vuelve a ser la misma que era ayer al anochecer, juris que no le haris dao a este hombre?El prncipe Humperdinck levant la mano derecha y repuso:Juro sobre la tumba de mi padre, que pronto ha de morir, y por el alma de mi ya difunta madre, que no le har dao a este hombre, y si lo hago, que Dios me impida volver a cazar otra vez aunque viva mil aos.Dirigindose a Westley, Buttercup dijo:No puedes pedir ms que eso; es la verdad.La verdad repuso Westley es que prefieres vivir con tu prncipe antes que morir con tu amor.He de reconocer que prefiero vivir antes que morir.Hablbamos de amor, seora.Se produjo una larga pausa. Finalmente, Buttercup dijo:Puedo vivir sin amor.Dicho esto, se march dejando solo a Westley.El prncipe Humperdinck la observ mientras ella cubra la larga distancia que la separaba de l.Cuando nos hayamos alejado le dijo el prncipe al conde Rugen, llevaos al hombre de negro y encerradle en el quinto nivel del Zoo de la Muerte.Cuando jurasteis repuso el conde asintiendo, hubo un momento en que llegu a creeros.Dije la verdad, jams miento repuso el prncipe. Dije que yo no le hara dao. Pero en ningn momento dije que ese hombre no padecera. Vos seris quien lo torturar; yo har de espectador.En ese momento, tendi los brazos para recibir a su princesa.Pertenece al buque Venganza dijo Buttercup. Es... Iba a contar la historia de Westley, pero como no le corresponda a ella repetirla, continu: Es un simple marinero y lo conozco desde que era nia. Os encargaris de ello?Debo volver a jurar?No es preciso repuso Buttercup, porque saba, igual que todos, que el prncipe era ms franco que cualquier florins.Acompaadme, mi princesa.La tom de la mano.Buttercup se fue con l.Westley se qued mirndolos. Se encontraba de pie, en silencio, al borde del Pantano de Fuego. Haba oscurecido, pero las erupciones de fuego que se elevaban a sus espaldas delinearon su rostro. Tena la mirada vidriosa por la fatiga. Su cuerpo estaba lleno de mordeduras y cortes. Haba pasado mucho tiempo sin descansar, haba escalado los Acantilados de la Locura, haba salvado algunas vidas y eliminado otras. Haba arriesgado su mundo entero y ahora ese mundo se alejaba de l, de la mano de un prncipe rufin.Despus Buttercup desapareci; se perdi de vista.Westley inspir profundamente. Not que una infinidad de soldados comenzaba a rodearlo, y con toda probabilidad le habra sido posible hacer sudar a unos cuantos para reducirlo.Pero para qu?Westley se desmoron.Acompaadme, caballero le pidi el conde Rugen al acercrsele. Debemos llevaros sano y salvo a vuestro barco.Los dos somos hombres de accin le contest Westley. Las mentiras no son propias de nosotros.Bien dicho reconoci el conde y, levantando la mano, golpe a Westley y lo dej inconsciente.Westley cay como una piedra; su ltimo pensamiento consciente fue para la mano del conde: tena seis dedos, y Westley no lograba recordar si haba visto alguna vez semejante deformidad...6

Los festejos

Este es otro de esos captulos en los cuales, segn el profesor Bongiorno, de Columbia, el gur florins, el genio satrico de Morgenstern alcanza su pleno florecimiento. (El hombre utiliza siempre expresiones como stas: pleno florecimiento, humorismo delicioso, y as sucesivamente.)Este captulo sobre los festejos es, en su mayora, una descripcin detallada de... a que no lo adivinis? Acertasteis! De los festejos. Las nupcias tendran lugar ochenta y nueve das ms tarde, y todos los copetudos de Florn deban agasajar a la pareja; lo que hace Morgenstern es llenar pginas y pginas con detalles sobre cmo atendan a sus invitados los ricachones de la poca. Qu clase de fiestas, qu tipo de comidas, quin se encargaba de la decoracin, cmo se dispona a los comensales en la mesa, todo ese tipo de cosas.La nica parte interesante, aunque no merece la pena leer cuarenta y cuatro pginas para enterarse, es la que describe cmo el principe Humperdinck se interesa cada vez ms en Buttercup, llegando incluso a reducir un poco sus actividades de caza. Y, lo ms importante, debido al fracasado intento de secuestro, se producen tres cosas: 1) todo el mundo est prcticamente convencido de que la trama fue urdida por Guilder, de modo que las relaciones entre ambos pases son algo ms que tensas; 2) todo el mundo adora a Buttercup, pues ha corrido la voz de que se comport con gran valenta y que incluso logr salir con vida del Pantano de Fuego; y 3) el principe Humperdinck es, por fin, y en su propia tierra, un hroe. Nunca haba sido popular, en parte debido a su fetichismo por la caza y a las prolongadas ausencias en las que permiti que su pas se pudriera cuando su padre se volvi senil; pero la forma en que frustr el rapto sirvi para que todos se dieran cuenta de que aqul era un hombre bravo, y que era una suerte que fuese heredero de la corona.En fin, estas cuarenta y cuatro pginas describen ms o menos el primer mes de festejos. Slo hacia el final, las cosas vuelven a ponerse interesantes. Buttercup est tendida en la cama, exhausta; es tarde, el fin de otra largusima fiesta, y, mientras espera que el sueo llegue, se pregunta en qu mar navegar Westley y qu habr sido del espaol y del gigante. Eventuahnente, en tres veloces retrospectivas, Morgenstern regresa a lo que yo creo que es la narracin propiamente dicha.Cuando Iigo volvi en s, todava era de noche en los Acantilados de la Locura. All abajo, se agitaban las aguas del Canal de Florn, Iigo se movi, parpade, intent frotarse los ojos y no pudo.Tena los brazos atados alrededor de un rbol.Iigo volvi a parpadear para aclararse la vista. Haba cado de rodillas ante el hombre de negro, dispuesto a morir. Al parecer, el vencedor haba tenido otras ideas. Como pudo, Iigo ech un vistazo a su alrededor y encontr la espada con empuadura para seis dedos; brillaba bajo la luna como un trozo de magia perdida, Iigo estir al mximo la pierna derecha y logr tocar la empuadura. Acerc con el pie la espada todo lo posible para poder cogerla con una mano, y luego cort las ataduras. Cuando se puso en pie sufri un vahdo; se frot detrs de la oreja, donde le haba golpeado el hombre de negro y not que tena un chichn; era de tamao considerable, no caba duda, pero aquello no constitua un grave problema.Lo realmente grave era qu iba a hacer.Las instrucciones de Vizzini para circunstancias como aqulla, cuando un plan fallaba, eran estrictas: Vuelve al principio. Volver al principio, esperando a Vizzini, reagruparse, volver a planear la accin y empezar de nuevo, Iigo incluso haba llegado a componer una rima para que Fezzik no tuviera problemas en recordar qu deba hacer en momentos de apuros: Bufn, bufn, vuelve al principio sin ms dilacin.Iigo saba con exactitud dnde estaba el principio. Haban conseguido el trabajo en la misma ciudad de Florn, en el Barrio de los Ladrones. Como de costumbre, Vizzini se haba encargado de las negociaciones. Se haba entrevistado con su empleador, haba aceptado el trabajo, lo haba planeado, todo en el Barrio de los Ladrones. De manera que estaba claro que haba que regresar all.Pero Iigo odiaba aquel lugar. Todo el mundo era tan peligroso, tan grande, tan salvaje y musculoso..., qu ms daba que fuera el mejor espadachn del inundo?, quin se enterara con slo mirarlo? Tena toda la pinta de un pobre espaol delgaducho, al que poda ser divertido atracar. Uno no poda ir por el mundo portando un cartel que dijera: Cuidado, soy el espadachn ms grande del mundo desde que desapareciera el fenmeno de Crcega. No me atraquis.Adems, y al pensarlo, Iigo sinti un profundo dolor. Ya no era un gran espadachn, imposible, acaso no acababa de ser derrotado? Antes s haba sido un titn, pero ahora..., ahora...A continuacin sigue un soliloquio de seis pginas que vosotros no leeris y que Morgenstern aprovecha para dejar constancia, a travs de Iigo, de las angustias que produce la fugacidad de la gloria. El motivo por el que incluy aqu este soliloquio radica en que la obra anterior de Morgenstern haba sido despedazada por la crtica y no se haba vendido ni un solo ejemplar. (Un inciso. Sabais que del primer libro de poemas de Robert Browning no se vendi ni uno solo? Es la verdad. Ni siquiera su madre compr uno en la librera de su ciudad. Habis odo alguna vez algo ms humillante? Imaginaos por un momento que estis en el lugar de Browning, que habis publicado vuestro primer libro y que alimentis la secreta esperanza de que ahora, ahora, seris alguien. Establecido, importante. Y dejis pasar una semana antes de preguntar al editor cmo van las cosas, porque no queris parecer pesados ni nada por el estilo. Y despus pasis por el despacho del editor como quien no quiere la cosa, y probablemente en esa poca todo era muy ingls y flemtico, y como sois Browning charlis un poco de esto y de aquello, antes de formular la gran pregunta: Ah, por cierto, hay alguna idea de cmo marchan mis poemas?. Entonces, el editor, que haba temido este momento, probablemente contesta: En fin, ya sabe usted lo que ocurre hoy en da con la poesa; nada marcha como antes. Hay que dejar pasar el tiempo para que se propague la novedad. Entonces, un buen da, alguien tuvo que contestarle: Nada, Bob. Lo siento, Bob. No, todava no hemos logrado efectuar una sola venta. Por un momento cremos que Hatchards tena un posible comprador en Piccadilly, pero parece ser que se arrepinti. Lo siento, Bob; no te preocupes, te mantendremos al tanto si llegara a producirse algn cambio. Fin del inciso.)En fin, que Iigo acaba su monlogo con los Acantilados y se pasa las horas siguientes tratando de encontrar un pescador que lo lleve de regreso a la ciudad de Florn.El Barrio de los Ladrones era peor de lo que l recordaba. Porque antes Fezzik haba estado siempre a su lado, y juntos componan rimas. La sola presencia del gigante bastaba para mantener a los ladrones a prudente distancia.Impulsado por el pnico, Iigo avanz por las oscuras callejuelas. De la noche surgan todo tipo de gritos, y de las tabernas, risas vulgares. Se dio cuenta entonces de que tena miedo, porque mientras estaba all sentado, aferrado a su espada con empuadura para seis dedos para darse valor, volvi a revivir mentalmente la poca anterior a su encuentro con Vizzini.Un fracasado.Un hombre sin objetivos, sin apego al maana. Haca aos que Iigo no probaba el brandy. En ese momento, not que sus dedos buscaban desmaadamente unas monedas. Oy sus propios pasos que corran hacia la taberna ms prxima, y vio su dinero sobre el mostrador. Palp entre sus manos la botella de brandy.Regres corriendo al prtico que acababa de abandonar. Abri la botella. Oli el brandy barato. Tom un sorbo. Tosi. Tom otro sorbo. Volvi a toser. Bebi vidamente y tosi y volvi a beber vidamente y esboz una sonrisa.Sus temores comenzaban a abandonarlo.Al fin y al cabo, por qu tena que estar atemorizado? El era Iigo Montoya (ya se haba bebido media botella), hijo del gran Domingo Montoya, haba algo en este mundo digno de ser temido? (Se haba bebido toda la botella.) Cmo se atreva el miedo acercarse a un genio como Iigo Montoya? Pues nunca ms. (Iba ya por la segunda botella.) Nunca, nunca, nunca ms.Sigui all sentado, solo, confiado y fuerte. Su vida era una maravilla. Tena bastante dinero para comprar brandy y, con eso, se senta dueo del mundo.El prtico era miserable y desolado. Iigo sigui all tirado, bastante feliz, aferrando la botella con sus manos otrora temblorosas. La existencia era realmente muy sencilla cuando uno obedeca rdenes. No haba nada mejor ni ms fcil que lo que le aguardaba.Lo nico que tena que hacer era esperar y beber hasta que llegase Vizzini...Fezzik no tena ni idea de cunto tiempo haba permanecido inconsciente. Al incorporarse, se tambale por el sendero de montaa, y slo supo una cosa: que le dola mucho el cuello a causa del intento de estrangularle del hombre de negro.Qu hacer?Los planes haban fallado. Fezzik cerr los ojos e intent pensar... Haba un sitio adonde uno deba ir cuando los planes fallaban, pero no lograba recordarlo, Iigo le haba incluso compuesto una rima para que no se le olvidara, y ahora, ni siquiera con eso... Era tan estpido que no se acordaba. Cmo deca? Acaso Fornido, fornido, vete a esperar a Vizzini con Cupido? Rimaba, pero dnde estaba Cupido? Idiota, idiota, vete ahora mismo a jugar a la pelota. Eso tambin rimaba, pero qu clase de instrucciones eran sas?Qu hacer? Qu hacer?Pedazo de animal, usa el cerebro y no lo hagas mal? Nada. Nada lograba ayudarle. En su vida haba hecho algo bien, hasta que encontr a Vizzini y, sin pensrselo ms, Fezzik se intern en la noche en busca del siciliano.Vizzini dorma la siesta cuando el gigante lo encontr. Despus de beber vino se haba quedado dormido. Fezzik cay de rodillas y junt las manos en actitud de splica.Vizzini, lo siento dijo.Vizzini sigui durmiendo.Fezzik lo sacudi suavemente.Vizzini no se despert.Lo sacudi no tan suavemente.Nada.Ah, ya s, ests muerto dijo Fezzik. Se puso de pie. Est muerto, Vizzini ha muerto repiti en voz baja. Entonces, sin que su cerebro interviniese para nada, de su garganta surgi un grito de pnico: Iigo!Se dio media vuelta y baj por el sendero de montaa, porque si Iigo segua con vida, todo estaba bien; no sera lo mismo, no, nunca volvera a ser lo mismo sin que Vizzini les diera rdenes y los insultara como slo l saba hacerlo, pero al menos tendran tiempo para dedicarse a la poesa. Cuando Fezzik lleg a los Acantilados de la Locura les grit a las rocas: Iigo, Iigo, estoy aqu, y a los rboles: Iigo, Iigo, soy yo, tu Fezzik, y por todas partes: Iigo, Iigo, contstame, por favor!, hasta que no le qued ms remedio que llegar a la conclusin de que no slo no haba ms Vizzini, sino que tampoco haba ms Iigo. y que aquello era muy difcil de resistir.En realidad, era demasiado difcil para Fezzik, de modo que ech a correr gritando: Me reunir contigo en seguida, Iigo, y Ahora mismo voy, Iigo. y Eh, Iigo, espera (espera, desespera..., corra como un desesperado, y cmo iban a divertirse componiendo rimas cuando Iigo y l volvieran a reunirse), pero despus de pasarse una hora gritando, la garganta ya no le respondi porque, al fin y al cabo, haba estado a punto de morir estrangulado. Corri y corri hasta que finalmente lleg a una pequesima aldea en cuyas afueras encontr unas bonitas rocas que formaban una cueva lo bastante grande como para que pudiera tenderse en su interior. Se sent con la espalda apoyada sobre el muro de piedra, los brazos alrededor de las rodillas y el cuello dolorido, hasta que los nios de la aldea dieron con l. Conteniendo el aliento se acercaron hasta donde se atrevieron. Fezzik deseaba que se fueran, de modo que permaneci inmvil imaginando que estaba en compaa de Iigo y que ste le deca barril; entonces Fezzik responda veloz alguacil, y despus cantaban un poco hasta que Iigo deca serenata, y no haba manera de ganarle a Fezzik con algo tan fcil como sonata, entonces Iigo se inventaba algo sobre el tiempo y Fezzik le encontraba una rima, y las cosas siguieron as hasta que los nios de la aldea dejaron de tenerle miedo. Fezzik se dio cuenta porque se le acercaron mucho y de pronto comenzaron a chillar a voz en grito y a hacerle todo tipo de muecas. No los culpaba; al fin y al cabo, tena todo el aspecto de quien se merece que se mofen de l. Llevaba las ropas hechas jirones, haba enmudecido y su mirada estaba perdida: probablemente, si hubiera tenido la misma edad que esos nios, l tambin se habra puesto a gritar.Cuando los nios comenzaron a encontrarle gracioso, Fezzik empez a considerar todo aquello como degradante, aunque en aquel momento ignoraba la palabra. Ya no hubo ms gritos. Slo risas. Risas, pens Fezzik, y luego pens, prisas... Para aquellos nios no era ms que un payaso, una cosa enorme y graciosa que no haca demasiado ruido. Risas, prisas, acaso payaso claudicante de ahora en adelante.Fezzik se acurruc en la cueva e intent considerar los aspectos positivos de su situacin. Al menos no le estaban lanzando cosas.De momento.Westley despert encadenado en el interior de una jaula gigantesca. Comenzaba a supurarle el hombro a raz de las mordeduras de los RAG. Momentneamente pas por alto su incomodidad e intent acostumbrarse al sitio donde se encontraba.Estaba claro que se encontraba bajo tierra. No era la falta de ventanas lo que le dio esa certeza, sino la humedad. Desde lo alto le llegaron unos sonidos animales: el rugido ocasional de un len, o el del leopardo.Poco despus de haber recuperado el sentido, apareci el albino exange, con la piel tan plida como un abedul muerto. La luz de la vela que serva para iluminar la jaula haca aparecer al albino como una criatura que jams hubiera visto el sol. El albino llevaba una bandeja con muchas cosas: vendas, comida, polvos curativos y brandy.Dnde estamos? inquiri Westley.El albino se encogi de hombros.Quin eres?Volvi a encogerse de hombros.Al parecer sa era toda la conversacin de que era capaz el hombre. Westley le formul una pregunta tras otra mientras el albino le curaba y le vendaba la herida. Despus le dio de comer un plato caliente que encontr sorprendentemente bueno y abundante.Se encogi de hombros de nuevo.Quin sabe que estoy aqu?Volvi a encogerse de hombros.Miente si quieres, pero al menos di algo..., contstame. Quin sabe que estoy aqu?Un susurro.Yo lo s. Ellos lo saben.Ellos?Otra vez encogimiento de hombros.Te refieres al prncipe y al conde?Inclinacin de cabeza.Nadie ms?Volvi a inclinar la cabeza.Cuando me trajeron aqu estaba medio inconsciente. El conde era quien daba las rdenes, pero me llevaban tres soldados. Ellos tambin lo saben.Negacin de cabeza. Un susurro.Lo saban.Entonces, voy a morir?Encogimiento de hombros.Westley se recost en el suelo de la gigantesca jaula subterrnea y se dedic a observar cmo el silencioso albino volva a colocarlo todo en la bandeja y desapareca sin hacer ruido. Si los soldados estaban muertos, sin duda no sera irrazonable deducir que l no iba a tardar en seguir la misma suerte. Pero si deseaban eliminarlo, sin duda tampoco sera irrazonable deducir que no tenan la menor intencin de hacerlo de inmediato; de lo contrario, para qu iban a curar sus heridas, a devolverle sus fuerzas con esa comida deliciosa y caliente? No, no haba llegado la hora de su muerte. Pero mientras tanto, considerando las personalidades de sus captores, no resultaba del todo irrazonable deducir que haran lo imposible por hacerle sufrir.Mucho.Westley cerr los ojos. Le esperaba todo tipo de dolores y tena que estar preparado. Tena que preparar su cerebro, tena que controlar su mente y protegerla de sus esfuerzos, para que no lograsen quebrarlo. No permitira que lo quebrasen. Se mantendra ntegro contra viento y marea. Si le daban el tiempo suficiente para prepararse, saba que podra derrotar el dolor. Pero result que le concedieron tiempo suficiente (faltaban meses para que la Mquina estuviera lista).Pero, de todos modos, lograron quebrarlo.Finalizado el trigsimo da de festejos y cuando an quedaban otros sesenta das de fiesta por disfrutar, a Buttercup la asalt la genuina preocupacin de que quiz le faltara la fuerza para soportarlo. Sonrisas, ms sonrisas, estrechar manos, una reverencia y gracias, una y otra vez. Un solo mes la haba dejado exhausta, cmo iba a sobrevivir el doble de ese tiempo?Al final, y debido a la precaria salud del rey, todo result fcil y triste a la vez. Cuando quedaban an cincuenta y cinco das, Lotharon comenz a debilitarse terriblemente.El prncipe Humperdinck mand llamar a otros mdicos. (Quedaba an con vida el ltimo de los taumaturgos, un tal Max, pero como lo haban despedido haca mucho, no se consider oportuno solicitarle que volviese a tomar el caso; si entonces haba sido un incompetente, cuando Lotharon slo estaba grave, cmo podra, ahora que Lotharon agonizaba, ser la panacea?) Los nuevos mdicos estuvieron de acuerdo en utilizar diversos medicamentos ya probados, y transcurridas cuarenta y ocho horas de su intervencin en el caso, el rey muri.La fecha de la boda no experiment alteraciones no todos los das un pas celebraba el quingentsimo aniversario, pero los festejos o bien fueron reducidos o del todo y ampliamente cancelados. Y cuarenta y cinco das antes de la boda, el prncipe Humperdinck se convirti en rey de Florn, y eso lo cambi todo, porque antes nunca se haba tomado nada en serio, aparte de la cacera, y a partir de ese momento, tuvo que aprender, aprender de todo, a gobernar un pas; se encerr, sepultado en libros y rodeado de sabios, y cmo se aplica este impuesto y cundo debera aplicarse y cmo marchan las relaciones exteriores y en quin se puede confiar, cunto se puede confiar y hasta qu punto. Y ante los hermosos ojos de Buttercup, Humperdinck se convirti de temible hombre de accin en un ser de frentica sabidura, porque era preciso que lo comprendiera todo bien ahora, antes de que ningn otro pas se atreviera a entrometerse en el futuro de Florn. De modo que la boda, cuando tuvo lugar, fue un acontecimiento breve y sin importancia, programado entre una reunin de ministros y una crisis del tesoro, y Buttercup se pas su primera tarde como reina vagando por el castillo, sin saber qu hacer. Slo cuando el rey Humperdinck sali al balcn en compaa de Buttercup para saludar a la inmensa turba que haba esperado pacientemente durante todo el da, logr la muchacha darse cuenta de que ya haba acontecido todo, de que ya era reina, y que su vida, si alguna vez haba tenido algn valor, perteneca ahora al pueblo.La real pareja se detuvo en el balcn del castillo y recibi los vtores, los gritos, los interminables y tronantes vivas hasta que Buttercup dijo:Por favor, puedo volver a caminar entre ellos?El rey asinti, y ella volvi a bajar, igual que hiciera el da en que anunciaron la boda, radiante y sola; una vez ms, la gente se apart para cederle el paso, llorando y dando vivas y haciendo reverencias y...... y entonces fue cuando alguien la abuche.Desde el balcn, Humperdinck, que lo presenciaba todo, reaccion al instante y orden a los soldados que se dirigieran al lugar de donde haba provenido el sonido, envi luego ms tropas para que rodearan a la reina y, de inmediato, Buttercup estuvo a salvo, y la autora del abucheo fue aprehendida y sacada de all.Un momento orden Buttercup, sorprendida an por lo inesperado de los hechos. Traedla ante m.En un instante, la autora del abucheo se encontr ante ella.Era una mujer vieja, gastada y torcida, y Buttercup pens en todos los rostros que haba visto en su vida, pero de aqul no lograba acordarse.Nos hemos conocido? inquiri la reina.La vieja neg con la cabeza.Entonces, por qu? Por qu en este da? Por qu insultas a la reina?Porque no os merecis estos vtores repuso la anciana, y de pronto se puso a gritar a voz en grito: Tenais el amor en vuestras manos y renunciasteis a l a cambio de un puado de oro! Y dirigindose a la multitud, agreg: Lo que os digo es la verdad... Junto a ella, en el Pantano de Fuego, iba el amor y ella lo lanz lejos de s como si fuera basura.... eso es lo que es, la reina de la basura.Haba dado mi palabra al prncipe... comenz a explicar Buttercup, pero no hubo manera de hacer callar a la anciana.Preguntadle cmo logr atravesar el Pantano de Fuego. Preguntadle si lo hizo sola. Renunci al amor para convertirse en reina de la mugre, en reina del estircol... Yo soy vieja y para m la vida no significa nada, por eso soy la nica persona de toda esta multitud que se atreve a gritar la verdad, y la verdad os dicta que debis inclinaros ante la reina de la fetidez si lo deseis, pero yo no lo har. Vitoread a la reina del fango y de las heces si lo deseis, pero yo no lo har. No lo har!Dicho esto, comenz a avanzar hacia Buttercup.Llevosla orden Buttercup.Pero los soldados no lograron detenerla y la anciana sigui avanzando y gritando cada vez ms fuerte. Ms fuerte. Y ms fuerte! Y mucho ms fuerte! Y...Buttercup despert gritando.Se encontraba en la cama. Sola. A salvo. Todava faltaban dos meses para la boda.Pero sus pesadillas haban comenzado.A la noche siguiente so que daba a luz a su primer hijo, y...Interrupcin. Qu os parece si le reconocemos al viejo Morgenstern sus mritos como impostor de primera? Lo digo porque imagino que al menos por un instante os habris credo que se haban casado de veras. Yo me lo cre.Es uno de los recuerdos que guardo con mayor fidelidad de cuando mi padre me ley el libro. Tena pulmona, os acordis? Pero a estas alturas ya me encontraba un poquito mejor y completamente enganchado al libro; a los diez aos si hay algo que se sabe es que pase lo que pase habr un final feliz. Los autores podrn sudar la gota gorda para asustarte, pero, en el fondo, sabes, no te cabe duda alguna de que a la larga imperar la justicia. Y que Westley y Buttercup, aunque tuvieran sus ms y sus menos, acabaran casndose y viviendo felices para siempre. Habra apostado la fortuna de mi familia si hubiera encontrado a alguien lo bastante primo como para aceptar mi apuesta.Pues bien, cuando mi padre termin de leerme la oracin en la que se dice que la boda fue un acontecimiento programado entre una reunin de ministros y una crisis de no s qu, recuerdo que le dije: Lo has ledo mal.Mi padre era un hombre pequeito, calvo, barbero de oficio, os acordis? Y ms bien inculto. Pues bien, no se puede provocar a un tipo que lee con dificultad dicindole que ha ledo algo mal, porque la verdad es toda una osada. Mi padre me contest: Aqu el que lee soy yo.Ya lo s, pero es que te has equivocado. No se cas con el desgraciado de Humperdinck. Se casa con Westley.Algo mosqueado, mi padre volvi a lermelo todo.Entonces es que te has saltado una pgina o algo. Trata de lermelo bien, eh?A esas alturas ya estaba algo ms que molesto. No me he saltado nada. He ledo lo que pone aqu. He ledo las palabras. Buenas noches, y se march.Eh, pap, no te vayas, le grit yo, pero mi padre era tozudo, acto seguido, entr mi madre y me dijo: Dice tu padre que tiene la garganta irritada; ya le haba dicho yo que no leyera tanto. Me arrop bien y por ms guerra que di, se haba acabado. No ms novela hasta el da siguiente.Me pas aquella noche convencido de que Buttercup se haba casado con Humperdinck. Estaba destrozado. No s cmo explicarlo, pero el mundo no funcionaba as. Los buenos se atraan entre s, y el mal era algo que uno echaba en el retrete, tiraba de la cadena, y todos en paz. Pero esa boda era algo que no cuajaba. Dios mo, cuntas vueltas le di! Primero se me ocurri que Buttercup ejerci en Humperdinck un fantstico efecto y lo convirti en una especie de Westley, o tal vez Westley y Humperdinck resultaban ser hermanos que haban sido separados al nacer, y como Humperdinck se alegraba tanto de haber recuperado a su hermano, le deca: Vers, Westley, cuando me cas con ella yo no saba quin eras t, de modo que me divorciar para que podis casaros y para que todos podamos ser felices. Creo que nunca en mi vida he vuelto a ser ms creativo.Pero la cosa no cuajaba. Haba algo que no funcionaba y no saba qu. De repente sent un descontento que comenz a carcomerme hasta que logr hacerse un lugar lo bastante grande como para instalarse y, entonces, se acomod bien y se qued all. Y sigue aqu, dentro de m, acechndome incluso ahora mientras escribo.A la noche siguiente, cuando mi padre continu leyendo y result que lo de la boda lo haba soado Buttercup, grit: Ya lo saba, lo supe desde el principio. Mi padre me coment: Ahora que ests contento y que todo est bien, podemos continuar, por favor?. Yo le contest: Adelante. Y l prosigui con la lectura.Pero yo no estaba satisfecho. Bueno, supongo que mis odos s, mi sentido de la narracin tambin, mi corazn igual, pero en el fondo de... supongo que deberamos llamarle alma, estaba ese maldito descontento meneando su negra cabeza y dicindome que no.Nadie me explic todo esto hasta que no llegu a la adolescencia y conoc a Edith Neisser, una gran mujer que viva en mi ciudad natal, y que ya ha fallecido. Escriba unos libros estupendos sobre cmo echamos a perder a nuestros hijos. Hermamos y hermanas era uno de sus libros. El primognito era otro de sus ttulos. Ambos publicados por Harper. Edith no necesita que le hagan publicidad porque, como ya he dicho, ha muerto, pero si a alguno de los lectores le preocupara la idea de no ser un padre o una madre perfectos, le aconsejo que lea uno de los libros de Edith mientras todava est a tiempo. Yo la conoca porque mi padre le cortaba el pelo a Ed, hijo de Edith, y ella era la escritora, y yo, de adolescente, pensaba que aqul tambin sera mi oficio, slo que nunca haba podido contrselo a nadie. Era demasiado incmodo... El hijo de un barbero, si se daba maa, poda llegar a ser vendedor de IBM, pero escritor?, ni hablar. No me preguntis cmo ocurri, pero con el tiempo, Edith descubri mi ambicin shhhh y a partir de aquel momento, en algunas ocasiones, hablbamos del tema. Recuerdo que una vez estbamos tomando t helado en el porche de los Neisser mientras hablbamos, y justo delante del porche se encontraba su campo de badminton. Yo estaba mirando cmo jugaban a badminton unos nios; Ed acababa de derrotarme y cuando yo me diriga hacia el porche, me dijo: No te preocupes, todo saldr bien, la prxima vez me ganars t. Yo asent, y Ed agreg: Y si no me ganas, me derrotars en cualquier otro juego.Me fui al porche a beber t helado; Edith estaba leyendo un libro pero no lo dej cuando me dijo: No es del todo cierto, sabes?.Yo le pregunt: A qu te refieres?.Fue entonces cuando dej el libro y me mir. Y me lo dijo: Bill, la vida no es justa. Les decimos a nuestros hijos que s lo es, pero eso es una barbaridad. No slo es una mentira, sino que es una mentira cruel. La vida no es justa, nunca lo ha sido y nunca lo ser.Os juro que me ocurri lo mismo que le ocurre a Mandrake, el mago, en los tebeos cuando se le enciende una bombilla encima de la cabeza. No, no lo es!, exclam en voz tan alta que la asust. Tienes razn, no es justa. Me senta tan feliz que si hubiese sabido bailar, lo habra hecho all mismo. No es genial, no es estupendo? Creo que fue en aquel momento cuando Edith debi de pensar que yo iba camino de perder la chaveta.Pero para m signific tanto haber odo aquello en voz alta, notarlo libre y volando..., se era el descontento que me tortur la noche en que mi padre dej de leer. Fue entonces cuando lo supe. sa era la reconciliacin que trataba de conseguir y no poda.A mi juicio, de eso trata este libro. Todos esos expertos de Columbia podrn discursear todo lo que quieran sobre la stira deliciosa; estn locos. Este libro dice que la vida no es justa, y os lo repito de una vez y para siempre, ser mejor que os lo creis. Tengo un hijo obeso y caprichoso..., no le echar el guante a la seorita Rheingold. Y siempre ser gordo, pues aunque adelgace seguir siendo gordo v seguir siendo caprichoso y no se conformar con la vida para ser feliz, y quiz yo tenga la culpa de todo; culpadme a m de todo, si queris. La cuestin es que no hemos sido creados iguales, porque hasta los ricos sostienen que la vida no es justa. Tengo una esposa fra; es brillante, estimulante, estupenda, pero no hay amor; aunque da igual, con tal de que no esperemos que todo se iguale de algn modo antes de morirnos.Veris. (Los adultos se pueden saltar este prrafo.) No voy a deciros que este libro tiene un final trgico, pues ya os he dicho en la primera lnea que ste es mi libro preferido. Pero ocurrirn muchas cosas malas; de la tortura ya os he advertido, pero hay cosas peores. Hay muertes, y ser mejor que entendis algo: que mueren algunas personas que no deberan morir. Preparaos, pues. Esto no es un cuento infantil. A m nadie me lo advirti y la culpa fue ma (dentro de poco entenderis por qu os lo digo), y el error fue mo, de manera que no quiero que os pase lo mismo. Mueren algunas personas que no deberan morir, y la razn es sta: la vida no es justa. Olvidaos de todas las tonteras que os dicen vuestros padres. Acordaos de Morgenstern. Seris mucho ms felices.Basta ya. Hasta la prxima. Vuelve la hora de las pesadillas.La noche siguiente so que daba a luz a su primer hijo y que ste era una nia, una niita hermosa, y Buttercup deca: Siento que no fuera nio. S que necesitabas un heredero. Y Humperdinck le responda: Querida ma, no te preocupes por eso; fjate qu maravillosa criatura nos ha dado Dios. Entonces se marchaba y Buttercup acercaba a la nia a su pecho perfecto, y la nia deca: Tu leche est agria. Y Buttercup le contestaba: Lo siento. Y la pequea le replicaba: Siempre sabes qu hacer, siempre sabes exactamente qu debes hacer, siempre haces exactamente lo que te conviene a ti, y al resto del mundo que lo parta un rayo. Buttercup le preguntaba entonces: Te refieres a Westley?. Y la nia le contestaba: Claro que me refiero a Westley. Entonces Buttercup le explicaba pacientemente: Es que cre que haba muerto; y le haba dado mi palabra a tu padre. La nia sentenciaba: Pues ahora me muero; la tuya es una leche sin amor. Tu leche me ha matado. Entonces la nia se pona rgida, se parta y se converta en polvo seco entre sus manos, y Buttercup se pona a gritar sin parar, e incluso cuando volva a estar despierta y an faltaban cincuenta y nueve das para la boda, segua gritando.La tercera pesadilla lleg rauda a la noche siguiente y en ella apareca un recin nacido, aunque en esta ocasin era un nio, un nio fuerte y maravilloso. Entonces Humperdinck le deca: Amada ma, ha sido nio. Y Buttercup replicaba: Gracias a Dios no te he fallado. Entonces el prncipe se marchaba y Buttercup le gritaba: Puedo ver a mi hijo ahora?. Y todos los mdicos corran de un lado para otro ante la alcoba real, pero nadie le traa al nio. Acaso hay algn problema? preguntaba Buttercup, y el mdico jefe le contestaba: No logro entenderlo, pero la criatura no quiere veros. Entonces Buttercup deca: Contadle que soy su madre y que adems soy la reina y que ordeno que venga a verme. Entonces su hijo se presentaba ante ella; era un beb tan precioso como el que ms. Cerradla, orden Buttercup, y los mdicos cerraron la puerta. El beb se qued en un rincn, tan alejado de la cama de su madre como le fue posible. Acrcate, cario, le dijo Buttercup. Por qu? Es que quieres matarme a m tambin? Soy tu madre y te quiero, ven aqu; nunca he matado a nadie. Has matado a Westley, acaso no le viste la cara en el Pantano de Fuego, cuando te marchaste y lo dejaste solo? A eso llamo yo matar. Cuando crezcas, entenders las cosas, y ahora no pienso repetrtelo... Ven aqu. Asesina le gritaba el beb. Asesina! Para entonces ya haba saltado de la cama, lo estrechaba entre sus brazos y le deca: Cllate ya, cllate ahora mismo: te quiero. Y el cro le deca: Tu amor es como el veneno: mata. Entonces el beb mora entre sus brazos, y ella se echaba a llorar. E incluso cuando volva a estar despierta y an faltaban cincuenta y ocho das para la boda, segua llorando.A la noche siguiente, no quiso dormir. Se dedic a caminar, a leer, a coser y a beber una taza tras otra de t humeante de las Indias. Estaba enferma de cansancio, por supuesto, pero era tal el pavor que senta por lo que pudiera llegar a soar que prefera soportar despierta todo tipo de incomodidades antes que saber lo que le depararan los sueos; al amanecer su madre estaba preada..., no, algo ms que preada, tena un hijo, y mientras Buttercup permaneca en un rincn de la habitacin, presenciaba su propio nacimiento y cmo su padre se quedaba boquiabierto ante su belleza, igual que su madre; la comadrona era la primera en demostrar su preocupacin. La comadrona era una mujer dulce, conocida en toda la aldea por su amor a los nios, y entonces deca: Veo... problemas.... El padre de Buttercup preguntaba: Qu problemas? Dnde has visto una belleza igual?. Entonces la comadrona le responda: Es que no comprendes por qu le han dado semejante belleza? Porque no tiene corazn; mira, escucha: la nia est viva, pero el corazn no le late, y entonces acercaba el pecho de la criatura a la oreja del padre y el padre no poda hacer otra cosa que asentir y decir: Debemos encontrar un taumaturgo que logre meterle un corazn ah dentro. Pero la comadrona la replicaba: Creo que no estara bien; he odo hablar de otras criaturas como sta, las despiadadas, las sin corazn. A medida que van creciendo se hacen ms y ms hermosas, y tras de s no dejan ms que un rastro de cuerpos rotos y almas destrozadas. Las criaturas sin corazn son portadoras de angustias, por eso te aconsejo que, dado que todava sois jvenes, tengis otro hijo, un hijo diferente, para poder deshaceros de sta; aunque claro est, la decisin es vuestra. Entonces el padre le deca a la madre: Y bien?. Y la madre le contestaba: Dado que la comadrona es la persona ms amable de la aldea, no cabe duda de que tiene que saber reconocer un monstruo cuando lo ve; acabemos de una vez. Entonces los padres de Buttercup cogan al beb por el cuello y ste comenzaba a boquear. Incluso cuando Buttercup volvi a estar despierta, y amaneca, y an faltaban cincuenta y siete das para la boda, no pudo dejar de boquear.A partir de aquel momento, las pesadillas se volvieron realmente aterradoras.Una noche, cuando an faltaban cincuenta das, Buttercup llam a la puerta de la alcoba del prncipe Humperdinck. Entr cuando ste as se lo orden.Veo que hay problemas le dijo l. Parecis muy enferma.Y era la verdad. Segua siendo hermosa, pero estaba claro que no se encontraba bien.Buttercup no saba exactamente cmo empezar.l la hizo sentar en una silla. Le dio agua. Buttercup la bebi a sorbitos, con la mirada perdida. l dej el vaso a un lado.Cuando vos queris, princesa le dijo l.Veris comenz a decir Buttercup. En el Pantano de Fuego he cometido el peor error de mi vida. Amo a Westley. Siempre lo he amado. Y parece que siempre le amar. Cuando vos vinisteis a buscarme, no lo saba. Por favor, creed lo que os voy a decir: cuando me dijisteis que deba casarme con vos o enfrentarme a la muerte, os ped que me matarais. Lo dije en serio. Como en serio os digo que si me peds que me case con vos dentro de cincuenta das, maana mismo estar muerta.El prncipe se qued literalmente pasmado.Al cabo de un largo instante, se arrodill junto a la silla de Buttercup y con su voz ms suave, comenz a hablar:Reconozco que cuando nos comprometimos, no haba amor. Fue una decisin tanto ma como vuestra, aunque la idea fuera vuestra. Pero en este ltimo mes de recepciones y festejos debis de haber notado que mi actitud se ha entibiado un poco.Es cierto. Os habis mostrado dulce y noble a la vez.Gracias. Despus de lo que os he dicho, espero que apreciis lo difcil que me resulta confesaros lo que sigue: preferira morir antes que haceros infeliz impidiendo que os casarais con el hombre que amis.Buttercup estuvo a punto de llorar de gratitud.Os bendecir todos los das de mi existencia por vuestra bondad. Se puso en pie y agreg: Entonces est decidido. Nuestra boda queda cancelada.l tambin se puso en pie y le dijo:Excepto por un pequeo detalle.Cul?Habis considerado la posibilidad de que l ya no quiera casarse con vos?Hasta ese momento, no la haba considerado.Lamento recordaros que en el Pantano de Fuego no os mostrasteis demasiado amable con las emociones de Westley. Perdonadme que os lo recuerde, amada ma, pero fuisteis vos quien lo dej en la estacada, por decirlo de alguna manera.Buttercup se dej caer en la silla: le tocaba ahora a ella quedarse pasmada.Humperdinck volvi a arrodillarse a su lado.Ese Westley vuestro, ese marinero, es orgulloso?A veces pienso que ms que ningn otro hombre logr susurrar Buttercup.Pues, entonces, amada ma, pensad por un momento. Vuestro Westley se marcha a alguna parte con el temible pirata Roberts; ha tenido un mes para sobrevivir a las cicatrices emocionales que le habis producido. Qu ocurrira si deseara ahora permanecer soltero? O lo que es peor, qu ocurrira si hubiese encontrado a otra?Buttercup estaba tan trastornada que ni siquiera atin a susurrar nada.Yo creo, mi dulce criatura, que deberamos llegar a un acuerdo. Si Westley desea an haceros su esposa, los dos tendris mi bendicin. Pero, si por motivos desagradables de mencionar su orgullo se lo impidiera, entonces os casaris conmigo como habamos planeado y seris la reina de Florn.No puede haberse casado. Estoy segura. Mi Westley, no. Mir al prncipe. Pero cmo puedo averiguarlo?Qu os parece si le escribs una carta y se lo contis todo? Haremos cuatro copias. Ordenar a mis cuatro barcos ms veloces que las lleven en todas direcciones. El temible pirata Roberts no suele estar a ms de un mes de navegacin de Florn. Cuando cualquiera de mis buques lo encuentre, izar la bandera blanca de tregua, entregar vuestra carta y Westley podr decidir. Si decide que no, podr darle el mensaje a mi capitn. Si decide que s, mi capitn os lo traer hasta aqu y yo tendr que conformarme de algn modo con una prometida inferior.Creo que..., no estoy segura..., pero definitivamente creo que sta es la decisin ms generosa que he odo en mi vida.Entonces hacedme un favor a cambio. Hasta que conozcamos las intenciones de Westley, sean cuales fueren, continuemos como hasta ahora, para que los festejos no se interrumpan. Y si me muestro demasiado afectuoso con vos, recordad que no puedo evitarlo.De acuerdo dijo Buttercup dirigindose a la puerta, despus de haberle besado en la mejilla.l la sigui.Y ahora marchaos a escribir la carta y le devolvi el beso, sonrindole con los ojos hasta que ella se perdi de vista en una curva del corredor.En la mente del prncipe no caba duda de que en los das siguientes se mostrara ms que afectuoso con ella. Porque cuando muriera asesinada la noche de bodas, resultaba de crucial importancia que todo Florn conociera la profundidad de su amor, la trascendental magnitud de su prdida; a partir de entonces nadie dudara un solo momento en secundarle en la guerra vengativa que iba a lanzar contra Guilder.Al principio, cuando contrat al siciliano, estaba convencido de que lo mejor era que otra persona acabara con ella, haciendo que pareciera obra de los soldados de Guilder. Pero cuando el hombre de negro haba hecho su aparicin para echar a perder sus planes, el prncipe estuvo al borde de volverse loco de rabia. Pero ahora, su naturaleza esencialmente optimista haba vuelto a afirmarse: no haba mal que por bien no viniera. El pueblo estaba embobado con Buttercup como no lo haba estado nunca antes de que la secuestraran. Y cuando l anunciara desde el balcn de su castillo que haba sido asesinada... era como si ya viese la escena en su mente: l llegara demasiado tarde para impedir que fuese estrangulada, pero lo bastante a tiempo como para ver a los soldados guilderianos saltar de la ventana de sus aposentos..., cuando lanzara aquel discurso a las masas en el quingentsimo aniversario de su pas; pues bien, en la plaza no quedara un solo ojo seco. Y aunque se encontraba un poquitn perturbado, puesto que jams haba matado a una mujer con sus propias manos, siempre haba una primera vez para todo. Adems, si uno quera que algo saliera bien, tena que arreglrselas solo.Esa noche comenzaron a torturar a Westley. El conde Rugen fue quien se encarg de infligir el dolor; el prncipe se limit a presenciar la escena, haciendo preguntas en voz alta, admirando para sus adentros la habilidad del conde.El conde se interesaba de veras en el dolor. El porqu de los gritos le interesaba plenamente, tanto como la angustia misma. Y mientras el prncipe dedicaba su vida a la cacera, el conde Rugen no haca otra cosa que leer y estudiar todo lo que caa en sus manos y que estuviera relacionado con el tema de la congoja.Est bien le dijo el prncipe a Westley, que yaca en la enorme jaula del quinto nivel, antes de que comencemos, quiero que contestis a esta pregunta: tenis alguna queja sobre cmo habis sido tratado hasta ahora?Ninguna repuso Westley, y en verdad no la tena.Claro que hubiera preferido que le quitaran las cadenas de vez en cuando, pero si uno tena que ser un cautivo, no poda pedir ms de lo que le haban dado. Las atenciones mdicas del albino haban sido precisas y el hombro ya se le haba curado; la comida que el albino le traa siempre haba sido caliente y sustanciosa, el vino y el brandy le haban resultado maravillosamente clidos en la humedad de la jaula subterrnea.Os encontris fuerte, entonces? prosigui el prncipe.Supongo que tengo las piernas un poco entumecidas debido a las cadenas, pero, aparte de eso, s, me encuentro fuerte.Bien. Entonces os prometo una cosa, y pongo a Dios por testigo: si me contestis la prxima pregunta os liberar esta misma noche. Pero debis contestar sinceramente, sin ocultarme nada, porque si ments, yo lo sabr. Y en ese caso, os dejar en manos del conde.No tengo nada que ocultar dijo Westley. Preguntadme.Quin os contrat para raptar a la princesa? Ha sido alguien de Guilder. En el caballo de la princesa hemos encontrado un trozo de tela que as lo indica. Decidme cmo se llama quien os contrat y seris libre. Hablad.Nadie me contrat repuso Westley. Trabajaba por cuenta propia. Y no la rapt; la salv de otros que estaban haciendo precisamente lo que vos decs.Parecis un hombre razonable, y mi princesa sostiene que os conoce desde hace aos, de modo que, en honor a ella, os dar una ltima oportunidad: cmo se llama el guilderiano que os ha contratado? Decdmelo o tendris que enfrentaros a la tortura.Juro que no me contrat nadie.El conde le quem las manos a Westley. Nada que fuera a dejarlo baldado de por vida; simplemente se las unt con aceite y le acerc la llama de una vela lo suficiente como para hacer hervir la cosa. Cuando Westley hubo gritado: Nadie..., nadie..., lo juro por mi vida!, un nmero suficiente de veces, el conde le meti las manos en agua, y despus se march en compaa del prncipe por la entrada subterrnea, dejando una medicacin al albino, que siempre estaba cerca durante las sesiones de tortura, pero nunca visible como para resultar un factor de distraccin.Me siento bastante animado coment el conde cuando l y el prncipe comenzaron a subir la escalera subterrnea. Es una cuestin perfecta. Deca la verdad, de eso no cabe duda; los dos lo sabemos.El prncipe asinti. El conde estaba al tanto de sus planes ms secretos para la guerra de la venganza.Me fascina ver lo que ocurre prosigui el conde. Qu dolor ser menos soportable? El fsico o la angustia mental de conseguir la libertad si se dice la verdad, decirla y luego ser tachado de mentiroso?Creo que el fsico repuso el prncipe.Creo que os equivocis dijo el conde.En realidad, los dos estaban equivocados, porque Westley no haba sufrido en absoluto. Sus gritos haban sido una actuacin para agradarles; llevaba un mes entero practicando sus defensas, y estaba ms que preparado. Cuando el conde le acerc la llama de la vela, Westley mir hacia el techo, cerr los ojos y en un estado de profunda y tranquila concentracin, apart su mente de all. Pens en Buttercup. En su cabello color de otoo, en su piel perfecta; la llev a su lado, muy cerca de l, y durante lo que dur la tortura hizo que le susurrara al odo: Te amo. Te amo. Te abandon en el Pantano de Fuego para poner a prueba tu amor. Es tan grande como el mo por ti? Acaso pueden dos amores as existir en un mismo planeta y al mismo tiempo? Hay lugar para algo as, amado Westley...?.El albino le vend los dedos.Westley permaneci inmvil.Por primera vez, fue el albino quien entabl conversacin. Le susurr:Ser mejor que se lo digis.Westley contest con un encogimiento de hombros.Nunca se detienen susurr el albino. Una vez que empiezan ya no paran. Decidles lo que quieren saber y acabad de una vez.Volvi a encogerse de hombros.La Mquina est casi lista susurr el albino. Ya la estn probando con animales.Se encogi de hombros de nuevo.Os lo digo por vuestro propio bien susurr el albino.Mi propio bien? Qu bien'? De todos modos van a matarme.

El albino asinti.El prncipe encontr a Buttercup esperando con aire desdichado ante las puertas de sus aposentos.Es la carta dijo ella, no logro que me salga bien.Pasad, pasad le orden el prncipe amablemente. Quiz pueda ayudaros.Buttercup se sent en la misma silla de la vez anterior y el prncipe le dijo:Est bien, cerrar los ojos y escuchar; ledmela.Westley, mi pasin, mi adorado, mi alma. Regresa, regresa. Si no lo haces, me quitar la vida. Atormentadamente tuya, Buttercup.Buttercup mir a Humperdinck y le pregunt:Consideris que me estoy arrojando a sus pies?Suena un poco atrevida reconoci el prncipe. No le deja demasiado espacio para maniobrar.Me ayudaris a mejorarla, por favor?Har lo que pueda, mi dulce dama, pero creo que me sera til conocerlo un poco mejor. Es de verdad tan maravilloso vuestro Westley?Maravilloso, no; es perfecto respondi. Carece de defectos. Es magnfico. Sin mcula. Tirando a ideal. Mir al prncipe y le pregunt: Os estoy ayudando?Creo que las emociones empaan un poco vuestra objetividad. De verdad pensis que no hay nada que ese hombre no sea capaz de hacer?Buttercup pens durante un instante y luego respondi:No se trata de que no haya nada que no sea capaz de hacer, sino ms bien que puede hacerlo todo mejor que los dems.El prncipe se ri entre dientes y dijo:Queris decir por ejemplo, que si quisiera cazar, podra superar, y os recuerdo que se trata slo de un ejemplo, a alguien como yo?Oh, supongo que si quisiera, podra superaros con toda facilidad, pero la cuestin es que no le gusta la cacera, al menos que yo sepa, aunque tal vez s le guste, no lo s. Yo no saba que le interesara tanto el alpinismo, pero escal los Acantilados de la Locura en unas condiciones de lo ms adversas, y todo el mundo coincide en afirmar que sa no es una de las empresas ms fciles del mundo.Pues bien, podramos empezar la carta con un Divino Westley, y apelar as a su sentido de la modestia sugiri Humperdinck.Buttercup comenz a escribir y se detuvo.Divino se escribe con be o con uve?Creo que con uve, deliciosa criatura repuso el prncipe sonriendo amablemente al tiempo que Buttercup comenzaba la carta.Tardaron cuatro horas en redactarla, y en muchas, muchas ocasiones Buttercup le dijo: Jams habra sido capaz de hacerlo sin vuestra ayuda. Y el prncipe se mostr de lo ms modesto y le formul infinidad de preguntas ntimas sobre Westley, todas las veces que le fue posible sin llamarle demasiado la atencin al respecto; de ese modo, mucho antes del amanecer, la princesa le habl, sonriendo al recordarlo, del temor juvenil que Westley senta por las garrapatas hiladoras.Esa noche, en la jaula del quinto nivel, el prncipe orden, como iba a ordenar siempre a partir de entonces:Confesad el nombre de la persona de Guilder que os contrat para raptar a la princesa y os prometo la libertad inmediata.Y Westley le contest, como iba a contestarle siempre:Nadie, nadie. Yo iba solo.El conde, que se haba pasado todo el da capturando garrapatas, las distribuy cuidadosamente sobre la piel de Westley, y ste cerr los ojos y suplic, y al cabo de una hora ms o menos, el prncipe y el conde se marcharon, despus de haberle dado instrucciones al albino de que quemara las garrapatas y las arrancara de la piel de Westley, para que no lo envenenaran accidentalmente. Y mientras suban desde el stano a la superficie, con nimo conversador, el prncipe dijo:Mucho mejor, no creis?Lo raro fue que el conde no respondi. Cosa que a Humperdinck le result vagamente fastidiosa, porque, a decir verdad, la tortura no alcanzaba un alto rango en su escala de pasiones, y a l le hubiera dado lo mismo disponer de Westley en ese mismo instante.Ojal Buttercup reconociera que l, Humperdinck, era mejor.Pero no era as! Lo negaba! No haca ms que hablar de Westley. No haca ms que preguntar si haba noticias de Westley. Pasaron los das, y las semanas, pas una fiesta tras otra, y todo Florn se mostr conmovido al comprobar que su grandioso prncipe cazador estaba clara y maravillosamente enamorado; pero cuando se encontraban a solas, ella no haca ms que repetir:Dnde estar Westley? Por qu tardar tanto en venir? Cmo conseguir vivir hasta que l venga?.Enloquecedor. De manera que cada noche, los esfuerzos del conde, que hacan retorcer y contraer a Westley, eran en realidad muy oportunos. El prncipe soportaba ms o menos una hora de espectculo antes de marcharse en compaa del conde, que segua extraamente silencioso. Y all abajo, se quedaba el albino cuidando de las heridas y susurrando:Decdselo. Por favor. No harn ms que aadir sufrimiento al que ya estis padeciendo.Westley apenas poda contener la sonrisa.Ni una sola vez sinti dolor. Haba cerrado los ojos y apartado su mente de aquel lugar. En eso consista el secreto. Si uno poda apartar la mente del presente y enviarla al lugar donde pudiese contemplar una piel como nata helada, pues entonces, que se divirtieran.Ya llegara su hora de vengarse.Westley viva exclusivamente para Buttercup. Pero no se poda negar que haba otra cosa que tambin deseaba.Su tiempo...El prncipe Humperdinck no tena tiempo. Al parecer, en Florn no exista decisin que, de un modo u otro, no fuera a recaer pesadamente sobre sus hombros. No slo iba a casarse, sino que adems, su pas celebraba el quingentsimo aniversario. No slo se devanaba los sesos tratando de encontrar las mejores maneras de declarar una guerra sino que adems, el afecto deba brillar constantemente en sus ojos. Deba cumplir con todos los detalles, y hacerlo correctamente.Su padre no le serva de ninguna ayuda, y se negaba a expirar o a dejar de balbucear (creais que su padre haba muerto, pero eso ocurri en las escenas engaosas, no lo olvidis. Morgenstern se limit a incluir la descripcin de unas pesadillas, no os confundis) y a comenzar a decir cosas con sentido. La reina Bella se limitaba a revolotear alrededor de su esposo, traduciendo lo que deca; por eso, cuando an faltaban doce das para la boda, el prncipe Humperdinck descubri, horrorizado, que se le haba olvidado poner en marcha la parte guilderiana crucial de su plan. Por tanto, cit a Yellin para que se presentara en el castillo bien tarde, por la noche.Yellin era Encargado del Cumplimiento de las Leyes de la ciudad de Florn, cargo que haba heredado de su padre. (El cuidador albino del zoo era primo hermano de Yellin, y ambos eran las nicas personas que no pertenecan a la nobleza por las que el prncipe senta algo cercano a la confianza.)Altezadijo Yellin.Era bajito, pero taimado, tena unos ojos movedizos y unas manos maosas.El prncipe Humperdinck se levant de la silla que estaba ante su escritorio. Se acerc a Yellin, mir cuidadosamente a su alrededor y le dijo en voz baja:S por fuentes fidedignas que ltimamente muchos hombres de Guilder han comenzado a infiltrarse en nuestro Barrio de los Ladrones. Van disfrazados de florineses, y me tienen preocupado.Yo no he odo nada al respecto adujo Yellin.Un prncipe tiene espas en todas partes.Comprendo dijo Yellin. Y vos creis que en vista de que las pruebas indican que intentaron raptar a vuestra prometida en una ocasin, podran volver a intentarlo?Es una posibilidad.Entonces, clausurar el Barrio de los Ladrones dijo Yellin. No dejar entrar ni salir a nadie.Eso no basta dijo el prncipe. Quiero que hagas desalojar por completo el Barrio de los Ladrones y encierres a cada uno de los villanos que all habitan hasta que me haya marchado en viaje de bodas. Yellin no asinti con la velocidad esperada, de modo que el prncipe le orden: Explica cul es tu problema.A mis hombres no les hace demasiado felices la idea de entrar en el Barrio de los Ladrones. Muchos ladrones se resisten al cambio.Oblgalos. Forma una Brigada Brutal. Haz lo que sea, pero hazlo.Se precisa por lo menos una semana para reunir una Brigada Brutal decente argy Yellin y agreg: Pero es tiempo suficiente.Hizo una reverencia y se retir.Fue entonces cuando comenz el grito.Yellin haba odo muchas cosas en su vida, pero nada tan espantoso como aquello: era un hombre valiente, pero aquel grito le asust. No era humano, aunque le result imposible dilucidar de qu garganta animal provena. (Se trataba de un perro salvaje del primer nivel del Zoo, pero ningn perro salvaje haba aullado nunca de aquella manera. Aunque tambin era cierto que ningn perro salvaje haba sido sometido antes a la Mquina.)El sonido se hizo ms angustiado y llen el cielo nocturno al propagarse por los terrenos del castillo y superar los muros e incluso la Gran Plaza.Era interminable. Qued suspendido en el aire, bajo el cielo, cual recordatorio audible de la existencia de la agona. En la Gran Plaza, media docena de nios gritaron a su vez a la noche, tratando de ocultar aquel sonido. Algunos rompieron a llorar, otros corrieron a sus casas.Despus, comenz a disminuir en volumen. Result difcil orlo desde la Gran Plaza, y se acall. Fue perdiendo intensidad y huy por los terrenos del castillo hacia el primer nivel del Zoo de la Muerte, donde el conde Rugen manipulaba unos botones. El perro salvaje haba muerto. El conde Rugen se levant de su silla, y a duras penas logr que no se oyera su propio grito de triunfo.Abandon el Zoo y corri hacia los aposentos del prncipe Humperdinck. Yellin se dispona a irse cuando lleg el conde. El prncipe estaba sentado detrs de su escritorio. Cuando Yellin se hubo marchado y estuvieron solos, el conde hizo una reverencia ante su majestad:La Mquina anunci por fin, funciona.El prncipe Humperdinck tard un rato en contestar. Se trataba de una situacin espinosa; una vez reconocido que l era su jefe y el conde un simple subalterno, no haba nadie en todo Florn que contara con las habilidades de Rugen. Como inventor haba por fin eliminado todos los defectos de la Mquina. Como arquitecto, haba desempeado un papel de crucial importancia en la dilucidacin de los factores de seguridad del Zoo de la Muerte, y era innegable que haba sido Rugen quien haba inventado la nica entrada con posibilidades de salir vivo del quinto nivel.Adems, apoyaba todas las hazaas logradas por el prncipe, tanto en el campo de batalla como en el de la caza; por lo tanto, a un seguidor as no se lo poda despedir con un breve: Mrchate, muchacho, que me importunas. Por ello, el prncipe tard un rato en responder; pero cuando lo hizo, dijo:Veris, Ty, me entusiasma que hayis eliminado todos los problemas que tena la Mquina; jams, ni por un instante, dud de que no fuerais a lograrlo. Y me muero de ganas por verla funcionar. Pero cmo decirlo? Me resulta dificilsimo mantenerme a flote: no slo lo digo por las fiestas y las recepciones con..., cmo se llama?, sino tambin porque debo decidir cunto durar el desfile del quingentsimo aniversario, dnde y cundo comenzar y qu noble marchar delante de este otro noble para que, concluido el desfile, todos sigan hablndome; adems tengo una esposa por asesinar y un pas al que achacarle el asesinato; luego debo poner en marcha la guerra cuando todo haya acabado, y ya sabis que stas son cosas que he de hacer yo solo. Resumiendo: estoy abrumado de trabajo, Ty. De modo que, qu os parece si segus trabajando con Westley y me mantenis al tanto de cmo marchan las cosas? Cuando tenga un momento ir yo mismo a verlo,... estoy seguro de que todo ir estupendamente; pero en estos momentos, y sin nimo de ofenderos, qu os parece si me dejis unos instantes tranquilo?El conde Rugen sonri y repuso:Perfecto.No se ofendi en absoluto. Se senta siempre mucho mejor cuando poda estudiar el dolor a solas. Uno se concentraba mucho ms cuando se quedaba a solas con la agona.Saba que me comprenderais, Ty.Llamaron a la puerta, y Buttercup asom la cabeza para preguntar:Alguna novedad?El prncipe le sonri y mene tristemente la cabeza.Amor mo, os promet que en cuanto me enterara de algo os lo dira.Es que slo faltan doce das.Tiempo ms que suficiente, dulce amada ma, no os preocupis.Os dejo, pues dijo Buttercup.Yo tambin me dispona a marchar dijo el conde. Os acompao hasta vuestros aposentos?Buttercup asinti y ambos se marcharon pasillo abajo hasta llegar a los aposentos de la princesa.Buenas noches dijo Buttercup brevemente, pues desde el primer da en que el conde se presentara en la granja de su padre, su presencia le haba inspirado temor.Estoy seguro de que vendr dijo el conde; era el confidente de todos los planes del prncipe y Buttercup lo saba. No conozco bien a vuestro galn, pero me ha impresionado muchsimo. Un hombre que ha podido hallar el camino para salir del Pantano de Fuego, encontrar el camino para llegar al castillo de Florn antes del da de vuestra boda.Buttercup asinti.Pareca tan fuerte, tan poderoso prosigui el conde con voz arrulladora y clida. De lo que no estoy seguro es de si posee una verdadera sensibilidad, pues algunos hombres de gran fuerza carecen de ella, como ya sabris. Me pregunto, por ejemplo, si es capaz de llorar.Westley jams llorara repuso Buttercup, al tiempo que abra la puerta de su alcoba. Salvo por la muerte de un ser amado.Dicho esto cerr la puerta y dej al conde all, de pie; luego se dirigi a su cama y se arrodill. Westley pens entonces, ven, por favor; con el pensamiento te he rogado que vinieras durante todas estas semanas, pero an no he obtenido respuesta. Cuando vivamos en la granja crea que te amaba, pero aquello no era amor. Cuando vi tu rostro tras la mscara en el fondo del barranco, cre que te amaba, pero insisto, aquello no era nada ms que una pretensin. Amado, creo que ahora te quiero, y slo te ruego que me concedas la oportunidad de probrtelo. Podra pasarme el resto de la vida en el Pantano de Fuego cantando de la maana a la noche si t estuvieras a mi lado. Podra pasarme una eternidad hundindome en las Arenas de Nieve si mi mano estuviese aferrada a la tuya. Preferira vivir toda una eternidad contigo a mi lado, en una nube, pero el infierno tambin sera una maravilla si t, Westley, estuvieras a mi lado...Prosigui as, rezando en silencio hora tras hora; no haba hecho otra cosa durante las ltimas treinta y ocho noches, y cada vez su ardor era ms profundo, sus pensamientos se hacan ms y ms puros. Westley. Westley. Atravesando los siete mares para ir en su busca.Por su parte, y sin saberlo, Westley se pasaba las noches haciendo ms o menos lo mismo. Concluida la sesin de tortura, cuando el albino terminaba de curarle los cortes, las quemaduras o las fracturas, cuando se quedaba solo en la gigantesca jaula, enviaba su mente junto a Buttercup y all la dejaba.La comprenda tan bien. Supo entonces que cuando la dej en la granja, cuando ella le jur amor eterno, lo haba dicho en serio, pero apenas tena dieciocho aos. Qu saba ella de las profundidades del corazn? Y cuando se haba quitado la mscara negra y ella se haba postrado ante l, la sorpresa haba tenido mucho que ver; el aturdimiento y el asombro haban actuado tanto como la emocin. Pero as como el sol estaba obligado a salir cada maana por el oeste, por ms que para variar le hubiese complacido salir por el este, de ese mismo modo saba l que Buttercup estaba obligada a depositar en l su amor. Las riquezas resultaban incitantes, igual que la realeza, pero no eran nada comparadas con la fiebre que le arda en el corazn, y tarde o temprano ella tendra que contagiarse de aquella fiebre. Tena menos eleccin que el sol.De manera que cuando el conde apareci con la Mquina, Westley no se mostr particularmente perturbado. De hecho, no tena idea de lo que el conde estaba metiendo en la gigantesca jaula. Aunque no era el conde quien estaba metiendo all la Mquina, sino el albino, que se pas haciendo un viaje tras otro cargando una cosa despus de otra.Eso era lo que a Westley le parecieron: cosas. Ventosas de bordes delicados y variados tamaos, algo que pareca una rueda, y otro objeto que logr identificar como una palanca o un palo, porque le resultaba muy extrao.Buenas noches le salud el conde.Westley no recordaba haberlo visto antes tan entusiasmado. Le contest asintiendo dbilmente. En realidad se senta mejor que nunca, pero de nada serva que se propagaran semejantes noticias.Os sents indispuesto? inquiri el conde.Westley volvi a asentir dbilmente.El albino entraba y sala trayendo ms cosas: una especie de cables largos y delgados pero fuertes.Eso es todo dijo por fin el conde.El albino asinti, y se march.sta es la Mquina dijo el conde cuando estuvieron a solas. He tardado once aos en construirla. Como podris ver, estoy muy entusiasmado y orgulloso.Westley logr manifestar su asentimiento con un parpadeo.Tardar un rato en montarla.Dicho lo cual el conde puso manos a la obra.Westley observ la construccin con gran inters y una lgica curiosidad.Habis odo ese grito de hace un rato?Otro parpadeo afirmativo.Era un perro salvaje. Esta mquina le arranc ese grito. El conde estaba realizando un trabajo muy complejo, pero los seis dedos de su mano derecha no dudaron ni por un momento lo que deban hacer. Estoy muy interesado en el dolor le dijo el conde, como tengo la certeza de que habis podido comprobar en estos ltimos meses. Desde un punto de vista intelectual, dira. He escrito para las publicaciones especializadas en el tema. En su mayora, artculos. En estos momentos estoy preparando un libro. Mi libro. El libro, espero. La obra definitiva sobre el dolor, al menos tal y como lo conocemos ahora.Todo aquello le result fascinante a Westley. Lanz un pequeo gruido.En mi opinin, el dolor es la emocin ms subestimada que poseemos prosigui el conde. A mi modo de ver, la Serpiente era el dolor. El dolor nos ha acompaado siempre, y siempre me molest que la gente dijese: Tan importante como la vida y la muerte, pues la frase adecuada es, a mi juicio, Tan importante como el dolor y la muerte. El conde guard silencio, pues en ese momento empez y concluy una serie de complejos ajustes. Una de mis teoras dijo al cabo de un rato, es que el dolor implica expectacin. Reconozco que no es nada original, pero os demostrar lo que quiero decir: no voy a utilizar, repito, no voy a utilizar, en vos la Mquina esta misma noche. Podra hacerlo. Est lista y la he probado. Pero me limitar a montarla y dejarla aqu, junto a vos, para que la veis durante las prximas veinticuatro horas y os preguntis qu es y cmo funcionar y si puede llegar a ser tan horrenda como os la describo.Ajust algunas piezas por aqu, afloj otras por all, tir de aqu y dio unas palmaditas all.La Mquina tena un aspecto tan ridculo que a Westley le dieron ganas de rer. En cambio, volvi a soltar otro gruido.Os dejo con vuestra imaginacin, pues dijo el conde, y mirando a Westley, agreg: Pero quiero que sepis una cosa antes de que llegue la noche de maana, y os aseguro que soy completamente sincero: sois el hombre ms fuerte, ms brillante y ms valiente, la criatura ms valiosa que jams haya tenido el privilegio de conocer, y casi siento pena por tener que destruiros para poder concluir mi libro y para el bien de los futuros expertos en el tema del dolor.Gracias... dijo Westley con un hilo de voz.El conde se dirigi a la puerta de la jaula y por encima del hombro le dijo:Ya podis dejar de representar que estis dbil y derrotado, no habis sido capaz de mantenerme engaado ni siquiera durante un mes. Sois prcticamente tan fuerte ahora como el da en que os internasteis en el Pantano de Fuego. Conozco vuestro secreto, si es que eso os sirve de consuelo.... secreto? inquiri en tonos apagados y cansinos.Habis mantenido vuestra mente lejos de aqule grit el conde. En todos estos meses no habis experimentado la ms mnima incomodidad. Miris al cielo, cerris los ojos y despus ya no estis aqu; probablemente os marchis con..., no lo s..., con ella, tal vez. Expectacin, no lo olvidis.Lo salud con la mano y comenz a subir la escalera subterrnea.Westley logr sentir la repentina presin de su corazn.El albino no tard en presentarse, y se arrodill junto al odo de Westley para susurrarle:Os he estado observando durante todos estos das. Os merecis algo mejor de lo que os espera. A m me necesitan, no hay nadie ms que alimente a las bestias como yo. Estoy a salvo, no me harn dao. Si queris, puedo mataros, eso los fastidiara. Dispongo de unos buenos venenos. Os lo ruego. He visto la Mquina; estaba presente cuando el perro salvaje grit. Por favor, dejad que os mate. Juro que me estaris agradecido.Debo vivir.Pero... susurr el albino.No lograrn llegar a m lo interrumpi Westley. Estoy bien. Me encuentro bien. Estoy vivo y seguir as.Pronunci estas palabras en voz alta, y lo hizo con pasin. Pero por primera vez en mucho tiempo, tuvo miedo...Y bien? Habis podido dormir? inquiri el conde la noche siguiente al llegar a la jaula.Francamente, no respondi Westley en tono normal.Me alegra que seis sincero conmigo; yo tambin lo ser con vos: basta de charadas entre nosotros dijo el conde mientras depositaba un cierto nmero de cuadernos, plumas y tinteros. Debo registrar cuidadosamente vuestras reacciones le explic.En nombre de la ciencia?El conde asinti, y luego le dijo:Si mis experimentos son vlidos, mi nombre perdurar ms que mi cuerpo. He de confesar que persigo la inmortalidad. Ajust unos cuantos mandos de la Mquina. Imagino que sentiris una curiosidad natural por conocer cmo funciona.He pasado la noche reflexionando y no he sacado nada en claro, estoy como al principio. Al parecer, se trata de un conglomerado de ventosas de borde delicado y tamaos infinitamente variados, adems de una rueda, unos mandos y una palanca, y lo que hace ese conglomerado es algo que me supera.Y cola aadi el conde sealando hacia un pequeo recipiente con una sustancia espesa. Para fijar las ventosas. Dicho esto se puso a trabajar: sac una ventosa tras otra, unt los bordes delicados con cola y las distribuy por todo el cuerpo de Westley. Pronto tendr que colocaros una sobre la lengua le explic el conde, pero lo har en ltimo trmino, por si tenis que formularme alguna pregunta.Est claro que no se trata de algo sencillo de montar, verdad?En los modelos posteriores podr solucionar ese aspecto le explic el conde, al menos sas son mis intenciones y continu colocando ms ventosas sobre el cuerpo de Westley hastas cubrirle cada centmetro que haba al descubierto. Por fuera ya estis listo anunci el conde. Lo que sigue es un poco ms delicado, procurad no moveros.Tengo los pies, las manos y la cabeza encadenados dijo Westley. Creis que as puedo moverme?Realmente sois tan valiente como parecis, o es que estis un poco asustado? Decidme la verdad, por favor. No olvidis que es un dato para la posteridad.Estoy un poco asustado repuso Westley.El conde anot ese detalle junto con la hora. Despus se dispuso a realizar el trabajo fino, y al cabo de poco tiempo unas ventosas muy, muy diminutas y de bordes muy, muy delicados, cubrieron el interior de las fosas nasales, de los odos, de los prpados de Westley, y la parte superior e inferior de su lengua, y antes de que el conde se incorporara, Westley qued cubierto por dentro y por fuera con aquellas cosas.Y ahora dijo el conde en voz bien alta con la esperanza de que Westley lo oyera, lo que har es hacer girar la rueda a su mxima velocidad para disponer de energa ms que suficiente para trabajar. El mando puede ajustarse del uno al veinte; como sta es la primera vez, usar el ajuste ms suave, es decir, el uno. Despus, lo nico que debo hacer es empujar hacia adelante la palanca y, si no me equivoco, estaremos operando a pleno ritmo.Pero cuando la palanca se movi, Westley apart de all su mente, y cuando la Mquina comenz a funcionar, Westley se encontraba acariciando el pelo color del otoo de Buttercup, su piel como la nata helada y... y... y... entonces su mundo se hizo pedazos..., porque las ventosas, las ventosas estaban por todas partes y antes, antes haban torturado su cuerpo sin tocar su mente, pero la Mquina no, la Mquina llegaba a cada rincn..., no lograba controlar sus ojos, y sus odos no lograban escuchar el dulce y afectuoso susurro de su voz, y su cerebro hua, hua lejos del amor para hundirse en el foso profundo de la desesperacin, donde golpeaba con fuerza y volva a caer y se enterraba en la casa de la agona para internarse en el pas del dolor. El mundo de Westley se rompa en pedazos por dentro y por fuera, y l no poda hacer nada ms que romperse tambin.El conde apag la Mquina, y mientras coga sus libretas de apuntes le dijo:Como ya sabris, sin ninguna duda, el concepto de la bomba de succin data de hace muchos siglos. Bsicamente, ese concepto es el que sustenta mi invento, salvo que en lugar de agua, lo que estoy succionando es la vida. Acabo de succionar un ao de vuestra vida. Ms adelante, pondr el ajuste en un valor ms elevado, el dos o el tres, puede que incluso el cinco. En teora, el cinco debera ser cinco veces ms doloroso que lo que acabis de experimentar, de modo que os ruego que seis preciso en vuestras respuestas. Decidme con toda sinceridad: cmo os sents?Humillado, dolido, frustrado, lleno de rabia, y con una angustia que lo mareaba, Westley se ech a llorar como un cro.Interesante dijo el conde, y cuidadosamente se dispuso a tomar nota.Yellin tard una semana en reunir un nmero suficiente de hombres para formar una Brigada Brutal adecuada. As, cinco das antes de la boda. se encontr al frente de su compaa esperando el discurso del prncipe. Estaban en el patio del castillo, y cuando el prncipe hizo su aparicin iba acompaado del conde, segn haca siempre, aunque, contrariamente a lo acostumbrado, el conde pareca preocupado. En realidad estaba muy preocupado, aunque Yellin no tena manera de saberlo. En esa ltima semana, el conde haba succionado diez aos de la vida de Westley, y teniendo en cuenta que el promedio de vida de un hombre florins era de sesenta y cinco aos, a la vctima le quedaban aproximadamente treinta aos, suponiendo que tuviera unos veinticinco al comenzar el experimento. Cul era la mejor manera de dividir ese perodo? El conde se encontraba sencillamente sumido en un dilema. Tena ante s tantas posibilidades, pero cul de ellas sera ms interesante desde el punto de vista cientfico? El conde lanz un suspiro; la vida nunca era fcil.Os he reunido aqu comenz a decir el prncipe, porque es posible que exista otra conjura contra mi amada. Os nombro a cada uno de vosotros su protector personal. Quiero que veinticuatro horas antes de mi boda, el Barrio de los Ladrones quede vaco, y que cada uno de sus habitantes est en la crcel. Slo entonces descansar tranquilo. Caballeros, os lo ruego: si consideris esta misin como un asunto del corazn, s que no fallaris.Dicho lo cual, gir en redondo y, seguido del conde, sali del patio dejando a Yellin al mando.El asedio del Barrio de los Ladrones comenz de inmediato. Yellin trabaj con ahnco da tras da, pero el Barrio de los Ladrones era bastante extenso; as pues, haba mucho por hacer. La mayora de los criminales ya haban pasado por redadas injustas e ilegales, de modo que ofrecieron poca resistencia. Saban que las crceles no contaban con celdas suficientes para todos, as que si aquello representaba unos cuantos das de encierro, qu importancia tena?Sin embargo, exista otro grupo de criminales, aquellos que saban que la captura, debido a sus actuaciones pasadas, significaba la muerte; por lo tanto, stos, sin excepcin, se resistieron. En general, gracias a un diestro manejo de la Brigada Brutal, Yellin logr controlar a tan malvados personajes.Pero, cuando an faltaban treinta y seis horas para la boda, en el Barrio de los Ladrones quedaban todava una media docena de guaridas por controlar. Yellin se levant al amanecer y, cansado y confundido ni uno solo de los criminales capturados pareca provenir de Guilder, reuni a los mejores hombres de la Brigada Brutal y los condujo al Barrio de los Ladrones para llevar a cabo lo que deba ser la incursin final.Yellin se dirigi directamente a la Taberna de Falkbridge, aunque antes envi a todos los Brutos a realizar diversas tareas, reservndose dos de ellos, uno silencioso y otro ruidoso, para sus propias necesidades. Llam a la puerta de Falkbridge y esper. Falkbridge era, con mucho, el hombre ms poderoso del Barrio de los Ladrones. Al parecer, era dueo de medio barrio y no exista un solo delito, por grave que fuera, en el que l no tuviese algn tipo de participacin. Siempre se salvaba de ser arrestado, y todo el mundo crea que Falkbridge deba estar sobornando a alguien. Yellin tambin lo saba, pues cada mes, lloviera o tronase, Falkbridge se presentaba en la casa de Yellin y le entregaba una bolsa llena de dinero.Quin es? grit Falkbridge desde el interior de la taberna.El Encargado del Cumplimiento de las Leyes de la ciudad de Florn, acompaado de los Brutos repuso Yellin.La exactitud era una de sus virtudes.Ah. Falkbridge abri la puerta. Para ser un personaje poderoso tena un aspecto poco imponente, pues era bajito y regordete. Pasad.Yellin entr, dej a los dos Brutos en el portal y les orden:Preparaos y sed rpidos.Eh, Yellin, que soy yo le dijo Falkbridge en voz baja.Ya lo s, ya lo s repuso Yellin tambin en voz baja. Te ruego que me hagas un favor, preprate.Finge que ya lo he hecho. Me quedar en la taberna, te lo juro. Tengo comida suficiente; nadie se enterar jams.El principe es despiadado le dijo Yellin. Si permito que te quedes y me descubre, ser mi fin.Me he pasado veinte aos pagndote para no ir a la crcel. Te has hecho rico, de modo que no tengo por qu ir a la crcel. De qu me sirve pagarte si no obtengo ninguna ventaja a cambio?Te compensar. Te conseguir la mejor celda de la ciudad de Florn. No confas en m?Cmo puedo confiar en un hombre a quien pago durante veinte aos para no ser encarcelado y que de la noche a la maana, ante un poco de presin extra, me dice que debo ir a la crcel? Pues no voy.Vosotros! grit Yellin sealando al ruidoso.El Bruto ech a correr hacia l.Mete a este hombre en el carro, de prisa le orden Yellin.Falkbridge quera explicarse cuando el ruidoso le asest un golpe en el cuello.No tan fuerte! le grit Yellin.El ruidoso levant a Falkbridge e intent sacudirle el polvo de la ropa.Est vivo? inquiri Yellin.Es que no saba que querais que lo llevara vivo al carro; pens que slo querais que estuviera en el carro, respirase o no, de modo que...Ya basta lo interrumpi Yellin. Y, molesto, sali de la taberna mientras el ruidoso cargaba con Falkbridge. Estn todos, pues? pregunt Yellin cuando vio aparecer carros tirados por diversos Brutos que abandonaban el Barrio de los Ladrones.Creo que todava queda el espadachn del brandy contest el ruidoso. Ayer trataron de sacarlo, pero...No puedo perder el tiempo con un borracho; soy un hombre importante. Vosotros dos, sacadlo de aqu ahora mismo; llevaos el carro y daos prisa! Este barrio ha de ser clausurado y debe quedar vaco a la puesta del sol o el prncipe se pondr furioso conmigo, y no me gusta nada que el prncipe se enfurezca conmigo.Ya vamos, ya vamos dijo el ruidoso, y se alej a toda prisa, dejando que el silencioso tirase del carro donde iba Falkbridge. Ayer algunos de los hombres del grupo normal trataron de sacar al espadachn, pero parece que es bastante diestro con el acero y les dio mucho trabajo, aunque creo que tengo un truco que funcionar.El silencioso lo segua de cerca, tirando del carro. Doblaron una esquina y desde la esquina siguiente, una especie de balbuceo beodo se fue haciendo cada vez ms audible.Me estoy aburriendo, Vizzini se oy decir desde la esquina. Tres meses es mucho esperar, sobre todo para un espaol apasionado. Y en voz mucho ms alta agreg: Y yo soy muy apasionado, Vizzini, y t no eres ms que un siciliano lerdo. De modo que si dentro de tres meses no ests aqu, no quiero tener nada ms que ver contigo. Me has odo? Se acab! Y en su voz ms baja agreg: No lo he dicho en serio, Vizzini, adoro mi sucio prtico, tmate el tiempo que necesites...El Bruto ruidoso aminor la marcha.Se pasa todo el da hablando as; no le hagas caso y lleva el carro a donde no lo vea. El silencioso empuj el carro casi hasta la esquina y all lo detuvo. Qudate junto al carro le orden el ruidoso, y luego, agreg susurrando: Ah va mi truco. Dicho esto dobl la esquina y mir fijamente al tipo delgaducho aferrado a la botella de brandy y tirado en el prtico. Eh, amigo! llam el ruidoso.No me mover, o sea que gurdate tu eh, amigo! le dijo el bebedor de brandy.Escchame, por favor, me ha enviado el prncipe Humperdinck en persona, pues necesita diversin. Maana se celebra el quingentsimo aniversario de nuestro pas, y los doce mejores saltimbanquis, espadachines y artistas estn compitiendo en este mismo instante. Los dos ms hbiles se enfrentarn personalmente maana en presencia de los contrayentes. Y ahora te explicar por qu estoy aqu. Ayer, algunos de mis amigos intentaron arrestarte y, segn me dijeron ms tarde, te resististe haciendo gala de un soberbio manejo de la espada. Por eso, si t quisieras, sera capaz de realizar un gran sacrificio personal y te conducira a la competicin de esgrima donde, si eres tan bueno como me han dicho, podras tener el honor de entretener a la pareja real. Crees que podras ganar?Con los ojos cerrados.Entonces date prisa que an queda tiempo de inscribirse.El espaol logr ponerse de pie. Desenvain la espada y la blandi hacindola brillar bajo la luz de la maana.El ruidoso retrocedi rpidamente unos cuantos pasos y dijo:No hay tiempo que perder; acompame ahora mismo.Fue entonces cuando el borracho se puso a gritar:Espero... a... Vizzini...Mini.No... soy... mini..., slo... cumplo... con... la regla...Arregla.Yo no arreglo... nada... No entiendes que...? Su voz se apag por un momento mientras procuraba fijar la vista. Luego, en voz baja, pregunt: Fezzik?El silencioso, que se encontraba detrs del ruidoso, repuso:Quin lo dicik?Iigo sali de su prtico intentando desesperadamente luchar contra los sopores del alcohol para poder fijar bien la vista.Dicik? Se trata de una broma?Paloma repuso el silencioso.Iigo lanz un grito, y avanz tambalendose:Fezzik, eres t!Turur! exclam el gigante; tendi la mano, agarr a Iigo justo antes de que se desplomara, y lo enderez.Aguntalo as le dijo el Bruto ruidoso, y avanz veloz con el brazo derecho en alto, como haba hecho con Falkbridge.P

A

A

A F!Fezzik lanz al Bruto ruidoso al interior del carro, junto a Falkbridge, los cubri a ambos con una manta sobada y volvi rpidamente junto a Iigo, al que haba dejado apoyado contra la pared de un edificio.No sabes cmo me alegro de verte le dijo entonces Fezzik.Yo tambin..., yo tambin..., pero... la voz de Iigo fue perdiendo ms y ms fuerza. Estoy demasiado dbil para sorpresas.stas fueron las ltimas palabras que logr pronunciar antes de desmayarse a causa de la fatiga, el brandy, la falta de comida, de sueo y muchas otras cosas ms, ninguna de ellas demasiado nutritivas.Fezzik lo levant con un brazo, mientras que con el otro agarraba el carro, y regres a la casa de Falkbridge. Entr a Iigo y lo llev al piso de arriba, donde lo deposit sobre el lecho de plumas de Falkbridge; luego, tirando del carro, se dirigi a toda prisa a la entrada del Barrio de los Ladrones. Se asegur bien de que la manta sobada cubriera a las dos vctimas, y en el momento de llegar a la entrada, la Brigada Brutal efectuaba un recuento de las botas de los detenidos. El total les cuadraba, y a las once de la maana, el amurallado y extremo Barrio de los Ladrones qued oficialmente vaco y cerrado a cal y canto.Relevado del servicio activo, Fezzik borde la muralla hasta llegar a un lugar tranquilo donde se puso a esperar. Estaba solo. Para l las murallas nunca haban constituido un problema, no mientras los brazos le respondieran; escal aquella muralla rpidamente y a toda prisa recorri las calles silenciosas hasta llegar a la casa de Falkbridge. Prepar un poco de t, lo llev arriba, y oblig a Iigo a bebrselo. Al cabo de unos instantes, Iigo parpadeaba por su propia voluntad.Cmo me alegro de verte le dijo entonces Fezzik.Yo tambin, yo tambin admiti Iigo. Lamento haberme desmayado, pero durante tres meses no he hecho ms que esperar a Vizzini y beber brandy, y la sorpresa de verte fue..., bueno..., fue demasiado para soportarla con el estmago vaco. Pero ya estoy mejor.Bien dijo Fezzik. Vizzini ha muerto.Que Vizzini ha qu? Dices que ha muerto..., que Vizz...? entonces volvi a desmayarse.Fezzik comenz a reprenderse a s mismo.Estpido, si hay un modo correcto y otro incorrecto de hacer las cosas, lo ms seguro es que escojas el primero como el ms perfecto; bufn, bufn, vuelve al principio sin ms dilacin.Fezzik se sinti como un verdadero idiota porque, despus de meses de no acordarse, en aquel momento que ya no le serva de nada recordar la regla, se acordaba de ella. Baj la escalera a toda prisa, prepar ms t, busc unas galletas y miel, volvi a subir y le dio de comer a Iigo.Cuando Iigo parpade, Fezzik le dijo:Descansa.Gracias, amigo mo; no ms desmayos.Cerr los ojos y durmi durante una hora.Fezzik se puso a trabajar en la cocina de Falkbridge. No saba cmo hacer un guiso de verdad, pero saba cmo calentar y enfriar alimentos, y adems saba distinguir por el olor la carne buena de la podrida, de manera que no le result demasiado difcil conseguir algo parecido al rosbif y otra cosa que podra haber pasado por una patata.El inesperado olorcillo a comida caliente reanim a Iigo y, mientras segua tendido en la cama, se fue comiendo hasta el ltimo bocado que Fezzik le meta en la boca.No saba que estuviera en tan mal estado coment Iigo sin dejar de masticar.Chist!, ya te pondrs bien le dijo Fezzik mientras cortaba otro trozo de carne y se lo meta en la boca.Iigo lo mastic con cuidado y se lo trag.Primero vas y apareces t. y luego, como broche final, lo de Vizzini. Fue demasiado para m.Habra sido demasiado para cualquiera; descansa.Fezzik se dispona a cortar otro trozo de carne.Me siento como un cro, igual de indefenso dijo Iigo mientras aceptaba el siguiente bocado y empezaba a masticar.Cuando caiga el sol estars tan fuerte como siempre le prometi Fezzik, preparando el siguiente trozo de carne. El hombre de los seis dedos se llama conde Rugen y est aqu mismo, en la ciudad de Florn.Interesante logr decir Iigo, esta vez antes de desmayarse.Fezzik contempl la silueta inerte desde su altura.Cmo me alegro de que ests aqu dijo. Ha pasado tanto tiempo y tengo tantas noticias.Iigo se qued all tendido.Fezzik se dirigi a toda prisa a la baera de Falkbridge, le puso el tapn y al cabo de un rato logr llenarla con agua humeante. Fue en busca de Iigo y lo mantuvo bajo el agua con una mano, mientras que con la otra le tapaba la boca. Cuando el espaol comenzaba a eliminar el brandy a travs del sudor, Fezzik vaci la baera y la llen de nuevo, pero con agua helada, volvi a meter a Iigo, y cuando el agua comenz a calentarse un poco, llen otra vez la baera con agua humeante e introdujo a Iigo hasta que el brandy comenz a salirle por los poros, y as sigui, hora tras hora, pasando del calor al fro helado y al calor humeante, y despus prepar t y tostadas y un poco ms de agua hirviente y ms agua helada, y despus sigui una siesta y despus ms tostadas y menos t, pero el ms largo de los baos humeantes y esta vez ya no quedaba mucho brandy por eliminar, y luego sigui un ltimo bao en agua helada y despus dos horas de sueo, hasta que, a media tarde, los dos se encontraron sentados en la cocina de Falkbridge, en la planta baja, y entonces, por fin, por primera vez en tres meses, los ojos de Iigo casi brillaban. Le temblaban las manos, eso s, pero no de un modo del todo perceptible, y tal vez el Iigo de antes del brandy habra superado a ste en una hora de esgrima pura. Pero en el mundo no haba muchos maestros que hubieran sido capaces de aguantar cinco minutos seguidos.Cuntamelo todo en pocas palabras. Mientras yo estaba aqu con el brandy, dnde estabas t?Bueno, pas una temporada en una aldea de pescadores y, despus, vagu por ah un tiempo, hasta que hace unas semanas me encontr en Guilder donde no se hablaba de otra cosa que de la inminente boda y quiz de una prxima guerra; entonces me acord de Buttercup, de cuando cargu con ella para escalar los Acantilados de la Locura. Era tan bonita y delicada, y como nunca haba estado tan cerca de una fragancia as, pens que sera bonito ver los festejos de su boda, por eso vine aqu. Pero se me haba acabado el dinero, y como estaban formando una Brigada Brutal y necesitaban gigantes, me ofrec para el puesto y me azotaron con garrotes para ver si era lo bastante fuerte. Cuando los garrotes se partieron, decidieron que lo era. He sido Bruto de Primera durante esta ltima semana. El sueldo es muy bueno.Iigo asinti y le dijo:Est bien. Pero, insisto, por favor, esta vez s breve y cuntame desde el principio lo del hombre de negro. Logr derrotarte?S. Y con justicia. Fuerza contra fuerza. Estuve demasiado lento y me faltaba prctica.Entonces, fue l quien mat a Vizzini?Eso creo.Utiliz la espada o la fuerza?Fezzik intent recordar, y luego contest:No se le apreciaban heridas de espada y Vizzini no pareca estar fracturado. Slo encontr dos copas y a Vizzini muerto. Supongo que uso veneno.Y por qu iba Vizzini a tomar veneno?Fezzik no tena la ms mnima idea.Pero estaba muerto de verdad'?Fezzik afirm, seguro.Iigo comenz a pasearse por la cocina con movimientos rpidos y breves. tal como solan serlo antes.Est bien. Vizzini ha muerto, asunto concluido. Cuntame brevemente dnde est el tal Rugen de seis dedos para que pueda matarlo.Quiz no sea tan sencillo, Iigo, porque el conde est con el prncipe, y ste permanece en su castillo y ha prometido no abandonarlo hasta despus de su boda, porque teme otro ataque encubierto de Guilder. Todas las entradas menos la principal han sido clausuradas para mayor seguridad y las puertas principales estn custodiadas por veinte hombres.Mmm dijo Iigo, pasendose ms de prisa. Si t lucharas contra cinco y yo me enfrentara con mi espada a otros cinco, quedaran diez menos, pero no nos servira de nada porque eso significara que los diez restantes podran matarnos. Pero y aqu aceler an ms la velocidad de su paseo, si t te encargaras de seis y yo de ocho, tendramos catorce derrotados, que no sera tan malo pero seguira siendo malo, puesto que los seis restantes nos mataran. En este punto, se volvi veloz hacia Fezzik y pregunt: Cul es el mximo del que podras hacerte cargo?Vers, algunos de ellos pertenecen a la Brigada Brutal, de modo que no creo que pudiera con ms de ocho.O sea, que quedaran doce para m; no sera imposible, pero no constituye la mejor forma de pasar tu primera noche despus de tres meses de vivir slo a base de brandy.De repente el cuerpo de Iigo se vino abajo, y en sus ojos, que poco antes brillaban, haba ahora lgrimas.Qu ha pasado? grit Fezzik.Oh, amigo mo, amigo mo, necesito a Vizzini. No sirvo para planificar. Me limito a seguir. Dime qu debo hacer y te aseguro que no habr hombre viviente que lo haga mejor. Pero mi mente es como el buen vino, no soporta los largos viajes. Paso de un pensamiento a otro, pero sin lgica, y me olvido de las cosas. Aydame, Fezzik, qu voy a hacer?Fezzik tambin tuvo ganas de llorar.Soy el tipo ms tonto que jams haya existido, ya lo sabes. Ni siquiera pude acordarme que deba volver aqu, y eso que t me habas compuesto esa rima tan bonita.Necesito a Vizzini.Pero Vizzini est muerto.Entonces Iigo volvi a ponerse en pie y a pasearse furioso por la cocina, y por primera vez chasque los dedos lleno de entusiasmo.No necesito a Vizzini, sino a su superior: Necesito al hombre de negro! Vers..., me gan a m con el acero, super mi maestra; te gan a ti en fuerza. Y debi de superar en maestra, planificacin y sagacidad a Vizzini; l me dir ahora cmo entrar en el castillo y matar a la bestia de seis dedos. Si tienes alguna idea de dnde se encuentra el hombre de negro en estos momentos, dame rpidamente la respuesta.Navega por los siete mares en compaa del temible pirata Roberts.Y por qu iba a hacer semejante cosa?Porque trabaja como marinero del temible pirata Roberts.Es marinero? Un marinero corriente? Un marinero corriente y moliente derrota con la espada al gran Iigo Montoya? Inconcebible. El tiene que ser el temible pirata Roberts. De lo contrario, no tiene ningn sentido.En cualquier caso, est navegando muy lejos de aqu. Lo dice el conde Rugen, y el prncipe mismo fue quien dio la orden. El prncipe no quiere piratas por aqu, porque ya tiene bastantes problemas con Guilder; no olvides que en una ocasin intentaron raptar a la princesa y podran...Fezzik, nosotros raptamos a la princesa en esa ocasin. La memoria nunca fue tu punto fuerte, pero incluso t deberas recordar que fuimos nosotros quienes dejamos los trozos de uniforme guilderiano debajo de la silla de montar de la princesa. Vizzini lo hizo porque tena rdenes de hacerlo. Alguien quera que Guilder apareciera como culpable, y quin si no un noble iba a querer semejante cosa? Y qu otro noble podra ser sino el prncipe mismo, que es tan amante de las guerras? Nunca supimos quin contrat a Vizzini. Supongo que fue Humperdinck. En cuanto a eso de que el conde haya dicho dnde est el hombre de negro, dado que el conde es la misma persona que asesin a mi padre, podemos estar ms que seguros de que es, sin duda, un tipo tremendo. Se dirigi a la puerta y aadi: Ven. Tenemos mucho que hacer.Fezzik lo sigui por las lbregas calles del Barrio de los Ladrones.Me lo explicars todo mientras vamos hacia all? inquiri Fezzik.Te lo explicar todo ahora mismo... Su cuerpo, cual hoja de arma blanca, fue abrindose paso a cuchilladas por las calles silenciosas, mientras Fezzik lo segua a toda prisa, a) Necesito llegar hasta el conde Rugen para poder vengar por fin a mi padre; b) No puedo planificar cmo llegar al conde Rugen; c) Vizzini lo habra planificado por m, pero, c prima) Vizzini no estar disponible; sin embargo, d) el hombre de negro logr superar en sagacidad y pericia a Vizzini, por lo tanto, e) el hombre de negro puede conducirme hasta el conde Rugen.Pero ya te he dicho que despus de capturarlo, el prncipe Humperdinck dio las rdenes delante de todos para que se enteraran de que el hombre de negro deba ser devuelto sano y salvo a su barco. Todo el mundo en Florn sabe que ha sido as.a) El prncipe Humperdinck tena algn tipo de plan para matar a su novia y nos contrat a nosotros para llevarlo a cabo; pero b) el hombre de negro arruin los planes del prncipe Humperdinck; sin embargo, al final, c) el prncipe Humperdinck logr capturar al hombre de negro y, como todos los habitantes de la ciudad de Florn tambin saben, el prncipe Humperdinck tiene un carcter espantoso; de manera que d) si un hombre tiene un carcter espantoso, qu podra resultarle ms divertido que desahogarse justamente con el hombre que le arruin sus planes para matar a su novia? A esas alturas ya haban llegado a las murallas del Barrio de los Ladrones. Iigo salt sobre los hombros de Fezzik, y ste comenz a escalar. Conclusin 1.a prosigui Iigo sin perder el ritmo: dado que el prncipe se encuentra en la ciudad de Florn dando rienda suelta a su mal carcter con el hombre de negro, ste tambin debe de encontrarse en la ciudad de Florn. Conclusin 2.a: el hombre de negro no debe de sentirse demasiado feliz en su actual situacin. Conclusin 3.a: yo me encuentro en la ciudad de Florn y necesito alguien que planifique cmo puedo vengar a mi padre, mientras que l est en la ciudad de Florin y necesita alguien que lo rescate para poner a salvo su futuro, y cuando las personas se necesitan mutuamente y con la misma intensidad, conclusin 4.a y ltima: hacen un pacto.Fezzik lleg a lo alto de la muralla y comenz a descender cuidadosamente por el otro lado.Lo he entendido todo dijo.No has entendido nada, pero en realidad no importa, puesto que lo que quieres decir es que te alegras de verme, igual que yo me alegro de verte a ti, porque as se acab la soledad.Eso mismo quera decir replic Fezzik.Oscureca cuando comenzaron a buscar ciegamente por toda la ciudad de Florn. Faltaba un da para la boda. El conde Rugen se dispona a dar inicio a sus experimentos nocturnos: pas por su alcoba a recoger sus cuadernos de apuntes, repletos con sus comentarios. Cinco niveles bajo tierra, tras las altas murallas del castillo, Westley esperaba junto a la Mquina, encerrado, encadenado y silencioso. En cierto modo, segua parecindose a Westley, con la diferencia de que haba sido quebrado. Le haban succionado veinte aos de vida. Le quedaban otros veinte. El dolor era expectacin. El conde no tardara en regresar. Pese a los pocos deseos que an le quedaban. Westley sigui llorando.Anocheca cuando Buttercup fue a ver al prncipe. Llam con fuerza a su puerta, esper, y volvi a llamar. Lo oy gritar all dentro, y de no haber sido tan importante, jams se habra atrevido a llamar por tercera vez; pero lo hizo, y la puerta se abri de par en par, y la mirada de ira del prncipe se troc de inmediato por la ms dulce de las sonrisas.Amada ma le dijo, pasad. Slo necesito un momento ms. Se volvi hacia Yellin y le coment: Mrala, Yellin. Mi futura esposa. Acaso existe hombre ms afortunado que yo?Yellin mene la cabeza.Entonces, crees que me equivoco al no escatimar esfuerzos para protegerla?Yellin volvi a menear la cabeza. El prncipe lo estaba volviendo loco con sus historias sobre la infiltracin guilderiana. Yellin haba puesto a todos los espas que haba utilizado en toda su vida a trabajar da y noche, y ni uno solo de ellos haba logrado descubrir nada sobre Guilder. Y, sin embargo, el prncipe insista. Yellin suspir para sus adentros. Aqulla era una situacin que lo superaba; l no era un prncipe sino tan slo el Encargado del Cumplimiento de las Leyes. De hecho, las nicas noticias remotamente perturbadoras que haba odo desde que clausurara el Barrio de los Ladrones esa misma maana le haban llegado haca apenas una hora, cuando alguien le coment que se rumoreaba que haban visto el barco del temible pirata Roberts entrar en el canal de Florn. Pero, por su prolongada experiencia, Yellin saba que tales noticias no eran ms que rumores.Te digo que estos guilderianos estn por todas partes prosigui el prncipe Y dado que pareces incapaz de detenerlos, deseo hacer un cambio en mis planes. Todas las puertas de mi castillo han sido clausuradas exceptuando la principal, no es as?S. Y hay veinte hombres montando guardia.Aade ochenta ms. Quiero cien hombres. Est claro?Sern cien. Todos los Brutos que estn disponibles.Dentro del castillo estoy bastante seguro. Tengo mis propios suministros, alimentos, establos, lo necesario. Mientras no puedan llegar hasta m sobrevivir. stos son, pues, los nuevos planes. Todos los festejos para celebrar el quingentsimo aniversario quedan suspendidos hasta despus de la boda, que tendr lugar maana, al ponerse el sol. Mi prometida y yo cabalgaremos en mis blancos hasta el canal de Florn, rodeados por todos tus hombres. All, subiremos a bordo de un buque y comenzaremos nuestra tan ansiada luna de miel, rodeados por todos los buques de la Armada florinesa...Todos menos cuatro le corrigi Buttercup.La mir, parpadeando durante un instante, sin decir palabra. Luego, lanzndole un beso, aunque discretamente, para que Yellin no lo viera, le dijo:S, s, qu olvidadizo soy, todos los buques menos cuatro.Y se volvi hacia Yellin.Pero en ese parpadeo y en el silencio que sigui, Buttercup lo haba comprendido todo.Esos buques seguirn con nosotros hasta que yo considere que estamos a salvo como para enviarlos de vuelta. Es evidente que Guilder podra atacar entonces, pero se es un riesgo que debemos correr. Djame ver si hay algo ms. Al prncipe le encantaba dar rdenes, sobre todo aquellas que l saba que jams hara falta cumplir. Adems, Yellin era muy lento apuntando, con lo cual todo resultaba mucho ms divertido. Puedes retirarte dijo finalmente el prncipe.Yellin hizo una reverencia y se march.Los cuatro buques jams fueron enviados dijo Buttercup cuando estuvieron a solas. No os molestis en seguir mintiendo.Todo lo que se ha hecho, ha sido por vuestro propio bien, alma ma.No s por qu, pero dudo que sea as.Estis nerviosa, y yo tambin lo estoy; vamos a casarnos maana, tenemos derecho a ponernos nerviosos.Nunca habis estado ms equivocado, porque yo me siento muy tranquila. Y en realidad lo pareca. No importa si habis enviado o no esos barcos. Westley vendr a buscarme. Como que existe Dios y el amor, s que Westley me salvar.Sois una muchachita tonta. Volved a vuestra alcoba.S, soy una muchachita tonta, y desde luego, me ir a mi alcoba. Pero vos sois un cobarde con el corazn lleno de miedo.El prncipe se ech a rer.Soy el mejor cazador del mundo, y me tachis de cobarde?Efectivamente. A medida que me hago mayor me vuelvo ms lista. Digo que sois un cobarde y as es; creo que cazis slo para no admitir lo que en realidad sois: el ser ms dbil que jams haya hollado la tierra. l vendr a buscarme y nos marcharemos, y ni con todos vuestros conocimientos de cacera podris hacer nada, porque Westley y yo estamos unidos por el lazo del amor y eso es algo a lo que no podris seguirle el rastro ni con mil sabuesos, algo que no podis romper ni con mil espadas.Entonces Humperdinck le grit, se abalanz sobre ella y le tir de los cabellos color del otoo, la levant en volandas y la condujo a lo largo del curvo corredor hasta su alcoba, donde abri la puerta de una patada y la arroj dentro. Luego la encerr con llave y ech a correr hacia la entrada subterrnea del Zoo de la Muerte...Mi padre dej de leer.Contina, le ped yo.Es que me he perdido, dijo l mientras yo esperaba, dbil an por los efectos de la pulmona y sudando de miedo hasta que l sigui leyendo. Iigo permiti que Fezzik abriera la puerta... Oye dije yo, para, que as no es, te has saltado algo. Entonces me call en seguida porque haca poco que habamos discutido, pues yo me disgust mucho cuando mi padre me cont que Buttercup se haba casado con Humperdinck, y le acus de haberse saltado algo, y claro, no quera que se repitiera la escena. Pap le dije, vers, no lo digo por nada, pero no estaba el prncipe corriendo hacia el Zoo y despus, t vas y me lees lo de Iigo? No s, no crees que a lo mejor hay una pgina o algo as en medio?Mi padre comenz a cerrar el libro.No estoy discutiendo, por favor, no lo cierres.No es por eso me contest mi padre. Despus se me qued mirando durante un largo rato y aadi: Billy me dijo (casi nunca me llamaba as; me encantaba cuando lo haca; detestaba que otros me llamaran de otra manera, pero cuando el barbero lo haca, no s, pues que me derreta), Billy, confas en m?Por qu lo preguntas? Claro que s.Billy, tienes pulmona; s que te ests tomando este libro muy en serio, porque ya hemos discutido una vez por esto.Pero yo no estoy discutiendo ahora...Escchame..., hasta ahora nunca te he mentido, verdad? Bien. Confa en m. No quiero leerte el resto de este captulo y quiero que me digas que est bien.Por qu? Qu pasa en el resto de este captulo?Si te lo digo es lo mismo que si te lo leyera. Dime simplemente que est bien as.Pero no puedo decirte que est bien hasta que no sepa qu pasa.Pero...Dime qu pasa y entonces te dir si est bien. Te prometo que si no quiero orlo, podrs seguir leyndome lo de Iigo.No vas a hacerme este favor?Me levantar de la cama cuando ests durmiendo; no importa dnde escondas el libro, lo encontrar y me leer el resto del captulo yo solo, de manera que ya puedes empezar a lermelo.Por favor, Billy.Te he cogido, o sea que ms te vale reconocerlo.Mi padre lanz un tremendo suspiro. Saba que lo haba derrotado. Westley se muere, me dijo mi padre.Qu quieres decir con eso de que Westley se muere? Que se muere de verdad?Mi padre asinti. El prncipe Humperdinck lo mata.Pero es de mentira, no?Mi padre mene la cabeza, y cerr el libro por completo.Jo, mierda, dije yo, y me ech a llorar.Lo siento dijo mi padre. Te dejar solo, y se march.Quin se carga a Humperdinck?, grit yo cuando l se hubo marchado.Se detuvo en el pasillo y me dijo: No comprendo.Quin mata al prncipe Humperdinck? Al final alguien tiene que cargrselo. Es Fezzik? Quin?No lo mata nadie. Sigue viviendo.Quieres decir que l gana, pap? Jo, para qu me lo has ledo?, inquir.Seguidamente sepult la cabeza en la almohada y hasta el da de hoy no he vuelto a llorar como aquella vez, ni siquiera en una sola ocasin. Fue como si se me hubiese vaciado el corazn en la almohada. Pienso que lo ms asombroso de llorar es que cuando empiezas, crees que no parars nunca, pero en realidad no dura ni siquiera la mitad de lo que habas credo. Al menos no en trminos de tiempo real. En trminos de emociones reales es peor de lo que uno piensa, pero medido por el reloj, no lo es. Cuando mi padre regres, no haba pasado siquiera una hora.Bien me dijo, continuamos esta noche o no?Adelante le contest. Los ojos secos. La voz segura. Dispara cuando ests listo.Sigo con Iigo?Quiero or lo del asesinato, repuse. Saba que no volvera a llorar como una Magdalena. Mi corazn, al igual que el de Buttercup era ya un jardn secreto y sus muros eran muy altos.Humperdinck le grit entonces, se abalanz sobre ella y le tir de los cabellos color del otoo, la levant en volandas y la condujo a lo largo del curvo corredor hasta su alcoba, donde abri la puerta de una patada y la arroj dentro. Luego la encerr con llave y ech a correr hacia la entrada subterrnea del Zoo de la Muerte; baj la escalera como un torbellino, una zancada gigantesca tras otra y cuando abri de par en par la puerta de la jaula del quinto nivel, hasta el conde Rugen se sorprendi de la pureza de la emocin que se reflejaba en los ojos de su seor. El prncipe se acerc a Westley y le grit:Te ama. Sigue amndote y t tambin la amas, piensa en ello..., y medita acerca de esto: podras haber sido feliz, verdaderamente feliz. No ha habido una sola pareja en un siglo que haya tenido esa oportunidad, por ms que los libros digan lo contrario; pero podras haberlo logrado, por eso creo que nadie sufrir una prdida tan grande como la que t sufrirs ahora dicho lo cual, aferr el mando y lo empuj hasta el fondo.Hasta el veinte, no! le grit el conde, pero ya era demasiado tarde; el grito de muerte haba comenzado.Fue mucho peor que el grito del perro salvaje. En primer lugar, en el caso del perro, el mando haba llegado slo al seis, mientras que ahora se haba triplicado esa cifra. Por ello, naturalmente, fue tres veces ms largo. Y tres veces ms fuerte. Pero ninguno de estos motivos explica por qu fue peor.La diferencia consista en que el grito sala de una garganta humana.Buttercup, que estaba en sus aposentos, lo oy y se asust, pero no tena la ms mnima idea de qu se trataba.Yellin, que se encontraba junto a la puerta principal del castillo, lo oy y tambin se asust, aunque no pudo imaginar qu poda ser.Los cien Brutos y luchadores que formaban fila junto a la puerta principal tambin lo oyeron, inquietndose hasta el ltimo de ellos, y se pasaron hablando de aquel grito un buen rato, pero ninguno conoca lo suficiente de sonidos como para dilucidar qu poda haber sido.La Gran Plaza estaba llena de gente corriente entusiasmada por la inminente boda y el aniversario, que tambin oy el grito, y nadie fingi no estar asustado, pero ninguno tuvo la menor idea de qu poda haber sucedido.El grito de muerte se elev agudo en la noche.Todas las calles que confluan en la Plaza tambin estaban llenas de ciudadanos que trataban de llegar a la Plaza misma: ellos tambin lo oyeron, pero una vez que reconocieron estar petrificados de miedo, se dieron por vencidos y ya no trataron de adivinar qu poda haber sido.Iigo lo supo al instante.Se detuvo en el pequeo callejn por el que trataba de abrirse paso en compaa de Fezzik, e intent recordar. El callejn conduca a las calles que confluan en la Plaza, y tambin estaba atestado.No me gusta ese sonido dijo Fezzik con la piel erizada de fro.Iigo se agarr al gigante y las palabras fluyeron a su boca:Fezzik..., Fezzik..., es el sonido del Sufrimiento Postrero..., lo conozco..., fue el sonido que sent en mi corazn cuando el conde Rugen asesin a mi padre y lo vi caer..., es el hombre de negro quien lo lanza ahora.Crees que es l?Quin tendra si no motivos para el Sufrimiento Postrero esta noche de fiesta?Dicho esto, se puso a seguir el sonido. Pero la muchedumbre se interpona en su camino, y l era fuerte pero delgado. Entonces grit:Fezzik..., Fezzik..., debemos seguir ese sonido, debemos rastrear hasta llegar a su origen, y no puedo moverme. Por eso te pido que me gues. Vuela, Fezzik. Iigo te lo ruega, brete paso..., por favor!Eran muy raras las ocasiones en las que alguien le rogaba algo a Fezzik, y mucho menos Iigo, y cuando as ocurra, se haca lo que se poda; de modo que sin perder un instante, Fezzik comenz a empujar. Hacia adelante. Montones de gente. Fezzik empuj con ms fuerza. Un montn de personas comenzaron a moverse. Se apartaron del camino de Fezzik. De prisa.El grito de muerte comenzaba a acallarse ya, apagndose entre las nubes.Fezzik! grit Iigo. Usa toda tu fuerza, ahora mismo!Fezzik corri callejn abajo mientras la gente gritaba y se lanzaba hacia los lados para apartarse de su camino; Iigo lo segua de cerca, y al final del callejn naca una calle desde donde el grito se oa ms apagado. Pero Fezzik gir a la izquierda y enfil por el centro de la calzada como si fuera dueo de la calle; nadie se interpona en su camino, nada se atreva a bloquearle el paso, y ya empezaba a resultar difcil or el grito, por eso Fezzik rugi con todas su fuerzas:Silencio!Y la calle enmudeci repentinamente mientras Fezzik continuaba avanzando veloz, seguido de Iigo; el grito segua oyndose dbilmente, se intern en la Gran Plaza misma y en el castillo que se alzaba tras ella, y despus, se apag...Westley yaca muerto junto a la Mquina. El prncipe mantuvo el mando en el veinte mucho ms tiempo del necesario, hasta que el conde le dijo:Ya est hecho.El prncipe se march entonces sin volver a mirar a Westley. Subi la escalera secreta de cuatro en cuatro escalones.Me ha tachado de cobarde dijo, y desapareci.El conde Rugen comenz a tomar notas. Al cabo de nada dej la pluma. Examin brevemente a Westley y mene la cabeza. La muerte no presentaba para l ningn inters intelectual; los muertos no reaccionan al dolor.Deshazte del cadver orden el conde.Aunque no vea al albino, saba que estaba all. Era una pena, pens mientras suba la escalera tras el prncipe. No todos los das se encontraban vctimas como Westley.Cuando se marcharon, el albino sali, le quit las ventosas al cadver y decidi que quemara el cuerpo en la pira de la basura que haba detrs del castillo. Para ello deba usar una carretilla. Subi a toda prisa la escalera subterrnea, sali por la entrada secreta, y se dirigi raudo al cobertizo principal de herramientas; todas las carretillas estaban sepultadas junto a la pared del fondo, detrs de azadas, rastrillos y tijeras de podar. El albino lanz un sonido siseante de disgusto y comenz a abrirse paso entre todas aquellas herramientas. Siempre le ocurran esas cosas cuando tena prisa. El albino volvi a sisear, trabajo extra, trabajo extra, siempre tena trabajo extra. Acaso no lo saba?Cuando por fin logr sacar la carretilla y se dispona a trasponer la falsa entrada principal, supuestamente mortal, que conduca al Zoo, oy lo siguiente:Me est costando sangre, sudor y lgrimas seguir ese grito.El albino se volvi en redondo y se encontr con que all, all, en los terrenos del castillo, haba un extrao, delgado como la hoja de un arma blanca, que empuaba una espada. La espada se abri rpidamente paso hacia la garganta del albino.Dnde est el hombre de negro?le pregunt entonces el espadachn.Dos largusimas cicatrices le marcaban cada una de las mejillas y tena todo el aspecto de no ir con rodeos.No conozco a ningn hombre de negro susurr el albino.Provino el grito de este lugar? El hombre indic la entrada principal.El albino asinti.De qu garganta sali? Busco a ese hombre, date prisa!Westley susurr.Un marinero? Trado hasta aqu por Rugen? indag Iigo.El albino afirm.Dnde puedo encontrarlo?El albino vacil, seal en direccin de la entrada mortal y luego susurr:Est en el ltimo nivel. Cinco niveles para llegar al ltimo.Entonces ya no te necesito. Hazlo callar, Fezzik.El albino not que a sus espaldas se mova una sombra gigantesca. Raro pens, y fue lo ltimo que record, crea que era un rbol.A Iigo lo quemaba el entusiasmo. Ya no haba manera de detenerlo. Fezzik titube junto a la puerta principal.Por qu iba a decirnos la verdad?Es el cuidador de un zoo al que amenazaban de muerte. Por qu iba a mentir?Eso no tiene sentido.No me importa! repuso Iigo de mal talante, y la verdad era que no le importaba.En lo ms profundo de su corazn saba que el hombre de negro se encontraba all abajo. No exista ninguna razn que justificara el que Fezzik hubiese dado con l, que se hubiera enterado del paradero de Rugen, que todo encajase tan bien despus de tantos aos de espera. Como que exista un Dios que el hombre de negro lo estaba esperando. Iigo lo saba. Lo saba. Y, por supuesto, estaba absolutamente en lo cierto. Pero, tambin por supuesto, haba muchas cosas que ignoraba. Ignoraba, por ejemplo, que el hombre de negro estaba muerto. Que la entrada que iban a utilizar no era la correcta, sino una falsa, puesta all para engaar a aquellos que, como l mismo, no pertenecan a aquel lugar. All abajo haba cobras venenosas, aunque lo que iba a ocurrirle en realidad sera mucho peor. Y de estas cosas tampoco estaba al tanto.Pero su padre deba ser vengado. Y el hombre de negro le ayudara a planificar esa venganza. Para Iigo aquello bastaba.Y as, con una urgencia que no tardara en convertirse en profundo arrepentimiento, l y Fezzik se internaron en el Zoo de la Muerte.7La boda

Iigo permiti que Fezzik abriera la puerta, no porque deseara escudarse tras la fuerza del gigante, sino ms bien porque la fuerza del gigante resultaba de crucial importancia para que pudieran entrar: alguien tendra que arrancar la pesada puerta de sus goznes, y era aqulla una tarea para la cual Fezzik se encontraba perfectamente preparado.Est abierta dijo Fezzik girando el pomo y asomndose para espiar dentro.Que est abierta? Iigo vacil. Cirrala pues. Aqu hay algo que no funciona. Por qu razn iba a permanecer abierto algo tan valioso como el zoolgico privado del prncipe?Ah dentro hay un nauseabundo olor a animales coment Fezzik. Vaya vaharada me ha venido!Djame pensar dijo Iigo, que ya lo descifrar.Se esforz al mximo, pero aquello no tena sentido. Uno no se dejaba los diamantes esparcidos sobre la mesa del desayuno, y el Zoo de la Muerte tena por fuerza que haber estado cerrado a cal y canto. Por lo tanto, tena que haber una razn; se trataba simplemente de ejercitar la fuerza mental y la respuesta ya vendra. (La razn por la que la puerta estaba sin llave era en realidad la siguiente: por seguridad. Todo aquel que haba entrado por la puerta principal no haba sobrevivido para volver a salir. La idea se le haba ocurrido bsicamente al conde Rugen, quien ayud al prncipe a proyectar el lugar. El prncipe escogi la ubicacin el extremo ms alejado de los terrenos del castillo, apartado de todo, para que los rugidos no molestasen a la servidumbre, pero el conde dise la entrada. La verdadera entrada se encontraba junto a un gigantesco rbol, donde una raz se elevaba y dejaba al descubierto una escalera por la que se descenda directamente hasta el quinto nivel. La entrada falsa, llamada entrada verdadera, permita descender del modo corriente, es decir, del primer nivel al segundo, del segundo al tercero, o mejor dicho, del segundo a la muerte.)S dijo Iigo finalmente.Ya lo has solucionado?El motivo por el que la puerta estaba sin cerrar es el siguiente: el albino habra echado la llave, no habra sido nunca tan estpido como para no hacerlo, pero, Fezzik, amigo mo, nosotros le alcanzamos antes de que l llegase a la puerta. Est claro que al acabar de empujar la carretilla, hubiera cerrado con llave la puerta. No hay ningn problema, puedes dejar de preocuparte, andando.Me siento tan seguro contigo dijo Fezzik, y abri la puerta por segunda vez.Al hacerlo, no slo not que la puerta no estaba cerrada con llave, sino que ni siquiera tena cerradura, y se pregunt si no debera comentrselo a Iigo, pero decidi no hacerlo, porque Iigo tendra que haberse detenido para pensar otro poco y ya haban hecho bastante de las dos cosas, pues aunque haba dicho que se senta seguro con Iigo, la verdad era que estaba asustadsimo. Haba odo comentar cosas muy extraas acerca de aquel lugar; los leones no le molestaban, y tampoco le importaban los gorilas, no eran nada. Lo que realmente le provocaba aprensin eran los animales rastreros. Y los babosos. Y los que picaban. Y los..., todos, decidi Fezzik, para ser completamente sincero. Las araas, las vboras, los insectos, los murcilagos; en fin, lo cierto era que ninguno de aquellos animales le haca demasiada gracia.Sigue oliendo a animal dijo, y aguant la puerta para que Iigo pasara.Juntos, paso a paso, entraron en el Zoo de la Muerte, mientras la enorme puerta se cerraba tras ellos sin hacer ruido.Un sitio muy extrao coment Iigo, dejando atrs varias jaulas espaciosas llenas de leopardos, colibres y otras criaturas veloces.Al final del pasillo se encontraron ante otra puerta en lo alto de la cual haba un cartel que rezaba: Al Nivel Dos. La abrieron y descubrieron un tramo de escalera que conduca hacia abajo.Ten cuidado dijo Iigo, no te separes de m y vigila el equilibrio.Comenzaron a bajar al segundo nivel.Si te confieso una cosa, me prometes que no te reirs de m, ni te burlars ni me tratars mal? inquiri Fezzik.Te doy mi palabra respondi Iigo.Estoy asustado de muerte le dijo Fezzik.Pues procura que cese porque de ello depende nuestra suerte le sugiri Iigo rpidamente.Oh, qu maravillosa rima...Calla, que me da grima contest Iigo componiendo otra ms y sintindose brillantsimo, pues notaba que Fezzik se relajaba mientras iban descendiendo.Sonri y palme a Fezzik en el enorme hombro porque era un tipo realmente bueno. Pero en el fondo, muy en el fondo, Iigo tena el estmago hecho un nudo. Estaba completamente consternado y asombrado de que un hombre con fuerza ilimitada estuviera asustado de muerte; hasta que Fezzik no habl, Iigo tena la certeza de que l era el nico que en realidad estaba asustado de muerte; el hecho de que los dos se encontraran en las mismas condiciones no era nada bueno en caso de que llegara el momento del pnico. Alguien tendra que conservar el juicio, y dado que Fezzik tena tan poco, haba deducido automticamente que no le resultara nada difcil conservar ese poco que tena, Iigo pens que estaban apaados. Tendra que esforzarse por impedir que se produjeran situaciones de pnico, no haba otra solucin.La escalera era recta y muy larga, pero eventualmente lograron llegar al final. Otra puerta. Fezzik le dio un empelln. Otro corredor flanqueado de jaulas, enormes jaulas, y dentro, unos enormes hipoptamos, un caimn de seis metros que se revolva furioso en el agua poco profunda.Debemos darnos prisa dijo Iigo, apretando el paso, aunque tengamos muchas ganas de quedarnos a curiosear y casi ech a correr hacia un letrero que rezaba: Al Nivel Tres, Iigo abri la puerta y mir hacia abajo mientras Fezzik espiaba por encima de su hombro. Mmmm mascull Iigo.Esa escalera era distinta. No era tan empinada y describa una pronunciada curva, de manera que desde lo alto resultaba imposible ver lo que haba al pie, adonde ellos se disponan a bajar. En la parte alta de los muros, fuera del alcance de la mano, haba unas extraas velas encendidas. Las sombras que proyectaban eran muy largas y delgadas.Vaya si me alegro de no haberme criado aqu dentro dijo Iigo, tratando de hacer una broma.Tengo tanto miedo que no me concentro replic Fezzik, y la rima le sali antes de que l pudiera hacer nada para impedirlo.Iigo estall:Es el colmo! Si no puedes controlarte, te enviar de vuelta arriba para que me esperes ah t solo!No me abandones; quiero decir, no me obligues a que te abandone. Por favor. Quera decir encuentro, no s cmo me sali concentro.Fezzik, me ests haciendo perder la paciencia; muvete le orden Iigo, y comenz a bajar la escalera curva.Fezzik lo sigui de cerca al tiempo que la puerta se cerraba tras ellos; entonces ocurrieron dos cosas:1) El pestillo se corri solo.2) Las velas que haba en lo alto de los muros se apagaron.

No te asustes! grit Iigo.No estoy asustado! grit Fezzik a su vez. Y por encima de los ruidosos latidos de su corazn, logr preguntar: Qu vamos a hacer?E... e... es si... simple respondi Iigo al cabo de un rato.Tambin t tienes miedo? inquiri Fezzik en la oscuridad.Ni... ni hablar repuso Iigo con mucho cuidado. Y antes quise decir qudate tranquilo, no s cmo me sali lo de es simple. Vers, no podemos volver, y est claro que no queremos quedarnos aqu, de modo que no nos queda ms remedio que seguir bajando tal y como estbamos haciendo antes de que ocurrieran estas cosas. Hacia abajo. Hacia abajo nos dirigimos, Fezzik, pero he de decirte que te noto un poco alterado por todo esto, de manera que, de puro bondadoso que soy, no quiero que bajes detrs de m, ni delante de m, sino justo a mi lado, en el mismo escaln, paso a paso, y dejar tambin que me pongas un brazo alrededor de los hombros, porque es muy posible que as te sientas mejor, y yo, para impedir que te sientas tonto, pondr un brazo alrededor de tus hombros, y de esta manera, seguros, protegidos y unidos, bajaremos.Desenvainars tu espada con la mano que te queda libre?Ya lo he hecho. Cerrars bien el puo con la tuya?Ya est cerrado.Entonces, veamos el aspecto positivo: estamos viviendo una aventura, Fezzik, y la mayora de la gente vive y muere sin tener la misma suerte que nosotros.Bajaron un escaln. Y otro. Y otros dos, luego otros tres cuando le tomaron el ritmo.Por qu crees que se ha corrido el pestillo de la puerta? inquiri Fezzik cuando empezaron a avanzar.Sospecho que para darle ms sabor a nuestro viaje repuso Iigo.Era, sin duda, una de sus respuestas menos ingeniosas, pero la mejor que se le ocurri.Aqu es donde la escalera empieza a girar dijo Fezzik, y aminoraron el paso; siguieron la pronunciada curva sin tropiezos y continuaron descendiendo. Y las velas se apagaron por el mismo motivo, para darle ms sabor?Es lo ms probable. No me aprietes tanto...Y t tampoco...Para entonces ya saban que les haba llegado su fin.Entre los zologos especializados en animales de la jungla ha existido durante aos una dura batalla por establecer cul es la ms grande de las vboras gigantes. Los partidarios de la anaconda no cesan de anunciar con bombos y platillos el espcimen del Orinoco que lleg a superar los doscientos veinticinco kilos, mientras que los sostenedores de la pitn no dudan en recordarles que la Roca Africana hallada en las afueras de Zambesi meda diez metros treinta y siete centmetros. Evidentemente, la discusin es muy tonta puesto que el concepto de ms grande es un tanto ambiguo, y si se pretende ser serio, carece de valor.Pero cualquier partidario entusiasta de las vboras, que adems fuera serio, habra admitido, fuera cual fuese su formacin, que la Garstini rabe, aunque ms corta que la pitn y menos pesada que la anaconda, es ms veloz y ms voraz que cualquiera de esas dos, y este espcimen del prncipe Humperdinck no slo resultaba notable por su rapidez y agilidad sino que, adems, era mantenido permanentemente en un estado rayano en la inanicin, de manera que la primera vuelta del ofidio les lleg como el relmpago desde lo alto y se enrosc alrededor de sus manos inutilizando la espada y el puo; la segunda vuelta aprision sus brazos e hizo gritar a Iigo:Haz algo...!No puedo..., estoy atrapado..., haz algo t...!Lucha, Fezzik...Es demasiado fuerte para m...El ofidio acababa de enroscarse por tercera vez, envolviendo la parte superior de los hombros; la vuelta siguiente, la definitiva, se enrollara alrededor del cuello; Iigo susurr aterrado, porque ya poda or la respiracin del animal, en realidad, alcanzaba a oler su aliento:Lucha..., me... me...Fezzik tembl de miedo y susurr:Perdname, Iigo.Ay, Fezzik..., Fezzik...Qu...?Tena para ti unas rimas tan bonitas...Qu rimas...?Silencio.La cuarta vuelta acababa de completarse.Qu rimas, Iigo?Silencio.Aliento de vbora.Iigo, quiero conocer esas rimas antes de morirme... Iigo, quiero conocerlas de verdad... Iigo, dime cules son esas rimas suplic Fezzik; se senta muy frustrado, ms que eso, senta una rabia espectacular; entonces un brazo se zaf de una de las vueltas y as result menos difcil luchar y liberarse de la segunda vuelta; aquello implicaba que poda usar ese brazo para ayudar al otro, y entonces Fezzik grit: No te irs a ninguna parte si antes no me dices cules son esas rimas.El sonido de su propia voz le result verdaderamente impresionante, profundo y resonante; adems, quin era esa vbora para interponerse en el camino de Fezzik cuando an le quedaban rimas por aprender? Para entonces, no slo haba logrado liberar los dos brazos del fondo de las tres vueltas sino que estaba enfurecido por la interrupcin; sus manos se dirigieron hacia el aliento de la vbora y, aunque no saba si las vboras tenan cuello o no, se llamara como se llamase la parte que hay debajo de la boca, sa era la parte que aferr entre sus manazas y comenz a aporrearla contra la pared. La vbora sise y escupi, pero la cuarta vuelta comenz a soltarse, y Fezzik volvi a aporrearla dos, tres veces, y entonces baj las manos un poco para encontrar el equilibrio y comenz a usar a la bestia cual si fuera un ltigo y a golpearla contra la pared, como si fuese una lavandera nativa aporreando una falda contra las piedras. Cuando la vbora estuvo muerta, Iigo le dijo:En realidad no tena en mente ninguna rima en especial, pero tena que hacer algo para que entraras en accin.Fezzik jadeaba ruidosamente como consecuencia del esfuerzo.Me ests diciendo que me has mentido. El nico amigo que tengo en la vida resulta ser un mentiroso.Dicho esto, comenz a bajar la escalera a grandes zancadas, mientras Iigo lo segua con dificultad.Fezzik lleg a la puerta que haba al final del tramo de escalera y la abri de golpe; Iigo logr trasponerla justo antes de que se cerrara sonoramente.El pestillo se corri de inmediato.Al final de aquel corredor, el cartel que rezaba: Al Nivel Cuatro se vea claramente, y Fezzik se dirigi con rapidez hacia l. Iigo lo sigui, pasando veloz delante de las serpientes venenosas, de las cobras, de las vboras de Gabn, y del ms veloz y letal de todos, el hermoso espcimen tropical de pez ptreo, oriundo del ocano ndico.Te pido perdn le dijo Iigo. Una sola mentira en tantos aos no es un mal promedio, sobre todo si tienes en cuenta que nos salv la vida.Para que lo sepas, existe algo que se llama principios fue lo nico que respondi Fezzik, y abri la puerta que conduca al cuarto nivel. Mi padre me hizo prometer que jams mentira, y ni una sola vez en mi vida me he sentido siquiera tentado de hacerlo y comenz a bajar la escalera.Detente! le grit Iigo. Al menos fjate por dnde vas.Se trataba de un tramo de escalera recto pero sumido en la oscuridad total. No se vea el vano del final.No puede ser peor que donde ya hemos estado le espet Fezzik, y se lanz escalera abajo.En cierto modo, tena razn. Para Iigo los murcilagos nunca fueron la gran pesadilla. Claro que les tena miedo, como todo el mundo, y se echara a correr y gritara si se le acercaban; aunque su idea del infierno no inclua a los murcilagos. Pero Fezzik era un muchacho turco, y la gente sostiene que el murcilago frugvoro de Indonesia es el ms grande del mundo; pues tratad de decrselo alguna vez a un turco. Tratad de decrselo a cualquiera que haya odo a su madre gritar: Ah vienen los murcilagos reales!, seguido de un venenoso batir de alas.Ah vienen los murcilagos reales! grit Fezzik, y se qued literalmente paralizado de miedo, de pie, en medio del oscuro tramo de escalera.Tras l, haciendo lo imposible por luchar contra la oscuridad, iba Iigo; jams haba odo aquel tono, al menos no en Fezzik, pero como Iigo tampoco quera que los murcilagos se le enredaran en el pelo, aunque saba que no era para tanto, empez a preguntar:Qu...?Iba a preguntar qu tienen de malo los murcilagos reales, pero slo logr pronunciar el qu antes de que Fezzik gritara:La rabia! La rabia!Fue todo lo que Iigo necesit saber.Abajo, Fezzik! le aull.Pero Fezzik no lograba moverse, de modo que Iigo tante en la oscuridad para encontrarlo, mientras el aleteo se haca cada vez ms audible, y con todas sus fuerzas golpe al gigante en el hombro y le grit otra vez su orden; en esta ocasin, Fezzik cay obedientemente de rodillas, pero eso no bastaba, de modo que Iigo volvi a golpearlo y le orden que se tendiera en el suelo, hasta que Fezzik; tembloroso, se tendi sobre la oscura escalera; entonces Iigo se mont encima de l y se hinc de rodillas. La enorme espada con empuadura para seis dedos volaba en sus manos, y aquello sera una prueba que le permitira comprobar cuan nefastos haban sido los tres meses de brandy, y cunto quedaba del gran Iigo Montoya, porque, s, haba estudiado esgrima, era verdad, se haba pasado media vida y ms aprendiendo el ataque de Agrippa y la defensa Bonetti, y por supuesto haba practicado a Thibault, pero tambin, en cierta ocasin desesperada, haba pasado un verano con el nico escocs que haba logrado entender las espadas: el lisiado MacPherson; y fue MacPherson quien se burl de todo lo que Iigo saba, fue MacPherson quien le dijo: Thibault, Thibault est bien para la esgrima de saln, pero qu pasa si te enfrentas a tu enemigo en un terreno inclinado y t te encuentras por debajo de l?. E Iigo se pas estudiando durante una semana los movimientos desde abajo, y entonces MacPherson lo coloc en una colina, en la parte superior, y cuando ya dominaba esos movimientos, MacPherson sigui adelante, porque estaba lisiado, le faltaban las piernas de la rodilla para abajo, de manera que tena una intuicin especial para la adversidad. Y qu pasa si tu enemigo te ciega? le pregunt MacPherson en cierta ocasin. Supon que te arroja cido a los ojos y que lanza el ataque definitivo, el de la muerte, qu haces t? Dmelo, espaol, a ver si logras sobrevivir a eso, espaol. En aquellos momentos, mientras esperaba a que los murcilagos reales atacaran, Iigo record los movimientos que le enseara MacPherson, uno deba confiar en el odo, encontrar el corazn del enemigo siguiendo sus latidos, y en aquel momento, mientras esperaba, Iigo logr sentir por encima de su cabeza cmo se apiaban los murcilagos reales, mientras debajo de l Fezzik temblaba como un gatito mojado.No te muevas! le orden Iigo, y fue el ltimo ruido que hizo, porque necesitaba de sus odos.Inclin la cabeza hacia el aleteo, con la enorme espada firmemente empuada en la mano derecha, la punta letal giraba lentamente en el aire, Iigo nunca haba visto un murcilago real, no saba nada de ellos; cuan veloces eran, cmo atacaban, desde qu ngulo, cuntos se lanzaban en cada carga? El aleteo se oa ya justo encima de su cabeza, quiz a unos tres metros, tal vez ms, podran ver de noche los murcilagos? Posean tambin ese arma? Vamos!, estuvo a punto de exclamar Iigo, pero no fue necesario, porque con un batir de alas que haba previsto y un chillido agudo que no haba previsto, el primer murcilago real se abalanz sobre l.Iigo esper y esper; el aleteo sigui hacia la izquierda, pero eso no cuadraba, porque saba dnde se encontraba l y las bestias tambin lo saban, de modo que eso tena que significar que le preparaban una trampa, algo repentino, y con todo el control que le quedaba en el cerebro mantuvo la espada tal como estaba, dando vueltas lentamente, sin seguir el sonido hasta que el aleteo ces y el murcilago real vir silencioso hacia el rostro de Iigo.La espada atraves a la bestia corno si fuese mantequilla.El chillido de muerte del murcilago real fue casi humano, aunque un poco ms agudo y breve; Iigo mostr un inters menos que pasajero, porque oy un doble aleteo; se lanzaban sobre l desde dos flancos y una estocada a la derecha y otra a la izquierda (MacPherson siempre le haba enseado a dosificar la fuerza de mayor a menor), de modo que Iigo lanz una estocada primero a la derecha, y despus a la izquierda: se produjeron otros dos sonidos casi humanos que no tardaron en desaparecer. La espada le pesaba, pues tres bestias muertas modificaban el equilibrio; Iigo quiso quitarlos de su acero, pero otro aleteo, uno solo, sin viraje esta vez, enfilaba directo y mortal hacia su cara; se agach y tuvo suerte; la espada se movi hacia arriba y atraves el corazn de aquella criatura mortfera; llevaba ya cuatro bestias atravesadas en la espada legendaria, e Iigo saba que no iba a perder aquella pelea, por eso de su garganta surgieron estas palabras:Me llamo Iigo Montoya y sigo siendo el maestro, venid por m.Cuando oy que se abalanzaban sobre l tres a la vez, por un instante dese haber sido ms modesto pero ya no haba tiempo para arrepentimientos, de modo que ech mano del elemento sorpresa: cambi de postura ante las bestias, se irgui del todo y las atraves mucho antes de lo que esperaban. Ahora llevaba siete murcilagos reales clavados y su espada haba perdido por completo el equilibrio; ese detalle, en s mismo, habra sido muy negativo, algo peligroso, salvo por un aspecto importante: en la oscuridad ya reinaba el silencio. El aleteo haba cesado.Vaya gigante ms intil dijo entonces Iigo, bajndose de encima de Fezzik.A toda prisa descendi el resto de la oscura escalera.Fezzik se puso en pie y lo sigui a trompicones, dicindole:Iigo, escchame, antes me equivoqu, no me mentiste, sino que me engaaste, y mi pap deca siempre que engaar no estaba mal, o sea que ya no estoy enfadado contigo, te parece bien? A m me lo parece.Giraron el pomo de la puerta que haba al pie de la oscura escalera y se encontraron en el cuarto nivel.Iigo mir a Fezzik y le pregunt:Quieres decir que me perdonars por haberte salvado la vida a ti, si yo te perdono por haberme salvado la vida a m?Eres mi amigo, mi nico amigo.Patticos, eso es lo que somos dijo Iigo.Atlticos.Muy bien, pero que muy bien dijo Iigo.Fezzik supo entonces que todo haba vuelto a la normalidad. Se encaminaron hacia el cartel que rezaba: Al Nivel Cinco, pasando delante de extraas jaulas.Esto es peor que lo anterior coment Iigo, y tuvo que retroceder de un salto, porque detrs de una caja de cristal plido, un guila sangrienta se estaba comiendo algo que pareca un brazo.Al otro lado haba un enorme estanque negro, y fuera lo que fuese que haba dentro era oscuro y tena muchos brazos, y el agua pareca arremolinarse hacia abajo en la parte central del estanque, donde se encontraba la boca de la criatura.Date prisa dijo Iigo, y se ech a temblar ante la sola idea de ser arrojado al negro estanque.Abrieron la puerta y miraron hacia abajo, donde se encontraba el quinto nivel.Asombroso.En primer lugar, la puerta que abrieron careca de cerrojo, de modo que no podan quedar atrapados. En segundo lugar, la escalera estaba brillantemente iluminada. En tercer lugar, la escalera era absolutamente recta. Y en cuarto lugar, no era un tramo demasiado largo.Y, ante todo, no haba nada dentro. Todo estaba reluciente y limpio y, sin lugar a la menor duda, completamente vaco.No puedo crermelo dijo Iigo, y con la espada en ristre, baj el primer escaln. Qudate junto a la puerta..., las velas se apagarn en cualquier momento.Baj el segundo escaln.Las velas se mantuvieron encendidas.El tercer escaln. El cuarto. En total haba solamente una docena de escalones, e Iigo baj dos ms, detenindose en la mitad. Cada escaln tendra al menos unos treinta centmetros de ancho, de manera que se encontraba a un metro ochenta de Fezzik, a un metro ochenta de la puerta enorme, de verde picaporte ornamentado que daba al ltimo nivel.Fezzik?Qu? le contest el gigante desde la puerta de arriba.Tengo miedo.Pero parece todo en orden.No. Slo lo parece; es para engaarnos. No importa lo que acabamos de pasar, esto debe de ser peor.Pero no se ve nada, Iigo.ste asinti y repuso:Por eso estoy tan asustado.Baj otro escaln hacia la ltima puerta de verde picaporte ornamentado. Otro ms. Quedaban cuatro escalones. Un metro veinte.Ciento veinte centmetros para llegar a la muerte.Iigo baj otro escaln. Se puso a temblar de un modo casi incontrolable.Por qu te sacudes tanto? inquiri Fezzik desde lo alto.La muerte est aqu. La muerte est aqu.Baj otro escaln. La muerte se encontraba a noventa centmetros.Puedo bajar contigo ahora?Iigo mene la cabeza y repuso:No tiene sentido que mueras t tambin.Pero esto est vaco.No. La muerte est aqu. Haba perdido el control. Si pudiera verla, podra luchar contra ella.Fezzik no saba qu hacer.Me llamo Iigo Montoya, el maestro; ven por m!Dio vueltas y ms vueltas, con la espada en ristre, estudiando la escalera brillantemente iluminada.Me ests asustando le dijo Fezzik.Dej que la puerta se cerrara tras l y comenz a bajar la escalera.No le dijo Iigo, y comenz a subir.Se encontraron en el sexto escaln.La muerte se encontraba a ciento ochenta centmetros.La anacoreta de motas verdes no destruye tan rpidamente como el pez ptreo. Y muchos creen que la mamb provoca ms sufrimientos, por las lceras y dems. Pero a igualdad de pesos, no hay nada en el universo que se asemeje ni por asomo a la anacoreta de motas verdes; comparada con la anacoreta de motas verdes, la viuda negra, entre otras araas, era una mueca de trapo. La anacoreta del prncipe Humperdinck viva detrs del verde picaporte ornamentado de la puerta del ltimo nivel. Rara vez se mova de su sitio, a menos que el picaporte se moviera. Entonces, atacaba como el rayo.En el sexto escaln, Fezzik abraz a Iigo y le dijo:Bajaremos juntos, escaln por escaln. Aqu no hay nada, Iigo. Quinto escaln.Tiene que haber.Por qu?Porque el prncipe es un bellaco. Y Rugen es su hermano gemelo en maldad. Y sta es la obra de ambos.Bajaron al cuarto escaln.Es una maravillosa deduccin, Iigo dijo Fezzik con voz clara y tranquila; pero la procesin iba por dentro.Porque all estaba l, en aquel lugar bonito e iluminado, y el nico amigo que tena en el mundo se estaba viniendo abajo por el esfuerzo. Y si uno era Fezzik, y no dispona de mucha materia gris, y se encontraba cuatro pisos debajo de la tierra, en un Zoo de la Muerte, buscando al hombre de negro y no estaba muy seguro de que estuviera all abajo, y el nico amigo que uno tena en todo el mundo se estaba volviendo loco a toda velocidad, qu era lo que se poda hacer?Faltaban tres escalones.Si uno era Fezzik, a uno le entraba el pnico, porque si Iigo enloqueca, eso quera decir que el jefe de aquella expedicin era uno, y si uno era Fezzik, uno saba que lo ltimo que poda ser en este mundo era jefe. As que Fezzik hizo lo que luica siempre cuando le entraba el pnico.Sali disparado.Lanz un grito, se abalanz sobre la puerta y la abri con todo el peso de su cuerpo, sin molestarse siquiera con sutilezas tales como subir el bonito picaporte verde. Y cuando la puerta cedi bajo su fuerza, l sigui corriendo hasta llegar a la gigantesca jaula, en cuyo interior yaca el cuerpo inerte del hombre de negro. Fezzik se detuvo entonces, enormemente aliviado, porque ver aquel cuerpo silencioso significaba una sola cosa: que Iigo tena razn, y si Iigo tena razn, no poda estar loco, y si no estaba loco. Fezzik no tendra que dirigir a nadie a ninguna parte, y cuando ese pensamiento se le instal en el cerebro. Fezzik sonri.Por su parte, Iigo se qued pasmado al ver el extrao comportamiento de Fezzik. Lo encontraba totalmente injustificado, y se dispona a llamarlo cuando vio una araita de motas verdes salir veloz de debajo del picaporte, de modo que se limit a darle un pisotn con la bota y se apresur a entrar en la jaula.Fezzik ya se encontraba dentro, arrodillado junto al cuerpo.No me lo digas dijo Iigo al entrar.Fezzik intent no hacerlo, pero se le lea en la cara: Muerto.Iigo examin el cuerpo. A lo largo de su vida haba visto muchos cadveres.Muerto dijo, y abatido, se sent en el suelo, se abraz las rodillas y comenz a mecerse hacia adelante y hacia atrs como un cro.Hacia adelante y hacia atrs, hacia adelante y hacia atrs.Era demasiado injusto. El solo hecho de respirar le haca esperar a uno injusticias, pero aqulla se llevaba la palma. El, Iigo, que no era precisamente un pensador, haba pensado... acaso no haba encontrado al hombre de negro? l, Iigo, a quien asustaban las bestias y los animales rastreros y todo lo que picara, haba logrado bajar al ltimo nivel del Zoo, y guiar al gigante, sin sufrir daos. Se haba despedido de la cautela y haba sobrepasado todos los lmites que jams creyera poseer. Y ahora, despus de semejante esfuerzo, despus de haberse reunido otra vez con Fezzik en aquel da, con ese fin predeterminado, para encontrar al hombre que lo ayudara a idear un plan que le permitiera vengar a Domingo, su difunto padre..., perdido. Todo perdido. Las esperanzas? Perdidas. El futuro? Perdido. Todas las fuerzas impulsoras de su vida. Perdidas. Aniquiladas. Destrozadas. Muertas.Soy Iigo Montoya, hijo de Domingo Montoya, y me niego a aceptar esto. Se puso en pie de un salto y comenz a subir la escalera subterrnea, demorndose slo lo necesario para dar una serie de rdenes. Sigeme y trae el cadver. Busc en sus bolsillos durante un momento, pero estaban vacos; el brandy. Fezzik, tienes dinero?Algo. En la Brigada Brutal pagan bien.Espero que alcance para comprar un milagro, es todo.Cuando empezaron a llamar a la puerta de su choza, Max estuvo a punto de no contestar. Marchaos, quiso decirles, porque ltimamente los nicos que llamaban a su puerta eran los nios para burlarse de l. Aunque en esta ocasin era un poco tarde para que los nios estuvieran levantados era casi medianoche; adems, llamaban de un modo insistente, fuerte, y al mismo tiempo, tactictac, como si el cerebro le dijese al puo: De prisa; quiero ver un poco de accin.De modo que Max abri la puerta un poquitn.No te conozco.Eres Max Milagros, el que trabaj durante todos estos aos para el rey? inquiri el hombre flacucho.Me despidieron, o no te has enterado? Es un tema desagradable, y no deberas habrmelo mencionado. Buenas noches, la prxima vez a ver si aprendes un poco de buenos modales.Dicho esto, cerr la puerta de la choza.Tac tac taaaaacYa te he dicho que te marcharas o llamar a la Brigada Brutal.Yo trabajo en la Brigada Brutal dijo otra voz desde el otro lado de la puerta, una voz potente, profunda, que ms vala tener como amiga.Necesitamos un milagro, es muy importante dijo el hombre flacucho desde afuera.Me he retirado repuso Max. De todos modos, supongo que no ibais a querer a alguien al que el rey despidi, no? Podra matar a quienquiera que me traigis para hacerle el milagro.Ya est muerto le explic el hombre flacucho.Ah, s? dijo Max, y en su voz se apreci un ligero inters. Volvi a abrir la puerta un poquitn. Los muertos se me dan bien.Por favor insisti el hombre flacucho.Entradlo. No os prometo nada respondi Max Milagros al cabo de un momento de reflexin.Un hombre enorme y el tipo flacucho entraron a otro tipo grande y lo depositaron sobre el suelo de la choza. Max le dio unos golpecitos al cadver.No est tan tieso como otros dijo.Tenemos dinero dijo el hombre flacucho.Entonces, por qu no vais a buscar a algn genio especialista? Para qu perdis el tiempo conmigo, un tipo al que el rey despidi?A punto haba estado de morir del disgusto cuando ocurri. Durante los dos primeros aos, dese haber muerto. Se le cayeron los dientes de tanto apretarlos; la rabia le hizo arrancar los pocos mechones leales que le quedaban en la cabeza.Eres el nico taumaturgo vivo que queda en Florn le dijo el hombre flacucho.Ah, entonces, es por eso que has venido a verme? Uno de vosotros se pregunt: Qu haremos con este cadver?. Y el otro le contest: Pues vamos a arriesgarnos con ese taumaturgo que el rey despidi, y el otro probablemente le dijo: No tenemos nada que perder; no podr matar un cadver, y el otro probablemente replic...Fuiste un taumaturgo maravilloso dijo el tipo flacucho. Si te despidieron fue por motivos polticos.No me insultes calificndome de maravilloso..., era genial..., soy genial..., no ha habido nunca, nunca, me oyes, hijo?, nunca ha habido un taumaturgo que estuviese a mi altura, que inventara la mitad de las tcnicas milagrosas que yo invent..., y entonces me despidieron...La voz se le fue apagando de repente. Era muy viejo y estaba muy dbil, y el esfuerzo de aquella perorata apasionada lo haba dejado exhausto.Seor, por favor, sintate... dijo el tipo flacucho.No me llames seor, hijo le pidi Max Milagros. De joven haba sido muy duro, y segua sindolo. Tengo trabajo que hacer. Le estaba dando de comer a mi bruja cuando entrasteis; tengo que acabar con eso.Seguidamente, levant la puerta trampilla de la choza y baj por la escalera al stano, cerrando la puerta trampilla tras l. Cuando hubo hecho esto, se llev el ndice a los labios y corri hasta la anciana que estaba preparando chocolate caliente sobre el hornillo de carbn. Max se haba casado con Valerie haca un milln de aos al menos eso pareca en la Escuela de Taumaturgos, donde se encargaba de distribuir las pcimas con cucharn. Evidentemente no era una bruja, pero cuando Max comenz a practicar su oficio, todos los taumaturgos deban tener una, y como a Valerie no le importaba, la llamaba bruja en pblico y ella aprendi lo suficiente de brujera como para hacerse pasar por una bruja en casos de apuro.Escucha, escucha! le susurr Max sealando repetidas veces en direccin a la choza. No adivinars nunca lo que tengo all arriba..., un gigante y un espaol.Un gigante en paol? inquiri Valerie, llevndose las manos al corazn; su odo ya no era lo que haba sido.Un espaol! Un espaol! Con cicatrices y todo, un tipo duro.Deja que roben lo que quieran. No tenemos nada por lo que merezca la pena luchar.No vienen a robar, sino a comprar algo. A m. Tienen un cadver all arriba y quieren un milagro.Siempre se te dieron bien los muertos le record Valerie.Desde que el despido estuvo a punto de acabar con l, que no lo vea hacer semejante esfuerzo para ocultar su entusiasmo. Por ello procur controlar su propio entusiasmo. Ojal volviese a trabajar. Su Max era tan genial, todos regresaran, hasta el ltimo de sus pacientes. Max volvera a ser respetado, y por fin podran abandonar aquella choza. En otras pocas, era all donde probaban sus experimentos. Y ahora era su casa.Esta noche no tenas ningn otro compromiso urgente, por qu no aceptas el caso? aadi Valerie.Reconozco que podra hacerlo, pero de ser as ya conoces cmo es la naturaleza humana; seguro que trataran de marcharse sin pagar. Cmo puedo obligar a un gigante a que me pague si no quiere hacerlo? Para qu quiero ese tipo de penas? Los mandar a paseo y t me subirs una buena taza de chocolate. Adems, estaba enfrascado en la lectura de un artculo muy bien escrito que habla de las garras de guila.Cobra por adelantado. Ve. Exige. Si dicen que no, los echas. Si dicen que s, me bajas el dinero y se lo har tragar a la rana; nunca lo encontrarn si cambian de parecer e intentan recuperarlo.Max comenz a subir la escalera.Cunto les pido? Llevo sin hacer milagros..., djame pensar, unos tres aos, no? Los precios pueden haberse puesto por las nubes. Cincuenta, no crees? Si tienen cincuenta, me lo pensar. Si no, a la calle.Bien dijo Valerie, y en cuanto Max cerr la puerta trampilla, subi en silencio la escalera y apoy la oreja al techo.Seor, tenemos una prisa horrible, de modo que... dijo una voz.No me vengas con prisas, hijo, si apresuras a un taumaturgo, tendrs unos milagros espantosos, es eso lo que quieres?Lo hars, entonces?No he dicho que lo hara, hijo, no trates de presionar a un taumaturgo, y menos a ste; si intentas presionarme, te vas a la calle. Cunto dinero llevas?Fezzik, dame el dinero orden la misma voz.Aqu est todo lo que tengo retumb una voz inmensa. Cuntalo, Iigo.Se produjo una pausa.Sesenta y seis. Es todo lo que tenemos dijo el que se llamaba Iigo.Valerie se dispona a aplaudir de alegra cuando Max dijo:En mi vida he trabajado por tan poco dinero; tienes que estar de guasa; lo siento, disclpame otra vez, tengo que hacer eructar a mi bruja, a estas alturas ya ha comido.Valerie regres rpidamente junto al fuego y esper a que Max se reuniera con ella.No hay nada que hacer le dijo l. Slo llevan veinte.Valerie sigui revolviendo lo que tena en el fuego. Saba la verdad, pero tema decirla, de modo que puso en prctica otro plan.Nos estamos quedando sin cacao en polvo: esos veinte nos vendran muy bien maana, en casa del traficante.Que ya no queda cacao en polvo? inquiri Max, visiblemente afectado. El chocolate era una de sus golosinas favoritas, despus de los caramelos para la tos.Quiz, si fuera una buena causa, podras rebajarte a trabajar por veinte sugiri Valerie. Vete a averiguar para qu necesitan el milagro.Seguro que me mentirn.Si tienes dudas, utiliza el fuelle de los bramidos. Porque vers, no me gustara nada tener remordimientos de conciencia si el milagro no fuera para gente buena.Eres una dama muy insistente dijo Max, pero volvi a subir. Est bien le dijo al tipo flacucho, qu hay de especial en este tipo para que tenga que resucitarlo a l de entre los cientos de personas que me vienen a fastidiar cada da para rogarme que les haga un milagro? Te advierto que ser mejor que valga la pena.Iigo estuvo a punto de responderle: Para que pueda decirme cmo matar al conde Rugen, pero no le pareci que fuese el tipo de cosa que, en opinin de un taumaturgo chiflado, fuera a contribuir a la mejora general de la humanidad, de modo que le dijo:Tiene una esposa y quince hijos, no tienen nada para comer, si sigue siendo cadver, ellos se morirn de hambre, de modo que...Ay, hijo, qu mentiroso eres dijo Max; se dirigi a un rincn y sac un enorme fuelle. Se lo preguntar a l gru, subiendo el fuelle hacia Westley.Es un cadver, no puede hablar le record Iigo.Nosotros tenemos nuestros mtodos fue todo lo que Max le contest, e introdujo el enorme fuelle por la garganta de Westley y comenz a bombear. Vers le explic Max mientras bombeaba, hay distintas clases de muertos. Estn los ms bien muertos, los muertos en su mayora y los totalmente muertos. Este tipo que tenemos aqu slo est ms bien muerto, lo cual significa que en su interior conserva una memoria, sigue teniendo trocitos de cerebro. Si se aplica una pequea presin aqu y otro poco ms all, a veces se consiguen resultados.Westley comenzaba a hincharse ligeramente debido al bombeo al que le estaban sometiendo.Qu haces? pregunt Fezzik, que empezaba a mostrarse preocupado.No te preocupes, le estoy llenando los pulmones; te aseguro que no le duele nada. Dej de bombear el fuelle al cabo de unos instantes, y luego comenz a gritar en la oreja de Westley: Qu es tan importante? Qu hay aqu por lo que merezca la pena regresar? Qu habr aqu esperndote? Max volvi a llevar el fuelle a su rincn y luego cogi papel y lpiz. La respuesta tardar un rato en encontrar el camino de salida, de modo que podemos aprovechar para que me contestis algunas preguntas. En qu medida conocis a este hombre?Iigo no tena muchas ganas de contestar a esa pregunta, puesto que habra resultado raro reconocer que de vivo lo haban visto en una sola ocasin, y para enfrentarse a un duelo a muerte.A qu te refieres exactamente? repuso.Pues, por ejemplo dijo Max, tena cosquillas o no?Cosquillas? rugi Iigo indignado. Cosquillas! Estamos hablando de una cuestin de vida o muerte, y t me hablas de cosquillas?A m no me grites rugi Max a su vez, y no te burles de mis mtodos..., las cosquillas resultan tremendamente tiles en los casos adecuados. En cierta ocasin tuve un cadver en peor estado que este tipo, estaba muerto en su mayor parte, y yo venga a hacerle cosquillas, venga a hacerle cosquillas. Se las hice en los dedos de los pies y en los sobacos, y en las costillas, y con una pluma de pavo real, le hice cosquillas en el ombligo; y as estuve todo el da y toda la noche y al amanecer del da siguiente..., fjate bien lo que te digo, al amanecer del da siguiente... el cadver dijo: Lo detesto. Y yo le pregunt: Qu es lo que detestas?. Y l me contest: Que me hagan cosquillas; he recorrido todo el camino que nos separa de los muertos para volver y pedirte que pares. Entonces yo le dije: Quieres decir que esto que te hago ahora con la pluma de pavo real te molesta?. Y l me contest: No puedes llegar a hacerte una idea de cunto me fastidia. Por supuesto que yo segu hacindole preguntas sobre las cosquillas, para que siguiera hablndome y contestndome, porque supongo que no ser preciso que os diga que cuando logras que un cadver se enrede en una conversacin, la batalla ya est medio ganada.Veeer... dddro mmoor...Aterrado, Fezzik se aferr a Iigo y los dos se dieron la vuelta como impelidos por un resorte y se quedaron mirando al hombre de negro, que volva a estar callado.Ha dicho verdadero amor grit Iigo. Ya lo has odo..., quiere volver por el verdadero amor. Sin duda es un motivo que merece la pena.Hijo, no vengas a decirme a m qu es lo que merece la pena.... el amor verdadero es lo mejor del mundo, despus de los caramelos para la tos. Es de pblico conocimiento.Entonces, lo salvars? inquiri Fezzik.Sin duda, lo salvara, si hubiese dicho verdadero amor, pero habis odo mal, mientras que yo, como soy experto en fuelles de bramidos, os dir lo que cualquier experto en lenguas se sentir feliz de confirmar; es decir, que el sonido f es el que a un cadver le resulta ms difcil de dominar; por lo tanto sale como una v, y lo que tu amigo dijo fue verdadero barol, queriendo referirse obviamente a un farol..., por lo que resulta evidente que est metido en un asunto oscuro o en un juego de cartas y quiere ganar, y es ms evidente an que no constituye motivo suficiente para hacer un milagro. Lo siento, nunca cambio de parecer cuando decido algo, adis, y llevaos vuestro cadver.Mentiroso, mentiroso! chill de repente una voz desde la puerta trampilla, ahora abierta.Max Milagros se volvi.Vete para abajo, bruja... le orden.No soy una bruja, soy tu esposa... dijo avanzando hacia l hecha una pequea furia envejecida, y despus de lo que has hecho, dudo que desee seguir sindolo... Max Milagros trat de calmarla, pero no haba manera de convencerla. Ha dicho verdadero amor, Max..., incluso yo logr orlo..., verdadero amor, verdadero amor.No sigas le pidi Max, a lo que se aadi una splica que provena de alguna parte.Valerie se volvi hacia Iigo y le coment:Te rechaza porque tiene miedo..., tiene miedo de estar acabado, de que los milagros hayan abandonado esos dedos que una vez fueron majestuosos...No es verdad protest Max.Tienes razn convino Valerie, no es verdad..., nunca fueron majestuosos, Max..., nunca fuiste bueno.La curacin por cosquillas..., estabas presente..., t lo viste...Pura chiripa...Todos los ahogados que resucit...Casualidad...Valerie, llevamos ochenta aos casados, cmo puedes hacerme esto?Porque el amor verdadero se est muriendo y t no tienes la decencia de decir por qu no quieres ayudar..., pues yo s, y te dir ms, el prncipe Humperdinck hizo bien en despedirte...No pronuncies ese nombre en mi choza, Valerie..., prometiste que nunca pronunciaras ese nombre...Prncipe Humperdinck, prncipe Humperdinck, prncipe Humperdinck, l s que sabe reconocer los fraudes cuando los ve...Max ech a correr hacia la puerta trampilla tapndose las orejas con las manos.ste es el amor verdadero de su prometida dijo entonces Iigo. Si le devuelves la vida, l impedir la boda del prncipe Humperdinck...Max se quit las manos de las orejas.O sea que si este cadver de aqu resucita, el prncipe Humperdinck sufrir?Humillaciones a granel repuso Iigo.Pues se s que es un motivo que vale la pena dijo Max Milagros. Dame los sesenta y cinco, acepto el caso. Se arrodill junto a Westley y murmur: Mmm.Qu? inquiri Valerie. Conoca aquel tono.Mientras perdais el tiempo con tanta charla, ha pasado al estado de muerto total.Valerie le dio una serie de golpecitos a Westley en distintas zonas.Se est endureciendo dijo. Tendrs que solucionarlo de alguna manera.Max le dio tambin unos cuantos golpecitos y le pregunt a Valerie:Te parece que el orculo estar levantado?Valerie le ech un vistazo al reloj y repuso:No lo creo, ya es casi la una. Adems, ya no me fo tanto de ella.Ya lo s dijo Max asintiendo, pero habra sido bueno tener una idea somera sobre si esto va a funcionar o no. Se restreg los ojos. Ah, qu cansado estoy; ojal hubiese sabido que se me iba a presentar este trabajo, porque esta tarde habra echado una siesta. Se encogi de hombros. Ya no tiene remedio, lo hecho, hecho est. Treme la Enciclopedia de Hechizos y el Apndice de Maleficios.Cre que lo sabas todo sobre este tipo de cosas coment Iigo; era l quien comenzaba a mostrarse preocupado.He perdido prctica, me he retirado hace tres aos, y con las recetas para la resurreccin no se juega. Un pequeo ingrediente que falle, y todo te estalla en la cara.Aqu tienes el Libro de Maleficios y las gafas dijo Valerie entre jadeos al subir por la escalera del stano. Mientras Max comenzaba a pasar las hojas, ella se volvi hacia Iigo y Fezzik, que andaban por ah dando vueltas, y les dijo: Podis ayudar.Lo que t mandes dijo Fezzik.Decidnos cualquier cosa que pueda ser til. Cunto tiempo tenemos para hacer el milagro? Si logramos hacerlo...Cuando logremos hacerlo la corrigi Max levantando la vista del Libro de Maleficios.Su voz sonaba ahora ms fuerte.Cuando logremos hacerlo repiti Valerie. cunto tiempo ha de conservar su eficacia completa? Qu es lo que vais a hacer exactamente?Pues es difcil de predecir respondi Iigo, porque lo primero que hemos de hacer es tomar el castillo por asalto, y nunca se puede estar seguro de cmo van a salir esas cosas.Una pldora de una hora bastar dijo Valerie. Una de dos, o bien os sobrar tiempo o bien estaris los dos muertos, por qu no lo dejamos en una hora?Es que los tres vamos a luchar le aclar Iigo, Entonces, cuando hayamos tomado el castillo por asalto, debemos impedir que se celebre la boda, raptar a la princesa y huir, dejando en alguna parte un hueco para que pueda enfrentarme a duelo con el conde Rugen.Valerie se qued visiblemente sin energas. Abrumada, se dej caer en una silla.Max le dijo a su marido, dndole unos golpecitos en el hombro, no hay nada que hacer.Eh? dijo l levantando la vista del libro.Necesitan un cadver que pueda luchar.Max cerr el Libro de Maleficios y dijo:No hay nada que hacer.Pero acabo de comprar un milagro insisti Iigo. Te he pagado sesenta y cinco.Fjate en esto le dijo Valerie aporreando el pecho de Westley, nada. Alguna vez has odo algo tan hueco? A este hombre le han chupado la vida. Tardar meses en recuperar las fuerzas.Pero no disponemos de meses..., ya es ms de la una. y la boda se celebrar esta tarde, a las seis. Qu partes podrn funcionar correctamente en diecisiete horas?Bueno dijo Max calculando. Sin duda alguna, la lengua, ciertamente el cerebro, y con suerte, quiz logre andar un poco si lo empujas con suavidad en la direccin adecuada.Iigo lanz una mirada desesperada a Fezzik.Qu queris que os diga? Necesitis una fantasmagora.Y jams habrais podido conseguir una por sesenta y cinco aadi Valerie a manera de consuelo.Aqu he efectuado un pequeo recorte, quiz de unas veinte pginas. Bsicamente, lo que sigue es una serie de escenas alternadas en las que se describe lo que ocurre en el castillo y en casa del taumaturgo: el autor va de un sitio al otro, y cada vez que cambia de lugar da la hora, una especie de quedaban once horas para las seis de la tarde y..., ese tipo de cosas. Morgenstern utiliza este recurso principalmente porque lo que de veras le interesa, como siempre, es satirizar a la monarqua y dejar bien claro lo tontos que eran siguiendo todas aquellas antiguas tradiciones, como la de besar el anillo sagrado del tatarabuelo Fulano, etctera.En esta parte figura la primera escena de accin que he quitado, y os explicar por qu: Iigo y Fezzik deben llevar a cabo una cierta cantidad de proezas para conseguir los ingredientes necesarios para la pldora de la resurreccin; por ejemplo, Iigo ha de encontrar un poco de rana en polvo, mientras que Fezzik va a buscar el barro del holocausto; para hacerse con este ltimo ingrediente, en primer lugar Fezzik debe adquirir una capa del holocausto para no morir quemado al recoger el barro, etctera. En fin, que estoy convencido de que esto es ms o menos lo mismo que cuando el mago de Oz enva a los amigos de Dorothy al castillo de la bruja malvada a buscar los zapatos de rubes; es ms o menos la misma atmsfera, no s si me explico, y a estas alturas en que el libro va alcanzando su punto lgido, no quera arriesgarme a que el lector dijera: Vaya, es exactamente como en los libros de Oz. Pero aqu viene la sorpresa: la versin florinesa de Morgenstern vio la luz antes de que Baum escribiera El mago de Oz, de modo que a pesar de que l fuera el creador, la cosa aparece justamente como si fuese al revs. Sera bonito que alguien, quiz un candidato a doctor en filosofa que anduviera por ah suelto, hiciese algo por la reputacin de Morgenstern, pues, os lo digo con toda sinceridad, si ser pasado por alto significa sufrir, el hombre ha sufrido mucho.El otro motivo por el que efectu este recorte es el siguiente: vosotros sabis que la pldora de la resurreccin tiene que funcionar. Porque no se pasa uno tanto rato con una pareja de locos como Max y Valerie para que la cosa acabe en fracaso. Al menos un genio como Morgenstern no lo hubiera hecho.Una ltima cosa: Hiram, mi editor, tuvo la impresin de que la parte que habla de Max Milagros est teida de unos acentos demasiado judos, demasiado contemporneos. En eso dej que se saliera con la suya; para m ste es un punto muy delicado; citar un solo ejemplo: en Butch Cassidy and the Sundance Kid hay una frase en la que Butch dice: Yo tengo visin, y el resto del mundo usa bifocales. Uno de mis geniales productores coment: Hay que sacar esa frase; no permitir que mi nombre salga en la pelcula si dejan esa frase. Entonces le pregunt por qu, y el tipo me contest: En aquella poca no hablaban as; es anacronismo. Entonces recuerdo que le expliqu: Ben Franklin usaba bifocales..., Ty Cobb era el bateador campen de la Liga Americana cuando vivan estos tipos..., mi madre viva cuando vivan estos tipos y ella tambin usaba bifocales. Nos estrechamos la mano y acabamos siendo enemigos, pero la frase sali en la pelcula.Esto viene por lo siguiente: si Max y Valerie parecen judos, por qu no deberan parecerlo? O acaso creis que un tipo llamado Simn Morgenstern era catlico irlands? Es gracioso..., los padres de Morgenstern se llamaban Max y Valerie y su padre era mdico. La vida imita al arte, el arte imita la vida; nunca s bien cmo va la frase, es ms o menos lo mismo que me ocurre con el clarete, nunca logro recordar si es Burdeos o Borgoa. Supongo que lo que realmente importa es que los dos saben bien, igual que Morgenstern; por lo tanto, retomaremos el hilo de la historia ms tarde, trece horas ms tarde, para ser exacto, a las cuatro, dos horas antes de la boda.Quieres decir que eso es todo? inquiri Iigo, asombrado.Es todo repuso Max, asintiendo orgulloso.Desde sus pocas gloriosas que no trasnochaba tanto, y se senta estupendamente. Valerie no caba en s de orgullo.Hermoso dijo. Se volvi hacia Iigo y le coment: Pareces muy decepcionado..., qu aspecto creas que iba a tener la pldora de la resurreccin?Pues no pensaba que se pareciera a un terrn de arcilla del tamao de una pelota de golf repuso Iigo.(Soy yo otra vez. Es el ltimo inciso de este captulo: esto tampoco es un anacronismo; hace siete siglos, en Escocia, haba pelotas de golf, es ms, no olvidis que Iigo haba estudiado con MacPherson, el escocs. De hecho, todo lo que escribi Morgenstern es histricamente exacto; leed cualquier libro decente sobre la historia de Florn.)Normalmente, en el ltimo momento las recubro con una capa de chocolate; les da mucho mejor aspecto dijo Valerie.Han de ser las cuatro dijo entonces Max. Ser mejor que prepares el chocolate, para que le d tiempo a endurecerse.Valerie se llev consigo el terrn y se dispuso a bajar la escalera hacia la cocina.Nunca has hecho un trabajo mejor; sonre.Funcionar sin dificultades? pregunt Iigo.Max asinti con mucha conviccin. Pero no sonri. Haba algo que le daba vueltas en la cabeza; nunca se olvidaba de nada, al menos no de las cosas importantes, y de sta tampoco se olvid.Pero la cuestin fue que no se acord a tiempo...A las cinco menos cuarto, el prncipe Humperdinck requiri la presencia de Yellin en sus aposentos. Yellin acudi de inmediato, aunque tema lo que iba a ocurrir. De hecho, Yellin ya haba redactado su carta de renuncia, y la llevaba en un sobre en el bolsillo.Alteza comenz a decir Yellin.Quiero un informe exigi el prncipe Humperdinck.Iba brillantemente vestido de blanco, su traje de bodas. Segua parecindose a un enorme barril, pero ms reluciente.Todos vuestros deseos han sido cumplidos, alteza. Me he encargado personalmente de cada detalle.Yellin estaba muy cansado, y haca rato que tena los nervios destrozados.Explcate le orden el prncipe.Faltaban setenta y cinco minutos para que asesinara una mujer por primera vez en su vida, y se pregunt si sera capaz de rodearle el cuello con las manos antes de que comenzara a gritar. Se haba pasado toda la tarde practicando con salchichas gigantes y dominaba bastante bien los movimientos, pero haba que admitir que las salchichas gigantes no eran cuellos y que ni aun desendolo fervientemente podran convertirse en tales.Todas las entradas al castillo han sido cerradas esta misma maana, excepto la puerta principal. sa es ahora la nica manera de entrar, y de salir. He cambiado la cerradura del portal principal. La nueva cerradura slo tiene una llave que llevo conmigo a todas partes. Cuando estoy fuera con los cien hombres, la llave est en la parte exterior de la cerradura y nadie puede abandonar el castillo desde dentro. Cuando estoy con vos, como ocurre ahora, la llave est en la parte interior de la cerradura, y nadie puede entrar desde fuera.Sigeme le orden el prncipe, dirigindose al amplio ventanal de sus aposentos. Seal hacia afuera. Debajo del ventanal haba un hermoso jardn. Ms all, se encontraban los establos privados del prncipe. Ms all an, se ergua el muro exterior del castillo. Por ah entrarn ellos dijo. Escalando el muro, a travs de mis establos, atravesarn el jardn, llegarn a mi ventanal, estrangularn a la reina y saldrn por el mismo sitio por donde entraron sin que nos enteremos.Ellos? inquiri Yellin, aunque ya conoca la respuesta.Los guilderianos, est claro.Pero el muro que sugers es el ms alto de todos los que rodean el castillo de Florn. Tiene quince metros de altura en ese punto..., es el sitio menos probable de ataque.Intent desesperadamente no perder el control.Razn de ms para que escojan este lugar; adems, el mundo entero sabe que los guilderianos son unos escaladores insuperables.Yellin jams haba odo ningn comentario al respecto. Siempre haba credo que el ttulo de escaladores insuperables corresponda a los suizos.Alteza dijo, en un ltimo intento. Ninguno, ni uno solo de mis espas, me ha informado an de que exista una sola conspiracin contra la princesa.Una autoridad incuestionable me ha hecho saber que se producir un intento de estrangular a la princesa esta misma noche.En ese caso dijo Yellin, hincndose sobre una rodilla y tendindole el sobre debo renunciar. Era una decisin difcil... Los Yellin se haban encargado de hacer cumplir la ley durante generaciones, y se tomaban su trabajo mucho ms que en serio. No estoy cumpliendo bien con mi trabajo, sire; os ruego que me perdonis y que me creis cuando os digo que mis fallos han sido producto del cuerpo y de la mente, pero no del corazn.El prncipe Humperdinck se encontr, de repente, en un genuino apuro, porque una vez concluida la guerra, necesitaba que alguien se quedase en Guilder como gobernante, y dado que l no poda estar en dos sitios a la vez, y en vista de que los nicos hombres en los que confiaba eran Yellin y el conde, el primero era el ms indicado para el cargo, pues el conde jams iba a aceptar el trabajo, obsesionado como estaba en aquellos das por terminar con su estpido Detonador del Dolor.No acepto tu renuncia porque ests cumpliendo bien con tu trabajo, y no existe ninguna conspiracin, sino que yo mismo asesinar a la reina esta misma noche, y t gobernars Guilder en mi nombre cuando acabe la guerra. Y ahora ponte de pie.Yellin no saba qu decir. Gracias, le pareca demasiado inadecuado, pero fue todo lo que se le ocurri.Cuando se haya celebrado la boda, la enviar aqu para que se prepare; entretanto, con unas botas que he conseguido, dejar unas huellas que van desde el muro a la alcoba y de vuelta de la alcoba al muro. Como t eres el encargado de hacer cumplir la ley, espero que no tardes mucho en verificar mis temores de que las huellas slo pudieron ser hechas por las botas de soldados guilderianos. Una vez aclarado ese punto, ser preciso efectuar una o dos proclamas reales; mi padre puede abdicar por no ser apto para la batalla, y muy pronto, t, mi querido Yellin, vivirs en el castillo de Guilder.Yellin reconoca un discurso de despedida con slo orlo.Me marcho sin ms sentimiento en mi corazn que el de serviros.Gracias dijo Humperdinck, satisfecho, porque, al fin y al cabo, la lealtad era una cosa que no se compraba. Con esos nimos, cuando estuvieron junto a la puerta le dijo a Yellin: Ah, por cierto, si ves al albino, dile que puede presenciar mi boda desde el fondo de la iglesia, que no hay ningn problema.A vuestras rdenes, majestad dijo Yellin, y luego aadi: Pero no s dnde est mi primo..., hace menos de una hora fui a buscarlo y no lo encontr por ninguna parte.El prncipe comprenda la importancia de una noticia en cuanto la oa; no en vano era el ms grande cazador del mundo; adems, si algo poda decirse del albino era que siempre se lo poda encontrar.Dios mo, no supondrs que realmente existe una conspiracin, verdad? El momento es perfecto; el pas est en fiestas; si Guilder se dispusiera a cumplir quinientos aos, s que yo los atacara.Me marcho a toda prisa al portal y luchar hasta la muerte si es preciso dijo Yellin.Eres un buen hombre le grit el prncipe cuando Yellin se marchaba.Si se produca un ataque, sera en el momento ms ajetreado, durante la boda, de manera que tendra que adelantarla. Las cosas de palacio iban despacio; no obstante, l tena autoridad. El horario de las seis de la tarde quedaba descartado. Se casara, a ms tardar, antes de la cinco y media.A las cinco, Max y Valerie estaban en el stano bebiendo caf.Ser mejor que te vayas directo a la cama dijo Valerie, pareces muy preocupado. No puedes pasarte toda la noche en vela como si fueras un mocoso.No estoy cansado dijo Max. Pero en lo otro s que tienes razn.Cuntaselo a mam le pidi Valerie, se acerc a l y le acarici la calva.Es que he estado recordando cosas sobre la pldora.Es una pldora preciosa, cario. Puedes sentirte orgulloso.Creo que la he pifiado en las cantidades. No queran una hora? Cuando dupliqu las cantidades indicadas en la receta, creo que me qued corto. Dudo que funcione durante ms de cuarenta minutos.Valerie se le sent en las rodillas.Seamos sinceros el uno con la otra: est claro que eres un genio, pero hasta los genios pierden prctica. Estuviste tres aos sin trabajar. Cuarenta minutos sern ms que suficientes.Supongo que tienes razn. De todos modos, qu podemos hacer? Lo hecho, hecho est.Con todas las presiones a las que has estado sometido, si llega a funcionar, ser un milagro.Max tuvo que darle la razn.Una fantasmagora dijo, moviendo la cabeza afirmativamente.El hombre de negro estaba casi tieso del todo cuando Fezzik lleg al muro. Faltaba muy poco para las cinco y Fezzik haba cargado con el cadver durante todo el trayecto desde la casa de Max Milagros, yendo de callejuela en callejuela, de callejn en callejn; aqulla era una de las cosas ms difciles que haba hecho nunca, aunque no agotadora. Ni siquiera jadeaba. Pero si la pldora no era nada ms que lo que pareca, una porcin de chocolate, entonces l, Fezzik, se pasara el resto de su vida teniendo pesadillas en las que los cuerpos se pondran tiesos entre sus manos.Cuando por fin se encontr en la sombra del muro, le pregunt a Iigo.Y ahora qu?Hemos de comprobar si sigue siendo seguro. Quiz nos hayan tendido una trampa.Era la misma parte del muro que conduca hacia el Zoo, ubicado en el extremo ms alejado de los terrenos del castillo. Pero si haban descubierto el cuerpo del albino, cualquiera saba qu poda esperarles.Subo yo entonces? pregunt Fezzik.Subiremos los dos contest Iigo. Apyalo contra el muro y aydame.Fezzik inclin al hombre de negro para que no corriera el peligro de caer y esper a que Iigo subiera sobre sus hombros.Entonces comenz a escalar. La ms mnima hendidura del muro le bastaba para meter los dedos; la imperfeccin ms nfima era todo lo que necesitaba. Escal rpidamente, pues ya estaba familiarizado con el muro, y al cabo de un momento, Iigo logr sujetarse de la parte superior y decirle:Todo en orden; vuelve a bajar.Y Fezzik volvi junto al hombre de negro y esper.Iigo se arrastr por lo alto del muro en medio de un silencio mortal. A lo lejos, vio la entrada del castillo y los soldados armados que la flanqueaban... Ms cerca se hallaba el Zoo. Y un poco ms all, entre los frondosos matorrales, en el extremo ms alejado del muro, logr distinguir el cuerpo inerte del albino. Todo segua igual. Estaban seguros, al menos por el momento. Le hizo una sea a Fezzik y ste sujet al hombre de negro entre las piernas; en silencio, comenz a escalar valindose de sus brazos.Cuando se reunieron todos en lo alto del muro, Iigo tendi al muerto y a toda prisa se dirigi al sitio desde donde se poda ver bien la entrada principal. El sendero que iba desde el muro exterior al portal principal del castillo se inclinaba ligeramente hacia abajo, no era una pendiente demasiado pronunciada, pero era uniforme. Deba de haber por lo menos unos..., Iigo los cont rpidamente..., unos cien hombres aprestados. Y calcul que seran las cinco y cinco, quiz las cinco y diez. Faltaban cincuenta minutos para la boda, Iigo se dio la vuelta y regres junto a Fezzik.Creo que deberamos darle la pldora le dijo. Deben de faltar unos cuarenta y cinco minutos para la ceremonia.Eso significa que apenas le sobrar un cuarto de hora para huir calcul Fezzik. Creo que deberamos esperar por lo menos hasta las cinco y media. Media hora antes, media hora despus.No dijo Iigo. Impediremos la boda antes de que tenga lugar..., es la mejor manera, al menos en mi opinin. Para cogerles desprevenidos debemos atacar en la conmocin que precede al acontecimiento.Fezzik se qued sin argumentos.De todos modos prosigui Iigo, ignoramos cunto se tarda en tragar algo as.Yo sera incapaz de tragrmela. Estoy seguro.Tendremos que obligarlo dijo Iigo desenvolviendo el terrn color chocolate. Como a una oca. Le pondremos las manos alrededor del cuello, la haremos bajar y que sea lo que Dios quiera.Estoy de acuerdo contigo, Iigo dijo Fezzik. Dime qu debo hacer.Creo que ser mejor que lo sentemos, no te parece? A m me resulta ms fcil tragar cuando estoy sentado que cuando estoy acostado.Nos va a costar trabajo dijo Fezzik. Ya est completamente fro. Me parece que no se doblar as como as.Puedes obligarlo sugiri Iigo. Siempre he tenido confianza en ti, Fezzik.Gracias repuso Fezzik. Pero, por favor, nunca me dejes solo. Coloc el cadver entre los dos, e intent que se doblara por la mitad, pero el hombre de negro estaba tan tieso que Fezzik tuvo que sudar la gota gorda para ponerlo en ngulo recto. Cunto crees que deberemos esperar para saber si el milagro ha funcionado o no?S tanto como t respondi Iigo. brele la boca lo ms que puedas e inclnale la cabeza un poco hacia atrs, se la meteremos y veremos qu pasa.Fezzik estuvo maniobrando un rato con la boca del hombre de negro, disponindola tal como Iigo le haba dicho, logr poner bien el cuello al primer intento; Iigo se arrodill, se inclin sobre la cavidad y ech la pldora dentro; cuando la pldora roz la garganta, oy decir:No pudisteis derrotarme solos, mal paridos; pues bien, os he derrotado a cada uno por separado y os derrotar a los dos juntos.Ests vivo! exclam Fezzik.El hombre de negro permaneci sentado e inmvil, y como el mueco de un ventrlocuo, slo mova la boca.Es tal vez la observacin ms infantil y obvia que jams he odo en mi vida, pero de un estrangulador no se puede esperar otra cosa. Por qu no puedo mover los brazos?Has estado muerto le explic Iigo.Y no te estamos estrangulando aadi Fezzik, slo queramos que te tragaras la pldora.La pldora de la resurreccin le aclar Iigo. Se la compr a Max Milagros, y su efecto dura sesenta minutos.Qu pasa al cabo de los sesenta minutos? Vuelvo a morirme? pregunt Westley.(No eran sesenta minutos; eso era lo que ellos crean. En realidad eran cuarenta, y ya haban perdido uno hablando, de modo que les quedaban treinta y nueve.)No lo sabemos. Probablemente te caigas redondo y necesites cuidados durante un ao, o lo que tardes en recuperar las fuerzas.Ojal recordara cmo era lo de estar muerto dijo el hombre de negro. Para poder apuntarlo. Me hara rico con un libro as. Tampoco puedo mover las piernas.Todo se andar. Es lgico que no puedas moverlas. Max dijo que la lengua y el cerebro eran cosas seguras y que probablemente seras capaz de moverte, pero despacio.Lo ltimo que recuerdo es que me mora, qu hago entonces aqu, en lo alto de este muro? Somos enemigos? Tenis nombre? Soy el temible pirata Roberts, pero podis llamarme Westley.Fezzik.Iigo Montoya, de Espaa. Deja que te explique lo que ha ocurrido... Se interrumpi y mene la cabeza. Luego prosigui: No. Son demasiadas cosas, nos llevara demasiado tiempo, o sea que permteme que te lo resuma: la boda es a las seis, lo que nos deja un margen de un poco ms de media hora para entrar, raptar a la chica y salir; pero antes tengo que matar al conde Rugen.Qu tenemos en contra?En el castillo slo hay una entrada habilitada y est vigilada por unos cien hombres.Mmm murmur Westley, no tan desanimado como habra estado de costumbre, porque en ese mismo momento comenz a mover los dedos de los pies. Y a nuestro favor?Tu cerebro, la fuerza de Fezzik y mi acero.Westley dej de mover los dedos de los pies.Eso es todo? Nada ms?Iigo intent explicrselo.Hemos estado sometidos a una carrera contra reloj desde el principio. Ayer por la maana, por ejemplo, yo no era ms que un borracho perdido y Fezzik trabajaba para la Brigada Brutal.Es imposible grit Westley.Soy Iigo Montoya y no acepto la derrota..., ya se te ocurrir algo. Tengo plena confianza en ti.Se casar con Humperdinck y yo no podr hacer nada dijo Westley, cegado por la desesperacin. Tendedme otra vez y dejadme solo.Te das por vencido muy fcilmente. Nosotros hemos luchado contra monstruos para llegar hasta ti, lo hemos arriesgado todo porque t tienes la sagacidad necesaria para resolver los problemas. Tengo la confianza plena y absoluta de que t...Quiero morirme susurr Westley, y cerr los ojos. Si tuviera un mes para planificar el ataque, quiz podra ocurrrseme algo, pero esto... La cabeza se le bambole de un lado al otro. Lo siento. Dejadme.Acabas de mover la cabeza coment Fezzik, haciendo lo imposible por parecer alegre. Te levanta eso la moral?Mi cerebro, tu fuerza y su acero contra cien hombres? Y crees que un ligero movimiento de cabeza debera hacerme feliz? Por qu no me dejasteis con la muerte? Esto es peor. Yo aqu tendido, impotente, mientras mi verdadero amor se casa con mi asesino.S que en cuanto superes tus arrebatos emocionales, encontrars una...Aah! Si al menos tuvisemos una carretilla, algo se podra hacer coment Westley.Dnde pusimos la carretilla del albino? pregunt Iigo.Junto al albino, creo replic Fezzik.Quiz logremos conseguir una dijo Iigo.Y por qu no la mencionaste entre las cosas a nuestro favor? inquiri Westley sentndose y mirando las tropas apiadas en la distancia.Acabas de sentarte dijo Fezzik, e insisti en parecer alegre.Westley continu observando las tropas y la pendiente que conduca hacia ellas. Mene la cabeza, y luego dijo:Qu no dara yo por una capa del holocausto.En eso no podemos ayudarte le dijo Iigo.Creis que servir sta? pregunt Fezzik sacando su capa del holocausto.De dnde...? comenz a preguntar Iigo.Cuando t buscabas la rana en polvo... respondi Fezzik. Es que me caa tan bien que la escond para quedrmela.Westley se puso en pie.Est bien. Luego necesitar una espada.Para qu? inquiri Iigo. Si apenas podras empuarla.Es cierto convino Westley. Pero eso no es de conocimiento pblico. Escuchadme bien, cuando estemos dentro, quiz tengamos problemas.Y tanto que tendremos problemas lo interrumpi Iigo. Cmo impedimos la boda? Y cuando la hayamos impedido, cmo encontramos al conde? Y cuando lo haya hecho, dnde volver a encontrarte? Y cuando estemos juntos, cmo huiremos? Y cuando hayamos huido...No lo fastidies con tantas preguntas le orden Fezzik. Tmatelo con ms calma, el pobre ha estado muerto.S, s, es verdad, lo siento se excus Iigo.El hombre de negro comenz a moverse muy, muy despacio en lo alto del muro. l solo. Fezzik e Iigo lo siguieron en la oscuridad, en direccin a la carretilla. Del aire se desprenda un cierto entusiasmo; era un hecho innegable.Buttercup, por su parte, no senta ningn entusiasmo. En realidad, no recordaba haber experimentado una sensacin de calma tan maravillosa. Su Westley vendra a buscarla; se era su mundo. Desde el momento en que el prncipe la haba llevado a rastras a su alcoba, se haba pasado las horas siguientes pensando en la manera de hacer feliz a Westley. Era imposible que no pudiera impedir la boda. se era el nico pensamiento que lograba sobrevivir el recorrido de su mente consciente.De manera que al enterarse de que la boda sera adelantada, no se mostr en absoluto molesta. Westley siempre estaba preparado para cualquier contingencia, y si poda rescatarla a las seis, tampoco le costara demasiado esfuerzo hacerlo felizmente a las cinco y media.En realidad, el prncipe Humperdinck logr organizarlo todo mucho ms de prisa de lo que haba esperado. Eran las cinco y veintitrs minutos cuando l y su futura esposa se encontraron arrodillados ante el archiden de Florn. Eran las cinco y veinticuatro cuando el archiden comenz a hablar.Y las cinco y veinticinco cuando comenzaron los gritos justo delante del portal principal.Buttercup se limit a esbozar una leve sonrisa. Aqu viene mi Westley, fue todo lo que pens.En realidad, no era su Westley el causante de la conmocin. Westley haca lo imposible para bajar solo, sin doblarse, la pendiente que conduca al portal principal. Delante de l, Iigo luchaba con la pesada carretilla. El motivo de tanto peso era que Fezzik iba montado en ella, con los brazos abiertos y los ojos llameantes, mientras con voz potente y llena de ira exclamaba una y otra vez:Soy el temible pirata Roberts y no habr supervivientes!Su voz reverberaba ms y ms a medida que su rabia iba en aumento. Su figura imponente, que en total medira cerca de los tres metros, se deslizaba en la oscuridad acompaada de una voz acorde con tamaa monumentalidad. Pero se tampoco era el motivo de tanto gritero.Desde su puesto junto al portal, Yellin se mostr razonablemente molesto al ver al gigante rugiente deslizarse hacia ellos en la oscuridad. No era que dudase de que sus cien hombres seran capaces de despachar al gigante; lo que realmente le molestaba era que el gigante tambin se dara cuenta de eso, y como era lgico, en la oscuridad de ah fuera, tena que haber un buen nmero de ayudantes gigantes. Otros piratas, lo que fuera. Quin poda precisarlo? No obstante, sus hombres se mantuvieron unidos de un modo notable.Slo cuando el gigante se encontr en mitad de la pendiente comenz a arder alegremente y continu viaje exclamando de una manera que resultaba de una sinceridad letal:No habr supervivientes! No habr supervivientes!Fue verlo arder y avanzar alegremente lo que provoc el gritero de la Brigada Brutal. Y cuando el gritero comenz..., vaya, a todo el mundo le entr el pnico y ech a correr...8Luna de miel

Cuando el pnico estaba ya en marcha, Yellin se dio cuenta de que casi no le quedaba ninguna posibilidad de recuperar con rapidez el control de las cosas. Adems, el gigante se encontraba terriblemente cerca, y el rugido de No habr supervivientes dificultaba muchsimo todo tipo de reflexin slida. Pero, por suerte, tuvo el buen tino de coger la nica llave del castillo y de ocultarla en su persona.Tambin por suerte, Westley tuvo el buen tino de prever tal comportamiento.Entregadme la llave le orden Westley a Yellin, una vez que Iigo con su espada presion firmemente la nuez de Adn de Yellin.No tengo ninguna llave repuso Yellin. Lo juro sobre la tumba de mis padres; que el alma de mi madre arda eternamente en el infierno si miento.Arrncale los brazos le orden Westley a Fezzik, quien ya comenzaba a quemarse un poco porque el uso de la capa del holocausto tena un lmite; quera quitrsela, pero antes de hacerlo, tendi las manos hacia los brazos de Yellin.Os refers a esta llave? inquiri Yellin, y la dej caer.Una vez que Iigo hubo apartado su espada, le permitieron huir.Abre el portal le orden Westley a Fezzik.Estoy muy acalorado dijo Fezzik, por favor, puedo quitarme antes esta cosa?Al ver que Westley asenta, se arranc la capa llameante y la dej tirada en el suelo, despus descorri el cerrojo del portal y abri la puerta lo preciso para que los tres pudieran pasar.Vuelve a cerrar y gurdate la llave, Fezzik le orden Westley. Ya han de ser ms de las cinco y media; nos queda media hora para impedir la boda.Qu hacemos cuando hayamos ganado? pregunt Fezzik mientras le daba vueltas a la llave y obligaba al enorme cerrojo a cerrarse. Dnde nos encontramos? Soy de esa clase de personas que necesita instrucciones.Antes de que Westley pudiera contestarle, Iigo lanz un alarido y desenvain la espada. El conde Rugen y cuatro guardias de palacio doblaban en aquel momento una esquina y corran hacia ellos. Eran las seis menos veintisis minutos.La boda no concluy hasta las seis menos veintinueve minutos, y Humperdinck tuvo que emplear toda su capacidad de persuasin para lograrlo. Cuando el gritero que provena del portal principal super todos los lmites de la etiqueta, el prncipe interrumpi al archiden y empleando el ms amable de sus tonos le dijo:Santidad, mi amada ha vencido mi capacidad para la espera..., os ruego que pasis al final de la ceremonia.Eran entonces las cinco y veintisiete.Humperdinck y Buttercup dijo el archiden, soy muy viejo y mis ideas sobre el matrimonio son escasas, pero siento que debo transmitroslas en el da ms feliz de todos.(El archiden estaba sordo como una tapia, su capacidad auditiva se haba visto seriamente mermada desde que tena unos ochenta y cinco aos. En los ltimos tiempos, el nico cambio que se haba producido era un empeoramiento general de su estado. Humperdinck y Buttercup, haba dicho, Madrimonio. Y a menos que se tuviesen seriamente en cuenta su ttulo y sus logros de antao, resultaba muy difcil tomrselo en serio.)El madrimonio... comenz a decir el archiden.Santidad, vuelvo a interrumpiros en nombre del amor. Os ruego que pasis lo ms pronto posible al final.El madrimonio ez un zueo dendro de un zueo.Buttercup apenas prestaba atencin a los acontecimientos. Westley deba de estar recorriendo velozmente los pasillos. Siempre corra de un modo tan hermoso. Incluso cuando estaban en la granja, mucho antes de que ella descubriera lo que haba en su corazn, era un placer observar cmo corra.El conde Rugen era la nica otra persona que haba en el templo, y la conmocin del portal lo tena en ascuas. Ante la puerta haba apostado a sus cuatro mejores espadachines, de manera que nadie podra entrar en la diminuta capilla, pero, no obstante, donde debera haber estado la Brigada Brutal haba un montn de gente gritando. Los cuatro guardias eran los nicos que quedaban dentro del castillo, porque al prncipe no le hacan falta espectadores que presenciaran los acontecimientos que no tardaran en producirse. Si el idiota del clrigo pudiera darse prisa..., ya eran las cinco y veintinueve.El zueo de amod envuelto dendro de un zueo mayod de vida etedna. La etednidad es nuestda amiga, decodadlo, y oz acompaada pada ziempde.Eran las cinco y media cuando el prncipe se puso en pie, se acerc al archiden y con toda firmeza le grit:Marido y mujer. Marido y mujer! Decidlo!Ez que an no he llegado a eza padte repuso el archiden.Acabis de llegar le espet el prncipe. Ahora mismo!Buttercup se imaginaba a Westley doblando la ltima esquina. Afuera esperaban cuatro guardias. A diez segundos por guardia, comenz a calcular, pero se detuvo, porque los nmeros siempre haban sido sus enemigos. Se mir las manos. Oh, espero que me siga encontrando bonita pens, porque esas pesadillas me han desgastado mucho.Marido y mujer, os declaro marido y mujer dijo el archiden.Gracias, santidad le dijo el prncipe volvindose hacia Rugen. Poned fin a ese tumulto! le orden, y antes de acabar de proferir la orden, el conde corra ya hacia la puerta de la capilla.Eran las seis menos veintinueve minutos.El conde y los guardias tardaron tres minutos completos en llegar al portal, y cuando lo hicieron, el conde no poda creerlo, l mismo haba visto cmo mataban a Westley y ah estaba Westley. Acompaado de un gigante y de un tipo aceitunado con unas extraas cicatrices. Hubo algo en aquellas cicatrices gemelas que le penetr en lo ms hondo de la memoria, pero no era aqul un momento para reminiscencias.Matadlos le orden a los espadachines, pero dejad al de tamao mediano hasta que yo os lo diga.Y los cuatro guardias desenvainaron sus espadas..., pero demasiado tarde; demasiado tarde y con excesiva lentitud, porque cuando Fezzik se puso delante de Westley, Iigo atac: la gran hoja se movi, cegadora, y el cuarto guardia mora antes de que al primero le hubiera dado tiempo a tocar el suelo.Jadeante, Iigo se qued inmvil durante un momento. Luego se dio media vuelta en direccin del conde Rugen y efectu una reverencia rpida y ostentosa.Hola dijo. Me llamo Iigo Montoya, t mataste a mi padre. Dispnte a morir.Por su parte, el conde hizo algo verdaderamente asombroso e inesperado: se dio la vuelta y ech a correr. Eran las seis menos veintitrs minutos.El rey Lotharon y la reina Bella llegaron a la capilla donde se celebrara la boda, justo a tiempo para ver cmo el conde Rugen se lanzaba corredor abajo al frente de los cuatro guardias.Hemos llegado demasiado temprano? inquiri la reina Bella al entrar en la capilla y encontrarse con Buttercup, Humperdinck y el archiden.Estn ocurriendo muchas cosas dijo el prncipe. A su debido tiempo todo quedar incomparablemente claro. Pero me temo que existe la gran probabilidad de que, en este mismo instante, los guilderianos estn atacando. Necesito estar a solas en el jardn para trazar los planes de la batalla, podra convenceros para que escoltarais personalmente a Buttercup hasta mi alcoba?Naturalmente, su peticin fue atendida. El prncipe se march a toda prisa, y despus de un breve alto para abrir un armario y sacar varios pares de botas que haban pertenecido a soldados guilderianos, sali del palacio.Buttercup, por su parte, camin lenta y sosegadamente entre los ancianos reyes. No tena ninguna necesidad de preocuparse, y menos cuando Westley estaba all para impedir su boda y llevrsela para siempre. Pero la realidad de su situacin no ejerci su genuino efecto hasta que hubo recorrido la mitad del camino que la separaba de la alcoba de Humperdinck.Westley no haba aparecido.Su dulce Westley. No le haba parecido adecuado ir a buscarla.Lanz un tremendo suspiro. No tanto de tristeza como de despedida. Una vez en la alcoba de Humperdinck, todo habra terminado. El prncipe posea una esplndida coleccin de espadas y cuchillos.Hasta aquel momento jams haba considerado seriamente la posibilidad de suicidarse. Claro que haba pensado en ello; toda muchacha lo hace de vez en cuando. Pero nunca en serio. Se sorprendi al comprobar que iba a resultarle la cosa ms sencilla del mundo. Lleg a la alcoba del prncipe, dio las buenas noches a la familia real, y se dirigi directamente hacia la pared donde estaban expuestas las armas. Eran las seis menos catorce minutos.A las seis menos veintids minutos, Iigo se haba quedado tan anonadado por la cobarda del conde que por un momento se qued ah de pie. Luego sali en su persecucin, claro est; l era ms veloz, pero el conde traspuso el umbral, dio un portazo y cerr con llave, e Iigo no logr derribar la puerta.Fezzik grit, desesperado. Fezzik, derrbala.Pero Fezzik estaba con Westley. Ese era su cometido, quedarse a proteger a Westley, y aunque desde donde se encontraba Iigo lograba verlos, Fezzik no poda hacer nada; Westley ya haba comenzado a andar. Lentamente. Dbilmente. Pero estaba caminando por su propio pie.Carga contra ella le responda Fezzik. Golpea fuerte con el hombro. Ceder.Iigo carg contra la puerta. Golpe y golpe con el hombro, pero l era delgado, y la puerta no.Se me escapa le dijo Iigo.Pero Westley est indefenso le record Fezzik.Fezzik, te necesito grit Iigo.Slo tardar un minuto dijo Fezzik, porque haba ciertas cosas que uno deba hacer fuera como fuese, y cuando un amigo necesitaba ayuda, haba que ayudarle.Westley asinti y sigui andando; lentamente, dbilmente, pero segua siendo capaz de moverse.Date prisa le urgi Iigo.Fezzik se dio prisa. Se apoy contra la puerta cerrada y con todas sus fuerzas carg contra ella.La puerta no cedi.Por favor le urgi Iigo.Ya la abrir, ya la abrir le prometi Fezzik.Retrocedi unos cuantos pasos, cogi carrerilla y se abalanz contra la madera.La puerta cedi un poco. Slo un poco. Pero no bastaba.Fezzik se alej mucho ms. Con un rugido, atraves el corredor y cuando se encontr cerca de la puerta, se elev por los aires y la puerta qued reducida a un cmulo de astillas.Gracias, muchas gracias le dijo Iigo cuando ya haba traspuesto el umbral.Qu hago ahora? le grit Fezzik.Regresa junto a Westley respondi Iigo atravesando a toda velocidad una serie de habitaciones.Estpido, se recrimin Fezzik. Se dio la vuelta y volvi junto a Westley.Pero ste ya no estaba all. Fezzik not que el pnico comenzaba a crecer dentro de l. Haba media docena de pasillos.Cul, cul, cul? repiti Fezzik intentando deducirlo; trataba de hacer algo bien por primera vez en su vida. Conocindote como te conozco, eligirs el que no es, concluy en voz alta; enfil entonces hacia un pasillo y avanz tan de prisa como pudo.Eligi el que no era.Ahora Westley estaba solo.Iigo iba recuperando terreno. En la estancia contigua alcanzaba a ver un atisbo del noble en fuga, y cuando llegaba all, el conde se las arreglaba para pasar al cuarto siguiente. Pero, poco a poco, Iigo iba sacndole ventaja. A las seis menos veinte, sinti la plena confianza de que despus de una persecucin de veinticinco aos, al fin podra vengarse.Buttercup tuvo la certeza de que a las seis menos doce minutos estara muerta. Todava faltaba un minuto para esa hora, y ella se encontraba con la mirada fija en los cuchillos del prncipe. El ms letal pareca ser el ms gastado, la daga florinesa. Remataba en punta, entraba fcilmente y adoptaba una forma triangular junto al mango. Para sangrar ms de prisa, se deca. Las haba en varios tamaos, y la del prncipe pareca la ms larga; a la altura del mango era gruesa como la mueca de un hombre. La cogi y se la pos en el pecho.En este mundo siempre son demasiado escasos los pechos perfectos; deja los tuyos en paz oy decir.Ah estaba Westley, tendido en la cama. Eran las seis menos doce minutos y Buttercup supo que jams iba a morir.Por su parte, Westley supona que le quedaba hasta las seis y cuarto para seguir en pie. Evidentemente, as habra sido si hubiese contado con una hora, pero la cuestin era que no dispona de una hora, sino de cuarenta minutos. Hasta las seis menos cinco. Siete minutos ms. Pero, como ya se ha dicho, l no tena manera de saberlo.E Iigo no tena manera de saber que el conde Rugen llevaba una daga florinesa. Ni que era un experto en su manejo, Iigo tard hasta las seis menos diecinueve minutos para abordar al conde. En una sala de billares. Hola se dispona a decir. Me llamo Iigo Montoya; t mataste a mi padre; dispnte a morir. Pero en realidad logr pronunciar slo unas cuantas palabras: Hola, me llamo Ii....Y entonces la daga le efectu una redistribucin de las tripas. La fuerza del impacto lo hizo retroceder hasta una pared. El chorro de sangre que fluy lo debilit tan de prisa que no logr tenerse en pie.Domingo, Domingo susurr, y a las seis menos dieciocho minutos se encontr perdido y de rodillas...Buttercup estaba asombrada por el comportamiento de Westley. Corri hacia l, esperando que la recibiera a mitad de camino con un abrazo fogoso. Pero, en cambio, l se limit a sonrerle y a permanecer donde estaba, tendido sobre las almohadas del prncipe, con una espada al lado de su cuerpo.Buttercup continu avanzando sola y cay sobre su nico, su adorado Westley.Con suavidad le dijo l.En un momento como ste es todo lo que se te ocurre decirme? Con suavidad?Con suavidad repiti Westley, no tan suavemente.Ella se apart de l y le pregunt:Ests enfadado conmigo por haberme casado?No ests casada dijo l, suavemente. Su voz sonaba extraa. Al menos no por mi iglesia, ni por ninguna otra.Pero ese anciano pronunci...Todos los das hay mujeres que enviudan..., no es as, majestad?Su voz son ms fuerte cuando se dirigi al prncipe, que entraba en ese momento llevando en la mano unas botas embarradas.El prncipe Humperdinck busc sus armas y una espada brill en sus manos regordetas.A muerte dijo mientras avanzaba.Westley mene lentamente la cabeza.No le corrigi. A sufrimiento.Era aqulla una frase extraa, que par en seco al prncipe. Adems, por qu estaba aquel hombre all tendido? Dnde estaba la trampa?Me parece que no he comprendido bien.Westley sigui tendido, sin moverse, pero su sonrisa se hizo ms amplia.Ser un placer explicroslo.Eran ya las seis menos diez. Quedaban veinticinco minutos de seguridad. (Quedaban cinco. l no lo saba. Cmo poda saberlo?) Lenta y cuidadosamente comenz a hablar...Iigo tambin estaba hablando. Seguan siendo las seis menos dieciocho minutos cuando murmur:Perdn..., padre...El conde Rugen oy aquellas palabras, pero no les encontr sentido hasta que vio la espada que la mano de Iigo an empuaba.Eres ese mocoso espaol al que una vez di una leccin dijo, acercndose ms y observando las cicatrices. Es increble. Te has pasado todos estos aos persiguindome para fallar en este preciso instante? Creo que es lo peor que he odo en mi vida; qu maravilloso.Iigo no pudo decir nada. La sangre le manaba a borbotones del estmago.El conde Rugen desenvain la espada.... perdn, padre..., lo siento...No me vengas ahora a pedir perdn! Me llamo Domingo Montoya. Di mi vida por esa espada y a m no me pidas perdn. Si ibas a fallar, por qu no te moriste hace aos y me dejaste descansar en paz?Entonces MacPherson tambin comenz a perseguirlo:Espaoles! Jams deb tratar de ensearle a un espaol; son tontos, se olvidan de las cosas, qu haces con una herida? Cuntas veces te he enseado lo que se ha de hacer con una herida?Cubrirla... respondi Iigo, y se arranc el cuchillo del cuerpo y hundi el puo izquierdo en la herida.Los ojos de Iigo comenzaron a enfocar un poco mejor, no muy bien, no perfectamente, pero lo preciso como para ver que la espada del conde se le acercaba al corazn; Iigo no logr hacer mucho con aquel ataque, desviarlo levemente, empujar la punta de la hoja hacia su hombro izquierdo, donde no le produjo un dao insoportable.El conde Rugen se qued un tanto sorprendido de que hubiesen desviado su acero, pero no estaba nada mal aquello de traspasar el hombro de un indefenso. No haba prisa cuando se lo tena acorralado.Espaoles! volvi a gritarle a MacPherson. Dame un polaco cuando quieras, al menos los polacos se acuerdan de usar la pared cuando tienen una a mano; slo a los espaoles se les olvida utilizarla...Lentamente, centmetro a centmetro, Iigo se vali de la pared para incorporarse; utiliz las piernas para empujar, y dej que el muro se encargara de proporcionarle todo el apoyo necesario.El conde Rugen volvi a atacar, pero, por un cierto nmero de motivos, lo ms probable porque no haba esperado que su contrincante se moviera, no lo alcanz en el corazn y tuvo que conformarse con hundir la hoja de su acero en el brazo izquierdo del espaol.A Iigo no le import. Ni siquiera lo not. Lo nico que le interesaba era su brazo derecho; apret la empuadura y not que conservaba la fuerza en la mano, suficiente como para atacar al enemigo, y el conde Rugen tampoco se haba esperado aquello, de modo que lanz un gritito involuntario y retrocedi un paso para volver a analizar la situacin.La fuerza flua del corazn de Iigo hacia su hombro derecho, bajaba por ste hasta los dedos y luego a la gran espada con empuadura para seis dedos; se apart de la pared y murmur:Hola..., me llamo... Iigo Montoya; t mataste... a mi padre; dispnte a morir.Se pusieron en guardia.El conde fue a buscar la muerte rpida, empleando el movimiento inverso de Bonetti.Intil.Hola..., me llamo Iigo Montoya; t mataste a mi padre..., dispnte a morir....Volvieron a ponerse en guardia, y el conde pas a la defensa Morozzo, porque la sangre segua manando.Iigo se hundi ms el puo en la herida.Hola, me llamo Iigo Montoya; t mataste a mi padre; dispnte a morir.El conde se parapet detrs de la mesa de billar.Iigo resbal en su propia sangre.El conde sigui retrocediendo, y esper y esper.Hola, me llamo Iigo Montoya; t mataste a mi padre; dispnte a morir.Se hundi ms el puo y no quiso ni pensar en qu era lo que estaba tocando y aguantando en su sitio; por primera vez se sinti capaz de intentar un lance: la enorme espada describi un brillante movimiento...... en el costado de una de las mejillas del conde Rugen apareci un corte vertical...... otro brillante movimiento...... otro corte, paralelo, sangrante...Hola, me llamo Iigo Montoya; t mataste a mi padre; dispnte a morir.Deja de repetir eso!El conde comenzaba a experimentar una cierta merma en el temple.Iigo hundi su espada en el hombro izquierdo del conde, tal como l le haba herido el suyo. Luego sigui con el brazo izquierdo del conde, en el mismo sitio donde ste le haba penetrado el suyo.Holapronunci con ms fuerza ahora. Hola! Me llamo Iigo Montoya. T mataste a mi padre. Dispnte a morir.No...Ofrceme dinero...Todo dijo el conde.Y poder. Promteme eso.Todo lo que tengo y ms. Por favor.Ofrceme lo que yo te pida.S. S. Habla.Quiero que me devuelvas a Domingo Montoya, hijo de perra y la espada con empuadura para seis dedos volvi a describir un brillante movimiento en el aire.El conde grit.Fue justo a la izquierda del corazn volvi a atacar Iigo.Otro grito.sa fue justo debajo del corazn. Adivinas acaso lo que estoy haciendo?Arrancarme el corazn.T me lo arrancaste a m cuando tena diez aos; ahora quiero el tuyo. T y yo somos amantes de la justicia..., hay algo ms justo que eso?El conde lanz un ltimo grito y luego cay al suelo, fulminado por el terror.Iigo lo mir desde su altura. El rostro crispado y fro del conde apareca petrificado y ceniciento, y la sangre segua manando de los cortes paralelos. Sus ojos desmesuradamente abiertos aparecan llenos de horror y dolor. Era glorioso. Si a uno le gustan ese tipo de cosas.A Iigo le encantaban.Eran las seis menos diez cuando sali tambalendose de la sala; no saba adonde se diriga ni por cunto tiempo, pero abrigaba la esperanza de que quienquiera que lo hubiese estado guiando ltimamente no lo abandonase en ese momento...Voy a deciros algo una sola vez, y despus, si mors o no es una cuestin que queda enteramente a vuestro juicio dijo Westley, tendido plcidamente en la cama. Al otro lado de la alcoba, el prncipe mantena en alto la espada. Lo que voy a deciros es lo siguiente: arrojad la espada; si lo hacis, me marchar con este equipaje que veis aqu le ech una mirada a Buttercup, y vos seris atado, aunque no fatalmente, y pronto estaris libre para hacer lo que os plazca. Si decids pelear, pues bien, entonces ninguno de los dos saldremos de aqu con vida.Tengo intenciones de seguir respirando durante un tiempo dijo el prncipe Creo que lo vuestro es puro alarde..., habis estado varios meses prisionero y yo mismo os mat hace menos de un da, de manera que dudo que os quede demasiada fuerza en el brazo.Probablemente sea verdad reconoci Westley, y cuando llegue el momento, recordad que podra haberse tratado de un alarde. De hecho, podra encontrarme aqu tendido porque carezco de fuerzas suficientes para tenerme en pie. Sopesad todo eso cuidadosamente.Segus con vida slo porque dijisteis a sufrimiento. Quiero que me expliquis esa frase.Ser un placer. Eran las seis menos ocho. Quedaban tres minutos. l crea que le quedaban dieciocho. Hizo una larga pausa, y luego comenz a hablar: Seguramente debis de haber adivinado que no soy un marinero corriente. En realidad soy el pirata Roberts.No me siento sorprendido ni apabullado en lo ms mnimo.A sufrimiento significa lo siguiente: si nos enfrentamos a duelo y vos ganis, yo muero. Si nos enfrentamos a duelo y yo gano, vos vivs. Pero viviris con mis condiciones.O sea?Todava poda tratarse de una trampa. Su cuerpo estaba preparado.Hay quien opina que sois un hbil cazador, aunque lo dudo mucho.El prncipe sonri. El hombre lo estaba provocando. Por qu?Y si cazis bien, entonces, sin duda, cuando seguisteis a vuestra dama, debisteis de haber comenzado en los Acantilados de la Locura. All se produjo un duelo, y si observasteis los movimientos y las zancadas, deberais saber que quienes se enfrentaban eran maestros. Lo eran. Recordad esto: yo gan ese duelo. Y soy un pirata. Conocemos ciertos trucos especiales con la espada.Eran las seis menos siete minutos.El acero no me es del todo desconocido.Lo primero que perderis son los pies dijo Westley. Primero el izquierdo y despus el derecho. Por debajo del tobillo. Dentro de seis meses dispondris de unos muones para poder andar. Despus seguirn las manos, a la altura de las muecas. Cicatrizan un poco ms de prisa. Cinco meses suele ser un buen promedio. En ese momento, Westley comenz a notar unos extraos cambios en su cuerpo y se puso a hablar ms de prisa, ms de prisa y en voz ms alta. Luego vuestra nariz. Para vos ya no existir el aroma del amanecer. Seguida de la lengua. Cortada de raz. Ni siquiera os quedar mun. Y luego el ojo izquierdo.Y despus el derecho, y luego las orejas, vamos a seguir as? inquiri el prncipe.Eran las seis menos seis minutos.Os equivocis! La voz de Westley reson en la alcoba. Conservaris las orejas, para que podis atesorar cada grito lanzado por cada nio que contemple vuestra deformidad, el llanto de cada cro aterrado por vuestra proximidad, para que el asombro expresado por cada mujer al exclamar: Dios santo, qu es esa cosa?!, reverbere para siempre en vuestras orejas perfectas. Eso es lo que significa a sufrimiento. Significa que os dejar vivir sumido en la angustia, en la humillacin, en una monstruosa miseria hasta que ya no podis soportarlo ms; ya lo sabis, cerdo, miserable masa vomitiva, y ahora os digo que el hecho de que vivis o muris depende de vos: arrojad vuestra espada!La espada cay al suelo con estruendo.Eran las seis menos cinco.Westley puso los ojos en blanco, su cuerpo se desplom y a punto estuvo de caer de la cama; el prncipe lo not, se lanz al suelo, aferr la espada, se puso en pie y comenz a enarbolarla, cuando Westley le grit:Ahora s que vais a padecer: a sufrimiento!Haba vuelto a abrir los ojos. Los tena abiertos y chispeantes.Lo siento; no pretenda hacer nada, de verdad; mirad y el prncipe arroj la espada por segunda vez.talo le orden Westley a Buttercup. Date prisa..., utiliza los cordones de las cortinas; creo que podrn sujetarlo...T lo haras mucho mejor repuso Buttercup. Sacar los cordones, pero creo que deberas ser t quien lo ate.Mujer rugi Westley, eres propiedad del temible pirata Roberts... y..., y hars... lo que se te ordena!Buttercup reuni los cordones y at a su marido lo mejor que pudo.Humperdinck permaneci tendido mientras ella lo haca. Pareca extraamente feliz.No os tema le dijo a Westley. Arroj mi espada porque para m ser mucho ms placentero perseguiros y cazaros.Es eso lo que de veras pensis? Dudo que nos encontris.Conquistar Guilder y luego ir a buscaros. En la esquina menos esperada, cuando la hayis doblado, all me encontraris aguardando.Soy el rey de los mares..., os esperar con gusto. Y dirigindose a Buttercup, inquiri: Est atado ya?Ms o menos.En el vano de la puerta hubo un movimiento y entonces apareci Iigo. Buttercup lanz un grito al ver la sangre. El espaol no repar en ella, y mir a su alrededor.Dnde est Fezzik?No est contigo? inquiri Westley a su vez.Iigo se apoy un instante contra la pared ms cercana para recuperar fuerzas. Luego, dirigindose a Buttercup, le orden:Aydalo a levantarse.A Westley? inquiri Buttercup. Y por qu necesita que yo lo ayude?Porque no tiene fuerzas. Haz lo que te ordeno le dijo Iigo.De repente, el prncipe comenz a luchar con todas sus ansias con los cordones, pero estaba atado y bien atado, aunque la fuerza y la rabia se encontraban a su favor.Estabais alardeando; yo tena razn dijo Humperdinck.No ha sido muy inteligente de mi parte haber mencionado ese detalle, lo siento se excus Iigo.Has ganado al menos tu batalla? inquiri Westley.Srepuso Iigo.Tratemos de buscar un lugar para defendernos dijo entonces Westley. Por lo menos podremos ir juntos.Te ayudar a levantarte, pobrecito mo dijo Buttercup.Oh, Iigo. te necesito, por favor, Iigo dijo Fezzik. Me he perdido, me siento muy triste y asustado, y necesito ver una cara amiga.Lentamente se dirigieron a la ventana.Perdido y solo, vagando por los jardines del prncipe, estaba Fezzik, llevando de la brida a los cuatro blancos gigantescos.Aqu susurr Iigo.Tres caras amigas dijo Fezzik subiendo y bajando sobre la punta de los pies, que era lo que siempre haca cuando miraba hacia arriba. Oh, Iigo, acabo de echarlo todo a perder, y me he extraviado. Cuando llegu a los establos y encontr estos hermosos corceles pens que como eran cuatro, y como nosotros tambin ramos cuatro, si encontrbamos a la seora... Hola, seora..., pues pens: Por qu no llevrmelos por si en algn momento volvemos a reunirnos?. Hizo una pausa para reflexionar. Supongo que ya nos hemos reunido.Iigo se mostr tremendamente entusiasmado.Fezzik, has pensado por ti mismo.Fezzik hizo otra pausa para reflexionar.Quiere eso decir que no ests furioso conmigo por haberme extraviado?Ah..., si tuviramos una escalera... comenz a suspirar Buttercup.No necesitis una escalera para bajar hasta aqu le dijo Fezzik, no son ms que seis metros, yo os coger, pero bajad de uno a uno, por favor. No hay luz suficiente, y si bajarais todos a la vez podra fallar.Y mientras Humperdinck luchaba por despojarse de las ataduras, saltaron, de uno en uno, y Fezzik los cogi suavemente y los deposit sobre los blancos; conservaba an la llave, de modo que podran salir por el portal principal, y salvo por el hecho de que Yellin haba reagrupado a la Brigada Brutal, habran podido salir sin ningn problema. Tal y como estaban las cosas, cuando Fezzik descorri el cerrojo del portal, no vieron otra cosa que brutos armados en formacin, dirigidos por Yellin. Ninguno de ellos sonrea.Se me han acabado las ideas anunci Westley meneando la cabeza.Esto es un juego de nios dijo Buttercup para sorpresa de todos, y condujo al grupo hacia Yellin. El conde ha muerto; el prncipe se encuentra en grave peligro. Daos prisa, quiz os quede an tiempo de salvarlo. Vamos, marchaos todos.No se movi ni un solo bruto.Slo me obedecen a m dijo Yellin. Yo soy el encargado de hacer cumplir la ley y...Y yo lo interrumpi Buttercup, yo repiti irguindose en la silla de montar, con su infinita belleza y unos ojos que comenzaban a inspirar miedo, yo repiti por tercera y ltima vez, soyla

REEEEINA.Resultaba imposible dudar de su sinceridad. O de su poder. O de su capacidad de venganza. Lanz una mirada imperial a la Brigada Brutal.Salvad a Humperdinck aull uno de los brutos, y al orlo, los dems entraron en tropel en el castillo.Salvad a Humperdinck grit Yellin, que se haba quedado solo, pero estaba claro que no lo deca con el corazn.En realidad, era una mentira dijo Buttercup cuando comenzaron a cabalgar hacia la libertad. Lotharon todava no ha abdicado oficialmente, pero me pareci que decir yo soy la reina sonara mejor que yo soy la princesa.Lo nico que puedo decir es que estoy impresionado le coment Westley.Buttercup se encogi de hombros y repuso:Ya llevo tres aos asistiendo a la escuela para la realeza, algo tena que pegrseme. Mir a Westley y le pregunt: Te encuentras bien? Me tenas preocupada cuando estabas tendido en aquella cama. Pusiste los ojos en blanco y torciste la cabeza y todo.Supongo que me estaba muriendo otra vez, por eso le ped al Seor del Amor Eterno que me diera fuerzas para vivir todo el da. Est claro que su respuesta fue afirmativa.No saba que existiera un personaje as dijo Buttercup.La verdad, yo tampoco, pero si l no existiera, yo no tendra ganas de hacerlo.Los cuatro corceles gigantescos parecan volar hacia el Canal de Florn.Entonces, me parece que estamos condenados dijo Buttercup.Westley la mir y le pregunt:Condenados, seora?A estar juntos. Hasta que uno de los dos muera.Yo ya lo he hecho, y no tengo la menor intencin de repetir la experiencia le advirti Westley.Buttercup lo mir y le pregunt:Acaso no tenemos que hacerlo alguna vez?No, si prometemos sobrevivirnos el uno a la otra, y hago esa promesa ahora mismo.Buttercup lo mir y dijo:Oh, mi Westley, yo tambin.Y vivieron felices para siempre, dijo mi padre.Uau!, exclam yo.Mi padre me mir y me pregunt: Acaso no ests satisfecho?.No, no es eso, pero es que el final lleg tan de repente que me sorprendi. Pensaba que habra un poco ms, es todo. Quiero decir, los esperaba el barco pirata o slo se trataba de un rumor?Las quejas para el seor Morgenstern. "Y vivieron felices para siempre", as es como termina.Lo cierto es que mi padre me minti. Me pas toda la vida creyendo que acababa as, hasta que hice esta compilacin. Entonces ech un vistazo a la ltima pgina. As es como lo termina Morgenstern.Buttercup lo mir.Oh, mi Westley, yo tambin.De repente, a sus espaldas, ms cerca de lo que imaginaba, oyeron el rugido de Humperdinck:Detenedlos! Impedidles el paso!Estaban francamente sorprendidos, pero no haba motivos para preocuparse: montaban los corceles ms veloces del reino, y ya llevaban la delantera.Sin embargo, esto fue antes de que la herida de Iigo volviera a abrirse, de que Westley volviera a recaer, de que Fezzik escogiera el atajo equivocado y de que el caballo de Buttercup perdiera una herradura. Tras ellos, la noche se llen con los sonidos crecientes de la persecucin...se es el final de Morgenstern, una especie de efecto estilo La dama o el tigre? (esto ocurri antes que La dama o el tigre?, no lo olvidis). Ahora bien, el autor era un satrico, de modo que lo dej as, y supongo que me di cuenta demasiado tarde de que mi padre era un romntico, de modo que lo acab de la otra forma.Y yo soy un compilador, de modo que tengo derecho a expresar algunas ideas propias. Lograron huir? Estaba el barco pirata esperndolos? Vosotros mismos podis contestar a esas preguntas, pero yo digo que s. Y que lograron huir. Y que recuperaron sus fuerzas y que vivieron infinidad de aventuras y que se lo pasaron en grande.Aunque eso tampoco significa que yo crea que tuvieron un final feliz. Porque, y sta no es nada ms que mi opinin, rieron mucho, y, con el tiempo, Buttercup perdi su belleza y un buen da Fezzik perdi una pelea y un muchachito lanzado derrot a Iigo con la espada y Westley nunca logr conciliar bien el sueo por temor a que Humperdinck los encontrara.Con esto no intento deprimiros, que quede claro. Sino que lo digo porque de verdad creo que el amor es lo mejor del mundo, despus de los caramelos para la tos. Pero tambin debo decir, por ensima vez, que la vida no es justa. Slo es ms justa que la muerte. Es todo.Ciudad de Nueva York,

febrero de 1973PAGE 163

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