Gerald Durrell "Un novio para mam y otros relatos"

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    07-Aug-2015

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Divertidos relatos del escritor y naturalista ingls.

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Un novio para mam y otros relatosGerald Durrell

Traductor: Fernando Santos Fontenla

Alianza Editorial

Ttulo original: Marrying off Mother and other Stories

Gerald Durrell, 1991 Ed. cast.: Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1993 Calle Miln, 38; 28043 Madrid; telf. 300 00 45 ISBN: 84-202-3269-4 Depsito legal: M. 2.656-1993 Impreso en Lavel. Los Llanos, nave 6. Humanes (Madrid) Printed in Spain

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Advertencia

Todos estos relatos son autnticos, o, para ser estrictamente exacto, unos son autnticos y otros tienen un ncleo de verdad y un envoltorio ornamental. Unos corresponden a experiencias mas y otros a cosas que me han contado y que yo me he apropiado para mis propios fines, lo cual confirma el adagio: Nunca digas nada a un escritor si no quieres verlo publicado. Naturalmente, no tengo la menor intencin de decir cules de estos relatos son autnticos y cules son semiautnticos, pero espero que eso no impida al lector disfrutar con ellos. GERALD DURRELL

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Esmeralda

De todas las regiones de La Belle France, que son muchas, existe una cuyo mero nombre hace que a los gastrnomos les brillen los ojos, se les enciendan las mejillas ante lo que sugiere y se le empapen las papilas de saliva ante lo que promete, y es la que lleva el eufnico nombre de Prigord, all las castaas y las nueces tienen un tamao prodigioso, all las fresas silvestres tienen un aroma tan penetrante como el tocador de un cortesana. All las manzanas, las peras y las ciruelas encierran en sus pieles jugos sublimes, all la carne del pollo, del pato y de la paloma es firme y blanca, all la mantequilla es tan amarilla como un rayo de sol y la nata de las batidoras es tan espesa que se le puede colocar sobre ella un vaso lleno de vino. Adems de todas esas riquezas, Prigord oculta bajo el suelo terroso de sus robledales una recompensa suprema, la trufa, el hongo troglodita que vive bajo la superficie del bosque, negro como el gato de una bruja, exquisito cual todos los perfumes de Arabia. En aquella deliciosa parte del mundo haba encontrado yo un pueblo pequeo y encantador y me haba alojado en su diminuta posada, llamada Les Trois Pigeons. El hostelero, Jean Pettione, era un tipo jovial a quien el vino haba dejado la cara del color rojizo de una manzana. Era otoo y los bosques se hallaban en su mejor momento, un rico tapiz de colores que iban desde el dorado al bronce. Decid disfrutar de ellos; consegu que monsieur Pettione me preparase un almuerzo fro y me fui al campo. Aparqu el coche y me adentr en el bosque para gozar de la panoplia de colores y las formas extraas y mgicas de las setas que crecan por todas partes. Al cabo de un rato me sent en el grueso tronco de un roble cado para disfrutar del almuerzo y, acababa de terminar, cuando o unos roces en las zarzas muertas de color jengibre y apareci una cerda enorme. Se sorprendi tanto de verme como yo de verla a ella. Nos contemplamos con mutuo inters. Pesara, me pareci, unos cien kilos. Era de un color rosa suave, con un mechn de pelo blanco y unas decorativas manchas negras colocadas por la naturaleza de forma tan seductora como los lunares que solan ponerse las damas del siglo xvii. Tena unos traviesos ojillos dorados llenos de sabidura, unas orejas que le caan a ambos lados de la cara como la toca de una monja y un morrito orgulloso con delicadas arrugas, cuyo extremo pareca uno de esos esplndidos instrumentos Victorianos que se utilizan para destupir tuberas

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atascadas. Sus pezuas eran elegantes y pulcras, y el rabo un maravilloso signo de interrogacin de color rosa, retorcido, que la impulsaba por la vida. Exudaba un aura que no era, como habra cabido esperar, de cerdo, sino un aroma fragante y delicado que sugera prados primaverales tachonados de flores. Nunca haba olido a un cerdo as. Rebusqu en mi memoria para recordar cundo haba sido la ltima vez que me haba tropezado con un perfume tan romntico y mgico y por fin lo record. Haba sido una vez que entr en el ascensor de un hotel y la deliciosa dama que descenda conmigo tambin haba despedido aquel mismo delicado aroma que ahora me llegaba de la cerda. A la dama del ascensor le pregunt si le importaba comunicarme el nombre de su exquisito perfume y me dijo que se llamaba Joy. Pues bien, he tenido muchas experiencias extraas en la vida, pero hasta entonces nunca haba tenido el privilegio de encontrarme, en un robledal del Prigord, con una cerda grande y simptica que llevara ese perfume concreto tan caro. Avanz lentamente hacia m. Me puso la barbilla en la rodilla y solt un gruido prolongado y ms bien alarmante, el tipo de ruido que hace un especialista de Harley Street cuando est a punto de decirte que la enfermedad que padeces ser fatal. Suspir hondo y despus empez a hacer como si mascara. Aquel ruido era idntico al de un grupo extraordinariamente gil de bailarinas espaolas con muchas castauelas. Volvi a suspirar. Era evidente que la dama quera algo. Apunt la nariz hacia mi bolsa y solt grititos de alegra cuando la abr para ver qu era lo que tanto atraa su atencin. No vi ms que los restos del queso que haba estado comiendo. Los saqu, evit sus tentativas de apoderarse de todo el pedazo y le cort una loncha. Se la llev a la boca y, para gran asombro mo, all la mantuvo, gozando con la fragancia, igual que un experto en vinos deja que un trago se le quede en la lengua, aspirando su perfume y saboreando su cuerpo. Despus empez a comrsela con gran calma y cuidado, con gruiditos de satisfaccin. Vi que llevaba en torno al grueso cuello, igual que una noble viuda llevara una cascada de perlas, un elegantsimo collar de cadena dorado, del cual colgaba un trozo de cadena partida. Era tan elegante que resultaba obvio que mi nueva amiga era una cerda que alguien valoraba y haba perdido. Acept algo ms de queso, con sus gruiditos de agradecimiento y placer, dejando que cada fragmento se le quedara un rato en la lengua, como una autntica experta. Me qued con un trozo de queso como seuelo y con l logr sacarla del bosque y llevarla hasta mi furgoneta. Evidentemente estaba muy habituada a este tipo de transporte; subi a la trasera y se sent cmodamente, contemplando en su derredor con porte noble y la boca llena de queso. Mientras volva hacia el pueblo, pues estaba seguro de que de all proceda, la cerda apoy la barbilla en mi hombro y se durmi. Decid que la mezcla del olor a Joy con el Roquefort maduro no era una combinacin que atrajese a un miembro del sexo opuesto. Llegu a Les Trois Pigeons, apart de mi hombro la cabeza de la olorosa cerda, le di el ltimo trozo de queso y entr en busca del ilustre Jean. Estaba ocupado en sacar el brillo a 11

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unos vasos con gran precisin, echndoles el aliento uno por uno para conseguir el lustre necesario. Jean dije, tengo un problema. Un problema, monsieur, qu problema? pregunt. Tengo una cerda respond. Monsieur ha comprado una cerda? pregunt asombrado. No, no la he comprado. La tengo. Estaba sentado en el bosque comiendo el almuerzo cuando de pronto apareci una cerda que se ofreci a compartir la comida conmigo. Creo que se trata de una cerda rara, porque no slo le apasiona el queso de Roquefort, sino que lleva un collar de oro y huele mucho a perfume. El vaso que estaba limpiando se le resbal entre los dedos y cay al suelo, rompindose en una multitud de fragmentos. Mon Dieu! exclam abriendo mucho los ojos. Tiene usted a Esmeralda! No lleva una placa en el collar dije, pero no puede haber trotando por ah muchos cerdos que correspondan a esa descripcin, de forma que supongo que debe de ser Esmeralda. A quin pertenece? Sali de detrs del mostrador, pisando vidrios y quitndose el delantal. A monsieur Clot contest. Mon Dieu! Si la ha perdido se va a volver loco. Dnde est? En mi coche respond, terminndose una loncha del Roquefort. Fuimos a la furgoneta y vimos que Esmeralda, al concluir que un destino cruel le negaba ms queso, se haba dormido filosficamente. Sus ronquidos hacan que todo el vehculo temblase, como si el motor siguiera en marcha. Oh la la! coment Jean. Es Esmeralda. Ay, monsieur Clot se va a volver loco. Tiene usted que llevrsela inmediatamente, monsieur. Monsieur Clot cree que esta cerda es el no va ms. Tiene que llevrsela inmediatamente. Bueno, con mucho gusto dije un poco irritado, si me dice usted dnde vive monsieur Clot. No quiero andar con una cerda por la vida. Una cerda! exclam Jean contemplndome horrorizado. No es una cerda cualquiera, monsieur, es Esmeralda. Me da igual cmo se llame dije malhumorado, pero de momento est en mi coche, oliendo a puta parisina que se ha dado un atracn de queso, y cuanto antes me deshaga de ella, mejor. Jean se irgui cuan alto era y me contempl. Una puta? coment. Dice usted una puta? Esmeralda, como todo el mundo sabe, es virgen. Empez a darme la sensacin de que estaba teniendo alucinaciones. Era verdaderamente yo el que estaba junto a mi furgoneta en la cual dorma una cerda muy aromtica llamada Esmeralda y discutiendo de su vida sexual con el dueo de un hotel llamado Los Tres Pichones? Respir hondo para tranquilizarme.

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Mire dije, no me importa la vida sexual de Esmeralda. Por m, como si la hubieran violado todos los jabales del Prigord. Oh! Mon Dieu! No la habrn violado, verdad? cro Jean palideciendo. No, no, no que yo sepa, no. No la han desflorado o como se llame eso en una cerda. En todo caso hara falta un jabal especialmente lascivo y sin sentido del olfato para violar a una cerda que huele igual que una puta cara el sbado por la noche. Por favor, por favor, monsieur dijo Jean muy dolido, no diga usted esas cosas... sobre todo delante de monsieur Clot. La trata con la misma veneracin con que tratara usted a una santa. Estaba a punto de decir algo irreverente acerca de Santa Margarita de los Cerdos, pero me contuve, pues era evidente que Jean se tomaba todo aquello muy en serio. Mire dije, si monsieur Clot ha perdido a Esmeralda estar preocupado, no? Preocupado...? preocupado? Debe de estar enloquecido. Pues entonces, cuanto antes le devuelva a Esmeralda, mejor. A ver, dnde vive? Habindome criado en Grecia, donde la distancia se meda por cigarrillos cosa que me vali de muy poco cuando tena diez aos, haba adquirido una cierta aptitud para preguntar el camino en el campo. Haba que enfocar la cuestin con el mismo cuidado que el arquelogo que va retirando el polvo de siglos para revelar un artefacto. El principal problema era que la gente siempre supona que uno conoca tan ntimamente como ellos todo su entorno, de manera que hacan falta tiempo y paciencia. Como gua, Jean superaba a todos los que haba conocido hasta entonces. Monsieur Clot vive en Les Arbousiers dijo. Y dnde est eso? pregunt. Ya sabe, junto a las tierras de monsieur Mermod. No conozco a monsieur Mermod. Pero si tiene usted que conocerlo, es nuestro carpintero. Fue el que hizo todas las mesas y las sillas de Les Trois Pigeons. Y la barra, y creo que fue el que puso los estantes en la despensa, aunque no estoy seguro... quiz fuera monsieur Devoir. Vive en el valle, junto al ro. Dnde vive monsieur Clot? Pero si se lo acabo de decir, al lado de monsieur Mermod. Y cmo llego yo a casa de monsieur Clot? Pues, cruza el pueblo... En qu direccin? En sa dijo, y seal. Y despus? Gira usted a la izquierda al llegar a la casa de mademoiselle Hubert y... No conozco a mademoiselle Hubert ni s dnde vive. Cmo es su casa? Marrn.

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Todas las casas del pueblo son marrones. Cmo puedo reconocerla? Reflexion. Ah dijo por fin, hoy es jueves. O sea que estar limpiando. O sea, enfin, que colgar la alfombrilla roja en la ventana del dormitorio. Hoy es martes. Ah, tiene usted razn. Si es martes, estar regando las plantas. O sea que giro a la izquierda al llegar a la casa marrn donde hay una seora regando las plantas. Y despus? Pasa usted junto al monumento a los cados, llega a la casa de monsieur Pelligot y despus, al llegar al rbol, gira a la izquierda. Qu rbol? El rbol del cruce donde gira usted a la izquierda. Todo Prigord est lleno de rboles. Todas las carreteras estn bordeadas de rboles. Cmo puedo distinguir ese rbol de los dems? Jean me contempl asombrado. Porque es el rbol contra el que se mat monsieur Herolte dijo y donde va la viuda a ponerle una corona cada aniversario de su muerte. Se distingue por la corona. Cundo muri? Fue en junio de 1950, el seis o el siete, no estoy seguro. Pero desde luego fue en junio. Y ahora estamos en septiembre... Seguir puesta la corona? Ah, no, se la llevan cuando se marchita. Hay otra forma de identificar el rbol? Es un roble dijo. El campo est lleno de robles; cmo voy a distinguir ese roble concreto? Tiene una hendidura. Bueno, entonces ah giro a la izquierda. Dnde est la casa de monsieur Clot? No tiene prdida. Es una casa larga y baja, una casa de campo a la antigua. O sea, que busco una casa de campo blanca. S, pero no se ve desde la carretera. Entonces, cmo voy a saber que he llegado? Se lo pens un rato. Hay un puente pequeo de madera al que le falta un tabln dijo. Es el camino que lleva a casa de monsieur Clot. En aquel momento, Esmeralda se dio la vuelta y nos envolvi en una nube de perfume y queso. Nos apartamos de la furgoneta. Veamos dije, a ver si he entendido bien. Bajo por ah y giro a la izquierda cuando vea a una seora que riega las plantas. Paso al lado del monumento a los cados y la casa de monsieur Pelligot y sigo derecho hasta llegar al roble con una hendidura y despus giro a la izquierda y busco un puente al que le falta un tabln. Es as? Monsieur dijo Jean admirado, podra haber nacido usted en el pueblo. Por fin logr llegar. En casa de mademoiselle Hubert, sta no estaba regando, ni tampoco se vea por ninguna parte la alfombrita 14

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roja. De hecho estaba sentada al sol, dormida. Lamentndolo mucho, la despert para averiguar si era efectivamente la mademoiselle Hubert al llegar a cuya casa tena que girar a la izquierda. Encontr el roble de la hendidura, de un tamao considerable, de forma que juzgu que monsieur Herolte tena que haber consumido una cantidad extraordinaria de pastis antes de empotrar su Dos Caballos contra l. Cuando encontr el puente, efectivamente le faltaba un tabln. La informacin que le dan a uno los campesinos siempre es exacta, aunque parezca un tanto misteriosa cuando la estn comunicando. Segu por la carretera llena de baches, a un lado de la cual haba un verde prado salpicado por un pequeo rebao de vacas charolesas de color crema, y al otro un campo resplandeciente de girasoles con las caras amarillas y negras todas mirando hacia arriba en adoracin del sol. Cruc un bosquecillo y all, en un claro, estaba la casa de monsieur Clot, larga y baja y ms blanca que el huevo de una paloma, con un tejado de tejas antiguas, negras, gruesas y oscuras como barras de chocolate, adornada cada una de ellas con una insignia de lquenes dorados. Fuera haba dos coches, uno de ellos de la polica y el otro de un mdico, de forma que estacion el mo al lado. En cuanto apagu el motor pude or por encima de los ronquidos de Esmeralda una extraa cacofona que proceda de la casa: gritos, rugidos, chillidos, llantos y gemidos y rechinar general de dientes. Supuse y luego vi que tena razn que la desaparicin de Esmeralda no haba pasado inadvertida. Fui a la puerta principal que estaba entreabierta, agarr el llamador freudiano que representaba una mano con una bola y llam muy fuerte. El escndalo de dentro continu al mismo volumen. Volv a llamar y sigui sin venir nadie. Agarr con decisin el llamador y golpe la puerta con tal ferocidad que tem se saliera de sus goznes. Durante un momento ces el gritero en el interior y al cabo de un momento abri la puerta una de las jvenes ms bellas que he visto en mi vida. Tena la melena despeinada, pero eso no haca sino darle ms encanto, pues era de ese intenso color crepsculo que toda hoja otoal intenta lograr y raras veces consigue. El sol le haba tocado e iluminado la piel, de forma que sta tena la calidad de una seda color melocotn. Sus ojos eran enormes, una mezcla maravillosa de verde y oro bajo unas cejas oscuras como las alas de un albatros. La boca sonrosada tena la forma y la textura que hacen titubear incluso al ms fiel de los maridos. De sus ojos magnficos caan lgrimas del tamao de diamantes de veintids quilates, que le baaban las mejillas. Monsieur? interrog, secndose las mejillas con el dorso de la mano para enjugar aquellas lgrimas brillantes. Bonjour, mademoiselle dije. Podra ver a monsieur Clot, por favor? Monsieur Clot no puede ver a nadie respondi, tragando saliva, y se le volvieron a saltar las lgrimas. Monsieur Clot est indispuesto. No puede ver a nadie. En aquel momento, al mismo tiempo que se reanudaba el gritero, sali de la parte trasera de la casa un gendarme voluminoso y 15

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panzudo. Tena los ojos negros como moras, una nariz resplandeciente de un rico color vinoso, surcada por una red de venas azules, y sobre la boca entreabierta luca un enorme bigote negro como la piel de un topo muerto. Me ech un vistazo general en el cual se mezclaban perfectamente la sospecha y la malevolencia. Despus se volvi hacia aquella belleza. Madame Clot dijo con una voz pastosa, he de irme ya, pero tenga la seguridad, madame, de que har todo lo posible por desenmascarar a los criminales que han perpetrado este ultraje, los siniestros asesinos que han osado hacer que sus bellos ojos derramen una lgrima. Remover cielo y tierra para llevar a esos bergantes ante la justicia. La contempl como un escolar hambriento mira un donut relleno de crema. Es usted muy amable, inspector dijo ella, ruborizndose. Nunca lo suficiente si es por usted, nunca respondi y, tomndole la mano, la apret contra su bigote, del mismo modo que, en los viejos tiempos, un caballero habra ayudado a una seora con su manguito. Pas a mi lado, se incrust en el coche y, con un chirrido cacofnico de la caja de cambios, se march en medio de una nube de polvo, cual San Jorge en busca de un dragn. Madame dije yo, ya veo que est usted disgustada, pero quiz yo pueda ayudarla. Nadie puede ayudarme... es intil exclam, y volvieron a saltrsele las lgrimas. Madame, si mencionara yo el nombre de Esmeralda, le dira algo? Se apoy en la pared, contemplndome con aquellos preciosos ojos. Esmeralda? pregunt con voz ronca. Esmeralda dije yo. Esmeralda? repiti. Esmeralda asent. Se refiere usted a Esmeralda? susurr. Esmeralda, la cerda dije yo para dejar las cosas bien claras. De manera que es usted el diablo en forma humana: es usted el diablo que ha robado a nuestra Esmeralda grit. Madame, si me permite explicrselo... comenc. Ladrn, atracador, bandido gimi, y se fue corriendo por el pasillo gritando: Henri, Henri, el ladrn est aqu, y pide un rescate por tu Esmeralda. La segu hasta llegar a la habitacin que haba al final del pasillo, deseando que todos los cerdos estuvieran en el Purgatorio. All me encontr con un espectculo asombroso. Un joven fuerte y guapo y un caballero regordete y canoso con un estetoscopio al cuello intentaban contener a alguien interpret que sera monsieur Clot que trataba de incorporarse desesperadamente desde su posicin yacente en una chaise-longue color morado. Era alto, esbelto como un junco y llevaba un traje de pana negra y una enorme boina del mismo color. Pero su atributo ms llamativo era 16

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la barba. Tratada con mimo, cuidadosamente lavada y recortada y veteada de cabellos negros y gris acero, le llegaba hasta el ombligo. Dejad que me cargue a ese hijo mal parido de Satans gritaba monsieur Clot, tratando de levantarse de la chaise-longue. Su corazn, su corazn, recuerde su corazn gritaba el mdico. S, s, recuerda tu corazn chillaba madame Clot. Ya me ocupo yo de l, monsieur Clot dijo el joven apolneo, contemplndome con unos feroces ojos azul genciana. Pareca ser esa clase de joven musculoso capaz de enderezar una herradura con slo los dedos meiques. Dejdmelo a m, dejadme que le arranque la yugular gritaba monsieur Clot, maldito ladrn hijo de puta. Su corazn, su corazn gritaba el mdico. Henri, Henri, clmate chillaba madame Clot. Le voy a sacar las tripas dijo el joven musculoso. Lo malo de los franceses es que les encanta hablar, pero no escuchar. A veces le da a uno la clara impresin de que ni siquiera se escuchan a s mismos. Cuando uno se mete en un escndalo como se entre ciudadanos franceses no se puede hacer ms que una cosa. Gritar ms que ellos. Llen los pulmones al mximo y rug: Silencio! Y el silencio cay como si hubiera empleado una varita mgica. Monsieur Clot dije con una inclinacin, permtame aclararle que no soy ni un asesino ni un bandido y, tampoco, que yo sepa, un hijo de puta. Dicho esto, creo que puedo manifestarle que tengo en mi poder una cerda cuyo nombre, segn creo, es Esmeralda. Ahhhh! grit monsieur Clot, al ver confirmados sus peores temores. Silencio! rug, y volvi a caer en la chaise-longue con una mano delicada, fina y perfectamente arreglada, abierta como una mariposa, sobre la parte de su anatoma en la cual sospechaba qu tena el corazn. Me encontr con Esmeralda en el bosque segu diciendo. Comparti mi comida y despus, cuando averig en el pueblo quin era su propietario, vine a traerla. Esmeralda aqu? Esmeralda de vuelta? Dnde? Dnde? grit monsieur Clot tratando de incorporarse. Calma, calma dijo el mdico. Recuerde su corazn. La tengo fuera, en mi coche respond. Y... y... qu pide como rescate? pregunt monsieur Clot. No pido ningn rescate respond. Monsieur Clot y el mdico intercambiaron unas miradas elocuentes. Ningn rescate? pregunt monsieur Clot. Es un animal muy valioso. Un animal que no tiene precio dijo el mdico. Un animal que vale cinco aos de sueldo dijo el joven musculoso.

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Un animal que vale ms que las joyas de la corona de la Reine Isabel aadi madame Clot, introduciendo un punto de vista femenino con cierta exageracin para dejar bien sentadas las cosas. Aun as, no pido ningn rescate dije decidido. Me contento con devolvrsela. No pide ningn rescate? pregunt monsieur Clot. Casi pareca que lo hubiera insultado. Nada respond. Monsieur Clot mir al mdico, que, sencillamente, con las manos abiertas, se encogi de hombros y dijo: Voila les Anglais. Monsieur Clot se liber de la presa del mdico y del joven musculoso y se levant. Entonces, monsieur, tengo una deuda enorme, enorme, con usted dijo quitndose la boina y ponindosela sobre el corazn, con una inclinacin de cabeza. Despus volvi a ponerse la boina cuidadosamente, cruz corriendo la habitacin como una marioneta mal manejada y me abraz. Su barba susurraba como la seda en mis mejillas mientras me besaba con toda la vehemencia que slo un francs puede exhibir al besar a un miembro del mismo sexo. Mon brave, mon ami dijo estrechndome los hombros, mirndome profundamente a los ojos, Con lgrimas como renacuajos transparentes en aquella magnfica barba, llveme a mi amada. As que salimos, despertamos a Esmeralda y sta sali del coche para recibir los abrazos, las caricias y los besos de todos, incluido el mdico. Despus, todos nosotros incluida Esmeralda volvimos a la casa, donde monsieur Clot insisti en abrir una de sus mejores botellas de vino (un Chteau Montrose de 1952) y brindamos por la mejor cerda entre los cerdos, a quien madame Clot estaba dando galletitas de chocolate. Monsieur Durrell dijo monsieur Clot, quiz piense usted que hemos armado un escndalo exagerado en torno a la desaparicin de Esmeralda. De ningn modo respond, es terrible perder una mascota as. Es ms que una mascota dijo monsieur Clot, con voz tranquila y reverente, es la campeona de los cerdos truferos de Prigord. Ha ganado quince veces la copa de plata a la nariz ms sensible de todos los cerdos del distrito. Puede haber una trufa a veinte centmetros bajo la superficie del bosque y a cincuenta metros de Esmeralda y siempre la encuentra. Es como... es como... bueno, es como el Exocet de los cerdos. Notable coment. Maana a las ocho de la maana, si tiene usted la bondad de venir, llevaremos a Esmeralda al bosque y podr usted ver las facultades que posee. Y despus, nos encantara que nos hiciera el honor de quedarse a almorzar. He de decir que mi esposa, Antoinette, es una de las mejores cocineras de la regin. No slo la mejor, sino tambin la ms guapa dijo el mdico, galante.

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Efectivamente dijo el joven musculoso, lanzando a madame Clot una mirada de adoracin tan ardiente que no me sorprendi enterarme de que se llamaba Juan. Ser un placer y un honor dije y, tras apurar el vino, me desped. Al da siguiente haca una maana fresca y soleada, con un cielo tan azul como un nomeolvides y jirones de niebla enredados entre los rboles. Cuando llegu a la granja, monsieur Clot daba desordenadamente los ltimos toques a Esmeralda. Le haban frotado las pezuas con aceite de oliva (virgen), le haban cepillado la piel minuciosamente y le haban puesto un colirio especial en los ojillos. Despus lleg el ltimo detalle. Sacaron un diminuto frasquito de Joy y le pusieron unas gotas de perfume detrs de cada una de las enormes orejas. Por ltimo, le colocaron un bozal blando de ante en el morro para desalentar cualquier posible inclinacin a devorar las trufas que encontrase. Voil dijo monsieur Clot triunfante, blandiendo su pauta para las trufas. Ya est lista para la caza. Las horas siguientes fueron muy instructivas, pues yo nunca haba visto actuar a un cerdo trufero, y menos an a uno tan brillante en aquel arte como Esmeralda. Recorri el robledal que circundaba la granja de monsieur Clot con la lenta dignidad de una vieja cantante de pera que hace su ensima actuacin de despedida. Mientras avanzaba iba canturreando para sus adentros y emitiendo una serie de gruidos en falsete. Por ltimo se detuvo, levant la cabeza con los ojos cerrados y respir hondo. Despus se dirigi a la base de un viejo roble y empez a hundir el morro en la tierra y entre las hojas cadas. Ha encontrado una grit monsieur Clot, y, haciendo a Esmeralda a un lado, hundi a fondo la pala en el suelo del bosque. Cuando la sac tena en ella una trufa del tamao de una ciruela, negra y olorosa. Pese a lo penetrante y agradable del olor de la trufa, no alcanzaba a comprender cmo poda Esmeralda, baada como estaba en Joy, detectar la presencia del hongo. Sin embargo, para demostrar que no era casualidad, durante la hora siguiente ms o menos encontr seis ms, cada una de ellas tan oronda como la primera. Triunfantes, las llevamos a la granja y se las entregamos a madame Clot, que, con la cara arrebolada de un delicado tono rosa, trabajaba en la cocina. Se llevaron a Esmeralda a su inmaculada pocilga, le dieron su recompensa, una barrita de pan partida por la mitad untada de queso, y monsieur Clot y yo nos fuimos a disfrutar de un Kir. Al cabo de un rato madame nos llam a la mesa. Juan creo que en mi honor se haba puesto chaqueta y corbata, y monsieur Clot se haba quitado la boina. El primer plato, servido en unos encantadores cuencos de cermica tan finos, frgiles y marrones como hojas de otoo, fue un delicado caldo de pollo, con finas lascas de cebolla y yema dorada de huevo nadando en l. A ello sigui una gran trucha, cuidadosamente rellena con una mousseline de castaas e hinojo cortados muy finos, acompaada de guisantes nuevos, dulces como 19

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el azcar, y patatas diminutas en un lecho de hierbabuena. Aquello no era ms que la introduccin al momento final, al plato que todos estbamos esperando. Madame Clot se llev los platos y trajo otros nuevos, calientes como panes recin horneados. Monsieur Clot, con una ceremonia silenciosa, descorch diestramente un Chteau BraneCantenac de 1957, oli el corcho, dej caer unas gotas en una copa limpia y lo sabore durante un momento. Me record, irresistiblemente, a Esmeralda con su queso. Hizo un gesto de asentimiento y despus nos sirvi el vino, rojo como sangre de dragn. En aquel momento, como si todo estuviera medido, entr madame desde la cocina, con una bandeja en la que reposaban cuatro cilindros de frgil hojaldre, amarillo como el maz maduro. Coloc uno cuidadosamente en cada uno de nuestros platos y todos nos mantuvimos en silencio, como si estuviramos en la iglesia. Lentamente, monsieur Clot levant la copa, brind primero por su bella esposa, despus por m y despus por Juan. Todos tomamos un sorbo de vino y nos enjugamos la boca con l, preparando las papilas para la degustacin. Se levantaron cuchillos y tenedores, cay el frgil envoltorio de hojaldre, como la cascara de una nuez, y all estaba la trufa, negra como el carbn, mientras desde el interior del hojaldre llegaba una fragancia increble, el aroma de un milln de bosques en otoo, rico, provocativo y totalmente distinto de cualquier otro sabor u olor del mundo. Comimos en reverente silencio, pues incluso los franceses dejan de hablar cuando estn comiendo. Cuando se me derriti en la boca el ltimo trozo, levant mi copa. Madame Clot, monsieur Clot, Juan, permtanme que haga un brindis. Por Esmeralda, la cerda mejor del mundo, un ejemplo para los cerdos. Gracias, gracias, monsieur dijo monsieur Clot, con voz temblorosa y lgrimas en los ojos. Nos habamos sentado a la mesa exactamente a las doce, pues, como es bien sabido en los crculos mdicos franceses, si el almuerzo se deja para despus del medioda, puede resultar instantneamente mortfero para el ciudadano francs. El banquete que nos haba preparado madame Clot fue tal que, cuando estaba terminando el souffl de ciruelas verdes con nata, al que sigui un delicioso queso de Cantal, no me sorprendi mirar el reloj y ver que eran las cuatro. No quise caf ni coac; dije que tena que irme y que haba sido la comida ms memorable de mi vida. Ped y obtuve permiso para besar tres veces a madame Clot en sus mejillas de damasco (una vez por Dios, otra por la Virgen Mara y otra por el Nio Jess, como alguien me haba dicho una vez), dej que Juan me triturase la mano y permit que monsieur Clot me envolviera en su barba. Antes de salir obtuvo mi promesa de que la prxima vez que volviera a detenerme en el pueblo permitira a madame Clot que me hiciera otra comida, lo cual acept con mucho gusto. Un ao despus, cuando me diriga al sur de Francia, al aproximarme a la regin del Prigord record con cierta culpabilidad a monsieur Clot y a Esmeralda, y mi promesa de visitarlos. As que

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encamin el coche hacia Petit Monbazillac-sur-Ruisseau y no tard en llegar a Los Tres Pichones. Jean estuvo encantado de verme. Monsieur Durrell exclam, creamos que se haba olvidado de nosotros. Qu alegra verlo de nuevo. Tiene usted una habitacin para un par de noches? pregunt. Pues claro, monsieur respondi, la mejor de la casa. Despus de instalarme en una habitacin pequea pero cmoda y cambiarme de ropa, baj al bar a tomar un pastis. Dgame, cmo les han ido las cosas a usted y a mis amigos desde la ltima vez? pregunt. Cmo estn madame y monsieur Clot y Esmeralda? Jean dio un respingo y me mir con los ojos desorbitados. No se ha enterado monsieur? pregunt. Enterarme? Enterarme de qu? pregunt. Acabo de llegar. Para toda la gente que vive en pueblos remotos, las noticias locales tienen la mxima importancia y no comprenden que uno no est al tanto de ellas. Es terrible, terrible dijo con la alegra de todos los que comunican malas noticias. Monsieur Clot est en la crcel. En la crcel! dije asombrado. Por qu? Qu ha hecho? Batirse en duelo dijo Jean. Que monsieur Clot se ha batido en duelo? pregunt sorprendido. Con quin, por el amor del cielo? Con Juan dijo Jean. Pero, por qu? Porque Juan se escap con madame Clot respondi Jean. Increble dije, aunque en mi fuero interno pens que no era tan increble, porque Juan era un chico atractivo y monsieur Clot tena casi setenta aos. Y todava hubo algo peor dijo Jean, bajando la voz en un susurro de conspirador. Peor? Peor. Qu puede ser peor que escaparse con la mujer de otro? interrogu. Una semana despus de la fuga, Juan volvi y rob a Esmeralda. No! exclam. S, monsieur. Claro que Juan es espaol aadi Jean, como si eso lo explicara todo. Qu pas entonces? Monsieur Clot hizo lo que cualquier hombre honorable y valiente: los sigui y desafi a Juan a un duelo. Juan es de Toledo, de forma que naturalmente eligi el florete. Poco saba, siendo tan joven, que monsieur Clot haba sido campen de esgrima. As que al cabo de unos segundos monsieur Clot haba pinchado a Juan en el pecho, justo al lado del corazn. Durante varios das Juan estuvo en peligro de muerte, pero ahora est empezando a recuperarse. Y cundo ocurri todo eso? La semana pasada, y ahora tienen a monsieur Clot preso en la crcel de Sainte-Justine hasta que vayan a juzgarlo. 21

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Pobre hombre. Tengo que ir a verlo dije. A l le encantar verlo a usted, seor asinti Jean. De forma que al da siguiente fui a la crcel con el nico regalo que se le puede hacer a un francs encarcelado por tentativa de asesinato, una botella de whisky J & B. Estaba sentado en el borde de la cama de hierro de su celda, leyendo un libro. Por desgracia, ya no era el inmaculado monsieur Clot que yo haba conocido. Llevaba una camisa sin cuello, de presidiario, al igual que los pantalones de algodn deshilachado y arrugado, y las zapatillas. No tena cinturn ni corbata con los que pudiera haber tratado de suicidarse, de haber sido el tipo de hombre capaz de tal cosa. Sin embargo, tena el pelo tan inmaculado como siempre, al igual que su esplndida barba, cuidadosamente peinada y lavada. Los finos dedos con que sostena el libro estaban inmaculadamente limpios y arreglados de forma tan cuidadosa como de costumbre. Aqu tiene usted un visitante, monsieur Clot dijo el guardin, abriendo la puerta de barrotes. Monsieur Clot levant la vista asombrado y despus se le ilumin la cara al dejar apresuradamente el libro a un lado y levantarse de un salto. Pero, monsieur Durrell grit encantado, qu sorpresa, qu honor, qu maravilla verlo a usted. Me estrech la mano con las dos suyas, gesto quiz imprudente, pues al inclinarse para darme un abrazo se le cayeron los pantalones como un acorden hasta los tobillos. Pero ni siquiera esa catstrofe le hizo perder el nimo. Esos idiotas creen que me voy a matar con el cinturn. Pero digo yo, monsieur Durrell, es que un hombre de mi reputacin, de mi categora en esta comunidad, un hombre educado y bastante conocido, se rebajara a cometer un acto tan vulgar, el acto de cobarda de un artesano de la ms baja clase? Puag! dijo, y con un corts gesto a la antigua indic que poda sentarme en la cama. Me alegro mucho de verlo sigui diciendo, incluso en este lugar menos que recomendable. Ha sido usted muy generoso en venir. Mucha gente de su posicin habra titubeado antes de visitar a alguien en la crcel, aunque fuera una persona de mi reputacin. En absoluto contest. He venido en cuanto Jean me lo dijo. Todo esto me preocupa mucho. Sin duda, sin duda asinti con un gesto ampuloso que imprimi ondulaciones a su barba. Yo mismo estoy muy preocupado. Me fastidia hacer algo mal, no estoy acostumbrado y lamento mucho mi fracaso. Su fracaso? pregunt confuso. Qu fracaso? No haberlo matado, naturalmente dijo monsieur Clot, abriendo mucho los ojos de asombro ante mi falta de comprensin de tamao error. No lo dir en serio? pregunt. S dijo con firmeza. Ojal hubiera apuntado bien para haberlo matado all mismo. Puag!

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Pero, monsieur Clot, si lo hubiera matado, no tendra escapatoria. Mientras que ahora lo tratarn como un crimen pasional y le impondrn una sentencia leve. Un crimen pasional? No comprendo dijo monsieur Clot. Bueno, l le quit a su bella esposa y yo dira que eso es motivo suficiente para hacer lo que hizo usted. Cree usted que me he batido en duelo y me he jugado la vida por mi esposa? pregunt asombrado. No es as? pregunt atnito. No dijo sin ms, dando un puetazo en la cama. No fue as. Entonces, por qu diablos lo desafi usted a duelo? pregunt. Por mi cerda, naturalmente, por Esmeralda respondi. Por su cerda? pregunt incrdulo. No fue por su esposa? Monsieur Clot se inclin hacia adelante y me mir muy serio. Monsieur Durrell, esccheme bien. Uno siempre puede sustituir a una esposa, pero una buena cerda trufera como Esmeralda... imposible! dijo muy convencido.

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Fred, o un toque del clido sur

En dos ocasiones me he aventurado (grave imprudencia ma) a hacer giras de conferencias por los Estados Unidos de Amrica. En esas ocasiones me enamor totalmente de Charleston y San Francisco, detest Los Angeles nombre mal aplicado donde los haya , me sent estimulado por Nueva York y aborrec Chicago y Saint Louis. Durante mis peregrinaciones me ocurrieron muchas cosas extraas, pero la experiencia ms extraa de todas no la tuve hasta que me aventur al sur de la divisoria Mason-Dixon. La Liga Literaria de Memphis, Tennessee, me haba pedido que les diera una charla sobre la conservacin de la naturaleza. La Liga me comunic, con una cierta autocomplacencia, que deba alojarme nada menos que en casa de la tesorera adjunta, una tal Magnolia Dwite-Henderson. Ahora bien, cuando estoy dando conferencias me fastidia alojarme en casas de desconocidos. Muchas veces me dicen: Bueno, ya lleva usted tres semanas de viaje y sabemos que tiene que estar sencillamente agotado, exhausto, debilitado. Con nosotros va a descansar de verdad. Esta tarde no van a venir ms que cuarenta de nuestros amigos ms ntimos a cenar y seguro que a usted le van a encantar. Tan slo una reunin tranquila y relajada de amigos nuestros, pero que estn sencillamente locos por conocerlo a usted. Uno de ellos incluso ha ledo sus libros. Sabiendo por amarga experiencia que esto puede suceder y sucede, sent una cierta alarma cuando la Liga Literaria me envi a casa de la seora Magnolia Dwite-Henderson. As que la telefone con la esperanza de, con la mayor cortesa posible, poder liberarme e ir en cambio a un hotel. Respondi al telfono una voz profunda y sonora, el tipo de voz que tendra un viejo oporto si pudiera hablar. Hablando la residencia de la sita Magnolia enton. Con quin habla ya? Me llamo Durrell y deseara hablar con la seora DwiteHenderson respond. Puas no cuelga dijo la voz y voy a buscala. Se produjo una larga pausa y despus me lleg una voz tintineante y sin aliento, como una caja de msica. Seor Diurrel, es ustez? pregunt. Aqu habla Magnolia Dwite-Henderson. Encantado de tener la oportunidad de hablar con usted, seora Dwite-Henderson salud.

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Ay Dios mo tintine, qu arcento, qu ARcento... es lo ms maravilloso que he odo. Es igual que hablar con sir Lawrence Olivier. De verdad que me hace temblar hasta el colodrillo. Gracias respond. Me acaban de decir de la Liga que han obligado a usted a darme alojamiento. Creo que es un verdadero abuso y preferira con mucho quedarme en un hotel y no molestarla. Molestarme a m? chill. Pero, corderito mo, es un honor que venga ustez a esta casa. No le permitira quedarse en un hotel, donde nunca barren debajo de las camas ni vacan los ceniceros. Ira contra todo lo que representa la autntica hospitalidad del Sur. Ni siquiera a un yanqui le permitira que se quedara en un hotel si viniera aqu a dar una charla... Claro que tampoco tienen mucho que decir. Son pura filfa, como deca mi pap, slo que l empleaba una palabra ms fuerte. Se me hundi el nimo. No se me ocurra cmo librarme de parar en casa de la seora Dwite-Henderson sin ofender su hospitalidad surea. Es usted muy amable dije. Mi avin llega a las cuatro y media, de forma que podra estar en su casa a las cinco. Maravilloso! dijo. Llegar ustez justo a tiempo para mi t especial: todos los jueves vienen a tomar el t mis cinco mejores amigas y naturalmente estn deseosas de conocer a ustez. Logr reprimir un gruido. Bueno, entonces hasta las cinco me desped. Me muero de ganas de conocerle dijo ella. Colgu el telfono y fui a coger mi avin con cierto desasosiego. Dos horas ms tarde estaba en el profundo Sur, la tierra del algodn, los caupes, la batata y por desgracia Elvis Presley. Me sac del aeropuerto un taxi conducido por un hombretn que fumaba un gran cigarro del mismo color aproximadamente que su piel. Ustez de Boston? pregunt cuando ya llevbamos recorrido un buen trecho. No respond por qu se lo parece? Arcento dijo sucintamente; su arcento. No dije, soy de Inglaterra. De verd? pregunt. Inglaterra, eh? S dije. Cmo va la Reina? pregunt. Creo que le va maravillosamente respond, tratando de adoptar el talante del profundo Sur. S dijo en tono reflexivo, toda una mujer, esa Reina... tiene un par de pelotas, digo yo. No dije nada. Como comentario acerca de la familia real, consider que esa observacin lo deca todo. La residencia de la seora Magnolia Dwite-Henderson era una especie de mansin colonial a escala reducida, con casi una hectrea de jardn muy cuidado y con unas blancas columnatas hasta las que trepaban enormes cantidades de azaleas prpura. La puerta principal, que deba de medir tres metros y medio por uno veinte, tena un enorme llamador de latn tan limpio que reluca como una llamarada. 25

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Al llegar el taxi abri de par en par aquella hermosa puerta un caballero enorme y muy negro con el pelo blanco, que llevaba un chaqu con pantalones a rayas. Pareca como si pudiera ser el embajador acreditado de prcticamente cualquier nacin recin independizada. Con la profunda y sonora voz de oporto que recordaba yo del telfono, dijo: Se Diurel, bienvenida a la residencia de sita Magnolia y despus aadi como recordando: aqu Fred. Mucho gusto, Fred dije. Se encarga usted del equipaje? Toda cosa controlada dijo Fred. El taxista haba dejado mis dos maletas en la gravilla del camino y se haba ido. Fred las contempl como si fueran basura. Fred pregunt, interesado, siempre va as vestido? Se contempl, desdeoso, el atavo. Na dijo, pera sita Magnolia dice que tengo que recibir con traje tradicional. O sea que este es el traje tradicional de Memphis? pregunt. No, se dijo con tono amargo, es traje tradicional de donde viene ustez. Suspir. Fred le dije, hgame un favor. Qutese esa ropa. Me halaga mucho que se la ponga por m, pero me halagar todava ms si se la quita por m y se viste de forma ms cmoda. Le brill una gran sonrisa en la cara. Fue como si se hubiera levantado por un instante la tapa de un piano de cola. Segura que s, se Diurel dijo agradecido. Pas al fresco recibidor, que ola a cera para muebles, flores y hierbas aromticas, y al poco lleg caminando a saltitos la sita Magnolia para saludarme, como una voluta de humo vestida de chiffon y llena de perfume, tintineante de joyas, delicada como un vilano, con ojos azules como platos y con la fina piel del cuello colgante como banderas de victoria que festejaban la supervivencia de la dama. Tena unas ojeras del tamao de nidos de golondrina y le surcaba la cara una red de arrugas tan intrincada como una tela de araa, mientras que el pelo tena ese tono extraordinario de azul elctrico que muchas mujeres estadounidenses obtienen cuando han pasado de mala gana de tener los cuarenta a tener los cincuenta. Seor Diurel dijo tomndome la mano en las dos frgiles suyas, que parecan hechas de huesos de pollo y pergamino fino. Seor Diurel, mi ms cordialsima bienvenida. Es un gran honor tenerlo a ustez en esta casa. Es un honor para m estar aqu, seora respond. Fred apareci de repente como una gran nube negra y ominosa en una tarde soleada. Sita Magnolia anunci. Voy a quitarme esta ropa. Fred! exclam, escandalizada. No me parece prudente ni decente. El se Diurel me la ha dicho observ Fred, con lo cual me implicaba a m. Oh! exclam sita Magnolia, asombrada. Bueno, supongo que entonces eso cambia. Pero estoy segursima de que el seor 26

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Diurel no quera que te quitaras la ropa as de pronto. En todo caso no aqu, donde podra verte la ta abuela Dorinda. La voy a quita en privado en mi propia cuarto dijo Fred, y se march. Dios mo, por qu querr desvestirse? pregunt sita Magnolia .Sabe ustez, cuanto ms tiempo se vive con la gente ms complicadsima se pone. Empec a experimentar esa sensacin de Alicia en el Pas de las Maravillas que siempre me invade cuando llego a Grecia. Hay que tirar la lgica por la borda y dejar que flote aunque a distancia prudente durante un tiempo. Hace maravillas por las clulas cerebrales. Seor Diurel, corderito mo dijo, tomndome la mano con ms firmeza, debe ustez estar mundose de ganas de tomar algo. Bueno, no me importara respond. Un poco de whisky con... Shhhhh me interrumpi. Podra orle Fred. Es as de contrario a la bebida desde que se volvi a casar e ingres en esa Iglesia de la Segunda Revelacin, que es nuevsima. No tiene ustez idea. Se pasa el tiempo diciendo que las bebidas fuertes enloquecen y acusando a todos de fornicar, incluso a m. Bien, soy la primera en reconocer que en mi poca me gustaba flirtear, pero le aseguro que jams de los jamases se me meti en la cabeza la idea de fornicar. El seor Dwite-Henderson jams lo hubiera permitido. Era muy partidario de la virginidad. Empec a renunciar a la idea de un Bloody Mary. Me llev a la sala y despus fue corriendo a un atractivo mueble-bar. Algo de beber dijo. Algo de beber para subir el nimo. Abri el mueble-bar y vi con gran alarma que no contena ms que botellas abiertas de Coca-Cola. Qu le agradara? me pregunt en un susurro vodka, whisky, bourbon, ginebra? Un whisky escocs respond, un tanto asombrado. Fue recorriendo las botellas con el dedo y por fin escogi una, la oli, sirvi una medida bastante generosa en mi copa, aadi hielo y un poco de agua de Perrier y me la pas. Esta Coca-Cola es de la mejor aadi sonriente y no molesta a Fred. El whisky era excelente. Sub a mi habitacin, me duch, me cambi de ropa y empec a bajar la escalera para hacer frente al t de sita Magnolia. En el descansillo se abri una puerta y apareci un hombre alto de aspecto cadavrico que llevaba puesta una bata de terciopelo negro con vivos rojos y un sombrero de Panam. Caballero, hay noticias? me pregunt. De qu? pregunt. De la guerra, caballero, de la guerra. Le aseguro que ser un mal da para el Sur si ganan ellos me respondi, y, dndose la vuelta, volvi a su habitacin y cerr la puerta. Segu bajando las escaleras, un tanto estupefacto. Ay, es ustez un encanto dijo sita Magnolia, envolvindome en un frgil abrazo de prendas finas y lustrosas y un perfume que 27

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mareaba. Me alegro tanto de que est ustez aqu. Y estoy segursima de que estar ustez muy contento cuando conozca a estas queridas amigas mas, tan encantadoras. Llegaron como dicen que entraron los animales en el Arca de No, de dos en dos. Sita Magnolia las present como un jefe de pista en un circo. Bien, aqu sita Florence Mayor Causa. Naturalmente, los Mayor Causa son muy conocidos. Cuando estuvieron reunidas las cinco, me dieron la sensacin de un macizo de flores animado hablando en un idioma desconocido. Aqu aadi sita Magnolia Marigold Nasta... Hice una grave reverencia. Y aqu sita Melancola Deliciosa. Me gust mucho desde el principio la seorita Melancola Deliciosa. Pareca un bulldog al que por error se hubiera metido en una mquina de lavar. Aun as, consider que toda mujer que hubiera sobrevivido toda su vida con el nombre de Melancola Deliciosa exiga mi apoyo masculino. Eran todas mgicas. Frgiles como algo rescatado por un arquelogo de las tumbas de Egipto, parlanchinas como pajaritos, tan cohibidas como muchachas en su primer baile. Pero tras superar el nerviosismo y la novedad de mi intrusin, volvieron a la ordenada vida a la que estaban acostumbradas. Os habis enterado de lo de Graha-ham? pregunt una de ellas. Todas adelantaron el cuerpo como buitres que ven moverse a un len que quiz abandona ya su presa. Qu ha pasado con Graha-ham? preguntaron todas encantadas. Bueno, pues que Graha-ham se ha escapado con Patsy Donahue. No puede ser! Pues s. No puede ser! Pues s, y ha abandonado a esa adorable Hilda solita con tres hijos. Hilda era de la familia Watson, no?, antes de casarse. S, pero los Watson eran una gente muy mezclada. El abuelo Watson fue el que se cas con aquella chica Ferguson. Dices la de los Ferguson que vivan cerca de la Isla Mud? No, no, esos son los Ferguson de East Memphis. Su abuela era de la familia Scott hasta que se cas con el seor Ferguson, y su ta era pariente de los Tellymare. No te referirs al viejo Tellymare que se suicid? No, se era su primo Arthur, el cojo. Fue en 1914. Aquello era como escuchar una amalgama del Almanaque de Gotha, Debrett y el Registro Social ledos en voz alta y simultneamente. Aquellas ancianas podan seguir la pista de cualquiera y sus antepasados, hasta la quinta generacin y ms all, con la tenacidad de un perdiguero. Graha-ham y sus aventuras con 28

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Patsy se perdieron en una confusin genealgica con todas las complicaciones de un plato de spaghetti. Fue el primo Albert de los Tellymare el que se cas con aquella Nancy Henderson que se divorci de l porque se prendi fuego seal sita Melancola Deliciosa. El grupo asimil impertrrito aquella extraordinaria informacin. No era una de las gemelas Henderson, esas que tenan el pelo rojo y aquellas pecas tan feas? S, y su prima fue la que se cas con aquel Breverton y despus le peg un tiro seal sita Marigold. Una familia muy poco satisfactoria dijo sita Magnolia. Voy a buscar el t. Reapareci al cabo de un momento con una gran bandeja de plata en la que reposaba una gigantesca tetera tambin de plata, finas tazas de porcelana y dos cuencos de plata, uno con cubitos de hielo y el otro con rajas de limn. No hay como el t cuando hace tantsimo calor dijo sita Magnolia, poniendo limn y cubos de hielo en una taza y pasndomela. La acept, preguntndome por qu todas las seoras me contemplaban con aire expectante. Me llev la taza a los labios, tom un sorbo y me atragant. La taza contena bourbon puro. Le complace? pregunt sita Magnolia. Excelente asent. Entiendo que no lo hizo Fred. Ah, no dijo sita Magnolia, sonriente, siempre hago el t yo misma. Ya sabe ustez que da menos trabajo. Mi pap siempre me deca que el t fro serva para la carne dijo sita Marigold, de forma un tanto misteriosa. La pequea sita Lillibut (recordaris que estaba casada con Hubert Crumb, uno de los Crumb de Mississippi, que estaban emparentados polticamente con los Ostler) dijo sita Melancola, pues bien, siempre se lavaba la cara con t helado y tena un cutis como un melocotn, como un autntico melocotn. Sita Ruby Mackintosh, que era una de los Mackintosh escoceses que vinieron de Escocia y se casaron con la familia Mackinnon, y el viejo Mackinnon era tan pendenciero que llev a su mujer a la tumba (era una de las chicas Tenderson, cuya madre era una Outgrabe de Minnesota), pues bien, sita Ruby siempre deca que no haba nada como nata y aceite de anacardo para la piel dijo sita Marigold. No eran los Mackintosh parientes de los Quinser? pregunt sita Magnolia. S, el to de sita Ruby se cas con una Quinser, la que tena problemas de pie cavo y un tipo como un saco de patatas dijo sita Melancola. Decid interrumpir aquel ensoamiento genealgico. Sita Melancola dije tiene usted un nombre muy atractivo. Cmo se lo pusieron? Me mir asombrada. Bautismo dijo por fin. Pero quin escogi ese nombre? pregunt. 29

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Mi pap dijo. Es que quera un nio. Pas otra hora en medio de una niebla de bourbon y un revoltillo de apellidos y familias. Por fin las damas se levantaron un tanto tambaleantes para despedirse. Bueno dijo sita Magnolia cuando desaparecieron en medio de un enjambre de besos y de encantadsimas de conocerlo a ustez. Voy a subir a ver su cuarto. Pero mi cuarto est muy bien protest. Est perfecto. Me gusta comprobar las cosas yo misma dijo sita Magnolia en tono ominoso. Fred ya tiene ochenta y nueve aos y no se fija tanto como antes. Ochenta y nueve aos? pregunt incrdulo. Desde luego dijo sita Magnolia, empezando a subir las escaleras. El veintids de diciembre cumplir los noventa. Antes de que pudiera hacer ningn comentario apareci escaleras arriba el caballero de la bata de terciopelo, blandiendo un sable grande y de aspecto muy afilado. Estn incendiando Atlanta grit. Dios mo dijo sita Magnolia, ha vuelto a ver ese maldito vdeo de Lo que el viento se llev. Maldigo la hora en que el primo Cuthbert se lo regal por Navidad. Van a llegar en cualquier momento grit el hombre del sable. Me permite presentarle al to abuelo Rochester? pregunt sita Magnolia. Has enterrado la plata? pregunt el to abuelo Rochester. No queda mucho tiempo. Record que durante la Guerra de Secesin los sudistas se pasaban casi todo su tiempo libre enterrando la plata de la familia por si se la robaban los malditos yanquis. S, s, corderito, no te preocupes. Ya he enterrado la plata respondi sita Magnolia en tono tranquilizador. Van a llegar en cualquier momento reiter el to abuelo Rochester. Combatiremos hasta el ltimo hombre. No hay motivo para que te intranquilices dijo sita Magnolia. Tengo la garanta personal del general Jackson de que no van a tomar Memphis. Jackson? coment despectivo el to abuelo Rochester. No le creera aunque me dijese que yo era Lincoln. Consider que esta observacin confunda un tanto las cosas. Bueno, pues me lo ha dicho a m dijo sita Magnolia y espero que en m s confes. T no me has dicho que yo era Lincoln dijo el to abuelo Rochester con un repentino golpe de perspicacia. Para gran susto mo, el to abuelo Rochester lanz el sable al aire, lo agarr diestramente por la hoja y me lo pas con la guarda por delante. Tome ustez la primera guardia me dijo. Despirteme a media noche o antes si es necesario. Puede confiar en m, caballero asent.

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Hay que combatir hasta la muerte dijo con voz grave, volviendo a entrar en su habitacin y dando un portazo. Ya podemos ir a inspeccionar su habitacin dijo sita Magnolia muy contenta. Yo, de ustez pondra esa horrible espada bajo la cama. A veces los gatos hacen mucho ruido en el jardn y resulta muy til para tirrsela. Sita Magnolia examin detenidamente mi habitacin y la encontr de su agrado. Y ahora dijo tengo que ir a inspeccionar el saln. El saln? pregunt extraado. El saln donde va ustez a hablar respondi. Si no lo examino siempre hay alguna transalteracin. Hubo una vez un pobre hombre al que le colocaron todas las diapositivas al revs. Result una charla muy confusa. Preferira que a m no me ocurriese algo as coment, si se puede evitar. Qudese ustez aqu en la sala aadi ella y tmese una Coca-Cola fresquita. En seguida vuelvo. As que me qued en la sala con un poco de bourbon, leyendo el peridico local. De pronto apareci en la escalera una anciana pequeita y regordeta con el pelo de color azul vivo, ataviada con una voluminosa bata verde tan llena de quemaduras de cigarrillo que pareca estar hecha de encaje. Baj canturreando la escalera y chill, asustada, cuando me puse en pie y me vio. Dios mo! chirri, llevndose las manos al amplio seno. Si la he asustado lo siento dije. Me llamo Durrell y estoy invitado en esta casa. Ah, es ustez el ingls que ha venido a darnos la charla dijo sonriente. Un placer grandsimo conocerlo. Soy la ta abuela Dorinda. Mucho gusto, seora respond. No quera nada ms que una Coca-Cola indic, flotando hacia el mueble-bar. Olisque todas las botellas que haba de Coca-Cola hasta que encontr una que le gustaba. Me la llevo a la habitacin. Siento mucho que no est aqu mi marido el seor Rochester, pero est en la guerra; eso que hace tanto ruido. Pero en seguida volver, cuando la haya ganado. No s cuantsimo tiempo le llevar. En realidad no entiendo mucho estas actividades masculinas, pero parece que se divierten y eso es lo principal, no le parece a ustez? Efectivamente, seora respond. Pero, como digo, en seguida vuelve. Claro que no s cuando. Creo que algunas guerras duran ms que otras coment vagamente. Eso me han dicho a m tambin convine. Bueno, est ustez en su casa dijo, y flot escaleras arriba con una sonrisa tmida y abrazada a su botella de Coca-Cola. Un tanto estupefacto ante aquel encuentro, me serv otro bourbon y, al ver que no quedaba hielo, me dirig a la trasera de la casa, donde supona que viva Fred. 31

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Lo encontr vestido con un delantal de fieltro verde, sentado a la mesa de la cocina, en la cual se amontonaba tal cantidad de cubiertos de plata que habra hecho parpadear al Capitn Kidd. Toy limpianda la plata dijo innecesariamente. Ya veo observ. Podra darme algo de hielo? S, se dijo, claro que s. La Coca-Cola caliente es la peor del mundo. Me trajo unos cubitos de hielo y me los puso en la copa. S, se, resulta muy agradable vivir en una casa en que no hay bebidas fuertes. Las bebidas fuertes lo gelven a uno loco. Agarr una bandeja de plata en la que se podra haber baado un nio pequeo y empez a limpiarla. Sorb mi bourbon furtivamente. Tenga una silla, se dijo Fred hospitalario, retirando una. Tenga una silla y sintese un rato. Gracias respond, sentndome con la esperanza de que el fuerte olor de la bebida no llegara a la nariz de Fred. Es ustez religioso? pregunt, muy ocupado en limpiar una plata que ya brillaba tanto que no pareca necesitarlo. Iglesia Anglicana respond. De verd? coment Fred. Eso sera en Inglaterra, no? S respond. Est m cerca el Papa? pregunt Fred. No, relativamente lejos. Esa Papa se pasa la vida besando al suelo coment Fred, meneando la cabeza. No entiendo cmo no tiene una enfermed, con esas costumbras. Son cosas de papas expliqu. Son cosas malas indic Fred con firmeza. No son limpias. No sabe quin ha pasao por all antes de l. Tom una bandeja lo bastante grande para que cupiera en ella la cabeza de San Juan Bautista y empez a trabajar en ella. Yo no era religioso hasta que me salv Caridad indic. Caridad? pregunt extraado. Mi tercera muj explic. Me ense lo que era la Iglesia de la Segunda Revelacin y salv mi alma. Me lo explicaron todo. Todas las cosas malas de este mundo son por culpa de una muj. Quin? pregunt, con la esperanza de que no dijera sita Magnolia. Eva dijo, sa fue. Fue la que cre las bebidas fuertes y la fornicacin. Y cmo invent las bebidas fuertes? pregunt, pensando que, de ser cierto, eso sera ms bien un punto en favor de Eva que en contra. Manzanas dijo Fred. Ese rbol de la ciencia tena manzanas y cuando hay manzanas puede ustez estar seguro que van a hacer sidra. Y seguro que estaba borracha p hacer lo que hizo. Qu hizo? pregunt, ahora ya sin comprender nada. Tena los sesos dislocaos por la bebida explic Fred muy convencido. Qu mujer en su juicio va a ponerse a hablar con una

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serpiente? No, una mujer normal se habra echao a correr p telefonear a la polica y los bomberos. Tuve una visin momentnea pero muy clara del Jardn del Edn con media docena de camiones de bomberos de color rojo vivo y un grupo de policas cercando el Arbol de la Ciencia del Bien y del Mal. S, y adems tuvo la culpa de toda esa superpoblacin que hay ahora, s se. Pero Eva no tuvo muchos hijos protest. Pero qu hicieron sos? pregunt. Qu hicieron, eh? Fornicar, con perdn por la palabra. Fornicar por todas partas. Y claro, tanto fornicar lleva a la superpoblacin. S, la fornicacin y la sidra, por eso los ech el Se. Debo decir que todo aquello me aport una perspectiva totalmente nueva de la cada de Adn y Eva. Si hubiera habida la prohibicin en aquella poca habra servida de algo continu Fred, pero ni siquiera el Se poda pensar en todo. Supongo que no coment pensativo. Para mi gran pesar, mis investigaciones eclesisticas con Fred se vieron abreviadas por la llegada de sita Magnolia, que lleg corriendo a decirme que el saln no estaba en modo ni forma alguna transalterado y que al cabo de una hora se presentara a escucharme la crema y nata de la sociedad de Memphis. Tiene ustez justo el tiempo para una Coca-Cola dijo sugerente. Yo tena la sensacin de que desde mi llegada a Memphis no haba hecho ms que absorber la Bebida de Belceb en grandes cantidades; sin embargo, me ech otro traguito para calentarme antes de comparecer. Mi conferencia fue un gran xito. Me temo que no fue por su fascinante contenido, sino por mi arcento. Verdaderamente, qu arcento me felicit despus un hombretn de cara roja y barba blanca. S, seor, es estupendo. Suena magnfico, ya sabe... como ese to, cmo se llama, s, William Shakespeare. Gracias dije. Ha tenido ustez alguna vez la idea de venirse al Sur y hacerse americano? pregunt. Con un arcento as desde luego que tendra ustez una gran acogida. Le dije que me senta muy complacido; nunca haba tenido esa idea, pero lo recordara. A la maana siguiente, lamento decir que bajo los efectos de una resaca debida a un exceso de hospitalidad surea, en un estado un tanto precario, llegu como pude al piso de abajo para desayunar y me encontr con todo el mundo reunido en torno a una mesa resplandeciente de cubiertos de plata como un arroyo de montaa, servida por Fred. Ah dijo la ta abuela Dorinda, aqu mi marido, el seor Rochester.

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Ya nos conocemos, Dorinda seal el to abuelo Rochester. Este valeroso caballero me ayud anoche a repeler la horda rebelde de yanquis. Debe de haber sido muy agradable para los dos coment la ta Dorinda. A m me parece divino cuando podemos compartir cosas. Ha dormido ustez bien? pregunt sita Magnolia, sin hacer caso de los otros dos. Esplndidamente respond, mientras Fred me serva un minsculo desayuno sureo de seis lonchas de bacon crujientes y fragantes como hojas de otoo, cuatro huevos que brillaban como soles recin salidos, ocho tostadas baadas en mantequilla y una gran cucharada de conserva de limn temblorosa y reluciente. Voy a ver cules son las ltimas noticias dijo el to abuelo Rochester levantndose y ajustndose la bata. Bajars a comer o seguirs combatiendo? pregunt la ta abuela Dorinda. Seora ma, las guerras no permiten apresuramientos dijo severamente el to abuelo Rochester. No, no, ya comprendo respondi la ta abuela Dorinda, era slo por lo del helado. Mujer, tengo cosas ms importantes en la cabeza que un helado coment el to abuelo Rochester. Es de vainilla o de fresa? De fresa dijo la ta abuela Dorinda. Me tomar un par de cucharadas con pastel de nueces respondi el to abuelo Rochester, y se despidi mientras la ta abuela Dorinda iba a la cocina. La verdad es que no s a dnde vamos a ir a parar dijo sita Magnolia hojeando el peridico local. Ahora quieren hacer alcalde a un negro. Mir intranquilo hacia la puerta por la que Fred haba desaparecido. Si quiere que le diga la verdad, nos gobierna una pila de mindundis blancos y de negros; se lo digo de verdad: mindundis blancos y negros aadi sorbiendo el caf. Dgame, sita Magnolia, dada la sensibilidad actual de los negros, le parece prudente hablar as cuando anda cerca Fred? pregunt. Hablar cmo? replic, mirndome con ojazos asombrados. Bueno, pues de negros y esas cosas. Pero Fred no es un negro dijo indignada. Me pregunt durante un instante si quiz era daltnica. No sigui diciendo. Mi bisabuelo compr al padre de Fred all por 1850. Todava tengo el recibo. Fred naci aqu. Fred no es un negro. Fred es de la familia. Renunci a tratar de comprender la mentalidad surea.

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Jubilacin

A lo largo de mis viajes he tropezado con muchas cosas que me han inspirado tristeza y desazn. Pero, entre esa multitud de sucesos, hay uno que tengo grabado y que me llena de pena siempre que lo recuerdo. Era un hombre muy bajito, de estatura no superior a la de un muchacho de catorce aos no muy alto. Pareca tener unos huesos tan frgiles y delicados como las boquillas de las antiguas pipas de arcilla. Tena una cabeza rara colocada sobre un cuello esbelto, como un nfora griega del revs. En ella estaban enmarcados unos gigantescos ojos lquidos, del tamao y la forma de los de una cierva, una nariz tan finamente tallada como el ala de un pjaro y una boca muy bien formada, generosa y compasiva. Sus orejas, finas como el pergamino, eran grandes y puntiagudas, como dicen que las tienen los duendes. Se trataba del capitn escandinavo del buque mercante en el que viajbamos de Australia a Europa. En aquella poca encantadora y remota, se poda viajar en barcos as, que tardaban seis semanas y no llevaban ms que entre ocho y doce pasajeros. No era precisamente el Queen Elizabeth 2. En realidad, era como disponer de un yate personal. Sin embargo, tena sus inconvenientes, porque uno no poda escoger sus compaeros de viaje. Pero entre doce tena la seguridad de conocer por lo menos a dos que tuvieran un vago parentesco con la raza humana y con quien se pudiera establecer una amistad, y en consecuencia no hacer ni caso a los dems, sin ofenderlos por ello. En aquella ocasin concreta yo era el nico pasajero masculino a bordo. Las otras once eran unas ancianas australianas que con mucho parloteo y nerviosismo hacan su primer viaje en barco, su primer viaje a Europa y su primer viaje a la madre patria Inglaterra, donde vive la Reina. De manera que, como cabe imaginar, todo les resultaba tan nuevo y sugerente que tenan que manifestar su asombro ante ello. Los camarotes eran maravillosos, con camas de verdad; las duchas y los baos tenan agua de verdad, en el bar se les servan bebidas de verdad y para las comidas se sentaban a una gran mesa (reluciente) donde se les serva comida de verdad. Eran como nias en su primera excursin y uno disfrutaba al ver cmo ellas disfrutaban. Sin embargo, con quien ms disfrutaban era con el capitn. Por su parte, daba muestras de tal encanto y consideracin que se convirti, de forma instantnea, en una especie de flautista de Hameln nutico. Visitaba a todas y

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cada una de ellas mientras tomaban el sol en las sillas de cubierta para comprobar si les haba gustado el desayuno y si el consom (servido a las once en punto) haba estado a la temperatura correcta, y despus, en el bar, se encargaba personalmente de los ritos necesarios para preparar esa bebida nauseabunda que llaman martini. Enviaba a marineros a la carrera para advertir a las damas que haba un banco de peces voladores, una ballena que, a lo lejos, lanzaba agua como una fuente, o bien un albatros que con alas tensas como una regla planeaba a popa como si estuviera atado a ella por un cable invisible. Las llevaba a proa (con una escolta de tripulantes para asegurarse de que ninguna de ellas se cayera) a ver unos delfines que se mantenan a la misma velocidad que el barco o que de pronto se adelantaban con una rapidez que dejaba sin aliento y se ponan a saltar sobre las aguas azules como flechas exuberantes. Las llevaba a la resplandeciente sala de mquinas cuyo suelo estaba tan limpio que se habra podido comer en l, y les explicaba los rganos internos de un buque. Las llevaba al puente de mando del barco y les explicaba cmo el radar le permita a uno ver un barco que pasaba por la noche y no tener un mal accidente. Las invitaba a bajar a las cocinas y a los congeladores, indicndoles dnde se conservaban y se preparaban los alimentos para sus comidas, y ellas estaban encantadas. Con cada revelacin se enamoraban todava ms del capitn y l era tan encantador, tan tmido y tan amable, que cada da se esforzaba por conseguir ms y ms cosas sorprendentes para sus damas, igual que un prestidigitador se saca cada vez ms cosas del sombrero para asombrarnos. El capitn tiene un corazn de oro me dijo un da la enorme y siempre sudorosa seora Farthingale mientras tombamos el consom de las once, de oro puro. Si mi marido se hubiera parecido a l, quiz nuestro matrimonio habra durado ms. Como yo no haba conocido al temible seor Farthingale, no pude hacer ningn comentario. El capitn es la persona ms adorable que he conocido, la quintaesencia de la cortesa y la amabilidad, y est muy bien educado para ser extranjero dijo la seorita Landlock, mientras se le saltaban unas lgrimas que amenazaban con caer en su segundo martini. Y felizmente casado, segn me ha dicho el Primer Oficial. S asent, eso creo. Lanz un suspiro lgubre. Siempre pasa lo mismo coment. Es verdad intervino la seora Fortescue, que iba por su tercera ginebra, servida por una mano generosa, hay muy pocos tipos decentes que no tengan ya mujer. En cuanto vi al capitn, me dije: se es un tipo decente, y no un mujeriego, aunque sea marino. El capitn no podra ser mujeriego apunt la seorita Woodbye, un tanto escandalizada. Es todo un caballero. Si su mujer lo pescara con otras armara un escndalo, de lo furiosa que se pondra dijo la seorita Landlock. Como en el barco haba poco que hacer y la travesa era larga, todos los das escuchaba especulaciones interminables sobre las 36

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costumbres del capitn, la admiracin que provocaban sus mltiples virtudes y las opiniones acerca de lo que deban comprarle como regalo cuando hiciramos nuestra primera (y nica) escala. Tenan verdadera ansia porque llegara ese da, no creo que porque quisieran bajar a tierra, sino para comprar el regalo de su hroe. Tras muchas discusiones, decidieron comprarle un suter. Como no saban muy bien lo que costara la prenda, se decidi que cada una de las seoras aportara dos libras y yo, noblemente, dije que aportara la diferencia si era necesario. Tras resolver amistosamente este espinoso problema, estall una guerra momentnea cuando se pas al del color. El blanco no era prctico, el rojo era demasiado llamativo, el marrn demasiado triste, el verde no haca juego con el color de sus ojos, y as sucesiva e interminablemente. Al final, antes de que las seoras llegasen a las manos en torno a este problema, dije que yo, con la astucia extraordinaria que utilizaba para atrapar a los silvestres moradores de la selva, conseguira que el capitn me dijera cul era su color favorito. Cuando por fin volv con la noticia, totalmente esprea, de que al capitn le gustaba el beige, las seoras se sintieron presa del desencanto, pero lo aceptaron. Se haba evitado una nueva guerra mundial. Por fin amaneci el gran da y el barco arrib a puerto. Las seoras se haban levantado al amanecer, tan nerviosas como nios el da de Reyes. Haban ido corriendo de camarote en camarote, en bata y con gritos como: Marjorie, tienes un imperdible que prestarme?, Agatha, crees que estas cuentas hacen juego con mi vestido azul? o Podras prestarme un sostn, por favor? A ste se le ha roto el tirante. Por fin, vestidas de domingo, con sus sombreros de paja llenos de flores artificiales, tan olorosas a polvos y perfumes que se las poda olfatear a cien metros a favor de viento, con miradas brillantes y las caras baadas por sonrisas nerviosas, descendieron como un macizo de flores a la lancha y se lanzaron hacia la costa y a su gran aventura. Pese a sus ruegos y splicas, yo haba decidido no ir con ellas. Era una decisin prudente, pues (aunque eso no se lo dije) la idea de ir de compras con once mujeres, todas empeadas en comprar lo mejor para su dolo, me daba verdadero miedo. Adems, estaba a mitad de un libro y pens que poda quedarme trabajando tranquilamente en el camarote y pedir que me llevaran algo de beber y un sandwich a medioda. Por desgracia, no fue as. Apenas haba empezado a trabajar cuando llamaron a la puerta. Era el Primer Oficial, un hombre de unos treinta aos, supongo, de pelo dorado cortado a cepillo, cabeza bastante grande y ojos azules y totalmente inexpresivos. Siempre me haba dado la impresin de ser corts y eficiente, pero un tanto adusto, en comparacin con la encantadora personalidad del capitn. Saludos del capitn dijo. No lo ha visto a usted ir al puerto con las seoras. El capitn desea saber si se siente usted mal. No, estoy perfectamente bien, gracias. Es que prefer quedarme a bordo y terminar un trabajo.

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Entonces el capitn pregunta si le har el honor de comer con Me sent un tanto extraado, pero en realidad no poda hacer otra cosa que aceptar. Dgale al capitn que con mucho gusto respond. A la una menos cuarto en el bar dijo el Primer Oficial, y se fue. De forma que a la una menos cuarto fui al bar, donde encontr al capitn sorbiendo una copa de plido jerez, con un montn de papeles parecidos a pergaminos delante de l en la barra. Me estrech educadamente la mano, pidi una copa para m y despus volvi a sentarse en su taburete, como un duende encima de un hongo. En cuanto vi que no desembarcaba usted dijo, pens que deba invitarlo a comer. No me agradaba la idea de que comiera usted solo. Muy amable, capitn respond. De hecho, el motivo de no haber desembarcado es que nuestras seoras queran ir de compras. Me pareci que pasarme el da de compras con once seoras sera algo superior a mi capacidad de resistencia. Ya ir de compras con una sola seora resulta bastante difcil, creo. Cuando mi mujer va de compras, nunca la acompao. Lleva todo a casa para ensermelo y al da siguiente se lo vuelve a llevar para cambiarlo coment. Pero las seoras son las seoras y qu haramos sin ellas? Mi hermano, que se ha casado cuatro veces, me dijo una vez: No podran haber inventado algo mejor que las mujeres? Al escuchar aquello el capitn lanz tal carcajada que casi se cay del taburete. Cuando recobr la normalidad y pedimos otra copa, se puso serio. Precisamente quera hablarle a usted de las seoras, seor Durrell indic. Como sabe, dentro de cuatro das hemos de celebrar la Ceremonia del Paso del Ecuador. Seguro que lo esperan. Si hay gente joven a bordo, por lo general la ceremonia se celebra en la piscina; all el Padre Neptuno afeita a la gente, se hacen bromas y juegos, y al final se lanza a todos los participantes al agua. Hizo una pausa y bebi un sorbo de su copa. No creo que a nuestras seoras les gustara mucho eso suger tmidamente. El capitn me contempl horrorizado. Ah, seor Durrell, no lo sugerira en absoluto. No, no, no dijo . Nuestras seoras son... bueno... digamos un poco demasiado adultas para ese tipo de comportamiento. No, lo que he organizado es un pequeo banquete. Nuestro cocinero lo hace verdaderamente bien cuando dispone de los ingredientes adecuados, de forma que lo he enviado a tierra a comprar todo lo necesario: fruta, carne fresca, etc. Naturalmente, beberemos champagne. Cree usted que eso les parecer bien? Mi querido capitn, ya sabe usted que estarn encantadas coment. Ya ha hecho usted muchas cosas para que este viaje les

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resulte agradable y digno de recuerdo, y debe saber que todas ellas estn desesperadamente enamoradas de usted. Al capitn se le puso la cara del delicado color de un ptalo de rosa. Adems aad, segn ellas usted nunca se equivoca, de forma que cualquier cosa que haga ser un xito fabuloso. El nico problema se plantear si su mujer se entera de que hay once seoras que estn enamoradas simultneamente de usted. El capitn se puso de un color de rosa todava ms intenso. Por suerte, mi mujer es muy inteligente dijo. Siempre me ha dicho: Sigfried, si te gusta otra mujer, no importa, pero dime quin es para que la mate antes de que empieces a flirtear. Una dama muy inteligente observ. Bebamos a su salud. Lo hicimos y despus pasamos a comer. Despus de la sopa fra, en la que flotaban los restos de algn tipo de pez que pareca no haber sido descrito jams por la ciencia, o bien haber sido rechazado por ella, el capitn dej la cuchara a un lado, se pas la servilleta por los labios, carraspe y se inclin hacia adelante. Seor Durrell, querra que me aconsejara usted sobre otra cosa, dado que es usted un escritor famoso. Gem en mi fuero interno. Acaso iba a pedirme que leyese y comentase su autobiografa, titulada Cincuenta aos en la mar o Tifn a proa? S, capitn dije cortsmente de qu se trata? He pensado que, adems del banquete, nuestras seoras deberan recibir algo ms duradero para recordarles el acontecimiento, de manera que me preguntaba si usted, como escritor, considera esto adecuado. Puso sobre el mantel blanco uno de los papeles que haba estado contemplando en la barra, que se pareca a uno de esos pergaminos arcaicos en los que se escriban los documentos jurdicos en la Edad Media. En cada uno de ellos figuraba en una letra inglesa preciosa el nombre del barco, su punto de destino, la fecha en que cruzara el Ecuador y, con grandes adornos, el nombre de la pasajera. Estaban maravillosamente hechos. Capitn exclam admirado, son preciosos. Quin es el habilidoso miembro de su tripulacin que los ha hecho? El capitn volvi a ruborizarse. Yo mismo dijo modestamente. Me gusta practicar la caligrafa en las horas libres. Pues son autnticamente magnficos y las seoras se sentirn abrumadas le asegur. Me alegro respondi. Quiero que mi ltimo viaje sea un buen recuerdo para todos. Ultimo viaje? pregunt. S, cuando terminemos la travesa me retiro respondi. Pero usted parece muy joven para jubilarse protest. Gracias me respondi con una corts inclinacin, pero he llegado a la edad de la jubilacin. Llevo en la mar desde los diecisis aos y, aunque me ha encantado esta vida, me alegrar de retirarme. 39

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Aparte de todo, ha sido muy duro para mi querida esposa. Son las esposas las que sufren, y sobre todo cuando no hay hijos, porque se sienten solas. Y dnde va a vivir usted? pregunt. Se le encendi la cara de animacin. En el norte de mi pas existe una baha pequea pero preciosa y una pequea ciudad llamada Spitzen respondi. Mi mujer y yo compramos una casa all hace aos. Est justo en los acantilados, fuera de la ciudad, al borde de la baha. Es preciosa. Sabe usted que puedo ver las gaviotas volando desde la cama? Oigo sus chillidos y el ruido del mar. Cuando hace mal tiempo, el viento ruge en torno a la casa como un bho y hay grandes olas que suenan como truenos en la costa. Es muy emocionante. Y qu va usted a hacer? pregunt. Su cara de duende se ilumin con una sonrisa de ensoacin. Me voy a dedicar a la caligrafa dijo en voz baja, casi como si estuviera hipnotizado por la idea. Tengo que practicarla mucho. Voy a pintar y a tocar la flauta y a tratar de compensar a mi mujer por tantos aos de soledad. No crea usted que hago bien ninguna de esas cosas, salvo la ltima, quiz, pero quiero intentarlo. Me agradan aunque las haga mal y creo que las cosas agradables son buenas para la cabeza. Levant mi copa. Brindo por una jubilacin larga y feliz dije. Volvi a hacer una de aquellas inclinaciones suyas, anticuadas y corteses. Gracias. Espero que as sea. Pero lo ms importante es que har feliz a mi querida y paciente esposa y compuso una sonrisa radiante y altruista. Fui a echarme una siesta en el camarote y, al cabo de un rato, por los ruidos de pasos, los portazos en los camarotes y los gritos de Lucinda, te quedaste t con el cesto ese que compr, el rojo y verde? Ay, gracias a Dios, cre que me lo haba dejado en el taxi, y Mabel, realmente has comprado demasiada fruta: esos pltanos van a quedarse ms podridos que un poltico dentro de nada, advert que nuestras seoras haban vuelto. Ms tarde, a la hora del cctel, me ensearon con gran secreto los cinco suters que haban comprado para el capitn. El motivo de que tuvieran esa pltora de prendas era que las seoras haban vuelto a estar en desacuerdo en torno a los colores porque (habra debido preverlo) no haban podido conseguir uno beige. Me preguntaron cul me pareca el mejor, de forma que me hall en una situacin que no habra envidiado ni el mismo Salomn. Sal de aquel campo de minas en potencia diciendo a las seoras que el capitn me haba confiado que aqulla era su ltima travesa. El bar se llen de largos y temblorosos gritos de pesar, como si me rodease de una bandada de martines pescadores privados de sus cras. Cmo era posible? Era un tipo tan decente. Era tan corts y tan culto. Era uno de esos extranjeros a los que se poda invitar a casa de una. Era un autntico caballero, no uno de esos caballeros que se hacen el caballero, no s 40

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si me explico. Era como si estuviramos hablando de retirar a Nelson del mando antes de Trafalgar. Las invit a todas a otra copa y ped paz, silencio. No estoy seguro, pero creo que dije algo as como: No hay mal que por bien no venga. Al or aquel lugar comn todas se calmaron y me miraron expectantes. Les dije que el capitn y su mujer se iban a vivir a su maravillosa casita del norte, donde, en primavera, las flores formaban una alfombra de colores y los pjaros cantaban como un coro celestial. Sin embargo, en el invierno las tormentas azotaban la regin, caan rayos que brillaban en el cielo como venas blancas, los truenos hacan ms ruido que un milln de patatas cadas de golpe en un suelo de madera y las olas se rizaban y rugan en la costa como leones de color azul acero con espumosas melenas blancas que atacaran la tierra. Las seoras se sintieron cautivadas por mis exageradas imgenes. Qu hombre, pregunt retricamente, en esas circunstancias, poda privarse de cinco suters de cinco colores diferentes? Imposible sobrevivir. En aquella regin era indispensable tener cinco suters para sobrevivir. Las seoras estaban cautivadas. Con su sabidura acumulada haban salvado a su hroe de la hipotermia, de forma que todas ellas pidieron otra copa para celebrarlo. Dos das despus, el capitn, tan meticuloso como siempre, hizo que nos dejaran unas pequeas tarjetas impresas en cada camarote, en las cuales se nos informaba de que aquella noche habra un banquete especial de Paso del Ecuador. Aquello cre gran revuelo entre las seoras. Sacaron, discutieron, descartaron, volvieron a escoger, lavaron y plancharon prendas que volvan a descartar cada vez que encontraban un trofeo ms adecuado en el fondo de la maleta. El maquillaje volaba entre los camarotes como un arco iris. El olor de once perfumes diferentes en mutua competencia resultaba tan abrumador como el de un incendio forestal. Los chillidos de contento o descontento, los gemidos de total desesperacin y los gritos de alegra que resonaban de camarote en camarote eran tan complejos y resultaban tan clidos como un coro de pjaros en un bosque al amanecer. Por fin, con cada cabello cuidadosamente lavado y estrictamente colocado, con cada ceja cuidadosamente demarcada, cada prpado bajo una capa de sombreado azul o verde, cada boca pintada de un glorioso escarlata, cada busto y cada nalga cuidadosamente alineados, las seoras estuvieron listas. Cuando entraron en el bar las salud una panoplia de cubiteras de hielo en cada una de las cuales haba una botella de champagne. Las risitas de agrado ante tamaa opulencia resultaron maravillosas. Despus apareci el hroe del momento, inmaculado con su mejor uniforme, blanco como una nube de verano y con una gran caja de cartn bajo el brazo. Cuando sus admiradoras terminaron de arremolinarse en torno a l, el capitn abri la caja y sac de ella una gardenia para cada seora y un clavel rojo para m. Celebr haberme molestado en desenterrar mi viejo esmoquin y haber conseguido que el camarero lo planchara para dejarlo presentable. Las seoras, desde luego, estaban abrumadas. Nadie, ni siquiera uno de esos tipos 41

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decentes con los que se encuentra una a veces en Australia, les haba ofrecido gardenias en su vida. Se dedicaron a olerse las gardenias las unas a las otras y a maravillarse del aroma que despedan. Despus se sirvi el champagne y se oyeron muchas risitas nerviosas y las quejas habituales por la forma en que se suban las burbujas por la nariz. Haba champagne en abundancia, de forma que todos estbamos de muy buen humor cuando pasamos al comedor para el banquete. Verdaderamente nos trataron a cuerpo de rey. El mantel de damasco blanco estaba decorado con flores recin cortadas, y haban sacado de Dios sabe dnde suficientes copas de cristal tallado para el vino. El primer plato fue un pt delicioso. Le sigui un salmn ahumado soberbio, relleno de crema, pasta de rbanos y cebolleta. Despus se sirvi un pollo con una fina salsa de vino y una deliciosa variedad de verduras de acompaamiento, as como unos estupendos buuelos de patata. Continuamos con el queso y despus trajeron una enorme Bomba Sorpresa que provoc nerviosas exclamaciones de admiracin y alegra. Una vez demolida sta y servido el caf, el capitn se puso de pie y pronunci un discurso. Seoras, seor Durrell dijo al tiempo que haca una de sus anticuadas y pajariles reverencias, dirigida a todos nosotros. Esta es una ocasin especial. S que el seor Durrell, que viaja mucho, ha pasado por el Ecuador muchas veces. Pero tambin s que sta es la primera vez que lo pasan ustedes, seoras, de manera que su paso de un lado del mundo al otro es un momento importante. Por eso debemos celebrarlo. Fue hacia el gran aparador que haba en uno de los lados del comedor y cogi con cuidado los pergaminos que haba estado preparando. Los llev a la mesa y los coloc junto a su plato. Por eso continu he preparado aqu, para cada una de ustedes, un documento en el cual se certifica que han pasado ustedes el Ecuador y que lo han pasado en mi barco. Espero que les guste. Su pblico, mesmerizado, exhal un murmullo nervioso. De manera, seoras dijo levantando la copa, que permtanme brindar por ustedes, por su salud y felicidad, y agradecerles que hayan hecho tan agradable mi ltima travesa. Sonriendo, levant la copa. Despus sta cay de su mano, esparciendo gotas de vino sobre el mantel, y el capitn muri. Decir que nos quedamos atnitos sera exagerar por omisin. Yo haba estado contemplando a aquel tipo tan simptico mientras haca su discurso y vi que de pronto se le nublaban los ojos. No hizo una mueca de gran dolor. El nico indicio de que algo iba mal era el vino derramado y el hecho de que cay lateralmente, tieso como un leo, y se derrumb en el suelo a los pies de su Primer Oficial y del sobrecargo, que estaban a su lado, dispuestos a ir pasando los pergaminos. Ambos, estupefactos, se quedaron como estatuas. Me volv hacia la seora Malrepose, que estaba a mi derecha y era, con mucho, la ms prctica y directa de las seoras. Llveselas a todas al bar. Nosotros nos encargamos del capitn dije. 42

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Me lanz una mirada angustiada, pero asinti. Corr al otro lado de la mesa. El Primer Oficial y el sobrecargo seguan all de pie, junto a su capitn muerto, firmes como si estuvieran en un desfile. Afljenle el cuello orden. El Primer Oficial dio un respingo, como si se despertara de repente. El capitn llevaba un cuello almidonado con un alfiler de oro, de forma que tardamos unos segundos en soltrselo. No haba latido alguno en las venas del cuello, ni bajo el frgil armazn de las costillas. Me puse de pie. Ha muerto dije de forma un tanto innecesaria. El Primer Oficial me mir. Qu hacemos? pregunt como persona programada para aceptar rdenes, y no para darlas. Mire dije, desesperado, si un capitn de un buque mercante britnico se muere de repente, creo que es el primer oficial quien se convierte en capitn. De manera que ahora es usted el capitn. Me mir con ojos inexpresivos. Pero qu hacemos? pregunt. Por el amor del cielo respond airado, usted es el capitn, de forma que es usted el que ha de decirnos a nosotros lo que tenemos que hacer. Qu sugerira usted? pregunt. Lo contempl. En primer lugar dije, yo levantara a su pobre ex-capitn y lo llevara a su camarote. Despus lo desnudara y lo lavara para dejarlo decente. Despus, supongo que tendr usted que ponerse en contacto con las oficinas de la compaa y decirles lo que ha pasado. Entre tanto, yo me ocupo de las seoras. S, seor dijo, encantado de que alguien le diera rdenes. Ah, y si tenemos que enterrarlo en el mar, trate de hacerlo por la noche, porque si no las seoras se van a poner tremendamente melanclicas. S, seor dijo. Yo me encargo. Fui al bar, donde me encontr con lgrimas y preocupadsimas preguntas acerca de la salud de su hroe. Seoras, me temo que tengo malas noticias dije. Nuestro querido capitn ya no est con nosotros. Sin embargo... Pero mis palabras quedaron ahogadas por una tormenta de lamentos que result abrumadora. Se abrazaron unas a otras con grandes lgrimas y gemidos estremecedores. Estaban tan afligidas y tan afectadas como si se hubiera tratado de uno de sus parientes ms cercanos. Yo haba odo hablar de gente que se mesaba los cabellos, pero nunca lo haba visto. Es lo que hacan todas ellas entonces. Expresaban su pena de una forma tan completa como hacen los griegos, en una demostracin carente de todo pudor de su amor por el capitn. Hice una sea al barman, que pareca tan estupefacto como todos los dems. Coac para todos le susurr, y que las copas sean grandes. Cuando cada seora tuvo en la mano temblorosa una copa que era mitad de coac y mitad de lgrimas, pronunci un discurso.

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Seoras dije, deseara que me escucharan todas ustedes un momento. Me senta como Ronald Reagan tratando de interpretar una obra de Shakespeare. Obedientes como nias, volvieron hacia m las caras manchadas por las lgrimas, con la sombra de ojos, de tonos verdes y azules hecha manchurrones, con los prpados pegados por las lgrimas, con el cuidadoso maquillaje erosionado. Nuestro querido capitn nos ha abandonado continu. Era una persona amable y encantadora, y lo vamos a echar muchsimo de menos. Sin embargo, ahora quiero que levanten sus copas y brinden por un hombre maravilloso, y al hacerlo quiero que recuerden tres cosas. En primer lugar, que l sera el ltimo en querer que lo pasramos mal, pues, como todas ustedes saben, hizo todo lo posible para complacernos. Se oy un profundo gemido de la seora Meadowsweet, que celebr ver todas las dems chistearon. En segundo lugar prosegu, yo lo estaba mirando con atencin y puedo asegurarles que muri sin ningn dolor. No es eso lo que todos desearamos para nuestros seres queridos, y de hecho para nosotros mismos cuando llegue el momento? O un murmullo de asentimiento. Lo tercero es lo siguiente continu. Cuando estaban ustedes en tierra, com con el capitn, y, mientras hablbamos, me confes que el tener a bordo a ustedes, seoras, haba hecho que su ltima travesa le resultara memorable. De hecho me asegur que, si alguien le pusiera en el brete, le resultara difcil decir cul de ustedes le agradaba ms. Percib un leve susurro de satisfaccin y orgullo. De forma que bebamos por nuestro amigo el capitn, a quien jams olvidaremos. Jams! dijeron las seoras muy decididas. Bebimos todos e indiqu al camarero que sirviera otra ronda. Al cabo de un rato las seoras, nada sobrias, pero bastante menos histricas, fueron desfilando hacia sus camarotes. Estaba yo a punto de hacer lo mismo cuando el Primer Oficial se materializ a mi lado. Era la ltima persona a quien deseaba yo ver. Al mismo tiempo que me ocupaba de las seoras, tambin tena que lidiar con mi propia pena por el capitn. He hecho lo que usted sugiri, seor dijo el Primer Oficial. Bien dije speramente, aunque no entiendo por qu diablos viene usted a informarme. Ahora es usted el capitn, maldita sea. S, seor respondi, y su viuda quiere que se lo entierre en su pueblo natal. Y bien? repliqu. Pues llvelo all. S, seor dijo, e hizo una pausa, con una mirada tan inexpresiva como siempre. Despus aadi: Lamento lo ocurrido. Yo quera al capitn. Yo tambin dije cansado. Era un hombre amable, simptico y encantador, y hoy da eso resulta tan escaso como los unicornios. Como qu? pregunt. 44

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No importa. Me voy a la cama. Buenas noches. A la maana siguiente las seoras se haban recuperado hasta cierto punto. De vez en cuando se oa un sollozo, se vea una lgrima, pero cuando se comentaban las mltiples virtudes del capitn era siempre en tiempo pasado. Al ir avanzando a lo largo de millas y millas de aguas azules y vacas (vacas salvo los grupos de delfines que, exuberantes como los nios a la salida de la escuela, aparecan de vez en cuando y danzaban un ballet en torno al barco), el calor se fue haciendo ms intenso. La seora Meadowsweet y la seora Farthingale sufrieron unas buenas quemaduras un da que se quedaron dormidas en cubierta. La seora Malrepose padeci una insolacin y hubo que meterla en cama, en su camarote, a oscuras con compresas fras, pero aparte de eso no pas nada ms digno de nota. Yo, al haberme criado en un clima soleado, disfrutaba con aquello y procur ponerme lo ms moreno posible para dar envidia a mis conocidos. Sin embargo, con el tiempo, aquel calor sofocante me result excesivo y me reclu en mi camarote. Fue all, en la fresca oscuridad, donde vino a verme el antiguo Primer Oficial. Lamento preocuparle, seor dijo, pero tengo un problema con el capitn. Me sent al mismo tiempo asombrado y desorientado, pues me haba acostumbrado a considerar que ahora el capitn era l. Querr usted decir que tiene un problema con nuestro antiguo capitn seal. S, seor respondi; cambi de pie, incmodo, y despus larg : Est empezando a molestar. Yo no entenda de qu hablaba. Qu significa eso de molestar? pregunt atnito. Ha muerto. Mir furtivamente por todo el camarote, para asegurarse de que no nos poda or nadie. Est empezando a... a... a... bueno, est empezando a oler dijo en voz baja, como si estuviera soltando una blasfemia. Se me pusieron los pelos de punta. Va usted a decirme que con este calor tiene usted todava el cadver en su camarote? pregunt incrdulo. S, seor, ah es donde nos dijo usted que lo pusiramos dijo ofendido. Pero hombre, con este calor eso es absurdo. Por qu no lo puso usted en un refrigerador? Pareci asombrarse. No dir usted con la comida? pregunt. No, pero tienen ustedes muchas zonas refrigeradas. Seguro que hay algn sitio donde pueden ponerlo. Voy a ver dijo, y se march. Volvi al cabo de un momento. He encontrado un sitio donde ponerlo, seor; en el refrigerador de la carne. Ah lo he dejado me inform. Bien dije, con una repentina visin macabra de mi buen capitn yacente en medio de grandes cuartos de vaca y de cordero. 45

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Ahora, por el amor del cielo, que las seoras no se enteren de eso en absoluto. Comprende? S, seor dijo muy decidido. No lo sabrn. Y as continu la travesa, y, salvo algunos momentos de mal tiempo (nada ms que algo de mar gruesa, que oblig a las seoras a encerrarse en sus camarotes y a inundar el barco de agua de colonia), todo fue bastante bien. Las seoras fueron recuperando el nimo e incluso empezaron a aceptar como capitn al Primer Oficial y a felicitar tanto a l como al sobrecargo por las maravillosas ensaladas, los helados multicolores y la calidad de las chuletas de cordero y de los bistecs. Me pregunto qu habran dicho de haber sabido que su hroe, el capitn, yaca all en las tinieblas congeladas, entre los alimentos que consuman. Ms vala no contemplar catstrofe tan horrorosa. Ocurri la noche antes de llegar a puerto. Todas las seoras estaban ocupadsimas haciendo las maletas y los ruidos del laborioso proceso iban repitindose de puerta en puerta y de camarote en camarote. Como de costumbre, se oan portazos y pasos apresurados. Gritos de: Lucinda, tienes el vestido verde que te prest?, Mabel, puedes venir a sentarte en mi maleta? No s por qu, pero las maletas siempre resultan ms fciles de vaciar que de llenar y Edna, te juro, encanto, que si pones ese whisky en el fondo de la maleta vas a oler como un refugiado de Alcohlicos Annimos cuando desembarquemos. Fui al bar a tomar algo antes de cenar. Estaba vaco, salvo el Primer Oficial, que se estaba tomando un coac. Tena la botella en la barra delante de l y advert que haba estado vacindola desde haca rato. Buenas tardes salud. Se irgui y me contempl. Sospech que estaba bastante bebido, pero resultaba difcil afirmarlo con aquellos extraos ojos tan inexpresivos. Buenas tardes, seor dijo. Despus, tras una pausa, hizo un gesto hacia la botella. Quiere usted tomar algo? Gracias respond, y, como pareca que el barman se haba esfumado, saqu un vaso de detrs de la barra y me serv una copa de su botella. Cay entre nosotros un silencio como niebla espesa. Dej as las cosas durante un minuto o dos y despus decid disiparla. Bueno coment jovialmente, supongo que celebrar usted haber terminado la travesa. Ahora podremos descansar algo en casa. Dnde vive usted? Me mir sin orme. Tengo problemas con el capitn coment. Sent que me suba por la espalda un remusguillo de aprensin. Qu clase de problemas? pregunt. Es culpa ma, tendra que haber mirado dijo. Qu clase de problemas? repet. Si hubiera mirado no habra pasado esto respondi, y se sirvi una formidable racin de coac. Qu es lo que no habra pasado? pregunt. 46

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Se ech un gran trago y se qued callado un momento. Recuerda usted cuando sacamos al capitn de su camarote y lo pusimos... lo pusimos... lo pusimos abajo? S. Segua blando, comprende usted?, y justo despus tuvimos el mal tiempo y las seoras se pusieron enfermas se encogi de hombros. No digo mal tiempo para nosotros, pero para ellas s. Una mar bastante gruesa. La gente se marea. Se ech otro trago. Eso sigui diciendo hizo moverse al capitn. Moverse? pregunt extraado. Qu quiere usted decir? Lo pusimos extendido en el suelo, pero con los movimientos del barco ech a rodar y se le subieron las piernas. Levant una de las suyas hasta la cintura y se golpe en el muslo. Fue culpa ma. No mir. Lo que pasa es que segua caliente y se qued congelado en esa posicin. Hizo una pausa y ech otro trago. El carpintero haba hecho ya el atad, de forma que esta noche bajamos a meter al capitn... cmo dicen ustedes? Para que estuviera todo en orden y limpio como una patena. Por su mujer. Yo no lo habra dicho exactamente as, pero no era momento para corregir a nadie. Estaba empezando a sentirme mal. Lo intentamos todo dijo, todo. Llam a los dos marineros ms fuertes del barco, pero no le pudieron estirar las piernas. Era imposible. Y tenamos que meterlo en el atad esta noche. El papeleo, ya sabe. No tenamos tiempo para... ya sabe... para descongelarlo. Se sirvi un gran chorro de coac dorado y se lo bebi. As que le tuve que romper las piernas con un mazo dijo, y se dio la vuelta y se march, tambalendose levemente. Me puse a temblar y me serv un coac igual al que acababa de tragarse el Primer Oficial. Me qued de pie un momento, recordando al capitn, su encanto, su galantera con las seoras, su amabilidad, pero sobre todo record cmo iba a dibujar, tocar la flauta y quedarse en la cama con su querida mujer y ver cmo pasaban las gaviotas al lado de la ventana de su dormitorio. Decid que la jubilacin es algo que se debe tomar poquito a poquito, todos los das, como un tnico, porque nunca se sabe qu es lo que le espera a uno a la vuelta de la esquina. Tambin decid que no quera cenar.

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Aquel verano en Corf fue especialmente bueno. Por la noche el cielo era de un azul aterciopelado y denso, y pareca tener ms estrellas que nunca, como una multitud de diminutas setas que brillaran y resplandecieran en un inmenso prado azul. La luna pareca ser el doble de grande de lo normal y, cuando volvamos la mirada hacia ella y se elevaba en el cielo nocturno, empezaba teniendo un color tan anaranjado como una mandarina para ir pasando por sucesivos cambios del albaricoque al amarillo asfdelo antes de convertirse en un blanco maravilloso, como el de un vestido de novia, cuya luz arrojaba charcos de plata brillante en medio de los olivos agazapados y retorcidos. Las lucirnagas, estimuladas por el calor y la belleza de aquellas noches, trataban de emular y superar a las estrellas y formaban sus propios grupos, llenos de resplandores y zumbidos entre los rboles donde los mochuelos ululaban como campanitas tristes. Al amanecer, el cielo exhiba una raya de un rojo sangriento, la espada del sol que se acercaba. Luego se volva de color amarillo canario, despus lila y, cuando por fin el sol haca su esplndida aparicin sobre el horizonte, tomaba de repente un azul de lino y las estrellas se apagaban igual que las velas despus de un baile gigantesco. Yo sola despertarme justo antes de que la corona del sol inundara de luz nuestro mundo, y contemplar mi habitacin y su contenido. La habitacin era amplia, con dos grandes ventanas y persianas de tablillas que en cuanto les llegaba el menor viento hacan unos amistosos ruidos musicales. En invierno eran una orquesta. El piso era de madera, de planchas lisas y desgastadas que chirriaban y gruan, y en un rincn haba dos viejas mantas y una almohada en las que dorman mis tres perros, Roger, Widdle y Puke, todos hechos un rebujo, en medio de ronquidos y torsiones. Faltaban todos los dems complementos de un dormitorio normal. Claro que haba un armario, en principio para colgar la ropa, pero en realidad la mayor parte del espacio estaba ocupado por cosas ms sensatas, como mis diversas horcas para capturar serpientes, mis diferentes redes para cazar insectos, para pescar en charcas y zanjas, y otras ms fuertes para el mar, as como caas de pescar y tiles palos con tres grandes ganchos en un extremo para sacar algas de las charcas o del mar, con lo cual se facilitaba la captura de los animalillos que residan en sus grutas verdes y emplumadas.

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Naturalmente, haba una mesa, pero en ella se amontonaban mis notas sobre la naturaleza, libros, tubos de ensayo llenos de especmenes, y aquel da concreto, segn recuerdo, el cadver a medio disecar de un erizo que haba encontrado y que, incluso para mis bastante amplios criterios, estaba empezando a hacerse notar. En torno a la habitacin haba estantes con acuarios y jaulas con frentes de vidrio en las que se agazapaban mantis de ojos bulbosos que miraban malvolas, ranas arborcolas del color del terciopelo verde, salamanquesas con la piel del vientre tan fina que se les podan ver los rganos internos, tritones en su mundo acuoso y galpagos del tamao de nueces. Todo ello presidido desde el alfizar de la ventana por Ulises, mi autillo, que pareca una esbelta estatua tallada en madera gris ceniza y tachonada de cruces de malta negras, con los ojos como hendiduras orientales que se enfrentaban con la intrusin de la luz solar. En el jardn de abajo se oan los graznidos de mi gaviota Alecko, que peda pescado, y la risa de bruja malvada de mis dos urracas. Las persianas entornadas trazaban un dibujo atigrado en el suelo desnudo. Haca calor incluso a aquella hora. Las sbanas estaban calientes y, aunque yo dorma desnudo y acababa de amanecer, notaba que ya estaba empezando a sudar. Me levant de la cama para abrir las persianas y la habitacin se inund de una luz cegadora del color del diente de len. Los perros se estiraron, bostezaron, se quitaron brevemente con la boca una multitud de pulgas molestas y se incorporaron meneando las colas. Tras verificar que Sally, mi burra, segua atada al almendro donde la haba dejado la noche anterior, y que ningn malvado campesino la haba robado, me vest. Era muy sencillo. Ponerse unos pantalones cortos y una camisa de lino muy delgada, meter los pies en unas sandalias bien gastadas y ya estaba yo dispuesto para lo que brindara el da. La primera barrera que superar era el desayuno con la familia y pasar lo ms desapercibido posible por si mi hermano mayor, Larry, haba olido el erizo. A mi entender, su sentido del olfato estaba demasiado bien desarrollado para un hermano. Desayunbamos en el jardn tapiado que corra a lo largo de nuestro porche, amplio y enlosado, envuelto en hiedra. El jardn tena un aspecto muy Victoriano, con pequeos arriates en forma de cuadrados, crculos, tringulos y estrellas, delimitados cuidadosamente por piedras blancas. En cada arriate haba un pequeo mandarino, y su aroma, cuando les daba el sol, era casi abrumador. A sus pies crecan bonitas flores al estilo antiguo: nomeolvides, claveles, lavanda, minutisas, dondiegos de noche, plantas de tabaco y lirios. Era una especie de Plaza de Piccadilly para los insectos del lugar, y por lo tanto uno de mis cotos de caza favoritos, pues haba de todo, desde mariposas hasta hormigas len, desde hemerobios hasta escarabajos de las rosas, desde grandes y gruesos abejorros zumbadores hasta diminutas avispas. La mesa se pona a la sombra de los mandarinos y, en torno a ella, organizando los platos y los cuchillos, cojeaba Lugaretzia, nuestra criada, que grua para sus adentros en voz baja. Era una hipocondraca profesional que siempre estaba cuidando y mimando 49

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seis o siete enfermedades y, si no tena uno cuidado, a veces daba unas descripciones vividas y un poco repulsivas de lo que le estaba pasando en el interior del estmago, o de cmo las varices le latan como los tam-tam de una tribu salvaje en el sendero de la guerra. Aquel da observ con satisfaccin que bamos a desayunar huevos revueltos. Mi madre pona a fuego lento cebolla picada hasta que se quedaba transparente y despus aada los huevos batidos, unos huevos que tenan unas yemas tan brillantes como el sol y procedan de nuestro propio gallinero. Un da mi hermana Margo, con nimo filantrpico, se llev de paseo a todas las gallinas. Estas se encontraron con una mata de ajo silvestre y la engulleron, con el resultado de que las tortillas del desayuno de la maana siguiente estaban totalmente saturadas de ajo. Mi hermano Leslie se quej de que era como comerse el tapizado de un autobs griego. Unos huevos revueltos eran un buen comienzo de da. Por lo general me serva dos raciones y despus continuaba con cuatro o cinco enormes tostadas marrones recubiertas con una espesa capa de miel de nuestras propias colmenas. Para que nadie me considere un glotn, permtaseme apresurarme a decir que el comer tantas tostadas con miel era como estudiar una leccin de historia natural o presenciar una excavacin arqueolgica. Las colmenas estaban a cargo del marido de Lugaretzia, un hombre de aspecto frgil que pareca cargar con todas las preocupaciones del mundo, lo cual era muy real, como poda percibir inmediatamente cualquiera que pasara diez minutos en compaa de su mujer. Pues bien, siempre que privaba a nuestras cinco colmenas de su cuidadoso acopio de alimentacin, las abejas le picaban tanto que tena que pasar varios das en cama. He de decir que, adems, cuando le picaban, inevitablemente dejaba caer al suelo varios panales, donde se convertan en una magnfica trampa pegajosa para cualquier insecto que anduviera por all. Por eso, pese a los desesperados intentos de mam de filtrar la miel antes de que llegara a la mesa, siempre haba en ella una pequea e interesante coleccin zoolgica. De forma que extender aquella golosina aromtica de un color dorado parduzco en el pan era como extender un mbar lquido en el que se poda encontrar casi cualquier cosa, desde diminutas polillas y orugas hasta escarabajos y pequeos ciempis. Una vez, con gran alegra, me encontr con una especie de tijereta que no haba visto antes. O sea, que el desayuno siempre resultaba una comida interesante desde el punto de vista biolgico. El resto de mi familia, que, para mi gran pesar, mantena una posicin insolentemente hostil frente a la zoologa, no comparta mi placer ante el generoso regalo que aportaba la miel. Era a la hora del desayuno cuando, si lo haba, leamos el correo, que llegaba una vez a la semana. Yo nunca reciba cartas, pero lo compensaba al recibir las revistas Animal y El Zoo, junto con otra literatura erudita como Las Aventuras de Belleza Negra, Rin-tin-tin y hroes zoolgicos parecidos. Mientras comamos y leamos, cada uno de nosotros lea en voz alta trozos de nuestras cartas o revistas al resto de la familia, que no haca ningn caso. 50

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Murdoch va a publicar su biografa grua Larry. Qu edad hay que tener antes de poder infligir autobiografas a un pblico inocente? No puede tener ms de veinticuatro aos. Que alguien me ponga un poco de t. En Suiza ha nacido un rinoceronte en un zoo informaba yo jubiloso a mi familia. De verdad, hijo? Qu bien comentaba mam, mientras lea su catlogo de semillas. Dicen que se estn volviendo a poner de moda el organd y las mangas abullonadas comunicaba Margo, y la verdad es que ya era hora, creo yo. S, hija deca mam. Estoy segura de que aqu se daran muy bien una zinnias. Ah, detrs de las colmenas. Hace bastante calor. Estoy seguro de que mi coleccin de pistolas de martillo valdra una fortuna en Inglaterra. Estn vendiendo algunas horribles a unos precios fantsticos informaba Leslie a un pblico sordo, mientras hojeaba su catlogo de armas. La que compr el otro da por veinte dracmas estoy seguro de que en Inglaterra valdra diez libras. Sin embargo, aunque en apariencia cada uno de nosotros estaba absorto en su propio correo, curiosamente las antenas de la familia estaban atentas y temblorosas, desechando la mayor parte de lo que se deca, pero prestas a transformarnos en un grupo indignado si alguien manifestaba algo desagradable. Aquella maana concreta Larry lo empez todo, o, para ser ms sincero, encendi la mecha que llev al barril de plvora. Es fabuloso coment. Estoy muy contento. Antoine de Ver va a venir a pasar unos das. Mam lo contempl por encima de las gafas. Mira, Larry dijo, acabamos de deshacernos de un montn de amigos tuyos. No quiero que venga otro grupo. Es demasiado. Me canso de tanto preparar comida y las piernas de Lugaretzia y todo lo dems. Larry la mir dolido. No te estoy pidiendo que guises las piernas de Lugaretzia por Antoine dijo. Estoy seguro de que no sabran nada bien si hemos de creer lo que ella dice. Larry, no seas repulsivo intervino Margo muy seriecita. Yo no he dicho nada de guisar las piernas de Lugaretzia coment mam, molesta. Aparte de todo, tiene varices. Estoy seguro de que en Nueva Guinea se consideraran una golosina. Probablemente las comen como si fueran spaghetti dijo Larry. Pero Antoine tiene un paladar muy selecto y no creo que le gustaran ni aunque se las dieras rebozadas. No estoy hablando de las varices de Lugaretzia dijo mam indignada. Bueno, fuiste t quien las mencion replic Larry. Si he sugerido ocultarlas bajo un rebozado era para que pareciesen ms haute cuisine.

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Larry, la verdad es que a veces haces que me enfade dijo mi madre, y no vayas por ah hablando a la gente de las piernas de Lugaretzia como si yo las tuviera en la despensa. De todas formas, quin es ese De Ver o lo que sea? pregunt Leslie. Supongo que otro marica ms. No sabis quin es? pregunt Margo abriendo mucho los ojos . Pues es un gran actor de cine. Ha hecho pelculas en Hollywood. Una vez casi hizo una con Jean Harlow. Ahora est haciendo otra en Inglaterra. Es moreno... y... y... y es moreno, y es... Moreno? sugiri Leslie. Guapo dijo Margo. Por lo menos, hay gente que lo considera guapo. A m no me lo parece. Creo que es demasiado viejo, la verdad. Debe de tener treinta aos. O sea, que a m no me interesara una estrella de cine por guapo que fuese si fuera tan viejo, no? A m no me interesara si fuera guapo, estrella de cine, viejo y varn dijo Leslie con tono definitivo. Cuando hayis acabado de despellejar a mi amigo... empez a decir Larry. No os peleis, hijos se interpuso mam. La verdad es que os peleis por las cosas ms tontas. Veamos, ese tal De Vara, o como se llame, no le puedes decir que lo retrase, Larry? Ha sido un verano muy agitado, con tanta gente que ha venido, y se cansa una mucho y luego est la comida... Quieres decir que temes que no baste con las piernas de Lugaretzia? pregunt Larry. Mam le lanz su mirada ms feroz, una mirada que quiz hubiera inspirado un momento de intranquilidad a una golondrina recin nacida. Vamos, Larry, deja de hablar de las varices de Lugaretzia, o me voy a enfadar en serio advirti. Era su amenaza favorita y nunca conseguimos saber qu diferencia exista entre enfadarse y enfadarse en serio. Es de suponer que mam haba decidido que existan diversos grados de enfado, igual que diferentes colores en un arco iris. En todo caso, no puedo decirle que lo retrase ni aunque quisiera dijo Larry, porque la carta lleva fecha del doce, de forma que probablemente est ya a mitad de camino. Supongo que llegar en el barco de Atenas la semana que viene o la otra. As que, yo que t, empezara a echar esas varices a un caldero y ponerlas a fuego lento. No me cabe duda de que Gerry podr aportar algn otro ingrediente, por ejemplo uno o dos sapos. De momento ya tiene algo pudrindose lentamente en su habitacin, segn me dice mi olfato. Me sent desanimado. Haba olido el erizo y en mi diseccin no haba llegado ms que hasta los pulmones. Eso era lo malo de tener un hermano mayor en la habitacin de al lado. Bueno dijo mam reconociendo su derrota, si no es ms que uno, supongo que podremos arreglrnoslas. La ltima vez que nos vimos no haba ms que uno dijo mi hermano. No sabremos si se ha transformado en gemelos, por

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alguna extraa alquimia, hasta que llegue. Por si acaso, yo le dira a Lugaretzia que preparase dos camas. Sabes lo que come? pregunt mam, evidentemente preparando mens en la cabeza. Comida respondi Larry sucinto. Me agotas dijo mam. Rein el silencio mientras todos volvamos a concentrarnos en nuestras cartas o revistas. El tiempo fue pasando mgicamente, como sola ocurrir en Corf. Me pregunto si quedaran bien unas pasionarias en la pared de levante dijo mam alzando la mirada de su catlogo de semillas. Son muy bonitas. Me imagino perfectamente la pared de levante llena de pasionarias, no es verdad? No nos ira mal un poco de pasin en esta casa dijo Larry. Ultimamente ha reinado aqu una castidad monjil. No veo qu tienen que ver las pasionarias con las monjas coment mam. Larry suspir y recogi su correo. Por qu no te vuelves a casar? sugiri. Ultimamente tienes un aire muy marchito, como una monja con demasiado trabajo. Eso s que no es verdad dijo ella indignada. Se te est poniendo un aire de solterona malhumorada aadi Larry, como Lugaretzia cuando tiene un da bueno. Y todos estos comentarios sobre las pasionarias. Resulta muy freudiano. Evidentemente, lo que te hace falta es un idilio. Vulvete a casar. Qu tonteras dices, Larry dijo mi madre irritada. Volverme a casar! Qu tontera! Vuestro padre nunca lo permitira. Hace casi doce aos que muri pap. Creo que sus objeciones no serviran de mucho, no? Vulvete a casar y haz que todos seamos legtimos. Larry, deja de decir esas cosas delante de Gerry dijo mam, cada vez ms irritada. Te ests portando de forma absurda. Sois tan legtimos como yo. Y t te estas comportando de una forma cruel e insensible, al dejar que tus sentimientos egostas aplasten los instintos naturales de tu familia dijo Larry. Cmo podemos tus hijos desarrollar un sano complejo de Edipo sin un padre al que odiar? Cmo puede Margo odiarte bien si no tiene un padre del que enamorarse? Ests haciendo que nos convirtamos en monstruos de depravacin. Cmo podemos hacernos mayores igual que todo el mundo si no tenemos un padrastro al que odiar y despreciar? Como madre, tienes el deber de volverte a casar. Volveras a ser mujer. Ahora no haces ms que marchitarte y convertirte en una vieja malhumorada. Ten un romance mientras todava puedes zumbarte por ah con el sexo opuesto y trae un poco de alegra a la vida de tus hijos y un poco de pasin a la tuya. Larry, no voy a quedarme aqu escuchando esas tonteras. Estara bonito casarme otra vez... Y adems, con quin iba a casarme? pregunt mam cayendo en la trampa. Bueno, el otro da estabas comentando lo guapo que es ese muchacho de la pescadera de Garitza seal Larry.

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Ests loco? pregunt mam. No tendr ms de dieciocho aos. Qu importa la edad cuando hay pasin? pregunt Larry. Dicen que Catalina la Grande tena amantes de quince aos cuando ella ya haba pasado de los setenta. Larry, no seas repulsivo dijo mam, y no digas cosas as delante de Gerry. No estoy dispuesta a escuchar ms bobadas. Voy a ver a Lugaretzia. Bueno, pues te aseguro que ir a ver a Lugaretzia te parecera algo insignificante si pudieras elegir entre ella y el pescadero de Garitza advirti Larry. Mam le lanz una de sus miradas y se fue a la cocina. Se produjo una pausa mientras todos lo pensbamos. Sabes, Larry, creo que por una vez tienes razn dijo Margo. Mam tiene un aire bastante deprimido ltimamente. Es como si se sintiera abandonada. No me parece saludable. Hay que sacarla de su ensimismamiento. S dijo Leslie. Personalmente, creo que es por tanto contacto con Lugaretzia. Esas cosas son contagiosas. Dices que las varices son contagiosas? pregunt Margo, contemplndose las piernas alarmada. No, no dijo Leslie irritado, me refiero a todas esas quejas y depresiones. Estoy de acuerdo asinti Larry, diez minutos con Lugaretzia es como pasarse una noche entera con Boris Karloff y el jorobado de Notre-Dame. No cabe duda de que tenemos que tratar de salvar a mam para la posteridad. Despus de todo, bajo nuestra orientacin iba muy bien hasta ahora. Voy a pensar en ello. Con aquella declaracin ominosa se fue a su habitacin y el resto de nosotros nos dispersamos para ocuparnos de nuestros asuntos y nos olvidamos de la triste necesidad de un compaero que tena mam. A la hora de comer, cuando estbamos todos sentados en el porche, preguntndonos si nos derretiramos antes de que mam y Lugaretzia lograsen traernos la comida, lleg Spiro en su viejo Dodge, lleno de todo gnero de cosas para la despensa, desde sandas hasta tomates, y enormes cantidades de pan cuya fabulosa corteza estaba empezando a caerse igual que cae el corcho de los alcornoques. Adems, haba tres enormes bloques de hielo del tamao de atades envueltos en sacos para nuestra fresquera, el orgullo y la alegra de mam, diseada por ella y de un tamao enorme. Spiro haba ingresado en nuestras vidas como taxista cuando llegamos a Corf y al cabo de unas horas se haba transformado en nuestro gua, mentor y amigo. Su curioso dominio del ingls aprendido durante una estancia en Chicago absolva a mam de los problemas insolubles de tratar de dominar el griego. El la adoraba de una forma tan completa y altruista como atestiguaba una frase que repeta muy a menudo: Carambas, si yo tuvieras una madre como la vuestras, me pondra de rodillas y le besara los pieses todas las maanas. Era un hombre bajito y regordete con unas cejas oscuras y 54

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enormes, y esos ojos negros, melanclicos y enigmticos que parecen poseer slo los griegos, fijos en una cara tostada como una grgola benvola. Avanz hasta el porche y recit la letana que no haca falta, pero que a l pareca agradarle: Buenos das, seorita Margo. Buenos das, seor Larrys. Buenos das, seor Leslies. Buenos das, seorito Gerrys enton. Como un coro bien ensamblado, nosotros respondimos: Buenos das, Spiro todos a la vez. Una vez terminado este ritual, Larry sorbi pensativo su ouzo de despus del almuerzo. Spiro, tenemos un problema confes. Aquello fue como pronunciar la palabra paseo a un mastn. Spiro se puso tieso y entorn los ojos. Dgames, seor Larrys dijo con una voz tan profunda y sonora como el nacimiento del Krakatoa. Yo lo arreglos. Quiz resulte difcil reconoci Larry. No se preocupes. Yo lo arreglos dijo Spiro con el convencimiento de alguien que conoce a todo el mundo en la isla y que puede obligar a cualquiera a hacer cualquier cosa. Bueno dijo Larry, se trata de mi madre. A Spiro se le enrojeci la cara y dio un paso adelante. Qu pasas con sus madres? pregunt alarmado, cada vez con ms plurales. Bueno, quiere volverse a casar dijo Larry tranquilamente, encendiendo un cigarrillo. Los dems nos quedamos sin aliento. De todas las audacias en que jams haba incurrido Larry, sta haba de ser la ms formidable y de peores consecuencias. Spiro se qued inmvil, contemplando a mi hermano. Sus madres quiere casarses otra vez? pregunt ronco, con voz incrdula. Dimes quin es ese hombre y yo lo arreglos, seor Larrys. No se preocupes. Cmo lo arreglara usted? pregunt Leslie interesado, pues con su enorme coleccin de armas y sus expediciones de caza tenda a dejarse llevar por fantasas de muertes y destrucciones en lugar de gestos amables y humanitarios. Comos me han enseados en Chicago dijo Spiro, frunciendo el ceo. Botas de cemento. Botas de cemento? pregunt Margo, atrada ahora que la conversacin giraba aparentemente hacia la moda. Qu es eso? Bueno, se agarra al hijo putas, con perdn de la expresin, seorita Margo, y se le meten los pieses en un par de cubos de cemento. Cuando se endurece se le metes en un caique y se le tiras por la borda explic Spiro. Pero eso no se puede hacer! exclam Margo. No podra nadar. Se ahogara. De eso se trata explic paciente Larry. Sois totalmente horribles dijo Margo. Es una porquera. Es un asesinato. Eso es lo que es, puro asesinato. Y, adems, no estoy dispuesta a que mi padrastro ande por ah con katiuskas de cemento

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o lo que sean. Quiero decir que, si se ahogara, nos quedaramos todos hurfanos. No, porque quedara mam seal Leslie. Margo abri mucho los ojos, horrorizada. No le vais a poner nada de cemento a mam dijo. Os lo advierto. Estoy dispuesta a ir a la polica. Vamos, Margo, por el amor del cielo, cierra la boca dijo Larry . Nadie ha dicho nada de ahogar a mam. En todo caso, no podemos llevar a cabo el ingenioso experimento de Spiro hasta que tengamos un candidato, y eso es lo que nos falta. Mire usted, Spiro, mam simplemente ha expresado un deseo de... como si dijramos... volver a experimentar el romance. Todava no se ha decidido por nadie concreto. Pues cuando lo decidas, seor Larrys, usted me lo dices y yo y Theodorakis le ponemos las botas de cemento, OK? Pero no estbamos tratando de ayudar a mam a volverse a casar? pregunt Margo. O sea, que si Spiro va y le pone cemento en los pies a todos los hombres que ella mire, ser un asesino como Rasputn el Destapador, y nunca conseguiremos que mam se case. S, Spiro, limtese a estar atento, quiere? No haga nada drstico, pero tnganos informados dijo Larry y, sobre todo, ni una palabra a mam. Se altera mucho cuando se habla de este tema. Sers como una tumbas dijo Spiro. Durante unos das nos olvidamos de la solitaria existencia de nuestra madre, porque haba muchas cosas que hacer. Varias de las aldeas cercanas tenan unas fiestas maravillosas a las que siempre bamos. Haba flotillas enteras de burros atados a los rboles (pues los parientes de los aldeanos llegaban desde muy lejos, a veces nada menos que diez kilmetros). El humo que flotaba entre los olivos era como un denso perfume de carbn ardiente, cordero asado y ajo penetrante. El vino, rojo como la sangre de la matanza de un dragn, susurraba en las copas con un zumbido de conspiracin tan clido y amistoso que incitaba a tomar ms. Los bailes eran alegres, con muchos saltos al aire y palmadas en las piernas. En la primera fiesta, Leslie trat de saltar por encima de una hoguera que pareca estar formada por los rganos internos del Vesubio. No lo logr y, antes de que lo sacaran unas manos prestas, sufri feas quemaduras en las partes bajas. Tuvo que pasarse un da o dos sentado en un cojn hinchable. Durante una de aquellas fiestas, Larry condujo entre los participantes a un hombre bajito con un traje blanco inmaculado, corbata de seda escarlata y oro, y un exquisito sombrero de Panam. Llevaba unos zapatitos tan bruidos como la coraza de un escarabajo. Madre dijo Larry, te traigo a una persona interesantsima que se muere por conocerte. Te presento al profesor Eurpides Androtheomatacottopolous. Encantada de conocerlo dijo mam nerviosa. Es un placer, madame Durrell dijo el profesor, tomndole la mano y llevndosela hasta sus bien recortados barba y bigote que le ocultaban la parte inferior de la cara como una densa nevada. 56

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El profesor no slo es un gastrnomo famoso, sino un exponente implacable de las artes culinarias. Ah, muchacho, exageras dijo el profesor. Estoy seguro de que mis humildes esfuerzos en la cocina resultaran insignificantes en comparacin con los banquetes autnticamente romanos que preside tu madre, segn me han dicho. A mam siempre le haba resultado difcil distinguir entre un banquete romano y una orga romana. Estaba firmemente convencida de que eran sinnimos e implicaban grandes cantidades de comida y hombres y mujeres semidesnudos hacindose, entre la sopa y los postres, cosas que sera mejor reservar para la intimidad del dormitorio. Y ahora dijo el profesor, sentndose a su lado, quiero que me hable usted de las hierbas aromticas del lugar. Es verdad que aqu no se utiliza la lavanda? Naturalmente, como Larry saba muy bien, ste era uno de los temas favoritos de mam y, al ver que el profesor estaba muy interesado y saba de lo que hablaba, se lanz a una diatriba gastronmica. Ms tarde, comido el ltimo bocado de piel crujiente y carne sonrosada de cordero, vaciada la ltima botella y apagado el corazn ardiente de cada hoguera, nos metimos en el fiel Dodge y nos fuimos a casa. He tenido una conversacin muy interesante con el profesor Andr... Andr... Andr, ay, no entiendo por qu los griegos tienen unos nombres tan impronunciables dijo irritada, y despus se inclin hacia adelante y toc a Spiro en el hombro. Naturalmente, no me refiero a ti, Spiro, no puedes evitar apellidarte Hak... Haki... Hakiopolous dijo Spiro. S. Pero el apellido de ese profesor no se termina nunca, es como una oruga. En fin, supongo que ms vale eso que llamarse Smith o Jones suspir mam. Habl de cosas interesantes de cocina, pese a su apellido? pregunt Larry. Fascinantes respondi ella. Le he invitado a cenar maana por la noche. Estupendo dijo Larry. Espero que tengas una carabina. De qu demonios hablas? pregunt mam. Bueno, si es tu primera cita tienes que comportarte. Larry, deja de decir tonteras dijo ella con gran dignidad, y en el coche rein el silencio hasta que llegamos a casa. Crees que es el tipo de persona que debemos presentar a mam? pregunt Margo, preocupada, al da siguiente, mientras mam estaba en la cocina preparando exquisiteces para la visita del profesor. Por qu no? replic Larry. Bueno, para empezar, es tan viejo... Debe de tener por lo menos cincuenta aos seal Margo. Lo mejor de la vida dijo Larry muy tranquilo. Se sabe de hombres que han tenido nios despus de cumplir los ochenta. 57

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No s por qu siempre tienes que meter las cosas del sexo se quej Margo. Y adems es griego. No puede casarse con un griego. Por qu no? pregunt Larry. Los griegos se pasan el tiempo casndose con griegos. Es diferente dijo Margo, eso es cosa suya. Pero mam es inglesa. Estoy de acuerdo con Larry dijo Leslie de forma imprevista. Parece que es persona acomodada, con dos casas en Atenas y otra en Creta. No veo qu puede importar que sea griego. No puede evitarlo y, en todo caso, conocemos a algunos griegos muy simpticos: mirad a Spiro. No puede casarse con Spiro, ya est casado coment Margo en tono irritado. No estoy hablando de que se case con Spiro. Lo nico que digo es que es griego y es muy simptico. Bueno, en todo caso, no me gustan los matrimonios mixtos dijo Margo, porque entonces se tienen tercianos. Cuarterones seal Larry. Bueno, como se llamen dijo Margo. No quiero que mam tenga uno y no quiero tener un padrastro del que no puedo siquiera pronunciar el apellido. Para entonces nos llamaremos por el nombre de pila seal Larry. Y cmo se llama? pregunt Margo suspicaz. Eurpides replic Larry. Para abreviar lo puedes llamar Rip. Decir que el profesor caus mala impresin aquella noche sera quedarse deliberadamente corto. Mientras la tartana que lo traa resonaba y tintineaba por el largo camino que atravesaba los olivares antes de llegar a casa, pudimos orlo antes que verlo. Cantaba una preciosa cancin griega de amor. Por desgracia, nadie le haba dicho jams que desafinaba mucho, o, si se lo haban dicho, no lo haba credo. Cantaba con energa, de forma que compensaba la calidad que le faltaba con un gran volumen. Salimos todos al porche a saludarlo y, cuando la tartana se detuvo ante nuestra escalera, inmediatamente se pudo ver que el profesor haba libado del mosto en cantidad nada prudente. De la tartana cay a los escalones, con el lamentable resultado de romper las tres botellas de vino y la jarra de chutney casero que haba trado para mam. El pecho de su elegante traje gris plido qued empapado en vino, de forma que tena el aspecto de alguien que ha sobrevivido por milagro a un terrible accidente de automvil. Est bebido dijo el conductor de la tartana, por si no nos habamos dado cuenta. Est ms borracho que una cuba dijo Leslie. Que dos cubas dijo Larry. Esto es repulsivo intervino Margo. Mam no se puede casar con un borracho griego. Pap no lo habra aprobado. Casarme con l? De qu estis hablando? pregunt mam. Habamos pensado que poda significar un romance en tu vida explic Larry. Ya te dije que necesitbamos un padrastro. 58

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Casarme con l exclam mam, horrorizada. No querra que me vieran con l ni muerta. Pero en qu estis pensando, hijos? Ya lo veis dijo Margo triunfante, ya os haba dicho que no querra a un griego. El profesor se haba quitado el sombrero hongo manchado de vino, haba hecho una reverencia a mam y despus se haba quedado dormido en los escalones. Larry, Leslie, me estis haciendo enfadar de verdad dijo mam. Coged a ese idiota borracho, volved a ponerlo en la tartana y decidle al conductor que lo devuelva a donde lo encontr. Y no quiero volverlo a ver nunca ms. Creo que te ests portando sin ningn romanticismo dijo Larry . Cmo podemos conseguir que te vuelvas a casar si adoptas esa actitud antisocial? Total, no ha hecho ms que tomarse unas copas. Y dejad de decir esas estupideces de que me vuelva a casar dijo mam decidida. Ya os dir yo cundo quiero casarme y con quin, si es que pasa alguna vez. Slo pretendamos ayudar seal Leslie, ofendido. Bueno, pues podis ayudarme sacando de aqu a ese borracho idiota dijo mam, y pisando fuerte volvi a meterse en la casa. Aquella noche la cena fue (desde el punto de vista de la conversacin) fra, pero deliciosa. El profesor no saba lo que se haba perdido. Al da siguiente fuimos todos a nadar, dejando a mam, ya ms tranquila, enredando en el jardn con su catlogo de semillas. El mar tena una temperatura digna de baera y haba que adentrarse mucho y despus bucear unos dos metros antes de encontrar agua lo bastante fra para refrescarse. Despus nos quedamos a la sombra de los olivos, dejando que el agua salada fuera formando una costra sedosa en la piel. Sabis dijo Margo, he estado pensando. Larry la contempl incrdulo. Qu has estado pensando? interrog. Bueno, que creo que te has equivocado con el profesor. No creo que fuera el tipo de mam. Pero si no haca ms que bromear replic Larry lnguidamente. Siempre estuve en contra de esa idea suya de volverse a casar, pero pareca tan convencida de necesitarlo... Quieres decir que fue idea de mam? pregunt Leslie, estupefacto. Naturalmente dijo Larry. Cuando uno llega a su edad y empieza a plantar pasionarias por todas partes resulta evidente no? Pero piensa en las consecuencias si se hubiera casado con el profesor exclam Margo. Qu consecuencias? pregunt Leslie suspicaz. Bueno, se habra ido a vivir con l a Atenas respondi Margo. Y qu? Bueno, quin iba entonces a hacernos la comida? Lugaretzia? No lo quiera Dios! dijo vehemente Larry. Os acordis de la sopa de sepia? pregunt Leslie. 59

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Por favor, no me lo recuerdes dijo Margo. Aquellos ojos que flotaban contemplndonos acusadores... uf! Supongo que podramos habernos ido a Atenas a vivir con ella y con Erisipolous o como se llame coment Leslie. No creo que le hubiera gustado mucho cargar con cuatro hijos en sus ltimos aos observ Larry. Bueno, creo que deberamos hacer que mam pensara en otra cosa dijo Margo que no fuera el matrimonio. Pero parece empeada apunt Larry. Bueno, pues tenemos que desempearla dijo Margo. Hay que mantenerla en el recto camino y encargarnos de que no conozca a demasiados hombres. Estar vigilantes. A m me parece que no le pasa nada coment Leslie dubitativo. Planta pasionarias seal Larry. Exactamente dijo Margo. Hay que vigilarla. Yo siempre digo que cuando el ro suena, lleva peces. As que con esa idea en la cabeza nos dispersamos y cada uno se dedic a lo suyo. Larry a escribir, Margo a averiguar qu se poda hacer con diecisiete metros de terciopelo rojo que haba comprado en unas rebajas, Leslie a engrasar sus escopetas y fabricar cartuchos, y yo a tratar de capturar compaa para uno de mis sapos, pues los asuntos matrimoniales de mis animales me resultaban infinitamente ms importantes que los de mi madre. Tres das despus, acalorado, sudoroso y hambriento tras una bsqueda insatisfactoria de culebras leopardo por los cerros, volva yo a casa justo en el momento en que Spiro extraa a Antoine de Ver del Dodge. Llevaba un chambergo enorme, una capa negra con forro escarlata y un traje de pana azul claro. Sali del coche, cerr los ojos, levant los brazos al cielo y enton con voz sonora y profunda: Ah! Cuan majestuosa es Grecia! Y respir a fondo. Despus se quit el chambergo y me contempl, zarrapastroso y rodeado de perros, todos los cuales gruan ominosamente. Me sonri, exhibiendo unos dientes blanqusimos que contrastaban con la piel atezada, tan perfectos que podran estar recin hechos. Tena el pelo rizado y brillante. Sus ojos eran grandes y relampagueantes, del color de una castaa recin brotada, y toda su piel era oscura como una ciruela. No caba duda de que era guapo, pero dentro de un estilo que Leslie habra calificado de muy mediterrneo. Ah! dijo sealndome con un largo dedo. T debes de ser el hermanito menor de Lawrence. Aunque no me haba gustado demasiado a primera vista, haba estado dispuesto a darle una oportunidad, pero ahora mi opinin descendi por debajo de cero. Me haba acostumbrado a que tanto mi familia como nuestros amigos me describieran de diversas formas menospreciativas, y haba adoptado una actitud estoica frente a aquellos poco amables, falsos y probablemente calumniosos ataques a mi personalidad, pero nadie haba tenido jams la temeridad de llamarme hermanito menor. Me estaba preguntando qu habitacin le asignaran y si valdra la pena meterle en la cama una culebra de 60

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agua muerta (que por casualidad se hallaba en mi posesin), cuando Larry apareci y se llev a Antoine a la cocina para presentrselo a mam. Los siguientes das fueron, como mnimo, interesantes. Al cabo de veinticuatro horas Antoine haba logrado irritar a toda la familia con la excepcin para nuestro gran asombro de mam. Evidentemente, Larry se aburra con l y no haca sino vagusimas tentativas de ser amable. Leslie opinaba que era un maldito mediterrneo al que habra que fusilar y Margo pensaba que era gordo, viejo y grasiento. Pero, por algn motivo inexplicable, pareca que mam lo encontraba encantador. Constantemente le peda que se diera una vuelta con ella por el jardn y que le sugiriese dnde deba plantar cosas, o le invitaba a la cocina para que probara el estofado que estaba preparando y sugiriera qu ingredientes aadir. Incluso lleg a hacer que Lugaretzia, quejndose como un galeote romano, subiera cojeando tres tramos de escalera con una bandeja enorme cargada con suficientes huevos, bacon, tostadas, mermelada y caf como para alimentar a un regimiento. Ese lujo era algo que a nosotros no se nos permita ms que si estbamos enfermos, de forma que, naturalmente, nuestra aversin a Antoine fue en aumento. Pareca no darse cuenta en absoluto de nuestros mal disimulados sentimientos, monopolizaba todas las conversaciones y haca que las horas de las comidas fueran intolerables. Evidentemente, el pronombre personal de primera persona se haba inventado expresamente para l, y casi cada frase empezaba con un yo creo, yo opino, yo s o yo entiendo. Contbamos los das que faltaban para que se fuera. No me gusta dijo Margo preocupada. No me gusta nada la forma en que est siempre revoloteando en torno a mam. O ella en torno a l dijo Leslie. Bobadas. Ese to es un pelma. Es peor que el profesor dijo Larry. De todas formas, se marcha dentro de poco, gracias a Dios. Bueno, pues fjate lo que te digo, que algo raro est pasando dijo Margo. Dame pan y ganancia de pescadores. A mi hermana le gustaban los refranes, pero invariablemente daba su propia versin, que tenda a resultar un tanto extraa. Ayer los vi paseando por los cerros y l le estaba cogiendo flores observ Leslie. Ya lo veis coment Margo. Cuando se le dan flores a una mujer siempre significa algo. Una vez le llev montones de flores a una mujer y no me lo agradeci nada dijo Larry. Por qu? Yo crea que a las mujeres les gustaban las flores pregunt Leslie. No en forma de corona explic Larry. Como haba muerto, supongo que no hay que juzgarla con dureza. Estoy seguro de que si hubiera estado viva las habra puesto en agua. Ojal te tomaras las cosas ms en serio dijo Margo. Me tomo las coronas muy en serio replic Larry. En los Estados Unidos las ponen en las puertas por Navidad. Supongo que para recordarle a uno la suerte que tiene de no estar criando malvas. 61

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Para nuestro gran asombro, a la maana siguiente Spiro lleg antes del desayuno y se llev a Antoine, con su chambergo, su capa y su traje azul, era de suponer que al pueblo. Mam nos explic el misterio cuando nos sentamos a desayunar. Dnde se ha ido Antoine? pregunt Larry, trepanando diestramente un huevo pasado por agua. Supongo que es demasiado esperar que se haya ido para siempre. No, hijo dijo mam muy plcida, quera hacer unas compras y en todo caso pens que resultara ms discreto no estar aqu mientras hablaba yo con todos vosotros. Hablar con nosotros? Hablar con nosotros de qu? pregunt Margo alarmada. Recordaris que hace un tiempo me sugeristeis que me volviera a casar empez a decir mam, muy afanada en servir el t y el zumo de naranja. Bueno, en aquel momento no me gust, porque, como ya sabis, dije que nunca me volvera a casar, dado que ningn hombre iba a estar a la altura de vuestro padre. Nos mantuvimos callados como muertos. Lo he estado pensando mucho continu y he decidido que tenas razn, Larry. Creo que efectivamente necesitis un padre que ejerza la disciplina y os oriente. Conmigo no basta. Seguamos sentados como hipnotizados. Mam sorbi un poco de t y dej la taza. Como sabis, en Corf no hay muchas posibilidades y verdaderamente no saba qu hacer. Pens en el cnsul de Blgica, pero no habla ms que francs y si se me declarase no lo entendera. Pens en el seor Kralefsky, pero est tan consagrado a su madre que dudo que quiera casarse. Pens en el coronel Velvit, pero creo que no le interesan precisamente las mujeres. Casi haba renunciado, desesperada, cuando lleg Antoine. Mam! exclam Margo horrorizada. Calla, hija, y deja que siga. Bueno, desde el primer momento nos sentimos atrados el uno por el otro. No creo que os dierais cuenta. Claro que s replic Leslie, con toda esa mierda del desayuno en la cama y a ti cayndosete la baba con el hijoputa. Leslie, hijo, no permito que utilices ese trmino para referirte a tu padrastro, o a quien espero que llegue a ser tu padrastro en el debido momento. No me lo puedo creer dijo Larry. Siempre he pensado que las mujeres sois medio tontas, pero no crea que fuerais tan estpidas. Si te casas con Antoine te darn en Premio Nobel de la idiotez. Larry, hijo, no seas grosero. Antoine tiene grandes cualidades. Y, en todo caso, la que se va a casar con l soy yo, no t. Pero no te puedes casar con l, es horrible solloz Margo, a punto de echarse a llorar. Bueno, no inmediatamente dijo mam. Ya lo hemos hablado. Estamos de acuerdo en que mucha gente se casa a toda prisa y luego lamentan haber tomado una decisin apresurada. 62

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Desde luego, t lamentaras sta dijo Larry. S, bueno, como digo, lo hemos hablado y hemos decidido que lo mejor sera que viviramos juntos en Atenas durante un tiempo para irnos conociendo mejor. Vivir con l en Atenas? Hablas de vivir en pecado? pregunt Margo horrorizada. Eso es imposible, mam. Sera bigamia. Bueno, no sera exactamente un pecado explic mam si estuviramos planeando casarnos. He de decir que es la excusa ms original para pecar que he odo en mi vida coment Larry. No puedes hacer eso dijo Leslie. Ese tipo es horrible. Podras pensar en nosotros por una vez. S, mam, piensa en lo que dir la gente dijo Margo. Sera terrible, cuando la gente preguntase dnde ests, tener que decir que vives en pecado en Atenas con ese... ese... ese... Hijoputa complet Leslie. Y pelma aadi Larry. Vamos, mirad dijo mam. Si segus as vais a hacer que me enfade de verdad. Lo nico que pudisteis pensar como marido para m fue un viejo idiota y borracho con un apellido ms largo que el abecedario. Ahora yo he elegido a Antoine y no hay ms que decir. Tiene todas las cualidades que ms admiro en un hombre. Quieres decir ser pelma, perezoso y vanidoso? pregunt Larry. Tener el pelo empapado de grasa? pregunt Margo. Roncar como un ceporro? pregunt Leslie. Yo no contribu con nada, pues cre que a mam no le convencera mi comentario de que alguien que me llamase hermanito menor merecera haber sido estrangulado al nacer. Naturalmente, eso significa que cambiarn nuestras vidas explic mam, sirvindose otra taza de t. Como Gerry es el ms joven, vendr a vivir conmigo y con Antoine para que pueda contar con su ejemplo. Leslie: t y Margo ya sois lo bastante mayores para emanciparos, de forma que os sugiero que volvis a Inglaterra y encontris un trabajo agradable. Mam! No puedes hablar en serio! jade Margo. No existe ningn trabajo agradable coment Leslie, empavorecido. Y yo qu? pregunt Larry. Qu futuro habis planeado para m entre t y ese brbaro imbcil? Ah, eso es lo mejor dijo mam triunfante. Antoine tiene un amigo en Lituania que tiene un peridico. Segn parece, tira varios centenares de ejemplares. Antoine est seguro de que te puede conseguir un empleo de... de... creo que se llama compositor. En todo caso es una de esa gente que ponen todas las letritas juntas y despus las convierten en una pgina impresa. Yo? explot Larry. Quieres que yo me convierta en un compositor de mierda? Hijo, no hables as dijo mam automticamente. No veo qu tiene de malo. Como Antoine sabe que quieres ser escritor, crey que 63

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sera el trabajo perfecto para ti. Al fin y al cabo, todo el mundo tiene que empezar por el principio. Me gustara empezar por su principio para hacerle llegar a su final dijo Leslie furioso. Qu sabe l de trabajos agradables? Bueno, hijo, algo que te resulte atractivo, algo que vaya bien con tu personalidad explic mam. Como la carnicera sugiri Larry, para que pudiese empezar a practicar con Antoine. Veo que ninguno de vosotros est de nimo sereno dijo mam muy digna. De forma que vamos a dejar de hablar del asunto. Pero estoy decidida, de forma que ms vale que os hagis a la idea. Si queris hablar en serio, estar en la cocina. Quiero prepararle a Antoine un cari de gambas para esta noche. Es uno de sus platos favoritos. Nos quedamos sentados en silencio mientras ella, canturreando para sus adentros, pasaba entre los mandarinos y desapareca en el interior de la casa. Es que no me lo puedo creer dijo Larry. Tiene que haber enloquecido. Estoy seguro de que est loca. No hay ms que ver todos los parientes chalados que tenemos. Es cosa de familia. Hemos de resignarnos a una vida de camisas de fuerza y celdas acolchadas. No est loca dijo Margo. Yo s cundo mam dice locuras y cundo no. Estoy segura. Bueno, en ti resulta muy lgico observ Larry. Creo que va en serio indic Leslie. Si de verdad quiere casarse con ese hombre supongo que no podemos impedirlo, aunque creo que es un poco egosta. Pero sugerir que vayamos a buscar trabajo, creo que eso verdaderamente es llevar las cosas demasiado lejos. Estoy de acuerdo dijo Larry. La desintegracin de la vida familiar se inicia cuando los hijos empiezan a comportarse normalmente y su madre anormalmente. Claro que siempre nos queda el remedio de Spiro. Te refieres a las sandalias de cemento? pregunt Margo abriendo mucho los ojos. Botas corrigi Leslie. Pero entonces, no seramos cmplices? pregunt Margo. Despus de todo, cuando se mata a alguien as es como un asesinato, no? O sea, no puedes decir que pis los cubos por accidente y que despus se cay del barco, verdad? O sea, que no creo que nadie se lo creyera. O sea, creo que podran tener sospechas. O sea, que no creo que sea una idea muy segura. Y, en todo caso, no creo que si se lo preguntsemos a Antoine, aunque no podramos, le gustara la idea. Creo que no le gustara meternos en problemas con la polica y todo eso. O sea, creo que bsicamente es simptico, slo que es horrible y quiere casarse con mam y fastidiarlo todo. Una forma muy sucinta de decirlo observ Larry. Tenemos que hacer algo dijo Leslie preocupado, o si no ese maldito lo va a fastidiar todo.

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S, nuestras vidas privadas se harn pblicas dijo Margo. Nos tendremos que pasar la vida mirando por encima de los hombros. No puede uno mirar por encima de los dos hombros al mismo tiempo corrigi Leslie, siempre realista. S que se puede si est uno lo bastante asustado seal Margo. Por lo menos yo s que puedo. A la hora de comer tenemos que intentarlo otra vez dijo Larry . Hay que demostrarle que est actuando mal. Crees que una excursin al psiquitrico de aqu bastara? sugiri Margo. As vera lo equivocada que est. Cmo? inquiri Leslie. Bueno, le demostrara en lo que corre peligro de convertirse si no renuncia a esa absurda idea de casarse con Antoine. No funcionara. Cada vez que paso por ah todos los internos parecen estrselo pasando fenmeno dijo Leslie. No, probablemente lo que se conseguira es que mam y Antoine se fueran a vivir con ellos. Quiero decir que si tienen que vivir en pecado, es mejor que sea en Atenas, que est lejos, y no en un psiquitrico a nuestra misma puerta. No estara bien. La gente hablara. Ya pensar algo dijo Larry, y se fue a su habitacin. Bueno, en todo caso, te dar algo que hacer con todo ese maldito terciopelo que compraste observ Leslie. Qu voy a hacer con l? inquiri Margo. Le puedes hacer un vestido de novia a mam. No digas estupideces exclam Margo, y se march muy enfadada. A la hora de comer se reanud el ataque, pero mam mantuvo su firme placidez. Te das cuenta de que nos ests destrozando la vida? pregunt Larry. Bueno, yo no me quej cuando me qued viuda con cuatro hijos que criar, verdad? Cmo ibas a quejarte? Nosotros enriquecimos tu vida y en todo caso, si no la hubiramos enriquecido y te hubiramos hecho sufrir, no habra sido ms que una vida destrozada. Lo que t propones ahora es destrozar cuatro vidas seal Larry. S convino Leslie, es decir, que si nosotros hiciramos algo as diras que ramos unos egostas. S aadi Margo, y no es como si necesitaras casarte. Despus de todo, nos tienes a nosotros. Cualquier mujer estara contentsima de tener cuatro hijos como nosotros. Bueno, si conocis a alguna, me gustara que me la presentarais dijo mam framente. Voy a echarme la siesta. A la hora del t tampoco nos fue bien. Te das cuenta de lo que dir la gente cuando vea que te casas con un hombre ms joven? pregunt Larry. Antoine tiene exactamente mi edad, hijo.

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Pero parece mucho ms joven. No s si te has visto en el espejo ltimamente, pero da la sensacin de que ests entrando en la decadencia. La gente dir que te has casado con un joven gigol. No es eso un instrumento de msica? pregunt Margo, toda confusa. No, eso es un piccolo explic Leslie. Un gigol es uno de esos mediterrneos que van por ah haciendo proposiciones a las mujeres de cierta edad. Qu clase de proposiciones? pregunt Margo. Libidinosas dijo Leslie, abarcndolo todo. Es que Antoine ha estado haciendo proposiciones libidinosas a mam? Ay, me parece horrible exclam Margo. Ya es bastante malo que vivan en pecado como para que encima le haga proposiciones libidinosas. Mam, de verdad, me parece que ya es demasiado. Te ests comportando como un personaje de El campante de lady Latterly. Ms vale que os callis todos dijo mam decidida. Antoine se ha comportado como un perfecto caballero, pues de otro modo no habra contemplado la idea de casarme con l. Pero lo he decidido y se acab. Ahora voy a ocuparme del cari. Y se fue a la enorme cocina subterrnea, donde Lugaretzia gema como si estuviera en el potro de la tortura. No hay nada que hacer, tendremos que enfrentarnos con Antoine. Tendremos que decirle que no lo aceptamos ni como padrastro ni como nada dijo Larry. S, y somos cuatro contra uno seal Leslie. Cuatro contra dos corrigi Margo, porque tambin est mam. Mam no cuenta dijo Leslie. Despus de todo, tenemos perfecto derecho explic Larry. Lo hacemos por su bien, por su felicidad. Nunca nos perdonaramos no haberla salvado de su propia estupidez. S aadi Margo, imagnate que la gente nos dijera que saba que nuestra madre est viviendo en pecado con un piccolo. Gigol corrigi Leslie. Habr que esperar hasta que vuelva coment Larry sombro. S, y entonces podemos llegar al pozo de las cosas dijo Margo. Lo bueno del largusimo camino que llevaba hasta casa era que podamos ver venir a la gente mucho antes de que llegara y cuando eran pelmas sencillamente desaparecamos en los olivares y dejbamos que mam se encargara de ellos. El coche de Spiro tena una antigua bocina de esas que se aprietan, aproximadamente del tamao de un meln grande, que emita unos bocinazos similares a los bramidos de un toro ofendido privado de sus derechos nupciales, un ruido tan fuerte y tan terrible que lograba hasta el milagro de hacer que un burro de Corf se apartara del camino. Al entrar en la desviacin que llevaba a nuestra casa, a unos ochocientos metros de distancia, tocaba siempre una especie de sinfona con la bocina para que supiramos que llegaba. As nos enteramos de la vuelta de Antoine y nos reunimos beligerantes en el porche de la fachada para 66

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entrar en batalla. Jams hombre alguno tuvo que enfrentarse con un grupo ms fro, ms implacable y ms hostil, un grupo que emanaba una enemistad tan vibrante como setenta y nueve tigresas bengales reunidas para defender a todas sus cras. Ah dijo mam, que sali corriendo al porche, crea haber odo la bocina de Spiro. O sea, que ya vuelve Antoine... Maravilloso. El coche se detuvo bajo nosotros y, ante nuestra mirada horrorizada, Antoine se quit el sombrero y le lanz un beso con la mano a mam. Querida dama, he vuelto dijo. Coac, champagne, flores para ti y la pequea Margo y clairs (de chocolate) para nuestro pequeo Gerry. Creo no haber olvidado nada. Salvo hablar en ingls observ Larry. Antoine salt del coche y, con un gesto ondulante de la capa, subi corriendo los escalones y le bes la mano a mam. Se lo has dicho? pregunt preocupado. S replic mam. Antoine se volvi hacia nosotros igual que se podra volver un domador hacia un grupo de animales de la selva mal adaptados. Ah, queridos hijos dijo, abriendo mucho los brazos como si fuese a abrazarnos a todos. Mi adorable familia adoptiva. Nadie en la tierra ha tenido la suerte de que se le dieran cuatro nios tan buenos, adems de una madre que es un don del cielo. Aquellos nios tan buenos le echaron una mirada tan ardiente como un horno abierto mientras mam sonrea afectadamente. Ah, qu bien lo vamos a pasar continu Antoine, que no pareca darse cuenta de nuestra hostilidad. Podr ayudar en todo igual que un padre. A ti, mi querido Larry, te podr asesorar sobre tus escritos. Leslie, a ti creo que deberamos desviarte de esa obsesin por las armas y llevarte a pensar en cosas superiores: quiz una carrera en la banca o algo as, slido, eh? Y a ti, queridsima Margo, tan torpe, tan ingenua, tendremos que ver cmo logramos hacerte presentable. Y el pequeo Gerry, vaya un golfillo, con todos esos estpidos animales. Estoy seguro de que podremos hacer algo por l. Incluso el material ms inverosmil puede moldearse para hacer que se parezca a un ser humano. Ah, cmo vamos a divertirnos cuando compartamos nuestras nuevas vidas. Ay, Antoine, va a ser maravilloso exclam mam. Antoine se volvi hacia ella. S, va a ser maravilloso y contigo, mi querida Louella... quiero decir Lucy... Lucinda... quiero decir... se interrumpi y dio una patada en tierra diciendo: Maldita sea, madita sea, maldita sea. Mam se ech a rer. Maldita sea, maldita sea, maldita sea repiti Antoine. Esta era mi gran escena y la he fastidiado. Lo habas hecho muy bien hasta ahora indic mam, y de todas formas se lo bamos a decir. Decirnos qu? pregunt Margo abriendo mucho los ojos. Que todo esto no era ms que una maldita broma dijo Larry irritado. 67

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Una broma? pregunt Leslie. O sea que no va a casarse con Antoine? No, hijo explic mam. Ya me estaba enfadando con la forma en que os comportabais; enfadndome de verdad. Despus de todo, puedo ser vuestra madre, pero no tenis derecho a meteros en mis cosas, as que se lo coment a Antoine para saber si crea que estaba... bueno, que estaba siendo algo dura, pero l estuvo de acuerdo conmigo. Y por eso ideamos este plan para daros una leccin a todos. En mi vida he escuchado nada tan artero ni inmoral, dejndonos sufrir as, imaginando que tendramos que comer lo que guisara Lugaretzia dijo Larry indignado. S, podras haber pensado en nosotros dijo Leslie acusador. Estbamos todos muy preocupados. S, es verdad convino Margo. Despus de todo, no creamos que te fueras a casar con cualquier pelanas. O cualquier Antoine aadi Larry. Bueno, Antoine hizo su papel maravillosamente, de hecho lo hizo tan bien que me empez a desagradar un poco dijo mam. Es el mayor elogio posible dijo Antoine. Bueno, pues a m me parece totalmente horrible que nos hayas tenido a todos en suspenso dijo Margo. Creo que lo menos que puedes hacer es prometernos que no te casars sin nuestro consentimiento. Pero si no me importa no estar casada dijo mam, y en todo caso sera muy difcil encontrar a alguien que se pudiera comparar con vuestro padre. Y si efectivamente encontrase a alguien que se pudiera comparar, me temo que jams en su vida se me declarara. Por qu no? pregunt Margo, suspicaz. Bueno, hija, qu hombre en su sano juicio iba a aceptar a cuatro hijos como vosotros? pregunt mam.

Ludwig

Los britnicos siempre han dicho que los alemanes no tienen sentido del humor. Yo siempre he sospechado que esa generalizacin es exagerada y, como casi todas las generalizaciones, probablemente falsa. Mi limitadsima experiencia con la raza alemana no me haba llevado a la idea de que tuviera un sentido excesivo del humor, pero, como en general se ha tratado de conversaciones con un director de zoo alemn sobre las muelas del juicio de los chimpancs o las uas

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incrustadas de las patas de un elefante, se echa de ver por qu el humor no se ha deslizado en esas conversaciones. Sin embargo, pensaba que en alguna parte deba de esconderse un alemn con sentido del humor, igual que uno siempre sospecha que en alguna parte debe de esconderse un hotel ingls en el que se pueda comer bien. Pensaba que deba haber llegado a sus odos que se los consideraba carentes de humor y que esto habra aumentado sus mltiples complejos, pero tambin que los alemanes ms jvenes, horrorizados ante esa calumnia, podran haber manufacturado ya, con sus sorprendentes aptitudes tcnicas, un sentido del humor. De forma que estaba perfectamente preparado, en caso de que se cruzaran nuestros caminos, para encontrarme con ese joven alemn (o, preferiblemente, con esa joven alemana) y tratarlo con la mayor amabilidad y asegurarle a l o a ella que no crea tamaa calumnia. Como siempre ocurre cuando uno hace una promesa altruista de ese tipo, la oportunidad llega antes de lo que uno piensa. Atravesaba un perodo de grandes dificultades matrimoniales y, como ese gnero de ambiente domstico no favorece los esfuerzos que lleva aparejados la creacin de un libro, hice las maletas y me fui a la ciudad costera de Bournemouth, en el sur, donde haba vivido en mi juventud. Estaba lo bastante lejos como para hacer que resultara improbable encontrarme con una partida de pelmas, dado que no era la temporada. De hecho, casi todo el tiempo que estuve all fui el nico husped de un gran hotel. Es algo que le da a uno una sensacin rara, como si fuera uno la ltima persona a bordo del Titanic. Fue all donde conoc al temible Ludwig y, aunque no me devolvi la cordura en todo caso nunca he tenido mucha, desde luego s me devolvi el sentido del humor, aunque l no se dio cuenta en absoluto de su buena obra. La primera maana, antes de salir a contemplar los atractivos de la ciudad, me dirig al bar del hotel a una hora en la que me pareci que sera legal para los democrticos ingleses ingerir bebidas intoxicantes sin peligro de ir a la crcel, pero, para mi pesar, encontr que el bar estaba cerrado y bien cerrado. Iba a volverme por donde haba venido, murmurando observaciones nada corteses acerca de la fatuidad de las leyes sobre los horarios de apertura, cuando vi que se me acercaba un hombre ms bien joven, vestido con pantalones a rayas, chaqueta oscura y una camisa blanca con delicados encajes cuyo resplandor habra dado vergenza al Ocano Artico, coronada por una corbata de pajarita ms bonita que una mariposa. Evidentemente, ocupaba un puesto bastante alto en la administracin del hotel. Se me acerc con la cabeza ligeramente ladeada, los ojos azules muy abiertos, inocentes y esperanzados. Advert que haba empezado a quedarse calvo prematuramente, y por eso, con gran habilidad, se haba dejado crecer el pelo y lo llevaba peinado hacia adelante y cortado en un ngulo agudo, como un pico de viuda, lo cual haca muy buen efecto en aquella cara huesuda y ms bien atractiva. Le haca parecer un joven Napolen. Ocurre algo, seor? pregunt, y por su acento deduje que deba de ser alemn. 69

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A qu hora abre el bar? En caso de que me hubiera dicho que tendra que esperar hasta las doce, estaba ms que dispuesto a exponerle detalladamente mi opinin sobre las leyes britnicas de apertura, los hbitos de bebida de los britnicos en comparacin con los continentales, y terminar diciendo que crea que haban aprobado un magnfico proyecto de ley para permitir que los adultos pudieran beber en sus hoteles a las horas que quisieran. Sin embargo, no me dio la oportunidad. Todava no ha llegado el barman, seor dijo con tono de disculpa. Pero si quiere tomar algo, yo se lo abro. Ah dije. Est usted seguro de que no le importa? Quiero decir que no deseo crearle a usted ningn problema. No hay problema, seor dijo cortsmente, si espera usted un momento mientras consigo la llave. Al cabo de un momento lleg con la llave, abri el bar y me sirvi la cerveza que yo quera. Quiere usted tomar algo? pregunt. Muy amable por su parte, dijo sonriente, con los ojos azules brillantes de placer. Tomar lo mismo. Bebimos en silencio un momento y despus le pregunt cmo se llamaba. Ludwig Dietrich dijo, y aadi, un tanto a la defensiva: soy alemn. Por desgracia dije con un tono de pena que no senta, slo he visitado Alemania una vez y muy poco tiempo, de forma que no puedo decir que conozca el pas. No hice referencia a que haba encontrado al personal del hotel descorts, la comida intragable y que toda la experiencia haba sido como estar metido en un flan de sebo durante tres das; quiz tuve mala suerte. Sin embargo, pens que era posible que l fuera el alemn que yo andaba buscando, el alemn con sentido del humor. De forma que, tras tomarme un par de cervezas con Ludwig, igual que un pescador va echando la caa en una charca, le ech a la conversacin unas migajas de humor. Claro que no eran ms que migajas, pero l se ri con ellas y se me abri el alma como una rosa. De todas las personas del mundo, yo era el afortunado. Haba encontrado la olla llena de monedas al extremo del arco iris. Haba encontrado al nico alemn con un sentido del humor, algo ms raro que un hombre con seis cabezas. Por desgracia, iba a enterarme de que dos carcajadas en un bar, igual que dos golondrinas mal orientadas, no hacen verano. Cuando me separ de l me zambull en Bournemouth para volver a algunos de los escenarios de mi juventud y gozar con los tesoros culturales de este lugar, el ms refinado de toda la costa sur. Con gran horror, descubr que en veinticinco aos se haban producido tantos cambios que apenas reconoca nada. Sin embargo, algunas cosas permanecan intactas. Por ejemplo, estaban los Jardines de Recreo, con sus arriates de flores bien ordenados, sus rocallas, sus cascadas y sus charcas, estas ltimas despojadas de sus reflejos por una capa fina de hielo y las rocallas 70

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revestidas de cojines blancos dejados por la ltima nevada, tachonadas de valerosos crocus de colores amarillo canario y malva. Segua estando el muelle, baado por las olas coronadas de espuma que rodaban bajo sus patas de hierro y moran al trazar unas curvas de nveo encaje en la playa. Y segua estando el Pabelln, ese ncleo viviente de la cultura de Bournemouth, donde una vez haba tenido yo que perseguir a un cachorro blanco de pequins entre las piernas indignadas de los melmanos que trataban de disfrutar con Mozart. Record a la muchacha culpable de aquello, con su deliciosa nariz y su delicioso empleo del idioma ingls. Deba telefonearla?, me pregunt. Despus me di cuenta de que no conoca su paradero. Me di la vuelta y volv hacia la ciudad. El viento era helador, pero el cielo estaba azul y el sol tena un color amarillo asfdelo que insuflaba algo de nimo. Pas por los soportales, que celebr ver seguan intactos, y enfrente, para gran satisfaccin ma, estaba mi taberna favorita, el Bar Victoria. Entr en su clido interior; con su barra larga bien brillante, sus sofs y sillas de terciopelo rojo, sus extraas mesas de hierro forjado pintado de color dorado, estaba igual que yo lo recordaba. Ped una pinta de Guinness de barril, ms oscura que una doncella de Abisinia y con una corona de espuma blanca como un brote de capullos en mayo, y me qued mirando cmo el sol inundaba aquella maravilla de taberna con tres de sus ventanas cuidadosamente grabadas y talladas. Es cierto que no exhiban el arte de un Whistler, pero eran gloriosamente victorianas, y estaban trabajadas de un modo que hoy no se podra encontrar. El bar estaba lleno de personajes dickensianos de esos que slo se renen en las tabernas inglesas de este tipo. Ancianas con caras como nueces, cmodamente acurrucadas con su oporto con limn; un hombre alto y delgado con un abrigo negro como el carbn, de cuello de terciopelo, y un sombrero negro de ala ancha (algn actor olvidado de los aos veinte), que contemplaba, como un halcn plido, a todo joven bien parecido que entrase; dos hombres sumidos en su conversacin que, con las manos, cubran protectoramente sus pintas de cerveza, mientras que a sus pies, jadeante, sin resuello y exuberante, se sentaba un bulldog ingls que exudaba afabilidad con todo el que pasaba a su lado y le bailaba con el trasero una hula que en Bali habran envidiado; una viejecita que deba de tener casi noventa aos, con un sombrero de color rosa vivo en forma de casco de polica, guantes y botines a tono, y medias plateadas, que hablaba muy en serio con una seora muy gorda que llevaba un sombrero negro con plumas de avestruz y un abrigo de piel que pareca arrancado a destiempo a un anciano buey almizclero. El aire ola a cerveza y oporto y a diversos licores, igual que un buen hotel francs huele a comidas bien guisadas. Al igual que una mujer hermosa realza su belleza con su perfume, el bar exhalaba los delicados aromas de un milln de copas bien disfrutadas. Mientras sorba la oscuridad cremosa de mi Guinness, esperaba que en cualquier momento apareciese Sherlock Holmes, seguido por un Watson estupefacto y atnito, y pronunciase su agudo comentario: Cuando quiera saber algo, mi querido Watson, vaya a la taberna del pueblo. 71

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De mala gana termin mi cerveza y sal al fro. Hice una pausa durante un momento, sin saber a dnde ir. Lo nico que me pareca haber mejorado en Bournemouth era que se haba convertido casi en una ciudad universitaria, de forma que, mientras que en mis tiempos la nica gente que se vea por las calles eran robustos brigadieres y seoras ancianas, ahora se encontraba uno con la visin estimulante de africanos de cabezas lanosas, marrones como el chocolate, iranes de piel oscura y ojos rasgados, y grupos de preciosas muchachas chinas y japonesas, como bandadas de mariposas o como encantadoras aves de un color mbar plido, cuyas manos, de huesos tan finos como varillas de abanicos, trazaban ballets de explicaciones mientras trotaban por la calle. Tena fro y me senta solo, de forma que decid regresar al hotel y ponerme a escribir hasta que fuera la hora de comer. Me sent en el bar, lleno de brillos y de cromados, y me tom otra Guinness. Estuve escribiendo con perseverancia durante un rato y despus le el prrafo que acababa de redactar. Me contempl con malevolencia, como suele ocurrir con los primeros prrafos, cuando se han reunido todas las palabras y le dicen a uno que, haga lo que haga, van a encargarse de no gustarle, y que tampoco se va a tener ms xito con el prrafo siguiente. Mentalmente recorr mi amplio repertorio de tacos en ingls, griego, espaol y francs, lo nico en que puedo preciarme de ser cuatrilinge. Despus ped un coac doble. Fue un error. La cerveza lager, la Guinness y el coac animan mucho cada uno aisladamente, pero consumidos, por as decirlo, en forma de tortilla, tienen un efecto deprimente. El atractivo camarero italiano, Luigi (a quien llegu a conocer mejor ms adelante), vio mi expresin lgubre y, con mucho tacto, se fue al otro extremo de la barra y se puso a limpiar vasos con tesn. Se haba dado cuenta de que el coac era un error. Me estaba preguntando qu forma de suicidio sera la menos dolorosa cuando a mi lado apareci Ludwig. Ha pasado usted una maana agradable, seor? pregunt, mirndome preocupado. Baj la pluma y termin el coac. Si pregunta usted dije despacio si he disfrutado al volver a visitar los lugares de mi juventud y sentir que tengo por lo menos ochenta aos, la respuesta es no. No tendr usted ochenta aos? pregunt asombrado. Parece usted mucho ms joven. Gracias dije. De hecho, si no me miro en los espejos, puedo decir que tengo cuarenta aos, me conservo bien y soy guapo, pero la honradez me obliga a reconocer que soy mucho mayor y me hallo en una situacin ms decrpita. Bueno dijo Ludwig, decidido a reparar cualquier dao que hubiera podido infligir a mi moral, pues no lo parece. Gracias repliqu. Beba usted algo. Gracias respondi. Tomar una ginebra. Ped una ginebra y, con talante afable, otro coac. Brindamos el uno por el otro.

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La ginebra observ es muy mala. Por qu corre usted un peligro seguro de muerte bebindola? En la cara de Ludwig apareci una expresin de preocupacin. La ginebra? Es mala? pregunt preocupado. Por qu? No lee usted Lancet? pregunt simulando asombro. Qu es Lancet?pregunt. La mejor revista mdica del mundo aclar. Lo explica todo... todos los nuevos descubrimientos. Da instrucciones a los mdicos. Ya sabe usted, cmo echar alquitrn hirviendo en un mun cuando se acaba de amputar una pierna... ese tipo de cosas. La leen todos los mdicos. O sea dijo Ludwig que es una especie de revista para mdicos. Podra decirse respond, preguntndome lo que pensara el Colegio de Mdicos de esa descripcin. Pero, naturalmente, slo tiene fotos de arterias, de glndulas, de lepra y cosas as. Nada de desnudos ni pornografa, salvo que a veces los textos van directamente al grano, si permite usted la expresin. Y qu dice esa revista acerca de la ginebra? pregunt Ludwig, contemplando su copa con suspicacia. Bien dije, para empezar tiende a dejarlo a uno calvo. Se llev, nervioso, la mano a su cuidadsimo pico de viuda. Y adems origina mal aliento, pudre los dientes y produce fuertes ataques de rodilla de beata conclu. Qu es rodilla de beata? pregunt. Bueno, es lo que le da a las beatas repliqu. A usted probablemente le dara rodilla de subdirector, que es igual pero ms doloroso. Cundo descubri usted todo eso? pregunt Ludwig. Hace poco. Tome otra copa. Gracias. Tomar una cerveza dijo. La cerveza sienta bien, no? Suspir. Aquel alemn mo no tena sentido del humor o, si lo tena, estaba dormido. Quiz, si excavaba con cuidado, podra descubrir los manantiales burbujeantes de la risa. No me haga caso apunt. Me gusta mucho gastar bromas. Bromas dijo Ludwig muy serio, como si fuera una palabra desconocida para l. Ah, s, es bueno gastar bromas; no hay que estar serio todo el tiempo. Las bromas hacen rer. Sorb mi coac y contempl a mi nuevo amigo. No era feo, con aquellos ojos grandes, suaves, serios y azules, pero recordaba vagamente a un conejo nervioso. Me daba la impresin de que, sin llegar a hacerlo de hecho, se pasaba la vida mirando por encima del hombro en busca de un enemigo, quiz de un germen, imaginario. Podemos tutearnos, Ludwig? pregunt. Yo me llamo Gerry. Con mucho gusto respondi con una sonrisa encantadora y una pequea reverencia. Decid someterlo a una prueba. Dime, Ludwig pregunt, a quin le puedo presentar una reclamacin en este hotel? Compuso un gesto de gran consternacin. 73

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Reclamacin? pregunt. Quieres reclamar por algo? Sus dedos se crisparon en torno al vaso, como si se hubieran materializado sus peores temores. Lo que quiero decir expliqu es que si quiero presentar una, adonde debo dirigirme? Dime cul es tu reclamacin dijo ansioso. Har lo que quieras. Mira dije paciente, suponte que no me gusta el color de la alfombra de mi habitacin; a quin habra de reclamar? Puedo hacer que te cambien los muebles dijo, preocupado y conciliador. Pero la alfombra no se puede quitar, est clavada. Sin embargo, te puedo pasar a una habitacin con la alfombra de otro color. No quiero mudarme. Me gusta el color de mi alfombra. Pero has dicho... empez. Lo de la alfombra era una broma le expliqu. Hizo un gesto como si hubiera acabado de eludir un vehculo lanzado a toda velocidad. Una broma dijo. Ah, s, las bromas concluy con una nerviosa risa de alivio. Sin embargo aad, est lo de la ducha. Su alivio se evapor y recobr el nerviosismo. La ducha? Qu pasa con la ducha? pregunt preocupado. No estoy asegurado contra la ceguera causada por un chorro de agua hirviendo cada vez que la uso expliqu. Adems, slo echa agua en una direccin, y resulta tedioso tener que salir al pasillo para poderla aprovechar. Otra broma? pregunt esperanzado. Por desgracia, no dije con voz triste. Esta maana me dio en los ojos un chorro de agua caliente tan feroz que estuve a punto de telefonear a la recepcin para que me enviase un perro gua que me llevara a desayunar. Har que la arreglen inmediatamente dijo, y, bebindose la cerveza de un trago, sali corriendo como una bola de maleza en el desierto, un manojo de nervios al descubierto. No volv a verlo hasta la noche. De forma quiz imprudente estaba celebrando la vspera de mi cumpleaos con coac, lquido que puede inspirar pensamientos claros como el cristal, como iluminados por algn extrao fuego, pero tambin puede soltar la lengua y hacerla indiscreta. Estaba sentado en el gigantesco saln, silencioso y vaco, tratando de escribir, cuando de pronto se present de forma desconcertante ante m, porque las alfombras, blandas y gruesas, haban silenciado sus pasos como un manto de nieve. Hola dijo contemplndome muy serio. Ya es tarde para estar levantado. No puedo dormir, y por eso estoy escribiendo dije. Llama al timbre y aparecer un extrao portero de noche como un genio salido de la botella, con coac para m y lo que t le pidas para ti. Llam al timbre y se sent frente a m, contemplndome con una expresin ligeramente preocupada. Escribes mucho observ. 74

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Teniendo en cuenta que me haba estado contemplando la nica frase que haba logrado escribir en media hora mientras trataba de pensar cmo continuar, acog exasperado aquella observacin. Cerr de un golpe mi cuaderno. S dije, escribo mucho. Por desgracia, el nmero de extranjeros que hay en Bournemouth afecta a mi estilo. Estilo? Qu es eso?pregunt. Mi forma de escribir. Se ve afectada por los extranjeros? pregunt atnito. Naturalmente dije. Todo ingls normal se ve afectado por los extranjeros. No lo sabas? Lo que no entiendo es por qu el Todopoderoso no hizo que todo el mundo fuera ingls. Pero cmo te afectan a ti los extranjeros? interrog. Sencillamente, porque no son ingleses dije. Mira, salgo a la calle y qu es lo que veo? Ingleses e inglesas? No, un montn de chinos, iranes, abisinios y basutos. Despus vuelvo al hotel y qu es lo que descubro? Ingleses? No. Un asqueroso camarero italiano llamado Luigi, que parece el tataranieto de Maquiavelo, y una cohorte de camareros que son todos o asquerosos espaoles o asquerosos italianos o asquerosos portugueses, y no me cabe duda de que por alguna parte me acecha un asqueroso francs que apesta a ajo. Pero yo soy extranjero coment Ludwig. Exactamente dije. T eres un asqueroso cabeza cuadrada. Esto del Mercado Comn est llegando demasiado lejos. Dentro de poco Gran Bretaa estar tan llena de sucios extranjeros que me ver obligado a ir al extranjero para disfrutar de la compaa de los ingleses. Me contempl durante un largo rato y despus se ech a rer. Un asqueroso cabeza cuadrada repiti, con una gran sonrisa . Ahora ya s que ests de broma. Suspir. S reconoc. Estoy de broma. Qu clase de libros escribes? pregunt. Novelas de sexo expliqu. Novelas sobre manacos sexuales que se pasan el tiempo violando y saqueando en hoteles como ste. Se produjo otra pausa momentnea y despus sonri. Vuelves a bromear; lo s dijo satisfecho. Apareci el portero de noche y, antes de que Ludwig pudiera decir nada, ped dos coacs. Pareci escandalizarse y estaba a punto de protestar cuando levant la mano. Estamos celebrndolo dije, contemplando el reloj. Celebrando? pregunt. El qu? Dentro de un minuto ser medianoche repliqu, y entonces ser mi cumpleaos: alegra, felicidad, y todas esas cosas. En tu lugar, yo me apartara un poco; lo ms probable es que me convierta en un hombre lobo, una calabaza o cualquier otra cosa. Tu cumpleaos? pregunt Ludwig. De verdad? No ests de broma? No, dentro de un minuto tendr a mis espaldas cincuenta y dos aos gloriosamente malgastados. 75

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El portero trajo las copas. Ludwig y yo las levantamos y, cuando las manecillas del reloj llegaron a las doce, Ludwig se puso en pie y brind por m. Felicidades, y que sea por muchos aos dijo. Gracias respond; lo mismo te deseo. Bebimos. Tienes cara de estar preocupado coment con cara de estar preocupado por m. Bueno, t no lo estaras? pregunt. Pero por qu? pregunt l. Bueno, aqu estoy, con cincuenta y dos aos, y hasta ahora no me ha pasado nada. Pero acabas de cumplir los cincuenta y dos dijo Ludwig muy serio. No puedes esperar que te pasen las cosas de repente. Por qu no? pregunt. Por qu no puede entrar de repente en el saln una voluptuosa dama morena ataviada con un camisn transparente para pedirme que la salve de un toro furioso? En el hotel? pregunt Ludwig. Cmo iba a entrar un toro? Por el ascensor respond. O quiz podra colarse disfrazado de camarera, y acechar en el dormitorio de la dama, listo para atacarla. Vuelves a bromear dijo Ludwig satisfechsimo, como si me hubiera atrapado haciendo trampas a las cartas. Suspir. Dime, Ludwig pregunt, por qu abandonaste las juergas y las francachelas de Alemania para venirte a Bournemouth? Es que pagan ms? No, no respondi, pero en Alemania lo nico que hace la gente es trabajar, todo el da, y por la noche estn demasiado cansados para hacer nada. Nunca se divierten. No gastan bromas? pregunt, extraado. No respondi Ludwig, estn demasiado cansados. As que huiste a Inglaterra? S, Inglaterra me gusta mucho dijo Ludwig. Permanecimos un rato en silencio mientras yo pensaba malhumorado en lo que estaba escribiendo, que se negaba a salir bien. Pareces preocupado otra vez coment Ludwig con inquietud. No. Es slo que este maldito libro no sale expliqu. Nada ms. Es lo que se llama estreimiento de escritor. Ya se pasar. Me mir con aire un poco apurado. Maana tengo el da libre dijo. Tengo un Mercedes. Rumi aquella declaracin aparentemente inconexa y me pregunt quin de los dos haba bebido ms coac. Y? pregunt cauteloso. Cre que quiz, como es tu cumpleaos y ests solo en el hotel, te podra agradar que diramos una vuelta explic, ruborizndose un poco. Me ergu en el asiento. Qu idea ms esplndida! Lo dices de verdad? pregunt, emocionado por su amabilidad. 76

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Naturalmente respondi, y le brillaron los ojos al ver mi evidente entusiasmo. Te voy a decir una cosa aad. Ven a comer conmigo y despus salimos. Has visto alguna vez el castillo de Corfe o los Purbecks? No dijo Ludwig. Desde que se march mi novia, Penny, no salgo mucho. Bien dije, arreglado. Ven a buscarme a las doce, nos vamos a tomar una copa y hacer una buena comida, y despus vamos a recorrer los Purbecks. De manera que nos encontramos a las doce en punto en el vestbulo. Ludwig pareca como desvestido con una camisa abierta y sin su corbata de pajarita, y una chaqueta deportiva de vivos colores en lugar de su chaqueta negra de uniforme, pero tan llamativo disfraz no le haca perder un pice de su seriedad. Atravesando los Jardines de Recreo fuimos hasta el hotel que, a mi entender, serva lo ms parecido a una buena comida francesa en Bournemouth, el Royal Bath Buttery. Por el camino entramos en una taberna cuyo barman, un irlands de cara inexpresiva pero cuyos ojos oscuros ostentaban un leve brillo en su profundidad, como una lucirnaga en una noche aterciopelada, me haba hecho creer que consideraba el mundo como un lugar divertido. Ludwig tard mucho tiempo en decidir qu iba a beber. No quera ginebra porque, como explic al barman, le produca a uno rodilla de beata. El barman me mir un momento y le hice un guio. El brillo de sus ojos se hizo ms profundo y empez a comprender la situacin. Con marcado acento irlands, aadi por su cuenta, que el jerez daba gota, al igual que el oporto. La cerveza, coment yo muy serio, haca engordar, y en consecuencia afectaba al corazn, al igual que el coac si se beba a medioda. El barman dijo que a algunos de sus clientes que insistan en beber whisky se les haban endurecido las arterias a tal velocidad que se haban quedado repentinamente inmviles y tiesos, como estatuas. Yo coment que haba odo decir lo mismo del ron, slo que los que lo consuman se convertan en una especie de masa pegajosa parecida a la melaza. El barman, nada dispuesto a que lo superasen, dijo que el vodka erosionaba los intestinos y las paredes del estmago; haca pocos das que un cliente se le haba muerto porque haba echado literalmente el estmago entero all mismo. Haba sido muy difcil de limpiar, suspir, y adems el pobre tipo haba comido huevos con bacon para el desayuno. Anot un punto para el barman. Son estos pequeos toques artsticos los que constituyen una buena mentira irlandesa. Ludwig haba escuchado atentamente la conversacin. Despus me mir con mucho detenimiento a la cara. Estis los dos de broma? pregunt, y lo hizo con una voz tan pattica que hube de reconocer que as era, as que pedimos unas cervezas y el barman se sum a nosotros. Al poco rato, Ludwig me contaba las ganas que tena de coger sus vacaciones. Adonde vas? pregunt. 77

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Me gustara ir al sur de Francia dijo, pero no puedo. Por qu no? pregunt. Tienes un coche rpido y las carreteras son buenas. Puedes llegar a Cannes en un da. Pero tengo que ir a ver a mi familia. Te apetece ir a verla? pregunt, mientras pensaba en la forma despreocupada en que mi familia y yo nos bamos a ver y nos despedamos, muy de vez en cuando y avisando menos que el cuco a sus amigos del mundo de las aves. No, pero es mi familia dijo sencillamente. Por eso no puedo ir al sur de Francia, donde est mi novia, Penny. Aquello me pareci que era llevar la devocin filial demasiado lejos. Por qu no vas a verlos de vuelta? suger. Primero vas a ver a Penny. Ludwig pareci escandalizarse. O si no continu, por qu no decir un ao a la porra con la familia e ir a... a... Mxico? Se lo pens mientras el barman y yo esperbamos a ver si se dejaba corromper. Me gustara conocer Mxico dijo por fin. Pero quiz haga demasiado calor. Ya en Espaa me pareci que haca demasiado calor. Por qu no te quejaste al gobierno? pregunt. Se lo pens. No es una queja justificable explic. Tanto el barman como yo esperamos fervientemente que fuera un golpe de humor. No; era una mera constatacin de los hechos. El barman y yo intercambiamos miradas angustiadas. Bueno dije juiciosamente, hay sitios ms fros. Por ejemplo la Tierra de Baffin. S? pregunt Ludwig interesado. Aqu nuestro amigo dije con un gesto hacia el barman te podra contar muchas cosas de la Tierra de Baffin. El barman, con una cara tan inexpresiva como un charco de alquitrn, cogi una copa y empez a limpiarla. En la Tierra de Baffin hace fro dijo en voz baja y muy seria. Hace tanto fro que, all, para beber, tienen que fabricar licores especiales, porque si no las botellas se rompen. Ludwig rumi aquello un momento. De qu graduacin? pregunt. El barman suspir. Advert que estaba empezando a comprender mi problema. Si fueras a la Tierra de Baffin, contaras con la hospitalidad de los esquimales dije para ayudar. Tendras a tu alcance enormes cantidades de espermaceti, te podras frotar las narices con las simpticas esposas de los esquimales... Qu es espermaceti? pregunt Ludwig. La parte pequea, pero importante y semirretorcida del interior de una ballena mayor de edad respond.

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Cuando se la caza durante el mes de agosto en luna llena y los icebergs empiezan a derretirse dijo el barman plcidamente y con una conviccin tan plena que le vali mi admiracin eterna. Con arpn manual aad, ya lanzado. No creo que me gustara dijo Ludwig. Sabe a pescado, no? Cuando he tenido que comer arenque nunca me ha gustado, y me da mucha sed. Mir al barman, que me devolvi la mirada, solidario. Me he conseguido uno de verdad dije, un autntico cabeza cuadrada. Desde luego, seor asinti el barman. Creo que una semana o dos en Dubln seran una buena cura; hay quien dice que produce el mismo efecto que un asilo psiquitrico. Lo pensar promet. En Dubln hay mucha humedad, no? pregunt Ludwig, siempre tratando de ampliar sus conocimientos. S dijo el barman. La Venecia del norte la llaman. All fue donde inventaron la gndola. Pues yo crea... empez a decir Ludwig, sorprendido. Vamos dije agarrndolo del brazo con firmeza. Vamos a comer un arenque. Durante una excelente comida, Ludwig me cont todo gnero de cosas sobre Penny. Era joven, era alegre (mucho me tem que tena sentido del humor), pero siempre estaban pelendose, siempre. Nunca estaba preparada cuando debera estarlo, nunca quera hacer lo que l sugera y, horror de los horrores, se dejaba las medias y los sostenes tirados por el suelo cuando tena que vestirse a toda prisa. A l le pareca que este ltimo hbito, combinado con una cierta diferencia de edad, haca que la idea del matrimonio fuera imposible o, si no imposible, por lo menos difcil. Le dije que, a mi entender, eso era exactamente lo que l necesitaba: alguien joven, vital, que discutiera con l y lo mantuviera permanentemente semienterrado en montones de sostenes y medias. Le dije que muchos matrimonios se deshacan porque la mujer era demasiado ordenada, y que muchos otros se haban salvado gracias a haberse tirado un sostn al suelo en el momento acertado. Se sinti muy asombrado ante la novedad de aquella idea y, al cabo de dos botellas de excelente vino, casi los tena a l y a Penny como propietarios de su propio hotel en Bournemouth, siempre que ella prometiese no arrojar los sostenes por los pasillos. Le he escrito para preguntarle si quiere venir conmigo de vacaciones confes. Y qu te ha dicho? No ha respondido. Es muy preocupante dijo, preocupndose. Deja de preocuparte dije decidido. Si conocieras como yo el sistema postal francs, no te preocuparas en absoluto. La carta en la que dice que s, que te quiere, te llegar el da que cumplas cien aos. Pareci alarmarse. Bromeo expliqu. 79

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Ah! dijo aliviado. Entonces crees que estar de acuerdo? Desde luego le garantic. Quin puede resistirse a las proposiciones de un asqueroso cabeza cuadrada? Como Ludwig ya conoca aquella broma, se ri a carcajadas. Despus se puso serio. T viajas mucho? pregunt. Bastante. No te... ya sabes... fastidia? No. Por qu? Yo siempre que me voy de vacaciones me pongo muy nervioso y sufro del estmago confes Cuanto ms se acercan mis vacaciones, peor me pongo. Y despus, cuando ya estoy de vacaciones, me siento tan mal que no las disfruto. Lo que necesitas es un tranquilizante le dije. Te dar alguno. Y funcionar? pregunt esperanzado. Naturalmente respond. Recurdamelo... tengo alguno por aqu. Yo tambin los tomo cuando he trabajado demasiado. Te lo agradecera mucho dijo. Quiero disfrutar en las vacaciones. Y disfrutars le promet, y Penny tambin. Muy animados, nos dirigimos al viejo transbordador de cadena de Sandbanks, que en realidad es como una curiosa puerta de entrada en otro mundo. Igual que Caronte lo transporta a uno al otro lado de la Laguna Estigia, por motivos mucho ms agradables este transbordador avanza lentamente por la salida del puerto de Poole, llena de islas y tachonada de aves marinas, desde las resplandecientes colmenas que son los hoteles de Bournemouth a un pedazo de la Inglaterra pastoril que parece no haber cambiado desde el siglo xviii. All las ondulantes colinas tenan sus faldas cubiertas de enormes prados verdes, bordeados de endrinos, negros y espinosos, enredados como la melena de una bruja. Sobrevolaban los campos labrados, limpios y ordenados como paos de pana, gaviotas y grajos que seguan a los arados, como si los agricultores estuvieran marcando el recorrido de una extraa carrera entre aves. Los amentos nuevos eran de un color amarillo limn que iluminaba los arbustos de los linderos, y los sauces tenan abundantes capullos rugosos. En los rboles altos, sombros y sin hojas que se erguan en las cimas de los cerros, las ramas negras y desnudas se entrelazaban contra el cielo para formar un ventanal azul de vidriera complejsima, interrumpida aqu y all por los inicios de un nido de grajo o de urraca. Ludwig puso en marcha su grabadora y el coche vibr con la msica alta, exuberante y metlica de Baviera. Casi se podan or los golpes de manos callosas sobre pantalones de cuero y el taconeo de enormes botas de montaeros mientras los bvaros, con gigantescos vasos de cerveza, disfrutaban. Aquello creaba tal contraste con el paisaje que estbamos atravesando que resultaba divertido. Despus tomamos una curva y, ante nosotros, en un cerro casi cnico situado en el declive entre dos grandes senos verdes formados por colinas, se irguieron las ruinas del castillo de Corfe, como una 80

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especie de enorme diente cariado de dinosaurio clavado en la enca verde del cerro en que se levantaba. El bloque central, que era el nico trozo alto que haba resistido a las minas y la plvora de los vndalos parlamentarios de Cromwell, se ergua ahora contra el cielo azul como un dedo admonitorio y leproso, sobrevolado por grajos, por algn extrao motivo macabro y triste al mismo tiempo. Aparcamos el coche y fuimos a pie hacia el castillo. El aire fri y cortante y el vino que habamos bebido me hacan sentir algo mareado. A la entrada, dos bajas torres de gran dimetro, como jarras de cerveza desconchadas, custodiaban un enorme arco y, a un lado, en las ruinas de la muralla, otra torre parecida se inclinaba en ngulo agudo como un rbol que, comido por las aguas o arrancado por los vientos se hubiera tenido que inclinar pero se negara a sacar sus races de la tierra. La carga de plvora utilizada para destruirla no haba sido suficiente para eliminar aquella voluminosa pieza de ajedrez de cantera de Purbeck. Delante de nosotros, y caminando en la misma direccin, iba una chica alta de pelo oscuro. Tena esas piernas deliciosamente largas que parecen tener tan slo las muchachas americanas, piernas de caballo de carreras que parecen empezar en la barbilla y continuar eternamente. Empec mi leccin de historia de Inglaterra, en honor de Ludwig. Fue aqu dije sealando hacia el arco donde se cometi el primero de muchos asesinatos. El horrible acto lo perpetr Elfrida y su vctima fue Ethelred el Desprevenido. Estaba cazando por aqu y vino a visitar a su hermano. Elfrida era, como sabes, su madrastra, y senta celos porque Ethelred no tena complejo de Edipo con ella. En todo caso, Ethelred el Desprevenido, al que a veces llamaban Ethelred el Tambaleante cuando le haba estado dando al hidromiel... Hidromiel? Qu es eso? pregunt Ludwig, que me segua con mucha atencin. Tres partes de vodka, otra de miel con agua y un golpe de angostura dije rpidamente, y me encant ver que la chica caminaba menos deprisa y pasaba del trote piernilargo al paso de paseo para escucharme mejor. Bueno, pues Ethelred el Desprevenido cruz el puente al galope, pas bajo el arco y salud a su madrastra con tanto cario como pueda hacerlo alguien que no tiene complejo de Edipo. Dijo que quera ver a su hermano. Su madrastra dijo que su hermano estaba en las mazmorras jugando con las empulgueras y que lo llamara inmediatamente. Entre tanto, dijo que poda ofrecerle una copa de hidromiel para relajarse. Ethelred dijo que bueno. Habamos llegado a la taquilla y logr verle la cara a la chica. No caba duda de que era muy atractiva. Compr una gua y o que tena acento estadounidense. Cuando se dio la vuelta nuestras miradas se cruzaron. Sonri un momento forzadamente, y me hizo una sea con la gua. Hay gente coment que apenas creera lo que ocurri despus.

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La muchacha titube y despus empez a subir lentamente la cuesta hacia las ruinas principales del castillo, pero lo bastante despacio para seguir escuchando nuestra conversacin. Qu pas? pregunt Ludwig. Pues que Elfrida prepar el hidromiel en una coctelera de cuerno de carnero y se la pas a Ethelred en otro cuerno, y cuando l se inclin para cogerlo y bebrselo, ella le clav un cuchillo en la espalda, acto nada hospitalario que le pill completamente desprevenido, y de ah su nombre. Despus ella tir el cadver a un pozo, y de ah el origen del viejo refrn: El que a buen pozo se arrima buena poza le cobija. Y la polica nunca la cogi? pregunt Ludwig. No respond. Se pasaron meses tomando las huellas dactilares de toda la gente del castillo, sin ningn resultado. El Viejo Scotland Yard, como se llamaba entonces, no saba qu hacer. Y quin pregunt Ludwig, decidido a aprenderse todos los datos de la historia era ese complejo de Edipo? Un caballero muy malvado, Sir Edipo, que quera casarse con Elfrida y mandar. Quera llegar a ser conde, ya sabes, condejo. Has odo la expresin negro como la noche? S replic Ludwig. Pues la inventaron para describir a Sir Edipo dije. Vi que la muchacha se haba detenido al alcance de mi voz y estudiaba con tenacidad su gua. Celebr ver que la tena del revs. El hombre de la taquilla nos contempl pensativo. Quiere usted gua, seor afirm, ms que pregunt, con un encantador acento de Dorset que se habra podido cortar con un cuchillo, como un trozo de queso delicioso. No, gracias dije muy tranquilo. Conozco bien la historia de esta noble ruina. Ya veo me dijo con una sonrisa. Entiendo que su amigo es extranjero, no es verdad? Alemn dije, ya sabe usted cmo son. Ah, ya respondi. Ah, ya. Y tanto que lo s. Es usted de Dorset? pregunt Ludwig interesado. Aquello fue demasiado para la gravedad del hombre, que, con un vago s seor, huy a la trastienda. Vamos dije a Ludwig. Tenemos mucho que ver y la historia es fascinante. Adelantamos a la chica, que nos sigui lentamente. Y ahora dije, mientras subamos las cuestas de hierba hacia el castillo nos vamos a saltar un siglo o dos hasta llegar al momento en que Enrique VIII le gan el castillo a Enrique VII en una partida de dados. En la esplndida hierba verde pastaba un pequeo rebao de ovejas, cuyo carnero tena unos enormes cuernos bien retorcidos, como grandes amonitas, a cada lado de la cabeza. Bueno, ya sabes que Enrique VIII slo tena tres pasiones continu: las mujeres, la comida y la msica. Tienes ante ti los vestigios del mismo rebao de ovejas que se servan a Enrique con 82

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guisantes, patatas fritas y salsa de menta. Normalmente eran chuletas, pero los das que haba decapitado a una esposa o dos, lo celebraba con una pata que le servan con romero y tomillo. Estn muy sucias dijo Ludwig contemplando las ovejas. Las tienen sucias para que nadie venga a robarlas expliqu. Las lavan una vez al ao, el da de San Omo, en una gran ceremonia en el foso de las ovejas del castillo. Ah dijo Ludwig. Se qued mirando los enormes bloques de cantera cados y las murallas medio derruidas. Dnde estn las cocinas? pregunt. Lo llev a un lugar donde supongo que antiguamente se sentaban los centinelas para custodiar la segunda entrada con el puente levadizo del castillo, mientras limpiaban los arcos y las flechas y mantenan el alquitrn hirviendo a la temperatura adecuada. La habitacin, que ya no tena techo, medira seis metros por dos setenta. Uno de sus extremos trazaba una curva y all haba una larga y estrecha aspillera que pareca una cruz grabada en las grandes piedras. Y sta dije era la gran cocina. La chica estadounidense se haba quedado fuera. Pero es pequea dijo Ludwig. No lo es si uno es buen cocinero y dispone de todos esos aparatos modernos. Enrique era muy aficionado a la comida, como te he dicho, y si el cocinero serva algo malo, le costaba la vida, pero un buen cocinero puede preparar con facilidad en un espacio as un banquete de siete o quiz diez platos. El arte de la buena cocina se basa en el buen orden dije untuosamente, recordando de forma ntida que segn mi mujer yo era el cocinero ms desordenado que haba visto en la vida. Y cmo llevaban la comida a los pisos de arriba? pregunt Ludwig, muy curioso. Por el montacargas dije sealando la aspillera. Las cosas altas, como el apio y todo eso, por la ranura vertical, y las bandejas de cosas ms pequeas y ms bajas, por la ranura horizontal. Ludwig se adelant a examinarlo. Muy extraordinario coment. La chica estadounidense me mir, mene la cabeza con gesto de reprobacin, sonri y despus, para mi disgusto, desapareci. Ense a Ludwig el resto del castillo, llenndole de desinformacin los serios odos y con la esperanza de poder alcanzarla, pero haba desaparecido. La zozobra de Ludwig fue en aumento. En las habitaciones de los invitados, que medan dos metros cuarenta por uno ochenta, no caba, segn me seal, ms que una cama doble de tamao moderado, sin ningn espacio para entrar en la habitacin ni salir de ella. Cmo poda arreglrselas la Reina Isabel, que, segn le haba informado yo, iba all a pasar los fines de semana con su padre? Le dije que sencillamente se abra la puerta y se saltaba a la cama. Con eso se ahorraban muchos jaleos y, como la cama ocupaba toda la 83

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habitacin, no haba que preocuparse de barrer por debajo. Tambin le desconcertaron las instalaciones sanitarias: los restos de una torre redonda a quinientos metros del castillo principal, erguidos al borde del cerro, que le dije servan de lavabo de damas y de caballeros. Por qu tan lejos? pregunt. Por dos motivos expliqu. En primer lugar, como puedes ver por su posicin, cada vez que tiraban de la cadena el contenido bajaba por la cuesta hacia el campo del enemigo, lo cual causaba a ste gran consternacin. Y, en segundo lugar, Enrique hizo que lo construyeran ah como castigo. Vio que sus cortesanos utilizaban las almenas y que los centinelas de abajo se quejaban, de forma que lo hizo construir ah fuera y todo el mundo tena que utilizarlo, so pena de muerte. Te aseguro que en las noches de fro resultaba muy eficaz. La chica estadounidense haba desaparecido de forma tan repentina y absoluta como un conejo en su madriguera y me entristec. Pens que, quiz, con algunas ms de mis gemas histricas podramos haber establecido contacto. Lentamente volvimos hacia la entrada y al bajar la cuesta mir hacia atrs, a una parte del castillo que permaneca ms o menos intacta; all arriba, entre los restos carunculados de una ventana, con los grajos volando a su alrededor como relmpagos cenicientos, vi a aquella preciosidad apoyada en el alfizar, contemplndonos. La salud con la mano y ella devolvi el saludo. No necesit yo ms aliento. Hice bocina con las manos y grit: Bella dama, hoy me toca rescatar hermosas princesas y conozco que estis en apuros. Me examin gravemente y se inclin hacia delante, con la melena negra cayndole sobre los hombros. Seor caballero, me hallo en un terrible trance grit melodiosamente, con aquel suave acento estadounidense. Cmo reparasteis en ello? Aquello me gust. Bella dama, el reino entero lo conoce dije, haciendo una anticuada reverencia. Mi bufn y yo hemos viajado muchas fatigosas leguas para rescataros de un destino peor que la muerte. Qu es un bufn? pregunt Ludwig. Una especie de payaso repliqu. Quieres decir un idiota? pregunt indignado. Seor caballero exclam mi princesa, dirigiendo una mirada nerviosa a su espalda. Hablad bajo, temo que los guardianes nos oigan. Bella dama, el hecho de que vuestro malvado to os haya encarcelado, para arrebataros tanto vuestro reino como vuestra virtud, ha llegado a mis odos grit. Un bufn es un idiota? pregunt Ludwig. Un gracioso oficial respond. Asimismo mi virtud? interrog mi princesa. Qu es un gracioso? pregunt Ludwig. S, esa preciosa gema que con tanto afn atesoran las damas dije. Agora mesmo vuestro to, con siniestras y fieras intenciones... 84

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Es gracioso lo mismo que bufn? pregunt Ludwig. O sea, que existen tres palabras para decir idiota. S dije secamente, pues mi princesa escuchaba atentamente todas mis palabras. Decidme, buen caballero, qu hace mi to? pregunt con voz melodiosa. En este momento mismo se halla sentado planeando vuestra cada, seora dije. Mas no temis, pues yo... Significa cada lo mismo que muerte? pregunt Ludwig. S dije. Decidme, buen caballero, puedo yo, con vuestra ayuda, impedirlo? pregunt mi princesa. Bella dama, no temis dije. Ningn to, por incestuoso que sea, por depravado, por retorcida que tenga el alma, por mucho que lo respalden mil sayones, por bajito, por peludo, por medieval, cualesquiera que sean las fuerzas que lance contra nosotros... nosotros, con nuestra fiel espada Excalibur... Conoces a esa chica? pregunt Ludwig interesado. Lanzarote, sois vos! grit la dama con voz temblorosa. As es, seora, a vuestro servicio repliqu. O es que quiz la conocas de antes? pregunt Ludwig. Mira dije exasperado, cllate un minuto. Los grajos giraban en torno a la torre, con sus graznidos quejumbrosos. Bella dama grit, tenemos aqu abajo mi fiel corcel, el caballo de Mercedes, a cuyos lomos os llevaremos hasta la seguridad. El Mercedes no tiene slo un caballo dijo Ludwig; este modelo tiene veinte. Lanzarote, vuestra amabilidad solamente ha parangn con vuestro valor dijo mi princesa. Entonces escalar vuestras murallas, matar a vuestros guardianes y os transportar a la aldea del viejo Bournemouth a cenar venado con hidromiel. En Alemania tenemos mucho venado dijo Ludwig; lo tomamos con croquetas. Por desgracia, caballero Lanzarote dijo la princesa, me temo que no podr ser, aun cuando anso hidromiel con vodka y un golpe de angostura. En esa aldea mi prometido espera mi liberacin y es de celosa compostura. Qu significa compostura? pregunt Ludwig. Actitud dije. Maldita sea! Tena que tener novio. Tiene la compostura algo que ver con la compota? pregunt Ludwig. Princesa dije pesaroso, no deberais haber sido tan precipitada. Recordad el adagio: Las prisas son malas consejeras y, aparte de eso, me cost mucho sacar la espada de aquella piedra, especialmente por vos. Ri. Encontraris otras princesas, estoy segura dijo. Adis, Lanzarote. 85

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Adis, dulce Ginebra dije. Habas dicho que no la conocas coment Ludwig mientras lo llevaba hacia las puertas del castillo. Entonces cmo sabes su nombre? Es Ginebra Smith de Jollytown, Ohio respond, y la conoc en Nueva York. Ahora volvamos a Bournemouth. Ya estarn abiertos los bares. Este castillo observ Ludwig mientras avanzbamos hacia el arco de entrada no est en muy buen estado de conservacin. A los ingleses nos gustan as dije. Nos gusta ver que son un poco antiguos, ya sabes. Pues en el Rin insisti Ludwig tenemos muchos castillos, muchos castillos grandes y preciosos, y todos ellos estn muy bien conservados. Por suerte, justo al lado de la entrada haba una carretilla un tanto traqueteada, llena de grava. Mira dije sealando hacia ella, ya estamos haciendo algo al respecto. Si vuelves dentro de un ao o dos, parecer un Hilton. El verdor de los campos haba cobrado un tono esmeralda oscuro al ir desapareciendo la luz, y los campos labrados tenan ahora un extrao color marrn violceo. La luz en el puerto de Poole era de color de rosa y las gaviotas, que volvan a dormir a sus casas, se reflejaban en las aguas casi lisas como copos de nieve. Ludwig volvi a poner msica bvara y golpe en el volante, dado que no llevaba bombachos de cuero. Bueno, ha sido un da muy interesante dijo cuando entramos en la carretera que llevaba al hotel. Cuando vengan mis padres, los llevar al castillo de Gorfe y se lo contar todo. Me sent un poco culpable. En tu caso, yo comprara una gua dije. Nunca lograras recordarlo todo. S dijo Ludwig, eso voy a hacer. Y gracias por un da estupendo aad. Gracias a ti dijo muy corts. Dejamos el coche en el garaje y al dirigirnos al hotel me mir tmidamente. No se te olvidarn las pldoras esas, verdad? pregunt. Claro que no dije. Las tengo en alguna parte y no las encuentro. Pero maana mirar bien. Maana es el ltimo da me record. Pasado me voy de vacaciones. Te las encontrar, te lo prometo. Por fortuna encontr finalmente los tranquilizantes. Volva del cine cuando me sorprendi ver una gran multitud en la acera y en la calzada frente al Royal Highcliffe Palace. Cuando me acerqu ms, logr discernir que en medio de ella haba un coche de la polica con una luz azul parpadeante, una ambulancia y dos coches de bomberos. Desde estos ltimos las escaleras suban hacia el cielo como los cuellos de extraos animales prehistricos y la acera estaba llena de mangueras, como una carnada monstruosa de pitones recin salidas 86

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de los huevos. En lo alto del hotel estaba la causa de toda aquella conmocin, la gran muestra de nen que, por algn motivo misterioso, se haba incendiado. Aunque la alarma haba sonado a tiempo, para cuando lograron controlar el incendio lo nico que quedaba de la muestra era YAL HIG LACE, algo as como el ttulo de un captulo de uno de los Manuscritos del Mar Muerto o el nombre de algn antiguo filsofo chino. Me abr camino entre la multitud y me encontr a un afligido Ludwig que acompaaba a la puerta a un grupo de grandes bomberos y policas todava ms grandes. Estaba tan plido y agotado, y se senta tan culpable, que cualquiera hubiera dicho que el fuego lo haba iniciado l. Hola le dije muy animado. Parece que has estado muy ocupado. Ludwig gimi. Terrible! Terrible! dijo, presa de la angustia. El destrozo que hacen en las suites cuando suben y bajan por el tejado. Me siento horriblemente! Maana me voy de vacaciones. Pero la muestra no la incendiaste t seal. No!, no, pero estaba de servicio dijo Ludwig con una mirada de angustia. Se incendi cuando estaba yo de servicio. Muy poco considerado por su parte dije para calmarlo. Pero no se ha incendiado todo el hotel, de forma que no te preocupes. Ven a tomarte una copa y clmate. O, si lo prefieres, ah fuera hay una ambulancia. No, no, gracias dijo Ludwig, rechazando con toda seriedad mi ofrecimiento de la ambulancia. Ahora no puedo salir del hotel. Tengo que arreglar los destrozos. Ms tarde vino a tomar una copa conmigo y segua estando nerviossimo. Tienes esas pldoras para m? pregunt quejumbroso. Con todo esto, ahora me siento peor, ya comprendes. Maldita sea! dije. Se me olvidaron. Pero no te preocupes. Te las dar. A qu hora te vas? A las dos respondi Ludwig como quien dice a qu hora lo van a ejecutar. Yo voy a comer en el Bella Vista dije. Pasa por all a tomarte una copa antes de marcharte y te tendr listas las pldoras. Gracias dijo Ludwig. Creo que sin ellas no podr disfrutar de mis vacaciones. Al da siguiente acababa yo de liquidar un plato delicioso de stracciatella, seguido por una ternera rebozada con ensalada verde y todo ello acompaado por una excelente botella de Chianti, cuando apareci Ludwig, con las manos temblorosas y unas grandes ojeras. Las has trado? pregunt desesperado. S repliqu, contemplndolo con aire mdico. Ahora, sintate y reljate un momento. Si te ve una mujer, es capaz de tirar el sostn al suelo. Saqu una de las pldoras verdes y negras del sobre en que haba puesto su provisin.

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Y ahora dije con mi mejor voz de mdico de Harley Street, no debes tomar ms que una al da, nada ms. Comprendes? Y slo si la necesitas. Estamos? S! S! dijo, contemplando la pldora como si fuera un talismn que poda convertir cualquier cosa en oro. Ped otra botella de vino y le serv una copa. Se la bebi de un trago. Le serv otra. Ahora, tmate tu pldora dije. Ests seguro de que se puede conducir despus? pregunt. Puedes beber y puedes conducir le asegur. A m nunca me hacen el menor efecto. De hecho, me acabo de tomar una. Bien dijo, tragndose la pldora. Pero tengo que conducir mucho tiempo, entiendes, de forma que es importante. Seguro dije. Pero no te preocupes. No te van a afectar. Tras tomarse otra copa de vino, se puso en pie y me estrech la mano. Celebro mucho haberte conocido dijo. Yo tambin dije. Ven a verme alguna vez. Trae a Penny. No me importa que tire el sostn al suelo. Ests de broma dijo muy orgulloso. Ahora ya s cuando ests de broma. Bueno, que pases unas buenas vacaciones le dese, y vi cmo se diriga tembloroso a su Mercedes y a su breve liberacin de las preocupaciones del hotel. Termin el vino y me fui al cine. Ponan una pelcula que quera ver desde haca mucho tiempo y en la cual tena depositadas grandes esperanzas. Pagu la entrada y eleg cuidadosamente la localidad. El cine se oscureci y aparecieron en pantalla los ttulos de la pelcula... y despus no me enter de nada hasta pasados tres cuartos de hora, cuando me despert un hombre sentado detrs de m que me toc en el hombro y me pidi que no roncara tan alto, porque no poda or los dilogos. Me puse de pie, asombrado. Jams me haba dormido en un cine hasta entonces. Debe de haber sido la maldita pldora, ms el vino, pens. Despus me acord de Ludwig y me ech a temblar. Dios mo! Estar en la carretera acercndose a Penny y de pronto va a caer dormido al volante de su Mercedes, pens. Visualic el coche, destrozado y ensangrentado, empotrado en un rbol. Pens, para tratar de tranquilizarme, que quiz no se habra puesto en marcha todava. Sal del cine corriendo como un poseso y me met en el garaje, sin duda con un aire tan preocupado y tan alucinado como Ludwig en una situacin de emergencia. El seor Dietrich... se ha ido ya? pregunt al encargado. S, seor, se march hace casi una hora respondi. He de confesar que pas tres das muy incmodos antes de recibir desde Calais una postal que me tranquiliz. Deca: Me he reunido con Penny y salimos maana a pasar unas vacaciones estupendas. La firma deca: Tu asqueroso cabeza cuadrada, Ludwig. Creo que hay un dicho acerca del que re el ltimo, pero estoy seguro de que Ludwig nunca lo oy. 88

El jurado

El vapor fluvial Dolores se averi como suelen hacer los vapores fluviales a mitad de camino entre su punto de partida y el de destino, en Meriada, pueblo de unos dos mil habitantes situado en la ribera del ro Paran. No pareca existir ningn motivo para ese comportamiento porque en esa zona el ro era ancho, profundo, plcido y con una buena corriente que nos ayudaba a descenderlo. Me irrit, pues en la bodega tena, entre otras cosas, dos jaguares, veinte monos y treinta pjaros y reptiles diversos. Haba calculado sus alimentos para un viaje de cinco das y si nos retrasbamos demasiado se me iban a acabar. Aunque mis dos jaguares eran ms mansos que gatitos, vivan para comer, y sus gritos agnicos de rabia y frustracin si no se satisfacan sus exigencias de tres buenas comidas al da constituan una cacofona que haba que or para creer y que le helaba a uno la sangre. Fui a ver al capitn. Era un hombrecillo de piel oscura con grandes cejas y bigotes negros, una enorme mata de pelo rizado, dientes muy blancos, y ola muchsimo a violetas de Parma. Capitn dije. Lamento molestarle, pero tiene usted alguna idea de cunto tiempo vamos a seguir aqu? Me preocupa la comida de mis animales. Hizo uno de esos gestos latinos enormemente expresivos y levant la mirada al cielo. Seor, no se lo puedo decir respondi. La parte del hijo de puta del motor que se ha roto dicen que puede arreglarse en una forja del pueblo, pero lo dudo. Si no se puede arreglar, tendremos que mandarla a buscar al ltimo puerto. Ha telefoneado alguien para pedirla? pregunt. No dijo el capitn, encogindose de hombros. Los telfonos estn estropeados. No los pueden arreglar hasta maana, dicen. Bueno, pues yo voy al pueblo a buscar ms comida para mis bichos. No se marche sin m, por favor. Se ech a rer. No tema, seor replic. Mire, voy a hacer que lo acompaen un par de indios para que le hagan de porteadores. De momento no tienen nada que hacer. As que mis dos indios y yo fuimos por el camino polvoriento hasta el centro del pueblo, donde saba que, inevitablemente, estara el mercado. Eran autnticos indios paraguayos, de baja estatura, piel

cobriza, pelo liso y negro como el carbn y ojos como moras. Al cabo de un rato, cargados de aguacates, pltanos, naranjas, pias, cuatro patas de cabra y catorce pollos vivos, volvimos al Dolores. Almacen mis comestibles, no hice caso de los jaguares, que trataban de jugar conmigo, y volv a cubierta. All me sorprendi encontrar a un caballero que ocupaba una de las pocas sillas de cubierta medio destrozadas que se facilitaban para deleite de los pasajeros. Casi todas ellas estaban tan desgastadas que le daba a uno miedo sentarse, y casi todas tan podridas que se derrumbaban nada ms tocarlas. Sin embargo, aquel caballero haba encontrado una de las pocas que soportaban peso. Se levant, se quit el enorme sombrero de paja y alarg la mano. Caballero me dijo en perfecto ingls, permtame darle la bienvenida a Meriada, aunque, naturalmente, este retraso debe de resultarle irritante. Me llamo Mentn, James Mentn, y segn creo usted es el seor Durrell a lo que asent mientras lo contemplaba. Llevaba el pelo, castao canoso, recogido en una ordenada trenza que le caa por la espalda casi hasta las nalgas, rematada con un pequeo lazo de cuero que tena una piedra azul. La barba, el bigote y las cejas eran inmensos y, que se advirtiera, jams recortados, aunque escrupulosamente limpios. Tena unos ojos verdes enormes que mova de un lado al otro, y el cuerpo le temblaba de una forma extraa y desarticulada, lo cual le daba el aspecto de un animal esbelto y agitado escondido entre los arbustos. Y ahora, mi querido amigo continu, el motivo por el que he venido corriendo cuando me he enterado de que estaba usted a bordo es invitarle a alojarse conmigo. S lo que son estos vapores fluviales, que huelen que apestan, con todo ese petrleo, sucios e incmodos, y con una comida que parece que fueran los restos de la pocilga del pueblo. Ha de reconocerlo usted, eh? Tuve que reconocerlo. El Dolores era todo eso y ms. Bien continu, sealando, justo al otro lado de esos rboles est mi casa. Un porche estupendo, ventiladores (de ese tipo tan anticuado y precioso que recuerda los molinos de viento de Holanda), pantallas, de forma que no entran bichos, una vieja criada alemana que cocina de ensueo y, mi querido amigo, las hamacas ms cmodas de Guinea. Las he importado yo mismo. Hacen que uno duerma maravillosamente, se lo aseguro. Hace usted que parezca irresistible dije con una sonrisa. Pero he de confesarle aadi levantando una mano que temblaba y tiritaba que mi deseo de que se aloje en mi casa es, desde luego, egosta. Sabe usted, aqu se tiene muy poca compaa... me refiero a compaa de verdad. Aqu no viene gente a quedarse. Se siente uno solo. Contempl el muelle en ruinas, el agua aceitosa llena de latas de cerveza y detritus ms srdidos, los perros hambrientos que recorran la orilla en busca de comida. Ya haba visto el pueblo destartalado y sus habitantes miserables. No, ya veo que no es precisamente un lugar turstico coment , de forma, seor Mentn, que celebrar aceptar su ofrecimiento.

Tutemonos, por favor exclam. Pero tengo que volver aqu a las cinco para dar de comer a mis animales. Tus animales? interrog. S, me dedico a capturar animales para zoos europeos. Tengo un montn de ellos en la bodega. Qu extraordinario. Qu ocupacin tan curiosa exclam encantado. Dado lo que ms tarde habra de confesarme, cuando lo record me pareci raro. Voy a buscar mis cosas dije. No tardo ni un minuto. Me pregunto dijo con tono apremiante, y de verdad me da vergenza, pero, no tendras algo de whisky? Mira, me he quedado tontamente sin nada y lo mismo pasa en la tienda del pueblo, y no vamos a conseguir nada hasta que llegue el barco de las provisiones la semana que viene. Ya s que est muy feo pedirlo, pero... y se interrumpi. En absoluto dije. De hecho, he descubierto aqu, aunque resulte extrao en el Paraguay, un whisky escocs bastante bueno con el extrao nombre de Dandy Dinmont. Es muy suave y bebible. Iba a llevar seis cajas a la Argentina para unos amigos, porque lo que dan en Buenos Aires, que llaman Old Smuggler, no vale ms que para quitar el xido a coches antiguos. Voy a buscar una caja de Dandy y puedes probarlo. Muy amable, amabilsimo. Voy a buscar un par de indios que te ayuden a llevar tus cosas dijo, echndose a temblar todava ms bajo todos aquellos pelos, y se march con movimientos desarticulados. Recog las pocas cosas que consider necesarias para mi estancia en casa de James Mentn, saqu de debajo de la litera una de las seis cajas de Dandy Dinmont y se la entregu a dos indios sonrientes que estaban esperndome junto a mi minsculo y sucio camarote. En cuanto aparecieron en cubierta, James cay en todo un trance de temblores. Era evidente que lo que ms le preocupaba era el whisky, y de vez en cuando se refera a la caja del seor1 como si fuera un cliz lleno de agua bendita que bajo ninguna circunstancia pudiera verterse. Constantemente daba instrucciones al indio competente, de paso firme y gil, que transportaba el divino nctar a hombros, mientras avanzbamos por la ribera hasta su casa. Ahora, cuidado con esa raz. Esto est un poco resbaladizo. Cuidado con esa rama... y ahora ese tronco... ordenaba temblequeante, hasta que llegamos a los escalones de madera de su espacioso porche y la caja de whisky qued colocada y a salvo en la mesa. La casa, de dos pisos, era de madera descolorida, con enormes ventanas y persianas y un amplio porche que rodeaba el piso bajo del edificio. A fin de precaverse contra los caprichos del ro Paran, toda la casa estaba colocada sobre enormes pilotes de madera, a unos tres metros de altura sobre el suelo. El jardn (si es que se poda1

En espaol, en el original (N. del T.)

calificar aquella selva en trminos tan grandilocuentes) estaba lleno de naranjos, aguacates, mangos y nsperos entre los cuales se vislumbraba el ro que se deslizaba suavemente all cerca. Y ahora dijo James, con una voz tan temblorosa como las manos una pequea libacin, es decir, con tu permiso. Un pequeo brindis para darte la bienvenida. Abri la caja, sac una botella y le temblaban tanto las manos que cre que se le iba a caer. Con suavidad, como quien no quiere la cosa, se la arranqu de ellas. Resulta curioso coment que incluso tenga una foto de un Dandy Dinmont en la etiqueta. Me pregunto por qu eligieron una raza tan rara de perros. Puse la botella a salvo en la mesa y l la contempl como hipnotizado. De pronto peg un respingo, como si se acabara de despertar. Ana grit, Ana, trae unos vasos. Se oy el murmullo de una respuesta en la trasera de la casa y al cabo de un rato apareci Ana con una bandeja en la que venan dos grandes vasos. Era una mujer regordeta, con el pelo canoso recogido en un moo por una selva de horquillas. Lo mismo poda tener cuarenta aos que noventa, y su rostro severo y sus fros ojos sugeran que quiz hubiera disfrutado durante algn tiempo al mando de uno de los campos de concentracin menos agradables. Contempl la botella de whisky y la caja de la que haba salido. Recuerde lo que dice Herr Doktor dijo de forma un tanto ominosa. Vamos, vamos, Ana dijo James framente, el seor Durrell no tiene por qu soportar nuestros chismorreos locales. Ella gru y volvi a entrar en la casa. James desenrosc el tapn de la botella y, con hbil gesto de prestidigitador, durante el cual pens en un momento que iba a romper ambos vasos en el cuello de la botella, me sirvi una modesta dosis y se asign para s mismo casi un vaso entero. Advert, con esa leve sorpresa que tiene uno cuando ve que la gente utiliza la mano equivocada para escribir o para servir bebidas, que era zurdo. Nunca le pongo soda explic a la defensiva porque le quita el gusto. Bueno, va por ti, y bienvenido. Apenas me haba llevado mi vaso a los labios cuando el suyo estaba vaco, liquidado en tres enormes tragos. Fue temblequeante hasta una chaise longue y cay tiritando en ella. Se vea que el whisky le desmadejaba igual que se desmadeja un jersey viejo. Siempre he dicho que la primera copa despus de la cada del sol es la mejor del da dijo dando diente con diente y tratando de sonrer. Yo tambin asent, renunciando a sealar que no eran ms que las cinco y que l sol no se haba puesto. Creo que voy a ir a dar de comer a mis animales y a arroparlos para la noche, y despus ya quedo libre. Muy bien, muy bien dijo vagamente, pero no me miraba a m. Tena la mirada totalmente fija en la botella.

Mis animales, cada uno a su estilo, me maltrataron, me insultaron, me calumniaron y me condenaron inmediatamente por retrasarme cinco minutos con su comida. Pero gradualmente sus feroces crticas de mi crueldad fueron desapareciendo para dar paso a un satisfecho chasquido de mandbulas, chupeteo de frutas y crujir de frutos secos. Al volver a la casa por la ribera admirando cmo los tiranos de cola furcada entrelazaban las largas plumas de su cola al descender en picado y dar vueltas en busca de insectos, al otro lado del ro vi cmo empezaba a prepararse una enorme tormenta. Iban abrindose camino hacia nosotros unos cmulos inmensos, de color negro, violceo y azul grisceo, como un gato persa, con garras amarillas y blancas de relmpagos que salan de ellas. Se oa tenuemente el rugido de la tormenta a medida que se iba acercando. Un minuto, seor Durrell exclam una voz. Hacia m corra un hombrecillo regordete de bigote entrecano, cara redonda y penetrantes ojos pardos. Ostentaba una calvicie total. Llevaba un traje de lino arrugado y bastante sucio, y un maletn negro. De un bolsillo le colgaba el extremo de un estetoscopio, como un trozo de intestino. No haca falta ser un genio de la deduccin para entender que era mdico. Soy el doctor Larkin dijo al estrecharme la mano. Oficialmente soy el mdico de la empresa Tannin, pero hago algn trabajo extra con algunos de estos pobres indios miserables. Los tratan como si fueran mierda. Ya sabe, estos malditos paraguayos que se dan tantos aires slo porque tienen un par de gotas de sangre espaola en sus perezosas venas. Los indios son la sal de la tierra. Lamento retrasarle, pero quera preguntarle cmo est James. Hace un da o dos que no lo veo, con tanto trabajo. Est en buena forma, eh? Bueno dije prudentemente, si llama usted estar en buena forma el beberse un vaso entero de whisky en treinta segundos... Maldita sea explot, quin le ha dado esa mierda? Le he dicho a toda la gente de aqu que no le d ni una gota, ni una gota. Y adems lo estaba desintoxicando bastante bien. Me temo que la culpa es ma dije contrito. No tena ni idea de que fuera alcohlico y cuando me invit a alojarme con l mencion que se haba quedado sin whisky. Yo tena un poco que llevaba a Buenos Aires, as que le di una caja. Dios! Una caja! exclam Larkin. Despus de la desintoxicacin sabe Dios lo que va a ver. Le aseguro que cuando me hice cargo de l vea cosas peores que elefantes rosa. Lo siento muchsimo dije. No es culpa suya. Un gesto natural y amable. Pero, mire, vamos a ver si le puede usted quitar el resto del material, o parte de l. Le advierto que cuando llegan a esa fase son ms astutos que zorros. Bueno, no tiene sentido que vaya yo ahora. Sera como ensearle un trapo rojo a un toro. Mire, tenga mi tarjeta. Si las cosas se ponen difciles, telefoneme. Ver usted que tiene alucinaciones terribles, pero no haga caso. Probablemente le contar un montn de mentiras

y tendr que seguirle la corriente, hacer como que se las cree. Tratar de ir por la maana, de acuerdo? Muy bien, y siento haberle reventado sus Alcohlicos Annimos dije. Sonri ligeramente. No se puede salvar a todos dijo, y se march renqueante. Cuando volv a la casa, James yaca olvidado de todo, con la botella vaca salvo un dedo de whisky que quedaba en el fondo. Al lado de l, en la mesa, haba un antiguo gramfono de cuerda y un montn de viejos discos. En vista de lo que sucedi despus, result macabramente adecuado que hubiera puesto a los Mills Brothers interpretando La seorita Otis lo siente. Mi querido amigo dijo, sirvindose apresuradamente los restos del whisky, mi querido amigo, ya has terminado tus tareas, no? Buen momento para una copa; estoy seguro de que te la has ganado, eh? Parece que esta botella est vaca, de forma que tendremos que abrir otra, eh? Ser lo mejor y ahora tena el pulso perfectamente firme al servir dos copas normales, una para l y otra para m. Sin embargo, a medida que avanz la velada se fue emborrachando cada vez ms. Apenas toc la excelente cena que nos haba preparado Ana; se qued tirado en silencio al extremo de la mesa, agarrado a su vaso y con la botella de whisky a su alcance. Dime pregunt, ms por entablar conversacin que nada, cmo te hiciste con esta casa tan bonita? La casa? pregunt. Esta? La hered. De mi ta. Esta casa y una mensualidad con tal de que nunca volviera a poner los pies en la Alegre Inglaterra. No le gustaba mi reputacin, entiendes? A m tampoco me gustaba mucho en aquellos momentos. Bebi un trago de whisky. Qu profesin crees que tena? Vamos, imagina dijo, con un brillo de astucia en aquellos ojos verdes. Bueno dije, resulta difcil de imaginar. Evidentemente eres una persona educada. Trabajabas en la City? Eras profesor quiz? Estabas en la Administracin? Bueno, casi aciertas dijo, con una carcajada ebria. S que trabajaba para el gobierno, pero adems enseaba. Enseaba cosas muy especiales. Puedes imaginar qu? No tengo ni idea repliqu. El mundo acadmico tiene muchas variantes. El mundo acadmico! Eso me ha gustado. No, chico. Enseaba a matar. A matar profesionalmente dijo, y llen el vaso casi hasta el borde. O sea que enseabas a los comandos, a la infantera de marina o algo as? pregunt, pero empezaba a tener una sensacin bastante extraa y anhelaba volver a la seguridad del barco en mi maloliente camarote. A la mierda con la infantera de marina dijo, bebindose el vaso de un trago. No, amigo mo, enseaba a ahorcar. De pronto desmay la cabeza a un lado, con una imitacin horriblemente realista de un ahorcado.

S, eso es lo que enseaba yo. Enseaba a hacer el nudo que hace maravillas. El nudo que es la respuesta a todo. El nudo que te manda rpidamente a la eternidad. El nudo que crea menos problemas que el nudo nupcial. O sea que eras verdugo? pregunt incrdulo. Bueno respondi, era verdugo ambulante. Claro que mi formacin bsica la adquir en Inglaterra. No tena mucho que hacer ms que observar y aprender. Verdaderamente es un arte, ya sabes, romper un cuello con exactitud, para que no sufran, entiendes? Tambin entran las matemticas, ya sabes, con objeto de que suban al cadalso y se pongan en una posicin en que caigan rectos, tras juzgar la altura, el peso y el grosor del cuello. Ya te digo que es un arte. Se detuvo, tembl violentamente y vaci el vaso. Lo malo es que los hijos de puta no siguen muertos aadi, con voz quebradiza. No desaparecen. Por qu no pueden quedarse donde estn y dejar de volver y crear problemas? Pesaba una sentencia sobre ellos, maldita sea. Los ojos verdes se le llenaron de lgrimas que le fueron cayendo sobre el bigote y la barba, donde desaparecan, absorbidas como copos de nieve en una tundra. Por qu no me pueden dejar en paz? me pregunt desesperado. Yo no hice ms que mi trabajo. O sea que sueas con ellos? pregunt. Soar con ellos? No, diablos. Si soara con ellos, el doctor Larkin tiene una cosa que le duerme a uno de golpe y no se suea nada. Ojal soara con ellos. El doctor podra curarlo. Es que los, ejem, ves? pregunt. No quera utilizar el trmino alucinaciones por temor a que se sintiera ofendido. Te voy a contar lo que pasa. Como ya te he dicho, adquir mi formacin bsica al final de la guerra. Entonces matbamos bastante gente y que me ahorquen si no aprend. Ja! Lo siento, lo he dicho sin pensar, no quera hacerme el gracioso. Bueno, pues termin la guerra y, naturalmente, haba docenas de personas que ajusticiar; pero en casi ninguno de los pases, ya sabes, como Nueva Guinea, partes de Africa, Malaya, o incluso Brisbane, en Australia, tena verdugo. Me refiero a verdugo de verdad, que conociera el arte, entiendes? As que me mandaban mi de viaje y yo los mataba por grupos, porque me los iban guardando. Y mientras andaba por all enseaba a uno o dos de los del lugar a hacerlo. Era una especie de profesor ambulante de la muerte. Solt una breve carcajada entrecortada por el hipo y le cayeron algunas lgrimas ms que fueron deslizndose hasta perderse en el bigote. Volvi a llenar el vaso y verific el nivel del whisky en la botella. Entonces me mandaron a matar a un hombre en un sitio de Malaya. Como la crcel del pueblo estaba hasta los topes, se lo haban llevado a la de una aldea a cuarenta kilmetros de distancia. Ya sabes qu clase de sitio: seis celdas de adobe, un sargento y dos nmeros. El sargento estaba bien, pero era un dejado. Los nmeros,

como de costumbre, tenan expresiones vacas y las cabezas todava ms vacas. Por fin mont el patbulo y vi que funcionaba bien. Despus lleg el da de la ejecucin. Me levant al amanecer, comprob el patbulo y me encontr con que el sargento estaba borracho y drogado, inconsciente, en la cama, con una chica de diecisis aos en estado parecido. Entonces despert a los dos nmeros, que, gracias a Dios, estaban serenos. Llevaron al preso al patbulo y lo prepar. Entonces, como de costumbre, le pregunt si tena algo que decir. Naturalmente, no hablaba ms que malayo, pero uno de los nmeros tradujo en un ingls primitivo. Dijo que el hombre haba dicho que no era culpable de ningn crimen. Es lo que dicen casi todos, claro, as que le puse la capucha y lo liquid. Rpida y limpiamente. Hundi la cabeza en los brazos un momento y le temblaron los hombros. Levant la cara sucia de lgrimas y me contempl. Haba ahorcado al hombre que no era dijo. Dios mo! exclam horrorizado. Qu hiciste? Qu poda hacer yo? pregunt. Haba visto al hombre por el ventanillo de la crcel del pueblo. Me haban dado el peso y la altura, naturalmente, y yo haba evaluado el grosor del cuello, la forma y el equilibrio de la cabeza. Todo eso es importante. Pero, maldita sea, no s distinguir a un negro de otro, nunca he sabido. Y aquel maldito sargento estaba demasiado drogado y borracho para decirme nada y sus nmeros eran demasiado estpidos. Pero no luch ni hizo nada? No, en esos sitios parecen tomarse la muerte con mucha calma. Se sirvi otro vaso lleno de whisky. Me pregunt cuntas botellas quedaran. Ya te puedes imaginar la sensacin que caus cuando se supo. Titulares en todo el mundo: Verdugo terrible. El hombre que mata por diversin. El ejecutor brutal. El verdugo despreocupado. Ese gnero de cosas. Me extraa que no las vieras. Estaba en Africa, un poco apartado de todo dije, sin aadir que lo ms probable es que estuviera en una aldea a sesenta kilmetros de la carretera ms prxima y a la que no se llevaba The Times todas las maanas. Bueno, aquello acab conmigo. Naturalmente, llevaron a cabo una investigacin oficial y dieron ms o menos por sentado que yo era culpable de negligencia. Dijeron que debera haber esperado hasta que se recuperase el sargento. Pero cmo iba a esperar? Tena que coger un avin y hacer otro trabajo. No poda dejar colgados al resto de pobres muchachos, no? y pareca inconsciente de lo que acababa de decir. As que me despidieron con un puado de monedas. Mi ta, que es un pilar de la Iglesia, naturalmente se qued horrorizada, de forma que me arregl las cosas desde el punto de vista financiero y me envi aqu. Ya estaba empezando entonces, pero pens: maldita sea, Paraguay est tan lejos que ah no me podrn seguir. Quin no te poda seguir? pregunt, asombrado. Me mir y se le volvieron a llenar los ojos de lgrimas.

Las caras solloz. Las caras de esos malditos. Esper hasta que logr controlarse. Mira, empez un da cuando me estaba afeitando. Vi que un lado de mi cara era como una especie de borrn... estaba algo as como desenfocado. Bueno, fui al medico y ste me envi al oculista. No encontraron nada malo. Pero el borrn segua ah e iba empeorando. Se me desenfocaba toda la cara. No vea ms que lo suficiente para afeitarme. Despus, un da, de pronto, mir al espejo y lo que encontr no fue mi cara, sino la cara de O'Mara, el primer hombre al que colgu, en no recuerdo qu parte del norte de Nigeria, que haba hecho pedazos a su mujer con un cuchillo. Bueno, me llev tal sorpresa que me qued contemplando el espejo y entonces O'Mara me sonri. Ech la cabeza a un lado, sac la lengua, despus se volvi a enderezar, volvi a sonrerme, me hizo un guio y desapareci. Cre que sera el whisky. Quiz hayas visto que me gusta echar un trago de vez en cuando. Entonces empec a afeitarme y al minuto siguiente se me emborron la cara y apareci la de Jenkins. Dios mo, como me miraba. Se me cay la navaja del miedo. Despus desapareci y el que vino fue Yu Ling, y despus Thomson, y despus Ranjit Singh, y as sucesivamente, doce de ellos. Recuerdo que empec a vomitar en el bao y que me dieron unos temblores por todo el cuerpo como si me hubiera dado el paludismo. Saba que no se lo poda contar a mi mdico: me metera en una celda acolchada al minuto. Cre que quiz fuera el espejo, as que fui a comprar otro. Pero a la maana siguiente lo haban encontrado. Compr otro y lo mismo. Cre que podra ser el tamao o la forma. Me gast una fortuna en espejos, pero para nada, metan las caras en cada uno de ellos, maldita sea. Por eso ahora me dejo dijo tocndose la cara esta estpida barba. Pero seguro que un barbero... empec a decir. No interrumpi, al primer hombre al que le puse una cuerda le roc con los dedos. Tena el cuello como tibio, suave, aterciopelado, ya sabes. Recuerdo que pens: Dentro de treinta segundos este cuello estar roto y dentro de unas horas no ser tibio ni aterciopelado, sino que ser como cordero fro. Aquello fue como un golpe, ya sabes. Me inquiet bastante. Por eso no me gusta que la gente me toque la garganta ni el cuello. Me hace sentir mal. En realidad es una tontera. Pero as es. O sea, que nada de barberos. Me crees?... me refiero a lo de los espejos. S, naturalmente, contest, tratando de utilizar mi tono ms convincente. Est claro que viste algo que te dio miedo. Llen el vaso y mir el reloj. Esta noche tenemos una reunin del consejo para resolverlo de una vez para siempre. No puedo retrasarme. Tengo que mantenerme sereno. Son ms astutos que Maquiavelo. Pero tenemos el tiempo justo. Ven, voy a ensearte algo. Llevando el vaso con tanto cuidado como si fuera su vnculo con la vida, me llev por un pasillo donde haba una puerta doble enorme. Meti la llave en la cerradura, abri de un golpe y encendi una gigantesca y centelleante araa que haba en el centro de la

habitacin. Esta era larga medira doce metros por seis y, en el sentido de la longitud, tena colocada una ancha mesa de palo rosa muy bien cuidada. A los lados estaban ordenadas doce sillas, seis a cada uno de ellos, y al extremo estaba la decimotercera, un mueble minuciosamente tallado con brazos enormes. Toda la pared del fondo estaba ocupada por un espejo gigantesco con un marco de oro, que reflejaba la mesa, las sillas y la araa del techo. Era una estancia impresionante; pero lo ms asombroso eran las paredes, en las que haba una multitud de espejos de todas las formas, tamaos y colores, desde altos espejos de sastre hasta espejos redondos de cuarto de bao, pasando por otros, diminutos, de bolso de seora. Eran redondos, ovalados, cuadrados e incluso triangulares. Algunos tenan marcos muy recargados, otros marcos baratos de madera y otros estaban enmarcados en cromado brillante. Lo nico que tenan en comn es que todos estaban clavados en la pared con un clavo agudo de hierro que, emplazado en el centro, haba hecho aicos el espejo. Ves? coment James, tambalendose un poco y con un gesto hacia los espejos. Todos esos he probado. Pero se metan en ellos, como las ratas en un henar. Si eres supersticioso, clavados en la pared hay aproximadamente mil aos de mala suerte. Ja! A m la mala suerte me lleg antes de romperlos. Contempl sorprendido su vaso vaco y ech una mirada al reloj. Vamos a tomar otra copa dijo. Hay tiempo de sobra. Entonces, con un escalofro de aprensin, vi que delante de cada silla cuidadosamente colocada, excepto la decimotercera, haba una tarjeta con un nombre escrito en maysculas. Tuve justo el tiempo de leer algunas antes de que apagara la luz: O'Mara, Ranjit Singh, Jenkins, todos los ahorcados que haba mencionado. Haba dicho que era una reunin del consejo, pero a m me pareca ms bien la sala de un jurado: un jurado de doce muertos. Tembl y confi en que no me pidiera asistir como observador. Cerr cuidadosamente con llave la gran puerta doble y nos dirigimos al porche. La tormenta estaba ahora justamente encima de nosotros y trataba de devorar la casa, sacudindola con truenos, lanzando a lo largo de las acanaladuras de acero relmpagos como zarpazos que producan torrentes de chispas, escupiendo una cortina de lluvia cuyo ruido en el tejado sofocaba casi el croar de las ranas. Tenamos que gritar para hacernos or. Ya pasar dijo James, llenando nuestros vasos, como siempre. Pero la tormenta no quera pasar. Segua situada sobre nosotros, anclada a nosotros, como si supiera que iba a ocurrir algo extrao y quisiera desempear su papel. Estaba agazapada sobre nosotros igual que un gato se echa encima de un ratn medio muerto, esperando cualquier movimiento. James, mir el reloj. Ahora tengo que marcharme, amigo mo grit. Mis disculpas, pero esta reunin es importante. Ya sabes dnde est tu

habitacin, no? Bueno, si hacemos demasiado ruido golpea en el suelo. Aunque no creo que nos oigas con todo este escndalo. Se puso de pie, en apariencia perfectamente sereno, con tan buenos modales como el ms educado de los anfitriones. Lo siento dijo, pero es importante, ya sabes, para aclarar las cosas. Lo entiendo perfectamente repliqu. As que se dirigi a la extraa sala con su multitud de espejos rotos y yo sub a mi habitacin con la gigantesca hamaca de Guinea tendida de una pared a otra. Encima tena doblada una manta de vicua, suave y ligera como una tela de araa y clida como una hoguera. Me desnud, me envolv en ella, fui cautelosamente al principio de la escalera y me agach. El trueno hizo otra tentativa de destripar la casa, azotndola con sus relmpagos, y despus todo qued en silencio un breve momento y o la voz de James Mentn: Pero tenis que comprender que yo era un funcionario pblico, un servidor de la Corona. No fui yo quien te conden, Jenkins, sino el juez y el jurado... por qu no vas a fastidiarlos a ellos?... porque te mat yo? Pero no comprendes que me pagaban por matarte?: eras culpable... ah, s que lo eras, maldita sea, con su cadver en el maletero de tu coche... el cuchillo lleno de huellas tuyas... con su sangre en la ropa... nada de pruebas circunstanciales. No, no le dije a nadie que te cagaste justo antes de que te hiciera caer. No digas... Volvi a rugir el trueno, y dur tanto tiempo que me perd el resto del intercambio. Despus volvi el silencio y o el tintineo de la botella contra el vaso. No se oan ms voces, slo la de Mentn: T sabes perfectamente, Yu Ling, que fue un accidente: te contempl por la mirilla media hora, pero estabas tan acurrucado. No poda ver que tenas un cuello tan esbelto. Los verdugos profesionales no tienen la costumbre de arrancar la cabeza, ya sabes. Ya s que fue una vergenza para ti... Ms truenos y un ruido como de astillas cuando un rayo dio en uno de los desages y ste se solt. Me qued sentado en el extremo de la escalera quiz dos horas, mientras escuchaba la discusin de Mentn con los hombres a los que haba ahorcado y los truenos sacudan la casa, hasta el punto de parecer que furamos dados en un cubilete. En determinado momento baj de puntillas la escalera, me serv un whisky y volv a subir para seguir escuchando a Mentn. Est bien! Est bien! grit por fin. Disponis de dos minutos para estudiar vuestro veredicto, como decs. Yo dispongo de diez minutos para servirme una copa y estudiar mi veredicto. Cuando sali rpidamente, cerr la puerta y fue corriendo por el pasillo hasta el porche. Me puse de pie y me apart del extremo de la escalera. Me pregunt si deba unirme a l so pretexto de insomnio, pero o que se serva una copa y empezaba a pasearse arriba y abajo, murmurando en voz baja, y decid no hacerlo. De momento pareca que la tormenta se haba retirado; no se oa ms que el golpeteo constante de la lluvia como gravilla que cayera sobre la casa, y de vez en cuando se vea un relmpago dorado. De pronto volvi a

entrar rpidamente en el vestbulo, con el inevitable vaso de whisky en una mano. Abri de golpe la puerta doble, por la que sali una intensa luz, y despus la cerr. Bien, caballeros, si me permits que os d ese tratamiento, habis estudiado vuestro veredicto? Me inclin hacia adelante para escuchar, y la tormenta, que haba estado al acecho, se lanz contra la casa con un estallido de truenos superior a todo lo anterior. Al desvanecerse o la voz de Mentn: De manera que se es vuestro veredicto? Bueno, os voy a decir lo que pienso de vosotros, panda de asesinos. Merecais lo que tuvisteis. Tenis tanta cabeza como una partida de nios retrasados mentales. Todos merecais morir y yo me alegro mucho de haber hecho el trabajo de liquidaros. Me enorgullezco, entendis? Me enorgullezco de haber eliminado tanta basura de la tierra... Otro fragor de truenos me impidi or su discurso. No te enfrentes con ellos, idiota me encontr diciendo, como si su jurado imaginario fuera de carne y hueso. Siguieron rugiendo los truenos y no volv a or la voz de Mentn. Al cabo de un rato o algo que interpret como un ronquido y, juzgando que por fin el whisky haba hecho su labor y que James se haba quedado dormido sobre la mesa, volv a mi hamaca, aunque confieso que dorm de forma intermitente. Al despertarme fui directamente a la habitacin de James, donde, como una larga vaina blanca ya privada de sus semillas, colgaba su enorme hamaca. Baj las escaleras y llam a la gran puerta doble en el pasillo oscuro. James llam, soy yo, Gerry. Puedo entrar? No hubo respuesta. Tent el picaporte y vi que estaba cerrada con llave. Me apoy en ella y me pareci bastante frgil. Despus de dar un paso atrs pegu una patada en la cerradura. A la segunda se abri la puerta y, momentneamente, me sent cegado por la luz de la araa, que haba dejado encendida. Entr en la sala y mir al otro extremo de la habitacin. Todo estaba reflejado en el espejo de aquella pared: la gran mesa de madera bruida con las tarjetas, las sillas, y despus, al fondo, donde debera haber estado la decimotercera, colgaba de la viga el cadver de James Mentn. No era un espectculo agradable. La gran silla que deba de haber ocupado yaca de lado, junto a la mesa. Era evidente que haba subido la silla a la mesa (o lo haba hecho alguien?), que haba puesto la cuerda en la viga y que despus haba dado una patada a la silla (o la haba quitado alguien?). Evidentemente haba muerto, pero consider que deba cortar la cuerda. Fui a la cocina y encontr un cuchillo bien afilado. Con esfuerzo, volv a colocar sobre la mesa la gran silla. De cerca, los restos mortales de James eran todava menos atractivos que de lejos, pues, aparte de un hedor nauseabundo de excrementos, haba sangrado por la nariz y tena la barba y el bigote lleno de costras de sangre seca. Tuve que agarrarlo para apoyar el peso al cortar la cuerda, de modo que quedamos cara a cara y el olor a whisky rancio casi me hizo vomitar. Al cortar la cuerda y recibir su peso, la silla, en la

superficie pulida de la mesa, se desliz como una piedra sobre el hielo y cay al piso con el cadver y conmigo. Por desgracia, ca encima de James y mi peso le hizo eliminar ms excrementos con un horrible ruido burbujeante, al tiempo que, al aflojarse levemente el nudo al cuello, se liber un hlito de aliento ftido que me lanz a la cara. Me puse de pie como pude, fui a la cocina y vomit con violencia. Decid que lo mejor que poda hacer era telefonear al doctor Larkin. Pese a que acababa de amanecer, respondi a la segunda seal. S, aqu el doctor Larkin dijo Quin habla?2. Soy yo, Gerry Durrell respond. Qu ha hecho James ahora? pregunt. Tuvo unas alucinaciones terribles anoche y esta maana lo he encontrado ahorcado. Dice usted que se ha ahorcado? pregunt Larkin muy serio. Bueno... s, supongo que s. He cortado la cuerda. No cabe duda de que ha muerto. El nudo estaba bajo la oreja derecha, de modo que muri asfixiado en lugar de caer limpiamente. La oreja equivocada, eh? Despus de tantas historias de su poca de verdugo. No, estaba muy borracho y era zurdo expliqu, pero en realidad estaba pensando: Quin sera el que se las arregl para hacer que muriese de forma tan dolorosa? Mire dijo Larkin, vyase de ah, haga la maleta y vuelva al Dolores. Va a zarpar dentro de una hora, segn me dicen. Pero no se quede ah, porque le detendrn. Detenerme por qu, por el amor de Dios? En el Paraguay, si eres gringo te pueden detener por cualquier motivo. Quiere usted pasarse un ao en la crcel mientras un montn de abogados hispanos lo discuten? No dije decidido. Bien, haga la maleta y vyase al barco. Voy a ir inmediatamente y ser yo quien informe y diga que le cort la cuerda. De acuerdo? De acuerdo dije. Ah, y, Durrell, supongo que no queda nada de ese whisky, verdad? Milagrosamente, quedan dos botellas. Djemelas en la mesa del porche, si es usted tan amable. Son sus honorarios? pregunt. No, son para el Jefe de Polica. Adis y colg de golpe. Met a toda prisa mis pocas cosas en la maleta, baj la escalera y, para mi gran asombro, vi que me esperaba un indio sonriente. Capitn... barco... adis dijo. Le entregu mi maleta y le indiqu con un gesto que se adelantara. Me quedaba una cosa por verificar; algo que haba visto, pero en lo que no me haba fijado bien. Volv a la sala donde yaca el cadver hinchado y desfigurado del pobre James y contempl la2

En espaol en el original

mesa. Advert con un leve estremecimiento que no me haba equivocado. Las doce sillas de las tarjetas estaban vueltas mirando hacia el extremo de la mesa, como si la gente que las ocupara las hubiera girado para ver mejor. Ver mejor qu? Una ejecucin?

Los vestidos de la seorita Booth- Wycherly

Si me enter del asunto de los vestidos de la seorita BoothWycherly y del efecto desconcertante que tuvieron en un grupo tan variado de seres humanos, desde los habitantes de San Sebastin hasta las Hermanitas de la Inocencia y los croupiers de Montecarlo fue porque casualmente yo haba conocido a la seorita BoothWycherly. Todos los aos, cuando voy a mi casita del sur de Francia para escribir algo, siempre me desvo del camino y paso unos das en Montecarlo con dos amigos, Jean y Melanie Schultz. Jean es un banquero suizo retirado, con bigote de bandolero y unos picaros ojos azules, dotado de una fortuna considerable, y Melanie es una chica estadounidense preciosa, una de esas chicas esbeltas de largo pelo negro y un perfil que hace a los muchachos volverse a mirar boquiabiertos. Yo los quiero mucho a los dos y se fue el nico motivo por el cual, cuando manifestaron el deseo de ir al casino una noche mientras yo me alojaba con ellos, acept sin mucha gana. No soy jugador. Aprend a temprana edad que para jugar con xito hay que poseer un determinado tipo de Karma. Si yo apuesto por un caballo o por un perro, inmediatamente contraen la glosopeda o la rabia. Si juego al negro en la ruleta, sale el rojo con una malevolencia positivamente maosta. Haba aprendido por amarga experiencia que si apostara con alguien que el cielo est azul inmediatamente se pondra negro de nubes de tormenta. En consecuencia, haba llegado a la conclusin de que la Naturaleza no me haba diseado para apostar, y nunca lo haca. Sin embargo, mis amigos no tenan esas inhibiciones y, muy contentos, se pusieron a vaciar sus cuentas bancarias. Al quedarme solo me dediqu a pasear y a contemplar a la gente que jugaba, una maravillosa variedad de individuos que iban desde un jorobado diminuto que pareca gitano a una rubia esbelta que acababa de salir de las pginas del Vogue, pasando por un negro de frac con una cara tan impasible como una estatua de la isla de Pascua y un hombre enormemente gordo cuya cara amoratada y estertorosa respiracin proclamaban que lo ms probable era que muriese a la mesa. Pero incluso en medio de aquella multitud variopinta la seorita Booth-Wycherly resultaba notable y atrajo mi atencin. Era una mujercita frgil cuya piel de la garganta colgaba en pliegues y frunces como una cortina. La cara era una red de finas

arrugas, como un mapa en relieve de la desembocadura de algn gran ro. Tena una nariz prominente y ganchuda como el pico de un guila. Sus ojos eran azules, de un azul aguado y difuminado, como vincapervincas desteidas, y en el izquierdo llevaba un monculo sujeto por una larga cinta de moar. Su atavo era increble. Sin duda haba sido diseado y confeccionado en algn momento de comienzos de los aos veinte. El vestido de noche era de terciopelo escarlata con botones dorados de filigrana y mangas largas. Llevaba un sombrero de terciopelo escarlata adornado con plumas amarillas de avestruz y la piel de algn animal que pareca no haber sido descubierto todava por la ciencia. La misma piel llevaba al cuello, en los extremos de las mangas y en la costura del vestido. Del cuello de tortuga le colgaban varias cadenas largas de cuentas multicolores y, en la parte del vestido que era de suponer le cubra el pecho, llevaba prendida una gran rosa de raso amarillo. Sus manos, que parecan estar formadas por las ramitas muertas y frgiles de algn rbol extico, tenan una forma muy bonita, y las manejaba diestramente al manipular su coleccin de fichas. Llevaba un leve toque de pintura en los ojos, de colorete en las mejillas y de lpiz de labios en la boca, pero no lo suficiente como para convertirla en un viejo payaso. Cuando sonrea a los croupiers, mostraba una excelente y blanca dentadura postiza. Consider que tendra algo ms de setenta aos y me sorprendi averiguar ms tarde que tena ochenta y dos. A juzgar por su atroz acento en francs, era inglesa. Tena ante s en la mesa un cuadernito en el cual anotaba cuidadosamente los nmeros que salan. Utilizaba esa cosa temible conocida como sistema. Casi todos los jugadores compulsivos (el juego compulsivo es una enfermedad, igual que el alcoholismo) tienen un sistema al que se aferran con fe ciega. El hecho de que el sistema no funcione no importa; les infunde tranquilidad, igual que una pata de conejo, y tiene aproximadamente el mismo valor. Pierden diecinueve de cada veinte apuestas, pero la que ganan demuestra que su sistema es infalible. A los jugadores compulsivos, a diferencia de los normales, se los poda distinguir con facilidad. Vigilaban fanticamente la bolita que tableteaba, mortfera, al girar en torno a la rueda, y adquiran unas expresiones intensas, de aves de rapia, cuando aqulla iba parndose con un tintineo y por fin se quedaba descansando en un hueco numerado. Dejaban escapar el aliento con un largo suspiro, como quien llega a la conclusin de una bonita pieza musical y, si haban ganado, lanzaban miradas de triunfo con los ojos brillantes y dirigan sonrisas resplandecientes a los dems jugadores y a los croupiers impasibles. Si haban perdido, se dedicaban a anotar los nmeros a fin de perfeccionar sus sistemas, moviendo los labios como si rezaran en silencio. La seorita Booth-Wycherly era la jugadora compulsiva por excelencia. Redactaba copiosas notas, organizaba sus fichas en hileras, como hsares listos para el ataque, y tamborileaba sobre ellas constantemente con sus uas bien pintadas. Haca su apuesta con el aire de quien sabe que va a ganar, y despus, cuando la bolita se lanzaba a uno de sus viajes circulares como los del muro de la

muerte, se apretaba el monculo todava ms contra el ojo y contemplaba la rueda como si pudiera hipnotizar a la bola para que cayera en el nmero adecuado. Pero no era su noche y, mientras yo la miraba, su pequeo batalln de fichas, su ejrcito particular, fue disminuyendo vctima de la mala suerte hasta que por fin no le qued ninguna. Me pregunt si era la luz o mi imaginacin lo que me haba hecho pensar que haba ido ponindose cada vez ms plida con la prdida de cada ficha, de forma que ahora el colorete le brillaba en las mejillas y le daba la apariencia de tener fiebre. Se levant con mucha elegancia de la mesa e hizo una inclinacin al croupier, que se la devolvi inexpresivo. Despus fue saliendo lentamente de la sala. La segu. Cuando lleg al gran vestbulo de entrada, de columnas de mrmol, de pronto se tambale y alarg una mano para agarrarse a una de ellas. Por suerte, yo estaba cerca y me adelant rpidamente a tomarla del brazo. La carne, lo que quedaba de ella, era flccida y sin msculo, y se le notaba el hueso del brazo, que pareca tan frgil como un pedazo de carbn. Emanaba un extrao olor que me sorprendi; no era perfume, sino algo familiar. No logr recordar lo que era. Muy amable murmur, tambalendose. Muy amable. Debo de haber tropezado. Qu estupidez. Sintese un momento dije, llevndola hacia un barroco sof que haba al lado. Se acerc guardando un precario equilibrio y despus cay en l como una mueca colocada descuidadamente. Cerr los ojos y despus se ech hacia atrs. Ahora el colorete, el lpiz de labios y la pintura de los ojos destacaban como letreros de nen en medio del blanco lechoso de la cara arrugada. Del ojo se le haba cado el monculo, que ahora yaca sobre su pecho jadeante. Le tom el pulso, que era constante, aunque dbil. Llam a un camarero que pasaba. Traiga un coac para madame, rpido ped. El camarero ech una mirada a la ruina arrugada con su vestido de terciopelo escarlata y se march corriendo. Volvi con encomiable rapidez y con una copa que contena una generosa racin de coac. Beba algo de esto dije, sentndome a su lado. Le sentar bien. Abri los ojos, busc su monculo y despus, tras un par de tentativas fallidas, logr ponrselo en el ojo. Joven dijo, irguindose indignada, yo nunca bebo. Volv a percibir aquel extrao olor que despeda. Era su aliento y de pronto comprend lo que era. Alcohol metlico. La anciana era bebedora, adems de jugadora. Normalmente, madame, no la insultara ofrecindole a usted una bebida fuerte dije para tranquilizarla, pero pareca estar usted un poco mareada, sin duda por el calor, y he pensado que esto, tomado puramente por su virtud medicinal, podra sentarle bien. Me contempl a travs del monculo, que tena el absurdo efecto de hacer que un ojo pareciese mayor que el otro, y despus examin la copa de coac.

Bueno dijo, si es medicinal, desde luego la cosa cambia. Pap siempre sola decir que un sorbo de coac era mejor que toda Harley Street. Estoy de acuerdo dije alentador. Me quit la copa de la mano y se la bebi de un trago. Despus tosi, sac un pauelito de encaje y se sec la boca con l. Calienta dijo, cerrando los ojos y echndose hacia atrs. Calienta mucho. Pap tena razn. Dej que se quedara sentada un momento para que el coac hiciera su efecto. Al cabo de un rato abri los ojos. Joven dijo con la voz un poco pastosa, tiene usted toda la razn. Ha hecho que me sienta muchsimo mejor. Quiere usted otro? pregunt. Bueno, no s si debiera dijo muy prudente, pero quiz una gotita. Llam al camarero, que trajo otro coac. Apareci con la rapidez milagrosa del primero. Madame dije, dado que se siente un tanto dbil, me autoriza para llevarla a usted a su casa? Me mora de ganas de saber dnde viva durante el da aquella extraordinaria reliquia. Abri los ojos y me contempl fijamente. Es que lo conozco? pregunt. Por desgracia, no respond. Entonces es una sugerencia de lo ms incorrecta coment. De lo ms incorrecta! Pero no lo ser si yo me presento dije, y proced a hacerlo. Inclin la cabeza con gesto aristocrtico y me alarg la frgil mano. Yo soy Suzanna Booth-Wycherly dijo, como si estuviera anunciando que era Cleopatra. Encantado dije gravemente, y le bes la mano. Por lo menos, tiene usted modales admiti de mala gana. Bien, si lo desea, puede usted acompaarme a casa. Llevar a la seorita Booth-Wycherly escaleras abajo, por el vestbulo y los escalones fue toda una hazaa, dado que los dos coacs ya haban hecho su efecto y, adems de afectar perjudicialmente a sus piernas, desencadenaron un torrente de recuerdos, para relatarme cada uno de los cuales tena que hacer una pausa. En el tercer escaln se acord de cmo pap la haba llevado all la primera vez, cuando muri mam en 1904, y describi con gran detalle a los que estaban presentes. Mujeres tan multicolores como una bandada de periquitos con sus preciosos vestidos, joyas centelleantes en tales cantidades que cegaran a un pirata, todos los hombres tan guapos, todas las mujeres tan atractivas; pareca que ya no criasen mujeres atractivas. No como cuando ella era una muchachita, cuando todo el mundo pareca atractivo. Al pie de las escaleras record a un joven especialmente guapo de quien se haba enamorado, que haba jugado y perdido y que, al salir, se peg un tiro. Gesto tan innecesario, dado que pap le habra prestado el dinero, como poco considerado, ya que los criados haban tenido que

limpiar la porquera. Pap siempre deca que a las clases inferiores haba que tratarlas con consideracin y que no se deba dar a los criados un trabajo innecesario. A mitad del vestbulo record cuando el rey Eduardo haba visitado Montecarlo en 1906 y cmo se lo haban presentado; era un autntico caballero. El torrente de recuerdos continu por los escalones, el jardn delantero e, ininterrumpidamente, durante el viaje en taxi a una de las partes menos saludables de Montecarlo. All el taxi se detuvo en un callejn situado entre dos altos edificios antiguos cuya pintura iba descascarillndose y con unas persianas descoloridas y llenas de ampollas del sol. Ya estamos dijo la seorita Booth-Wycherly, ajustndose el monculo en el ojo y contemplando el desagradable callejn. Tengo mi apartamento en el piso bajo, justo al lado, la segunda puerta a la izquierda. Muy cmodo. La saqu del taxi con cierta dificultad y, tras decir al conductor que esperase, la acompa por el callejn, que, en aquella noche calurosa, ola a gatos, basura y verdura podrida a partes iguales. En la puerta de entrada se puso el monculo en el ojo y me alarg la mano cortsmente. Ha sido usted muy amable, joven dijo, muy amable, y he disfrutado con nuestra conversacin. Ha sido un gran placer. Le aseguro que todo el placer ha sido mo dije con sinceridad . Puedo visitarla maana para asegurarme de que se ha recuperado usted totalmente de su fatiga? Nunca recibo antes de las cinco respondi. Entonces, si me permite, vendr a las cinco suger. Estar encantada de verle dijo con una inclinacin de cabeza. Abri la puerta, logr entrar por ella con paso un poco incierto y despus la cerr. Me fastidiaba dejarla por temor a que se cayera y se hiciera dao, pero a una anciana tan indomable no se le poda sugerir desvestirla y dejarla en la cama. A las cinco de la tarde siguiente, con un cesto de frutas y quesos y un gran ramo de flores, llegu a la residencia de la seorita BoothWycherly. Llam a su puerta y se oy una cacofona de ladridos agudos. Al cabo de un rato se abri cautelosamente la puerta y la seorita, con su monculo centelleante, se asom por una rendija. Buenas tardes dije. He venido tal como habamos quedado. La puerta se abri un poco ms y vi que llevaba un fantstico camisn de encaje. Era evidente que se haba olvidado de m y de mi visita. Pero, joven coment, no lo esperaba, ejem, tan temprano. Lo siento, cre que haba dicho usted a las cinco dije contrito. As es. Ya son las cinco? pregunt. Dios mo, cmo vuela el tiempo. Me acababa de echar la siesta. Lamento mucho haberla molestado dije. Quiere que vuelva ms tarde? No. No dijo, con una delicada sonrisa, si no le importa que lo reciba con mis atavos nocturnos. Su compaa sera un honor con cualquier atavo dije galante.

Abri la puerta y entr. El olor a licor metlico rancio era abrumador. Su piso consista en una habitacin muy grande que serva de dormitorio y cuarto de estar, con una diminuta cocina y un pequeo cuarto de bao al lado. Al fondo del cuarto de estar haba una enorme cama doble. Como haca calor, no tena ms que sbanas, y stas estaban tan sucias que parecan casi negras. El culpable de aquello estaba sentado en medio de la cama: un perro salchicha con un enorme hueso de vaca, lleno de sangre y de serrn, que descansaba sobre las sbanas y entre sus pezuas. Cuando me vio mirar, me gru malvolo. Las paredes laterales y aquella contra la que se apoyaba la cama estaban casi ocultas bajo una multitud de fotografas antiguas y amarillentas en marcos dorados. Una de las paredes estaba ocupada por dos enormes cmodas de roble, en medio de las cuales haba un estante, parecido a una gran librera, en el que reposaba una coleccin extraordinaria de zapatos, cada uno de ellos con la horma cuidadosamente puesta. Deba de haber treinta o cuarenta pares, desde zapatones de paseo hasta zapatos de baile con lentejuelas. En la otra pared, amontonados hasta casi llegar al techo, haba una serie de grandes bales de cuero (del tipo de los que antiguamente llamaban bales mundo), todos ellos configurados como el tradicional cofre del tesoro de los piratas, con una tapa curvada en la cual estaban grabadas las palabras mgicas BOOTHWYCHERLY. En medio de todo aquello apenas haba espacio para una mesita y tres sillas de enea. Me pareci que la fruta y el queso tenan tan buen aspecto, que no pude por menos de traerle algo de ambas cosas dije. Y, naturalmente, flores para mi anfitriona. Tom el ramo de flores en sus frgiles brazos y, para mi gran apuro, de pronto se le llenaron los ojos de lgrimas. Haca mucho tiempo que no me regalaban flores dijo. Porque ha estado usted viviendo demasiado encerrada le seal. Si saliera usted ms, tendra colas de hombres junto a la puerta con ofrendas de flores. Entonces yo no podra pasar. Me mir un momento y despus sonri contenta. Es usted lo que pap habra calificado de un sinvergenza dijo . Sabe cmo halagar a una anciana. Bobadas dije muy serio. No puede usted tener ms de cincuenta aos. Me niego a creer cualquier otra cosa. Volvi a rer. Hace mucho tiempo que nadie es galante conmigo dijo. Muchsimo tiempo. Me gusta. Creo que me va a agradar usted, joven. Lo celebro respond sinceramente, porque s que usted me agrada a m. A partir de aquel momento, me convert en el confidente y amigo de la seorita Booth-Wycherly. No tena parientes ni amigos; los pocos conocidos que tena, o pensaban que estaba tocada, o no tenan tiempo para escuchar su repertorio de ancdotas ni inters por hacerlo. En cambio, a m me resultaba fascinante orle hablar de forma tan vivida y tan conmovedora de tiempos pasados. Tiempos en que los britnicos recorran arrogantes la tierra y en que los mapas

mundiales estaban pintados de rosa por todas partes para demostrarlo. Un mundo inconmovible en su solidaridad y su elegancia, con una reserva inacabable de cosas buenas para los ricos; un mundo en que las clases inferiores saban cul era su sitio y a una buena cocinera se le pagaban treinta libras al ao con un da libre al mes. La seorita Booth-Wycherly haca revivir para m aquellos das remotos, segn parece siempre baados de sol, y aquello resultaba tan fascinante como hablar con un dinosaurio. La visitaba siempre que poda, desafiando los asaltos del perro Lul (que sola morderme en el tobillo), y llevndole fruta, queso y bombones, a los que tena una extraordinaria aficin. Gradualmente la fui desviando de los licores metlicos hacia el coac, pues consider que, si necesitaba beber, ste le sentara mejor. Desde luego, haca falta menos coac para producir el efecto deseado. Al principio, naturalmente, aceptaba el coac por motivos puramente mdicos, pero ms adelante sugera descaradamente que nos tomramos una copa. Lo difcil al comienzo fue conseguir que aceptara el coac, y vi que la nica forma de lograrlo era jugar a las cartas con ella y apostarnos la botella. Si ganaba ella, se quedaba con la botella; si ganaba yo, abramos la botella para celebrarlo y se me olvidaba cuando me iba. Fue durante la ltima de estas sesiones de cartas, antes de marcharme de Francia, cuando me dijo que era catlica. Muy mala, me temo confes. Hace aos que no voy a misa. Sabe usted, en realidad no crea que pudiera hacerlo, pues soy una mala mujer en muchos sentidos. Eso s que no protest. A m me parece usted la esencia de la bondad. No, no replic. No lo sabe usted todo de m, jovencito. En mi poca he hecho cosas muy malas. Mir en torno a la habitacin furtivamente para asegurarse de que estbamos a solas, si no se contaba a Lul, que estaba sentada en la cama, ocupada en la demolicin de lo que pareca ser media oveja. Una vez fui amante de un hombre casado dijo la seorita Booth-Wycherly inesperadamente, y se ech hacia atrs para ver cmo encajaba yo la noticia. Bravo! dije imperturbable. Apuesto a que le hizo usted muy feliz. S! exclam. Y tanto. Bueno, pues ya ve. Creaba usted felicidad. S, pero de forma inmoral seal. La felicidad es la felicidad. No creo que tenga nada que ver con la moral observ. Me qued embarazada de l aadi, y tom apresuradamente un sorbo de coac para recuperar el nimo tras aquella revelacin. Es algo que por desgracia sucede a veces dije cauteloso. Y entonces hice aquella cosa horrible, un pecado mortal susurr. Abort. No estaba seguro de qu decir a este respecto, as que guard silencio. Ella lo interpret en el sentido de que censuraba su accin.

Pero tuve que hacerlo dijo. Ah, ya s que ahora la gente aborta como quien lava y no le da ninguna importancia. Y tienen hijos ilegtimos como gallinas y no es ningn estigma. Pero cuando yo era una jovencita, tener una relacin con un hombre casado ya era bastante malo, pero abortar o tener un hijo ilegtimo era inconcebible. Pero no la ayud la Iglesia? pregunt. Yo crea que en momentos de apuro as... No interrumpi la seorita Booth-Wycherly. En la iglesia a la que bamos nosotros tenamos un sacerdote especialmente antiptico. Yo estaba muy preocupada y no saba qu hacer, como puede usted imaginar, y l lo nico que hizo fue compararme con la prostituta de Babilonia. Bajo el monculo se le desliz una lgrima que le fue bajando por la mejilla. As que dej de ir a la iglesia dijo con un respingo desafiante . Consider que me haba decepcionado. Bueno, no creo que eso la condene a usted sin remedio seal . Hay mucha gente peor en el mundo. Si no me hubiera hallado en una situacin financiera un tanto apretada dijo ella, me habra gustado mucho ayudar a la Iglesia, aunque me temo que no podra haber hecho gran cosa. Pero ahora, despus de aquello, oh, no, jams tom otro sorbo de coac. Sin embargo, me agradara ayudar a alguna institucin como el orfanato de San Sebastin. Creo que las Hermanitas de la Inocencia hacen una labor maravillosa. A ellas no les importa que los nios sean... bueno, ya sabe... ilegtimos. Una vez las visit con Henri, que era mi amante, y nos quedamos muy impresionados. Son buenas... no como esos curas. San Sebastin es esa aldea que est al otro lado de la frontera de Francia, no? pregunt. S respondi una aldea de montaa muy bonita. El ao que viene, cuando venga, le gustara que la llevara all a visitarlas? pregunt. Ay, eso sera maravilloso respondi radiante. Qu estupendo. Un bonito proyecto para el futuro. Pues en eso quedamos dije barajando las cartas. Y ahora vamos a ver quin se va a ganar esa botella totalmente intacta de coac medicinal. Seguimos jugando un rato y gan ella. Tambin pens en una forma de ayudar al orfanato de San Sebastin. Sin embargo, de haber sabido la alarma y la consternacin que iba a causar, dudo que lo hubiera hecho, aunque el resultado final fue todo lo bueno que ella pudiera haber deseado. Regres al ao siguiente y, como de costumbre, hice mi visita anual a Jean y Melanie. Una vez apagada la exuberancia de sus saludos y cuando nos sentamos a tomar una copa, levant la ma y brind por Melanie: Eres dije la mejor anfitriona del mundo y la mujer ms guapa de Montecarlo.

Inclin, sonriente, su hermosa cabeza. Sin embargo continu, y para que no esperes demasiado de m, he de confesarte que mi corazn pertenece a otra. As que debo abandonaros durante un rato para comprar fruta, queso, coac y flores, y correr presuroso hacia mi bienamada, la deliciosa, la incomparable seorita Booth-Wycherly. Dios mo! exclam Jean, alarmado. Ay, Gerry dijo Melanie apurada. No recibiste nuestra carta? Carta? Qu carta? pregunt, con una terrible premonicin. Gerry, la seorita Booth-Wycherly muri dijo Jean entristecido . Lo siento, te escribimos inmediatamente porque sabamos el cario que le tenas. Contadme ped. Al parecer, la seorita Booth-Wycherly haba ganado una pequea suma de dinero en el casino y, de regreso en su apartamento, lo haba celebrado. Imprudentemente, decidi darse un bao. Resbal y, al caer, sus frgiles caderas se quebraron como tallos de apio. Permaneci en la baera toda la noche, mientras el agua se iba quedando fra como el hielo. A primera hora de la maana alguien que pasaba por ah oy sus dbiles peticiones de socorro y revent la puerta. Indomable hasta el final, todava mantuvo la coherencia suficiente para dar a su salvador el nmero de telfono de Jean y Melanie, pues yo le haba hablado muy bien de ellos y no tena otros amigos. Jean haba acudido inmediatamente y la haba llevado al hospital. Estuvo magnfica, Gerry dijo Jean. Saba que estaba murindose, pero estaba decidida a no morir hasta estar lista. Al mdico, que quera darle morfina, le dijo: Llvese eso, joven. No he tomado drogas en mi vida y no me propongo convertirme en una toxicmana ahora. Despus insisti en hacer testamento. En realidad, no tena nada que dejar ms que sus escasos muebles y su ropa, pero se lo leg todo al orfanato de San Sebastin Jean hizo una pausa y se son la nariz. Se estaba apagando rpidamente, pero segua teniendo la cabeza despejada. Dijo que ojal hubieras estado t, Gerry. Dijo que eras su amigo ms especial. Que te transmitiramos sus excusas por no poder acompaarte en tu viaje al orfanato. Le llevasteis un cura? pregunt. Se lo ofrec, pero dijo que no quera replic Jean. Dijo que a ella la Iglesia no le vala de nada. Se qued inconsciente un momento y despus, poco antes de morir, recuper de pronto la conciencia, ya sabes que ocurre a veces con la gente, se puso el monculo en el ojo y se me qued mirando fijamente, como un basilisco. Entonces dijo algo muy raro. Esper paciente mientras tomaba un trago de mi copa. Dijo: De m no van a recibir nada. Conque prostituta de Babilonia! Soy una Booth-Wycherly. Yo les ensear. Y despus se le cay el monculo del ojo y muri. Tienes idea de a qu se refera, Gerry? pregunt Jean, frunciendo el ceo.

Creo que s dije. Una vez cometi un desliz de juventud y el cura de su parroquia, en lugar de ayudarla, dijo que se haba comportado como una prostituta de Babilonia. A raz de eso jams volvi a la iglesia. Creo que al final quiz no se diera cuenta, por algn motivo, de que el orfanato tena que ver con la Iglesia, y al dejarle todas sus cosas al orfanato creera que estaba molestando a los curas. Supongo que crea que iba a causar sensacin, pobrecilla, y que la Iglesia estara furiosa por no recibir sus vestidos. Pues es precisamente lo que pas exclam Melanie. S que caus sensacin, una sensacin de lo ms terrible. Te lo contamos en nuestra carta. Contdmelo otra vez ped. No, no se lo cuentes, cario dijo Jean. Lo que haremos es llevarlo al casino esta noche. No quiero ir al casino dije irritado, pues no me haba recuperado de la tristeza que me haba producido la muerte de la seorita Booth-Wycherly. No ser igual sin ella. Tienes que venir en memoria de ella. Te ensear una cosa, te reirs y entonces vers que todo ha salido bien. Pareca hablar en serio, pero le brillaban los ojos. Tienes razn, Gerry, guapo dijo Melanie. Por favor, ven. Muy bien dije de mala gana. Llevadme y me lo enseis, pero ms vale que merezca la pena. La mereci. Cuando llegamos al casino nos dirigimos a las salas de juego y Jean dijo: Mira en tu derredor y dime lo que ves. Pensativo, recorr con la mirada las mesas. La de blackjack tena sus clientes de costumbre, comprendido el enano gitano, que, a juzgar por su comportamiento, acababa de ganar una buena suma. En la mesa del chemin de fer vi a varios viejos amigos, incluida mi estatua de la Isla de Pascua, tan impasible como siempre. Despus mir a la mesa de la ruleta. All haba una gran multitud y era evidente que alguien estaba teniendo una racha de suerte extraordinaria. La multitud se abri un momento y me dio un vuelco el corazn. Durante un terrible segundo vi all, inclinada sobre la mesa para hacer sus apuestas, a la seorita Booth-Wycherly, con el mismo sombrero y el mismo vestido de terciopelo escarlata que llevaba la primera vez que la vi. Despus volvi la cabeza y advert que no era la seorita Booth-Wycherly, sino una mujer mucho ms joven, de menos de treinta aos, con una cara preciosa y grandes ojos azules inocentes, como un gato persa. Se dio la vuelta con una sonrisa y habl con el atractivo muchacho que estaba detrs de su silla. Este la contempl con adoracin y asinti vigorosamente a lo que deca. Quienquiera que fuese la chica, llevaba el vestido de la seorita Booth-Wycherly y mi irritacin fue convirtindose en ira. Al girar la rueda, la multitud volvi a cerrarse y la ocult a mi vista. Quin diablos es sa? pregunt. Qu diablos est haciendo con la ropa de la seorita Booth-Wycherly? Calla dijo Jean. No hables tan alto. Todo est en orden, Gerry.

Pero quin es esa maldita ladrona de cadveres? pregunt, exasperado. Esa dijo Jean, contemplndome, es Sor Claire. Sor Claire? repet. Sor Claire repiti Melanie. Me ests diciendo que es una monja? pregunt, incrdulo. Una monja con ese vestido y jugando? Debis de haberos vuelto locos. No, es totalmente cierto, Gerry dijo Jean sonrindome. Es sor Claire, de las Hermanitas de la Inocencia, o por lo menos lo era. Ahora ya no es monja. No me extraa dije en tono agrio. Creo que la Iglesia Catlica tiene mucha amplitud de criterio, pero seguro que hasta ellos consideraran que se ha pasado el lmite cuando una monja vestida con ropas de los aos veinte visita antros de juego con un gigol joven y guapo. Melanie ri. No es un gigol; es Michel, un chico muy agradable dijo, y aadi como si tuviera algo que ver: Es un hurfano del orfanato de San Sebastin. Me da igual que tenga seis padres observ. Quiero saber qu hace esa pseudomonja trotando por las calles vestida de seorita Booth-Wycherly. Espera dijo Jean, ponindome una mano en el brazo. Te lo vamos a explicar todo, pero primero ven a verla jugar. Nos dirigimos a la mesa de la ruleta y nos colocamos frente a sor Claire (que tena, debo confesarlo, un aspecto maravilloso con el terciopelo rojo y las plumas amarillas de avestruz). Tena un montn de fichas delante y la observ atentamente mientras jugaba. Posea uno de esos cutis brillantes rosados y blancos, como una manzana de otoo, y muy liso. Tena los pmulos bastante altos, de forma que los ojos azules, que eran enormes, parecan levemente oblicuos y orientales. La nariz era recta y bien formada, y la boca de labios grandes y bastante sensuales; cuando sonrea, lo que haca con frecuencia, mostraba unos dientes pequeos y perfectos. Al sonrer se le iluminaba la cara de una forma extraordinaria, con una especie de brillo interior incandescente, y los ojos se le encendan de tal forma que casi pareca como si pudiera uno calentarse las manos con ellos. Tena una inocencia y un candor infantiles, y cuando haca su apuesta contemplaba las vueltas de la rueda con la atencin ansiosa y los ojos bien abiertos de un nio que contempla escaparates en poca navidea. El muchacho, que consider tendra la misma edad que ella, era moreno, con una mata de pelo rizado, grandes ojos amables de color castao, y guapo en una forma que recordaba vagamente a un gitano italiano. Era esbelto y tena los movimientos de fcil elegancia de un bailarn. En la sala haba muchas mujeres, tanto viejas como jvenes, que lo miraban con un inters bastante rapaz, pero l no tena ojos ms que para sor Claire, quien, sentada delante de l con su vestido de terciopelo rojo, volva la cabeza para sonrerle, de forma que las

plumas amarillas de avestruz de su sombrero rozaban en la pechera del traje bien cortado de l. Contempl su expresin cuando se diriga a ella y, para mis adentros, me disculp por haberlo calificado de gigol. Era un joven sensible profundamente enamorado. Que sor Claire tambin estaba enamorada de l era evidente, pero que ella, en su inocencia, lo reconociera me sent inclinado a dudarlo. Sin embargo, parecan muy relajados y contentos en su mutua compaa y actuaban como si la gran sala estuviera vaca y ellos fueran sus dos nicos ocupantes. No hacan caso de la multitud que tenan alrededor contemplndolos. Aparte del muchacho, lo nico que retena la atencin de ella eran las vueltas de la ruleta y los golpecitos de la bola. Tras hacer cada apuesta, contemplaba la rueda con algo que slo se puede calificar de serenidad. Era como si estuviera segura de que el resultado ira en su favor. Su racha de suerte era increble. No tena ningn sistema; sencillamente colocaba las fichas segn le pareca y apostaba de cincuenta a cien libras cada vez. Casi todos los jugadores de la mesa seguan su ejemplo. De doce apuestas gan once y el croupier, con la resignacin de alguien a quien le ocurra con excesiva frecuencia, le pas fichas por valor de dos mil libras mientras yo miraba. Esta es su ltima apuesta me dijo Jean, en voz baja. Cmo lo sabes? pregunt, fascinado. El casino ha tenido que llegar a un acuerdo con ella, dada su fabulosa suerte. Slo pierde dos veces en una noche. Aviso de Dios, dice ella que es, pero si jugara indefinidamente podra arruinar al casino. La primera noche que jug hizo saltar la banca. Caus sensacin, te lo aseguro, y ms cuando averiguaron quin era dijo Jean. Pero, Dios mo, tienes que estar bromeando dije con voz dbil . No puedo creerme todo esto. No, es verdad replic Jean. Todas las noches tiene la misma suerte. Si hubiera sido una persona normal, el casino le habra prohibido la entrada, pero cuando averiguaron que era una monja y el centro de una causa clebre, qu podan hacer? La opinin pblica no les permitira prohibirle la entrada. As que han tenido que llegar a un acuerdo con ella. Juega una vez por semana durante tres horas y cuando lleva ganadas dos mil quinientas libras abandona. Naturalmente, al casino le compensa, porque viene mucha gente a ver a la monja jugadora. Y cmo empez esto? pregunt atnito. Y qu tiene que ver con los vestidos de la seorita Booth-Wycherly, por el amor del cielo? La propia sor Claire te lo dir dijo Jean. Dentro de un rato cenarn con nosotros, de forma que refrena tu curiosidad con paciencia hasta entonces. Pero no te ras, Gerry, porque ella se toma todo esto muy en serio. Rerme? coment. Estoy demasiado estupefacto para rerme. Cuando volvimos al apartamento y Jean nos sirvi unas copas, salimos al amplio porche, revestido de buganvillas de color morado y

rosa salmn, desde donde veamos las luces de Montecarlo brillar como un joyero vaciado descuidadamente. Lo que s creo dije con prudencia es que me faltan algunos aspectos de toda esta historia. Me gustara saber algunos antecedentes, si se me permite, antes de que llegue la monja que hizo saltar la banca en Montecarlo. Bueno, slo antecedentes dijo Jean. Sor Claire te contar la parte verdaderamente extraordinaria de la historia. Dispara dije. Naci en Devonshire y su familia era catlica. Cuando era una adolescente, su padre consigui empleo de jardinero en un gran convento catlico cerca de Wolverhampton. Ella trabajaba con l y pronto aprendi bien a producir fruta, verduras y flores para el convento. El convento tena un colegio, pero tambin un orfanato, cosa que cuadraba muy bien con sor Claire, porque siente pasin por los nios. En su tiempo libre ayudaba a las monjas con su trabajo. Cuando muri su padre, ocup ella la plaza. Fue entonces cuando decidi hacerse monja. Bueno, un da vio un artculo sobre San Sebastin y la labor que hacan las Hermanitas de la Inocencia, lo cual hizo que su imaginacin se disparara. Consider que era un signo de Dios. Siempre haba estado convencida de que Dios tena reservada una misin para ella y llevaba tiempo esperando un indicio. Para ella aquel artculo constituy su indicio. Tena que ir a trabajar a San Sebastin. Un momento protest. Debi leer centenares de artculos en revistas. Por qu no los tom como indicios? Jean pos cuidadosamente en el cenicero un centmetro de ceniza de su cigarro puro. Porque dijo, cuando est uno arrodillado en un arriate de flores rezando para recibir la orientacin divina y lo primero que ve al terminar es una sola pgina de la revista que contiene el artculo y que se ha utilizado para envolver algunas semillas recin llegadas, es muy probable que lo tome como un indicio, especialmente si uno es sor Claire. Entiendo coment. Sor Claire continu Jean ve sermones en las piedras y portentos en las flores y los rboles. Su Dios est en todas partes, dando constantemente indicios de sus deseos, orientando constantemente, de forma que uno ha de estar siempre alerta para interpretar sus deseos. Comprendes? S, creo que estoy empezando a hacerlo respond pensativo. Salvo que puedas comprender su honda conviccin pe que siempre est en contacto con el Todopoderoso, no podrs entender lo que le llev a hacer lo que hizo. Adems, debes comprender su total inocencia. Lo que ella est convencida de que Dios le ha mandado hacer es imposible que sea algo malo, y, antes de dejar de hacerlo, preferira ir tan contenta a la hoguera. Es de la materia de que se hacen los mrtires. Tiene sangre de santa. Hizo una pausa y nos volvi a llenar las copas.

Bien, una vez tomada su decisin (y cuando alguien como sor Claire toma una decisin nada en el mundo puede modificarla), movi Roma con Santiago hasta que, por fin, hace seis aos, lleg a San Sebastin. Parte del tiempo lo dedic a trabajar con los nios ms pequeos y adems llevaba el jardn y la huerta con gran eficacia. Despus, sucedieron tres cosas simultneamente. Primero, comunicaron al convento que haba un problema de sobreocupacin y que tendran que enviar a la mitad de los nios a otra parte. Despus, Michel perdi su trabajo en Montecarlo y volvi al convento; por ltimo, muri la seorita Booth-Wycherly y dej al orfanato, entre otras cosas, sus vestidos. As, por separado, esas cosas no parecen tener nada en comn, pero si se suman y uno es sor Claire, lo toma uno como un mensaje directo del cielo. Pero sigo sin ver... empec a decir, cuando omos el timbre la puerta. La doncella hizo pasar a sor Claire y a Michel al porche y, a la luz de las velas colocadas en la mesa del rincn, el sombrero y el vestido de terciopelo rojo brillaron como granates. Jean me present. Encantada de conocer a cualquier amigo de la seorita BoothWycherly dijo sor Claire cogiendo mi mano en las suyas y cegndome con la intensidad de sus ojos azules. Advert que segua teniendo las manos duras y callosas del trabajo, pero eran clidas y parecan vibrar con energa, como vibra un pjaro cuando lo tiene uno entre las manos. Pobrecillo, debe de haberle afectado mucho la noticia de su muerte continu diciendo, pero en cambio consuela que fue un instrumento de Dios y que ha hecho tanto bien despus, no? Bueno dije yo, Jean estaba empezando a explicarme las cosas. Quiz podra decirme usted exactamente qu es lo que ocurri con este... ejem... Este milagro? pregunt sor Claire. Naturalmente. Acept un vaso de limonada, bebi y despus se inclin hacia adelante muy seria. Espero no parecerle vanidosa, seor Durrell empez a decir, pero desde que era muy joven he tenido el profundo convencimiento de que Dios me haba asignado una tarea especial. Lamento decir que soy una persona muy impaciente, es uno de mis muchos defectos y me gusta... cmo decirlo?, s, me gustan las cosas para ayer, y no para maana. Pero Dios tiene todo el tiempo del mundo a su disposicin y a El no se le puede meter prisa. Adems, si va a utilizar a una persona tiene que formarla para ello, lo cual lleva tiempo. Despus, cuando El est dispuesto y cree que la persona tambin lo est, le da los indicios. Comprende? S asent gravemente. A veces son indicios muy evidentes, pero a veces son bastantes oscuros, lamento decirlo, y me temo que uno no se da cuenta en absoluto. Le ha contado monsieur Schultz lo del artculo de la revista? Asent. Un indicio tan claro aadi sor Claire, sonrindome encantada . Casi poda or Su voz.

Puedo sugerir que pasemos a la mesa a comer antes de que se enfre la cena? pregunt Melanie. All puedes terminar de contarlo. Claro! Claro! exclam sor Claire. Tengo ms hambre que un orfanato lleno de nios. Lanz una cascada de deliciosas carcajadas musicales y los ojos le brillaron de buen humor. Resultaba fcil advertir por qu Michel se haba enamorado de ella. Cuando nos dirigimos hacia la mesa me emparej con l. Habla usted ingls? pregunt. Me sonri rpidamente. No... slo un poco. Claire, ella me ensea. Es muy buena maestra dijo muy orgulloso. S, estoy seguro repliqu. Nos sentamos a la mesa. Melanie me haba colocado frente a sor Claire. Por favor, sigue contndolo dijo Melanie. Estoy segura de que el seor Durrell no va a comer nada hasta que haya odo tu historia. S, tiene razn, hermana asent. No debe usted llamarme hermana dijo, y el rostro pareci ensombrecrsele un momento. Ya no soy monja. Lo siento me excus. Entonces, puedo llamarla seorita Claire? Claro dijo, sonriendo encantada. Me parece estupendo. Clav la cuchara en el suculento meln y suspir. Cmo les gustara esto a los nios. Tengo que enviarles unos cuantos. Mantiene usted... ejem... ejem... contacto con el orfanato? pregunt, esperando que volviese a su narracin. Mantener contacto? Prcticamente lo mantiene exclam Jean con una risa explosiva. Sor Claire se sonroj. No hago ms que ayudar dijo con firmeza. Pero si puedo hacerlo es nicamente porque Dios lo quiere. Se produjo un pequeo silencio durante el cual trat de imaginar al Todopoderoso ordenando a una monja que se dedicara al juego. O sea, que usted se march de Wolverhampton y vino a San Sebastin dije por fin. Asinti. S, hace seis aos. Como tena alguna experiencia en jardines, me encomendaron su huertecito. Al principio result difcil, porque no saba nada de vacas ni de cerdos, ni siquiera de gallinas, pero pronto aprend. En mi tiempo libre llevaba a los nios de paseo o les organizaba juegos; eso era lo que ms me gustaba en realidad. Los nios eran tan simpticos que no puede usted hacerse idea; entonces empec a cultivar todo gnero de cosas especiales para ellos, como maz dulce y fresas, que les encantaban. Yo me senta muy feliz, pero segua considerando que no estaba realizando la tarea que Dios me haba deparado. Termin su meln y se ech atrs en la silla, contemplando el plato pensativa. Despus levant la vista y sus ojos azules brillaron como zafiros al sol.

Entonces un da Dios empez a mostrarme Su plan. Recuerdo que me haba levantado temprano y haba varias cosas que quera hacer antes de Misa. Bueno, se me dio tan bien que me qued algo de tiempo libre, as que, despus de desayunar, decid quitar las malas hierbas del arriate de flores que est delante de las ventanas de sor Mara. Haba plantado all un pequeo arriate porque a sor Mara le gustaban mucho las flores, pero haba estado tan ocupada con el huerto que me temo que lo haba descuidado. Los dientes de len son excelentes en ensalada, pero no cerca de las herbceas. Recuerdo que haca calor y que las ventanas del despacho de sor Mara estaban abiertas, de manera que oa todo lo que se deca dentro. Le aseguro que no quera escuchar. De hecho, cuando empec a or las voces estuve a punto de dar a conocer mi presencia y marcharme, pero fue la primera frase la que me hel la sangre en las venas, y le aseguro que me qued all clavada como si estuviera sumida en un trance. Ahora s, naturalmente, que Dios quera que lo oyese, pero entonces no lo comprend. Era el alcalde de San Sebastin el que estaba hablando con sor Mara, y lo que dijo fue: As, hermana, que me temo que si no puede usted construir una nueva ala en el orfanato, tendr que enviar a otra parte a algunos de los nios. Imagnese mi horror al or aquello. Resultaba inconcebible separarnos de algunos de los nios, que en su mayor parte llevaban varios aos con nosotros y consideraban que el orfanato era su casa y nosotras sus madres. Naturalmente, sor Mara dijo que era imposible construir una nueva ala, dado que tenamos el dinero justo para mantenernos. El alcalde, que era un hombre bueno y amable, dijo que lo comprenda perfectamente y que saba que los nios no sufran, aunque tuvieran que dormir seis en cada habitacin. Sin embargo, el concejo haba decretado que era antihiginico e inadmisible y sa era su decisin. Despus se march, diciendo a sor Mara que tena tres semanas para darle una respuesta antes de la siguiente reunin del concejo. No puedo describirle la negra desesperacin que se apoder de m. Saba que sor Mara no poda hacer nada y que tendramos que perder algunos de nuestros nios. Me temo que tuve la debilidad de ceder a la desesperacin y echarme a llorar. Cuando me recuper, comprend que Dios no permitira que pasara aquello, de forma que rec para pedirle orientacin. Entonces fue cuando ocurri el primer milagro. La doncella coloc delante de sor Claire un cuenco con fresas silvestres de color escarlata y a su lado una jarrita con nata. Ah, fraises du bois exclam sor Claire encantada. Antes yo llevaba a los nios al bosque de San Sebastin y las recogamos para llevarlas al orfanato. Me temo que se coman ms de las que llevaban, pero disfrutaban mucho. Cul fue el primer milagro? pregunt, decidido a que sor Claire no se desviara del tema principal. Ah, s, bueno, el primero fue cuando Michel perdi el empleo. Michel haba sido uno de nuestros nios, pero mucho antes de que llegara yo. Sor Mara le haba conseguido empleo en una panadera

de Montecarlo, pero el anciano, el panadero, se puso enfermo y tuvo que cerrar. As que Michel volvi al orfanato y lleg el mismo da que sor Mara haba recibido la mala noticia. Esta me llam a su despacho y cre que iba a contarme lo de la visita del alcalde. Yo iba a confesar que lo haba odo todo. Sin embargo, no dijo ni una palabra al respecto y comprend que no iba a cargarnos a las dems con aquella preocupacin, sino que iba a tratar de resolver el problema ella sola. No, quera verme por lo de Michel. Dijo que, mientras trataba de encontrarle otro empleo, crea que poda trabajar conmigo en la huerta, pues saba que haba varias cosas que hacer y que yo no tena fuerzas suficientes. A m me encant, pues eso significaba que podra reparar el techo de la vaquera y... bueno... toda una serie de cosas... y Michel era muy fuerte y muy hbil. As que empez a trabajar conmigo y logramos hacer muchas cosas juntos. Pues bien, un da le dije que siempre haba pensado que Dios tena reservada una tarea para m y que me enviara una seal. Creo que cualquier otra persona habra pensado que yo era una presuntuosa, pero Michel lo comprendi perfectamente. De hecho, lo comprendi tan bien que me sent impulsada a contarle el destino terrible que esperaba al orfanato, porque no poda dejar de pensar en ello. El se sinti tan conmovido y horrorizado como yo, pero, por ms que hablamos de ello, ninguno de los dos atisbaba una forma de resolver el problema. Entonces ocurri el segundo milagro. Sor Mara me llam a su despacho y me dijo que la pobre seorita Booth-Wycherly haba muerto y nos haba dejado toda su ropa y sus muebles. Me pidi que fuese con Michel a Montecarlo, que recogiramos los vestidos de la seorita Booth-Wycherly, que hiciramos que los llevaran al orfanato y que despus organizramos tambin la venta de los muebles. Yo nunca haba estado en Montecarlo, pero naturalmente Michel s, y conoca la ciudad. Cogimos el autobs de bajada y todava me acuerdo de que fue algo muy emocionante, vertiginoso, ya sabe. Haca tanto tiempo que no haba estado en una ciudad, que me qued sin aliento. Me sent aturdida ante tanto ruido y tanta actividad. El tiempo que permanec all estuve como mareada. Sor Claire hizo una pausa y tom un sorbo de limonada. Me temo que estoy hablando mucho dijo en tono de excusa. Espero no estar aburrindoles. Un coro de voces le asegur que no nos aburramos. Bueno sigui diciendo, cuando llegamos a casa de la seorita Booth-Wycherly debo reconocer que me sent un tanto sorprendida y desilusionada, pues Michel se haba mostrado muy seguro de que bamos a encontrar algo de valor que salvara al orfanato. Yo vi que los muebles estaban tan carcomidos que no se podran vender con facilidad, y los vestidos, aunque muy bien conservados, pens que eran demasiado anticuados para poder venderlos. Sin embargo, haba montones y montones. Y de tejidos preciosos. Nunca haba visto que una sola persona tuviera tanta ropa. Lo comprendo dije. Una vez me hizo un desfile de sus vestidos y dur tres horas. Termin con el que se haba puesto para el baile al que haba asistido el rey Eduardo VII, un vestido largo de seda

azul y blanco y una capa de terciopelo azul y oro. Era deslumbrante y pens que tena que haber estado preciosa con l cuando era joven. No me extraa que Eduardo le pellizcara en el trasero. Gerry! exclam Melanie, pero sor Claire se ech a rer. Me alegro de que viera la capa y la recuerde dijo. Fue con aquella capa con la que empez todo. Cmo? pregunt asombrado, mientras recordaba a la seorita Booth-Wycherly evolucionando ante m mientras la capa de pesado terciopelo azul con brocado de oro brillaba y ondulaba en torno a ella. Naturalmente tuvimos que sacar todos los vestidos y examinarlos sigui diciendo. Estaban perfectamente guardados con papel de seda y alcanfor, pero aun as pens que era mejor asegurarse de que estaban en buen estado. Les aseguro que fue todo un trabajo sacar toda aquella ropa y volverla a guardar, aunque, al mismo tiempo, resultaba bastante divertido, como sacar un arco iris de una caja. Despus, en el fondo mismo de uno de los bales encontramos una caja muy grande de cartn y dentro de ella estaban el vestido y la capa que ha descrito usted. La caja era enorme y ocupaba todo el fondo del bal. Michel, que era el que sacaba las cosas, levant la tapa de la caja y sac el vestido. Recuerda usted que estaba bordado en el cuello y las mangas con cuentecitas blancas como perlas? Michel levant el vestido y dijo que ojal fueran perlas de verdad para que pudiramos venderlas, de forma que el orfanato pudiera librarse de las preocupaciones para siempre. Yo contest que estaba segura de que, si Dios quera que tuviramos el dinero para el orfanato, nos indicara la forma, y, mientras deca aquello, Michel sac la capa de la caja. Recuerda usted la capa azul y oro, tan bonita como el cielo de verano y los botones de oro? Una de sus puntas se prendi en el borde de la caja y lo levant, y debajo, donde deba de haberse cado hace aos y aos, haba una bolsita. Era diminuta, del mismo tejido que la capa, con un broche dorado y una cadenita tambin dorada. En lo primero que pens fue en Lina (una chica del orfanato a la que le encantaban las cosas bonitas), pues pens que aquella bolsita sera un regalo estupendo para ella, aunque despus ca, naturalmente, en que los otros nios tendran celos. Ya sabe usted que a veces no lo pueden evitar, pobrecitos. En todo caso, cog la bolsita e inmediatamente not algo curioso. Hizo una pausa y sorbi la limonada. Decir que se hubiera podido or la cada de un alfiler sera quedarse corto. Jean desprendi la ceniza de su cigarro puro con tanto cuidado como si temiera que el ruido de su cada en el cenicero pudiera desencadenar un alud. Advert que pesaba muchsimo para ser una bolsita tan pequea sigui contando sor Claire. Me extra, pues evidentemente la cadena y el broche no eran de oro, de manera que no era aquello lo que la haca tan pesada. Era algo que haba dentro. As que la abr y casi no pude creer lo que vi. Era el tercer milagro. Sabe usted lo que haba dentro, seor Durrell? Veintin soberanos. Eran gruesos y dorados y tenan como un halo de riqueza. No s cmo describirlos: cuando se movan no tintineaban como las monedas corrientes, sino

que hacan un ruido diferente, ya sabe, como la diferencia entre verter leche y nata. Le parece a usted una bobada? S exactamente a qu se refiere coment. Bueno, naturalmente Michel se volvi absolutamente loco cuando vio el dinero, el muy bobo dijo con una sonrisa de afecto hacia el muchacho. Se puso a bailar por la habitacin, gritando que Dios haba respondido nuestras oraciones y que el orfanato estaba salvado. Me llev unos minutos calmarlo. Tambin yo, claro est, estaba un tanto impresionada, pero comprenda que haran falta ms de veintin soberanos para resolver los problemas del orfanato. Bueno, pues nos sentamos y lo discutimos. Michel insisti en que tena que llevar los soberanos al banco para averiguar lo que valan, as que fuimos al Credit Lyonnais, que es enorme, lo conoce usted? En el Boulevard Saint-Martin. Pareca ms un palacio o un gran hotel que un banco, con suelo de mrmol y todo. Casi me dio miedo entrar, pero Michel me oblig. Tiene mucha confianza en s mismo. Bueno, cuando el hombre de la ventanilla vio lo que llevbamos nos mir de una forma muy rara. Me sent apurada y supuse que pensaba que los habamos conseguido deshonestamente. Nos dijo que tendramos que ver al director. As que, al cabo de un momento, nos llevaron al despacho del director. Era un despacho suntuoso, con grandes sillas de cuero y un escritorio sencillamente enorme, como una mesa de comedor. Monsieur Fulvard (pues as se llama el director) es un hombre muy amable y servicial. Primero nos pregunt cmo era que tenamos ese tesoro, de forma que tuve que contarle toda la historia de los vestidos de la seorita Booth-Wycherly y cmo habamos encontrado los soberanos. El se mostr muy impresionado y convino en que, en efecto, era un milagro. Despus llam a un joven encantador que era... bueno... supongo que una especie de experto en oro y se llev las monedas para medirlas o pesarlas o lo que hagan con ellas. Cuando se march, monsieur Fulvard nos explic que el milagro en realidad era doble. Las monedas eran valiosas por ser de oro, pero, adems, por ser de un ao concreto, 1875, lo cual multiplicaba su valor. Segn parece hay gente que colecciona monedas, cosa que yo no saba, pero que es totalmente cierta. Qu cosa tan curiosa de coleccionar, no les parece? Monsieur dijo que tena un amigo que era coleccionista de monedas y muy honrado, y que, si se lo permitamos, telefoneara a su amigo y le pedira que nos hiciera una oferta. Naturalmente, yo pens que ese aspecto de las cosas debera estar en manos de sor Mara, pero Michel seal que de todos modos ella tendra que hacer lo mismo, de manera que le estbamos ahorrando tiempo. El amigo de monsieur Fulvard vino en seguida. Pareca absolutamente fascinado con las monedas y, debo decir que para mi gran sorpresa, nos ofreci lo que me pareci una suma enorme. Dijo que si hubieran sido slo monedas corrientes (ya s que parece una bobada, pero ya entienden lo que quiero decir) habran valido cien mil francos, pero que como estaban acuadas, creo que esa es la palabra, en 1875, valan el doble. Como pueden ustedes imaginar, ni

Michel ni yo podamos dar crdito a nuestros odos cuando monsieur Fulvard sac los billetes. Al principio pareca una fortuna gigantesca, algo que no podamos ni siquiera imaginar. Yo no hacia ms que pensar en lo contenta que se pondra sor Mara cuando le enseramos el dinero, unos billetes tan bonitos que no tienen ustedes ni idea. S que parece una bobada, pero me recordaron los vestidos de la seorita Booth-Wycherly. Al rozar unos con otros, hacan un ruido como el de aquellos vestidos cuando los sacbamos de las cajas. No haba visto tanto dinero en mi vida. Hizo una pausa y tom algo ms de limonada. Mi caf se haba quedado fro, intacto, debido a la fascinacin que sobre m ejerca su relato. Dnde metieron los billetes? pregunt, pues saba que los hbitos de casi todas las monjas tienen bolsillos muy capaces, bastante parecidos a los de los cazadores furtivos. Los met en la bolsita de la seorita Booth-Wycherly respondi . Dnde mejor? Despus de todo, era donde habamos encontrado las monedas. Pens que a ella le habra gustado. Seguro que s dije con aprobacin, imaginndome el placer de la seorita Booth-Wycherly de haber podido presenciar la escena. As que volvimos al apartamento dijo sor Claire he de confesar que encontramos algo de caf en la cocina y nos hicimos una taza para reanimarnos. Fue mientras estbamos tomando el caf cuando verdaderamente reflexionamos y tratamos de pensar lo que podra hacer ese dinero por el orfanato. Y la verdad es que result un golpe muy duro tener aquel montn enorme de billetes, pero comprender que no alcanzara ms que para construir otra habitacin. No puedo decirles lo desanimados que nos sentimos, porque los dos habamos tenido fantasas estpidas de que se podran construir veinte o treinta dormitorios ms, con duchas y todo. Fue una gran desilusin. Y, claro, fue entonces, cuando estbamos tan deprimidos, cuando Michel tuvo su idea. Cuando salimos del despacho de monsieur Fulvard, ste me advirti que no me gastara todo el dinero en el casino, claro que en broma. Yo haba odo hablar del casino, naturalmente, pero no comprenda verdaderamente lo que era. Bueno, pues mientras nos tombamos el caf, Michel me record lo que haba dicho monsieur Fulvard y sugiri que la forma de aumentar aquel dinero era, efectivamente, por medio del casino. Desde luego, yo le dije muy decidida que aquello era imposible. Eso fue lo que dije, y muy decidida. Pero debo decir que, aunque me sorprendi un poco, Michel se puso igual de firme. Me pregunt si crea o no que Dios estaba guiando mis pasos. Naturalmente, tuve que decir que s. Entonces enumer todo lo que haba ocurrido ltimamente: su llegada, la muerte de la pobre seorita Booth-Wycherly, su testamento y la aparicin de las monedas, y despus encontrarnos con que valan el doble... me pregunt si crea que esto era un designio de Dios. Naturalmente, tuve que admitir que crea que s, porque en el fondo de mi corazn eso era lo que crea. Pens por algn motivo, aunque no estoy segura de cul, que Dios me iba haciendo avanzar hacia la

tarea que me tena destinada. Michel dijo que l opinaba lo mismo y que eso lo converta tambin a l en un instrumento de Dios, exactamente igual que a m. Dijo que la nica forma en que podamos hacer aumentar el dinero era yendo al casino. Dijo que, despus de todo, hacamos lo mismo que haba hecho Jess con los panes y los peces, aunque claro que de forma algo distinta. He de decir que estuvo muy hbil y persuasivo y, pese a mis convicciones, vi que yo misma empezaba a titubear. Entonces dijo que ni siquiera tenamos por qu arriesgar el dinero de la seorita Booth-Wycherly. Todava le quedaba algo de dinero de su empleo y lo apostara primero. Si Dios quera que aumentramos as la herencia, sin duda ganaramos. Nos tomamos otro caf y nos pusimos a discutir, me temo, porque yo no estaba del todo convencida. Pero tendran que haber visto ustedes a Michel! Estaba tan convincente, tan locuaz, le brillaban tanto los ojos! Al final tuve que reconocer que s pareca que el plan de Dios fuera que, tras conseguir aquella cantidad de dinero, la hiciramos aumentar. Michel dijo que yo me quedara en el piso mientras l iba al casino y que, despus, si tena xito, volvera por el dinero. Pero haba dos cosas en contra. En primer lugar, no quera que fuera solo al casino. Saba que en algunas cosas conoce el mundo mejor que yo, pero de todos modos pensaba que era muy joven para hacer una cosa as a solas. Lo segundo era cmo iba vestido. No llevaba ms que unos vaqueros muy viejos y remendados y una camisa rada. Estaba segura de que si apareca por all con un aire tan juvenil y tan de golfillo, no le dejaran entrar. Entonces Michel tuvo una idea. Sugiri que nos vistiramos los dos con ropa de la seorita BoothWycherly y furamos al casino. Me qued mirando a sor Claire, incapaz de hacer un comentario, pues la idea de una monja ataviada con un vestido de la seorita Booth-Wycherly ya era, en s, increble, y no digamos la de que una monja se lo pusiera para ir a una sala de juegos. Pero que, adems, la acompaara un muchacho travestido haca que todo perteneciese al reinado de la fantasa. Pese a mi esfuerzo por adoptar una expresin grave y atenta, me encontr sonriendo. Sor Claire se sonroj. Naturalmente, dije que no en absoluto continu, un poco a la defensiva. Dije que esa idea era totalmente descabellada. Pero Michel se mantuvo firme. Dijo que Dios nos haba mostrado el camino y que, si ahora perdamos el valor, eso significaba que no tenamos fe en Sus designios. Dijo que, a su entender, Dios nos haba dado una prueba tras otra de lo que habamos de hacer, y que sera una cobarda abandonar entonces, cuando tenamos el xito a la vista. A m no me convenci, aunque tena que admitir que todos los indicios parecan indicar que Dios quera que aumentramos Sus dones; lo que me preocupaba ms era hacerlo en el casino. En todo caso, seal, probablemente los vestidos de la seorita Booth-Wycherly no nos estaran bien. Entonces Michel me pregunto si, en el caso en que nos estuvieran bien los vestidos, lo interpretara yo en el sentido de que Dios quera que furamos al casino. Bueno, naturalmente, pens que aquello era absurdo, porque Michel y yo somos de la misma

estatura y complexin, pero aquellos vestidos parecan enormes, no s por qu. De forma que, naturalmente, dije en broma que, si nos estaban bien los vestidos, ira, sin soar ni por un momento que existiera la ms mnima posibilidad. Hizo una pausa, entrelaz los dedos y puso las manos en el mantel. Bueno, naturalmente, nos caan a la perfeccin, como puede usted ver alarg el brazo y el terciopelo escarlata reflej la luz, roja como la sangre y oscura como el vino en los toneles. De hecho confes, Michel result ser una chica muy aceptable, verdaderamente mona, si se puede utilizar esa palabra para describir a un chico. Escogi un vestido sencillo de seda amarilla, con zapatos a juego y un sombrero negro y amarillo, bastante ajustado (creo que los llaman sombreros cloch), y, como tiene el pelo rizado y bastante largo, pareca que llevara uno de esos peinados muy cortos que llevan ahora tantas chicas. Insisti en que yo llevara el vestido azul y blanco y la capa, porque deca que eso era lo que nos haba ayudado a encontrar el dinero. Hizo una pausa con un carraspeo y sonri excusndose. Me temo que estoy hablando demasiado dijo. Me est empezando a doler la garganta. Si no es mucha molestia, podra tomarme un agua de Perrier? Inmediatamente le sirvieron una botella de Perrier. Sor Claire se bebi media copa como si fuera de una aada especial, carraspe y nos sonri a todos, radiante. No tienen ustedes ni idea de lo rara que me senta con un vestido despus del hbito confes. La verdad era que me senta como... bueno, no s qu... s, s lo s... era como cuando yo era pequea y jugbamos a las charadas en Navidades, ya saben, cuando se vesta uno con cosas raras y, no se sabe por qu, pero se senta uno como una persona distinta, comprenden lo que digo? Esa fue exactamente mi sensacin. De hecho, senta ms bien timidez, igual que, ya saben, cuando jugbamos a las charadas, y muy torpe, ya saben. No haca ms que pensar que iba a tropezarme con el vestido y, por otra parte, Michel estaba tan divertido vestido de chica..., tena tal aspecto de chica... que me daba la risa, y entonces a l tambin le daba la risa, claro. As que nos reamos tanto que tardamos bastante en estar dispuestos para ir al casino. Se detuvo y sabore lentamente lo que quedaba de su Perrier. Me temo que lo estoy contando muy mal se excus, pero es que resulta difcil explicar cmo fueron sucedindose exactamente todas las cosas aquel da. Ahora, al mirar atrs, me asombra haber hecho lo que hice, pero supongo que toda persona guiada por Dios siente lo mismo. Pero fue cuando llegamos efectivamente al casino cuando empec a acobardarme. Era enorme, como me imaginaba yo sera San Pedro de Roma, aunque desde luego no estaba construido con los mismos fines. Tantas columnas al entrar, tanto mrmol. No saba que hubiera tanto mrmol en el mundo. Tena mucho miedo de que vieran que Michel no era una chica, y no poda evitar la sensacin de que de una forma u otra se enteraran de que yo era una monja,

aunque sabe Dios cmo, dada la ropa que llevaba. Entr l y yo tuve que seguir en todo a Michel, claro, aunque l tampoco haba ido nunca al casino; pero el panadero con el que haba trabajado iba a menudo y se lo haba contado todo. Michel decidi que probramos con la ruleta, as que nos acercamos a la mesa. Todo el mundo nos mir muy curioso, pero ahora comprendo que era por la ropa. Ya s que hoy da hay mucha gente que lleva ropa excntrica, pero reconocern ustedes que los vestidos de la seorita Booth-Wycherly son bastante extraordinarios, incluso para los criterios actuales. Yo, claro, no saba qu hacer, pero Michel me lo ense en seguida. Estuvo muy listo, considerando que nunca haba jugado antes. En nuestra primera apuesta slo pusimos el mnimo. Le dije a Michel que si no ganbamos con esa primera apuesta, sera una seal de que Dios no quera que jugramos. La pusimos al rojo y debo reconocer que tena el corazn en la boca cuando empez la jugada. Tom un sorbo de Perrier y nos contempl con una especie de triunfo sereno. Naturalmente, ganamos dijo. Para m aquello fue una seal clara. Ahora saba por fin qu era lo que Dios me haba asignado como tarea. Era como un calorcillo dentro de m, ya saben, sencillamente estaba segura de que me estaban guiando la mano, que yo era un mero instrumento. Estaba tan segura, que, antes que Michel pudiera detenerme, en la siguiente jugada apost todo nuestro dinero. El se llev las manos a la cabeza, pero le dije que tena que confiar en Dios. Naturalmente, volvimos a ganar, y despus de eso otras veinticuatro veces. Perdimos dos veces, pero en cada una de esas ocasiones haba tenido la sensacin de que deba apostar poco, de forma que la prdida no fue mucha. Al cabo de tres horas de juego habamos ganado ms de dos millones de francos. Michel quera que siguiera, pero yo tuve la sensacin de que era hora de terminar y volver a contar la buena noticia a sor Mara. As que, despus de cambiarnos de ropa, claro, volvimos a San Sebastin, y estbamos con unos nervios que no se pueden ustedes imaginar. Vern, es que no slo habamos empezado de verdad a ayudar al orfanato, sino que me pareca que por fin se me haba revelado mi autntica vocacin. Se detuvo y profiri un leve gemido. Por desgracia, la Reverenda Madre no lo entendi as. Me puse muy triste, porque se escandaliz. Ella crea que no slo haba hecho algo terrible porque era una monja, sino que adems haba hecho caer a Michel en la tentacin. No pareca comprender que era el plan de Dios y, por ms que le dije, no cambi de opinin. As que me expulsaron de la orden. No me diga! coment incrdulo. S, Gerry, fue algo muy cruel dijo Jean pesaroso. Sin embargo dijo sor Claire, secndose los ojos, Michel se mantuvo firme a mi lado. Yo sigo pensando que no hacemos nada malo. Un don de Dios no puede ser malo, especialmente si se utiliza con buenos fines. Creo que Dios me concedi el don de... de jugar a fin de ayudar a los nios. Estaba decidida a no ir en contra de Sus

deseos... Me pareca que habra de ser un pecado. As que, a travs de un comerciante de ropa de segunda mano, compr los vestidos de la seorita Booth-Wycherly al convento (porque era evidente que el Todopoderoso quera que llevara yo esos vestidos) y segu jugando. Cuando consegu una suma considerable de dinero, envi un taln a la Madre Superiora, dicindole que era dinero de Dios. Ella devolvi el cheque diciendo que, a los ojos del Todopoderoso, sera como aceptar dinero de la prostitucin. Estuve das y das en tal estado que el pobre Michel no saba qu hacer. Comprenden? Tena una enorme suma de dinero que Dios me haba mostrado cmo ganar y para qu y ahora estaba derrotada. Fue entonces cuando Michel tuvo su brillante idea. La Madre Superiora, naturalmente, saba cmo me llamo y dnde tena la cuenta bancaria, de forma que rechazara todo dinero que le llegara de m. As que decidimos abrir una nueva cuenta a nombre de Michel, para que aceptara el dinero. Claro que el pobre no tena apellido, porque... porque... bueno, porque s. As que tuvimos que buscarle uno. Se inclin hacia adelante, con una mirada encendida. Resulta tan divertido poder escoger el apellido. A todos nosotros nos lo impusieron nuestros padres. Pero poder escoger... bueno, es como volver a nacer. Y qu apellido escogi? pregunt. Sor Claire me contempl con una mirada muy asombrada. Pues Booth-Wycherly, naturalmente contest. Me qued un momento contemplando aquella cara encantadora y despus me ech a rer. Jean y Melanie tambin, pues la cosa tena verdadera gracia. Al cabo de un rato, incitados por nuestras risas, pero sin comprenderlas del todo, sor Claire y Michel se nos unieron. Mientras nos reamos, estoy seguro de que en algn lugar de esa terra incognita que llamamos el Cielo, la seorita Booth-Wycherly tambin se estaba riendo.

Un loro para el prroco

Lleg corriendo por el andn, con un elegante traje de tweed azul y una boina escocesa tambin azul gracias a la cual sus ojos de color azul ultramar parecan el doble de grandes. Cario, aqu estoy. Soy yo, Ursula exclam mientras zigzagueaba como un jugador de rugby entre la gente, las maletas y los mozos. Se lanz a mis brazos, plant sus deliciosos labios en los mos y se puso a hacer el zumbido que siempre emita cuando se unan nuestras bocas. Todos los hombres del andn me contemplaron envidiosos y todas las mujeres contemplaron a Ursula con odio por ser tan radiante y tan guapa. Cario dijo por fin, apartando la boca, te he echado de menos terriblemente. Pero si nos vimos por ltima vez anteayer protest, tratando de desengancharme de su frreo abrazo. S, pero, cario, ayer result largusimo dijo, y volvi a besarme. Ay, cario, estar contigo en Londres en primavera. Es fabuloso dijo. Dnde est tu equipaje? pregunt. Lo trae ese mozo respondi, sealando andn abajo, donde un mozo viejsimo pugnaba con cuatro grandes maletas, una sombrerera y una enorme jaula de latn que contena un loro gris. Para qu diablo has trado un loro? pregunt, complemente alarmado. Cario, se llama Moiss y habla muy bien, aunque dice muchos tacos. Se lo he comprado a un marinero, de forma que supongo que se los ense l. Ya sabes lo groseros que son los marineros, cuando no son capitanes o almirantes. Estoy segura de que Nelson nunca deca tacos. O sea que quiz dijera maldita sea o algo as cuando perdi el brazo y el ojo, pero creo que eso es lgico, no te parece? Como de costumbre al entrar en contacto con mi novia favorita, empec a notar que se iba apoderando de m una sensacin de irrealidad. Pero para qu quieres un loro? En el hotel no lo puedes tener. No seas tonto, cario, en el Claridge's te dejan tener cualquier cosa. Es un regalo para el reverendo Penge, que est muy enfermo, el pobre.

Me ech a temblar. Evidentemente, era otra de esas obras de caridad de Ursula que siempre acababan en desastre, y yo me encontraba metido en ella. Dej el tema del loro aparte por un momento y contempl su montaa de maletas y la sombrerera. De verdad necesitas todo ese equipaje? pregunt. O proyectas quedarte en Londres para siempre? No seas tonto, cario, eso es slo para tres das, y saba que queras verme guapa contest. Pero si apenas he trado nada, slo lo mnimo esencial. Despus de todo, no querrs que ande por ah desnuda, verdad? Me niego a responder a esa pregunta por temor a incriminarme respond. Llegamos a la parada de taxis, el equipaje fue a su lugar y Moiss, en su jaula, fue instalado en el asiento de atrs. Al hacerlo, el mozo tuvo la imprudencia de decir lorito bonito a Moiss, que, con una claridad de diccin que raras veces he odo en un loro, dijo al mozo dnde poda irse y lo que poda hacer cuando llegase all, sugerencias, ambas, geogrfica y biolgicamente imposibles. Crees que es prudente regalar este loro a un reverendo en mal estado de salud? pregunt a mi hermosa compaera mientras el taxi se pona en marcha hacia el Claridge's. Ursula volvi su magntica mirada azul llena de asombro hacia m. Pues claro dijo, no ves que habla? Bueno, ya s que habla observ. Lo que me preocupa es lo que dice. Como si le hubiera dado una entrada, Moiss abri el pico y volvi a hablar: Ay Charlie mo, ay, otra vez, Charlie mo. Ay, cmo me gustan los achuchones. Je, je, je, nada como un buen achuchn. Ya ves a qu me refiero seal. Crees que este gesto amable que vas a tener es prudente? Bueno, tendr que contarte lo del pobre reverendo Penge dijo Ursula. Era el prroco de Portel-cum-Hardy, un pueblecito cerca de donde vivimos, y se meti en un lo terrible con el coro. Era un coro mixto o slo de muchachos? pregunt. No, no, eran slo muchachos me respondi. Bueno, quiero decir que nadie se hubiera preocupado si hubiera sido slo un muchachito del coro, pero naturalmente, cuando fue todo el coro, los del pueblo se enfadaron mucho. Como ellos dijeron, y creo que con toda la razn, hay lmites para todo. Cuntos miembros tena el coro? Bueno, creo que unos diez, pero no estoy segura dijo ella. Pero a m me pareci que el prroco era un hombre muy agradable y que no deberan haberlo expulsado de la Iglesia. Fue eso lo que pas? pregunt, fascinado. S me respondi un poco insegura, o quiz, como la Iglesia es tan pura, lo que hicieron fue impulsarlo. No estoy segura. En todo caso, el pobrecito vive ahora en una habitacin junto a King's Road y me escribi una carta de lo ms triste, contndome lo enfermo que

estaba y que no tena nadie con quin hablar, y por eso le compr un loro. Es evidente dijo resignado. Qu mejor regalo para un prroco impulsado que un loro que dice tacos? Era lo nico dijo Ursula. Despus de todo, no le poda llevar un nio del coro, verdad? Ten sentido comn, cario. Suspir. Por qu vas al Claridge's y no a mi hotel? pregunt. No me gusta tu hotel, cario. Uno de los camareros huele a aceite de hgado de bacalao, y adems pap siempre va al Claridge's, es como el bar de la esquina respondi. Moiss encresp las plumas y nos obsequi: Bjate las bragas, bjate las bragas, vamos a echar un vistazo dijo. No crees que quiz hubiera sido preferible un nio del coro pequeo y poco hablador? pregunt. No digas bobadas, cario. En todo caso, aunque fuera poco hablador, podra ir a la crcel. Si quin fuera poco hablador? pregunt estupefacto. El nio del coro. Es lo que se llama abuso de mineros me respondi. Aunque nunca he comprendido qu tienen que ver los mineros con los nios del coro, porque los nios del coro son nios del coro y los mineros lo que hacen es sacar carbn de la mina. Como de costumbre en cualquier conversacin con Ursula, me qued en tal estado de confusin que me pareci mejor dejar todo el tema y volver a empezar. Cundo vamos a deshacernos de Moiss? pregunt. Moiss sabe dijo Moiss. Moiss sabe, je, je, je, qutate los pantalones, buen muchacho. Maana por la maana. Pensaba llevrselo a primera hora me respondi ella. A Moiss le gusta el cachondeo seal Moiss. Sigo pensando que con la obsesin sexual que tiene este loro, no es un regalo prudente dije. Podras hacer que el reverendo Penge acudiera corriendo a la Catedral de San Pablo en busca de ms nios de coro, incitado por la licenciosidad de Moiss. Que te ondulen dijo Moiss, contemplndome con ojos resplandecientes. Cario, el reverendo Penge no puede irse corriendo a ninguna parte explic paciente Ursula, porque es muy viejo y est muy dbil. No puede ponerse a perseguir a nios de coro. No podra correr tan rpido como ellos. Tendran que llevrselos. Claro que no quiero decir que una quiera hacer eso, pero ya me entiendes. S dije. Lo nico que me sorprende es que no le hayas regalado un perro pastor. Un perro pastor! exclam sorprendida. Para qu? Para reunir a los nios de coro expliqu. Ursula me mir con severidad. Sabes, cario, hay veces en que no parece que te tomes la vida muy en serio.

Contempl sus cuatro maletas, su sombrerera y Moiss en su jaula, y despus la mir hasta el fondo de sus hermosos ojos. Lo siento dije contrito. En el futuro tratar de ser menos frvolo. Estupendo, cario respondi. Si lo intentas, te puedes tomar la vida tan en serio como yo. Har todo lo posible dije. Me cogi del brazo y me dio un breve beso. Cario, va a ser divino dijo soadora. Tres das en Londres contigo... va a ser de lo ms guay. A Moiss le gusta meter mano dijo Moiss. Cario, ya entiendo lo que dices coment Ursula pensativa. S que parece muy obsesionado con las cuestiones corporales. No te preocupes dije. Supongo que lo mismo le ocurra al reverendo Penge. Estoy seguro de que se llevarn esplndidamente. Sabes, siempre me tranquilizas coment, apretndose contra m y contemplndome con aquellos ojos enormes. Siempre que siento dudas acerca de algo me digo: Qu habra hecho Gerry? Y despus haces lo contrario seal. No, cario, no seas modesto dijo. Todo lo que hago se basa en tus consejos. Considerando que Ursula dejaba tras de s, en sus esfuerzos por ayudar a la gente, ms escabechinas que un dinosaurio en una tienda de porcelana, aquello no resultaba un gran elogio. De hecho sigui diciendo, hubo un momento en que pens seriamente en enamorarme de ti, pero al final decid no hacerlo. Santo cielo! exclam. Cundo se me concedi esa gracia? Bueno, fue hace un tiempo, en la playa, bajo el muelle, cuando estbamos nadando y dijiste que tena un culo como un botijo respondi. Me doli mucho. Lo siento si her tus sentimientos, hija ma, pero ya sabes que todos los buenos pintores pintaron cntaros y cermica y les salan muy bonitos. Qu clase de pintores? pregunt suspicaz. Bueno, algunos de los ms famosos dije, deseando no haber planteado el tema. O sea, como Botijelli? pregunt. S respond, pintaba los culos ms bonitos del mundo y por eso lo llamaron as, y el tuyo le habra cautivado. De verdad, cario? Qu maravilloso. Resulta muy agradable saber que hay un hombre en el mundo a quien le gusta el culo de una dijo. Ahora que lo pienso, no es frecuente que le adulen a una por su culo. Supongo que es porque siempre lo tiene una debajo. Es por eso del pudor. Supongo que por eso dicen esa frase de que no hay que confundir el culo con las tmporas, porque si tiene una un culo como una tmpora no le apetece enserselo a cualquier mindundi. Es un dicho muy antiguo dije resignado. En una ocasin haba pensado en comprarle un diccionario a Ursula, pero desech la idea cuando averig que desconoca la ortografa.

Cuando llegamos al Claridge's nos abri la puerta rpidamente el portero inmaculadamente enchisterado, que meti un dedo enguantado de blanco en la arandela de la jaula y la levant. De inmediato result evidente que Moiss haba estado disfrutando con el viaje en taxi y no le gustaba nada que se lo interrumpieran. El portero levant la jaula para ver mejor al pjaro y estaba a punto de decir lorito bonito con una sonrisa cuando Moiss lo mir con sus ojos brillantes y dijo con una malevolencia asesina: Hijo bastardo de una puta nacida en el arroyo! Pronunci aquellas palabras con tal odio y claridad que el portero se ech atrs de un salto, como si hubiera pisado los dientes de un rastrillo. Ursula sali del taxi con la velocidad y la agilidad de una anguila. Es muy amable que lleve usted a Moiss sonri, proyectando veinticinco mil vatios de su personalidad sobre el portero. Es un loro, ya sabe, y sabe hablar muy bien. Por desgracia, tiene problemas con la vista: se trata de una enfermedad de los loros que se llama loritis y lo traemos a Harley Street para que le examinen la vista; se pasa el tiempo confundiendo a una gente con otra. Debe de haberle confundido a usted con alguien que no le gusta. Estar perfectamente cuando le hayan puesto unas gafas nuevas. A Moiss le gustan las rajas seal Moiss en tono amable. Ante aquella extraa situacin, para la que no le haban preparado sus estudios, el portero pareca estupefacto. Desea la seora que se le lleve esta ave habladora a su habitacin? pregunt por fin. S, por favor dijo Ursula, y todo este equipaje. Es usted muy amable. Se dio la vuelta y meti la cabeza en el taxi. Se me olvid traer la maldita funda de la jaula dijo. Cuando se le pone, no dice ni una palabra. Tendr que comprar otra. Adis, cario, hasta la hora de comer. A la una en punto en el Dorchester. Te quiero cantidad. Me dio un beso y sigui al loro al Claridge's. Ahora Moiss cantaba con buena y sonora voz de bartono: Mara, qu pueta!, tiene una sola teta y pretende con eso criar al hijo. Y por ms que el pedorro se cuelgue del pitorro, el pobre est cada da ms canijo. Indiqu al taxista la direccin de mi hotel y me recost secndome la frente. Una seorita muy bien, jefe dijo el conductor. Bonita cara si me permite decirlo. Lo que tiene es mucho cuajo observ amargamente. El taxista ri. Y despus ese loro coment, es un cachondo. Casi me muero de risa. Eso s que es un loro pornogrfico, y no los dems. S, los dos juntos forman una pareja encantadora respond agriamente. S, seor dio el taxista, pero si yo tuviera que escoger as de golpe, escogera al loro. Por qu? pregunt, un tanto ofendido ante ese desprecio implcito de los encantos de Ursula.

Bueno, digamos, jefe replic, que si el loro llega a ser demasiado siempre podra usted estrangularlo, pero la seorita, bueno, es demasiado guapa para estrangularla, no es verdad? S suspir, aunque ms de una vez se me ha ocurrido. Se ech a rer al tiempo que se detena junto a mi hotel y se dio la vuelta para sonrerme. Le tiene enganchado, jefe, si me permite decirlo. Es como un perro callejero que nos lleg a casa. Voy y le digo a mi mujer: Maldita la falta que nos hace un chucho, llvatelo a la perrera de Battersea, eso le digo. Pero la verdad, jefe, era tan simptico que no podamos soportar la idea de que lo liquidaran. As que todava lo tenemos. Es lo que pasa con las mujeres dijo filosficamente, que, una vez que te han enganchado, no puedes soportar la idea de verlas liquidadas, es un decir. Son tres libras, once chelines y seis peniques, jefe, por favor. Lo malo es coment yo al pagarle que no hay perrera de Battersea a la que enviarla. No, pero siempre tiene uno su propia casa dijo con una sonrisa. Buena suerte, jefe. Fui a mi habitacin y dej en la cama mi mejor traje y una camisa limpia, junto con una corbata ms bien llamativa que mi cuado me haba trado como regalo imprevisto de Lisboa; me asegur tambin de que no tena agujeros en los calcetines y de que llevaba los zapatos limpios. Llevar a Ursula a comer siempre resultaba una experiencia traumtica, de forma que deseaba asegurarme de no cometer ningn solecismo social. Con los de ella ya era suficiente. Llegu al Dorchester a la una en punto, y estaba ajustndome la corbata y esperando a que llegara Ursula cuando se me acerc corriendo el maestresala, a quien conoca de otras ocasiones. Buenos das, Sebastian dije jovialmente. Buenos das, seor. La seora ya est a la mesa. . Aquello me pareci ominoso. Ursula nunca era puntual, y no digamos llegar antes de la hora. Sebastian me llev a una mesa para cuatro, pero no se vea a Ursula. Creo que es posible que la seora est en el tocador manifest Sebastian. Me sent, acerqu la silla y mis pies tropezaron con algo que emiti un eco metlico. Levant el mantel y, desde su jaula, Moiss me mir, hostil. Con dos palabras agudas me dijo lo que poda hacer. Se me hel la sangre en las venas. Sebastian, con la mirada en el techo, trataba sin xito de ocultar una sonrisa tras un men. Qu diablos es esto? pregunt. Creo que se trata de un ave perteneciente a la seora dijo Sebastian muy fino, miembro de la tribu de los loros, segn me dicen. La seora lleg con la jaula y pidi que la dejaran bajo la mesa. Segn se me ha informado se llama Moiss. Cuando lleg al vestbulo estaba, ejem, muy locuaz y, considerando su nombre, no empleaba un lenguaje precisamente bblico.

No hace falta que me lo diga coment amargo. Cmo diablos lograron traerlo hasta aqu sin que insultara a todos sus clientes? Con la ayuda de unas servilletas con que envolvimos la jaula respondi Sebastian. La seora dijo que la oscuridad tena un efecto calmante y soporfero en el ave y cortaba su locuacidad, como parece ser cierto. Aparte de ese pequeo intercambio con usted no ha hecho ninguna observacin desde que lo dejamos bajo la mesa. Pero por qu, en nombre de Dios, lo ha trado aqu? pregunt exasperado. Quiz me equivoque, seor, pero creo que la seora lo trajo como una especie de regalo sorpresa para usted. Regalo sorpresa? gru. No aceptara yo este maldito pjaro ni por todo el oro del mundo. He de reconocer empez a decir Sebastian... Ah, aqu viene la seora. Sin duda explicar la presencia de, ejem, Moiss, si se me permite llamarlo sencillamente as. Le mir a los ojos chispeantes. Sebastian dije, la seora tomar un martini y yo un whisky doble con agua Perrier. Ah, y si tiene usted algo de cicuta, traiga una tacita para el loro. Se inclin y apart una silla cuando se acerc a la mesa la razn de todas mis penas. Hola, cario exclam. No te alegras de que haya llegado tan temprano? Los dos habis llegado temprano dije ominoso. Dio un respingo de culpabilidad. Ah, o sea que ya has descubierto a Moiss dijo, tratando de adoptar un tono frvolo. Resultara un tanto difcil no descubrirlo dije agriamente. Las puntas de estos zapatos tan limpios estn rayndose bajo el peso de su maldita jaula, el izquierdo se est llenando rpidamente de arena y de lo que mis limitados conocimientos hortcolas me dicen deben de ser pipas de girasol. Claro que tambin puede ser fertilizante. Por qu, si se me permite preguntarlo, tenemos que compartir la mesa con Moiss? Vamos, cario, no te enfades conmigo. Me duele mucho cuando te enfadas y empiezas a gritar y a gruir como Aquiles el tuno. Atila correg. Estaba demasiado desanimado para corregir lo del tuno. Ursula me mir y los ojos se le llenaron de lgrimas. Dos, enormes y brillantes como estrellas fugaces, le bajaron por las mejillas. Cario dijo con voz ronca, lo he pasado muy mal, as que no seas cruel conmigo y cuando yo estaba a punto de apiadarme aadi: Ni con el pobre Moiss. En aquel momento llegaron las copas, lo cual me impidi decirle lo que opinaba del pobre Moiss. Levant mi copa hacia ella en fro silencio mientras que, desde aquellos manantiales que posea en cavernas inconmensurables para el hombre, permiti que le resbalaran por las mejillas dos lgrimas ms de imposible tamao.

En aquel momento, antes de que se me pudiera derretir el corazn ante aquella exhibicin de pena (que yo saba era totalmente esprea), apareci Sebastian con los mens y la carta de vinos. Seor, seora dijo inclinndose levemente al entregarnos los mens, hoy tenemos cosas muy buenas. Los riones de cordero a la parrilla estn soberbios, las ostras Rockefeller son especialmente grandes y suculentas... Tienen ustedes loro asado? pregunt. Preferiblemente gris de Africa occidental. Ursula se me qued mirando. Los loros no se comen seal. S se comen si vive uno en Africa occidental repliqu. En respuesta a su pregunta, seor intervino Sebastian en tono calmoso, no los tenemos en el men. Se nos ha comunicado que son duros e indigestos y que tienen el lamentable efecto de hacer que uno hable en sueos. Los dos nos echamos a rer y rein la paz. Bueno, pues dime por qu estoy comiendo en el Dorchester con lo que mi amigo el taxista calific de loro pornogrfico suger. Bien, cario, logr llevarlo a salvo a mi habitacin, aunque tuve que darle al botones una propina enorme porque Moiss lo llam... bueno, no importa. En todo caso, quera salir a hacer unas compras, algunas cosillas que se me olvid traer, adems de fruta para Moiss. Entonces vi que tena vaco el bebedero, pobrecito, y evidentemente tena sed, as que le puse un vodka con agua tnica del minibar... Le pusiste qu? interrump incrdulo. Un vodka con agua tnica, cario. Ya sabes, esa cosa rusa que solan tomar los remeros del Polka. El marinero al que se lo compr me dijo que nunca beba otra cosa. Bueno, pues deba de estar murindose de sed, el pobrecito, porque se lo tom de un trago. Despus se qued medio dormido. No me extraa observ. As que le puse otra racin por si se despertaba y segua teniendo sed... Otra! profer. Hija ma, debes de estar loca. Pero por qu? pregunt Ursula asombrada. O sea, a m no me gusta el vodka, pero eso no es motivo para que no lo beba l. Despus de todo no veo por qu tienes que empezar a ponerte como esa gente de la Liga de la Destemplanza que le dice a la gente lo que tiene que hacer. Exacto respond. Ese tipo de cosas es lo que induce a la delincuencia explic misteriosamente, eso de ponerse a educar a la gente, que entonces va y se pone muy mal educada. Y despus que lo dejaste ciego, qu hiciste? interrogu. Ciego? Qu significa eso? pregunt ella. Es una expresin; significa que le diste tanto de beber que perdi la visin. Pero es que no se qued ciego dijo triunfante. Lo nico que le pas es que se cay al fondo de la jaula. Me dio un susto. Cre que se haba muerto hasta que lo o roncar.

Y despus? pregunt fascinado a pesar mo. Bueno, pues fui a Fortnum and Mason a buscarle la comida. Fortnum and Mason? Por qu no fuiste a cualquier frutero de la calle? Ya, y que me vieran entrar en el Claridge's con una serie de bolsas de papel marrn... cario, ten un poco de sentido comn. Bueno, pues no pareci que te importase entrar en el Claridge's con una jaula metlica dentro de la cual haba un loro que cantaba canciones obscenas seal. Pero eso es distinto, cario, es un pjaro. Sabes que a todos los ingleses les encantan los animales. Te apuesto a que Moiss sera una excepcin coment. Pero sigue. Qu compraste en Fortnum? Bueno, naturalmente tenan frutas y frutos secos, pero le compr una caja muy grande de bombones de licor, porque saba que le gustaran. Pero sabas, cario, que Fortnum se jacta de que tiene todo lo que hay en el mundo? Eso dicen asent. Bueno, pues los he pescado. No tenan las dos cosas que segn el marinero le gustaban ms a Moiss dijo. Qu cosas? Bueno, el marinero dijo que siempre le haban gustado los conejos y las pechugas. Si hubiera podido ponerle las manos encima en aquel momento al viejo lobo de mar, su vida habra corrido un grave peligro. Y? pregunt. Pues me dijeron que los conejos no estaban en temporada. No saba que tuvieran temporada, cario, y t? Aunque, ahora que lo pienso, todos esos agujeritos que tienen deben de ser de cuando les pegan un tiro, o sea, como las perdices. Y lo otro? Bueno, pues creo que el hombre no entendi lo que le quera decir, porque me envi a una tienda de ropa interior. Y despus que pas? Pues que volv en taxi al hotel. Pregunt al taxista si saba dnde poda conseguir conejos y pechugas y me dijo que por su parte no conoca ms que los pertenecientes a su mujer y que les tena mucho cario. Le pregunt dnde se conseguan y me dijo que eran hereditarios. Bueno, pues llegu al Claridge's y el recepcionista me dijo que el director quera verme. Es amigo de pap, as que cre que quera darme unas flores o algo as. Le dije que lo vera en mi habitacin al cabo de cinco minutos. Hizo una pausa y contempl la copa vaca. Ped que le trajeran otra. Claro que en el momento en que sal del ascensor me di cuenta inmediatamente de por qu me quera ver el director. Moiss? S. Se haba despertado y estaba cantando las canciones ms terribles que te puedas imaginar, y se le oa de un extremo a otro del pasillo. Ech a correr hacia la habitacin, pero con los nervios se me

cay la llave y, cuando me inclin a recogerla, se me cayeron todos los paquetes de la bolsa, se rompi la de las naranjas y comenzaron a rodar naranjas por todo el suelo. En aquel momento lleg el director. Sorbi su nuevo martini y me mir lacrimosa. Te digo, cario, que en mi vida me he sentido tan avergonzada. All estaba el director del Claridge's y yo, de rodillas, recogiendo naranjas, y dentro de la habitacin estaba Moiss que aullaba una cancin repulsiva que hablaba de una chica con el culo del tamao de una b-b-b-baera. Mantuve un gesto grave, pero por dentro me rea como un loco ante la imagen que me sugera su relato. Bueno, pues entramos en la habitacin y, gracias a Dios, Moiss dej de cantar. Se limit a mirar un momento al director y despus dijo que era un hijo de zamba. Cario, qu es una zamba? Nunca lo haba odo. Es como una samba? Algo as dije. Se invent en algunos puertos para... para... para distraer a los marineros y hacer que se olvidaran del tiempo que no vean a sus mujeres. Ah dijo, rumiando aquella inverosmil explicacin. Bueno, en todo caso, el director estuvo de lo ms amable. Dijo que no le importaba que tuviera a Moiss en la habitacin, que lo malo eran todos aquellos juramentos y canciones. Haba recibido tantas quejas de los otros clientes que tena que pedirme que sacara de all el pjaro. Entonces lo traje al Dorchester. Qu otra cosa poda hacer? Vino cantando todo el camino y le llam al taxista algo que no voy a repetir. En el vestbulo se puso muy mal educado, as que dije que me trajeran un vodka con agua tnica y mientras se lo beba le tapamos la jaula con servilletas, lo trajimos corriendo aqu y lo pusimos debajo de la mesa. Desde entonces se ha estado portando muy bien. Cario seal, creo que tu idea de regalarle un loro al reverendo Penge fue muy bienintencionada. Pero, no crees que cuanto antes le lleves su regalo mejor para todos? Ay, desde luego respondi. Eso es lo que estaba haciendo cuando llegaste, telefoneando a Pengey (le gusta que le llamen as) y le dije que le llevaramos su regalo esta tarde y est encantado. Bueno, demos gracias a Dios. Espero que no le dijeras de qu se trataba. Ah, no, cario. Quiero que sea una sorpresa replic. Desde luego que va a serlo asent. Pasamos la comida bastante nerviosos, porque a dos mesas de distancia haba una seora que posea una risa aguda y penetrante. Cada vez que oa algo divertido y soltaba aquella risa de trompeta, los dos pegbamos un salto convencidos de que era Moiss que empezaba a cantar. A Ursula le dio el hipo y tuvo que pedir un vasito de vinagre, que, segn ella, era el nico remedio conocido para esa enfermedad. Cuando terminamos, nos enfrentamos con el problema de sacar a Moiss y su jaula del restaurante. Dos camareros, supervisados por Sebastian, se agacharon bajo la mesa y envolvieron la jaula en servilletas. Creo que uno o dos de los clientes se preguntaron qu pasaba. Por fin lograron envolver la jaula con sus

batistas. La levantaron y los seguimos, como un cortejo funerario tras un atad en forma de cpula envuelto en tela blanca. Todo fue bien hasta que uno de los camareros tropez con la pata de una silla, trastabill y dos de las servilletas resbalaron y cayeron al suelo. Moiss lanz a la concurrencia una mirada. Jodos glotones observ con una voz penetrante que hizo que todos los ocupantes de la sala dejaran de hacer lo que estuvieran haciendo y centraran su atencin en nosotros. Joputas glotones aadi Moiss, slo para demostrar que no haba agotado la dcima letra del alfabeto. Llvenselo de aqu, rpido susurr Sebastian. Salimos todos huyendo precipitadamente, en el momento en que Moiss empezaba a cantar. En la recepcin encontr un ejemplar de The Times que se haba dejado alguien, lo dobl en dos, lo cruc, hice un agujero en el medio para la arandela de la jaula y tap con l a Moiss en el momento en que empezaba la segunda estrofa de Judy O'Kelly. Parece ser una mascota problemtica, si no le importa que lo comente, seor dijo Sebastian con una sonrisa. Moiss se haba callado. Va a ir a una buena casa dije. Va a vivir con un cura. No tena idea de que la Iglesia se estuviera haciendo tan liberal respondi. Deben de ser los tiempos que corren. Apareci Ursula, procedente del bao de seoras, con dos grandes bolsas de la compra. Gracias por su tolerancia y su ayuda dije a Sebastian. Vuelvan... empez a decir, y despus se detuvo. Si iba a usted a decir vuelvan los tres cuando quieran, no lo haga coment. Basta con ua vez en la vida. Met a Ursula y Moiss en un taxi y di la direccin del reverendo Penge. Cario, ha sido una comida maravillosa, muchas gracias dijo ella, dndome un beso, y gracias por ser tan amable con el pobre Moiss. Mientras hablaba, iba buscando en sus bolsas de la compra, examinando el contenido. Qu llevas ah?pregunt. Bah, unas cosillas para el pobre viejecito respondi. Un par de botellas de whisky, porque s que le gusta tomarse una copita y estoy segura de que no se lo puede permitir. Despus, algo de comida para Moiss con su bebida favorita y algo de lectura para Pengey, pobrecillo. Sac The Times, el Telegraph, el ltimo ejemplar de Vogue, un ejemplar de Punch y, no daba crdito a lo que vea, un ejemplar de Playgirl. Y por qu le has comprado eso? pregunt. Mira, cario, es parte de mi plan para redebilitarlo, hacer que cambie de actitud. Tendra que empezar a pensar ms en el sexo opuesto y menos en el suyo. Y por eso le compr el Vogue y esto, para que viera lo que se estaba perdiendo.

Has visto alguna vez el Playgirl? pregunt. No respondi. Es una de esas revistas de chicas, no? Abrela dije muy serio. Quiz fue una pena que lo abriese por las pginas centrales, en las que se vea a un joven muy desnudo, muy viril y muy alto en toda su gloria. Ay, Dios mo exclam horrorizada. Ay, Dios mo. S dije. No es precisamente lo ms acertado para redebilitar al viejo Pengey, verdad? Ay, cario, gracias al cielo que te diste cuenta. Claro que no puedo drselo. Pero qu voy a hacer con l? Llvatelo al Claridge's y se lo das al director suger. No me volvi a dirigir la palabra en el resto del recorrido y dej la ofensiva revista en el taxi. La residencia de Penge, si as puede llamarse, era una de esas esplndidas mansiones antiguas que son como una caja de zapatos puesta de pie, con dos habitaciones por piso. El reverendo, segn descubrimos, ocupaba las dos habitaciones del tico, as que subimos cuatro pisos de escaleras para llegar a su mansin. Las bolsas de la compra de Ursula y la jaula de Moiss iban pesando ms a cada escaln. Por fin, jadeantes, llegamos a una puerta en la cual haba pinchada una tarjeta, bastante pattica, que deca: Reverendo Mortimer Penge, lecciones de ingls XXX y lecciones de la Biblia (Iglesia Anglicana). Ursula llam y el reverendo Penge abri la puerta. No era lo que yo esperaba. Tena el aspecto de una juda verde privada de luz durante sus aos de formacin. Se curvaba igual y tena el mismo color de piel troglodtico, blanco verdoso. Llevaba unas grandes gafas de concha, un jersey de cuello vuelto a rayas moradas y blancas y unos pantalones de franela gris. Tena el pelo blanco totalmente despeinado y las manos en el pecho, como un conejo sentado, colgando como si tuviera rotas las dos muecas. Ursula! exclam. Hija ma, es sencillamente divino verte. La bes castamente en la mejilla. Te presento a Gerry dijo Ursula. Gerry..., qu nombre tan atractivo y qu persona tan atractiva dijo moviendo las pestaas al tiempo que me miraba. Eres una chica muy, muy afortunada. Pero, por favor, entrad. Entrad en mi humilde residencia. Su humilde residencia consista en dos habitaciones, una dividida en una cocina y una ducha diminutas, y la otra que serva de cuarto de estar-dormitorio, con dos butacas bulbosas, una alfombra rada, un estrecho sof-cama y, debajo de l, segn vi con gran alegra, un enorme orinal Victoriano, decorado elegantemente con guirnaldas de amapolas y nomeolvides. Por la ventana vi que el reverendo tena una bonita vista de un parque pequeo, con pltanos, arriates de flores primaverales, un estanque con patos y bancos en los que sentarse. Ursula fue sacando sus regalos uno por uno, y a cada uno el reverendo quedaba ms encantado y lloraba ms de alegra. Por

ltimo, Ursula prepar un vodka con tnica de generosas proporciones, levant un borde del Times y lo verti en el bebedero de Moiss. Dej que pasaran unos instantes y despus, como un prestidigitador en una funcin, levant el Times y revel, ante la asombrada mirada del reverendo, cmo Moiss apagaba su sed. Un loro! jade el reverendo. Ah, siempre he querido tener un loro. Sabe hablar? Como en respuesta, Moiss dej de abrevar el celestial liquido ruso para contemplar al reverendo Penge. Hola, mariconazo dijo Moiss, y despus volvi a entregarse a la tarea de beber hasta caer en un estupor alcohlico. El reverendo Penge se puso a rer, rer y rer, hasta exclamar: Ay, mi querida Ursula, no podras haberme trado nada mejor grazn. Bueno dijo Ursula, evidentemente encantada, deca usted que quera tener a alguien con quien hablar. Eres una santa, querida ma, una autntica santa dijo el reverendo. Yo pens, sombro, que si hubiera sufrido tanto como yo desde que recog a Ursula en la estacin aquella maana, quiz se hubiera pensado dos veces lo de la santidad. Nos quedamos charlando un rato y bebimos un whisky (que el reverendo insisti en abrir) servido en un vaso, una taza mellada y otra de latn, y despus nos despedimos. Los das siguientes fueron magnficos. En aquella poca Londres era una ciudad maravillosa, pese a estar destrozada por la guerra. Estar all en primavera con una novia encantadora era el sueo de cualquier joven, pero pocos conseguan hacerlo realidad. Me volv a Bournemouth muy satisfecho. Diez das despus son el telfono. Cario, soy yo, Ursula. Cmo ests, encanto? pregunt, sin ninguna sensacin de un desastre inminente. Ah, yo estoy perfectamente. Pero, cario, querra pedirte un favor. Es terrible, terriblemente importante. Por favor, dime que s, cario, y despus te dir de qu se trata. Lo prometes? Yo hubiera debido conocer ya a Ursula. Naturalmente respond, esperando algn recado trivial. Bueno dijo lentamente, te acuerdas de Moiss? Me dio un escalofro. No grit al telfono. No. No quiero tener nada que ver con ese maldito pjaro. No, no y no. No maldigas, cario dijo ella, y en todo caso ya lo has prometido, as que ahora tienes que hacerlo. Djame que te diga lo que ha pasado. Pengey est en la crcel. En la crcel? Por qu? Bueno, me temo que en parte es por culpa de Moiss dijo. Mira, Pengey se ha dedicado a sacarlo, metido en la jaula, a ese parquecito y sentarlo en un banco. Y entonces Moiss se pona a hablar y empezaban a acercarse muchachos. Gem.

Entonces Pengey le preguntaba a uno de los chicos si quera ver cmo el loro haca acrobacias, y naturalmente el chico deca que s, y entonces Pengey le deca que tena que subir a su piso porque no lo poda sacar de la jaula por si se echaba a volar, y entonces el chico suba al piso con Pengey... y ya te puedes imaginar lo que ha pasado. Demasiado bien coment. Cunto le han metido? Dieciocho meses dijo Ursula, y, cario, estoy preocupadsima por el pobre Pengey, pero tambin preocupadsima por Moiss, pobrecito. No tiene nadie que le hable y le quiera y le d comida y vodka. La patrona dice que no est dispuesta a seguir tenindolo all porque habla tan mal que su marido se pone nervioso. Qu es su marido? Obispo? Estibador, creo dijo Ursula, pero no se trata de eso. Hay que rescatar a Moiss y por eso te llamo. Bueno, mira... empec a decir. Cario, lo has prometido y si no lo cumples no te volver a dirigir la palabra. Ira yo misma, pero es que estoy organizando una fiesta benfica. Suspir. Muy bien, voy a ir dije, pero es la ltima vez que te prometo algo. Cario, te quiero muchsimo. Eres el to ms divino que conozco. Soy el to ms idiota que conoces seal. As que all fui. El viaje en tren con Moiss fue frentico. Se me haba olvidado el vodka, de forma que no par de hablar, hasta el punto de que el revisor, metodista estricto, tena a la polica esperndome en la estacin central de Bournemouth. Tuve que dar una serie de explicaciones, pero consegu que en el vagn restaurante me dieran algo de vodka y, mientras yo discuta con el revisor y la polica, Moiss fue absorbiendo aquel nctar celestial a toda la velocidad que poda. Yo no haca ms que pensar cunto alcohol hara falta para matar a un loro y esperar que el que haba comprado fuera suficiente.