Durrell Gerald - La Excursion

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    05-Dec-2014

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Gerald Durrell La excursin

La excursin Gerald Durrell, 1979 Traduccin de Juan Antonio Santos Ttulo original: The picnic Ediciones Alfaguara, S.A. ISBN 842043910X

NDICELa entrada................................................................................................................................5 El viaje inaugural..................................................................................................................35 La excursin..........................................................................................................................53 Nota final...............................................................................................................................70 Bibliografa parcial................................................................................................................71 Contraportada........................................................................................................................72

Este libro est dedicado a mi hermana Margo, que me ha permitido, con muy buen humor, satirizarla en lengua impresa.Con cario.

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La entradaMis amigos Paul y Marjorie Glenham son ambos artistas fracasados, o quiz, para decirlo deun modo ms caritativo, ninguno de los dos tiene xito. Pero disfrutan de su fracaso ms de lo que la mayora de los artistas de xito disfrutan del mismo. Eso es lo que les hace tan buenos compaeros, y una de las razones por las que siempre voy a verles y me quedo con ellos cuando estoy en Francia. Su laberntica granja de Provenza se hallaba siempre en un estado de caos, con sacos de patatas, montones de hierbas secas, platos de ajos y bosques de maz seco codendose con pilas de los ms horribles leos y acuarelas a medio terminar, perpetrados por Marjorie, y extraas esculturas del Neanderthal, obra de Paul. Por este revoltijo de mercado se paseaban gatos de todas las tonalidades y manchas y un ro de canes, desde un perro lobo irlands del tamao de un pony hasta un viejo bulldog ingls que haca ruidos como la Rocket de Stephenson. Alrededor de las paredes, alojada en vistosas jaulas, estaba la coleccin de canarios Roller de Marjorie, que cantaban con incansable vigor a cualquier hora del da, haciendo as difcil la conversacin. Era una atmsfera clida, amistosa y cacofnica, y a m me encantaba. Cuando llegu, a la cada de la noche, llevaba largo rato conduciendo y estaba cansado, situacin que Paul se dispuso a remediar por medio de un coac caliente con limn de proporciones hercleas. Me alegr de haber llegado, pues durante la ltima media hora una tormenta estival haba avanzado pesadamente por el paisaje como un gran manto negro, y los truenos retumbaban entre los peascos como un milln de rocas precipitndose por una escalera de madera. Acababa de alcanzar la seguridad de la clida y ruidosa cocina, perfumada con los apetitosos olores de los guisos de Marjorie, cuando empez a llover a cntaros. El ruido de la lluvia sobre el tejado de tejas, mezclado con el de los imponentes truenos que hacan temblar hasta la slida casa de piedra, despert el espritu competitivo de los canarios, y todos rompieron a cantar simultneamente. Era la tormenta ms ruidosa que haba visto en mi vida. Otro vasito, muchacho? pregunt Paul con aire optimista. No, no! grit Marjorie por encima de los gorjeantes cantos de los pjaros y el rugido de la lluvia. La comida est lista y se estropear si os hacis esperar. Tomad vino. Ven y sintate, querido Gerry. Vino, vino, eso es. Tengo algo especial para ti, muchacho dijo Paul, y se dirigi a la bodega para reaparecer un momento despus con los brazos llenos de botellas, que deposit reverentemente sobre la mesa cerca de m. He descubierto un Gigondas especial. Te aseguro que es sangre de brontosaurio, querido amigo, puro jugo de monstruo prehistrico. Ir bien con las trufas y la gallina de Guinea que ha preparado Marjorie. Descorch una botella y escanci el vino rojo vivo en una copa generosamente grande. Tena razn. El vino se deslizaba en tu boca como ter ciopelo rojo y luego, cuando alcanzaba la parte trasera de la lengua, estallaba como fuego de artificio en las clulas del cerebro. Bueno, eh? dijo Paul, observando mi expresin. Lo encontr en una pequea cave cerca de Carpentras. Era un da de calor abrasador, y la cave estaba tan, fresca y agradable que antes de darme cuenta de lo que haca me beb dos botellas. Desde luego es un vino seductor. Naturalmente, cuando volv a salir al sol el muy maldito me golpe como un martillo piln. Tuvo que conducir Marjorie. Me dio tanta vergenza dijo Marjorie, poniendo ante m una trufa negra del tamao de un 5

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melocotn recubierta de una capa frgil, ligera co mo una pluma, de crujiente pasta parda. Pag el vino y luego se inclin hacia el patrn y cay de bruces. El patrn y sus hijos tuvieron que llevarle en volandas al coche. Fue repulsivo. Tonteras dijo Paul, el patrn qued encantado. Dio a su vino el espaldarazo que precisaba. Eso es lo que t te crees dijo Marjorie. Empieza ya, Gerry, antes de que se te enfre. Cort la esfera de pasta dorada que tena delante y liber el perfume de la trufa, semejante al delicioso aroma de un bosque hmedo en otoo, un milln de olores frondosos y terrosos agrupados en uno: Con el Gigondas como acompaamiento, prometa ser una comida para dioses. Guardamos silencio mientras atacbamos nuestras respectivas trufas y escuchbamos el ruido de la lluvia contra el tejado, el rugido de los truenos y el canto casi apopltico de los canarios. El bulldog, que sin razn aparente se haba enamorado sbita y profundamente de m, estaba sentado junto a mi silla y me observaba fijamente con sus ojos saltones y castaos, jadeando y resollando de modo apacible. Magnfico, Marjorie dije mientras el ltimo fragmento de pasta se disolva como un copo de nieve en mi lengua. No s por qu no abrs un restaurante t y Paul: con tu mano para la cocina y el gusto de Paul en la eleccin de vinos no tardarais nada en tener tres estrellas en la gua Michelira,: Gracias, querido dijo Marjorie sorbiendo su vino, pero prefiero cocinar para un pequeo pblico de gourmets a hacerlo para un gran pblico de gourmands. Tienes razn, no se puede negar convino Paul, sirviendo vino en nuestros vasos con alegre abandono. El sbito y prolongado estampido de un trueno, justo encima de nuestras cabezas, impidi la conversacin durante un largo minuto, y fue tan violento y prolongado que hasta los canarios guardaron silencio, intimidados por el ruido. Cuando termin, Marjorie seal con el tenedor a su marido. No te olvides de dar a Gerry tu chisme Chisme? pregunt Paul sin comprender. Qu chisme? Ya sabes dijo Marjorie de modo impaciente, tu chisme... tu manuscrito... Es precisamente el tipo de noche idneo para que lo lea. Oh, el manuscrito... s dijo Paul con entusiasmo. La noche perfecta para que lo lea. Me niego protest. Vuestros cuadros y esculturas son ya suficientemente malos. Que me ahorquen si encima leo vuestros esfuerzos literarios. Mal bicho dijo Marjorie con buen humor.. De todas formas no lo ha escrito Paul, sino otra persona. No creo que merezca leerlo despus de esos comentarios despreciativos sobre mi arte dijp. Paul. Es demasiado bueno para l. Qu es? pregunt. Es un manuscrito muy curioso que encontr... empez Paul, pero Marjorie le interrumpi. No le hables de ello, djale leerlo dijo. Podra decir que a m me produjo pesadillas. Mientras Marjorie serva porciones de gallina de Guinea envuelta en un aroma casi tangible de hierbas y ajo, Paul se dirigi a un rincn de la cocina en el que se alzaba un tambaleante montculo de libros, como una especie de castillo en ruinas, entre dos sacos de patatas y un gran tonel de vino,. Anduvo revolviendo durante un rato y luego apareci triunfalmente con un grueso cuaderno rojo, muy deteriorado por el uso, y lo puso sobre la mesa. Aqu est! dijo can satisfaccin. Nada ms leerlo pens en ti. La encontr entre un montn de libros que compr cuando vendieron la biblioteca del viejo Doctor Lepitre, en tiempos mdico de la crcel de Marsella. No s si ser una broma o qu. Abr el cuaderno y en el interior de la cubierta encontr un ex libris en negro, tres cipreses y 6

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un reloj de arena bajo el cual estaba escrito en letras gticas Ex Libras Lepitre. Hoje sus pginas y descubr que el manuscrito estaba redactado con una letra regular, de las ms hermosas y elegantes que he visto, y la tinta se haba desteido hasta adquirir un colar pardo mohoso. Deseara haber esperado a que se hiciera de da para leerlo dijo Marjorie con un estremecimiento. Qu es? Una historia de fantasmas? pregunt con curiosidad. No dijo Paul con aire de duda, al menos no exactamente. Por desgracia el viejo Lepitre est muerto, de modo que no podra averiguar nada al respecto. Es una historia muy curiosa. Nada ms leerla me acord de ti, pues conozco tu inters por lo oculto y las cosas que suceden de noche. Lelo y dime qu te parece. Si quieres puedes quedarte con el manuscrito. En cualquier caso puede que te divierta. Yo no lo llamara divertido dijo Marjorie. Cualquier cosa menos divertido. Creo que es horrendo. Horas despus, lleno de buena comida y Vino, cog la enorme lmpara dorada de aceite, limpiada con esmero, y a su dulce luz de un amarillo narciso me encamin escaleras arriba hacia la habitacin de los huspedes, donde me aguardaba un lecho de plumas del tamao de una puerta de granero. Me haba seguido el bulldog, que me observ entre jadeos mientras me desnudaba y me acostaba. Ahora, tumbado junto a la cama, me miraba de modo conmovedor. Segua arreciando la tormenta, y el retumbo de los truenos era casi continuo, mientras que el deslumbrante fogonazo de los relmpagos iluminaba a intervalos la habitacin. Regul la mecha de la lmpara, me la acerqu, cog el cuaderno rojo y me acomod contra las almohadas para leer. El manuscrito comenzaba sin prembulo. 16 de marzo de 1901. Marsella. Tengo toda la noche por delante, y como s que no podr dormir a pesar de mi resolucin, he pensado en escribir con detalle lo que acaba de sucederme. Me temo que no por ello resultar ms creble, pero har pasar el tiempo hasta que llegue la aurora, y con ella mi liberacin. En primer lugar, debo explicar algo sobre m mismo y mi relacin con Gideon de Teildras Villeray, para que el lector (si es que llega a haber alguno) entienda cmo llegu a verme en el corazn de Francia en mitad del invierno. Soy librero anticuario, y puedo decir con toda modestia que estoy en la cumbre de mi profesin. O quiz sera ms exacto decir que estaba en la cumbre de mi profesin. Uno de mis colegas libreros lleg a describirme espero que con nimo ms ligero que celoso como un sabueso literario, descripcin que supongo me cuadra a su divertida manera. Cien bibliotecas o ms han pasado por mis manos, y he sido responsable de algunos hallazgos importantes; por ejemplo, el del manuscrito original de Gottenstein; el de la rara Biblia ilustrada "Conrad", tan hermosa segn algunos como el Libro de Kells; el de cinco poemas inditos de Blake, que rescat de un saldo provinciano nada prometedor en los Midlands; y de muchos descubrimientos menores pero no menos satisfactorios, como el de la primera edicin firmada de Alicia en el Pas de las Maravillas , que encontr en un bal lleno de libros y juguetes rotos en el cuarto de los nios de la casa de un prroco de Shropshire, y un ejemplar de regalo de los Sonetos del portugus, firmado y con una estrofa de seis versos escrita al alimn en la hoja de guarda por Robert y Elizabeth Browning. La facultad de descubrir tales cosas en lugares improbables resulta bastante parecida a la del zahor: o se nace con ella o no se tiene. No es algo que pueda adquirirse, aunque desde luego es posible, por medio de la experiencia, agudizar las percepciones y hacer ms penetrante la mirada. Dedico adems mi tiempo libre a catalogar algunas de las ms pequeas e importantes bibliotecas, pues simplemente estar entre libros me, procura un placer enorme. El silencio de una biblioteca, el olor y el tacto de los libros son para m como el sabor y la textura de la comida para un gourmet. Acaso parezca fantstico, pero cuando estoy en una biblioteca puedo or en torno a m una mirada de voces, como si estuviera en medio de un vasto coro, un coro de sabidura y belleza. 7

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Naturalmente, debido a mi trabajo, fue en Sothebys donde conoc a Gideon. Haba encontrado en una casa de Sussex una pequea pero interesante coleccin de primeras ediciones, y como tena curiosidad por saber qu cotizacin alcanzaran, asist a la subasta. Mientras se sucedan las ofertas tuve la incmoda sensacin de ser observado. Ech una mirada a mi alrededor, pero no pude ver a nadie cuya atencin no estuviera puesta en el subastador. Sin embargo, a medida que avanzaba la subasta me sent cada vez ms incmodo. Quiz sea una palabra demasiado fuerte, pero acab convencido de que era objeto de un intenso escrutinio. Al fin el gento de la sala se movi ligeramente y vi quin era. Era un hombre de estatura media con rostro apuesto pero un tanto mofletudo, ojos oscuros penetrantes y muy grandes, y pelo negro y rizado que llevaba bastante largo. Iba vestido con un abrigo oscuro de buen corte, con cuello de astracn, y en sus manos elegantemente enguantadas llevaba el catlogo de la subasta y un sombrero de terciopelo oscuro y ala ancha. Tena sus brillantes ojos agitanados clavados con fuerza en m, pero cuando se dio cuenta de que le observaba su mirada perdi intensidad, y me dirigi una plida sonrisa y una leve inclinacin de cabeza, como para reconocer que le haba sorprendido examinndome de un modo tan vulgar. Luego se volvi, se abri paso entre la gente que le rodeaba y pronto le perd de vista. No s por qu, pero el intenso escrutinio de este extrao me desconcert hasta tal punto que apenas atend al resto de la subasta, excepto para fijarme en que el lote que haba aportado alcanz una puja ms elevada de lo que haba previsto. Una vez acabada la subasta, me abr paso a travs del gento y sal a la calle. Era un da fro y desapacible de febrero, con ese desagradable olor ahumado en el aire que augura niebla y te pone spero el fondo de la gar ganta. Dado que pareca tan destemplado como si fuera a empezar a lloviznar, tom un coche: Poseo una de esas casas altas y estrechas en Smith Street, al lado de Kings Road. La hered de mi madre y me viene muy bien. No est en una zona elegante de la ciudad, pero es suficientemente grande para un soltero como yo y sus libros, pues a lo largo de los aos he ido formando una biblioteca pequea pero sumamente escogida sobre las diversas materias que me interesan: arte hind, sobre todo miniaturas; algunas de las primeras Historias Naturales; una coleccin restringida pero bastante rara de libros sobre ciencias ocultas; cierta cantidad de volmenes sobre plantas y grandes jardines, y una buena coleccin de primeras ediciones de novelistas contemporneos. Mi casa est amueblada de modo sencillo, pero resulta cmoda; aunque no soy rico, tengo suficiente para mis necesidades y para mantener una buena mesa y una bodega muy razonable. Mientras pagaba el coche y suba los escalones hacia mi puerta principal me di cuenta de que, como haba previsto, la niebla estaba empe zando a descender sobre la ciudad. Ya resultaba difcil ver el final de la calle. Obviamente la bruma se iba a convertir en una verdadera sopa de guisantes, y me alegr de estar en casa. Mrs. Manning, mi ama de llaves, haba encendido un fuego brillante y alegre en mi pequeo saln, y como de costumbre haba dejado mis zapatillas junto a mi silln favorito (pues, quin puede descansar sin zapatillas?) y, en una mesita, los ingredientes necesarios para preparar un ponche reanimador. Me quit el abrigo y el sombrero, me descalc y me puse las zapatillas. Al cabo de un rato, proveniente de la cocina de abajo, apareci Mrs. Manning y me pregunt si no me importara, en vista del tiempo, que se fuera a casa, pues pareca que la niebla se estaba espesando. Me haba dejado sopa, un filete, pastel de rin y una tarta de manzana, todo lo cual slo necesitaba calentarse. Acced de buen grado, pues en numerosas ocasiones haba cuidado de m mismo de esta forma. Hace un rato vino a verle un caballero dijo luego Mrs. Manning. Un caballero? Cmo se llamaba? pregunt, asombrado de que alguien hubiera venido a visitarme en una tarde como aqulla. No quiso dejar su nombre, seor contest, pero dijo que volvera. 8

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Imagin que, con toda probabilidad, tendra algo que ver con una biblioteca que estaba catalogando, y no volv a pensar en el asunto. Poco despus reapareci Mrs. Manning vestida de calle. La acompa hasta la puerta principal y una vez hubo salido ech concienzudamente el cerrojo, para volver a mi bebida y al clido fuego. Proveniente del piso superior, donde estaba mi estudio y su cmoda cesta, apareci mi gato Neptuno, que tras un dbil miau de saludo salt airosamente a mi regazo y se puso a restregar sus garras delanteras, despus de lo cual se acomod para soar y dormitar, ronroneando como una gran colmena de carey. Al cabo de un rato, arrullado por el fuego, el ponche y el ruidoso ronroneo de Neptuno, yo tambin me qued dormido. Deb dormir profundamente, pues despert con un sobresalto y sin poder recordar qu era lo que me haba despertado. Neptuno se alz sobre mi regazo, estirndose y bostezando como si supiera que le iba a molestar. Aguc el odo, pero la casa estaba en silencio. Acababa de decidir que deba haber sido el crujido siseante de los carbones al moverse en el hogar cuando me lleg una imperiosa llamada desde la puerta principal. Me dirig hacia ella, reparando mientras tanto el dao que haba hecho el sueo en mi pulcra apariencia, enderezndome el cuello y la corbata y alisndome el pelo, como siempre rebelde. Di la luz del vestbulo, descorr el cerrojo de la puerta principal y la abr. Entraron arremolinndose jirones de bruma, y all, sobre el escaln superior, estaba el curioso hombre agitanado al que haba sorprendido observndome con tanta intensidad en Sothebys. Ahora iba vestido con un traje de etiqueta de buen corte y una capa forrada de seda roja. Cubra su cabeza con un sombrero de copa cuyo brillante aspecto se vea empaado por las gotitas de humedad depositadas por la niebla, que se mova tras l como un malsano teln de foro amarillo. En una mano enguantada sostena un delgado bastn de bano con un mango de oro bellamente, trabajado, balancendose suavemente entre sus dedos como un pndulo. Cuando vio que era yo quien haba abierto la puerta, en vez de un mayordomo o alguna criada, se irgui y se quit el sombrero. Buenas noches dijo, dedicndome una sonrisa de lo ms encantador que mostr unos dientes magnficos, blancos y regulares. Su voz tena una peculiar cualidad ronca, rtmica y musical que resultaba de lo ms atractivo, efecto realzado por su leve pero perceptible acento francs. Buenas noches dije, perplejo ante lo que aquel extrao poda querer de m. Hablo con Mr. Letting... Mr. Peter Letting? S. Soy Peter Letting. Volvi a sonrer, se quit el guante y me tendi una mano bien manicurada en la que refulga un gran palo de fuego montado sobre un anillo de oro. Estoy ms encantado de lo que podra decir por esta oportunidad de conocerle, seor dijo mientras me estrechaba la mano, y en pri mer lugar debo disculparme por molestarle a estas horas en una noche como sta. Se arrebuj en su capa y ech una mirada a la hmeda niebla amarilla que se arremolinaba tras l. AL ver esto me di cuenta de que deba pedirle que pasase y me contase qu quera, pues no hubiera sido nada educado dejarle sobre el escaln con aquel tiempo tan desagradable. Entr en el vestbulo y cuando me volv, despus de cerrar la puerta y echar el cerrojo, descubr que se haba despojado del sombrero, el bastn y la capa, y me miraba con aire expectante mientras se frotaba las manos. Pase al saln, Mr... me detuve con una nota de interrogacin. Le cruz la cara una curiosa e infantil expresin de enojo, y me mir con aire contrito. Mi querido seor dijo, mi querido Mr. Letting. Es sumamente negligente por mi parte. Pensar que carezco totalmente de maneras sociales, al verme entrar en su casa en una noche como sta sin tomarme siquiera la molestia de presentarme. Le pido que me disculpe. Soy Gideon de Teildras Villeray. 9

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Encantado de conocerle dije educadamente, aunque a fuer de ser sincero debo confesar que pese a su obvio encanto me senta ligeramente intranquilo, pues no entenda qu poda querer un francs de linaje sin duda aristocrtico de un librero de viejo como yo. Quiz segu desee entrar y compartir una bebida... Tal vez un poco de vino, o dado que la noche est tan fra, acaso un coac? Es usted muy amable y tolerante dijo con una leve reverencia, sonriendo an de modo seductor. Le aseguro que me vendra muy bien un vaso de vino. Le gui hasta el saln, donde se acerc a la chimenea y extendi sus manos hacia las llamas, abriendo y cerrando los blancos dedos de tal modo que el palo de su anillo se agitaba como una mancha de sangre contra su blanca piel. Escog una excelente botella de Margaux y la sub cuidadosamente al saln con dos de mis mejores copas de cristal. Mi visitante se haba alejado del fuego y ahora estaba junto a mis estanteras con un libro entre las manos. Alz la vista cuando entr y sostuvo en alto el volumen. Qu soberbio ejemplar de Ephas Levi dijo con entusiasmo, y qu preciosa coleccin de grimoires tiene usted. No saba que estuviera interesado en las ciencias ocultas. En realidad no lo estoy dije mientras descorchaba la botella. AL fin y al cabo, ningn hombre cuerdo puede creer en brujas y magos y aquelarres y hechizos y todas esas supersticiones. No, simplemente los colecciono como libros interesantes de gran valor que en muchos casos, debido a su contenido, resultan sumamente divertidos. Divertidos? dijo, adelantndose para coger la copa de vino que le tenda. Qu entiende por divertidos? Bueno, no le parece divertida la idea de hombres adultos musitando todos esos tontos hechizos y velando durante horas en mitad de la noche a la espera de que aparezca Satn? Confieso que lo encuentro realmente muy divertido. Yo no dijo, y luego, como si temiese haber sido demasiado abrupto y quiz descorts, sonri, y alz su copa. A su salud, Mr. Letting. Bebimos. Palade calmosamente el vino y luego alz las cejas. Me permito felicitarle por su bodega dijo. Este Margaux es excelente. Gracias contest, halagado, debo confesar, de que este aristocrtico francs aprobara mi gusto en cuestin de vinos. No quiere sentarse y explicarme quiz en qu puedo servirle? Tom asiento elegantemente en un silln junto al fuego, dio un sorbo de vino y se me qued mirando pensativamente durante un momento. Cuando tena la cara en reposo advertas el tamao, la negrura y el brillo de sus ojos. Parecan sondearte, casi como si pudieran leer tus mismos pensamientos. La impresin que producan me haca sentirme incmodo, por decirlo de un modo suave. Pero luego sonrea e inmediatamente los ojos refulgan con malicia, buen humor y un encanto abrumador. Me temo que mi inesperada llegada a una hora tan avanzada de la noche... en una noche como sta... debe dar un aire de misterio a lo que es, me temo, una peticin muy normal que tengo que hacerle. Se trata simplemente de que deseara que catalogase para m una biblioteca, una coleccin comparativamente pequea de libros, calculo que no ms de doce centenares, que me dej mi ta cuando muri el ao pasado. Como digo, es slo una pequea coleccin de libros y no he hecho ms que echarles una mirada rpida. No obstante, creo que contiene algunas cosas raras y valiosas, y me parece necesario catalogarla debidamente, precaucin que nunca tom mi ta, pobrecilla. Era una mujer con una mente de algodn en rama, y me atreveVa a jurar que nunca abri un libro desde el inicio hasta el fin de sus das. Llev una existencia incontaminada e imperturbada por la menor brisa de cultura. Haba heredado los libros de su padre, y desde el da en que llegaron a sus manos jams les prest la menor atencin. Ahora son un revoltijo desordenado y 10

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confuso, y le agradecera que me prestase su pericia para clasificarlos. La razn de que haya invadido su casa a semejante hora es la fuerza de las circunstancias, pues debo volver a Francia maana por la maana, muy temprano, y sta era la nica oportunidad que tena de verle, Confo en que pueda disponer del tiempo necesario para hacerlo. Me alegrar prestarle toda la ayuda que pueda dije, pues debo admitir que la idea de un viaje a Francia resultaba agradable, pero tengo curiosidad por saber por qu se ha fijado en m cuando hay tanta gente en Pars que podra hacer el trabajo igual de bien, si no mejor. Creo que es injusto consigo mismo dijo mi visitante. Debe ser consciente de la excelente reputacin de que goza. Ped consejo a diversas personas, y cuando descubr que todas me recomendaban espontneamente a usted, me sent seguro de que si acceda a hacer el trabajo tendra lo mejor de lo mejor, mi querido Mr. Letting. Confieso que me sonroj de placer, dado que no tena ninguna razn para dudar de la sinceridad de aquel hombre. Resultaba agradable saber que mis colegas tenan tan alta opinin de m. Cundo desea que empiece? pregunt. Extendi las manos y encogi expresivamente los hombros. No tengo prisa dijo. Naturalmente, tendr que ajustarme a sus planes. Pero estaba preguntndome si podra comenzar, digamos, hacia la primavera. El valle del Loira est especialmente hermoso en esa poca, y no hay razn para que no disfrute del paisaje al tiempo que cataloga libros. La primavera me viene estupendamente dije sirviendo ms vino. Estara bien abril? Excelente contest. Calculo que el trabajo le llevar cosa de un mes, pero por lo que a m respecta puede quedarse todo el tiempo que desee. Tengo una buena bodega y un buen cocinero, de modo que puedo satisfacer enteramente las necesidades de la carne. Fui por mi agenda y convinimos en que el catorce de abril sera una fecha adecuada para ambos. Mi visitante se levant para irse. Slo una cosa ms dijo mientras se echaba la capa sobre los hombros. Soy el primero en admitir que tengo un nombre difcil de recor dar y de pronunciar. Por tanto, si no lo considera atrevido por mi parte, me gustara que me llamara Gideon, y puedo llamarle a usted Peter? Por supuesto dije inmediatamente con cierto alivio, pues el nombre de Teildras Villeray no era de esos que se deslizan con facilidad por la lengua. Me estrech afectuosamente la mano, se disculp una vez ms por molestarme, prometi que me escribira explicndome con toda detalle cmo llegar a su residencia en Francia y luego penetr confiadamente en los remolinos de niebla amarilla, donde no tard en perderle de vista. Volv a mi clido y cmodo saln y termin la botella de vino mientras reflexionaba sobre mi extrao visitante. Cuando ms pensaba en ello ms curioso me pareca el entero incidente. Por ejemplo, por qu no se haba acercado a m Gideon cuando me vio por primera vez en Sothebys? Dijo que no tena prisa por ver su biblioteca catalogada y, sin embargo, le pareci apremiante entrevistarse conmigo a altas horas de la noche, como si la cuestin fuese de gran urgencia. Sin duda poda haberme escrito. O pens acaso que la fuerza de su personalidad me hara aceptar un encargo que de otro modo podra haber rechazado? No saba a qu atenerme respecto al hombre en s. Como he dicho, cuando su cara estaba en reposo sus ojos eran tan intensamente sombros y penetrantes que me hacan sentirme intranquilo, y me llenaban casi de una sensacin de repugnancia. Pero cuando sonrea y sus ojos brillaban de regocijo y hablaba con aquella voz ronca y musical, me senta encantado contra mi voluntad. Decid que era un personaje sumamente curioso, y resolv tratar de averiguar algo ms acerca de l antes de ir a Francia. Una vez tomada esta decisin, me dirig a la cocina precedido por un Neptuno ahora 11

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hambriento y me prepar una cena tarda. Das despus me encontr en una subasta con mi viejo amigo Edward Mallenger. Durante el curso de la misma le pregunt casualmente si cono ca a Gideon. Me ech una mirada sumamente penetrante por encima de sus gafas. Gideon de Teildras Villeray? pregunt. Te refieres al conde... el sobrino del viejo marqus de Teildras Villeray? No me dijo que fuera conde, pero supongo que debe ser el mismo respond. Sabes algo acerca de l? Cuando acabe la subasta iremos a tomar una copa y te contar dijo Edward. Es una familia muy rara... al menos el viejo marqus es notablemente raro. Una vez concluida la subasta, fuimos al pub local y Edward me cont lo que saba de Gideon. Por lo visto, haca muchos aos, el marqus de Teildras Villeray haba pedido a mi amigo que fuera a Francia (como me haba pedido a m Gideon) para catalogar y valorar su amplia biblioteca. Edward haba aceptado el encargo y haba partido para la residencia del marqus en la Gorge du Tarn. Conoces esa regin de Francia? pregunt Edward. Jams he estado en Francia confes. Bueno, es una regin desolada. La casa est en un paraje agreste y remoto en medio de la misma Gorge. Es una tierra escabrosa, con enormes riscos y profundas gargantas sombras, cascadas y torrentes impetuosos, parecida a la de los grabados que hizo Gustavo Dor para el Inferno de Dante, ya sabes. Edward se detuvo para sorber pensativamente su bebida, y luego se puso a encender un puro. Cuando el tiro le result satisfactorio, continu. En la casa, aparte de los sirvientes familiares, que slo parecan ser tres (un nmero pequeo para una residencia tan grande), estaban el to y su sobrino, que segn entiendo fue el que te visit la otra noche. El to era... bueno, para no andarnos con eufemismos, un hombre de lo ms desagradable. Calculo que deba tener unos ochenta y cinco aos, una cara realmente impdica y maliciosa y unas maneras untuosas que obviamente consideraba encantadoras. El chico tena cosa de catorce aos y unos enormes ojos oscuros en una cara plida. Era un muchacho inteligente, viejo para su edad, pero lo que me preocupaba era que pareca sufrir un miedo intenso, miedo, pensaba yo, de su to. La noche de mi llegada, una vez concluida la cena, que me pareci escasa y mal cocinada para Francia, me fui temprano a la cama, pues el viaje me haba fatigado. El viejo y el chico se quedaron de sobremesa. Result que el comedor estaba justo debajo de mi dormitorio, y as, aunque no pude or claramente todo lo que hablaban, o lo suficiente para entender que el viejo haca todo lo posible para persuadir a su sobrino de que hiciese algo que al chico le pareca repugnante, pues se negaba de modo vehemente. La discusin sigui durante algn tiempo, y a medida que avanzaba la voz del to se volva cada vez ms elevada e irritada. De repente o el ruido que hizo una silla cuando el chico se puso en pie y grit sin duda lo grit, mi querido Peter en francs a su~to: "No, no, no ser devorado para que t vivas... Te odio." Lo o con toda claridad, y me pareci pasmoso que un muchacho dijera una cosa as. Luego o abrirse y cerrarse violentamente la puerta del saln comedor, las pisadas del chico subiendo las escaleras y finalmente el portazo de lo que supuse sera la puerta de su dormitorio. Poco despus o levantarse al to de la mesa y empezar a subir las escaleras. Sus pisadas resultaban inconfundibles, pues tena torcido y lisiado el pie izquierdo, y caminaba arrastrndolo lentamente con una pronunciada cojera. Suba muy despacio las escaleras, y te aseguro, mi querido Peter, que haba tal indudable maldad en su lenta y renqueante aproximacin que me puso realmente los pelos de punta. Le o acercarse a la puerta del dormitorio del chico, abrirla y entrar. Pronunci dos o tres veces el nombre del chico, dulce y halagadoramente, pero con un 12

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indescriptible tono amenazador. Luego dijo una frase que no entend. Despus de esto cerr la puerta del chico y le o durante unos momentos arrastrndose y renqueando por el largo pasillo hacia su propio alojamiento. Abr la puerta de mi cuarto y o un llanto velado proveniente del del chico, como si el pobrecillo tuviera la cabeza bajo la ropa de cama. Dur largo tiempo, y me preocup mucho. Deseaba ir a consolarle, pero pens que le resultara embarazoso, y en cualquier caso no era realmente asunto de mi incumbencia. Pero la situacin no me gustaba en modo alguno. La entera atmsfera, mi querido Peter, estaba cargada de algo desagradable. No soy hombre supersticioso, como bien sabes, pero me qued despierto durante largo tiempo preguntndome si podra permanecer en la at msfera de aquella casa durante las dos o tres semanas que me llevara concluir el trabajo que me haba comprometido a hacer. Afortunadamente, el destino me dio la oportunidad que necesitaba: justo al da siguiente recib un telegrama segn el cual mi hermana haba cado gravemente enferma, y as pude pedir con toda licitud a Teildras Villeray que me dispensase del contrato. Por supuesto se mostr renuente a hacerlo, pero al final accedi de mala gana. Mientras esperaba el coche que haba de llevarme a la estacin ech una rpida mirada a su biblioteca. Como era realmente amplia se extenda por toda la casa, pero el grueso de ella se guardaba en lo que llamaba la Galera Larga, una estancia alargada y muy bonita que no hubiera desentonado en una de nuestras casas de campo aristocrticas. Espejos gigantescos pendan entre las estanteras; en realidad, toda la casa estaba llena de espejos. No recuerdo haber estado en ninguna otra que tuviera tantos. Ciertamente tena una rara y valiosa coleccin de libros, sobre todo de una de tus materias favoritas, Peter: Las ciencias ocultas. En mi apresurada inspeccin advert entre otras cosas unos manuscritos hebreos sobre brujera sumamente interesantes, adems de un original del Descubrimiento de brujas, de Matthew Hopkin, y un ejemplar verdaderamente hermoso de la obra de Dee De Mirabilius Naturae. Pero luego lleg el coche y tras despedirme part. Puedo decirte, querido amigo, que jams en mi vida me he alegrado tanto de abandonar una casa. Creo realmente que el viejo era malvolo, y no me sorprendera enterarme de que practicaba la brujera y estaba intentando complicar a aquel agradable muchacho en sus viles industrias. Entiende, no obstante, que no tengo ninguna prueba de ello, por lo que no me gustara repetirlo. Imagino que el to habr muerto ya, y si no deber andar por los noventa y tantos. En cuanto al chico, ms tarde me enter por unos amigos de Pars de que haba rumores segn los cuales su vida privada no era enteramente como debera ser, hablillas sobre su apego a cierta mujer, ya sabes, pero todo esto resultaba circunstancial, y en cualquier caso, como sabes, querido amigo, los extranjeros tienen criterios morales diferentes de los de un ingls. Gracias a Dios, es una de las muchas cosas que nos diferencian del resto del mundo. Haba escuchado con gran inters el relato de Edward, y decid preguntar a Gideon por su to si tena ocasin de hacerlo. Me prepar para el viaje a Francia, debo admitirlo, con deleitosa anticipacin, y el catorce de abril tom el tren para Dover y me embarqu sin ningn contratiempo (ni siquiera el del mal de mer) para Calais. Pas la noche en Pars, probando las delicias de la comida y el vino franceses, y al da siguiente tom una vez ms el tren. Finalmente llegu a la ajetreada estacin de Tours. Gideon estaba all esperndome, como haba prometido. Pareca de muy buen talante y me salud como a un viejo y apreciado amigo, lo cual, debo confesarlo, me halag. Le agradec que hubiera venido a recibirme, pero me interrumpi con un ademn. No es nada, mi querido Peter dijo. No tengo nada que hacer salvo comer, beber y engordar. La visita de alguien como t es un raro placer. Salimos de la estacin y montamos en una bonita calesa de la que tiraban dos hermosos 13

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caballo bayos, y partimos a paso rpido para sumir nos en una campia de lo ms delicioso, toda verde y oro brillando a la luz del sol. Durante una hora avanzamos por carreteras que se hacan cada vez ms estrechas, hasta que nos vimos recorriendo un sendero flanqueado por dos altos taludes engalanados con toda suerte de flores, mientras por encima de nuestras cabezas se entrelazaban las ramas de los rboles que crean a ambos lados, cubiertos con el delicado verde de las hojas de primavera. De vez en cuando se abra un hueco en los elevados taludes, y entonces divisaba entre los rboles el destello plateado del Loira. Advert que seguamos una lnea paralela a la que describa el gran ro. En determinado momento pasamos ante los slidos pilares de piedra y la verja de hierro forjado que guardaba el acceso a un sendero al final del cual se alzaba un inmenso y bellsimo chteau de reluciente piedra amarillo rosada: Gideon me vio mirndolo, quiz con expresin de maravillado asombro, pues pareca cabalmente sacado de un cuento de hadas. Sonri. Confo, mi querido Peter, en que no esperes que viva en una monstruosidad como esa. Si es as sufrirs una indudable desilusin. Me temo que mi chteau es de miniatura, aunque resulta suficientemente grande para mis necesidades. Aduje que no me importaba que viviera en un establo, pues la experiencia de estar por primera vez en Francia y contemplar todas aquellas vistas nuevas, junto con la perspectiva de un trabajo fascinante al trmino de la misma, resultaba para m ms que suficiente. Hasta el crepsculo, cuando las sombras de las malvas se alargaban sobre los verdes prados, no llegamos a la residencia de Gideon, el Chteau St Clire. Los pilares de la entrada estaban coronados por dos grandes bhos, primorosamente cincelados en piedra de un claro color de miel, y vi que el mismo motivo se repeta del modo ms diestro en la verja de hierro forjado que los pilares sostenan. Nada ms entrar en la finca me sorprendi el contraste de la misma con la campia que habamos estado atravesando, lozana y exhuberante, lle na de flores silvestres y praderas de larga hierba encendida. Ahora el sendero estaba flanqueado por gigantescos robles y castaos, cuyos troncos, viejos y nudosos, tenan la circunferencia de una pequea habitacin, y una corteza tan gruesa como la piel de un elefante. No tengo idea de cuntos centenares de aos llevaban aquellos rboles guardando la entrada del Chteau St Claire, pero muchos de ellos deban estar ya crecidos en tiempos del joven Shakespeare. El verde csped que haba debajo era tan liso como el tapete de una mesa de billar, de lo que eran responsables varias manadas de gamos moteados que pacan sosegadamente a la luz del sol poniente. Los machos, con su fina cornamenta retorcida, alzaban la cabeza y nos miraban sin temor mientras pasbamos ante ellos por la avenida. Ms all del verde csped divis una hilera de lamos gigantescos entre los que centelleaba el Loira. Luego el sendero se alej del ro y apareci el chteau. Como haba dicho Gideon, era pequeo pero perfecto, con la perfeccin de una miniatura. Sus muros de claro color de paja refulgan bajo el sol poniente, y la luz daba una ptina delicada a la pizarra azulada del tejado del ala principal y de sus dos torreones. Estaba rodeado por una amplia terraza de grandes losas, cercada por una ancha balaustrada sobre la que se vean posados ms de treinta pavos reales, cuyas magnficas colas pendan sobre el cuidado csped. Alrededor de la balaustrada los macizos de flores, primorosamente cuidados, se encendan con ptalos de cien colores diferentes que parecan combinar con las colas de los pavos reales suspendidas entre ellos. Era una vista pasmosa. La calesa se detuvo junto a los anchos escalones, el mayordomo abri la portezuela y Gideon se ape, se quit el sombrero y me dirigi una prolongada reverencia, mientras sonrea con aire malicioso. Bienvenido al Chteau St Claire dijo. As comenzaron para m tres semanas de encanto, pues ms que un trabajo fueron unas vacaciones. Era un gozo vivir en aquel chteau de miniatura, impecablemente cuidado y amueblado. Tambin estaba muy bien cuidado el parquecillo que serpenteaba a orillas del ro, pues cada rbol pareca recin almohazado, el csped esmeralda 14

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peinado cada maana, y los pavos reales, arrastrando sus colas centelleantes entre los slidos rboles, como si acabaran de salir de las manos atentas de Faberg. Combnese esto con una buena bodega y una cocina regida por un chef, semejante a un globo rojo, cuyas manos hacan aparecer como por ensalmo las comidas ms delicadas y aromticas, y se tendr lo ms aproximado a un paraso terrenal. Pasaba las maanas clasificando y catalogando los libros (y era una coleccin de lo ms interesante), y por la tarde Gideon insista en que fusemos a nadar o quiz a dar una vuelta a caballo por el parque, pues posea una pequea cuadra de bellsimos animales. Por la noche, despus de cenar, nos sentbamos a charlar en la terraza, todava caldeada por el sol, y el vino que habamos bebido y la excelente comida que habamos tomado hacan clida y amistosa nuestra conversacin. Gideon era un anfitrin excelente y un brillante narrador, lo cual, unido a su extraordinario don para la mmica, haca de l un compaero de lo ms entretenido. Nunca sabr, por supuesto, si prodigaba deliberadamente todo este encanto para hacerme caer en la trampa. Pienso que no, que verdaderamente le gustaba mi compaa. No es que crea que eso tenga ahora ninguna importancia. Pero ciertamente, a medida que pasaban los das, me senta cada vez ms apegado a Gideon. Sy por naturaleza un ser solitario, y tengo slo un pequesimo crculo de amigos amigos ntimos a los que veo quiz una o dos veces al ao, aunque durante la mayor parte del mismo prefiero mi propia compaa. Sin embargo, la temporada que pas en el chteau con Gideon tuvo un efecto extraordinario sobre m. Empec a darme cuenta de que me haba convertido en algo demasiado parecido a un recluso. Tambin advert con punzante lucidez que todos mis amigos pertenecan a un grupo de edad diferente, mucho ms viejo que el mo. Si poda contarlo como amigo (y desde luego en aquella poca lo haca), Gideon era el nico de los que tena que en lneas generales me igualaba en edad. Bajo su influencia empec a abrirme. Como me dijo una noche, aplastando un delgado cigarro entre sus fuertes dientes blancos y mirndome de soslayo entre el humo azul, "el problema que tienes, querido Peter, es que ests en peligro de convertirte en un joven.chapado a la antigua". Por supuesto me re, pero al pensar en ello me percat de que tena razn. Tambin me di cuenta de que cuando llegara la hora de abandonar el chteau echara mucho de menos su voltil compaa, probablemente ms de lo que me interesaba confesar, incluso a m mismo. En todas nuestras conversaciones Gideon hablaba de su vasta familia con una especie de irnico afecto, contndome ancdotas que ilustraban su estupidez o su excentricidad, nunca maliciosamente sino ms bien con una suerte de buen humor imparcial. Sin embargo, lo curioso es que jams mencion a su to, el marqus, hasta cierta noche. Estbamos sentados en , la terraza, contemplando cmo las blancas lechuzas que vivan en los troncos huecos de los robles del paseo hacan sus primeras arremetidas de caza sobre el verde csped que se extenda ante nosotros. Le haba estado hablando de un libro que saba iba a ser subastado en el otoo, y que pensaba podra conseguirse por unas dos mil libras. Era una obra importante y crea que deba tenerla en su biblioteca como complemento de otros libros sobre la materia con los que contaba. Quera que pujase por l? Sacudi la ceniza de su cigarro sobre un macizo de flores, donde qued brillando como una monstruosa lucirnaga roja, y ri entre dientes con dulzura. Dos mil libras? dijo. Mi querido Peter, desgraciadamente no soy tan rico como para permitirme tales excesos en mis aficiones. Si se muriese mi to sera una historia diferente. Tu to? pregunt con cautela. No saba que tuvieses ningn to. Slo uno, gracias a Dios dijo Gideon, pero por desgracia tiene la llave de la fortuna de la familia, y el viejo cerdo parece ser in destructible. Tiene noventa y un aos, y la ltima vez que le vi, hace uno o dos, no pareca un da mayor de cincuenta. Sin embargo, no creo que a pesar de todos sus esfuerzos sea inmortal, de modo que algn da el diablo le acoger, por fin, en su seno. Ese da feliz heredar una enorme suma de dinero y una biblioteca que te har sentirte envidioso hasta a ti, 15

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mi querido Peter. Hasta que llegue ese da no puedo ir por ah gastndome dos mil libras en un libro. Pero esperar a que un hombre muera es una ocupacin tediosa, y mi to es un tema de conversacin enojoso, de modo que bebamos ms vino y hablemos de algo agradable. Si es enojoso, supone un contraste con el resto de los parientes de los que me has hablado dije a la ligera, confiando en que me diera ms informacin sobre su infame to. Gideon qued callado durante un momento. S, un gran contraste dijo luego, pero del mismo modo que todo pueblo ha de tener su tonto, toda familia debe tener su oveja negra o su loco. Oh, vamos, Gideon protest. Sin duda es una crtica demasiado dura, no? Lo crees as? pregunt, y vi en la penumbra que su cara brillaba de sudor. Crees que soy duro con mi querido pariente? Pero t no has tenido el placer de conocerlo, verdad? No dije, inquieto por la violenta amargura de su voz y deseando haber dejado de lado el asunto, ya que pareca perturbarle tanto. Cuando muri mi madre tuve que vivir durante varios aos con mi querido to, hasta que hered la modesta suma que mi padre me dej en fideicomiso y pude librarme de l. Durante diez aos viv en el purgatorio con ese viejo,cerdo corrupto. Durante diez aos no pas un solo da ni una sola noche sin que estuviera aterrorizado hasta la mdula. No hay palabras para describir su maldad, y no hay trabas en el mundo que puedan impedirle conseguir lo que se propone. Si Satans se pasea por la tierra disfrazado de hombre, no cabe duda de que ha elegido como disfraz la inmunda piel de mi to. Se levant bruscamente y entr en la casa. Qued confuso y alarmado por la vehemencia con la que haba hablado. No saba si seguirle o no, pero al cabo de un rato volvi trayendo la frasca de coac y dos vasos. Se sent y sirvi para ambos una generosa cantidad de licor. Debo disculparme, mi querido Peter, por todo mi histrionismo, por molestarte con un melodrama que sera ms adecuado para el Grande Guigno! que para esta terraza dijo tendindome mi vaso. Me temo que hablar del viejo cerdo de mi to tiene ese efecto sobre m. Hubo una poca en que viv angustiado porque tema que hubiese posedo mi alma... ya sabes las estpidas ideas que tienen los nios. Hace muchos aos que super eso. Pero como puedes ver, todava me incomoda hablar de ello, as que bebamos y hablemos de otras cosas, eh? Convine en ello de todo corazn, y durante cosa de un par de horas conversamos agradablemente. Pero aquella noche fue la nica vez que vi a Gideon irse a la cama indispuesto por el licor. Me sent sumamente culpable, pues cre que mi insistencia en hablar de su to era lo que haba causado en su mente una impresin tan profunda, duradera y desagradable. En el curso de los cuatro aos siguientes llegu a conocer bien a Gideon. Cada vez que vena a Inglaterra se alojaba en mi casa, y yo hice varias visitas deliciosas al Chteau St Claire. Luego, durante un perodo de seis meses, no supe nada de l. Slo pude suponer que se haba visto aquejado por lo que llamaba su enfermedad viajera y haba partido, como sola hacer peridicamente, para Egipto o el Lejano Oriente o incluso Amrica. No obstante, esto coincidi con una poca en que yo mismo estaba sumamente ocupado, por lo que tena poco tiempo para reflexionar sobre el paradero de Gideon. Luego, una noche, llegu a mi casa de Smith Street despus de una larga jornada de trabajo en Aberdeen y encontr esperndome un telegrama de Gideon: Llego Londres lunes treinta puedo quedarme stop to matado heredo biblioteca podrs catalogarla tasarla traslado stop explicar todo cuando nos reunamos saludos Gideon. Me divirti que Gideon, que se enorgulleca de su impecable ingls, hubiera escrito matado en vez de muerto, hasta que lleg y descubr que eso era exactamente lo que le haba sucedido a su to, o al menos lo que pareca haberle sucedido. Gideon lleg la noche del lunes a una 16

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hora bastante tarda, y nada ms verle me di cuenta de que acababa. de pasar por alguna experiencia angustiosa. Sin duda, me dije, no poda ser la muerte de su to lo que le haba afectado tanto. Hubiera esperado ms bien que estuviera contento. Pero mi amigo haba perdido peso, su apuesta cara estaba chupada y plida y tena oscuras ojeras bajo los ojos, que parecan haber perdido de repente todo su brillo y viveza. Cuando le serv un vaso de su vino favorito lo cogi con una mano levemente temblorosa y se lo ech al coleto de un trago como si se tratase de agua. Pareces cansado, Gideon dije. Debes beberte unos cuantos vasos de vino y luego sugiero una cena temprana y la cama. Maana podemos discutir todo lo que haya que discutir. Querido viejo Peter dijo, dirigindome una sombra de su habitual sonrisa efervescente. Por favor, no te comportes como una niera ingle sa y aparta esa expresin preocupada de tu cara. No tengo ninguna enfermedad. Simplemente lo he pasado muy mal durante estas ltimas semanas y ahora estoy padeciendo la reaccin. Pero ya ha acabado todo, gracias a Dios. Te contar todo durante la cena, pero antes te agradecera que me dejases tomar un bao, mi querido amigo. Naturalmente dije al momento, y fui a pedir a Mrs. Manning que preparase un bao para mi amigo y a subir su equipaje a la habitacin de los huspedes. Subi a baarse y a cambiarse, y poco despus le segu. Tanto mi dormitorio como la habitacin de los huspedes tena su propio cuarto de baflo, pues haba suficiente espacio en ese piso como para permitir este pequeo lujo. Acababa de empezar a desnudarme para iniciar mis propias abluciones cuando me sobresalt un fuerte gemido, casi un grito ahogado, seguido del ruido de un cristal al romperse, que parecan provenir del cuarto de bao de Gideon. Cruc apresuradamente el angosto rellano y llam a su puerta. Gideon? grit. Gideon, ests bien? Puedo entrar? No hubo respuesta, por lo que, muy nervioso, entr en la habitacin. Encontr a mi amigo inclinado sobre el lavabo del cuarto de bao, al que se agarraba para sujetarse, con la cara teida de la cadavrica palidez de ciertos quesos y chorreando sudor. El gran espejo que haba sobre el lavabo estaba roto, y sus fragmentos, con los de un frasco quebrado que al parecer haba contenido champ, aparecan esparcidos por el lavabo y el suelo. Lo hizo... lo hizo... lo hizo... musitaba Gideon entre dientes mientras se tambaleaba, agarrndose con fuerza al lavabo. Pareca no ha berse dado cuenta de mi presencia. Le cog del brazo y le llev a la habitacin, donde le hice tumbarse sobre la cama, y luego corr escaleras abajo para encargar a Mrs. Manning que trajera a toda prisa un poco de coac. Cuando volv a la habitacin Gideon tena mejor aspecto, pero yaca con los ojos cerrados y respiraba profundamente, entre estremecimientos, como alguien que acaba de correr una carrera muy reida. Cuando me oy acercarme a la cama abri los ojos y me dirigi una sonrisa fantasmal. Mi querido Peter dijo, me disculpo... tan estpido por mi parte... Me desmay de repente... creo que ha debido ser el viaje y la falta de comida, adems de tu excelente vino... Me temo que ca hacia adelante con ese frasco en la mano y romp tu precioso espejo... Lo lamento tanto... por supuesto te comprar otro. Le dije de modo bastante brusco que no fuese tonto, y luego, cuando Mrs. Manning lleg jadeando con el coac, le obligu a tomar un poco a pesar de sus protestas. Mientras lo beba, Mrs. Manning arregl el desaguisado del cuarto de bao. Ah. Eso est mejor dijo Gideon al fin. Ya me siento completamente reanimado. Lo nico que necesito para ser un hombre nuevo es un agradable bao relajante. Pens que deba tomar la cena en la cama, pero no quiso ni or hablar de ello, y he de decir que cuando media hora despus baj al comedor tena mejor aspecto y pareca mucho ms relajado. Ri y brome con Mrs. Manning mientras nos serva y la felicit profusamente por sus dotes culinarias, jurando que se desembarazara de su chef, la secuestrara y se la llevara a su chteau francs a fin de que cocinase para l. Mrs. qued encantada con l, como siempre suceda, pero me 17

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di cuenta de que le costaba cierto esfuerzo mostrarse tan jovial y encantador. Cuando terminamos, por fin, el budn y el queso, y una vez hubo puesto Mrs. Manning sobre la mesa la frasca de oporto y se hubo despedido, Gideon acept un puro. Despus de encenderlo se reclin en su silla y me sonri a travs del humo. Ahora, Peter empez, puedo contarte algo de lo que ha pasado. Estoy sumamente ansioso por saber qu es lo que te ha llevado a tan triste estado, amigo mo dije con toda sinceridad. Se meti la mano en el bolsillo y sac una pesada llave de hierro con pesados dientes y extremo adornado. La arroj sobre la mesa, donde cay pesadamente. Esta fue una de las causas del problema dijo mirndola lgubremente. La llave de la vida y de la muerte, podra decirse. No te entiendo dije, perplejo. Esta llave fue la razn de que estuvieran a punto de detenerme por asesinato dijo Gideon con una sonrisa. Asesinato? A ti? exclam, atnito. Cmo es posible? Gideon tom un sorbo de oporto y se acomod en su silla. Hace cosa de dos meses recib una carta de mi to en la que me peda que fuera a verle. Lo hice, como puedes imaginarte con considerable re celo, pues ya sabes la opinin que tena de l. Bueno, para abreviar la historia, haba ciertas cosas que quera que hiciese... er... asuntos familiares..: que me negu a hacer. Se puso rabioso y discutimos con encono. Me temo que no le dej abrigar ninguna duda sobre lo que pensaba de l, y los criados nos oyeron discutir. Sal de su casa y segu viaje hasta Marsella para coger un barco en direccin a Marruecos, donde iba a hacer una gira. Dos das despus mi to fue asesinado. As que es por eso por lo que pusiste "to matado" en tu telegrama dije. Me extra. Lo haban matado, y en las circunstancias ms misteriosas que puedan imaginarse dijo Gideon. Lo encontraron en un desvn vaco, en lo alto de la casa, que no contena ms que un gran espejo roto. Presentaba un estado horrendo, con la ropa desgarrada y la garganta y el cuerpo destrozados como por un perro rabioso. Haba sangre por todas partes. Tuve que identificar el cuerpo: No fue una tarea agradable, pues tena la cara tan horriblemente machacada que era casi irreconocible. Se detuvo y tom otro sorbo de oporto. Al cabo de un rato sigui. Pero lo ms curioso del asunto es que el desvn estaba cerrado, cerrado por dentro con esa llave. Pero, cmo pudo ser eso? pregunt, desconcertado. Cmo pudo salir de la. habitacin el asaltante? Eso es exactamente lo que quera saber la Polica contest Gideon secamente. Como sabes, la Polica francesa es muy eficiente pero carece de imaginacin. Su lgica funciona ms o menos del modo siguiente: yo era el nico que sala ganando con la muerte de mi to, porque heredaba la fortuna familiar, su biblioteca y varias granjas diseminadas por toda Francia. Por tanto, como era el nico que sala ganando, en fin, deba ser quien haba cometido el asesinato. Pero eso es ridculo exclam con indignacin. No para un polica dijo Gideon, so, bre todo cuando se enteraron de que en mi ltimo encuentro con mi to habamos discutido amargamente, y una de las cosas que los criados me oyeron decirle fue que deseaba que se muriese ya para dejar el mundo ms limpio. Pero uno es capaz de decir cualquier cosa en el calor de una discusin protest. Todo el mundo sabe que... Y cmo, segn ellos, matas te a tu to y saliste luego de la habitacin dejando la puerta cerrada por dentro?

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Oh, era posible, perfectamente posible respondi Gideon. Se poda haber hecho con unos alicates muy finos, de punta larga, pero sin duda hubieran dejado seales en el extremo de la llav, y como puedes ver no tiene ninguna. El verdadero problema es que al principio no tena ninguna coartada. Haba ido a Marsella, y como haba acortado la visita a mi to, llegu bastante antes de que zarpara el barco. Me aloj en un pequeo hotel, y me entretuve esos pocos das explorando el puerto. No conoca a nadie all, de modo que naturalmente no haba nadie que pudiera confirmar mis movimientos. Como puedes imaginar, llev bastante tiempo reunir a todos los porteros, camareras, maitres d'htel, propietarios de restaurantes, directores de hotel y dems, para demostrar a la Polica, mediante su testimonio, que en realidad estaba en Marsella ocupndome de mis propios asuntos cuando mi to fue asesinado. Pas hacindolo las ltimas seis semanas, y ha sido sumamente agotador. Por qu no me telegrafiaste? pregunt. Podra haber ido al menos para hacerte compaa. Eres muy amable, Peter, pero no quera meter a mis amigos en un asunto tan srdido. Adems, saba que si todo iba bien y la Polica me deja ba ir (cosa que finalmente hicieron despus de quejarse mucho), tendra que pedirte ayuda para algo relacionado con esto. Te ayudar en cualquier cosa que pueda dije. Sabes que slo tienes que pedrmelo, mi querido amigo. Bueno, como te cont pas mi juventud bajo el cuidado de mi to, y tras esa experiencia llegu a aborrecer su casa y todo lo relacionado con ella. Ahora, despus de este ltimo suceso, creo que no podr volver a poner los pies jams en ese lugar. No exagero, pero pienso que si volviera all y me quedara algn tiempo me pondra gravemente enfermo. Convengo en ello dije con firmeza. Bajo ningn concepto debes dar nunca ese paso. Bueno, por supuesto puedo hacer que una agencia de Pars tase y venda los muebles y la casa: eso es fcil. Pero lo ms valioso que hay en la casa es la biblioteca. Aqu es donde intervienes t, Peter. No s si estaras dispuesto a ir all y catalogar y tasar los libros. Luego podr encargarme de que los almacenen hasta que construya para ellos una prolongacin de mi biblioteca. Qu me dices? Por supuesto que ir contest. Con sumo placer. Slo tienes que decirme cundo quieres que vaya. No ir contigo, estars completamente solo me advirti Gideon. Soy un ser solitario, como ya te he dicho re, y mientras tenga cierta cantidad de libros para entretenerme me lo pasar estupendamente, no te preocupes. Quiero que se haga lo antes posible dijo Gideon, para poder desembarazarme de la casa. Cundo puedes ir? Consult mi agenda y descubr que afortunadamente tena ante m un perodo bastante flojo. Qu te parece hacia el final de la prxima semana? pregunt, y la cara de Gideon se ilumin. Tan pronto? dijo, encantado. Sera esplndido! Puedo reunirme contigo en la estacin de Fontaine el viernes prximo. Te viene eso bien? Perfectamente dije, y no tardar en clasificarte los libros. Ahora, otro vaso de oporto y luego deberas irte a acostar. Mi querido Peter, qu prdida eres para Harley Street brome Gideon, pero sigui mi consejo. Durante la noche despert dos veces, creyendo que le oa gritar, pero despus de escuchar durante un rato todo estaba en calma, y conclu que haba sido slo mi imaginacin. AL da siguiente parti para Francia, y empec a hacer mis preparativos para seguirle, guardando en mi equipaje suficientes cosas para una prolongada estancia en casa del difunto to. 19

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Toda Europa estaba entumecida por un invierno glacial, y ciertamente no era el tiempo ms adecuado para viajar. En realidad, aparte de Gideon nadie hubiera conseguido que abandonara mi casa con aquel tiempo. Cruzar el Canal supuso una pesadilla, y cuando llegu a Pars me senta tan enfermo que no pude hacer ms que tomar un poco de caldo y meterme en seguida en la cama. El da siguiente amaneci glido, con un viento cortante, un cielo gris y cortinas de lluvia torrencial que te aguijoneaban la cara. Finalmente logr llegar a la estacin y tom el tren para lo que me pareci un viaje interminable, en el curso del cual tuve que hacer diversos trasbordos y esperas en estaciones cada vez ms inhspitas, hasta que qued tan aterido de fro que apenas poda pensar cabalmente. Todos los ros tenan un borde de hielo difano a lo largo de sus orillas, y los lagos y estanques volvan helados ojos vacos hacia el gris acerado del cielo. Por fin, el ltimo tren local que haba tomado se arrastr mugriento y jadeante por las vas de la estacin de Fontaine. Me ape y me abr paso con mi equipaje hasta el diminuto despacho de billetes y la minscula sala de espera. All descubr con alivio una anticuada y ventruda estufa, alimentada con races de castao y casi al rojo vivo. Amonton mi equipaje en un rincn y pas algn tiempo deshelndome, pues la calefaccin del tren era mnima. No haba seal alguna de Gideon. Al cabo de un rato, calentado por el fuego y por un sorbo de coac que haba tomado de mi petaca de viaje, empec a sentirme mejor. Pas media hora y empec a preocuparme por la ausencia de Gideon. Sal al andn y descubr que el cielo gris pareca haberse acercado a la tierra y empezaban a caer algunos copos de nieve, enormes copos difanos, del tamao de media corona, que auguraban una tormenta de nieve de considerables proporciones en un futuro no demasiado lejano. Me preguntaba si debera intentar acercarme caminando al pueblo cuando o ruido de cascos y apareci en la carretera un coche conducido por Gideon, que vena envuelto en un lustroso abrigo de pieles y tocado con un gorro de astracn. Siento muchsimo haberte tenido esperando tanto tiempo, Peter dijo mientras me estrechaba la mano, pero parece que nos cae encima una catstrofe tras otra. Ven, djame ayudarte con tus bultos y te pondr al corriente durante el trayecto. Recogimos el equipaje, lo cargamos en el coche y luego mont en el pescante junto a Gideon y me cubr agradecidamente con la gruesa manta de pieles que haba trado. Hizo girar al caballo, chasque el ltigo y partimos a buen paso bajo los copos de nieve, que ahora caan con bastante rapidez. El viento nos azotaba la cara y nos haca lagrimear, pero Gideon mantuvo al caballo a trote ligero. Estoy ansioso por llegar antes de que empiece de verdad la tormenta de nieve dijo, y por eso voy a este paso tan poco civilizado. Estas tormentas de aqu pueden llegar a ser muy crudas. A veces se pasa nevando sin parar varios das. Ciertamente est siendo un duro invierno dije. El peor que hemos tenido desde hace cincuenta aos dijo Gideon. Llegamos al pueblo y Gideon guard silencio mientras guiaba el caballo por las estrechas y desiertas calles, blancas ya por la nieve cuajada. De vez en cuando sala un perro de una callejuela y corra ladrando junto a nosotros durante un trecho, pero aparte de sta no haba ninguna otra seal de vida. Antes bien, todo pareca indicar que el pueblo estaba deshabitado. Me temo, mi querido Peter, que una vez ms tendr que abusar de tu afabilidad dijo Gideon sonrindome, con el gorro y las cejas blan cas de nieve. Tarde o temprano mis exigencias a nuestra amistad acabarn por agotar tu paciencia. Tonteras dije, dime tan slo cul es el problema. Bueno dijo Gideon, iba a dejarte al cuidado de FranQois y su esposa, que eran los criados de mi to. Por desgracia, cuando esta maana llegu a la casa descubr que Marie, la esposa de FranQois, haba resbalado en los escalones helados de la entrada principal y haba cado desde una altura de unos diez metros sobre las rocas, rompindose ambas piernas. Me temo que las tiene terriblemente astilladas, y no tengo muchas esperanzas de que las salve.

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Pobre mujer, qu horrible exclam. S sigui Gideon. Naturalmente, FranQois estaba casi frentico cuando llegu, y lo nico que pude hacer fue llevarles a ambos al hospital de Milau, cosa que me llev ms de dos horas. Por eso he tardado tanto en venir a recogerte. Eso no tiene ninguna importancia dije. Tenas que llevarles al hospital, por supuesto. : S, pero ello ha originado un nuevo problema dijo Gideon. Mira, mi to no le gustaba a ninguno de los del pueblo, y FranQois y Marie eran la nica pareja que estaba dispuesta a trabajar para l. Como ambos estn en Milau, no hay nadie que pueda cuidar de ti, al menos hasta que dentro de dos o tres das vuelva FranQois. Mi querido amigo, no te preocupes por eso re. Te aseguro que estoy bastante acostumbrado a aparmelas por mi cuenta. Si dispon go de comida, vino y fuego estar muy bien, te lo prometo. Oh, tendrs todo eso dijo Gideon.. La despensa est bien provista, y abajo, en la fresquera de la caza, hay una pierna de venado, medio jabal, algunos faisanes y perdices y unos cuantos patos silvestres. Hay vino en abundancia, pues mi to tena una buena bodega, y el stano est lleno de races de castao y leos de pino, de modo que estars caliente. Adems, los animales te harn compaa. Animales? Qu animales? pregunt con curiosidad. Un perrito llamado Agrippa dijo riendo Gideon, un gatazo muy tonto llamado Clair de Lune, o Clair para abreviar, una jaula llena de canarios y pinzones variados, y un loro viejsimo que se llama Octavius. Una autntica casa de fieras exclam. Gracias a que me gustan los animales. En serio, Peter dijo Gideon, dirigindome una de sus miradas tan penetrantes, ests seguro de que te las apaars bien? Me parece una imposicin terrible. Tonteras dije de corazn, para qu estn los amigos? La nieve caa con saa, y slo veamos una o dos yardas ms all de las orejas del caballo, tan densas eran las nubes arremolinadas de enormes co pos. Acabbamos de entrar en una de las gargantas tributarias que conducan a la propia Gorge du Tarn. A mano izquierda surgan amenazadoramente los riscos pardos y negros, salpicados de manchas de nieve en cornisas y salientes, que en algunos trechos pendan de modo literal sobre la angosta carretera. A mano derecha el terreno se cortaba casi a pico, con una cada de unos doscientos metros sobre la garganta, en cuyo fondo, a travs de las cortinas de nieve arrastradas por el viento, se vislumbraba de vez en cuando el verde ro, con las rocas desplomadas coronadas de nieve y una capa de hielo en las orillas. La carretera estaba llena de baches, deteriorada por la nieve y el agua, y cubierta a trechos de placas de hielo que hacan resbalar y tropezar al caballo, retrasando nuestra marcha. En cierto momento, un pequeo alud de nieve se desprendi de la cara de un risco con un ruido siseante y se desplom pesadamente ante nosotros sobre la carretera, asustando de tal modo al caballo que Gideon tuvo que luchar con denuedo para dominarlo. Durante varios minutos espeluznantes tem que nos precipitsemos con el coche y el aterrorizado caballo por el precipicio de la garganta y nos hundiramos en el ro que corra por su fondo. Pero finalmente Gideon logr dominarle y seguimos a paso lento nuestro camino. Al cabo de un rato la garganta se ensanch levemente y poco despus, al doblar un recodo, nos vimos ante la extraa mole de la casa del to de Gi deon. Era un edificio extraordinario, y creo que debo describirlo con cierto detenimiento. Dir para empezar que todo l se elevaba sobre un imponente peasco que sobresala considerablemente del ro, formando lo que slo puede describirse como una isla, de aspecto bastante similar al de un tringulo issceles, con la casa en lo alto. Un puente de piedra, slido y viejsimo, la una con la carretera. Los elevados muros exteriores de la casa caan a pico sobre las rocas y el ro, pero tras cruzar el puente y pasar bajo un enorme arco, guardado por gruesas puertas de roble, descubras que el edificio estaba construido alrededor de un gran patio central, enguijarrado y con un estanque con fuente en el medio. La fuente 21

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representaba un delfn sostenido en alto por querubines, todo ello brillante de hielo y cargado de carmbanos. Las numerosas ventanas que miraban al patio estaban en su totalidad cegadas por una orla de enormes carmbanos que colgaban de cada cor nisa. Entre las ventanas haba grgolas monstruosas que representaban diversas formas de vida animal, conocidas y desconocidas por la ciencia, cada una de las cuales pareca ms maligna que la anterior; el hielo y la nieve que desdibujaban sus rasgos no mejoraban su aspecto, sino que pareca que te miraban emboscadas tras ellos. Cuando Gideon detuvo al caballo junto a las escaleras que conducan a la puerta principal, omos los ladridos del perro en el interior. Mi amigo abri la puerta con una gran llave herrumbrosa, e inmediatamente se abalanz fuera el perro ladrando de forma estrepitosa y meneando el rabo con placer. El gatazo blanquinegro se mostr ms circunspecto y no se dign a salir a la nieve, sino que se qued en la entrada arqueando el lomo y maullando. Gideon me ayud a llevar mis bultos hasta el gran vestbulo de mrmol, de donde parta una bonita escalera que conduca a los pisos superiores de la casa. Todos los cuadros, espejos y muebles estaban cubiertos con sbanas polvorientas. Lamento lo de las fundas dijo Gideon. Me pareci que nada ms entrar en la casa se haba puesto nervioso e inquieto. Pensaba haberlas qui tado esta maana para que encontraras la casa ms habitable, pero entre unas cosas y otras no he tenido tiempo. No te preocupes dije mientras haca fiestas al perro y al gato, que reclamaban al mismo tiempo mi atencin. No voy a ocupar toda la ca sa, de modo que slo quitar las sbanas de las habitaciones que utilice. S, s dijo Gideon, mesndose los cabellos con manos nerviosas. Tienes la cama hecha... tu dormitorio es la segunda puerta a la izquierda desde lo alto de las escaleras. Ahora ven conmigo y te ensear la cocina y la bodega. Me condujo por el vestbulo hasta una puerta oculta bajo la escalera principal. Tras abrirla baj por unos anchos escalones que describan una espiral, internndose en la oscuridad. AL cabo de un rato llegamos a un pasadizo que conduca a una gigantesca cocina enlosada, junto la cual se abran cavernosos stanos y una espaciosa despensa, fra como un glaciar, en la que se vean piezas de caza, pollos, patos, piernas de cordero y cuartos traseros de vaca colgados de ganchos o sobre los estantes de mrmol que corran alrededor de las paredes. En la cocina haba un gran fogn, con cada fuego cuidadosamente dispuesto, y una enorme mesa en el centro sobre la que haba diversos comestibles que a juicio de Gideon podra necesitar: arroz, lentejas negras como el holln, patatas, zanahorias y otras verduras en grandes cestas, potes de barro con mantequilla y conservas, y una pila de hogazas de pan recin hecho. En el lado opuesto, frente a los stanos y la despensa, estaba la pesada puerta de la bodega, cerrada y candada. Obviamente, el to de Gideon no confiaba en el servicio en lo que ataa a bebidas alcohlicas. La bodega era pequea, pero una rpida ojeada me permiti advertir que contena algunos vinos de excelentes cosechas. Srvete de ella sin reparos dijo Gideon. Hay aqu vinos realmente muy buenos, y supondrn una pequea compensacin por tu estancia solitaria en este lgubre lugar. Quieres que pase todo el tiempo embriagado? re. No acabara nunca de tasar los libros. Pero no te preocupes, Gideon, estar perfectamente. Tengo comida y vino en cantidad suficiente para un ejrcito, combustible de sobra para el fuego, un perro, un gato y muchos pjaros para hacerme compaa, y una amplia e interesante biblioteca. Qu ms puede desear un hombre? Por cierto, la mayor parte de los libros est en la Galera Larga, en el ala sur de la casa. No hace falta que te la ensee... es bastante fcil de en contrar, y realmente es hora ya de que me ponga en camino dijo Gideon mientras me conduca de vuelta al vestbulo. Se meti la mano en el bolsillo y sac un enorme manojo de llaves antiguas. Las llaves del reino dijo con una dbil sonrisa. No creo que haya nada cerrado, pero si es as brelo, por favor. Dir a FranQois que vuelva para cuidar de ti tan pronto como su esposa est fuera de peligro, y en cuanto a m, regresar dentro de unas cuatro semanas. Supongo que para entonces habrs terminado tu trabajo. 22

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Es fcil que sea as dije. En realidad, si termino antes te mandar un telegrama. En serio, Peter dijo cogindome la mano. Te aseguro que me siento profundamente en deuda contigo por lo que ests haciendo. No lo olvidar. Tonteras, amigo mo contest. Me produce un gran placer servirte de ayuda. Me qued en la entrada de la casa, con el perro jadeando a mi lado y el gato arquendose en torno a mis piernas mientras ronroneaba con fuer za, y contempl cmo Gideon montaba en el coche, se envolva en la manta y arreaba al caballo con las riendas. Parti ste al trote, y mientras lo guiaba hacia la entrada del patio Gideon levant el ltigo en seal de saludo. Desapareci bajo el arco, y el ruido de los cascos qued pronto amortiguado por la nieve y se extingui totalmente. Tras coger el clido y sedoso cuerpo del gato y silbar al perro, que haba perseguido al coche hasta el arco entre eufricos ladridos, entr de nuevo en la casa y ech el cerrojo de la puerta principal: Lo primero que tena que hacer era explorar la casa y averiguar dnde estaban los diversos libros con los que haba venido a trabajar, para po der as decidir qu habitaciones necesitaba abrir. Haba visto sobre una mesa del vestbulo un gran candelabro de plata, de seis brazos, con una caja de cerillas al lado. Resolv utilizarlo en mis exploraciones, pues as me ahorrara la tediosa necesidad de abrir y cerrar innumerables contraventanas. Encend las velas y acompaado por el ansioso y bullicioso perro, cuyas uas repicaban como castauelas sobre los suelos desnudos, me puse en marcha. Todo el piso bajo estaba distribuido en tres habitaciones grandsimas y una ms pequea, lo cual comprenda el saln, el comedor, un estudio y un saloncito. Resultaba bastante extrao que esta habitacin que llam el saln azul, pues estaba decorada en diversas tonalidades de azul y orofuera la nica que estaba cerrada, y tard algn tiempo en encontrar la llave que la abra. Este saln formaba un extremo del edificio, y por eso era alargado y estrecho, con forma de caja de zapatos y grandes ventanas a cada lado. La puerta por la que se entraba estaba en medio de una de las paredes ms largas, y colgando de la opuesta haba uno de los espejos ms grandes que he visto en mi vida. Extendido desde el suelo hasta tocar casi el techo, deba tener al menos tres metros de altura y unos doce de anchura. Estaba levemente deslustrado, lo que le daba un agradable tinte azulado parecido al de las aguas de un lago poco profundo, pero todava reflejaba con claridad y precisin. Lo rodeaba un ancho marco dorado, de talla muy trabajada, que representaba diversas ninfas y stiros, unicornios, grifos y otros animales fabulosos. El marco era de suyo una obra de arte. Sentndose en uno de los cmodos sillones que haba a cada lado de la chimenea uno poda ver la habitacin entera reflejada en este notable espejo, y aunque era un poco estrecha te daba una gran sensacin de espacio. El tamao, la comodidad y debo admitirlo la novedad de este saln me decidieron a hacer de l mi cuarto de estar, y tard muy poco tiempo en quitar las fundas polvorientas de los muebles y encender un crepitante fuego de races de castao en la chimenea. Luego fui por la jaula de pinzones y canarios y la puse en un extremo de la habitacin junto con el loro Octavius, al que pareci agradar el cambio, pues se revolvi las plumas, lade la cabeza y silb unos cuantos compases de la Marsellesa. El perro y el gato se tendieron inmediatamente frente al fuego y se quedaron dormidos con aire satisfecho. Abandonado as por mis compaeros, cog el candelabro y prosegu en solitario la exploracin de la casa. El primer piso consista sobre todo en dormitorios y cuartos de bao, pero todo un ala d la casa (el que cerraba el cuadrado alrededor del patio) estaba formado por una habitacin enorme, la Galera Larga a la que se haba referido Gideon. A lo largo de una de las paredes de esta prolongada y amplia habitacin haba ventanas altsimas, y frente a cada una de ellas un espejo, similar al del piso de abajo pero ms alto y estrecho. Entre estos espejos se vean estanteras de lustroso roble, y apilados al azar sobre los anaqueles haba infinidad de libros, algunos puestos de lado y otros boca abajo en total confusin. Una rpida mirada me bast para darme cuenta de que la biblioteca estaba tan desordenada que tardara un tiempo considerable en clasificar los libros por materias antes 23

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incluso de empezar a catalogarlos y valorarlos. Dejando a la Galera Larga amortajada por sbanas polvorientas y con las contraventanas an cerradas, me dirig al segundo piso. Aqu slo ha ba desvanes. En uno de ellos encontr el marco dorado de un espejo y me estremec, pues supuse que era el desvn en el que haba encontrado la muerte el to de Gideon. El marco del espejo era idntico al del saln azul, pero de dimensiones mucho menores. Tambin mostraba stiros, unicornios, grifos e hipogrifos, pero adems haba una pequea zona en lo alto, tallada en forma de medalln, en la que se vean grabadas las siguientes palabras: Soy tu siervo. Alimntate y librame. Yo soy t . No parecan tener ningn sentido. Cerr la puerta de este desvn y, reprendindome por mi cobarda, la asegur con llave y me sent en consecuencia mucho mejor. Cuando termin de bajar las escaleras y llegu al saln azul me vi saludado con entusiasmo por el perro y el gato, como si hubiera pasado varios das de viaje. Advert que estaban hambrientos. AL mismo tiempo me di cuenta de que yo tambin tena hambre, pues con la excitacin de la llegada a la casa y su exploracin me haba olvidado de prepararme algo de comer, y pasaban ya de las seis de la tarde. Acompaado por los ansiosos animales baj a la cocina a fin de hacer algo para todos nosotros. Coc para el perro unos trozos de cordero, y un pollito para el gato, todo ello acompaado con arroz y patatas hervidas, con lo qu quedaron encantados con su men. Yo me hice un gran filete a la parrilla con una variada guarnicin de verduras, y escog en la bodega una excelente botella de vino tinto. Cuando todo ello estuvo listo lo llev al saln, y tras acercar mi silln al fuego me sent cmodamente y empec a comer con ganas. AL cabo de un rato, repletos de comida, el perro y el gato se reunieron conmigo y se tumbaron frente al fuego. Una vez se hubieron acomodado me levant y cerr la puerta, pues vena una fra corriente de aire del gran vestbulo, que ahora, con su suelo de mrmol, estaba fro como una nevera. Cuando termin de comer me reclin con satisfaccin en el silln, dando sorbos de vino y contemplando las llamas azules que corran de ac para all sobre las races de castao en la chimenea. Me senta relajado y feliz, y el vino, fuerte y sabroso, estaba produciendo en m un efecto soporfero. Dorm quiz por espacio de una hora. De pronto despert enteramente con un estremecimiento nervioso, como si alguien hubiera gritado mi nombre. Prest atencin, pero los nicos sonidos que se oan eran la suave respiracin del perro y el ronroneo satisfecho del gato, hecho un ovillo en el silln que tena enfrente. Reinaba tal silencio que poda or la leve crepitacin y los chasquidos de las races de castao en la chimenea. Sintindome seguro de que haba imaginado algn ruido y, sin embargo, indeciblemente intranquilo por alguna razn que no poda discernir, puse otro leo en el fuego y volv a acomodarme en el silln para echar un sueecito. Fue entonces cuando mir casualmente al espejo que tena enfrente y advert que, en el reflejo, la puerta del saln que haba cerrado cuidadosa mente estaba ahora entreabierta. Sorprendido, gir en redondo y mir hacia la puerta verdadera, para descubrir slo que estaba tan perfectamente cerrada como la haba dejado. Volv a mirar al espejo y me asegur de que mis ojos ayudados por el vinono me estaban jugando una mala pasada. Pero no caba duda alguna: en el reflejo, la puerta apareca ligeramente entreabierta. Estaba all sentado, mirando al espejo y preguntndome qu juego de luz y reflejos poda producir el efecto de una puerta abierta si la que causaba el reflejo estaba a todas luces cerrada, cuando advert algo que me hizo incorporarme, atnito y desasosegado. La puerta reflejada se abra todava ms. Mir de nuevo hacia la puerta verdadera y vi que segua firmemente cerrada. Sin embargo, su reflejo en el espejo se abra lentamente, milmetro a milmetro. Me qued contemplndolo, mientras los pelos de la nuca se me ponan de punta. De repente, en torno al borde de la puerta, apareci sobre la alfombra algo que a primera vista tom por una especie de oruga. Era alargado, arrugado y de color blanco amarillento, y tena en la punta un largo cuerno ennegrecido. Se encorv y escarb con su cuerno en la superficie de la alfombra de un modo que jams haba visto en ninguna oruga. Luego, lentamente, se retir detrs de la puerta. 24

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Descubr que estaba sudando. Mir una vez ms a la puerta verdadera para asegurarme de que estaba cerrada, pues no me haca ninguna gracia que aquella oruga o lo que fuera se arrastrase a mi lado por la habitacin. La puerta segua cerrada. Tom un trago de vino para calmar mis nervios, y me disgust ver que me temblaba la mano. Aqu estaba yo, que nunca haba credo en fantasmas o apariciones o encantamientos o cualquier otra supersticin por el estilo, imaginando que vea cosas en un espejo y convencindome hasta tal punto de que eran reales que me senta verdaderamente asustado. Era ridculo, me dije mientras beba el vino. Haba alguna explicacin perfectamente racional para todo ello. Me qued sentado en el silln, mirando con gran atencin al reflejo en el espejo. Durante largo rato no ocurri nada, y luego la puerta del espejo se entreabri de golpe y apareci de nuevo la oruga. Esta vez surgi otra junto a ella, y luego, tras una pausa, otra ms. De repente se me hel la sangre en las venas, pues me di cuenta de lo que eran. No eran orugas, sino dedos de un amarillo desvado rematados con largas uas negras y curvadas, como gigantescas espinas deformes de rosal. En el preciso momento en que advert esto apareci la mano entera, que palpaba flojamente la alfombra mientras avanzaba. Era la mano de un esqueleto, cubierta de amarillenta piel apergaminada de la que sobresalan como nueces nudillos y articulaciones. Busc a tientas por la alfombra, mostrando la descarnada mueca de la que brotaban los dedos como tentculos de alguna extraa anmona marina, una anmona surgida de las profundidades en cuya perpetua oscuridad se haba vuelto plida. Luego se retir lentamente tras la puerta. Me estremec al pensar qu clase de cuerpo ira unido a aquella horrible mano. Esper durante cosa de un cuarto de hora, espantado de que pudiera aparecer de repente tras la puerta del espejo, pero no sucedi nada. Al cabo de un rato empec a impacientarme. Trataba todava de convencerme de que todo ello no haba sido ms que una alucinacin provocada por el vino y el calor del fuego, pero no lo lograba. Pues all estaba la puerta del saln azul, cuidadosamente cerrada para protegerme de la corriente de aire, mientras que la puerta del espejo segua entreabierta y algo pareca acechar tras ella. Deseaba acercarme al espejo para examinarlo, pero no me atreva. En lugar de ello se me ocurri un plan que pens me mostrara si estaba imaginando cosas o no. Despert a Agrippa, el perro, y haciendo una bola con la hoja del peridico que haba estado leyendo la arroj al otro lado de la habitacin, de modo que cay junto a la puerta cerrada. En el espejo qued al lado de la puerta entreabierta. Ms por agradarme que por otra cosa, pues estaba medio dormido, Agrippa corri tras ella. Agarrndome a los brazos del silln contempl su reflejo en el espejo mientras se acercaba a la puerta. Lleg junto a la bola de papel y se detuvo para recogerla. Entonces ocurri algo tan espeluznante que apenas pude dar crdito a mis ojos. La puerta del espej se abri un poco ms y sbitamente apareci la mano seguida de un largo y blanco brazo descarnado. Agarr por el pescuezo al perro del espejo y lo arrastr velozmente, pateando y debatindose, al otro lado de la puerta. Agrippa haba vuelto ya a mi lado tras cobrar la bola de papel, pero no me fij en l, pues tena la mirada clavada en el espejo. Pocos minutos despus reapareci de repente la mano. Era mi imaginacin o ahora pareca ms fuerte? En cualquier caso, se curv en torno a la hoja de la puerta y la cerr por completo, dejando en la pintura blanca una serie de huellas de dedos ensangrentados que me revolvieron el estmago. El Agrippa real, con la bola de papel de peridico en la boca, me olfateaba la pierna solicitando mi aprobacin, mientras que Dios sabe qu destino habra corrido su reflejo detrs de la puerta del espejo. Decir que estaba temblando es decir poco. Apenas poda dar crdito a la evidencia de mis sentidos. Me qued sentado mirando hacia el espejo durante largo rato, pero no sucedi nada ms. Finalmente, todava con un hormigueo de miedo en la piel, me levant y examin el espejo y la puerta que daba entrada al saln. Ambos tenan un aspecto completamente normal. Senta un deseo acuciante de abrir la puerta y comprobar si tambin se abra su reflejo en el espejo, pero si he de ser 25

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sincero, tena demasiado miedo de molestar a aquello que acechaba tras la puerta del espejo, fuera lo que fuera. Mir hacia lo alto del espejo y por primera vez vi que tena la misma inscripcin que haba encontrado en el del desvn: Soy tu siervo. Alimnta me y librame. Yo soy t . Me pregunt si aquello se referira al ser que estaba tras la puerta. Alimntame y librame, era eso lo que haba hecho yo al dejar que el perro se acercara a la puerta? Estaba ahora aquel ser devorando al perro que haba atrapado en el espejo? Me estremec al pensarlo. Decid que lo nico que poda hacer era conseguir un buen descanso nocturno, pues estaba agotado y sobreexcitado. AL da siguiente, me asegur a m mismo, encontrara alguna explicacin cabal para todo aquel galimatas. Tras coger al gato y llamar al perro (pues, si he de decir la verdad, necesitaba la compaa de los animales), sal del saln azul. Mientras cerraba la puerta me qued helado de espanto al or una voz ronca y spera que me deseaba Bonne nuit en tono mimoso. Uno o dos instantes despus me di cuenta de que haba sido el loro Octavius, y casi me desmay de alivio. El gato Clair dormitaba pacficamente en mis brazos, pero tuve que animar un poco a Agrippa para que me acompaara al piso de arriba, pues era obvio que nunca le haban permitido pasar del piso bajo. AL final, con recelo que pronto se convirti en excitacin por la novedad, me sigui escaleras arriba. El fuego del dormitorio se haba apagado, pero el aire estaba an caliente. Me desnud y me met en la cama sin ms prembulos, con Agrippa a un lado y Clair al otro. Me consolaba mucho sentir junto a m sus clidos cuerpos, pero no me avergenza decir que adems dej las velas encendidas y la puerta de la habitacin bien cerrada. AL da siguiente, nada ms despertar, advert inmediatamente el silencio. Abr las contraventanas y hall en el exterior un mundo embozado por la nieve. Deba haber estado nevando con regularidad durante toda la noche, y ahora haba grandes montones blancos sobre la superficie de las rocas, en los rboles desnudos, a lo largo de la orilla del ro y sobre el puente que una la casa con la tierra firme, donde se haba apilado un gran colchn de nieve de unos dos metros de profundidad. Todos los alfizares de las ventanas y todos los salientes de los aleros ostentaban un temible arsenal de carmbanos, y los alfizares aparecan esmaltados por una delgada capa de hielo. El cielo tena un tinte gris oscuro y estaba bajo, por lo que me di cuenta de que se avecinaba ms nieve an. Aunque hubiera querido abandonar la casa, las carreteras estaban ya intransitables; otra nevada ms y quedara completamente aislado del mundo exterior. Debo decir que, al recordar mis experiencias de la noche anterior, este hecho me hizo sentirme un tanto intranquilo. Pero me reprend, y cuando termin de vestirme me las haba arreglado ya para convencerme de que mi experiencia en el saln azul haba sido fruto de un exceso de buen vino y de una imaginacin sobreexcitada. Calmado as, baj las escaleras, cog en brazos a Clair, llam a Agrippa y cobrando valor abr de golpe la puerta del saln azul y entr. Esta ba como lo haba dejado, los platos sucios y la botella de vino junto a mi silln, y las races de castao de la chimenea convertidas en ceniza de un delicado tono gris que se agit levemente por obra de la sbita corriente de aire que entr por la puerta. Pero era lo nico que se agitaba en la habitacin. Todo estaba en orden. Todo era normal. Exhal un suspiro de alivio. Hasta que no estuve en medio de la habitacin no ech una ojeada al espejo. Me detuve sbitamente como si hubiera topado con un muro de ladrillos, y la sangre se me hel en las venas, pues no poda creer lo que estaba viendo. En el espejo me reflejaba yo con el gato en brazos, pero no haba ningn perro a mis talones, aunque Agrippa me estaba olfateando los tobillos. Durante varios segundos qued estupefacto donde estaba, incapaz de dar crdito al testimonio de mis sentidos, mirando primero al perro que tena a los pies y luego al espejo sin 26

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reflejo del animal. Yo, el gato y el resto de la habitacin estbamos reflejados con perfecta claridad, pero no haba ninguna imagen de Agrippa. Dej caer al gato al suelo (donde sigui reflejndolo el espejo) y cog en brazos a Agrippa. Aparec en el espejo sosteniendo en brazos un objeto imaginario. Cog apresuradamente el gato y as, con Clair bajo un brazo y un perro invisible bajo el otro, sal del saln azul y cerr concienzudamente la puerta a mis espaldas. Una vez en la cocina me avergonz descubrir que me temblaban las manos. Di un poco de leche a los animales (la forma en que Agrippa des pach la suya no dej duda alguna de que era un animal de carne y hueso) y me prepar algo para desayunar. Mientra frea huevos y jamn muy ahumado tena la mente ocupada por lo que haba visto en el saln azul. A menos que estuviera loco y nunca me haba sentido ms cuerdo en toda mi vida, me vea obligado a admitir que haba experimentado lo que haba visto, por muy increble que me pareciese y de hecho me parece an. Aunque me aterrorizaba lo que fuera que estuviera acechando tras la puerta del espejo, me senta tambin lleno de una curiosidad irresistible, un deseo de ver cmo era el ser que posea aquella descarnada mano cerlea, aquel demacrado brazo amarillento. Decid que aquella misma noche intentara hacer salir al ser para poder as examinarlo: Lo que me propona hacer me llenaba de horror, pero mi curiosidad era mayor que mi miedo. Pas el da catalogando libros en el estudio, y al anochecer encend de nuevo la chimenea del saln, me prepar la cena, la sub junto con una botella de vino y me acomod junto al fuego. Sin embargo, esta vez haba tomado la precaucin de armarme con un slido bastn de bano. Esto me dio cierta sensacin de seguridad, aunque slo el cielo sabe de qu podra servir un bastn contra un adversario surgido de un espejo. Segn result, armarme con aquel bastn fue lo peor que poda haber hecho, y estuvo a punto de costarme la vida. Cen con los ojos clavados en el espejo, mientras los dos animales dorman a mis pies como haban hecho la noche anterior. Cuando termin de cenar segua sin haber ningn cambio en la imagen de la puerta reflejada en el espejo. Me reclin en el silln, observndolo entre sorbos de vino. Una hora despus el fuego empez a menguar. Me levant a alimentarlo con algunos leos, y acababa de volverme a sentar cuando vi que el tirador de la puerta empezaba a girar con suma lentitud. Milmetro a milmetro, la puerta se abri ms o menos un pie. Resultaba increble que la apertura de una puerta pudiera estar cargada de tantas amenazas, pero la forma lenta y furtiva en que se deslizaba por la alfombra era indescriptiblemente maligna. Luego apareci la mano, que avanzaba muy despacio, curvndose sobre la alfombra hasta que la mueca y parte del amarillento antebrazo quedaron a la vista. Se detuvo durante un momento, flccidamente posada sobre la alfombra; luego, como si el ser que controlaba la mano estuviera ciego, empez a tantear a su alrededor de una forma que daba nuseas. Me pareci el momento adecuado para poner en marcha el plan que con tanto cuidado haba preparado. Haba dejado deliberadamente sin comer a Clair para que estuviera hambriento; ahora le despert y agit bajo su nariz un trozo de carne que haba trado con este propsito de la cocina. Sus ojos se agrandaron y dej escapar un fuerte maullido de excitacin. Agit la carne bajo su nariz hasta que se puso frentico y luego la arroj por la habitacin de modo que cayera sobre la alfombra cerca de la puerta firmemente cerrada. Comprob en el espejo que haba cado cerca, pero no demasiado cerca de la mano que segua tanteando ciegamente a su alrededor. Lanzando un fuerte gemido de hambre, Clair cruz rpidamente la habitacin en su busca. Confiaba en que el gato pasara lo bastante lejos de la puerta como para tentar al ser a abrirla, pero pronto me di cuenta de que haba cado demasiado cerca: Cuando el reflejo de Clair se detuvo y el gato se inclin para coger la carne con la boca, la mano dej su ciego tanteo. Lanzndose hacia adelante con una rapidez increble, agarr a Clair por la cola y lo arrastr, debatindose y retorcindose, detrs de la puerta. Como la vez anterior, momentos despus reapareci la mano, se curv en torno a la puerta y la cerr lentamente, dejando en la madera huellas de dedos ensangrentados.

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Pens que lo que haca doblemente horrible todo aquello era el contraste entre la rapidez y ferocidad con que la mano aferraba su presa y la for ma lenta y furtiva en que abra y cerraba la puerta. Clair volvi entonces con la carne en la boca para comrsela cmodamente junto al fuego, y al igual que Agrippa, no pareca haber empeorado nada por haberse quedado sin reflejo. Aunque vel hasta despus de medianoche, la mano no volvi a aparecer. Entonces cog a los animales y me fui a la cama, decidido a idear un plan por la maana que obligara a mostrarse a la cosa que haba tras la puerta. Al anochecer del da siguiente haba terminado ya la clasificacin y el catlogo preliminares de los libros de la planta baja de la casa. El paso si guiente era subir a la Galera Larga, donde estaba albergado el grueso de la biblioteca. Aquel da me senta un tanto cansado, de modo que hacia las cinco decid salir a dar una vuelta para respirar un poco de aire fresco. Pero mis esperanzas quedaron frustradas. Haba estado nevando sin parar desde mi llegada, y ahora los relucientes montones de nieve eran tan altos que no poda atravesarlos. La nica forma de salir del patio central y cruzar el puente hubiera sido abrir un sendero, y esto hubiera supuesto apartar una crujiente capa de nieve de unos dos metros de profundidad. Algunos de los carmbanos que colgaban de los canalones, los alfizares de las ventanas y las grgolas tenan un metro o metro y medio de largo, y eran tan gruesos como mi brazo. Los animales no quisieron acompaarme, pese a lo cual intent dar unos pasos por aquel espacioso mundo blanco, tan silencioso y fro como el fondo de un pozo. La nieve protestaba bajo mis pies con crujidos semejantes a chillidos de ratones, y me hunda en ella hasta las rodillas, por lo que no tard en abrirme paso de nuevo hasta la casa. Segua nevando con copos tan grandes como relojes de diente de len, que espesaban la pasta blanca depositada sobre las tejas y aguilones del tejado. Reinaba ese silencio completo que trae la nieve, sin ningn ruido, ningn canto de pjaros, ningn silbido del viento; un silencio casi tangible, como si una crujiente bufanda blanca amordazara al mundo vivo. Frotndome las manos heladas me apresur a entrar, cerr la puerta principal y me dirig a la cocina para prepararme la cena. Mientras se haca encend una vez ms la chimenea del saln azul, y cuando estuvo lista la sub hasta all, como tena ya por costumbre, en compaa de los animales. Me arm de nuevo con el slido bastn, y esto me produjo un pequeo consuelo. Tom la cena y beb el vino mientras observaba el espejo, pero la mano no apareci. Me preguntaba dnde estara. Merodeaba por ah, explorando un reflejo de la casa oculto tras el espejo, un reflejo que yo no poda ver? O exista slo cuando se converta en reflejo sobre el espejo que yo contemplaba? Meditando en estas cosas, y calentado por el fuego, me adormec, y al cabo de un rato me qued profundamente dormido en contra de mi voluntad. Deba llevar durmiendo cosa de una hora cuando me despert bruscamente el sonido de una voz, una voz delgada y cascada que cantaba de modo estridente: Auprs de ma blonde, auprs de ma blonde, Qu'il fait bon dormir... Despus se oy una spera carcajada histrica. Medio dormido como estaba, tard un momento en darme cuenta de que la cancin y la carcajada provenan de Octavius. La impresin de or de repente una voz humana como aquella fue considerable, y el corazn me lata a ritmo acelerado. Ech una ojeada a la habitacin y comprob que las jaulas de los canarios y Octavius seguan donde las haba dejado. Luego mir al espejo, y me qued paralizado en el silln. Sufr una revulsin y un terror que sobrepasaba cualquier emocin que haba sentido hasta entonces. Mi deseo se haba cumplido, y la cosa de detrs de la puerta haba aparecido. Con qu fervor implor a Dios, cuando la contempl, que me hubiera hecho cerrar el saln azul despus de la primera noche para no volver a entrar jams en l. El ser debo llamarlo as, pues apenas pareca humano era pequeo y jorobado, y llevaba lo que me pareci a todas luces un sudario, una prenda de lino amarillento salpicada de manchas de moho y suciedad, desgarrada en algunos sitios en que el tejido se haba desgastado, enrollada por 28

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arriba como una bufanda en torno a la cabeza de la cosa. En aquel momento, lo nico que resultaba visible de su cara era un flequillo desigual de pelo naranja desvado que caa sobre una frente enteramente surcada de arrugas, y debajo, dos grandes ojos de color amarillo claro que miraban con la feroz arrogancia impersonal de los de un macho cabro. Ms abajo, una de las plidas manos de la cosa, rematada con negras uas, sostena en su lugar el arrugado sudario. Se encontraba tras la gran jaula que haba albergado a los canarios. La jaula estaba ahora retorcida y destrozada, destripada como un caballo en el ruedo, y cubierta de una nube de plumas amarillas que se pegaban a las manchas de sangre de los barrotes. Advert que haba unas cuantas plumas amarillas entre los dedos de la mano del ser. Mientras le contemplaba, se traslad de los restos de la jaula de los canarios a la mesa de al lado, donde haba puesto la del loro. Se mova lentamente, con una acusada cojera, y ms que otra cosa pareca arrastrar un pie despus del otro. Lleg a la jaula, en la que el reflejo de Octavius se balanceaba de un lado a otro sobre su percha. El pjaro real de la habitacin segua cantando y profiriendo de vez en cuando agudas carcajadas. En el espejo, el ser contemplaba al loro en la jaula con sus feroces ojos amarillos. Luego, las manos de la cosa se lanzaron sbitamente hacia adelante y sus dedos se curvaron sobre los barrotes, retorcindolos y separndolos. Como tena ambas manos ocupadas, la parte del sudario que cubra la cara resbal, revelando el rostro ms repugnante que he visto en mi vida. La mayor parte de los rasgos que haba debajo de los ojos parecan haber sido devorados, bien por pudricin o por alguna enfermedad semejante a la lepra. Donde debera haber estado la nariz haba slo dos agujeros negros de bordes desiguales. Le faltaba toda una mejilla, por lo que los huesos de la mandbula superior e inferior, con encas mohosas y dientes cariados, aparecan a la vista. Hilos de saliva brotaban de la boca y caan sobre los pliegues del sudario. Finas arrugas surcaban lo que quedaba de los labios, por lo que parecan fuertemente cosidos con un hilo de algodn. Lo que empeoraba todo ello, como espectculo macabro, era que uno de los repugnantes dedos del ser llevaba un gran anillo de oro sobre el que un palo fulguraba como el fuego cuando mova la mano, ocupada en retorcer el metal de la jaula. En una aparicin tan cadavrica, este refinamiento serva slo para realzar su repulsivo aspecto. Finalmente consigui separar bastante los alambres como para meter las manos en la jaula por el hueco. El loro segua menendose y balan cendose sobre su percha, mientras que el verdadero Octavius segua cantando y riendo. El ser agarr al loro, que alete y se debati en sus manos, mientras Octavius continuaba cantando. Sac al pjaro de la jaula rota, lo alz hasta su obscena boca y le parti el crneo como si fuera una nuez. Luego empez a sorber con deleite los sesos del crneo destrozado, mientras algunas plumas y fragmentos de hueso y cerebro se mezclaban con la saliva que caa de la boca de la cosa sobre el sudario. Sent tal repulsin y al mismo tiempo tal rabia ante lo que haca el ser que agarr el bastn y me puse en pie, temblando de clera. Me acerqu al espejo, y segn lo haca y apareca mi reflejo, me di cuenta de que (en el espejo) me estaba acercando a la cosa por detrs. Segu avanzando hasta que estuve junto a ella en el reflejo, y entonces levant el bastn. De repente los ojos del ser parecieron echar llamaradas en su cara desintegrada. Interrumpi su nauseabundo banquete y dej caer al suelo el cadver del loro, volvindose al mismo tiempo para encarar mi reflejo con tal rapidez que me cogi de improviso y me qued all, mirndole, con el bastn levantado. El ser no dud ni un instante, sino que se lanz hacia adelante y aferr mi garganta del reflejo con sus fuertes y enjutas manos. Este repentino ataque hizo tambalearse hacia atrs a mi reflejo, que dej caer el bastn. El ser y mi reflejo cayeron detrs de la mesa y les vi revolcndose por el suelo. Horrorizado, dej caer el bastn, y corriendo hasta el espejo golpe intilmente contra el cristal. AL cabo de un rato ces todo movimiento detrs de la mesa. No vea lo que pasaba, pero convencido de que el ser estaba tratando a mi reflejo como haba tratado al del perro y el gato, segu golpeando contra la superficie 29

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de cristal. Al fin sali el ser de detrs de la mesa, movindose con aire inseguro y jadeando. Me daba la espalda. Permaneci as durante unos segundos; luego se agach, y agarrando mi cuerpo del reflejo lo arrastr lentamente tras la puerta. Mientras lo haca advert que el cuerpo tena la garganta desgarrada. Al cabo de un rato reapareci el ser, relamindose los labios de antemano. Entonces cogi el bastn de bano y volvi a desaparecer. Estuvo unos diez minutos fuera, y cuando regres vena devorando para mi horror y clera una mano cortada, como un hombre zampndose una alita de pollo. Olvidando todo miedo volv a golpear el espejo. Lentamente, como si tratara de decidir de dnde vena el ruido, el ser se volvi, con los ojos destellando de un modo terrible y la cara cubierta de sangre que slo poda ser ma. Me vio, y sus ojos se agrandaron con una expresin feroz y maliciosa que me dej helado. Empez a acercarse lentamente al espejo, y mientras lo haca dej mi vano martilleo sobre el cristal y retroced, aterrado por la amenaza que lea en los ojos cabrunos de la cosa. Avanz despacio, con sus fieros ojos clavados en m como si me acechara. Cuando estuvo cerca del espejo alarg las manos y toc el cristal, dejando huellas de dedos ensangrentados y plumas grises y amarillas pegadas a l. Palp delicadamente la superficie del espejo, como lo hara alguien para comprobar la fragilidad del hielo en un estanque, y luego convirti sus espantosas manos en puos nudosos y golpe furiosa y repetidamente el cristal, produciendo un tamborileo sobrecogedor en la silenciosa estancia. Despus abri las manos y volvi a palpar el cristal. El ser se me qued contemplando durante un momento, como si meditara. Era evidente que me vea, y slo pude concluir que aunque mi cuer po no se reflejara en mi lado del espejo, haba de ser visible como reflejo en el espejo que formaba parte del mundo de azogue en el que habitaba aquel ser. De repente, como si hubiera tomado alguna decisin, se volvi y ech a cojear por la habitacin. Desapareci por la puerta slo para reaparecer un instante despus, con gran alarma por mi parte, llevando en las manos el bastn de bano que haba llevado mi reflejo. Me di cuenta con terror de que si poda or al ser golpear el cristal con sus manos, deba ser de alguna forma slido. Esto significaba que si acometa el espejo con el bastn, lo ms probable era que el cristal se hiciera aicos y que el ser pudiera entonces abrirse paso de algn modo hasta m. Mientras cojeaba por la habitacin me decid. Ni yo ni los animales bamos a permanecer un minuto ms en el saln azul. Corr hasta donde estaban los animales, dormidos frente al fuego, y cogindolos en brazos atraves apresuradamente la habitacin y los arroj sin ceremonia al vestbulo. Mientras me volva y corra hacia las jaulas de los pjaros el ser lleg al espejo, hizo girar el bastn en torno a su cabeza y lo dej caer con estrpito. Vi que parte del espejo se emblanqueca y astillaba como el hielo de un estanque al golpearlo con una piedra. No esper ms. Cog las dos jaulas, cruc a toda prisa la habitacin, las arroj al vestbulo y sal tras ellas. Mientras agarraba la puerta y empezaba a cerrarla o otro golpe estrepitoso. Vi un gran trozo de espejo que caa tintineando al suelo, y en el hueco que dej, sobresaliendo en el saln azul, el brazo descarnado y torcido del ser con el bastn de bano en ristre. No esper a ver ms, sino que cerr la puerta de golpe, hice girar la llave en la cerradura y me apoy contra la slida madera con el corazn desbocado, la cara baada en sudor. Instantes despus recobr el nimo y baj a la cocina, donde me serv una buena medida de coac. La mano me temblaba tanto que apenas poda sostener el vaso. Orden desesperadamente mis ideas y trat de reflexionar. Me daba la impresin de que, una vez roto, el espejo le serva al ser como entrada a mi mundo. No saba si esto suceda as con aquel espejo concreto o con todos, ni tampoco si le impedira la entrada o le ayudara a lograrla en caso de que rompiera cualquier espejo que pudiera servir como tal. Temblaba de miedo pero saba que tena que hacer algo, pues era obvio que el ser me perseguira por toda la casa. Baj al stano, encontr un hacha corta de hoja ancha y luego, 30

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recogiendo el candelabro, sub de nuevo al piso bajo. La puerta del saln azul estaba firmemente cerrada. Cobr nimos y entr en el estudio de al lado, donde saba que haba un espejo de tamao medio colgado de la pared. Me acerqu a l, con el candelabro en alto y el hacha preparada. Era una curiosa sensacin estar frente a un espejo sin verte. Me qued as un momento y luego me sobrecog de terror, pues en el espejo, donde de bera haber estado mi reflejo, apareci la cadavrica cara del ser mirndome con ojos dementes y lascivos. Saba que era el momento en que tendra que comprobar mi teora, pero aun as vacil un segundo antes de descargar el hacha contra el cristal, que se astill y cay al suelo en aicos de forma estrepitosa. Despus de dar el golpe retroced y me qued con el arma en alto, dispuesto a presentar batalla si el ser trataba de abrirse paso hasta m a travs del espejo, pero pareca que con la desaparicin del cristal haba desaparecido tambin el ser. Supe que mi idea era acertada: si se rompa el espejo desde mi lado dejaba de ser una entrada. Para salvarme tena que romper todos los espejos de la casa y hacerlo deprisa, antes de que el ser los alcanzara y los atravesara. Alzando el candelabro pas rpidamente al comedor, donde haba un gran espejo al que llegu en el preciso momento en que lo haca el ser. Por fortuna lo hice aicos de un golpe antes de que el ser pudiera romperlo con el bastn que todava llevaba. Movindome todo lo deprisa que poda sin apagar las velas, sub al primer piso. Una vez all fui rpidamente de dormitorio en dormitorio, y de cuarto de bao en cuarto de bao, haciendo estragos. El miedo debi prestar alas a mis pies, pues llegu a todos los espejos antes de que lo hiciera el ser, y me las arregl para romperlos sin ver seal alguna de mi adversario. Slo quedaba ya la Galera Larga, con sus diez enormes espejos, ms o menos, colgando entre las altas estanteras. Me dirig hacia ella con la mxima rapidez posible, andando por alguna estpida razn de puntillas. AL llegar a la puerta me asalt el terror ante la idea de que el ser hubiera llegado antes que yo y me estuviera esperando en la oscuridad. Pegu la oreja a la puerta, pero no o nada. Respirando profundamente, la abr de golpe y sostuve el candelabro en alto. Ante m estaba la Galera Larga envuelta en una suave oscuridad aterciopelada, tan annima como la de la madriguera de un topo. Entr en ella y las llamas oscilaron y se retorcieron al extremo de las velas, agitando las sombras que. ocultaban el suelo y las paredes como fnebres gallardetes negros. Di unos pasos por la habitacin tratando de atisbar el extremo opuesto de la galera, demasiado lejano para que le alcanzara la luz de mis velas, pero me pareci que todos los espejos estaban intactos. Dej apresuradamente el candelabro sobre una mesa y me volv hacia la larga hilera de espejos. En aquel momento el corazn me dio un vuelco al or un fuerte estrpito tintineante. Un instante despus me di cuenta con mareante alivio de que lo que haba odo no era el ruido de un espejo al romperse, sino el de un gran carmbano que se haba desprendido de una de las ventanas y se haba estrellado contra el patio, produciendo un sonido semejante. Saba que tena que actuar rpidamente antes de que aquella cojeante monstruosidad se arrastrara hasta la Galera Larga y entrara en ella. Agarr con fuerza el hacha y fui de espejo en espejo, provocando una destruccin que hubiera encantado a una pandilla de colegiales. Golpeaba una y otra vez con el hacha la tersa superficie, como un hombre rompiendo el hielo de un lago, y el cristal se astillaba y emblanqueca y luego resbalaba, con los aicos repicando musicalmente mientras caan, para estrellarse con estrpito contra el suelo. En medio de aquel silencio, el ruido era extraordinariamente fuerte. Llegue al penltimo espejo. Mientras la hoja de mi hacha lo haca aicos, el de al lado se agriet y rompi, y por la abertura apareci el bastn de bano, sostenido por aquella horrible mano. En mi terror dej caer el hacha, me volv y ech a correr, detenindome slo para coger al vuelo el candelabro. Cuando cerraba la puerta de golpe entrev algo blanco que luchaba por salir del espejo ms lejano de la Galera. Me apoy contra la puerta con el corazn desbocado, temblando de espanto, y escuch. A travs de la puerta cerrada me llegaron dbilmente rui dos casi imperceptibles de cristal tintineante; 31

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luego se hizo el silencio. Aguc el odo, pero no o nada. Luego sent contra la espalda el tirador de la puerta, que giraba lentamente. Helado de miedo, me apart de un salto y contempl fascinado cmo se mova el tirador, hasta que el ser se dio cuenta de que la puerta estaba cerrada con llave. Entonces o un alarido de ira frustrada, un grito agudo, spero e indescriptiblemente maligno y amenazador, tan espantoso que a punto estuve de dejar caer el candelabro. Me apoy contra la pared, temblando y enjugndome el sudor de la cara, pero lleno de alivio. Todos los espejos de la casa estaban rotos, y firme mente cerradas las dos nicas habitaciones a las que tena acceso aquella cosa. Por primera vez en veinticuatro horas me sent seguro. En el interior de la Galera Larga, el ser se arrastraba en torno a la puerta como un cerdo en una pocilga. Luego dio otro grito espeluznante de ira frustrada y se hizo el silencio. Prest atencin durante varios minutos pero no o nada, por lo que alzando el candelabro empec a bajar la escaleras. Me detuve varias veces a escuchar. Descenda lentamente, para que el roce de mi manga contra el abrigo no estorbara mi escucha. Contena el aliento. Slo oa a mi corazn, martilleando contra mis costados como una mano desesperada, y la leve crepitacin de las llamas de las velas, que oscilaban al comps de mis movimientos: Lentamente, con todos los sentidos alerta, descend hacia el piso bajo de aquella adusta y fra casa deshabitada. Me detuve a escuchar en el descansillo del tramo de escaleras que conduca al vestbulo, y me qued tan quieto que hasta las llamas de las velas permanecieron erguidas, como un bosquecillo de cipreses de color naranja. No o nada: Dej escapar el aliento de un lento suspiro de alivio, dobl el recodo y vi lo nico que haba olvidado, el espejo de cuerpo entero que penda al pie de la escalera. El horror me hizo casi dejar caer el candelabro. Lo agarr de modo ms firme con mis manos sudorosas. All estaba el espejo, colgando inocentemente de la pared, reflejando slo algo tan poco alarmante como el tramo de escaleras que estaba a punto de descender. Todo estaba en silencio. Rogu que la cosa siguiera an en el piso de arriba, arrastrndose en torno a los restos de una docena de espejos rotos. Empec a bajar lentamente las escaleras. A medio camino me detuve de repente, paralizado por el miedo, pues en lo alto del espejo, segn descenda hacia el vestbulo, aparecieron reflejados los pies deformes y descalzos del ser. Me sent inmovilizado por el pnico, y no supe qu hacer. Saba que deba romper el espejo antes de que el ser descendiera hasta el nivel en que podra verme, pero para hacer esto tendra que arrojar contra l el candelabro, y ello me dejara a oscuras. Y suponiendo que fallara? Que aquella cosa monstruosa me atrapara en las escaleras en medio de la oscuridad era ms de lo que poda soportar. Vacil, y vacil durante demasiado tiempo, pues el renqueante ser baj las escaleras con sorprendente rapidez, valindose del bastn para apoyarse y agarrndose a la barandilla con la otra cadavrica mano, sobre la que el anillo del palo reluca al comps de sus movimientos. Aparecieron su cabeza y su cara en descomposicin, me mir ferozmente a travs del espejo y gru. Segua sin poder hacer nada. Estaba clavado en aquel sitio, sosteniendo en alto el candelabro, y me senta incapaz de moverme. Me pareca ms importante tener luz para ver lo que haca el ser que intentar utilizar el candelabro para romper el espejo. El ser ech hacia atrs su descarnado brazo, alz el bastn y lo dej caer. Se oy un ruido estrepitoso, los aicos del espejo se volvieron opacos y mientras caan apareci entre ellos el brazo de la criatura. Cay ms cristal, hasta que estuvo todo en el suelo y el marco qued despejado. Arrastrndose y gimiendo vidamente, como un perro al que hubieran mostrado un plato de comida, el ser sali por el hueco y cay sobre los trozos del espejo, que crujieron y se quebraron bajo sus pies. Con los llameantes ojos clavados en m, abri la boca y profiri un agudo chillido de triunfo, mientras caa la saliva de los restos putrefactos de sus mejillas. O cmo rechinaban sus dientes cuando los hizo entrechocar. Era una visin tan espantosa que el pnico me oblig a hacer algo. Rogando que mi puntera fuera buena, alc el pesado candelabro y lo arroj contra el ser. Durante un instante pareci quedar 32

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suspendido en el aire, con las velas an encendidas, mientras la cosa me miraba con fiereza entre los restos del espejo; luego el pesado y vistoso arma le golpe. Mientras se apagaban las velas o el golpe sordo y el gruido que dio el ser, seguidos del ruido que hizo el candelabro al chocar contra el suelo de mrmol y del de un cuerpo cayendo. Luego se hizo la oscuridad y un silencio absoluto. No poda moverme. Temblaba de miedo y esperaba sentir de un momento a otro aquellas horrendas manos blancas cerrndose en torno a mi garganta o mis tobillos. No sucedi nada. Ignoro cuntos minutos estuve as. Al fin o un leve suspiro gorgoteante, y luego se hizo de nuevo el silencio. Inmvil en la oscuridad esper, pero sigui sin pasar nada. Cobrando valor me met la mano en el bolsillo para sacar las cerillas. Las manos me temblaban tanto que me result muy difcil encender una, pero al final lo consegu. La dbil luz que arrojaba slo me dej entrever que el ser yaca encogido bajo el espejo, un bulto encorvado que pareca muy oscuro bajo la parpadeante llamita. Pens que o estaba inconsciente o estaba muerto, y luego lanc una maldicin cuando la cerilla me quem los dedos, y la dej caer. Encend otra y descend cautelosamente las escaleras. Tambin aqulla se apag antes de que llegara al pie de las escaleras, y me vi obligado a detenerme para encender otra. Me inclin sobre la cosa, acercando la cerilla, y luego retroced con sbito horror ante lo que vi. All, con la cabeza en un charco de sangre, yaca Gideon. A la parpadeante luz de la cerilla, mientras la cabeza me daba vueltas, me qued mirando fijamente su rostro. Vesta como la ltima vez que le vi. El gorro de astracn se le haba desprendido de la cabeza, y la sangre manaba a borbotones de su sien, donde le haba golpeado el candelabro. Le auscult el pecho y le tom el pulso, pero estaba muerto. Despojados ahora del fuego de su personalidad, sus ojos me miraban ciegamente. Volv a encender las velas y luego me sent en las escaleras y trat de entenderlo. Todava hoy sigo intentndolo. Ahorrar a mis lectores los detalles de mi subsiguiente detencin y juicio. Todos aquellos que leen peridicos recordarn mi humillacin; cmo no quisieron creer (sobre todo cuando encontraron los cadveres estrangulados y medio devorados del perro, el gato y los pjaros) que despus de aparecer el ser nos habamos convertido meramente en reflejos en su espejo. Si yo mismo era incapaz de encontrar una explicacin, imaginen cmo encar la Polica todo el asunto. Los peridicos me llamaron el Monstruo de la Gorge, y pidieron mi sangre con voces estridentes. Descartando mi historia sobre el ser, la Polica consider que el hecho de que Gideon me hubiera dejado una gran suma de dinero en su testamento bastaba como prueba. Protest en vano que haba sido yo, Dios sabe a costa de cuanto esfuerzo, quien se haba abierto paso a travs de la nieve para pedir ayuda. Para la Polica, que no cree en cosas de brujera (como tampoco crea yo antes de esto), la respuesta era simple: haba matado a mi amigo por dinero y luego me haba inventado aquel cuento chino sobre el ser del espejo. La evidencia en contra ma era demasiado fuerte, y el escndalo de la Prensa, al avivar las llamas de la opinin pblica, sentenci mi destino. Yo era un monstruo y deba ser castigado. De modo que me condenaron a muerte, a morir bajo la cuchilla de la guillotina. El alba no est ya lejana, y es entonces cuando voy a morir. He pasado el rato escribiendo esta historia con la esperanza de que cualquiera que la lea pueda creerme. Nunca me ha gustado la muerte en la guillotina: me ha parecido siempre uno de los mtodos ms brbaros de matar a un hombre. Por supuesto me tienen vigilado, as que no puedo burlar a la que los franceses, con su macabro sentido del humor, llaman la viuda. Pero me han preguntado si tengo algn ltimo deseo, y han accedido a dejarme un espejo de cuerpo entero a fin de que me vista para la ocasin. Tengo inters en ver qu ocurrir. Aqu conclua el manuscrito. Debajo, escrito con una letra diferente, estaba el sobrio informe siguiente: El preso fue hallado muerto ante el espejo. La muerte se debi a un ataque cardaco. Doctor Lepitre. Los truenos seguan retumbando en el exterior, y el fogonazo de los relmpagos iluminaba a 33

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intervalos la habitacin. No me avergenza decir que me acerqu al espejo del tocador y colgu sobre l una toalla. Cogiendo luego al bulldog, volv a acostarme y me acomod con l entre las sbanas.

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El viaje inauguralPor mucha facilidad de palabra que uno tenga, el cerebro tiende a desfallecer cuando unotrata de describir la plaza de San Marcos de Venecia bajo una luna llena de verano color amarillo narciso. Los edificios parecen hechos de dulcsimo turrn desmigajado, con las ms bellas tonalidades de rojos y pardos y delicadas rosas otoales. Puedes sentarte y esperar, fascinado, a que salgan las diminutas figuras moriscas que cada cuarto de hora golpean la gran campana de la catedral de San Marcos, hacindola resonar y vibrar por la inmensa plaza. Aquel anochecer tena un encanto que slo Venecia puede tener, estropeado nicamente por la aglomeracin de mi beligerante familia, agrupada en torno a dos mesas sembradas de bebidas y platitos de aperitivos. Desgraciadamente haba sido idea de mi madre, y como haba sucedido a lo largo de toda su vida, lo que haba concebido como un placer haba empezado ya, incluso en esta temprana etapa, a convertirse en un fiasco que la arrastraba lenta pero inexorablemente hacia esa picota que toda familia reserva para sus padres. No me hubiera importado que hubieras tenido la decencia de decrmelo por adelantado. Al menos hubiera podido desafiar a la muerte viajan do en avin dijo Larry, mi hermano mayor, mirando con aire abatido uno de los numerosos vasos que un camarero enojosamente feliz haba depositado ante l. Pero, qu te indujo, en nombre del cielo, a reservarnos pasaje a todos en un barco griego para una travesa de tres das? Quiero decir que es tan estpido como hacer deliberadamente una reserva para el Titanic. Pens que sera ms alegre, y los griegos son muy buenos marineros contest mi madre a la defensiva. A fin de cuentas es su viaje inaugural. Siempre gritas el lobo antes de que aparezca terci Margo. Creo que fue una brillante idea por parte de Madre. Debo decir que estoy de acuerdo con Larry dijo Leslie, con la obvia renuencia que todos compartamos al mostrarnos de acuerdo con nuestro hermano mayor. Todos sabemos cmo son los barcos griegos. No todos ellos, querido dijo Madre. Algunos deben estar bien. Bueno, lo nico que podemos hacer ya al respecto es maldecir dijo Larry lgubremente. Nos has condenado a viajar en ese maldito barco, que sin duda hubiera rechazado el Viejo Marinero borracho. Tonteras, Larry dijo Madre. Siempre exageras. El hombre de la agencia Cook habl de l en trminos muy elogiosos. Dijo que el bar estaba lleno de vida chill Margo triunfalmente. Dios Todopoderoso! exclam Leslie. Y para remojar nuestros espritus paganos convino Larry, la ms repugnante seleccin de vinos griegos, cuyo sabor hace pensar que los han sacado de la renuente yugular de un camello hermafrodita. No seas asqueroso, Larry dijo Margo. Mira protest con vehemencia Larry, me habis sacado a rastras de Francia con el malhadado propsito de volver a visitar los lugares de nuestra 35

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juventud, muy en contra de mi propio parecer. Ya estoy empezando a lamentarlo, y eso que no hemos llegado ms que a Venecia, por el amor de Dios. Ya estoy estragando lo que me queda de hgado con Laccrima Christi, en lugar de buen y decente Beaujolais. Ya estn asaltando mis sentidos en cada restaurante grandes montones de spaghetti, como una especie de horrendo caldo de cultivo para tenias, en lugar de filetes Charolais. Larry, me gustara que no hablases de ese modo dijo Madre. No hay ninguna necesidad de ser ordinario. A pesar de las tres orquestinas que tocaban diversas melodas en diversas esquinas de la gran plaza, de las voces de italianos y turistas, y del somnoliento zureo de las palomas sonmbulas, pareca que media Venecia escuchaba con embeleso nuestra pelea familiar privada. Todo ir perfectamente bien cuando estemos a bordo dijo Margo. Al fin y al cabo, estaremos entre griegos. Creo que eso es lo que preocupa a Larry observ Leslie lgubremente. Bueno dijo Madre, tratando de introducir un aire de falsa seguridad en el lance, debemos irnos. Vamos a coger uno de esos vaporizadores para ir al puerto. Pagamos la cuenta, nos encaminamos desordenadamente hacia el Gran Canal y montamos en una de las lanchas de motor que mi madre, con su magistral dominio del italiano, insista en llamar vaporizadores. Como no son tan eruditos, los italianos las llaman vaporettos. Venecia ofreca una vista esplndida mientras avanzbamos lentamente por el Canal, pasando frente a las grandes casas y dejando atrs los reflejos ondeantes de las luces en el agua. Hasta Larry tuvo que admitir que supona una leve mejora respecto a las luminarias de Blakpool. Finalmente atracamos en los muelles, que como todos los muelles del mundo parecan haber sido diseados por Dante (en un mal momento) mientras planeaba su Infierno. Nos agrupamos en charcos de luz fosforescente que nos haca parecer a todos como sacados de una de las primeras pelculas de terror de Hollywood, y que destrua por completo la luz de la luna, plateada ahora como una telaraa. Ni siquiera alivi nuestro abatimiento la visin de la diminuta figura de Madre tratando de convencer a tres rapaces mozos venecianos de que no necesitbamos ninguna ayuda para llevar nuestro abigarrado equipaje. La discusin se desarrollaba en un ingls elemental. Nosotros ingleses. Nosotros no hablar italiano gritaba con tono desesperado, aadiendo un extrao torrente de palabras compuesto de indostan, griego, francs y alemn, las cuales no tenan la ms mnima relacin entre s. Esta era la forma en que mi madre se comunicaba con cualquier extranjero, ya fuera australiano o esquimal, pero no logr ms que mitigar momentneamente nuestra postracin. Nos quedamos all contemplando los tramos del Canal que penetraban en nuestra zona del muelle. De repente hizo aparicin un barco que ni el ms torpe de los marineros de agua dulce hubiera considerado jams en condiciones de navegar. En algn momento de su carrera haba sido utilizado como una especie de vapor de navegacin costera y tamao razonable, pero ni siquiera en aquellos das, virginal y recin pintado, poda haber sido hermoso. Ahora, tristemente desprovisto de cualquiera de las galas que bajo aquella horrible luz fosforescente podra haberlo convertido en un orgulloso navo, no era nada. Haca muchos aos que no reciba una mano de pintura, y a lo largo de sus costados, como desagradables llagas y costras, se vean grandes retazos de herrumbre. Como una mujer con zapatos de tacn excesivamente alto que hubiera tenido la desgracia de perder uno de ellos, tena una fuerte escora a estribor. Su aspecto totalmente desaseado era bastante penoso, pero cuando vir para acercarse a lo largo del muelle se puso de manifiesto la indignidad final. Era un enorme y astroso agujero en la proa por el cual hubieran podido pasar lado con lado dos Rolls. Esta terrible desfloracin se vea agravada por el hecho de que no se haba intentado remediarla con ninguna clase de primeros auxilios, ni siquiera de los ms rudimentarios. Las 36

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planchas del casco se curvaban hacia dentro en el lugar del impacto como un gigantesco crisantemo. Perdida el habla, observamos cmo se deslizaba a lo largo del muelle; all, encima del inmenso agujero que tena en la proa, estaba escrito su nombre: el Poseidn. Dios santo! suspir Larry. Es espantoso dijo Leslie, el miembro ms nutico de la familia. Fijaos en la escora. Pero es nuestro barco chill Margo. Madre, es nuestro barco! Tonteras, querida, no puede ser dijo Madre, colocndose bien las gafas y mirando con ojos de miope y aire esperanzado al barco que pasaba ante nosotros. Tres das en esto dijo Larry. Ser peor que la experiencia del Viejo Marinero, recordad lo que os digo. Confo en que hagan algo para arreglar ese agujero antes de que zarpemos dijo Madre con aire preocupado. Qu esperas que hagan? Taparlo con una manta? pregunt Larry. Pero seguramente el capitn lo habr notado dijo Madre, desconcertada. Creo que ni siquiera un capitn griego puede ignorar el hecho de que hace bien poco le han dado a alguien un golpecito bastante fuerte dijo Larry. Entrarn las olas gimi Margo. No quiero olas en mi camarote. Todos mis vestidos se estropearn. Imagino que todos los camarotes estn ya inundados observ Leslie. Nos vendrn muy bien las aletas y los tubos de respiracin dijo Larry. Qu novedad, tener que nadar para bajar a cenar. Cmo voy a disfrutar con todo ello: Bueno, en cuanto subamos a bordo debers ir a hablar con el capitn decidi Madre. Es posible que no estuviera a bordo cuando sucedi, y que nadie se lo haya dicho. Madre, de verdad que me irritas dijo Larry con tono de enfado. Qu esperas que le diga al tipo? Perdneme, Kyrie Capitano, seor, pero, saba usted que tiene carcoma en la proa? Larry, siempre complicas las cosas se quej Madre. Sabes que no s griego, si no lo hara yo. Dile que no quiero olas en mi camarote insisti Margo. Dado que debemos zarpar esta noche, no veo forma alguna de que lo arreglen observ Leslie. Exactamente dijo Larry. Pero Madre parece creer que yo soy una especie de reencarnacin de No. Bueno, tendr algo que decir al respecto cuando est a bordo dijo Madre con aire beligerante mientras subamos por la pasarela. En lo alto de la pasarela nos recibi un camarero griego de aspecto romntico (con ojos tan dulces y tiernos como pensamientos negros) que llevaba un uniforme arrugado de un blanco grisceo, al que le faltaban la mayora de los botones. Sus charreteras sin brillo le sealaban como el contador de navo, y su sonriente peticin de pasaportes y pasajes apestaba tanto a ajo que Madre retrocedi tambalendose para apoyarse contra la barandilla, sofocada su pregunta sobre la proa del barco. Habla ingls? pregunt Margo, refrenando valientemente sus nervios olfatorios con ms rapidez que Madre. 37

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Poco respondi l, inclinndose. Bueno, no quiero olas en mi camarote dijo Margo con firmeza. Estropeara mi ropa. Damos todo lo que pida contest. Si quiere moza, le doy mi moza. Ella... No, no exclam Margo, las olas. Ya sabe... agua. Todo camaroto est teniendo duchas de agua corriente caliente y fra dijo l con dignidad. Tambin hay bao o club noctorno teniendo baile y vino y agua. Me gustara que dejaras de rerte y nos ayudaras, Larry dijo Madre, tapndose la nariz con su pauelo para repeler el olor del ajo, tan fuerte que uno tena la impresin de que era como una nube trmula en torno a la cabeza del contador de navo. Larry se recobr y con un griego fluido (que encant al contador de navo) obtuvo en rpida sucesin la informacin de que el barco no se estaba hundiendo, que no haba olas en los camarotes y que el capitn lo saba todo sobre el accidente y haba sido responsable del mismo. Prudentemente, Larry no comunic a Madre esta ltima informacin. Mientras el contador de navo acompaaba a Madre y a Margo de manera amistosa y aromtica a los camarotes, los dems seguimos sus indicaciones sobre cmo llegar al bar. Cuando lo localizamos nos quedamos sin habla. Pareca el saln revestido de caoba de uno de los ms tristes clubs londinenses. Grandes sillas y sofs de cuero color chocolate llenaban desordenadamente el local, entremezclados con formidables mesas de roble ahumado. Esparcidas alrededor haba enormes macetas de latn de Benars, de las que surgan palmeras astrosas y polvorientas. En medio de este fnebre esplendor haba un diminuto suelo de parqu para bailar, flanqueado a un lado por el pequeo bar que contena un virulento surtido de bebidas, y al otro por un pequeo estrado, rodeado por un verdadero bosque de palmeras en maceta. En medio del mismo, atrapados como moscas en mbar, haba tres lgubres msicos vestidos con levitas, pecheras de celuloide y unas fajas que parecan datar de alrededor de 1890. Uno tocaba en un viejo piano vertical y con una tuba, otro sostena el violn con una postura muy profesional, y el tercero se retorca sobre la batera y el tambor. Cuando entramos, este increble tro tocaba Las rosas de Picarda para una sala completamente vaca. No lo soporto dijo Larry. Esto no es un barco, es una especie de Caf Cadena de Bournemouth flotante. Nos volver locos a todos. Al or las palabras de Larry, la banda dej de tocar y la cara del lder se ilumin con una sonrisa de bienvenida que mostr sus dientes de oro. Hi zo un gesto a sus colegas mientras se inclinaba, y ellos tambin se inclinaron y sonrieron. Nosotros tres no podamos hacer menos, de modo que les dirigimos una corts reverencia antes de acercarnos al bar. Ahora que tena pblico, la banda se lanz a tocar con un frenes an mayor Las rosas de Picarda. Por favor pidi Larry al camarero, un hombrecillo arrugado con un delantal sucio, pngame en uno de los mayores vasos que posea un ouzo que espero me paralice. La cara de nogal del camarero se anim al or a un extranjero que no slo saba hablar griego, sino que era lo bastante rico como para beberse un ouzo tan cargado. Amessos, kyrie dijo. Lo tomar con agua o con hielo? Con un cubito de hielo indic Larry. Lo suficiente para que palidezcan sus mejillas. Lo siento, kyrie, no tenemos hielo dijo el camarero con aire de disculpa. Larry exhal un profundo y sufrido suspiro. Slo en Grecia nos dijo en ingls tiene uno este tipo de conversacin. Le da a uno la sensacin de que est en tan estrecho contacto con Lewis Carroll que el camarero podra ser el gato de Cheshire disfrazado. 38

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Agua, kyrie? pregunt el camarero, advirtiendo por el tono de Larry que no haba recibido aprobacin, sino ms bien censura. Agua dijo Larry en griego, un poquito. El camarero se dirigi hacia la imponente botella de ouzo, tan claro como la ginebra, sirvi una cantidad desmedida y luego se acerc al pequeo fregadero y ech agua del grifo. Instantneamente, el ouzo se volvi del color de la leche aguada y pudimos oler el olor anisado desde donde estbamos. Dios, eso es fuerte dijo Leslie. Tomemos lo mismo. Me mostr de acuerdo. El camarero puso los vasos ante nosotros. Los alzamos para brindar: Bueno, por el Marie Celeste y todos. los tontos que viajan en l dijo Larry, y bebi un gran trago de ouzo. Un momento despus lo escupi en un chorro digno de una ballena moribunda, y se apoy tambalendose contra la barra, llorosos los ojos y agarrndose la garganta. Ahhh! rugi. El maldito imbcil nos ha puesto maldita agua caliente! Como nos habamos criado entre griegos, estbamos acostumbrados al extrao comportamiento en que se complacen, pero poner agua hirviendo en su bebida nacional era para un griego llevar la excentricidad demasiado lejos. Por qu ha puesto agua caliente en el ouzo? pregunt Leslie de manera agresiva. Porque no la tenemos fra dijo el camarero, sorprendido de que Leslie no hubiera resuelto por s solo este sencillo problema de lgica. Por eso no tenemos hielo. Este es el viaje inaugural, kyrie, y por eso no tenemos ms que agua caliente en el bar. No me lo creo dijo Larry con tono angustiado. Sencillamente no me lo creo. El viaje inaugural y el barco tiene un maldito boquete en la proa, una Orquesta de Patio de Palmeras compuesta por septuagenarios y nada ms que agua caliente en el bar. En aquel momento apareci Madre con aire inconfundiblemente aturrullado. Larry, quiero hablar contigo jade. Larry se la qued mirando. Qu has encontrado? Un iceberg en la litera? pregunt. Bueno, hay una cucaracha en el camarote. Margo le ha tirado una botella de colonia, y se ha roto, y ahora todo el lugar huele como una peluquera. De todas formas no creo que haya matado a la cucaracha dijo Madre. Bueno contest Larry, me encanta que os hayis estado divirtiendo. Tmate un ouzo al rojo vivo para redondear el comienzo de este viaje demencial. No, no he venido aqu a beber. Seguramente no habrs venido a hablarme de una cucaracha empapada en agua de colonia? pregunt Larry con sorpresa. Tu conversacin se est volviendo ms excntrica aun que los griegos. No, es Margo sise Madre. Fue al yasabesqu y se ha atascado la ranura. El yasabesqu? Dnde est eso? El servicio, naturalmente. Sabes perfectamente bien lo que quiero decir. No s qu esperas que haga dijo Larry. No soy fontanero. No puede salir por arriba? inquiri Leslie.

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No dijo Madre: Lo ha intentado, pero la rendija de arriba es demasiado pequea, y la de abajo tambin. Pero al menos hay rendijas seal Larry. Segn mi experiencia, se necesita aire en un servicio, y podemos alimentarla a travs de ellas durante el viaje. No seas estpido, Larry dijo Madre. Tienes que hacer algo. Intenta meter otra moneda por la rendija sugiri Leslie. A veces funciona. Ya lo he hecho dijo Madre. Met una lira, pero sigue sin abrirse. Eso es porque es un servicio griego y slo acepta dracmas seal Larry. Por qu no lo has intentado con un billete de una libra? El cambio nos favorece. Bueno, quiero que consigas una camarera para ayudarle a salir dijo Madre. Lleva siglos ah metida. No puede pasarse encerrada toda la noche. Supn que se golpee el codo y se desmaye. Sabes que siempre hace eso. Madre tenda a ver el lado negro de las cosas. Segn mi experiencia en servicios griegos dijo Larry juiciosamente, lo ms normal es que te desmayes nada ms entrar sin necesidad de golpearte el codo. Bueno, haz algo, por el amor de Dios! grit Madre.No te quedes ah parado bebiendo. Guiados por ella encontramos finalmente el servicio en cuestin. Adelantndose con resolucin, Leslie sacudi la puerta. Yo atrapada. Yo inglesa grit Margo desde detrs de la puerta. Encuentre camarera. Ya lo s, tonta. Soy yo, Leslie rezong. Sal inmediatamente. Es el servicio de seoras dijo Margo. Quieres salir o no? Entonces cllate! replic Leslie de modo agresivo. Forceje intilmente con la puerta, lanzando juramentos entre dientes. Me gustara que no dijeras palabrotas, querido protest Madre. Recuerda que ests en el servicio de seoras. Dentro debera haber un pequeo picaporte del que podras tirar dijo Leslie. Una especie de cerrojo. He tirado de todo contest Margo con indignacin. Qu crees que he estado haciendo aqu metida durante la ltima hora? Bueno, tira de nuevo mientras yo empujo sugiri Leslie. De acuerdo, estoy tirando dijo Margo. Leslie encorv sus fornidos hombros y se lanz contra la puerta. Es como un serial de Pearl White dijo Larry, sorbiendo el ouzo que previsoramente se haba trado consigo y que ya se haba enfriado. Si no andas con cuidado tendremos otro agujero en el casco. Es intil jade Leslie. Est demasiado duro. Tendremos que llamar a un camarero o a quien sea. Sali en busca de alguien con conocimientos mecnicos. Me gustara que os dierais prisa dijo Margo con voz lastimera. Estar aqu dentro es 40

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terriblemente agobiante. No te desmayes chill Madre, alarmada. Intenta regular la respiracin. Y no te golpees los codos aadi Larry. Oh, Larry, me pones de mal humor dijo Madre. Es que no puedes ser sensato? Bueno, quieres que vaya a traerle un ouzo caliente? Se lo podemos pasar por debajo de la puerta sugiri amablemente. Le salv de la ira de Madre la llegada de Leslie, que traa a remolque un hombrecillo irritado con aspecto de marioneta y rostro lgubre: Siempre las seoras est haciendo esto dijo a Madre, encogiendo unos hombros expresivos. Siempre estn siendo atrapadas. Les enseo. Es fcil. Por qu las mujeres no aprenden? Se acerc a la puerta, forceje con ella durante un momento y la abri de par en par. Gracias a Dios dijo Madre cuando Margo apareci en el umbral. Pero antes de que pudiera volver al seno de su familia, el hombrecillo alz una mano perentoria. Atrs! orden imperiosamente. Le enseo. Y antes de que pudiramos hacer algo inteligente, haba metido de nuevo a Margo en el servicio de un empujn y cerrado la puerta tras de s de golpe. Qu hace? chill Madre, alarmada. Qu hace ese hombrecillo? Larry, haz algo. No pasa nada, Madre grit Margo, me est enseando a hacerlo. A hacer qu? pregunt Madre con alarma. Hubo un largo y ominoso silencio, finalmente roto por un torrente de palabrotas en griego. Margo, sal de ah inmediatamente orden Madre, considerablemente alarmada. No puedo gimi Margo. Nos ha encerrado a ambos. Qu hombre ms asqueroso chill Madre, asumiendo el mando. Pgale, querida, pgale. Larry, ve en busca del capitn. Quiero decir que l tampoco puede abrir la puerta dijo Margo. Por favor, contador navo gimi el hombrecillo. Por favor, encontrar contador navo para abrir puerta. Bueno, y dnde le podemos encontrar? pregunt Leslie. Es demasiado ridculo dijo Madre. Ests bien? Mantente bien apartada de l querida. Encontrar contador navo en oficina contador navo, primera cubierta vocifer el prisionero. Para cualquiera que no conozca el temperamento griego y su extraa habilidad para convertir una situacin completamente normal en algo tan complicado que trastorna el juicio anglosajn, la siguiente escena puede resultar increble. A nosotros, que conocamos a los griegos, tambin nos lo pareci. Leslie volvi con el contador de navo, que no slo increment la fragancia del servicio de seoras con su olor a ajo, sino que en rpida sucesin felicit a Larry por beber ouzo y a Leslie por su acento griego, tranquiliz a Madre con un gran clavel que se quit de la oreja, y luego dirigi tal chorro de insultos al pobre hombrecillo encerrado con mi hermana que uno esperaba que la puerta de acero macizo se fundiese de un momento a otro. Se abalanz sobre ella y la golpe con los puos 41

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y le dio varios puntapis. Luego se volvi hacia Madre e hizo una reverencia. Madam dijo sonriendo, no se alarme. Su hija est segura con una virgen. Esta observacin dej a Madre completamente desconcertada. Se volvi hacia m en busca de explicacin, pues Larry, que conoca de antiguo este tipo de grescas, haba regresado al bar para conseguir bebidas. Dije que pensaba que quera decir que estara segura como una virgen. No puede querer decir eso dijo con recelo. Tiene dos hijos. Empec a perder los nervios, como parece inevitable siempre que los griegos le desconciertan a uno. Acababa de tomar aire con una profundidad imprudente, a fin de embarcarme en una explicacin para Madre, cuando me detuvo misericordiosamente la llegada de tres pasajeras, todas ellas damas rsticas y robustas, con amplios pechos, gruesas piernas, espesos bigotes y negros vestidos tres tallas demasiado pequeos, que olan por igual a ajo, sudor y a algn perfume nauseabundo. Se abrieron paso a codazos entre Madre y yo y entraron en el servicio. Al ver al contador de navo, botando an de rabia y golpeando la puerta con los puos, se detuvieron como imponentes caballeros de guerra que hubieran olfateado una batalla. Cualquier mujer de otra nacionalidad se hubiera quejado de la presencia del contador de navo en este santuario de la feminidad, sin tomar en cuenta la ma por ser extranjero, pero es en esto en lo que los griegos difieren tan deliciosamente de otras razas. Saban que era una SITUACION con maysculas, y eso es lo que los griegos aman por encima de todo. La presencia de tres hombres (si incluyen al invisible encerrado con Margo) en su servicio no era nada comparada con la SITUACION. Brillaron sus ojos, temblaron sus bigotes, y rodeando al contador de navo como un vido muro de carne exigieron saber qu pasaba. Como suele suceder en una SITUACION, todas hablaban a la vez. La temperatura del servicio de seoras subi a unos cuarenta grados, y el volumen de sonido haca que la cabeza te diera vueltas, como si alguien tocara los pasajes ms ruidosos de la Cabalgata de las Valquirias sobre un tonel de hierro. Cuando el preocupado contador de navo les hubo explicado los elementos de la SITUACION, las tres potentes damas, dotadas todas ellas con las arrugas de un luchador profesional, le apartaron de en medio con las manos como palas de dedos escarlata y empezaron a arremangarse las faldas. Luego, lanzando ensordecedores Epa, epa!, cargaron contra la puerta del servicio. En conjunto deban pesar unos cuatrocientos kilos de carne y hueso, pero la puerta era slida y las tres damas cayeron al suelo en una maraa de miembros. Se pusieron en pie con cierta dificultad y entonces empezaron a discutir entre s sobre la mejor manera de derribar la puerta del servicio. Una de ellas, la menos pesada de las tres, demostr su idea un mtodo ideal arremetiendo contra la puerta de otro de los excusados. Desgraciadamente, ste no tena el cerrojo echado, de modo que penetr en l con estruendo y sorprendente rapidez, y recibi un feo golpe en el muslo al darse de lleno contra la taza del retrete. Aunque con ello no haba demostrado su teora se lo tom muy bien, sobre todo porque en aquel momento lleg Larry acompaado por el camarero del bar, que traa una bandeja de bebidas. Durante algn tiempo todos bebimos ouzo de manera sociable, brindamos los unos por los otros y nos preguntamos si estbamos casados y cuntos hijos tenamos. La SITUACION despert un nuevo inters con la llegada de Leslie en compaa de lo qu al parecer era el carpintero del barco, a quien haba ido a buscar. Todos olvidaron entonces sus bebidas y expusieron sus teoras al carpintero, que se mostr en desacuerdo con todas ellas adoptando el aire de alguien que sabe. Luego, como un mago, se arremang y se acerc a la puerta. Se hizo el silencio. Se sac un destornillador del bolsillo y lo introdujo en un diminuto agujero. Se oy un clic y un grito sofocado 42

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de admiracin, y la puerta se abri de par en par. Retrocedi y extendi las manos como un prestidigitador. El primer hombrecillo y Margo salieron como supervivientes del Agujero Negro de Calcuta. El contador de navo agarr al pobre hombrecillo y lo golpe y aporre y sacudi, mientras le injuriaba a modo. Entonces intervino el carpintero. Al fin y al cabo, haba abierto la puerta. Le escuchamos con respeto mientras expona el ingenioso mecanismo de las cerraduras en general y de aquella en particular. Se ech al coleto un ouzo y se puso potico hablando de cerraduras, que eran al parecer su aficin. Poda abrir cualquier cerradura con su pequeo destornillador o con una horquilla o con un clavo doblado o incluso con un trozo de plstico. Cogi de la mueca al primer hombrecillo y al contador de navo y les condujo hasta el interior del excusado como corderos que fueran al matadero. Antes de que pudiramos detenerles cerr de golpe la puerta. Mi familia y las tres damas gordas esperaron conteniendo el aliento. Se oyeron extraos roces y golpecitos secos; luego hubo un largo silencio. Sigui un torrente de improperios procedentes del contador de navo y el camarero, mezclado con confusas disculpas y explicaciones del experto en cerraduras. Cuando nos retiramos furtivamente, las tres damas se preparaban para cargar de nuevo contra la puerta. As termin la primera escena del viaje inaugural. Corro un velo sobre el creciente enojo de mi familia durante aquella noche, ya que, por alguna extraa razn griega de protocolo, la cena no poda servirse hasta que el contador de navo hubiera sido liberado. Se tard un buen rato en conseguirlo, pues debido a los constantes asaltos a que se haba visto sometida la puerta, la cerradura haba quedado irreparablemente estropeada, y tuvieron que esperar hasta que el contramaestre pudo ser recuperado de una jarana en tierra para que les ayudase a desmontar las bisagras. Finalmente desistimos de esperar, bajamos a tierra, tomamos un rpido tentempi y nos retiramos a nuestros respectivos camarotes en un estado mental enfermizo. Al da siguiente bajamos al comedor e intentamos desayunar. Los aos haban borrado piadosamente de nuestra memoria la capacidad culinaria habitual de los griegos. Por supuesto, en Grecia hay sitios donde se puede comer bien, pero hay que buscarlos y son tan raros como los unicornios. Grecia produce la mayora de los ingredientes necesarios para una buena cocina, pero generalmente los habitantes estn tan ocupados discutiendo que no les queda tiempo para seguir los decadentes senderos de la haute cuisine. Los cuatro jvenes camareros del comedor no eran ninguna excepcin, y mantenan entre s una guerra ruidosa e incesante como un grupo de urracas irritadas disputndose una golosina. El decorado, si no es utilizar una palabra demasiado fuerte, era afn al del bar, que segn habamos descubierto ya se llamaba el Club Nocturno. El roble ahumado lo invada todo. El cobre no haba sido limpiado ms que con un inters superficial en su brillo, y las mesas estaban cubiertas con manteles de un blanco sucio sembrados de restos de manchas que alguna remota lavandera del Pireo no haba conseguido quitar por completo. Subrepticia pero resueltamente, Madre limpi todos los cubiertos con su pauelo y nos exhort a hacer lo mismo. Como ramos los nicos que habamos bajado a desayunar, los camareros no vieron ninguna razn para interrumpir su discusin hasta que Larry, agotada la paciencia, bram Se parakalo! con un tono tan vibrante que a Madre se le cayeron al suelo tres cubiertos de Margo. Los camareros abandonaron inmediatamente su cacofona y rodearon nuestra mesa con la ms saludable obsequiosidad. Madre descubri para su delicia que uno de ellos, joven zalamero, haba pasado algn tiempo en Australia y tena un rudimentario conocimiento del ingls. Bien dijo sonriendo alegremente a su protegido, lo que me gustara es una gran tetera de t caliente. Asegrese de que calienten la tetera y de que hierva el agua, y nada de esas bolsitas de t que le provocan a uno escalofros cuando rellena la tetera. Siempre me recuerdan al Bramaputra despus de una epidemia dijo Larry. 43

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Larry, querido, durante el desayuno no, por favor le reconvino Madre, y sigui diciendo al camarero: Y luego tomar unos tomates a la parrilla sobre pan tostado. Aguardamos con expectacin. Tras aos de experiencia, Madre no haba abandonado la pattica esperanza de que algn da encontrara un griego que entendera sus demandas. Como era previsible, el camarero no haba hecho caso de las instrucciones de Madre referentes al t. El t creca en bolsitas, y juzgaba que cualquier intento de violar a la naturaleza traera consigo consecuencias calamitosas para todos los afectados. No obstante, Madre haba introducido ahora en su vida una complicacin, una clase de comida que ignoraba. Tomates a la perilla? pregunt con inquietud. Qu es eso? Tomates a la perilla repiti Madre. Quiero decir tomates a la parrilla. Ya sabe, tomates a la parrilla sobre pan tostado. El camarero se aferr a la nica cosa cuerda del mundo: el pan tostado. Madam quiere pan tostado dijo con firmeza, tratando de mantener a Madre en el buen camino. T y pan tostado. Y tomates dijo Madre, pronunciando con claridad, tomates a la parrilla. Brotaron gotitas de sudor de la frente del camarero. Qu es tomates a la perilla, Madam? pregunt, volviendo as al principio del asunto. Tras pedir sotto voce nuestro desayuno, todos nos habamos acomodado relajadamente en torno a la mesa, y ahora contemplbamos a Madre lanzndose al combate. Bueno explic. Ya sabe, ejem, tomares... esas, esas cosas rojas, como manzanas. No, no, quiero decir como ciruelas. Madam quiere ciruelas? pregunt el chico, desconcertado. No, no, tomates dijo Madre. Sin duda sabe qu son los tomates, no? El cuitado rostro del joven griego se anim. Quera tomates. S, Madam respondi sonriendo. Muy bien dijo Madre triunfalmente. Pues entonces, tomates a la parrilla sobre pan tostado. S, Madam dijo obedientemente, y se alej a un rincn a deliberar con el contador de navo. Las gesticulaciones griegas son notables por su fuerza y expresividad. Contemplamos la pantomima que tena lugar a espaldas de Madre entre el camarero y el contador de navo. Obviamente, el contador de navo le dijo de modo nada incierto que si no saba qu eran los tomates a la parrilla deba ir a preguntarlo. Con aire desconsolado, el camarero se acerc de nuevo a enfrentarse con Madre. Madam dijo tristemente, cmo hacen a la perilla? Hasta entonces, Madre haba tenido la impresin de que haba abierto una gran grieta en los obstculos que los griegos erigan siempre en contra suya. De repente se sinti desinflada. Qu es a la perilla? pregunt al camarero. Yo no s griego. El camarero se qued pasmado. Despus de todo, en principio haba sido idea de Madam. Pens que era injusto por su parte tratar ahora de echarle a l la culpa. Haba pedido a la perilla; si no saba qu era a la perilla, quin diablos lo saba? Madam quiere tomates dijo, iniciando de nuevo todo el asunto.

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Sobre pan tostado repiti Madre. Se alej tristemente y tuvo otro altercado con el contador de navo, que concluy cuando ste le orden con severidad dirigirse a la cocina. Verdaderamente dijo Madre, uno sabe que est de nuevo en Grecia porque no puede conseguir que la gente haga nada como es debido. Aguardamos el siguiente asalto. Bsicamente, en Grecia la norma consiste en esperar que todo vaya mal y tratar de disfrutarlo tanto si sucede as como si no. Tras un largo intervalo, volvi el camarero con las cosas que habamos pedido y deposit de golpe ante Madre una tetera y un plato sobre el que haba una rebanada de pan y dos tomates crudos cortados por la mitad. Pero esto no es lo que he pedido protest. Estn crudos, y esto es pan sin tostar. Tomates, Madam dijo el chico tercamente. Madam dijo tomates. Pero a la parrilla dijo Madre enrgicamente. Ya sabe, asados. El chico se la qued mirando sin ms. Mire dijo Madre, como quien explica algo a un nio retrasado, primero tuesta el pan, entiende? Tuesta el pan. S respondi tristemente el chico. Muy bien dijo Madre. Luego pone los tomates sobre el pan tostado y los asa a la parrilla. Entiende? S, Madam. Usted no quiere esto? pregunt, sealando el plato de pan y tomates. No, as no. A la parrilla dijo Madre. El chico se alej con el plato y tuvo otro violento altercado con el contador de navo, que ahora se vea agobiado por la llegada de un grupo de pasajeros griegos, entre ellos nuestras damas gordas, todos los cuales exigan que se les atendiese. Contemplamos fascinados cmo el camarero pona el plato de pan y tomates sobre una mesa y desplegaba luego una servilleta de papel con el aire de un ilusionista que va a realizar un complicadsimo juego de manos. Nuestra mirada hipnotizada atrajo la atencin de Madre y Margo, que se volvieron a tiempo de ver al camarero depositar cuidadosamente el pan y los tomates en medio de la servilleta. Pero, qu es lo que est haciendo? pregunt Madre. Ejecutar un antiguo rito griego explic Larry. Ahora el camarero envolvi el pan y los tomates con la servilleta y ech a andar por el saln. No ir a trarmelos de ese modo, verdad? pregunt Madre con asombro. Le observamos embelesados mientras atravesaba el saln y depositaba su peso sobre la gran estufa de petrleo que haba en el centro del mismo. Aunque estbamos en primavera el tiempo era fro, por lo que haban encendido la estufa y de hecho estaba casi al rojo vivo y produca un agradable calor. Creo que todos adivinamos lo que iba a hacer, pero no pudimos concebir del todo que tal accin fuera posible. Ante nuestros fascinados ojos puso cuidadosamente la servilleta, el pan y los tomates sobre la tapa incandescente de la estufa, y retrocedi un paso para observar. Hubo una pausa momentnea y la servilleta rompi a arder, seguida casi inmediatamente por el pan. Alarmado porque su nueva forma de cocinar no fuera eficaz, el camarero cogi otra servilleta de una mesa cercana y trat de extinguir las llamas arrojndola sobre la tapa de la estufa. Naturalmente, la servilleta tambin se prendi. No conozco ese exquisito manjar griego dijo Larry, pero tiene un aspecto delicioso, y 45

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adems est cocinado casi junto a la mesa. Confo en que no te lo comas despus de todo eso dijo Margo. No parece muy higinico. Realmente es la nica forma salerosa de preparar tomates insisti Larry. Y piensa en lo bien que te lo pasars despus sacndote de los dientes los trocitos de servilleta chamuscada. No seas tan asqueroso, Larry protest Madre. Por supuesto que no voy a comerme eso. Otros dos camareros se haban unido al primero, y ahora trataban los tres de apagar las llamas con servilletas. Trocitos de tomate y pan llameante salan disparados en todas las direcciones, y aterrizaban indiscriminadamente sobre mesas y pasajeros. Una de nuestras damas gordas de la noche anterior apareca decorada con un suculento trozo de tomate, y un anciano caballero, que acababa de sentarse, tena la corbata pegada al cuerpo por obra de un trocito de pan llameante, que recordaba una flecha india al rojo vivo. El contador de navo, que sala en aquel momento de la cocina, se hizo cargo de la situacin de una ojeada. Agarr una gran jarra de agua y abalanzndose hacia adelante la arroj sobre la estufa. Ciertamente tuvo el efecto de extinguir las llamas, pero todas las mesas cercanas quedaron inmediatamente envueltas en vapor, y por todo el comedor se esparcieron nubes que traan los aromas mezclados del tomate, el pan quemado y las servilletas chamuscadas. Huele igual que la sopa minestrone dijo Larry. Creo que despus de todos los esfuerzos del chico deberas intentar probar un poco, Madre. No seas ridculo, Larry chill Madre. Todos se han vuelto locos. No dijo Leslie, todos se han vuelto griegos. Los trminos son sinnimos observ Larry. Ahora uno de los camareros haba golpeado a otro por alguna razn inexplicable, y el contador de navo sacuda de las solapas al primer cama rero y le gritaba en la cara. Clamorosos gritos de queja y disgusto, procedentes de las mesas de alrededor, incrementaron la animacin de la escena. Resultaba fascinante observar los gestos amenazadores, los empujones, los exquisitos insultos, pero como todas las cosas buenas de la vida terminaron por concluir, en este caso cuando el contador de navo propin una manotada en la nuca al primer camarero, que desgarr el distintivo de su oficio su mugrienta chaquetilla blanca y se lo arroj al contador de navo, que se lo devolvi a su vez y le orden que saliera del saln. Despus mand secamente a los dems camareros que limpiaran el comedor, y dirigi murmullos apaciguadores a todos y cada uno de los presentes mientras se acercaba a nuestra mesa. Al fin se detuvo, se irgui en toda su estatura a nuestro lado, se quit un lozano clavel del ojal y se lo puso a Madre en la mano izquierda, mientras le coga la derecha y se la besaba garbosamente. Madam dijo, le presento mis disculpas: No podemos darle tomates a la parrilla. Hacemos cualquier otra cosa que quiera, pero tomates a la parrilla no. Por qu no? pregunt Larry con curiosidad. Porque la parrilla de la cocina est estropeada. Ya ve aadi a modo de explicacin, es el viaje inaugural. A m me parece un viaje de lo menos inaugural coment Leslie. Dgame inquiri Larry, por qu intentaba el camarero asar sobre esa estufa? El chico muy estpido dijo el contador de navo. Slo tenemos personal experimentado en este barco. Ser desmantelado en el Pireo. Cmo desmantelan a un camarero? pregunt Larry, fascinado. 46

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Larry, querido, el contador de navo es un hombre muy ocupado, as que no le retengamos se apresur a decir Madre. Tomar simplemente un huevo pasado por agua. Gracias contest con dignidad el contador de navo, tras lo cual se inclin y desapareci en el interior de la cocina. Yo que t me hubiera conformado con tomates crudos dijo Larry. Ya has visto lo que han hecho con los tomates a la parrilla. Me horrori za pensar qu irn a hacer con los huevos pasados por agua. Tonteras, Larry respondi Madre. No pueden hacer nada para estropear un huevo pasado por agua. Se equivocaba. Cuando llegaron los huevos (dos de ellos, que fueron depositados ante Madre diez minutos despus), no slo estaban duros, sino que haban sido cuidadosamente despojados de su cscara por unos dedos cariosos, pero sucios. Ah lo tienes! exclam Larry. Qu gusto! Duros como piedras y cubiertos de huellas digitales que hubieran resultado irresistibles para Sherlock Holmes. Madre tuvo que ocultar en su bolso estas extraas reliquias avcolas, y despus del desayuno, cuando se hubo asegurado de que nadie miraba, las arroj por la borda, pues segn coment no haca falta que hirisemos los sentimientos de nadie. Hay que decir una cosa a su favor dijo Larry, observando cmo tiraba Madre los huevos al agua. Tres das de esta dieta a base de ouzo hirviendo a palo seco nos dejarn delgados como pececillos, y cuando desembarquemos estaremos todos tan alegres como Baco. Pero tambin se equivocaba. La cena de aquella noche, para. lo que suele ser normal entre los griegos, result casi epicrea. Hubo tres platos, el primero de los cuales estaba in tencionadamente fro, pues era un hors d'ouvre, mientras que los otros dos estaban fros porque nos los sirvieron en platos fros acompaados por las acostumbradas disputas entre los camareros. No obstante, todo era comestible y el nico embrollo lo provoc Margo al descubrir el ojo de una cra de jibia en su hors d'ouvre. Imprudentemente bebimos demasiadas botellas de Domestika y nos levantamos de la mesa con aire inseguro y benvolo. Van club noctorno? pregunt el contador de navo a la salida mientras nos haca una reverencia. Por qu no dijo Larry, encantado con la idea. Vayamos y hagamos una orga entre las palmeras. Recuerdas cmo se baila la danza de los lanceros, Madre? No estoy dispuesta a dar el espectculo respondi Madre con dignidad. Pero tomar un caf y quiz una copita de coac. Descendamos, pues, a los funestos abismos del club noctorno amortajado con palmeras dijo Larry, guiando a Madre de modo bastante inseguro por la cubierta, donde quin sabe qu doncellas orientales excitadas por el opio nos aguardan. Traemos alguna joya para el ombligo de Margo? Como habamos tardado bastante en terminar de comer, nos encontramos con que el club nocturno estaba en plena actividad. A los acordes de un vals viens, nuestras tres damas gordas y un grupo variado de pasajeros luchaban a codazos por conseguir un sitio en el minsculo cuadrado de parquet, como peces amontonados al fondo de una jbega. Aunque todas las sillas y sofs y mesas lujosamente incmodos parecan ocupados, un ansioso camarero apareci como por ensalmo a nuestro lado y nos condujo hasta la mesa y las sillas ms iluminadas y visibles, situadas en un lugar de honor. Segn nos dijo, para nuestra alarma y abatimiento, haban sido reservadas especialmente para nosotros por el capitn. Estbamos a punto de protestar, diciendo que queramos una mesa 47

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sombra y tenebrosa, cuando desgraciadamente apareci el capitn en persona. Era uno de esos griegos muy morenos, tiernos y romnticos, cuya leve adiposidad le haca no obstante parecer ms nbil y atractivo, a la curiosa manera de los levantinos. Madam dijo como si fuera un cumplido, estoy encantado de tenerla a usted y a su ms bella hermana a bordo de nuestro barco en su viaje inaugural. El capitn no saba que esta observacin tena por fuerza que ofender a todo el mundo. Hizo pensar a Madre que era lo que siempre sola llamar oscuramente uno de esos hombres, mientras que poda verse que Margo, aunque quera mucho a Madre, juzgaba que haba cierta diferencia entre sus setenta y pico abriles y sus propios treinta aos bien llevados. Por un momento el destino del capitn pendi de un hilo; luego Madre decidi perdonarle ya que, al fin y al cabo, era extranjero, y Margo decidi perdonarle porque realmente era bastante apuesto. Leslie le juzg con recelo, pensando obviamente que el agujero en la proa demostraba que su capacidad nutica era bastante limitada. Larry haba alcanzado ese benvolo estado de intoxicacin en el que todo el mundo parece tolerable. Con la suavidad de un jefe de camareros profesional, el capitn nos distribuy en torno a la mesa, sentndose l mismo entre Madre y Margo, y nos sonri jovialmente, con sus empastes de oro reluciendo como lucirnagas en su cara morena. Pidi una ronda de bebidas y luego, para terror de Madre, la solicit para el primer baile. Oh, no! dijo. Temo que mis das de baile han acabado sin remedio. Dejo esas cosas para mi hija. Pero Madam implor el capitn, es usted mi husped. Debe bailar. Era tan dominante que Madre, para nuestro estupor, se levant como un conejo hipnotizado por un armio y permiti que la acompaara a la pista de baile. Pero si Madre no ha bailado desde que muri pap en mil novecientos veintisis dijo Margo con voz entrecortada. Se ha vuelto loca murmur Leslie lgubremente. Tendr un ataque cardaco y tendremos que enterrarla en el mar. De todas formas su ltima decisin haba sido que la enterrasen en el mar. Madre pasaba buena parte de su tiempo eligiendo lugares en los que ser enterrada. Es ms probable que muera aplastada, con esas tres enormes mujeres a su alrededor coment Larry. Resulta peligrossimo meterse en esa pista. Es como entrar en una pista de circo llena de elefantes salvajes. Ciertamente, la pista estaba tan atestada que las parejas giraban con una lentitud casi glacial. Utilizando a Madre a modo de ariete y ayudndose con sus anchos hombros, el capitn haba conseguido abrirse camino en el slido muro de carne, y ahora estaban empotrados en sus honduras. Debido a su minsculo tamao era imposible ver a Madre, pero de vez en cuando divisbamos fugazmente la cara del capitn y el centelleo de sus dientes. Finalmente cesaron, de gope las claras notas de los Cuentos de los bosques de Viena, y las parejas sofocadas, jadeantes y sudorosas abandonaron la pista. Morada y deshecha, Madre fue medio arrastrada de vuelta a nuestra mesa por el resplandeciente capitn. Se dej caer en su silla, demasiado asfixiada para hablar, y se abanic con su pauelo. El vals es un baile muy bueno dijo el capitn, bebindose de un trago su ouzo. Y no slo es un buen baile, sino tambin un buen ejercicio para los msculos. Pareca ajeno al hecho de que Madre, que respiraba con dificultad y tena la cara congestionada, recordaba a alguien que acabara de volver de un encuentro casi mortal con King Kong. 48

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Despus le lleg el turno a Margo, pero como era ms joven y ligera de pies y gil que Madre sobrevivi bastante mejor. Cuando volvi, Madre dio efusivamente las gracias al capitn por su hospitalidad, pero dijo que crea que deba ir a acostarse, pues haba teni do un da bastante ajetreado. En realidad haba pasado el da envuelta en mantas en una tambaleante tumbona de cubierta, quejndose del fro viento y del agitado mar. De modo que hizo una airosa retirada, y Leslie la acompa a su camarote. Cuando volvi, Margo, valindose de todos sus indudables encantos, haba persuadido al capitn de que, aun admitiendo que los valses vieneses venan muy bien como ejercicio tonificante, ningn barco griego digno de su nombre (y desde luego ninguno que hiciera su viaje inaugural) poda ignorar la herencia cultural de Grecia expresada en sus danzas nacionales. Al capitn le encantaron tanto Margo como su propuesta, y antes de que pudiramos hacernos a la idea haba tomado las riendas de la herencia cultural griega. Se acerc resueltamente a la orquestina de septuagenarios y les pregunt en voz alta qu bellas y antiguas melodas culturales griegas conocan. Melodas de los campesinos, de la gente. Melodas que revelasen tanto las maravillas de Grecia como el valor de su pueblo, la profundidad de su historia y la belleza de su arquitectura, el misterioso encanto de su mitologa, la radiante brillantez que haba dirigido el mundo; melodas que evocasen a Platn, a Scrates, la gloria pasada, presente y futura de los griegos. El violinista dijo que slo conocan una meloda de ese tipo, y era Nunca los domingos. El capitn estuvo a punto de tener una apopleja. Con las venas palpitndole en las sienes, se volvi, extendi de golpe los brazos y se dirigi al pblico congregado. Haba alguien pregunt retricamente que hubiera odo hablar jams de una orquestina griega que no saba ni una sola meloda griega? Ummm dijo la multitud, como suelen decir las multitudes cuando les plantean algo que no terminan de entender. Llamen al primer oficial! rugi el capitn. Dnde est Yanni Papadopoulos? Tena un aspecto tan amenazador, erguido en mitad de la pista de baile con los puos apretados y mostrando sus dientes de oro, que los camareros salieron a toda prisa en busca del primer oficial, el cual apareci finalmente con semblante un poco alarmado, temiendo presumiblemente que haban descubierto otro agujero en la proa. Papadopoulos gru el capitn, no son las canciones griegas una de las mejores cosas de nuestro patrimonio cultural? Por supuesto dijo Papadopoulos tranquilizndose levemente, pues no pareca por la conversacin que su empleo estuviera en peligro. Era evidente, pens, que estaba en terreno seguro. Ni siquiera un capitn poco razonable podra culparle de la mayor o menor brillantez de la herencia musical griega. Entonces por qu no me ha dicho nunca dijo el capitn, mirndole con diablico ceo que esta orquestina no conoca ninguna meloda griega, eh? S que las conocen dijo el primer oficial. No dijo el capitn. Pero si yo se las he odo tocar protest el primer oficial. Tocar qu? pregunt amenazadoramente el capitn. Nunca los domingos dijo el primer oficial de modo triunfal. En griego, la palabra excreta resulta esplndida como imprecacin destinada a calmar los nervios sobreexcitados. 49

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Scata! Scata! grit el capitn. Escupo sobre Nunca los domingos! Le pregunto por la herencia cultural de Grecia y me habla de una cancin sobre una poutana. Es eso cultura? Es necesario? Las poutanas son necesarias para la tripulacin seal el primer oficial. En cuanto a m, soy un hombre felizmente casado... No quiero saber nada de poutanas gru el capitn. No hay nadie en este barco que sepa tocar alguna autntica cancin griega? Bueno dijo el primer oficial, est Taki, el electricista, que tiene un buzuki Y creo que uno de los mecnicos tiene una guitarra. Trigalos! rugi el capitn. Traiga a todo el que sepa tocar canciones griegas. Suponga que todos sepan dijo el primer oficial, que se tomaba las cosas al pie de la letra. Quin gobernar el barco? Vaya a por ellos, idiota! gru el capitn con tal vehemencia que el primer oficial palideci y se esfum. Una vez demostrada su autoridad, el capitn recobr el buen humor. Sonriendo de modo centelleante volvi a la mesa y encarg ms bebidas. Finalmente, procedente de las entraas del barco, hizo aparicin una banda variopinta, la mayor parte de cuyos componentes iba a medio vestir; en conjunto llevaban tres buzukis, una flauta y dos guitarras. Haba incluso un hombre con una armnica. El capitn qued encantado, pero despidi al hombre de la armnica, con evidente disgusto del pobre hombre. Pero capitn protest, toco bien. No es un instrumento griego dijo adustamente el capitn. Es italiano. Cree acaso que cuando construimos la Acrpolis andbamos por ah tocando instrumentos italianos? Pero si toco bien insisti el hombre. S tocar Nunca los domingos. Afortunadamente el contador de navo se apresur a sacarle del club nocturno antes de que el capitn pudiera echarle mano. El resto de la noche discurri de un modo esplndido, con slo pequeos accidentes que enturbiaran el aire general de regocijo cultural. Leslie se bald la espalda cuando trataba de saltar por el aire y hacer entrechocar sus tacones con el debido estilo durante un agotador hosapiko, y Larry se torci el tobillo al resbalar sobre unas pipas de meln que alguien haba depositado solcitamente en la pista de baile. Semejante suerte, pero ms dolorosa, corri el camarero del bar, que mientras trataba de bailar con lo que crea que era un vaso de agua sobre la cabeza resbal y cay de espaldas con estrpito. El vaso se derram sobre su cara. Desgraciadamente no contena agua sino ouzo, lquido similar en apariencia pero de efectos ms virulentos cuando te salpica los ojos. Le salv la vista la presencia de nimo del contador de navo, que cogi un sifn de soda y dirigi contra los ojos dei desdichado camarero un chorro tan fuerte que estuvo a punto de echar a perder su labor teraputica sacndole los ojos. Le llevaron gimi,ento a su camarote y continu el baile. Sigui hasta el amanecer, momento en que, como una vela, mengu, vacil y se extingui. Nos arrastramos fatigosamente hasta nuestras camas cuando el cielo pasaba de palo a azul y el mar se listaba de jirones de bruma. Todo era bullicio y actividad cuando conseguimos despegarnos de las sbanas y nos reunimos, segn se nos haba dicho, en el saln principal. Al cabo de un rato apareci el contador de navo y se inclin ante Madre ,y Margo. Saludos del capitn, dijo, y nos gustara subir al puente 50

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y ver atracar al barco? Madre consinti con tal gracia en asistir a este gran momento que se hubiera dicho que la haban pedido que botara el barco. Tras un apresurado y tpico desayuno griego (tostadas fras y tocino y huevos fros servidos en platos helados, todo ello acompaado par t tibio que result ser caf servido en una tetera por alguna razn misteriosa), subimos en tropel al puente. El capitn, con aspecto ligeramente abotargado pero sin que la agitada noche que haba tenido le hubiera hecho perder un pice de su encanto, nos salud con gran alegra, obsequi a Madre y a Margo con claveles, nos mostr con orgullo la entera cmara del timonel y luego nos llev a lo que Larry insista en llamar el alczar. Desde all tenamos una vista completa tanto de la proa como de la popa de la embarcacin. El primer oficial estaba junto al cabestrante en el que la cadena del ancla apareca enrollada como un extrao collar herrumbroso, y cerca de l haba al menos tres de los marineros que haban compuesto la banda de la noche anterior. Todos ellos saludaban con la mano y enviaban besos a Margo. Margo, querida, deseara que no te mostrases tan familiar con esos marineros se quej Madre. Oh, Madre, no seas tan anticuada dijo Margo, devolvindoles con creces los besos. Al fin y al cabo tengo un ex marido y dos nios. Es por enviar besos a marineros desconocidos por lo que tienes ex maridos y nios. Bien dijo el capitn con los dientes rutilando al sol, venga, seorita Margo, y le ensear nuestro radar. Con, el radar podemos evitar rocas, colisiones, catstrofes en el mar. Si Ulises hubiera tenido esto habra llegado ms lejos, eh? Ms all de las puertas de Hrcules, eh? Entonces los griegos hubieran descubierto Amrica.... Venga. Condujo a Margo a la cmara del timonel y dedic toda su atencin a ensearle el radar. El barco enfilaba ahora directamente al muelle, navegando a la velocidad de un anciano en bicicleta. El primer oficial, con los ojos clavados en el puente como un perdiguero listo para ir a cobrar la primer perdiz de la temporada, esperaba rdenes ansiosamente. Dentro de la cmara del timonel, el capitn explicaba a Margo cmo, con el radar, los griegos podran haber descubierto Australia, adems de Amrica. Leslie empez a inquietarse, pues ya estbamos bastante cerca del muelle. Oiga, capitn grit. No deberamos largar el ancla? El capitn, que sonrea de modo radiante a Margo, volvi la cabeza y clav en Leslie una mirada glacial. Por favor, no se preocupe, seor Durrell dijo. Todo est bajo control. Luego se volvi y vio el muelle, surgiendo al frente como un implacable iceberg de cemento. La Madre de Dios me asista! rugi en griego, y se abalanz fuera de la cmara del timonel. Papadopoulos! grit. Largue el ancla! Esta era la seal que haba estado esperando el primer oficial. Hubo un estallido de actividad, y se oy el estruendo metlico de la cadena arrastra da por el pesado ancla, el chapoteo dei ancla al caer al, agua y el golpeteo de la cadena mientras segua corriendo. Corri y corri la cadena, y el barco continuaba avanzando. Era evidente que haban largada el ancla demasiado tarde como para que pudiera cumplir su cometido habitual como freno. El capitn, preparado para cualquier emergencia como debe estarlo cualquier capitn, se meti de un brinco en la cmara del timonel, orden retroceder a toda mquina e hizo girar bruscamente la rueda del timn, apartando al timonel con gran violencia. Pero ay!, ni su brillante asuncin de la situacin, ni su veloz pensamiento, ni su magnfica maniobra pudieron salvar el barco. Con la proa todava girando, el Poseidn golpe el muelle con un estruendo tremendo. Pens 51

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que a la velocidad que bamos slo sentiramos una pequea sacudida. Me equivocaba. Dio la impresin de que habamos chocado con una mina. Nuestra entera familia cay confundida en un montn. Las tres damas gordas, que bajaban por una escalera de cmara, se precipitaron sobre cubierta como una avalancha de traveseros. De hecho todo el mundo se cay, incluido el capitn. Larry se hizo un feo corte en la frente, Madre se dio un golpe en las costillas, Margo slo se hizo una carrera en las medias. Con gran agilidad, el capitn se puso de nuevo en pie, hizo varias cosas tcnicas con el timn, dio rdenes a la sala de mquinas y luego con la cara negra de rabia sali al puente a grandes zancadas. Papadopoulos! rugi al pobre primer oficial, que estaba levantndose temblorosamente y engujndose la sangre de la nariz. Hijo de poutana, imbcil, asno! Hijo ilegtimo de un cretino turco sacado del arroyo! Por qu no largaste el ancla? Pero capitn empez el primer oficial, con la voz apagada por un pauelo manchado de sangre, usted no me lo orden. Es que aqu tengo que hacerlo yo todo? bram el capitn. Gobernar el barco, atender a las mquinas, conseguir una banda que sepa tocar canciones griegas? Madre de Dios! Se tap la cara con las manos. A su alrededor se alzaba por todas partes la cacofona de los griegos en una SITUACION. Con semejante ruido y la trgica figura del capitn, pa reca una escena sacada de la batalla de Trafalgar. Bueno dijo Larry, enjugndose la sangre de los ojos, fue una esplndida idea, Madre. Te felicito. Creo, sin embargo, que volver en avin. Si es que podemos desembarcar vivos. Finalmente permitieron desembarcar a los heridos que podan caminar y descendimos en desorden por la pasarela. Vimos entonces que el Po seidn tena otro agujero en la proa, casi idntico al anterior y situado en el lado opuesto. Bueno, al menos ahora est equilibrado dijo Leslie lgubremente. Oh, mirad! dijo Margo una vez estuvimos en el muelle. Ah est la pobre vieja orquestina. Salud con la mano, y los tres ancianos caballeros se inclinaron. Vimos que el violinista tena un feo corte en la frente y el pianista una tirita sobre el puente de la nariz. Nos devolvieron las reverencias y luego, interpretando obviamente la aparicin de nuestra familia como un signo de apoyo que valdra en parte para devolverles su sentido de la dignidad, tan gravemente socavado por la ignominiosa destitucin de que haban sido objeto la noche anterior, se volvieron al unsono, echaron una ojeada al puente, alzaron la tuba, el trombn y el violn con gesto desafiante y empezaron a tocar. Los acordes de Nunca los domingos descendieron flotando hasta nosotros.

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La excursinLos meses de marzo y abril de aquel ao haban sido inslitamente secos y clidos paraInglaterra. Los granjeros, cogidos por sorpresa por la novedad de una situacin que no les permita declararse en bancarrota a causa de una helada inusualmente tarda, se reunieron de forma afanosa y empezaron a hablar de los horrores de la sequa. La gente que el otoo anterior nos haba informado de que la maravillosa cosecha de bayas y championes era signo de que vendra un severo invierno y un verano ms severo an, deca ahora que un exceso de bayas y championes significaba una buena primavera al ao siguiente. Para rematar todo ello, esos Munchausens asalariados con que contamos, los hombres del tiempo, pronosticaron una temporada extremadamente calurosa de abril a agosto. Como son crdulos, los ingleses se emocionaron de tal modo ante estas predicciones que muchos de ellos llegaron a cometer exageraciones, como yacer en tumbonas cubiertos de aceite bronceador. A todo lo largo y ancho de Bournemouth, en la costa sur, donde vivamos, no haba forma humana de conseguir un traje de bao o una sombrilla. Los miembros de mi familia, todos adoradores del sol, respondieron al calor como capullos. Se peleaban ms, cantaban ms, discutan ms, co man y beban ms, porque fuera, en el jardn, las flores de primavera se abran desenfrenadamente con dulces perfumes, y el sol, aunque slo de color amarillomantequilla, calentaba de verdad. Pero de toda la familia, fue en mi madre en quien los pronsticos meteorolgicos que se anunciaban despertaron un extrao fervor, principalmente, segn creo, porque oa estas predicciones por la radio. Para Madre, esto supona una diferencia decisiva; la diferencia entre leer tu horscopo en una revista de mujeres y escuchar a un autntico gitano que te adivina el futuro en los escalones de su carromato. A lo largo de toda la guerra, el Gobierno britnico, incluso Churchill (cuando no estaba ocupado en otras cosas), viva dentro de nuestro aparato de radio con el expreso propsito de mantener a Madre informada sobre la marcha de la contienda y la inminencia de la invasin alemana. Nunca le haban contado una mentira, y lo que es ms importante, haban ganado la guerra. Por supuesto, la guerra haba terminado ya, pero la integridad de los hombres que vivan en la radio era tan impecable como lo haba sido antao. Cuando oa a granjeros hablando de miles de vacas que moran de sed o de pantanos que se secaban, a mdicos annimos dando indicaciones sobre cmo evitar una insolacin y a consultoras de belleza aconsejando sobre cmo broncearse sin marchitarse, Madre conclua naturalmente que estbamos en puertas de una ola de calor que hara parecer a las Antillas una prolongacin de Alaska. Se me ha ocurrido una forma maravillosa de dar la bienvenida a Larry dijo una maana durante el desayuno. Larry, que por su propia voluntad haba estado ausente de Inglaterra durante unos diez aos, iba a hacer una breve visita con el fin de ocuparse de la promocin de sus libros. A pesar de una carta en la que deca cmo le repugnaba la idea de volver a lo que llamaba la Isla Budn, Madre estaba convencida de que despus de tantos aos como exiliado suspiraba por las vistas y sonidos de la Alegre Inglaterra. Quin quiere darle la bienvenida? pregunt Leslie, sirvindose mermelada en abundancia. Leslie, querido, sabes que no lo dices en serio dijo Madre. Ser tan bonito ver a toda la 53

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familia reunida de nuevo despus de tanto tiempo. Larry siempre causa problemas dijo mi hermana Margo. Es tan crtico. Yo no dira que es crtico dijo Madre, mintiendo. Lo que pasa es que ve las cosas de modo un poco diferente. Quieres decir que exige que todos estn de acuerdo con l dijo Leslie. S dijo Margo, es verdad. Siempre piensa que es el que ms sabe. Tiene derecho a opinar, querida dijo Madre. Para eso hicimos la guerra. Qu? Para que todos tengamos que estar de acuerdo con la opinin de Larry? pregunt Leslie. Sabes perfectamente bien lo que quiero decir, Leslie respondi Madre. As que no trates de confundirme. Qu se te ha ocurrido? pregunt Margo. Bueno empez Madre, va a hacer un calor insoportable... Quin dice eso? interrumpi Leslie desconfiadamente. La radio dijo Madre de modo aplastante, como si hablara del orculo de Delfos. La radio dice que se nos echa encima un rea de altas presiones sin precedentes. Lo creer cuando lo vea dijo Leslie lgubremente. Pero si lo dijeron por la radio, querido explic Madre. No es un simple rumor: procede del tejado del Ministerio del Aire. Bueno, tampoco me fo del Ministerio del Aire dijo Leslie. Yo tampoco convino Margo. Sobre todo desde que dejaron hacerse piloto a George Matchman. Le dejaron? dijo Leslie incrdulamente. Es tan ciego como un murcilago, y bebe como una esponja. Y adems huele mal adujo Margo de modo irrecusable. Realmente no entiendo qu tiene que ver George Matchman con el tiempo del tejado del Ministerio del Aire protest Madre, que nunca se haba acostumbrado a la cantidad de vericuetos en los que poda perderse su familia en el curso de una conversacin normal. Probablemente es George quien est all arriba en el tejado dijo Leslie. Y no le creera ni la hora si me la dijera. No es George dijo Madre con firmeza. Conozco su voz. En cualquier caso, qu se te ha ocurrido? pregunt Margo de nuevo. Bueno continu Madre, como el tejado del Ministerio del Aire dice que vamos a tener buen tiempo, creo que deberamos sacar a Larry a ver el campo ingls en su mejor momento. Debe de haberlo echado de menos. Recuerdo que cuando vuestro padre y yo volvamos a casa de la India, siempre nos gustaba dar una vuelta por el campo. Sugiero que pidamos a Jack que nos saque en el Rolls a hacer una excursin. Hubo un mmento de silencio mientras la familia digera la idea. Larry no querr dijo al fin Leslie. Sabes como es. Si no le gusta, dar la lata de un modo terrible: lo conoces. 54

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Estoy segura de. que le encantar dijo Madre, pero sin entera conviccin. La visin de mi hermano mayor dando la lata le haba pasado por la mente. Ya s, vamos a sorprenderle sugiri Margo. Meteremos toda la comida y las cosas en el maletero, y diremos solamente que vamos a dar una vueltecita. Adnde iramos? pregunt Leslie. A la Ensenada de Lulworth dijo Madre. Eso no es una vueltecita se quej Leslie. Pero si no ve la comida no sospechar dijo Margo triunfalmente. Despus de hora y media de viaje empezar a hacerlo seal Leslie. Incluso Larry. No, creo que simplemente tendremos que decirle que es una especie de regalo de bienvenida a casa dijo Madre. Al fin y al cabo llevamos diez aos sin verle. Diez pacficos aos corrigi Leslie. No han sido en modo alguno pacficos dijo Madre. Hemos tenido la guerra. Quera decir pacficos sin Larry explic Leslie. Leslie, querido, no deberas decir esas cosas, ni siquiera en broma dijo Madre con tono reprobador. No bromeo dijo Leslie. No puede protestar si es una excursin de bienvenida a casa terci Margo. Larry puede protestar por cualquier cosa replic Leslie con conviccin. No exageres dijo Madre. Preguntaremos a Jack por el Rolls cuando venga. Qu est haciendo? Desmontndolo, supongo dijo Leslie. Oh, de verdad que me irrita! se quej Margo. Hace tres meses que tenemos ese maldito coche y ha pasado ms tiempo desmontado que montado. Me pone enferma. Cada vez que quiero salir con l, tiene el motor desparramado por todo el garaje. No deberas haberte casado con un ingeniero dijo Leslie. Ya sabes cmo son; tienen que desarmarlo todo. Destructores compulsivos. Bueno, le pediremos que haga un esfuerzo especial para tener el Rolls dispuesto para Larry concluy Madre. Estoy segura de que acceder. El Rolls en cuestin era un magnfico modelo de 1922 que Jack haba descubierto vergonzosamente escondido en algn remoto garaje del campo, con la pintura sucia y el cromo descuidado, pero todava una dama de alto rango. La haba comprado por la bonita suma de doscientas libras y la haba trado triunfalmente a casa, donde bajo sus tiernos cuidados haba florecido, y haba sido bautizada con el nombre de Esmeralda. Ahora su carrocera deslumbraba, sus guarniciones de nogal relucan de lustre, su motor no mostraba ni una manchita de grasa. Tena estribos, capota blanda que poda plegarse cuando haca buen tiempo, un panel de cristal que poda subirse para que el conductor no oyera tus crticas a las clases trabajado ras, y lo mejor de todo un extrao telfono con forma de trompeta por medio del cual dabas instrucciones al chfer. Era tan maravilloso como poseer un dinosaurio. Tanto el asiento delantero como el trasero tenan espacio de sobra para acomodar a cuatro personas. Haba un armarito de nogal empotrado para las bebidas, y un maletero que pareca suficientemente grande como para alojar cuatro bales o doce maletas. Con semejante vehculo no se poda reparar en gastos, y as, por algn medio clandestino, Jack 55

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haba conseguido una bocina de coche de bomberos continental cuyo arrogante tata, tata taladraba los odos. Slo se pona en servicio en emergencias extremas; normalmente se utilizaba la enorme bocina bulbosa de goma negra que haca un ruido como el de un respetuoso len marino californiano. Era adecuada para meter prisa a viejas damas en pasos de peatones; pero la bocina de coche de bomberos poda hacer que un autobs de dos pisos se refugiara en la cuneta para dejarnos paso. En aquel preciso momento, en mangas de camisa y abundantemente embadurnado de grasa, entr a desayunar Jack. Era un hombre de estatura media con una mata de pelo oscuro y rizado, brillantes y saltones ojos azules, y una nariz que a cualquier emperador romano le hubiera encantado poseer. Una nariz que realmente era una nariz; una nariz a tener en cuenta; una nariz de tamao y sustancia, que hubiera dado grandsimo contento a Cyrano de Bergerac; una nariz que anunciaba el tiempo fro, la apertura de los bares, la risa o cualquier otro suceso importante, con un vistoso cambio de color que hubiera envidiado un camalen. Era una nariz para mostrarse arrogante, o para refugiarse tras ella en momentos de tensin. Era una nariz que poda ser orgullosa o cmica, segn el estado de nimo; una nariz que, una vez vista, jams se olvidaba, como el hocico de un ornitorrinco de pico de pato. Ah! dijo Jack, y su nariz se estremeci y adquiri un brillo rubicundo. Huelo a arenques ahumados? Estn en la cocina, mantenindose calientes dijo Madre. Dnde has estado? pregunt Margo de forma innecesaria, pues la persona de Jack, cubierta de grasa, indicaba claramente dnde haba estado. Limpiando el motor de Esmeralda contest Jack de forma igualmente innecesaria. Fue a la cocina y volvi con dos arenques en un plato. Se sent y empez a diseccionarlos. No s qu puedes hacer con ese coche dijo Margo. Siempre ests desmontndolo. Una vez conoc a un hombre que tena muy buena mano con los arenques me coment Jack, ajeno a las quejas de mi hermana. Saba cmo darles la vuelta y sacarles de algn modo todas las espinas a la vez. Muy hbil. Salan todas, tal cual. Como cuerdas de arpa, sabes... Todava no s cmo lo haca. Qu le pasa? pregunt.Margo. Qu le pasa a qu? replic distradamente su marido, mirando de hito en hito a sus arenques como si pudiera quitarles las espinas por medio de hipnosis. Al Rolls dijo Margo. A Esmeralda? pregunt Jack, alarmado. Qu le pasa? Eso es lo que te estoy preguntando dijo Margo. Realmente eres el ms irritante de los hombres. No le pasa nada respondi Jack. Es una mquina preciosa. Lo sera si pudiramos salir con ella de vez en cuando seal Margo sarcsticamente. No se ve muy preciosa tirada en el garaje con todas las entraas fuera. No puedes decir entraas fuera objet Jack. Las entraas estn dentro, no pueden estar fuera. Oh, me pones furiosa! dijo Margo. Vamos, vamos, querida dijo Madre. Si Jack dice que al coche no le pasa nada, entonces 56

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todo est perfectamente bien. Bien para qu? pregunt Jack, perplejo. Estbamos pensando en llevar a Larry a una excursin cuando llegue explic Madre, y se nos ha ocurrido que sera bonito hacerlo en el Rolls. Jack pens en ello mientras masticaba sus arenques. Es una buena idea dijo al fin para nuestra sorpresa. Acabo de poner a punto el motor. Le har bien dar una vuelta. A dnde pensbais ir? A Lulworth dijo Madre. Los purbecks son muy bonitos. Adems hay algunas buenas colinas por all dijo Jack con entusiasmo. As podr saber si el embrague patina. Fortificada con el conocimiento de que el Rolls estara intacto para la excursin, Madre emprendi con entusiasmo la tarea de prepararla. Como de costumbre, la cantidad de comida que prepar para ese da hubiera bastado para avituallar al Ejrcito de Napolen durante su retirada de Mosc. Haba pastelillos de curry y empanadas de carne, altos pasteles de jamn y un gran pastel de caza, tres pollos asados, dos grandes hogazas de pan hecho en casa, una tarta de melaza, dulces de jengibre y algunos merengues; por no mencionar tres clases de salsas agrias y mermeladas hechas en casa, as como galletas, un pastel de fruta y un bizcocho. Cuando todo esto estuvo reunido sobre la mesa de la cocina, nos hizo entrar para que echsemos un vistazo. Creis que habr suficiente? pregunt con aire preocupado. Pensaba que slo bamos a ir a Lulworth a pasar la tarde dijo Leslie. No tena idea de que furamos a emigrar. Madre, es ms que de sobra exclam Margo. No podremos comerlo todo. Pamplinas! Vaya, en Corf sola preparar el doble dijo Madre. Pero en Corf solamos ir doce o catorce personas seal Leslie. Ahora slo somos seis, sabes. Parece una remesa de provisiones para dos aos destinada por la Cruz Roja a una zona de hambre dijo Jack. No es tanto dijo Madre a la defensiva. Sabis cmo le gusta comer a Larry, y adems comeremos junto al mar, y la brisa marina siempre despierta el apetito. Bueno, confo en que quepa todo en el maletero de Esmeralda coment Jack. Al da siguiente por la tarde, a pesar de nuestras protestas, Madre insisti en que nos vistiramos con nuestras mejores galas para ir a recibir a Larry a la estacin. Debido al desmesurado tiempo que le llev a Margo encontrar la adecuada tonalidad de lpiz de labios, los planes de Madre se vieron frustrados, pues en el preciso momento en que bamos a entrar en el Rolls apareci un taxi. Dentro iba Larry, que haba cogido el tren ms temprano. Baj la ventanilla del coche y se nos qued mirando ferozmente. Larry, querido! exclam Madre Qu deliciosa sorpresa! Larry hizo su primera comunicacin verbal con su familia en diez aos. Alguno de vosotros est resfriado? pregunt con voz spera y malhumorada. Si es as, me ir a un hotel. Resfriado? dijo Madre. No, querido. Por qu? Bueno, todos los dems lo estn en esta isla dejada de la mano de Dios dijo Larry mientras 57

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se apeaba del taxi. He pasado una semana en Londres huyendo para salvar la vida de una horda de grmenes del resfriado. Todos estornudando y sorbiendo como una camada de bulldogs acatarrados. Tenais que haberlos visto en el tren: carraspeando y escupiendo y tosiendo como un maldito sanatorio ambulante de tuberculosos. He pasado el viaje encerrado en el servicio, tapndome la nariz y arrojando chorros de aerosol nasal por el agujero de la cerradura. No concibo cmo podis sobrevivir en esta isla pestilente. Os juro que haba tanta gente resfriada en Londres que era peor que la Gran Peste. Pag el taxi y entr en la casa delante de nosotros con su maleta. Llevaba un gorro de cazador de ciervos de tweed diente de perro, y un traje de un tartn singularmente poco atractivo, cuyo color de fondo era un verde bilioso con una raya de rojo apagado encima. Pareca un Sherlock Holmes diminuto y gordo. Gracias a Dios no estamos resfriados dijo Madre, entrando tras l en la casa. Es por este magnfico tiempo que estamos teniendo. Te apetece un poco de t, querido? Preferira un gran vaso de whisky con soda dijo Larry, sacando una botella medio vaca del espacioso bolsillo de su abrigo. Es mejor para los resfriados. Pero si has dicho que no estabas resfriado seal Madre. Y no lo estoy contest Larry, sirvindose un gran trago: Esto es por si acaso cojo uno. Es lo que llaman medicina preventiva. Era obvio que haba estado usando aquella medicina preventiva durante el viaje, pues a medida que avanzaba la tarde se fue haciendo cada vez ms sociable, hasta el punto que Madre juzg que poda abordar el asunto de la excursin. Hemos pensado dijo que, dado que el tejado del Ministerio del Aire asegura de modo tajante que va a hacer un tiempo terriblemente calu roso, maana podramos sacar el Rolls y hacer una excursin. No te parece un poco grosero salir y dejarme despus de diez aos de exilio? pregunt Larry. No seas tonto, querido dijo Madre. T tambin vendrs. No a una excursin en Inglaterra protest Larry con voz angustiada. No creo que est preparado para ello. Cmo recuerdo ls de mi ju ventud! El estremecimiento de encontrar hormigas y arena en la comida, los intentos de encender una hoguera con madera mojada, la,ululante tempestad, la nieve ligera que empieza a caer en el preciso instante en que das un mordisco a tu primer emparedado de pepino... No, no, querido. El tejado del Ministerio del Aire dice que vamos a tener una cadena de altas presiones sin precedentes dijo Madre. Dijo que maana iba a hacer mucho calor. Puede que haga calor en el tejado del Ministerio del Aire, pero va a hacer calor aqu abajo? inquiri Larry. Por supuesto insisti Madre con aire decidido. Bueno, lo pensar prometi Larry mientras iba a acostarse, llevndose consigo lo que quedaba del whisky por si acaso lo atacaban los grmenes durante la noche. El da siguiente amaneci azul y sin viento, y el sol calentaba ya a las siete de la maana. Todo auguraba un buen da. A fin de no dejar nada al azar en sus esfuerzos por mantener a Larry de buen humor, Madre le llev el desayuno a la cama. Incluso Margo, por la causa de la paz, se abstuvo de darnos la espantosa media hora que dedicaba habitualmente a cantar en el bao las ltimas melodas pop, con el inconveniente de no saber ni la meloda ni la letra con algn grado de 58

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certeza. Hacia las diez habamos cargado el Rolls y nos disponamos a partir. Jack hizo algn leve pero importante ajuste de ltima hora en el motor, Madre cont por ltima vez los paquetes de comida, y Margo tuvo que volver a entrar tres veces en la casa para coger diversos artculos que se haba olvidado. Al fin estuvimos listos y reunidos en la acera. No creis que deberamos bajar la capota, dado que hace un da tan bueno? sugiri Jack. Oh, s, querido dijo Madre. Disfrutemos del tiempo mientras podamos. Entre Leslie y Jack plegaron la capota de lona del Rolls. Montamos en el coche y pronto estuvimos rodando por el campo ingls, tan lozano y tan verde y tan diminuto como uno pudiera desear, lleno del canto de los pjaros. Sobre las onduladas colinas de Purbeck se vean retazos uniformes de bosque dispuestos en bajorrelieve contra el cielo azul, en el que unos cuantos jirones de nubes, altos y tenues, pendan inmviles como fantasmas de pececillos. El aire era fragante, el sol calentaba y el coche, ronroneando suavemente como un abejorro somnoliento, se deslizaba de modo sosegado entre altos setos y verdes colinas como senos, y se lanzaba como un halcn sobre valles en los que las casas se apiaban bajo sus techos de paja de forma que cada aldea pareca necesitar un corte de pelo. S dijo Larry con aire meditativo, haba olvidado lo parecido que puede resultar el paisaje ingls a una casa de muecas victoriana. No es precioso, querido? dijo Madre. Saba que te gustara. Acabbamos de atravesar velozmente una aldehuela de casas enjalbegadas, coronada cada una por un tejado que pareca un enorme trozo de pasta pastelera, cuando Jack se puso de pronto rgido tras el volante. Ah est! ladr sbitamente. No lo os? Claramente. Tquetitquetiping, y luego una especie de ruido chirriante. Hubo un silencio. Hubiera credo coment Larry a Madre que esta familia estaba ya bastante desequilibrada sin necesidad de aadirle demencia por medio del matrimonio. Ya empieza otra vez. El chirrido! El chirrido! Es que no lo os? chill Jack, con los ojos relucindole de modo fantico. Oh, Dios! dijo Margo amargamente. Por qu ser que no podemos ir a ninglana parte sin que quieras desmontar el coche? Pero podra ser grave dijo Jack. Ese tquetitquetiping podra ser una cadena de magneto rota. Creo que slo fue una piedra con la que tropezaste dijo Leslie. No, no dijo Jack. Eso es un ping completamente diferente. Eso es slo un ping sin el tquet. Bueno, yo no oigo ningn tqueti dijo Leslie. Jams oye nadie sus tquetis, excepto l se quej Margo airadamente. Me pone enferma! Vamos, vamos, queridos, no os peleis dijo Madre pacficamente. Al fin y al cabo, Jack es el ingeniero de la familia. Si es ingeniero, resulta curioso el tipo de lenguaje tcnico que les ensean ahora observ Larry. En mis tiempos tos ingenieros jams discutan en pblico sus tquetipings: 59

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Jack, si crees que es grave dijo Madre, ser mejor que paremos y te dejemos echar un vistazo. De modo que Jack se detuvo en un apartadero flanqueado por sauces en flor, se ape de un salto del coche, abri el cap y se sumi en las entra as de Esmeralda como se hubiera arrojado un hombre muerto de sed en una charca del desierto. Se oyeron unos cuantos fuertes gemidos y algunos gruidos, y luego un agudo zumbido nasal que sonaba como una avispa furiosa atrapada en una ctara. Era nuestro cuado canturreando. Bueno dijo Larry, dado que parece que nuestro postilln ha quedado fulminado por un rayo, qu me decs de un trago vivificante? No es un poco temprano, querido? dijo Madre. Puede que sea demasiado temprano para los ingleses observ Larry, pero no olvides que he estado viviendo entre un montn de esos extranjeros de moral relajada que no creen que haya una hora especial para el placer, y que no imaginan que uno ponga en peligro su alma inmortal cada vez que se toma un trago, ya sea de da o de noche. Muy bien, querido dijo Madre. Quiz vendra bien una copita. Leslie abri el maletero y nos pas las bebidas. Si tenamos que parar, este es un lugar bastante agradable dijo Larry con aire condescendiente, echando una mirada circular a las ondu ladas colinas verdes, ajedrezadas por altos setos y modeladas aqu y all por el verde oscuro y espumoso de los bosques. Y el sol calienta realmente de modo notable seal Madre. Resulta bastante extraordinario para esta poca del ao. Pagaremos por ello en invierno, supongo dijo Leslie lgubremente. Parece que siempre es as. En aquel preciso momento surgi un fuerte estornudo retumbante de debajo del cap del coche. Larry se qued helado, con el vaso a medio camino de su boca. Qu ha sido eso? pregunt. Jack contest Leslie. Ese ruido? exclam Larry. Ha sido Jack? S dijo Leslie. Jack estornudando. Dios santo! chill Larry. Ha trado consigo un maldito germen. Madre, he pasado una semana evitando el contagio por todos los medios conocidos por la Asociacin Mdica Britnica, slo para que ahora me lleven al yermo, sin un mdico en cincuenta millas a la redonda, y mi propio cuado me bombardea con grmenes del resfriado. Realmente es excesivo! Vamos, vamos, querido dijo Madre de forma apaciguadora. Sabes que la gente estornuda sin estar resfriada. En Inglaterra no dijo Larry. En Inglaterra el estornudo es el heraldo de la desgracia, incluso de la muerte. A veces pienso que el nico placer que tiene un ingls es transmitir sus grmenes del resfriado. Larry, querido, exageras dijo Madre. Jack slo ha estornudado una vez. Jack volvi a estornudar. Ah lo tienes! dijo Larry agitadamente. Es la segunda vez. Os digo que est propagando una epidemia. Por qu no lo dejamos aqu? Le resultar fcil conseguir que alguien lo lleve de vuelta a Bournemouth, y Leslie puede conducir. No lo puedes dejar tirado sin ms en la carretera, 60

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Larry, no seas tonto dijo Madre. Por qu no? pregunt Larry. Los esquimales abandonan a sus ancianos en tmpanos de hielo para que se los coman los osos polares. No veo por qu tiene que ser devorado Jack por un oso polar slo porque tengas miedo de un resfriado de nada exclam Margo con indignacin. Hablaba en sentido figurado dijo Larry. En esta zona lo ms probable es que lo maten los cuclillos a picotazos. Bueno, en cualquier caso no voy a consentir que lo abandonis dijo Margo. En aquel momento emergi Jack de debajo del cap del coche. Su amplia nariz pareca haber crecido hasta el doble de su tamao normal, y adquirido la coloracin de un placaminero demasiado maduro. Tena los ojos medio cerrados y lagrimeaba copiosamente. Se acerc al coche estornudando de modo violento. Aljate! grit Larry. Llvate tus inmundos grmenes al campo! No son grmenes dijo Jack, esforzndose por pronunciar con claridad. Es fiebe de heno. No quiero saber su nombre cientfico, simplemente llvatelos! grit Larry. Quin demonios crees que soy? Louis Pasteur? Mira que traerme tus malditos grmenes. Es fiebe de heno repiti Jack, estornudando con violencia. Debe hab alguna madita flo po aqu mir tristemente a su alrededor, a travs del torrente que brotaba de sus ojos, y divis los sauces. Ah! gru en medio de una rfaga de estornudos, eso es, esas maditas cosas. No entiendo una palabra de lo que dice dijo Larry. Ese resfriado le ha trastornado el cerebro. Es fiebre del heno explic Margo. La han provocado los sauces. Pero eso es peor que un resfriado dijo Larry, alarmado. No quiero coger la fiebre del heno. No puedes cogerla, querido dijo Madre. Es una alergia. Como si es un anagrama dijo Larry. No quiere que me eche el aliento encima. Pero si no es contagioso insisti Margo. Ests segura? pregunt Larry. Siempre hay una primera vez. Supongo que el primer leproso le dijo eso a su mujer, y antes de saber lo que estaba pasando haba fundado una colonia, todos agitando sus campanillas y gritando polutos. Complicas las cosas, querido dijo Madre. Es una fiebre del heno completamente normal. Debemos alejanos de esos boles dijo Jack. Mont en el coche y salimos a una velocidad tan vertiginosa que estuvimos a punto de estrellarnos contra un carro de estircol, arrastrado por dos enormes caballos de Shire, que en aquel momento doblaba la curva. No recuerdo haber hecho ningn pacto de suicidio con l chill Larry, agarrndose a la puerta. No tan deprisa dijo Margo. Vas demasiado deprisa. Aire! gimi Jack. Necesito aire para librame del polen. Tras unas cuantas millas de furiosa conduccin, acompaadas por los chillidos de alarma de Madre y Margo y los rugidos admonitorios de Larry, Jack consigui aspirar suficiente aire por la nariz como para aliviar un poco su mal. Entonces aminoramos la marcha. Jams debera haber vuelto a pisar Inglaterra. Lo saba se quej Larry. Primero grmenes del resfriado, luego fiebre del heno, y luego una carrera desafiando a la muerte como algo sacado de Ben Hur. Cuando uno llega a mi edad no puede soportar esta velocidad sin que le d un ataque al 61

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corazn. Poco antes de la hora de comer descubrimos que estbamos atrapados en el laberinto de senderos que se extiende por todos los promontorios y acantilados. En nuestros esfuerzos por tratar de encontrar la Ensenada de Lulworth nos perdimos cabalmente, pero al final seguimos una carretera que conduca a una baha circular resguardada por altos acantilados. La baha apareca azul y serena bajo los rayos del sol, de modo que decidimos parar y comer all. Aparte de una pareja de ancianos paseando a su perro, la playa estaba desierta. Qu suerte dijo Madre. Tenemos la playa entera para nosotros. Con este tiempo tan bueno, tema que estuviera llena de gente. Vamos a rodear la baha hasta mitad de camino sugiri Leslie. No est muy lejos, y tendremos una vista mejor. Una vez hubimos convenido todos en este plan, aparcamos el Rolls y, tambalendonos bajo el peso de la comida y la bebida, y las mantas de viaje para sentarnos, echamos a andar por los guijarros. Debo encontrar algo para apoyar la espalda cuando nos sentemos dijo Madre. De lo contrario me doler terriblemente. S, uno debe reclinarse de manera civilizada convino Larry. De lo contrario las vsceras se te hacen un nudo. Eso provoca lceras y todo ti po de cosas. Las tripas se te pudren y la comida se descompone en la cavidad estomacal. Larry, querido, no hables de eso precisamente cuando vamos a comer dijo Madre. Qu os parece si nos apoyamos contra el acantilado? sugiri Margo. Una idea luminosa dijo Madre. All, en aquella especie de rinconcito protegido. Cuando nos encaminbamos hacia l por los guijarros, se desprendi un trozo bastante grande del acantilado y cay a la playa con estruendo, seguido por una siseante cascada de arena. Gracias dijo Larry. Si os sentis ah os sentaris solos. No tengo ningn deseo de que me entierren vivo. Mirad dijo Leslie, en mitad de la playa hay una gran roca negra, perfecta para apoyarse. Se adelant apresuradamente y en seguida lleg a la roca. Dej las cosa que llevaba, cubri la roca con una manta y la mulli con cojines hasta preparar un asiento adecuado para que Madre se hundiera en l, cosa que hizo cuando lleg a su lado dando traspis sobre los guijarros. Larry se sent junto a ella, y los dems extendimos ms mantas y nos sentamos a desempaquetar la ingente cantidad de comida. Hay un olor muy curioso por aqu se quej Larry con la boca llena de pastel de curry. Son las algas marinas explic Leslie. Siempre hieden un poco. Se supone que son muy sanas dijo Margo. Dicen que cualquier lugar que huela a algas marinas es bueno para los pulmones. No hubiera imaginado que este olor fuera bueno para los pulmones se quej Madre. Es un poco... bueno, es un poco... fuerte. Viene a rachas dijo Larry. Supongo que lo trae el viento. Oh, s, lo huelo dijo Margo, cerrando los ojos y aspirando profundamente. Casi puedes sentir el bien que les hace a los pulmones. Bueno, a mis pulmones no les hace ningn bien exclam Larry. El viento cambiar probablemente dentro de un minuto y soplar en otra direccin dijo 62

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Leslie de modo jovial, cortndose un gran pedazo de pastel de caza. As lo espero. Resulta un poco abrumador dijo Madre. Comimos en silencio durante un rato, y luego Larry olfate. Parece que se hace ms fuerte coment. No, es slo la direccin en que sopla el viento contest Leslie. Larry se puso en pie y mir a su alrededor. No veo ningn alga dijo, salvo all en la orilla. Se acerc a donde estbamos sentados y olfate de nuevo. Bueno, no es extrao que vosotros no os quejis observ amargamente; apenas hay olor alguno por aqu. Parece concentrarse donde estamos sentados Madre y yo. Volvi a donde Madre sorba su vino y daba cuenta de una empanada de carne, y se pase a su alrededor. De pronto dio tal grito de angustia y ra bia que todos nos pusimos en pie de un salto, y Madre derram el vaso de vino sobre su regazo: Dios Santo Todopoderoso! rugi Larry. Mirad dnde nos ha puesto ese maldito imbcil de Leslie! No es extrao que apestase; probablemente moriremos de tifus! Larry, querido, deseara que no gritases de ese modo dijo Madre, limpindose el vino del regazo con su pauelo. Se pueden decir las cosas perfectamente sin gritar. No, no se puede! dijo Larry violentamente. Nadie puede mantener la calma ante este... este ultraje olfatorio! Qu ultraje, querido? pregunt Madre. Sabes sobre lo que ests apoyada? pregunt. Sabes lo que es ese respaldo que ha elegido para ti tu hijo? Qu? pregunt Madre, mirando nerviosamente por encima de su hombro. Es una roca, querido. No es una roca dijo Larry con una calma peligrosa, ni un montn de arena, ni un pedrusco, ni la pelvis de un dinosaurio fosilizado. No es nada remotamente geolgico. Sabes sobre lo que hemos estado apoyados t y yo durante la ltima media hora? Sobre qu, querido? pregunt Madre, ahora considerablemente alarmada. Sobre un caballo respondi Larry. Sobre los restos mortales de un puetero perchern. Tonteras! dijo Leslie con aire incrdulo. Es una roca. Tienen dientes las rocas? pregunt Larry sarcsticamente. Tienen rbitas oculares? Tienen restos de orejas y de crines? Te digo que, ya sea debido a tu malevolencia o a tu estupidez, probablemente tu madre y yo nos veremos atacados por alguna enfermedad mortal. Leslie se levant y fue a echar un vistazo, y yo le acompa. En efecto, de un extremo de la manta sobresala una cabeza que innegablemente haba pertenecido en tiempos a un caballo. Todo el pelo se haba desprendido, y la piel, afectada por el agua del mar, se haba vuelto parda y correosa. Los peces y las gaviotas haban vaciado las rbitas de los ojos, y la piel de los belfos estaba plegada en una maraa, mostrando el amarillo descolorido de los dientes, parecidos a lpidas sepulcrales. Es condenadamente raro dijo Leslie. Hubiera jurado que era una roca. Nos evitaras una considerable cantidad de problemas si te comprases unas gafas coment Larry con aspereza. Bueno, cmo iba a saberlo? pregunt Leslie con aire beligerante. Uno no espera encontrarse un maldito perchern muerto en una playa, no? 63

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Afortunadamente, mi conocimiento de las costumbres de los caballos es limitado contest Larry. Por lo que s, puede que haya sufrido un ataque al corazn mientras se baaba. Ello no disculpa en modo alguno tu crasa estupidez al haber convertido su corrupto cadver en una tumbona para Madre y para m. Malditas sandeces! dijo Leslie. Pareca una roca. Si es un caballo muerto debera parecerlo, y no un puetero pedrusco. No es culpa ma. No slo parece un caballo muerto, sino que huele a eso sigui Larry. Si tus membranas nasales no hubieran estado, como tu intelecto, atro fiadas desde el nacimiento, te hubieras dado cuenta. El intenso olor ambrosaco te hubiera indicado de por s que era un caballo. Vamos, vamos, queridos, no os peleis por el caballo suplic Madre, que se haba retirado a donde soplaba el viento y estaba de pie, tapndose la nariz con un pauelo. Mirad dijo Leslie airadamente, os lo voy a ensear pueteramente bien. Apart los cojines y retir de golpe la manta para mostrar el cuerpo ennegrecido y medio momificado del caballo. Margo grit. Por supuesto, una vez sabas que era un caballo resultaba difcil imaginrselo como otra cosa, pero para hacer justicia a Leslie, con las patas semienterradas en los guijarros y enseando slo su torso ennegrecido y correoso, poda confundirse con una roca. . Ah lo tenis! exclam Leslie triunfalmente. Parece ni ms ni menos una roca. No recuerda ni remotamente una roca dijo Larry con frialdad. Parece lo que es: un caballo completamente muerto. De confundirlo con algo, slo podra pensarse que era uno de los miembros ms seniles del Jockey Club. Vais a pasaros toda la tarde discutiendo sobre un caballo muerto? pregunt Margo. Que cosa! Los hombres me ponis enferma. S, Larry, querido dijo Madre, alejmonos de aqu y busquemos otro sitio para terminar de de comer. Enviemos a Leslie delante sugiri Larry. Puede que esta vez afane una vaca o un par de ovejas. Quin sabe qu otros odorferos trofeos de corral nos aguardan? Un cerdo ahogado sera una sabrosa adicin a nuestro men. Para ya, Larry dijo Madre con firmeza. Ya es bastante desagradable ese olor para que encima andes hablando de esas cosas. No es culpa ma replic Larry con tono malhumorado mientras avanzbamos por la playa. Es de Leslie. Es l quien encontr ese delicioso ganador del Derby en descomposicin. Es el Burke y el Hare de la Ensenada de Lulworth. Por qu no te metes con l? Nos trasladamos a un lugar ms apartado de la playa, y entonces, estimulado nuestro apetito por la brisa marina, la ausencia de olor y las peleas que haba provocado el descubrimiento del caballo muerto, atacamos una vez ms nuestras provisiones con entusiasmo. Luego, gratamente saciados de comida, y dado que quiz habamos bebido un peln de ms de vino, nos amodorramos y dormimos profundamente durante largo rato. Fue por eso por lo que nadie advirti el cambio de tiempo. Yo fui el primero en despertar. Al principio pens que habamos dormido durante tanto tiempo que estaba anocheciendo, pues la baha estaba oscura y lbrega, pero una ojeada al reloj me revel que slo eran las cinco.Mir hacia arriba y comprend por qu pareca que era ms tarde. Cuando nos quedamos dormidos el cielo era de un azul claro pero luminoso, y el mar centelleaba, pero ahora el cielo era casi de color pizarra, y en consonancia con l el mar haba cambiado a ail oscuro, y se agitaba hoscamente bajo sbitas rfagas y remolinos de viento. Mirando en la direccin en que venan las nubes vi que el horizonte estaba negro como la brea, surcado por estras de 64

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relmpagos, y lleg a mis odos el retumbo no demasiado lejano del trueno. Apresuradamente di la alarma, y la familia se incorpor, medio dormida y con los ojos legaosos. Tardaron un poco en asimilar la volte face meteorolgica que haba tenido lugar. Oh, querido dijo Madre, y el tejado del Ministerio del Aire prometi... Este es un pas horrendo se quej Larry. Slo un autntico masoquista disfrutara viviendo aqu. Todo en l es una mortificacin de la carne, desde la cocina hasta las leyes sobre la venta de alcohol, de las mujeres al tiempo. Ser mejor que volvamos al coche rpidamente dijo Leslie. Va a empezar a llover de un momento a otro. Recogimos apresuradamente nuestros efectos y enseres y cajas y bolsas, y echamos a andar por la playa. La discusin sobre el caballo muerto nos haba distrado, y bordeando la baha nos habamos alejado ms de lo que era nuestra intencin. Ahora tenamos un largo camino que andar para volver al coche. Antes de que llegramos a la mitad empez a llover. Nos golpearon unos cuantos gotarrones y luego, como si la lluvia hubiera estado haciendo puntera, las nubes que haba sobre nosotros parecieron simplemente abrir una trampilla y la lluvia cay en lo que slo puede describirse como una densa manta. En cuestin de segundos estuvimos todos calados hasta la piel. La lluvia era glacial. Dando diente con diente subimos la colina hasta el Rolls, donde se puso de manifiesto nuestra siguiente desgracia. Engaado por el sol, Jack haba dejado la capota plegada, de modo que el interior del Rolls estaba inundado. Maldita sea! bram Larry, alzando su voz por encima del rugido de la lluvia. Es que aqu nadie usa la inteligencia? Cmo iba a saber yo que iba a llover? pregunt Jack con aire ofendido. Porque siempre ocurre pueteramente en esta esponja de isla respondi Larry. Leslie y Jack estaban tratando de subir la capota, pero pronto se hizo evidente que por alguna razn se negaba a funcionar. Es intil jade Leslie al final, no podemos desplegarla. Tendremos que montar en el coche y conducir de modo infernal hasta el refugio ms cercano. Esplndido! dijo Larry. Siempre he deseado viajar en coche descubierto a travs de un monzn. Oh, deja ya de quejarte, por el amor de Dios! le espet Leslie. Todos vamos a mojarnos igual. Nos amontonamos en el Rolls y Jack lo puso en marcha. Al principio condujo velozmente, a fin de ponernos a cubierto lo ms deprisa posible, pero pronto le hicieron aminorar la marcha los gritos y rugidos procedentes del asiento posterior, pues la velocidad converta la lluvia en un ltigo que nos azotaba la cara. Habamos avanzado cosa de media milla cuando una familiar sensacin de vibracin nos indic claramente a todos que habamos pinchado. Maldiciendo, Jack detuvo el Rolls y l y Leslie cambiaron la rueda, mientras los dems seguamos sentados en un silencio empapado y la lluvia caa con fuerza. El pelo de Margo, tan cuidadosamente arreglado para la ocasin, colgaba ahora en guedejas desordenadas en torno a su cara. Madre pareca como si acabara de atravesar el Atlntico nado con una sola mano, mientras que Larry, era probablemente el que en peor estado se encontraba de todos. Haba bajado las orejeras de su gorro de cazador de ciervos, pero una corriente ininterrumpida de agua, como un Nigara en miniatura, caa de la visera sobre su regazo. El grueso tweed de su abrigo absorba agua con la avidez y la plenitud de una duna sahariana. El abrigo era de suyo pesado, pero ahora que haba absorbido unos diez galones de agua de lluvia colgaba en torno a Larry como una armadura mojada. 65

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Lo que yo quiero saber, Madre, es qu tienes contra m coment mientras Jack y Leslie entraban en el coche y nos ponamos en macha de nuevo. Qu quieres decir, querido? pregunt Madre. No tengo nada contra ti. No seas tonto. No puedo creer que todo esto sea fortuito dijo Larry. Parece todo bien planeado, como si tuvieras algn profundo impulso psicolgico de destruirme. Por qu no me pusiste sencillamente una almohada sobre la cara cuando estaba en mi cochecito de nio? Por qu esperar a que estuviera en la flor de la vida? Qu tonteras dices, Larry dijo Madre. Si te oyera un extrao pensara que ests hablando en serio. Hablo en serio exclam Larry. Da igual, a mis editores les encantar la publicidad: Famoso novelista asesinado por su madre. "Lo hice porque pens que sufra", dice ella. Oh, cllate, Larry! dijo Madre. Me pones de mal humor cuando hablas de ese modo. Bueno, la excursin fue idea tuya seal Larry. Pero el tejado del Ministerio del Aire... empez Madre. No, por favor suplic Larry. Como vuelvas a mencionar el tejado del Ministerio del Aire grito. Slo cabe confiar en que les haya alcanzado un rayo. Ya habamos llegado a la cima del acantilado. Estaba casi tan oscuro como en el crepsculo, y las rfagas de viento empujaban y agitaban las torrenciales cortinas de lluvia de tal modo que apenas se poda ver con claridad ms que un corto trecho. El fogonazo de un rayo dorado, acompaado por el enorme estampido de un trueno justo encima de nuestras cabezas, hizo chillar con aprensin tanto a Madre como a Margo. Fue en aquel momento cuando tuvimos al segundo pinchazo. Bueno dijo Jack filosficamente mientras desviaba el coche a un lado de la carretera. Se acab. Hubo un breve silencio. Qu quieres decir con s acab? pregunt Larry. Por qu no cambias la rueda? Tal vez no te hayas dado cuenta, pero aqu detrs sigue lloviendo. No puedo contest Jack sucintamente. Slo tenamos una de repuesto. Slo una de repuesto? grit Larry con incredulidad. Dios Santo! Qu organizacin! Qu planificacin! Te das cuenta de que si Stanley hubiera hecho las. cosas de este modo seguira an buscando a Livingstone? Bueno, no puedo remediarlo dijo Jack. Ya hemos usado la rueda de repuesto. Uno no espera tener dos pinchazos, uno despus del otro. El arte de la vida consiste en estar preparado para lo inesperado dijo Larry. Bueno, esto es inesperado replic Margo. Ya que eres tan listo, solucinalo. Lo har dijo Larry, para nuestra sorpresa. Cuando uno est rodeado de imbciles, lo nico que se puede hacer es asumir el mando. Diciendo esto, se ape con dificultad del coche. Adnde vas, querido? pregunt Madre. All dijo Larry, sealando. Hay un hombre en un prado. No me preguntis qu est haciendo en el campo bajo el diluvio; probablemente sea el tonto del pueblo. Pero puede que por medio de l consiga averiguar dnde est la casa o el hostal con telfono ms cercano, y entonces podremos caminar hasta all y llamar a una gra. Eso es muy inteligente dijo Madre con aire admirativo. 66

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En realidad no respondi Larry. Lo que pasa es que cuando uno est rodeado de estupidez por todas partes, cualquier decisin lgica parece un chispazo de genio. Ech a andar carretera abajo y lo segu, decidido a no perderme nada. Llegamos al prado, en cuyo extremo ms lejano estaba el hombre, silbando entre dientes con alegra mientras paseaba entre los surcos de un cultivo que acababa de brotar. Protega sus hombros de la lluvia con un saco, y llevaba la cabeza cubierta con otro. De cuando en cuando se detena, se agachaba, examinaba cuidadosamente una planta, y luego la arrancaba. Empec a preguntarme si no sera el tonto del pueblo. Avanzamos hacia l entre los surcos. La tierra oscura estaba pegajosa como la melaza, y antes de alcanzarlo tanto Larry como yo llevbamos unas cinco libras de barro en cada zapato. Pues con las ochocientas libras que debe pesar mi abrigo y el lodo que llevo en los zapatos, puede que tenga un paro cardaco jade Larry. Eh, hola! llam al hombre en cuanto estuvimos al alcance del odo. Se incorpor y mir hacia nosotros, cubierto de barro y chorreando agua. Buenas tardes contest. No te parece que con su historia meteorolgica la lengua inglesa podra haber ideado otro saludo? dijo Larry. Es completamente ridculo decir buenas tardes en un da cuyas condiciones climticas hubieran inquietado al propio No. Cuando llegamos junto al hombre, Larry se volvi todo lo encantador que su absurdo atavo y chorreante estado le permitan. Lamento mucho molestarle dijo, pero nuestro coche se ha averiado. Me preguntaba si sera tan amable de decirnos dnde est el telfono ms prximo, para que podamos llamar a una gra. El hombre nos observ con detenimiento. Tena unos diminutos ojillos azules y risueos, y una nariz aguilea plantada en una gran cara maciza, tan colorada como una manzana de otoo. Un telfono? pregunt. No hay ningn telfono por aqu. No lo hemos pedido, seor. No, por aqu no. S, entiendo sigui Larry pacientemente, pero dnde est el ms cercano? El ms cercano? dijo el hombre. El ms cercano... Vaya, djeme pensar... Hace mucho tiempo que no uso el telfono, pero ya se me ocurrir... Veamos, Geoff Rogers vive al fondo del valle bajando por este camino, pero l no tiene... ni tampoco la seora Charlton, que vive subiendo por ese camino... No, creo que lo mejor que pueden hacer es llegarse hasta el cruce de caminos y torcer a la derecha, seor. As podrn llegar a El Toro, el bar, seor, all tienen un telfono... Al menos lo tenan cuando estuve all la pasada primavera. Ya veo dijo Larry. Cmo podemos llegar desde aqu al cruce de caminos? Es una buena caminata, seor dijo el hombre. Habr sus buenas tres millas. Si pudiera simplemente indicarnos por dnde se va... sugiri Larry. Es una buena caminata, y la mayor parte del camino cuesta arriba sigui el hombre. Bueno respondi Larry, eso no importa. Si pudiera simplemente decirnos cul... Pueden ir con Molly dijo el hombre. Ser ms rpido. Por nada del mundo querra molestar a su esposa... empez Larry, pero el hombre le interrumpi conl(.ma rugiente carcajada. Mi esposa! grazn. Mi esposa! Bendita sea su alma, seor, pero eso es un chiste, vaya que s. Molly no es mi esposa, bendito sea, seor. Es mi yegua!

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Oh dijo Larry. Bueno, es muy amable por su parte, pero hace aos que no monto, y hoy ya hemos tenido una desdichada experiencia con un caballo. No, no. No podra montarla dijo el hombre. Tira de un coche. Oh, ya veo dijo Larry. Bueno, entonces, cmo vamos a devolvrsela? Oh, no se preocupe por eso, seor. Simplemente ate bien las riendas al coche y ella volver a m. Oh, s, siempre vuelve a donde yo estoy. Es tan buena como una esposa, y eso no es faltar al respeto a mi parienta. Cuando voy al bar y tomo algunas de ms, me meten en el coche y ella me trae a casa sin decir ni po. Sagaz animal observ Larry. Podr llevar el coche a seis personas? S, seor, si va despacio y un par de ustedes suben a pie las cuestas. De modo que rodeamos el seto y all encontramos a Molly, cubierta con sacos, ronzando aplicadamente sobre su cebadera. Era tan robusta como un poney de Exmoor, pero el doble de grande; el coche era bonito, y haba espacio de sobra. El hombre desenganch a Molly y tendi las riendas a Larry, que me las pas apresuradamente a m. Se supone que eres el zologo de la familia. Conduce orden. El hombre nos indic el camino que debamos seguir, dndonos de paso, como siempre sucede en el campo, un montn de detalles confusos co mo deje a la izquierda el abeto seco y pase por delante del piln para desinfectar ovejas, o si lo prefiere rodelo. Se los hicimos repetir dos veces para enterarnos bien, y luego, dndole profusamente las gracias, montamos en el coche. Molly, que deba haberse quedado fra esperando junto al seto, respondi con entusiasmo a mis gritos de nimo, y partimos hacia la carretera a trote rpido. Nuestra aparicin fue acogida con hilaridad e incredulidad por la familia. Qu vais a hacer con eso? Remolcarnos? pregunt Leslie. No dijo Larry adustamente, este vehculo va a llevarnos a un lugar a cubierto y con telfono. Si atamos unos cuchillos a las ruedas, Margo puede fingir que es Boadicea y con un poco de suerte podremos cazar a un aldeano y cortarle las piernas. Tras discutir un rato, conseguimos convencer a todos de que evacuasen el empapado Rolls para trasladarse al igualmente empapado pero ms mvil coche. La lluvia se haba convertido ahora en una fina llovizna que en cualquier caso calaba ms que un chaparrn. Molly, con las orejas echadas hacia atrs para or mis alentadores comentarios sobre su coraje, tiraba con bro y nos haca avanzar a paso rpido por los senderos. Unos veinte minutos despus nos encontramos en un paraje totalmente desconocido y deshabitado. Confo en que sepas a dnde vamos, querido dijo Madre con inquietud. Claro que lo s contest Larry de modo impaciente. Las indicaciones de ese hombre estn grabadas con letras de fuego en mi cerebro. Aqu, Gerry, tuerce a la derecha en ese roble, y luego la segunda desviacin a la izquierda. Avanzamos en silencio durante un trecho, y entonces llegamos a un cruce de caminos sin poste indicador alguno. Antes de que Larry pudiera dar instrucciones, Molly torci a la derecha por su propia voluntad. Ah lo tenis dijo Larry triunfalmente, el caballo est de acuerdo conmigo. Hasta las bestias del campo reconocen a un lder nato. De to das formas, probablemente el propietario frecuenta ese bar, de modo que conoce el camino. Nos internamos en un bosque hmedo y goteante, donde las palomas torcaces batan las alas 68

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ante nosotros y las urracas cloqueaban recelosa mente. La carretera serpenteaba de un lado a otro a travs de los rboles empapados por la lluvia. Muy pronto llegaremos a esa vieja y maravillosa taberna de campo dijo Larry, ponindose potico. Habr un enorme fuego de lea para calentarnos por fuera, y un enorme vaso de whisky con limn para calentarnos por dentro. El patrn, un humilde campesino, se precipitar a cumplir nuestras rdenes, y mientras nos tostamos junto al fuego... En aquel momento doblamos un recodo y la voz de Larry se extingui. A cincuenta yardas de nosotros, hundido en el lodo, estaba el Rolls. Molly poda tener sus fallos, pero saba cmo volver a su amo.

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Nota finalGerald Durrel, ya fallecido, fue un pionero en la advertencia de la degradacin del estado del planeta. Y fundador del Jersey Wildlife Trust, con actividades que son un modelo de eficacia en el conservacionismo. Esta nota ha sido tomada del libro Murcilagos dorados y palomas rosas. Tras nuestros esfuerzos por auxiliar a tantas y tantas especies en peligro, reconforta poder dar cuenta de los xitos alcanzados en el programa de cra. Los murcilagos de Rodrigues han parido dos preciosas y saludables cras que, al tiempo que escribo esto, se hallan recubiertas de plumaje, si tal trmino puede utilizarse en el caso de un murcilago. El escinco Telfair y los gecos Gunther de Isla Redonda han incubado siete y once cras respectivamente, lo mismo que los phelsumas. Confiamos en que no pasar mucho tiempo sin que podamos dar, asimismo, cuenta de logros con las boas de Isla Redonda y las palomas rosas. Puesto que el dodo es el smbolo de nuestra Asociacin, estamos particularmente satisfechos de poder auxiliar a otras muchas especies de la isla de Mauricio, de la que el dodo ha desaparecido para siempre. Si usted ha ledo el libro, le ha gustado y cree que es importante la labor que llevamos a cabo en favor de estas especies en grave peligro de extincin, espero que se afilie a nuestra Asociacin. La suscripcin es modesta, pero con ella contribuir a una tarea de enorme importancia para muchas especies en peligro de extincin. Si puede, escrbame por favor a la siguiente direccin: Jersey Wildlife Preservation Trust Jersey Zoological Park Les Augres Manor Trinity Jersey, Channel Islands http://www.durrellwildlife.org/

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Bibliografa parcialEl paquete parlante (1987) El nuevo No (1988) Un fantstico viaje en globo (1988) Mi familia y otros animales (1989) Bichos y dems parientes (1990) El jardn de los dioses (1991) Guardin (1990) La excursin (1991) Toby, la tortuga (1991) El pjaro burln (1992) La gua del naturalista (1992) Filetes de lenguado (1994) Gaia: la gestin del planeta (1994) Los sabuesos de Bafut (1994) Rescate en Madagascar (1994) Encuentros con animales (1995) La selva borracha (1995) Murcilagos dorados y palomas rosas (1995) Tierra de murmullos (1995) Tres billetes hacia la aventura (1995) Viaje a Australia, Nueva Zelanda y Malasia (1995) Atrpame ese mono (1997) Cmo cazar a un naturalista aficionado (1997) Un zoo en mi equipaje (1997) Rosy es mi familia (2000) Los secuestradores de burros (2001) Un zoolgico en mi azotea (2003) Misin de rescate en Madagascar (2004) Seis meses en Nueva Zelanda, Australia y Malasia (2004) Un novio para mam y otros relatos (2004) Bichos y dems parientes (1990) El jardn de los dioses (1991)

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ContraportadaGerald Durrell naci en Jamshedpur, India, en 1925. En 1928 su familia volvi a Inglaterra y ms tarde fueron a vivir al continente. Luego se establecieron en la isla de Corf, donde vivieron hasta 1939. Sus expediciones por pases de todo el mundo y sus trabajos por la preservacin de especies en peligro de desaparecer son internacionalmente famosos, y desde 1968 estas aventuras han llegado a nosotros a travs de su labor como escritor. Este libro recoge tres relatos diferentes del autor, con ms pginas de los extraordinarios, anales de la familia Durrell: Una horrorosa excursin en la costa de Dorset y una an ms desastrosa expedicin en el barco griego Poseidn. Finalmente, Durrell nos sorprende con una fantstica historia acerca de un castillo francs donde hay algo que repta detrs de los espejos. Nunca ha escrito Durrell con tan gran inters, variedad, y humor como en estos relatos, que acelerarn el pulso de los lectores ms prevenidos

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